lunes, 15 de agosto de 2016

Ferragosto, el puente de la Asunción, en grupo: - ¿Qué vamo hacé? - Yo no sé, ¿tú, qué queré hasé?

"El número más bajo de personas que puede tener un grupo es tres, tal como yo lo veo. Esto se debe a que para que un grupo sea un grupo tiene que haber al menos una relación de la cual el individuo pueda verse potencialmente excluido; una relación en cual pueda confiar o no, que pueda o no ofrecerle ayuda y apoyo, pero que al menos en potencia se encuentre fuera de su experiencia y su control  directos: El popular refrán Dos son compañía, tres son multitud expresa muy bien, creo yo, la ambivalencia fundamental que sentimos hacia el grupo" (Arabella Kurtz, p. 109).

"... una experiencia de grupo, una experiencia en que la conciencia del propio ego es suprimida o bien se va apagando gradualmente. de pronto el mundo parece carecer de complicaciones. de pronto eres uno con tus vecinos, vives un éxtasis moderado, estás fuera de tu yo cotidiano.

... si tengo algún interés en los grupos (en el pensamiento y en la conducta del grupo) es porque, en el curso de mi vida, y pagando un precio, me he alejado por reacción de la regresión al grupo.
Y digo pagando un precio porque creo que la regresión es una parte natural de la vida humana. Yo llegaría incluso a decir que la regresión periódica tal vez forme parte de la economía psíquica natural, parte de nuestra forma de mantener la cordura (el equilibrio)" (J.M. Coetzee, p. 100 y 104-105).

Coetzee, J. M., Kurtz Arabella, El buen relato, Random House, 2015, trad. Javier Calvo.


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Pesadillas de verano: morena de bote en Biarritz

Murène verte
Nom scientifique : Gymnothorax funebris
Famille : Muraenidae
Taille : Jusqu'à 240 cm
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E stringe forte i denti la bionda (P. Conte)
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viernes, 29 de julio de 2016

Vibralanos, atímpuros, neofrenos y "orgullo sincero y dolor real". El Sacrario Militare Italiano de Zaragoza

Foto 1. Ingreso monumental al Sagrario


Cuando mi abuela oía las primeras notas del himno nacional español se le dibujaba en la cara una expresión entre pícara e infantil y a continuación empezaba a musitar una letra que el himno no tenía:

Burro, zopenco
Pedazo de animal,
sólo le falta el rabo
para rebuznar

Aleluyas de la defensa de Euzkadi  
(RIVERO GIL, 1937) 
Comissariat de propaganda de la Generalitat de catalunya
En la Italia fascista los chistes irreverentes hacia el régimen y en particular hacia Mussolini eran muy frecuentes, como en todas las dictaduras, por otro lado. Esa manera de aligerar el peso que supone el régimen autoritario sobre la vida cotidiana de sus súbditos debe ser el equivalente democrático del desencanto, poco más que algo funcional a los dos sistemas, síntoma de un descontento inarticulado, liberación inocua de tensiones. Según el recientemente fallecido Christopher Duggan, los chistes irreverentes bajo Mussolini eran "un ingrediente onnipresente negli scambi sociali di tutti i giorni", aunque  "la policía intervenía raramente, incluso cuando, y era algo que ocurría a menudo, se ponían en la picota la rimbombantes declaraciones del gobierno, se aludía a la corrupción y a la ineficiencia, o se satirizaba el comportamiento de Mussolini o de algún otro de los grandes jerarcas (come el secretario del partido, Achille Starace, uno de los destinatarios predilectos de la crítica). Lo cual hace pensar que por lo general las autoridades creían que reírse del régimen no era una cosa especialmente peligrosa o perniciosa" (1).
Aleluyas de la defensa de Euzkadi
Busco en mi reciente visita al Sacrario Militare Italiano de Zaragoza algún motivo que sirva para poner el solfa la solemnidad del lugar, para hacer visible ese tremendo contraste entre los inalcanzables ideales fascistas y su turbia peripecia mundana. No es buen sitio, pero algún lapsus habrá habido en la gestación del monumento, en las lápidas, en las inscripciones, pienso por un instante. Me acuerdo a ese respecto de la tardía visión de los himnos heroicos que proporciona Meneghello en Libera nos a malo (1963). Dos palabras que seducían a su alter ego infantil en esas extraordinarias memorias noveladas, vibralani y attimpuri, resumen esa distancia sideral entre la retórica, tan intensamente vivida por algunos, y la vida a ras de suelo, aunque ras sea una palabra muy ambigua en este caso.
La primera de las dos palabras proviene del Himno Balilla:


Vibra l'anima nel petto
Sitibonda di virtù;
freme, Italia, il gagliardetto
e nei fremiti sei Tu!

