jueves, 5 de febrero de 2015

Encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sentimentales) sobre las perspectivas del bipartidismo cuando entra un tercero en juego. Los amores y desamores del PP, el PSOE y Podemos. Y yo en medio de vosotros (Aznavour)

Foire du Trône, l'Avenir dévoilé, 1948 Photo Marcel Bovis © Donation Marcel Bovis, Ministère de la culture (Médiathèque de l'architecture et du patrimoine) Diffusion RMN (Fuente de la foto)

 

Et moi dans mon coin (versión francesa):

Él te observa con el rabillo del ojo / Tú te pones nerviosa en tu sillón (¡de casta!)

Lui il t'observe / Du coin de l'œil / Toi tu t'énerves / Dans ton fauteuil

Ed io tra di voi (versión italiana):

Y yo en medio de vosotros, aunque no hable / ya he visto todo lo que pasa / y yo en medio de vosotros / me doy cuenta de que el final ya está aquí.

Ed io tra di voi se non parlo mai
ho visto già tutto quanto
ed io tra di voi capisco che ormai
la fine di tutto é qui.

And I In  My Chair (versión inglesa):

Tú, vas y te pones te pones a hablar como un loro / Y el tío gitano va y te  canta una serenata / A ti se te sube un poco a la cabeza / Y te ríes demasiado / Y yo, ahí sentado / Aunque casi no oigo /estoy a punto de echarme a llorar

You, now you chatter a bit too much/ He, like a gypsy, he serenades/ You, you grow tipsy, your laugh cascades/ And I in my chair, 'though I hardly speak/ My heart's on the verge of crying/

Aznavour, el gran crooner de origen armenio y lengua francesa, hoy muy enfermo, compuso esta canción en 1966. Habla de una pareja que se está deshaciendo por la llegada de un extraño, del PP y el Psoe ante la irrupción de Podemos. La voz que canta es la del amante que se siente casi ya postergado al ver en su pareja los síntomas de la atracción hacia el otro. En el caso que nos ocupa, la postura errante del Psoe ante el ascenso de Podemos, por ejemplo.

Un poema lírico en el más puro sentido del término, una voz que canta su propio estupor. Pero Aznavour, como las piezas de cristal de Murano, muy a menudo se pone al borde de la cursilería, quizá el mejor territorio para la música popular sentimental. Creo que en algún momento, en particular al final, en una parte recitada, pero no transcrita en el texto que reproduzco, se zambulle en el lodazal de la nata montada. Ni que decir tiene que la canción está escrita en primera persona, persona doliente. Esperemos que ninguno de los protagonistas de la política española llegue a estos extremos.

Aún así, la situación descrita se podría extender a la política, a los fichajes deportivos, a cualquier juego de poder con un vencedor, un derrotado y un seducido. Aquí, la dignidad del derrotado reside en su aceptación del dolor, en su capacidad para mirar de cara las señales que anticipan su derrota, esas señales que quien escribió el texto parecía conocer tan bien.

martes, 3 de febrero de 2015

Pelos -de perro-, por mí mal hallados

¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,…
¿Quién me dijera, cuando en las pasadas        
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíais de ser en algún día
con tan grave dolor representadas? (G. de la Vega)

Qué frecuente es que un dueño se encuentre al cabo de los meses o años pelos de su perro muerto...y se ponga a llorar. Entre la materia orgánica de la que nos desprendemos, los pelos ocupan un lugar destacado gracias a su capacidad de evocación, de lo agradable y de lo desagradable. Junto con las uñas, son seguramente lo que mejor simboliza nuestro estado fronterizo entre lo bestial y el refinamiento. Quizá por eso, las dos cosas son objeto de un sinfín de embellecimientos, lacas, postizos, mechas, limados…Quizá por eso, todavía más que el desayuno o las abluciones, peinarse por la mañana marca la frontera entre el día y la noche  y quien no lo hace sigue bajo el hechizo del sueño. Pasarse el peine a la búsqueda de la raya para quien aun se la puede permitir, o, como en mi caso, recordar los tiempos felices en los que el peine entraba como Moisés en el mar rojo, tiene el significado simbólico de separar las tinieblas de la luz. Quien rehúye el cepillo, rehúye el contacto con el día, con la gente, prefiere mantenerse en un estado indiferenciado más cercano a la bestia que al gentleman. Parafraseando a Benjamin, se puede decir que hablar de los sueños sin haber acometido el primer peinado es traicionarse a uno mismo, pues solo desde la otra orilla, desde la claridad del día, es lícito “apostrofar al sueño con el poder evocador del recuerdo”.

Un pelo de perro evoca el carácter fronterizo de estos animales, echados a perder por el demasiado contacto con el hombre, convertidos en seres únicos, insustituibles, gracias a ese mismo contacto. Lo resumía, muy bien, como casi siempre, Valéry: “El animal, enigma verdadero, opuesto a nosotros por la similitud”. Un pelo de perro encontrado en un revistero, cuando se pasa la mano por el borde interior del sofá, tiempo después de su muerte, nos recuerda  que somos un cuerpo como es un cuerpo cualquier otro animal, pero, a diferencia de ellos, al tiempo tenemos un cuerpo. Entre el cuerpo que es y el que se tiene media la conciencia, la voluntad, todo aquello que nos hace seres excéntricos, desdoblados, observadores de sí mismos, reflexivos. Por eso se llora la muerte de un perro, por eso uno de plantea hasta qué punto tiene sentido hacerlo, se sorprende de que así sea.

(Fuente de las imágenes) Peluquerías ambulantes de perro a orilla del Sena













lunes, 2 de febrero de 2015