lunes, 17 de enero de 2011

Historias perrunas

Las intensas relaciones entre los perros y sus dueños dan para mucho. Están presentes en la hagiografía cristiana, en la mitología popular, en las historias de fantasmas, hasta en los trabalenguas. No es raro que en las familias haya un mítico perro que una vez hizo tal o cual maravilla, hazaña, gracia o excentricidad. En los pueblos no es raro oír contar historias de heroicas intervenciones suyas, de anticipaciones a desgracias imprevistas. Si la disociación esquizoide de los hombres se decanta por la civilización en la mayor parte de los casos, haciendo pesar más la reflexión que el instinto bruto, en el caso de los perros, esos seres ni incluidos ni excluidos (Rilke), prima el instinto. Por fortuna, ese instinto, a diferencia del de muchas personas, suele ser bueno, limitado a la satisfacción incruenta de sus necesidades.

La relación que se establece con estos animales es muy difícil de imaginar antes de que se produzca, pertenece a esas gratas sorpresas que a veces nos depara la vida, en mi caso la vida adulta. Sí, son pesados, pedigüeños, a menudo acaban haciendo su santa voluntad, pero, a cambio, fingen hacernos creer que necesitan salir a la calle hasta cuatro veces al día y también fingen estar interesados en las pelotas, palos y hasta piedras que nos afanamos en tirarles. Lo fingen y normalmente consiguen convencernos. Y qué se puede decir de lo bien que nos hacen creer que se alegran de nuestra llegada a casa. A veces pienso, sin embargo, que esta última, es una de las cosas en las que -por lo menos mi perro- representan peor el papel dinamizador de la visa doméstica que han asumido. Cómo es posible , si no es por un exceso de celo, una especie de inconsciente sobreactuación, que basten unos quince minutos de ausencia para que se comporten como ni siquiera me comporto yo con mis deudos después de vivir un mes de vacaciones separados. Esos saltos, golpes de cola, simplemente porque te has ido a pedir sal al vecino y te has enrollado un ratito son algo que con un par de milenios más de convivencia aprenderán a moderar hasta hacerlos creíbles. Creo es las breves ausencias son una de las pocas circunstancias en que se les va la bola y sobreactúan. He de decir, no obstante, que el mío es bastante sincero y no suele fingir que le gusta lo que no le gusta, desdeña los palos que le tiro y si tiene un día debajón, quizá por un exceso de buenos olores, enseguida quiere volver a casa y no es capaz ni de aparentar que le interesan las perras, una de sus actuaciones preferidas, verdaderamente convincente, una de esas actuaciones que yo reprimo, quizá por un exceso de civilización, cuando estoy ante alguien me gusta

Digo todo esto a raíz de unas fotos que descubro en la prensa de un perro que lleva varios día velando la tumba de su dueño muerto en Brasil en los recientes corrimientos de tierra (clica sobre el pie de foto para obtener más información):

Brasile Leao, il cane che veglia la padrona morta

Brasile. Leao, il cane che veglia la padrona morta.

Brasile Leao, il cane che veglia la padrona morta

Y me vienen a la cabeza las palabras de Valéry: “Les animaux, qui ne font rien de inutile, ne méditent pas sur la mort” (Trad.: Los animales, que no hacen nada inútil, no meditan sobre la muerte)(citado por Grenier, Roger, Les larmes d´Ulysse, Gallimard, 1998, p. 11) y también:

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Valéry, Paul, Cuadernos (1894-1945), Galaxia Gutemberg, 2007, p. 521. trad. de M. Privat, F. Sáinz y A. Sánchez Robayna.

Y recuerdo unas recientes páginas de J. Banville (Los infinitos, Anagrama, 2010, p. 193-95) en las que se basa una parte del texto que introducía este post:

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Los tres libros citados:

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domingo, 16 de enero de 2011

Rincón último. Muere Augusto Algueró

Muere Augusto Algueró, autor de tantas canciones de goma arábiga, pegamento Imedio, Supergen y hasta Loctite. Recuerdo que alguna vez me pillé, quizá bajando unas escaleras o al salir del metro, cantando canciones suyas. Inmediatamente me reprimía y callaba, pero no podía evitar acabar la frase, y hasta repetirla al cabo de unos minutos. Cuántas otras veces, sin embargo, no me habré dado cuenta, ensimismado en la melodía, de que estaba tarareando algo suyo, cuántas veces otras alegrías, otros anhelos, no se habrán disfrazado con retales de sus notas.

