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viernes, 30 de agosto de 2013

Señales de otoño. Los pies empiezan a volver a sus cuevas.

 

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Con las primeras señales de que se acaba el verano empiezan a retirarse los pies desnudos a sus cuevas. En junio, al llegar el calor, hace unos años, miraba los hombros descubiertos, su vertiginoso ensamblaje con el brazo, la piel tersa en busca del sol; ahora, miro las uñas pintadas, las sandalias que retratan una manera de vivir, los desvergonzados pies que se ofrecen a la vista orgullosos de sí mismos. Y son muy pocos ya los maltratados, los descuidados, los ofendidos.

Para que un pie esté entonado con un buen calzado debe haber sufrido todo tipo de atenciones, desde el talón a las uñas. Conviene que no ande mucho, que no se tropiece a menudo, como me pasa a mí, que no se agriete, que no IMGP0348se seque. Pitillos, Curapies, Scholl, Hush Puppies, Stonefly, Fluchos, Geox, marcas todas que prometen una especie de paraíso algodonado, esa sensación de que andar no es un trasunto de lo mucho que cuesta vivir durante el invierno, cuando más energía consumen las fábricas y soñamos con  el goretex. Hoy, el remate final de las rebajas expone los pares de sandalias en los escaparates como las protectoras de animales los cachorros en facebook, a la espera de un soplo de vida que les garantice un invierno lejos de los almacenes, al calor del armario de un hogar.

Nunca lleves paraguas en París, le dice Sabrina a Bogart, con una punta de cursilería, mientras le toquetea el ala de su sombrero mejor. Con la lluvia es cuando mejor huelen los castaños de las avenidas, lo cual, tratándose de pies, no deja de ser importante.

Hace poco, he visto sandalias de hada bajo esa lluvia en pies de sacerdotisa, indiferentes al goteo de los toldos y a las salpicaduras de los coches, los más hermosos del verano, pero para mí ha sido la señal definitiva de que un año más se acaba el buen tiempo, las vacaciones, justo lo contrario de lo que me ocurre en junio cuando esos hombros enrojecidos se pasean descubiertos demasiado pronto, sin que haya hecho sol suficiente como para que estén tan morenos.

jueves, 18 de julio de 2013

Otras grandes fes. Lecturas del verano de 2013 (I)

 

“Quienes habíamos comprado  (bastante barata, ciertamente) la felicidad del siglo XX, nos dimos cuenta bastante tarde de que cualquier felicidad que pueda mercantilizarse como liberación colectiva es, necesariamente, falsa.

La felicidad es una abstracción bancaria que se vende como una promesa de bienestar permanente. En el mejor de los casos, como una promesa de futuro al modo bolchevique, católico o nacionalista. Y es una mercancía para masas ansiosas de comprar cualquier medicina que les persuada de que están en este mundo para algo.” (Azúa, Felix de, Autobiografía de papel, Mondadori, 2013, p.105)

 

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lunes, 4 de marzo de 2013

Un mirón en la librería Antígona y en la de Manolo. La primera cumple 25 años y la segunda ya no existe.