La segunda la gritaba el cura durante las confesiones: Atti impuri! (¡Actos impuros!).

Salvando las enormes distancias conceptuales,  al niño protagonista de Libera nos a Malo, seducido por aquellas extrañas y deslumbrantes palabras, le pasaba algo parecido a lo que me ocurría a mí con Help, ayúdame, la canción de T. Ronald. Como la cantaba entre las brumas de la ducha, atento a que al calentador no se le acabara el agua caliente, el Help, ayúdame!, se convertía en un salvífico Gel, ayúdame!, quizá Moussel, sustraído del neceser de viaje de mi padre.
"E noi del fassio siàn i conponenti", che belle parole: chissà cosa vorranno dire?", se pregunta el niño mientras salta sobre el colchón elástico de las palabras, sintiéndose un vibralano, término con un sufijo que también da juego en castellano. No es de extrañar que los vibralanos, por lo demás, sean aliados naturales de los atímpuros en la inefable batalla diglósica entre italiano y dialetto contra los neofrenos (nei fremiti sei Tu!: ¡nei freni ci sei tu! Entre lo que siente el niño, entre su manera de vivir la exageración retórica fascista y la ambiciosa retórica misma, asoma  la carcajada a través de la ingenua irreverencia. Quizá no es que no entienda, sino que entiende rectamente el mensaje por vía subliminal.
Aleluyas de la defensa de Euzkadi
Cuando el portero del Sacrario zaragozano me dice amablemente que puedo pasar, desmintiendo mi prejuicio sobre las necesarias visitas  programadas o en grupo, entro en el recinto con las palabras del reciente libro de Javier Rodrigo en la memoria:

"El fascismo en tanto que proyecto generador de un nuevo futuro, vivió una auténtica fiebre, no del oro, sino de la piedra: un afán no disimulado por la absorción de los símbolos pasados y por la monumentalidad del presente, de cara a la posteridad. La memoria de la intervención italiana en la Guerra Civil española recayó, bajo estos preceptos, en la gestión del recuerdo y del culto de sus caídos, de sus muertes como generadoras de vida, de su heroísmo y fe fascista" (2).

Fe fascista y orgullo por la empresa acometida es lo que sintieron los parientes de los muertos en combate, como la madre la mujer y la hija de Giuseppe Luciano Mele, caído en Jabalambre en 1938, medalla de oro al valor militar por lo siguiente:

Nell’imminenza di una importante azione affidata alla Divisione chiedeva insistemente ed otteneva di essere destinato ad un reparto di primo impiego. Alla testa di una compagnia di camicie nere e, quantunque subito ferito al petto, compiva atti di sublime eroismo, trascinando il reparto alla fulminea conquista di due forti capisaldi nemici, dai quali i numerosi difensori erano costretti a fuggire atterriti. Colpito una seconda volta mortalmente in una pericolosa fase di contrattacco avversario, piegava esanime sulla trincea, proiettando la luce del suo spirito oltre la meta e verso la vittoria. Preclaro esempio di combattente legionario animatore; trascinatore e degno del nobile appellativo di eroe. Sierra de Javalambrc, 22 settembre 1938.

Puro gusto por la acción heroica, por la batalla, escenario privilegiado de una biografía fascista que se preciara, porque si nos paramos un instante a pensar en contra quién se obtuvo la medalla, esos defensores aterrorizados que no podían por menos de huir ante el empuje de Mele, eran soldados del ejercito republicano, del ejercito leal al gobierno legítimamente constituido, fruto de unas elecciones democráticas. Pero quizá no estoy siguiendo la vía justa para subir por la rampa de acceso a la torre, un proyecto, por cierto, que se quedó a medias, como el proyecto mismo de una Europa fascista federada al que está ligado. A medias, porque mide poco más de cuarenta metros, cuando debería haber medido algo más de ochenta. La rampa de este cementerio vertical, un cementerio ideal, como las ciudades ideales renacentistas, construido su misura para unos muertos que fueron ordenados alfabéticamente, es un compromiso entre una escalera convencional y una plataforma continua, parecida a la del Torreón del Palacio ducal de Urbino, o, siglos después, a la escalera monumental helicoidal de acceso a los Museos vaticanos (G. Momo, 1932). Ya se sabe que el fascismo reinterpretó la historia italiana anterior a su llegada como una suerte de prefiguración que conducía a una etapa superior, la de a la tercera Roma, va la vencida.