En cierto sentido, se puede decir que la música pop, la canción ligera, es la heredera del folclore en el capitalismo. Hubo un tiempo en el que entre la música culta y la popular había buena comunicación y no solo durante el romanticismo. “La gran música en la tradición europea, afirmaba el joven Bernstein, había crecido orgánicamente a partir de fuentes nacionales, tanto en un  sentido material (melodías folclóricas que sirven como fuente para la composición) como en un sentido espiritual (música folclorizante que expresaba el espíritu de un lugar).

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La concepción en dos niveles de Bernstein, que reconoce en igual medida la autonomía de la música y su función social, constituye un buen ejemplo para explicar por qué la música negra conquistó aquellos espacios con menos prejuicios de la Norteamérica  blanca” (El ruido eterno, Ross, Alex, Seix Barral, 2009, p., 160). Hoy la gran industria discográfica parece haber apostado por otras opciones y, salvo marcadas individualidades, casi todo resulta fruto de recetas industriales, producto precocinado intercambiable, chunda chunda, grititos, ridículas exhibiciones vocales o sobreactuaciones a lo Bumbury. Quizá sean los cantantes hispanoamericanos los que mejor han conservado el vínculo con los ritmos folclóricos, de los que las grandes figuras internacionales beben sin parar.

La muerte de Algueró me ha traído a la cabeza, no sé si justamente o no, el famoso Elogio de la mala música, de  Proust, un  elogio de cierto tipo la música popular, que, por cierto, a Proust siempre le supo levantar. Digo que la asociación entre Algueró y la mala música no sé si es justa y si ante sus composiciones hay que “taire un moment" los “dédains esthétiques”. Desde luego, Algueró, por lo que se refiere a “l´importance du rôle social de la musique”, ocupará un lugar relevante en la memoria de varias generaciones:

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Proust, Marcel, Les plaisirs et les jours, Gallimard, 1924 (Folio, 1973), p., 229-231.

Encuentro esta traducción en una página web:

ELOGIO DE LA MALA MÚSICA

DETESTAD la mala música, no la despreciéis. Se toca y se canta mucho más, mucho más apasionadamente que la buena, mucho más que la buena se ha llenado poco a poco del ensueño y de las lágrimas de los hombres. Sea por eso venerable. Su lugar, nulo en la historia del Arte, es inmenso en la historia sentimental de las sociedades. El respeto, no digo el amor, a la mala música es no sólo una forma de lo que pudiéramos llamarla caridad del buen gusto o su escepticismo, es también la conciencia de la importancia del papel social de la música. Cuántas melodías que no valen nada para un artista figuran entre los confidentes elegidos por la muchedumbre de jóvenes romancescos y de las enamoradas. Cuántas"sortijas de oro", cuántos "Ah sigue dormida mucho tiempo", cuyas hojas son pasadas cada noche temblando por unas manos justamente célebres,mojadas por las lágrimas de los ojos más bellos del mundo, melancólico y voluptuoso tributo que envidiaría el maestro más puro —confidentes ingeniosas e inspiradas que ennoblecen el dolor y exaltan el ensueño y que, a cambio del ardiente secreto que se les confía, ofrecen la embragadora ilusión de la belleza. El pueblo, la burguesía, el ejército, la nobleza, así como tienen los mismos factores, portadores del luto que los hiere o de la alegría que los colma, tienen también los mismos invisibles.

mensajeros de amor, los mismos confesores queridos. Son los músicos malos. Este irritante estribillo, que cualquier oído bien nacido y bien educado rechaza nada más oírlo, ha recibido el tesoro de millares de almas, ha guardado el secreto de millares de vidas, de las que fue inspiración viviente, consuelo siempre a punto, siempre entreabierto en el atril del piano, la gracia soñadora y el ideal. Esos arpegios, esa "entrada"han hecho resonar en el alma de más de un enamorado o de un soñador las armonías del paraíso o la voz misma de la mujer amada. Un cuaderno de malas romanzas, resobado porque se ha tocado mucho, debe emocionarnos como un cementerio o como un pueblo. Qué importa que lascaras no tengan estilo, que las tumbas desaparezcan bajo las inscripciones y los ornamentos de mal gusto. De ese polvo puede elevarse, ante una imaginación lo bastante afín y respetuosa para acallar un momento sus desdenes estéticos, la bandada de las almas llevando en el pico el sueño todavía verde que las hacía presentir el otro mundo y gozar o llorar en éste.