 
(Veo en facebook que la librería Antígona cumple veinticinco años de vida y reedito una entrada de enero de 2010. Recuerdo a su hermana mayor, Muriel, con aquellos cuadros de P. Simón y unas magníficas fotos de escritores. ¡Qué mirada severa la de V. Woolf!)
La mayor parte de las librerías actuales carecen de fondo de armario. Están llenas de novedades, estratégicamente colocadas en función del poderío de las editoriales que las publican. Pero si vas a buscar algún libro que supere los dos años de edad, estás listo. Por suerte, quedan algunas que acumulan volúmenes, como si el sueño fundacional de la vocación del librero, que es reunir todos los libros del mundo en su negocio, no se hubiera extinguido. Antígona, en Pedro Cerbuna, no es la única en Zaragoza, pero creo que es la que tiene las estanterías más surtidas, y no digamos la mesa central, que cuando se acabe por hundir bajo el peso enciclopédico que acumula dejará un hermoso y privilegiado cráter. Su puerta de entrada también tiene poderes. La fuerza centrípeta que ejerce es tremenda, tanta que evito acercarme al escaparate, porque sé que tarde o temprano acabaré absorbido hacia el interior, y que después, al salir, correré el riesgo de constiparme o de volver con dolor de cabeza, porque allí hay definitivamente demasiados libros y, como cuando era niño y me llevaban al zoo, no sé dónde mirar, qué tocar, si leer la contracubierta o ir directamente al precio, si estirar el brazo y coger la rareza que veo al otro lado de la mesa o pillar un fajo entero de libros e ir mirándolos de uno en uno. Casi todo me llama, los nombres, las portadas, pero cuando me decido a hojear algo aparece de repente otro reclamo, que me hace tropezar, a veces no solo en sentido figurado. Me agoto, disminuyen las defensas y cuando logro escapar de este ombligo del mundo salgo despedido hacia la calle con una sensación parecida a la que se tenía cuando las ventanillas del tren se podían abrir y, tras sacar la cabeza, volvías a meterla en el vagón, en el mundo ordinario. Ahora, ni siquiera, porque han puesto una estantería de metal en el exterior con cosas viejas. Con suerte, diez minutos más.
Otra librería, pero esta sin ninguna novedad, enteramente dedicada a libros viejos, es la de Manolo, que también acuna a su gato y vende punching balls de entrenamiento en el mismo establecimiento. Es una librería papelería, como las de barrio, pero en el Tubo, y vende poco, por decir que vende. A mí me gusta pasar delante de ella, aunque como me da un poco de miedo paso deprisa. Mi perro, sin embargo, siempre encuentra un motivo para detenerse, que si un olorcillo que sale de la puerta, que si una meadita justo en el ángulo ente la fachada y el suelo. Me doy menos prisa de la habitual en marcharme, como si me hubiera cruzado con una chica que me inquieta. Al final, indeciso, tiro de él por cumplir, porque en realidad  siento el cosquilleo de quien nota un grato peligro a la entrada de un cueva misteriosa. El otro día salía de allí una luz intensa a través de la rendija. Esto es lo que mi cámara captó, digo mi cámara porque yo no tuve valor para fijarme bien en lo que fotografiaba. Me pregunto si esta librería estará como muestran las fotos por no querer vender novedades y dar cobijo los gatos.

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domingo, 7 de octubre de 2012

De lo micro a lo macro. Las fotos recuperadas tras el tsunami de Japón, prendas bien halladas.

 

Il Giappone e la memoria ritrovata

El personaje central de Solar (Ian McEwan, Anagrama, 2011. Trad. Jaime Zulaika) -¡un físico, premio nobel de segunda fila!-  truena contra las lecturas morales de la ciencia. Cuando a un escritor con el que comparte una estancia en el Ártico le da por decir que el principio de incertidumbre de Heisenberg condensa “para nuestra época la pérdida de una brújula moral, la dificultad de los juicios absolutos” (p. 101), el científico se pilla un mosqueo de cuidado y le da una clasecilla teórica que acaba con las siguientes palabras: “Así que adelante. Dígame. Oigamos cómo aplica Heisenberg a la ética. Lo correcto más lo erróneo dividido por la raíz cuadrada de dos. ¿Qué demonios quiere decir eso? ¡Nada!” (p.102).  Lo cierto es que la ciencia da para mucho. El gráfico mismo del principio de incertidumbre posee un innegable atractivo estético y bien podría ser fruto de las vanguardias rusas postrevolucionarias.