Pero no hago sino escaparme del tema, que no es otro que la legitimidad del impresionante mausoleo que estoy visitando, un tema irresoluble. Y es que los motivos por los cuales 78.846 soldados (3) vinieron a España son variados, socioeconómicos, como los del personaje que recrea Sciascia en una de las novelle de Gli zii di Sicilia,  L'antimonio (1960)  o los que llevan a Cameroni a enrolarse en la aventura fascista española en  Dientes de leche (Martínez de Pisón, 2008) (4), ligados al proyecto vital de cada uno, que podía buscar la aventura, la fulgurante carrera militar, pero sobre todos se concentra la nube fascista que unificaba, conformaba destinos, verdadero catalizador de la voluntad que llevó a tantos italianos a morir en suelo ajeno : "Fascistas que se embarcaron en Italia y empuñaron las armas en España por distintos motivos, seguramente uno (o más) diferente para cada Aldo, Giovanni, Marco, Giuseppe o Enrico, pero también por ideas comunes, por deseos compartidos que, por fuerza, debían pasar por el tamiz de la identidad personal y a la vez colectiva, la de ser fascistas" (5). No nos olvidemos, en ese sentido, de que en las dictaduras europeas de entreguerras estuvieron activamente presentes miembros de la alta burguesía y de la aristocracia, pero también tantos personajes provenientes del lumpen.

Hoy, sin embargo, a casi ochenta años de distancia, aunque todavía me duela nuestra guerra civil, nuestra dictadura, bajo la que vivir, en este lugar domina en mí la magnitud de la muerte, esta especie de serpiente constrictora que es esta torre para un visitante solitario. Cuando ocurrió todo (las autoridades italianas estaban perfectamente al corriente de los preparativos del golpe del 17-18 de julio y lo apoyaron desde el inicio) también hubo tanto dolor,  "orgullo sincero, por más que cueste aceptarlo. Orgullo sincero y dolor real", apostilla J. Rodrigo en el corolario de su estudio citado. Honorable memoria, pues, o al menos respeto, intento decirme, por quienes murieron en suelo ajeno, colaborando eso sí para derrocar un régimen democrático "en defensa de la Santa Causa de la España de Franco", dando "su vida por Dios y Nuestra Patria". Ahí quizá radica la quiebra de la retórica fascista en morir por cosas así, ideología justificadora de intereses espurios, ideología en el sentido materialista del término, ideología de vibralanos, atímpuros y neofrenos, para el protagonista de Meneghello. De "reliquias de mártires", habló, por contra, el embajador F. Lecquio en el acto de colocación de la primera piedra del Sacrario, el 3 de mayo de 1942 (6), cuando Mussolini todavía dirigía la gloriosa misión imperial a la que Italia, tan estrecha geográficamente como amplia de miras, había sido llamada. Difícil es casar las dos cosas, así es que me dejo llevar por el carácter lúgubre del sitio, inaugurado el 25 de julio de 1945, cuando mucho habían cambiado las cosas en el panorama europeo y en el italiano, en particular. Terminada la guerra civil, liberada Italia de los nazis, seguramente alguien se vio forzado a cambiar la inscripción que preside el ingreso  para introducir ese tutti de L'Italia a tutti i suoi caduti, un tutti sin duda sobrevenido y al que acabaron ajustándose un poco los designios de la torre, cuando en  1987 fueron enterrados veintidós de los más de

quinientos brigadistas italianos que habían luchado a favor de la República. En algunas de sus lápidas figura una placa que los distingue de quienes estaban en el otro bando. Juntos, sí, cosas del ángel de la historia, pero algo menos que revueltos. Claro que, si miramos con detalle las cosas, tantos de los brigadistas eran de filiación comunista, ideología que si defendió la democracia parlamentaria en algún momento, lo hizo de forma meramente coyuntural, estratégica, por utilizar un término al uso. Nuestra Guerra Civil fue un anticipo o un banco de pruebas de muchas cosas, no sólo intencionadamente, lo fue hasta de  la Guerra Civil italiana. Como es sabido, en Guadalajara, se enfrentaron italianos en los dos bandos.