Un par de canciones compuestas por Algueró:

Penélope: El crimen fue en Italia.

Y el corazón contento, con un Palito Ortega que recuerda al ángel lleno de gracia nonchalante de Teorema (Pasolini).

viernes, 14 de enero de 2011

Libros sobre libros

Guandian hace tiempo que viene publicando listas con lo mejor de distintas cosas ligadas a la cultura. Son siempre listas con diez miembros. Las he visto sobre las mejores y sobre las peores películas de amor, sobre los mejores diez libros censurados o sobre las mejores diez canciones rock. En este caso, J. Sutherland, hace una lista comentada de los que considera diez mejores libros de teoría o crítica literaria, o para decirlo con un término de mayor raigambre, diez poéticas que han marcado hitos desde la antigüedad. Predomina lo anglo, pero se cuela Barthes y algún no estricto especialista, como la Sontag. También está Eagleton, colaborador del periódico y cuya estupenda autobiografía, El portero, publicó Debate hace unos años. De otros, no conozco ni vida ni milagros. Helos en desorden. Ponga Vd. si quiere un orden de importancia y mire después el enlace, que además contiene un comentario sobre cada uno de ellos:

-Terry Eagleton, Marxism and Literary Criticism (1976)

- Roland Barthes, S/Z (1977)

- Susan Sontag, Against Interpretation (1966)

- Stanley Fish, Is there a Text in this Class? (1980)

- Stephen Greenblatt, Renaissance Self-Fashioning (1980)

- Frank Kermode, The Sense of an Ending (revised edition, 2000)

- Henry Louis Gates Jr, The Signifying Monkey (1988)

- Aristotle, The Poetics

- Christopher Ricks, Milton's Grand Style (1963)

- Elaine Showalter, A Literature of their Own (1978)

Por mi parte, si tuviera que escoger diez o doce libros de crítica literaria que recuerdo como auténticas joyas, fuente, en su momento, de un disfrute equiparable o superior a la lectura de los autores mismos sobre los que tratan, diría:

image image Proust et les signes, Deleuze, G.,  P.U.F., 1971; Lezioni americane, Calvino, I., Garzanti 1988.

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La orgía perpetua, Vargas Llosa, M., Taurus, 1975; Benjamin, W., Iluminaciones, II, Taurus, 1980.

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Mensonge romantique et vérité romanesque, Girard, René, Grasset, 1961; Los hijos del limo, Paz, O., Seix Barral, 1974.

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El futuro de la novela, James, H., Taurus, 1975; El furgón de cola, Goytisolo, J., Ruedo Ibérico, 1967.

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Essai de poétique médiévale, Zumthor, Paul, , Seuil, 1972 ; El Quijote como juego, Torrente Ballester, Gonzalo, Ed. Guadarrama, 1975.

        Los aventureros del absoluto, Todorov, T. G. Gutemberg, 2007; La novela picaresca y el punto de vista, Rico Francisco, Seix Barral, 1970.

miércoles, 12 de enero de 2011

Amar a orillas del Ebro revuelto (V): Stendhaliana. Alea iacta est.

Amar a orillas del Ebro: el abecedario de incógnitas (I).
Amar a orillas del Ebro (II)
Amar a orillas del Ebro revuelto (III): Stendhaliana y Pseudostendhaliana
Amar a orillas del Ebro revuelto (IV): Stendhaliana. Alea iacta est
Amar a orillas del Ebro. El otoño (VI)
Amar a orillas del Ebro revuelto (VII)

Dulce

1. Solo el amor hace que me parezca dulce el recuerdo del día vivido.
Stendhal, Diario, 25 de febrero de 1815 .
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Enemiga del amor

2. La duquesa (…) era, en la buena sociedad, lo que la señora de Genlis es en sus escritos, la “enemiga del amor”, y tal vez por una razón idéntica. Tenía quizá el alma demasiado altanera para que fuera sensible, el placer de dominar prevalecía en ella sobre el goce tan dulce de ceder ante la persona amada y no formar sino un único ser con ella.
Stendhal, “Novela” (1819)
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3. Excitante

Nada le impedía comportarse con ejemplar sangre fría pues, para él, una mujer joven y bonita era siempre igual a otra mujer joven y bonita; pero cuando acababa de conocer a una, ésa le parecía más excitante.