Aún a riesgo de escribir disparates, o, mejor dicho, intentando dar a los disparates un aspecto sintáctico aseado, me atrevo a decir que el recientemente descubierto Bosón de Higg es algo parecido a un espesante culinario, una de esas sustancias, como la pectina, que dan la consistencia óptima al alimento, que evitan que se disgregue o se adense demasiado, que lo mantienen unido, pero hasta el limite justo a partir del cual dejaría de ser él mismo. El buen amor entre los seres vivos es algo parecido a eso, mantiene la estructura del universo, a pesar de su querencia al desequilibrio. El exceso funde, la falta hiela. Solo la dosis acertada mantiene las distancias adecuadas en medio de la constante composición y descomposición. En medio de esas tensiones, se producen las catástrofes naturales, especie de brutales acelerones que neutralizan por un instante la obra del bosón amoroso. El tsunami de 2011 en Japón fue una de ellas. La crecida del mar arrasó con cuanto se encontró por delante y fracturó irremediablemente la estructura variable en la que se encontraba cada uno de los objetos o personas en relación a los otros, llevando más allá del límite de resistencia sus capacidad de tensionarse. Quizá por eso, los restos de lo que había antes de la llegada de la desgracia tienen tanto valor evocativo, porque lo actual y lo que evocan los pecios reencontrados está separado por la llegada inesperada de Leviatán. Así de frágil es la existencia, así de resistente la memoria, que a través de las prendas bien o mal halladas reconstruye su pasado.

Leo que entre las primeras cosas recuperadas tras el tsunami se encontraban miles de fotos que fueron confluyendo en el gimnasio de un colegio de una ciudad de provincia de la región de Tohoku. Después, jóvenes investigadores de la Japan Society for Socio-Information Studies decidieron restaurar, digitalizar y devolver las fotos perdidas a sus dueños. En tres meses, gracias a quinientos voluntarios del Salvage Memory Project, más de siete mil álbumes y trece mil fotos fueron entregadas a sus propietarios. Las  imágenes han servido también para organizar  una exposición itinerante llamada Lost & Found 3/11. La galería romana que acogió la muestra en su escala italiana publicó un volumen con una selección de ellas. He aquí una muestra tomada de la propia página de la galería y del semanario Espresso, fuente también de la información.

 

Il Giappone e la memoria ritrovata

 

Il Giappone e la memoria ritrovata

 

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Il Giappone e la memoria ritrovata

 

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Il Giappone e la memoria ritrovata

 

Il Giappone e la memoria ritrovata

miércoles, 3 de octubre de 2012

Del rottweiler al roadweiler: de cómo un animal fiero puede contribuir mansamente en las obras del tranvía

 

Con tantas alteraciones en el comportamiento como hubo la primavera pasada por efecto ciertas medidas políticas tomadas por los gobiernos locales y central, y también a resultas de la presencia en el aire de pólenes que no habían aparecido nunca antes por la ciudad de Zaragoza, algunos fieros rottwéileres fueron domesticando sus rudas maneras de proceder, aflautando su fiero ladrido, y, desbravados casi por 23092012107completos, encontraron hueco entre los trabajadores del tranvía zaragozano. Al principio, su cambio de actitud suscitó desconfianza y temor, pero como dieran muestras de haberse vuelto sumisos currantes dispuestos a todo con tal de obtener empleo temporal, enseguida fueron atendidos por los sindicatos y aceptados por sus jefes, que, desde entonces, no han dejado de alabar su actitud y aptitud para el desempeño de las labores encomendadas. Trabajan más de ocho horas sin ladrar, no cesan en su actividad para fumar, tomar café o u organizar protestas, y apenas piden tener un cuenco de agua en las proximidades. Además, su alegría desbordante no desaparece aunque les llamen el fin de semana para solucionar un imprevisto. 30092012123Todas esas virtudes, que, en tantos otros trabajadores no son sino una forma de trepar y conllevan  actitudes insolidarias hacia los compañeros, en el caso de los roadwéileres, conviven con una inusitada bondad. Si alguno de ellos sufre un percance, pongamos por caso, debido a la conducción temeraria o desesperada de algún vecino, siempre aparece a su lado otro de su especie para asistirle.