Stendhal, La cartuja de Parma (I, cap. VII)
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Educación de las jóvenes

4. Con la actual educación de las jóvenes, que es fruto del azar y del orgullo más necio, dejamos que permanezcan ociosas en ellas las facultades más brillantes y las más pletóricas de dicha para ellas y para nosotros.
Stendhal, Del amor (II, cap. XIV)
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Fastidio

5. El fastidio que noto a veces junto a ella se debe a mi timidez, que me hace preparar lo que digo, igual que un libro, Ahora bien, el fastidio es contagioso. Así que ya he tomado el partido de decirle en todo momento lo que pienso y lo que siento, clavándole los ojos en el alma.
Stendhal, Diario, 11 de marzo de 1805 .
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Faltar

6. Creerá que me falta amor por ella, siendo así que es el amor lo que falta en mí.
Stendhal, La cartuja de Parma (I, cap. VII)
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Fantasma

7. Solo entonces dejó de lacerarme el recuerdo de Métilde. Se convirtió para mí en algo así como un fantasma tierno, tristísimo, y que, al parecer, me predisponía espléndidamente a pensamientos tiernos, buenos, justos, indulgentes.
Stendhal, Recuerdos de egotismo (cap. II)
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Fidelidad

8. La fidelidad de las mujeres en el matrimonio, cuando no hay amor, es probablemente algo contra natura.
Stendhal, Del amor (II, cap. LVI bis)
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Todas las citas están sacadas de Stendhal, Diccionario del amor, edición de Pierre-Louis Rey, Barceloa, ed. Alba, 2008. Trad. María Teresa Gallego Urrutia.

martes, 11 de enero de 2011

Zaragoza en la prensa italiana

Cuando encuentro en un periódico extranjero un reportaje sobre la ciudad en la que vivo me ocurre algo parecido a lo que me pasaba a la vuelta de las vacaciones cuando era pequeño. Al entrar en casa tenía la sensación de que las cosas no eran las mismas que había dejado atrás un mes antes. Los picaportes de las puertas, las puertas mismas, algún mueble, la televisión adquiría durante un rato un halo ambiguo. Reconocía todas esas cosas, pero al tiempo me eran extrañas y gracias a eso cobraban el atractivo de lo seminuevo. Lo mismo me ha pasado hoy al leer el reportaje que Repubblica dedica a Zaragoza, firmado por Giulia Belardelli, y al ver la galería de fotos que lo ilustran.

Entresaco algunas citas:

Saragozza, capoluogo dell'Aragona, città di circa 700.000 abitanti, è uno di quei posti in cui fare turismo è sinonimo di piacere per lo spirito ed i sensi, e non di maratona all'ultima attrazione.

 

…la cittadina bagnata dal fiume Ebro rappresenta insomma una meta stimolante sotto tutti i punti di vista: dalla storia alla natura, dall'arte alla cucina, dal folclore all'innovazione. Che sia solo per due giorni o per un'intera settimana, Saragozza è una città da visitare per gustare appieno un angolo di Spagna autentico e sorprendente.

 

La zona di "El tubo" - quattro viuzze strette strette che si incrociano nel vecchio centro storico - è un susseguirsi ininterrotto di bar e osterie. Non resta che sceglierne una e dare il via al cosiddetto "ir de tapas" (ovvero il giro di tapas). Qui regna l'imbarazzo della scelta: dai calamari fritti agli spiedini di alici marinate e olive, dalle patate in tutte le salse all'imperdibile croqueta de jamon, ogni assaggio è una vera e propria goduria per il palato. Assolutamente da non lasciarsi scappare è la degustazione dell'ottimo jamon de Aragon (il prosciutto crudo locale), delle salsicce aragonesi e della carne d'agnello.

Il Rosario di Cristallo

Sorpresa Saragozza. Mudejar e buona tavola

Immagini da Saragozza. Il capoluogo dell'Aragona è una città piacevole, poco avvezza al turismo di massa e molto godibile. Con una fisionomia tutta sua, dovuta all'architettura mudejar, che caratterizza la regione dove Arabi, Cristiani ed Ebrei hanno convissuto per secoli. Per un week-end di coccole.

lunes, 10 de enero de 2011

Gorrioncito Messi gana un premio importantísimo, el Balón de oro 2010 de la FIFA.

De nuevo, gorrioncito Messi está de actualidad, esta vez porque ha ganado un premio importantísimo que no sé exactamente cómo se llama. Tiene algo este chaval del David que luchó contra el central Goliat, un individuo fortachón y aguerrido como ningún otro defensa, nada torpón de movimientos para el volumen equivalente  de agua que desalojaba cuando se bañaba en el Mar muerto ni tampoco nada lerdo, por más que se asocien fácilmente los jayanes a la escasa inteligencia. Pero es que este gorrioncito lucha a menudo contra tres o cuatro gigantones y al fondo siempre aparece un extraño individuo que utiliza las manos para coger la piedra que Messi dispara con su honda pedestre, mientras que los demás, como él mismo, la tocan y retocan con todo menos con las zarpas. Messi, como el David de Miguel Ángel para la república florentina, representa el ingenio, la destreza, la fineza, la capacidad para ingeniárselas con poca cosa frente al poderío, al trapío, a la embestida, cuando no frente al hachazo que, como héroes malvados de cómic, sueltan algunos zagueros. Además, como el David florentino tiene un cuerpo algo desmañado, de adolescente que no ha cogido aún el volumen necesario, como los los cachorros antes de ahombrarse, que tienen ya su altura máxima, pero les faltan los andares apesadumbrados del quien  lleva toda la responsabilidad del  mundo sobre sus hombros y no puede permitirse perder el balón. Ojalá no pierda nunca ese aire de pasar silbando solitario por allí, con las manos en los bolsillos, para de repente convertirse en  una bala que bracea como un molinillo, entre uno, dos, tres, cuatro, del equipo contrario que saben que Messi es un problema irresoluble, una ecuación inalcanzable para sus conocimientos.

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En la foto Messi aparece con sus compañeros Xavi e Iniesta. Las piernas son de jugadores sin identificar.

Lionel Messi

Argentina and Barcelona's Lionel Messi holds his trophy after winning the 2010 FIFA Ballon d'Or. Illustration: Fabrice Coffrini/AFP/Getty Images

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(…)No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.(…)

Claudio Rodríguez, "Gorrión"

domingo, 9 de enero de 2011

Tiempo de vida, de Giralt Torrente, la crónica de una confesión

Leo con bastante retraso sobre su fecha de publicación, Tiempo de vida, la obra autobiográfica en la que Giralt Torrente repasa la difícil relación con su padre. Hubiera querido incluir este libro en los reseñados en la entrada de este blog dedicada a las obras confesionales del año 2010, pero, encabezonado en sacarla de la biblioteca, no pudo ser, porque estaba siempre prestada. Por fin, antes de navidades la pillé, incluso con dos resguardos de lectores anteriores, quizá mis semblables maños.