Sabida es la animadversión de algunos canes hacia otros representantes del reino animal, en particular gatos y pájaros. Pues bien, estos benditos cuadrúpedos incluso se solazan en el Ebro con 23092012089los patos, que, con grandes esfuerzos, el ayuntamiento ha conseguido aclimatar. Otro tanto ocurre con los pajarcillos que suelen posarse en las ramas de los pinos. Vean, sino, en la foto anterior, cómo pasa imagesus noches un roadweiler, al que podríamos casi calificar de persona no humana, junto a los gorriones. A la hora de la siesta o cuando el capataz se lo indica, saber recogerse con discreción en pequeños rebaños que ocupan un espacio mínimo de la calzada. Lo hacen de forma disciplinada, como si fuesen un cruce de oveja y centurión:

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Pero estas benditas bestias que han sabido renunciar a su fechorías, dada la peligrosidad de las misiones que se les encomienda, sufren frecuentes percances, que llegan acarrearles la muerte. Quienes, entonces, no se muestran a la altura de los servicios prestados por ellos son sus empleadores, que los abandonan en especie de indignas fosas comunes:

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Aquí dejo una pequeña galería de imágenes que da prueba de la bondad, orden, disciplina de estos bichos, sin por ello renunciar a algunas de sus más arraigadas costumbres, como la de olerse intensamente:

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jueves, 14 de junio de 2012

Roma, en 100 fotos. El concurso de Repubblica expuesto en el Macro

El diario italiano Repubblica convocó hace pocas semanas a sus lectores para que enviaran fotos de su Roma, y digo su Roma, porque todas las publicadas tienen una marcada voluntad de estilo, no tanto, quizá, en la técnica, como en lo representado: procuran ofrecer una imagen insólita, inédita, original, sentida, personal,  de la ciudad. Cuando se trata de vistas conocidas, que sé yo, por ejemplo, la cúpula de San Pedro o de Castel Sant’Angelo intentan dar un pequeño giro de tuerca, ya tan duro de dar, a la amplia iconología conocida. Hay mucho blanco y negro, que sigo tan vivo en la era del color, mucha Roma romana, mucha nieve, mucha evocación de la Roma de las películas, de Roma città aperta, de Rossellini, de Roma, de Fellini, mucha Roma vista como arqueología industrial, mucho Eur, bastante cementerio y Tiber, tanto Trastevere , y, claro, bastante religión y muchísimo vestigio del pasado y también de la crisis.

Los cierto es que el vedutismo, ahora que en Madrid se celebra una exposición dedicada a Piranesi, ha pasado a ser cuestión del móvil  o de las cámaras digitales de cada uno. Si en el pasado solo los potentados se podían permitir un oleo y los algo menos potentados un grabado sobre la ciudad, hoy cualquier turista se puede llevar a casa 200 o 300 fotos aceptables, a nada que tenga un poco de gusto y criterio y no se deje llevar por lo más tópico y manido, que para eso ya están las postales y las tiendas de souvenirs baratos.

He aquí una selección de las 100 imágenes finalistas  (I, II) de la convocatoria. Fueron escogidas entre más de 3.000 y expuestas en el Macro, el museo de arte contemporáneo de Roma, hasta el pasado día 9:

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Fabrizio Scarponi

Le foto finaliste / 1

Claudio di Menno

Le foto finaliste / 1

Eduardo Baszczyn

Le foto finaliste / 1

Antonio Marenco

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Andrea Maccioni

Le foto finaliste / 1

Gianni Mazzesi

Le foto finaliste / 1

Francesco Villa

Le foto finaliste / 2

Silvia Folgori

Le foto finaliste / 2

Simone Pierucci

Le foto finaliste / 2

Nicola Casamassima

Le foto finaliste / 2

Guido Villa

Le foto finaliste / 2

Victor Adam

He aquí foto ganadora y la segunda y tercera clasificadas. Es cierto que, como dice una reseña, Roma es una mera ambientación, un  mero pretexto es estas foto, sobre todo en la primera, pero, ¡vaya pretexto para que sea solo eso y no se convierta en texto!:

Lorenzo Moscia

La segunda y la tercera clasificadas:

I tre scatti più interessanti

Giusy Ricci

I tre scatti più interessanti

Luca bartolomei