Tiempo de vida, Marcos Giralt Torrente, Barcelona, Anagrama, 2010. 200 páginas. 17,00 €
La obra, además de un recorrido analítico sentimental guiado por la mirada introspectiva del autor sobre sí mismo en relación a la presencia de su padre, contiene también una especie de guía sobre sus intereses como lector de obras afines y sobre las dificultades salvadas en su redacción, en buena medida porque la capacidad de trabajo constante, la lucha contra la dispersión del trabajo producida por otros focos de atención mundana es uno de los temas en los que profundiza Giralt con el espejo de su padre, pintor, al fondo.
Entre los distintos libros que Giralt cita como leídos en torno a la redacción de Tiempo de vida destaco los siguientes, porque mi lectura no puede evitar asociarlas hasta formar un mosaico en el que también se coloca esta obra en un lugar preponderante.
El primer lugar, la obra de Philip Roth, Patrimonio, en la que el escritor americano hace una crónica casi diría enamorada de su padre enfermo. Pero a diferencia de Patrimonio, en la que el protagonista indiscutible es el padre, en Tiempo de vida lo es el escritor, en la medida en la que se autorretrata en difícil simbiosis con la figura del padre, hasta el punto de que podría definirse la obra como la crónica íntima de una temprana separación no deseada en la que las frustraciones, sinsabores y desilusiones del hijo acaban hallando, al cabo de los años, solución, no tanto a través de un cambio de actitud del padre, aunque también, como a través de la nueva perspectiva sobre sí mismo que va adquiriendo el hijo, hasta fundirse con el padre en una relación de saneada, renovada ante la enfermedad, una vida nueva en la que el hijo que es padre, por momentos,pero también el padre hijo. La enfermedad del padre ocupa, en efecto, bastante espacio, pero solo en la medida en que cumple una función de catalizador del proceso, de la larga travesía que va desde el distanciamiento del niño hasta la reconciliación de los adultos, entre ellos y consigo mismos. Esa es la materia narrativa del libro, pero Giralt, aunque no la evita del todo, no se recrea en la anécdota, salvo cuando adquiere carácter simbólico de algún aspecto de esta parábola contemporánea, no sé si del hijo o del padre pródigo. En lugar de la narración anecdótica Giralt recurre al detalle, a menudo en serie, en amplias enumeraciones que hacen pensar en otro de los autores citados, Perec, cuyo Je me souviens, aparece expresamente entre las lectura emparentadas. La enumeración es el rasgo estilístico que a mi quizá me ha resultado más impostado, pero es que, dado el tema, encontrar el tono justo sin caer sentimentalismos tópicos era difícil. Seguramente, ese es el mayor mérito del libro, lo que le da uniformidad y credibilidad, lo que tal vez le dote de la ambicionada “entidad literaria” (p. 191). Por lo demás, siguiendo el dictamen de La confesión como género literario , de M. Zambrano, otro de los libros de la constelación de Giralt, Tiempo de vida tiene algo de la urgencia de la confesión, pero aquí la urgencia se convirtió en entrega voluntaria a las necesidades impuestas enfermedad del padre. Por eso, el libro no cumple una de las condiciones, casi inalcanzable, por lo demás, a las que se refiere la Zambrano; a saber, que la confesión, hija de la crisis destinada a hacer renacer a quien la sufre, se produzca en tiempo real. A lo que asistimos es a una confesión a toro pasado, al recuerdo de una confesión que cobro vida a través de la acción. Con lo que sí cumple es con la necesidad de hacer pública la confesión como modo de reintegrarse, una vez saneado, a la comunidad. Cuando el autor califica de impúdico su libro es probable que se deba a la duda sobre su necesidad, algo que la confesión está lejos de poderse plantear, porque la necesidad es inherente a ella. Quizá, por eso, porque se trata de una muy sentida reflexión más que de un grito de desesperación, este libro termine con una serie de consideraciones sobre la reconciliación consumada y desprenda un tono melancólico, como de marejada que ya se ha retirado dejando inesperadas huellas tras de sí.

viernes, 7 de enero de 2011

Amar a orillas del Ebro revuelto (IV): Stendhaliana. Alea iacta est.

Amar a orillas del Ebro: el abecedario de incógnitas (I).

Amar a orillas del Ebro (II)

Amar a orillas del Ebro revuelto (III): Stendhaliana y Pseudostendhaliana

Amar a orillas del Ebro revuelto (V): Stendhaliana. Alea iacta est

Amar a orillas del Ebro. El otoño (VI)

Amar a orillas del Ebro revuelto (VII)

Celestial

1. Ese amor tan celestial,tan apasionado, que me habría arrebatado de la tierra por completo para transportarme al país de las quimeras, pero de las quimeras más celestiales, más deliciosas, más apetecidas, no alcanzó eso que llaman la dicha hasta septiembre de 1811.
Stendhal, Vida de Henry Brulard, (cap. XLVI)
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Estados Unidos

2. Hay tal hábito de razón en los Estados Unidos que han convertido la cristalización en algo imposible.
Stendhal, Del amor, (II, cap. I)
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Espera

3. Cuando vamos por la noche a ver a la mujer a la que amamos, la espera de tan grande dicha hace que todos los momentos que nos separan de ella resulten insoportables.
Stendhal, Del amor, (I, cap. XXIV)
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Esperanza

4. Basta con una dosis mínima de esperanza para que nazca el amor. Luego, al cabo de dos o tres días, puede faltar la esperanza, pero no por ello el amor deja de haber nacido ya.
Stendhal, Del amor, (I, cap. III)
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Extrañeza

5. En un alma del todo indiferente, en una joven que viva en un castillo aislado y en un lugar rural remoto, la más leve extrañeza exacerba mucho la atención. Por ejemplo, un cazador joven a quien divisa e improviso en el bosque, cerca del castillo.
Stendhal, Ernestine, (“Suplementos” a Del amor)
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Exactitud

6. En el siglo XVI gustaba la exactitud en las historias de amor. Y es que la inteligencia no enjuiciaba esas historias; la imaginación las sentía y la pasión del lector se identificaba con la de los protagonistas.
Stendhal, Crónicas italianas, (“La abadesa de Castro”, cap. II)
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Todas las citas están sacadas de Stendhal, Diccionario del amor, edición de Pierre-Louis Rey, Barceloa, ed. Alba, 2008. Trad. María Teresa Gallego Urrutia.

miércoles, 5 de enero de 2011

Amar a orillas del Ebro revuelto (III): Stendhaliana y Pseudostendhaliana

Amar a orillas del Ebro: el abecedario de incógnitas (I).
Amar a orillas del Ebro (II)
Amar a orillas del Ebro revuelto (IV): Stendhaliana. Alea iacta est
Amar a orillas del Ebro revuelto (V): Stendhaliana. Alea iacta est
Amar a orillas del Ebro. El otoño (VI)
Amar a orillas del Ebro revuelto (VII)

Dicha

1. La dicha es el acontecimiento que aporta el mayor goce posible a la pasión(…). En el amor es el momento en que tenemos la seguridad de que nuestra amante nos ama sin tener la seguridad de que gozaremos de ella.
Stendhal, Diario literario, 17 de abril de 1803.
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Dichoso

2. Si él no es dichoso no puedo ser dichosa yo.
Stendhal, La cartuja de Parma, (II, cap. XVI).
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Deseo

3. En Aragón, las coacciones exacerban el deseo, en América lo mella la libertad.
PseudoStendhal, Del amor (Fragmentos, 62).
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Corazones zaragozanos

4. “¡No haberme dicho nada a mí, que la amaba! ¡Ay, corazones zaragozanos! ¡Cortesía infinita y nada de sentimientos!”
PseudoStendhal, Lucien Lewen (II, cap. XI)
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Dedos

5. Hay que saber que, en la comarca de La Jacetania, las muchachas tiene la costumbre, desde la más tierna infancia, de hablar con los dedos, y, poniéndolos en diversas posturas, forman letras. Así es como las vemos en los salones charlar en silencio con algún joven, detenido a veinte pasos de ellas, mientras sus padres conversan en voz alta.
PseudoStendhal, Crónicas mañas (“Suora Scolastica”).
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Dolor

6. Sospechar que aman a un rival es ya crudelísimo, pero que la mujer a la que adoramos nos confiese con todo detalle el amor que siente por él es, sin duda el colmo del dolor.
Stendhal, Rojo y negro, (II, cap. XVIII).
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Enternecerse

7. Aprovechar la primera ocasión en que se enternezca para conseguirla.
Stendhal, Diario, 15 de febrero de 1805.
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España

8. El amor ocupa mucho en la vida de este pueblo; se trata, allí, de una pasión seria y por la que se sacrifican, en gran medida, todas las demás, ¡incluso, ¿quién habría podido creerlo?, ¡la vanidad!
Stendhal, Crónicas italianas (“Los Cenci”).
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Enamorado con locura

9. (Bonaparte) entró en Milán: ese momento sigue siendo único en la historia; imaginaos un pueblo entero enamorado con locura.
Stendhal, La cartuja de Parma, (I, cap. I).
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Todas las citas están sacadas de Stendhal, Diccionario del amor, edición de Pierre-Louis Rey, Barceloa, ed. Alba, 2008. Trad. María Teresa Gallego Urrutia.
Las citas speudo contienen escasas, pero significativas modificaciones con respecto al original.