Gris por doquier, como conviene a la verdad, siempre veteada de impurezas. En un libro reciente sobre la justicia que hizo la Italia republicana con la precedente Italia fascista y sobre los turbios hechos que marcaron la memoria de P. Levi, involucrado en el ajusticiamiento de dos jovencísimos partisanos (7), S. Luzzatto resumía así la trascendencia de  la Guerra Civil en Italia, “resultaría tranquilizador pensar que en una guerra (más aún en una guerra civil) el enemigo se encuentra siempre y en cualquier caso fuera de nosotros…Vista desde cerca, la guerra civil italiana  –en relación a la cual a nadie le debería costar por lo  menos restrospectivamente escoger su propio campo, habiendo sido uno de los dos campos el de la humanidad y el del derecho y el otro en de la falta de humanidad y el del abuso– cuenta una historia distinta. Junto con la historia de un bien, el de la impagable lucha contra el nazifascismo, cuenta la historia de un mal insondable, el mal del que ningún hombre… puede sentirse libre. Entre el blanco y el negro aparecen las numerosas tonalidades del gris. A veces, la historia de los partisanos tiene el encanto simple de los contrastes. Más a menudo, tiene la compleja verdad de los matices” (8). Mucho de esto se puede decir también de la Guerra Civil española. La gran diferencia fue que en nuestro país venció el bando opuesto. El angelus novus que mira hacia la grisura de esta sorprendente construcción, no encuentra los escombros de los que habla Benjamin, sino un monumento varado en el tiempo, como señala J. Rodrigo, pero que evoca la mala digestión de este ácido cóctel:  "ocho mil trescientos millones de liras. Dos millones de bombas de mano. Ciento treinta y cinco mil horas de vuelo. Ciento cinco mil fusiles. Setenta y ocho mil ochocientos cuarenta y seis soldados. Once mil quinientas toneladas de explosivos lanzadas desde el aire. Cinco mil trescientas veintiocho incursiones aéreas. Cuatro mil vehículos. Tres mil cuatrocientos cadáveres. centenares de viudas, de madres sin hijos. Centenares también de víctimas, decenas  de niños y niñar destrozados por la meravigliosa Aviazione Legionaria. Ochenta y siete toneladas de pólvora. Setenta y dos barcos. Cuatro jefes. Dos naciones hermanadas por la sangre de sus caídos. Una torre" (9). El huracán que se enreda en las alas del ángel y le empuja hacia el futuro aquí se ha tomado un descanso.
_____________
(1) Duggan, Chistopher, Il popolo del duce, Laterza, 2012, Roma, trad. G. Ferrara degli Uberti, p. XI y 196.
(2) Rodrigo, Javier, La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española 1936-1939, Alianza Editorial, 2016, Madrid, p. 317-318.
(3) Rodrigo, ibid. p. 334.
(4) Comparando al protagonista de su libro reportaje sobre José Robles, Enterrar a los muertos (19) y el patrisrca negado de la saga familiar de Dientes de leche, Mártínez de Pisón contesta en una entrevista lo siguiente:
"- ¿Dónde se encuentran los sueños de José Robles, protagonista de Enterrar a los muertos, con los de Cameroni, héroe de esta novela?
- Robles, republicano asesinado por republicanos, fue un mártir de nada y de nadie. Cameroni es un italiano que viene a España huyendo de la pobreza y que acaba abrazando el fascismo. Los de Robles son sueños que chocan violentamente con la realidad. Cameroni, en cambio, es un superviviente nato.
- ¿Cuáles fueron las principales dificultades a la hora de reconstruir las vidas de los fascistas italianos durante y tras la guerra?
- La mayoría de los italianos que vinieron a pelear en el bando nacional eran hombres de extracción social modesta y después no dejaron por escrito sus experiencias en el frente. Esa falta de documentación la he tenido que contrarrestar acudiendo al trabajo de algunos historiadores".
(5) Rodrigo, ibid. p. 29.
(6) Rodrigo, ibid. p. 319. Cfr también el siguiente blog: http://zaragozaciudad.net/dimas/2009/010403-el-sacrario-militare-italiano-de-zaragoza.php
(7) La cuestión ha sido incorporada por Patricio Pron en su reciente novela No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, Random House, 2015.
(8) Luzzatto, Sergio, Partigia, Bestsellers Mondadori, 2014, p. 19).
(9) Rodrigo, ibid., p. 334.

Fotos:

Maqueta del proyecto original







Detalle de la foto anterior

Leyenda explicativa del origen de la bandera







lunes, 4 de julio de 2016

Lectura de verano de lecturas de otoño: Gil de Biedma lee las Escrituras y se mantiene firme a lomos del corcel

I classici sono quei libri di cui si sente dire di solito: «Sto rileggendo...» e mai «Sto leggendo...» (I. Calvino)

El año que yo nací, el lluvioso martes 1 de septiembre, Gil de Biedma, por primera vez en su vida, dedicó un rato a leer las Escrituras: "El efecto ha sido deplorable, tan deplorable que habré de leer más, pues difícilmente podría apoyar una opinión tan negativa, un disgusto tan radical como el experimentado en sólo sesenta minutos de lectura. La verdad es que no concibo cómo hay quien puede sentir apego y gusto hacia esos libros, sino es por motivos confesionales. Una vez apeados de su categoría de textos inspirados por la divinidad y relegados a la categoría de tesoro literario de un pueblo remoto, no siente uno e menor escrúpulo en darlos de lado en favor de la Odisea, de Heródoto o de los Siete contra Tebas -incluso se siente uno inclinado a postar por la posible inspiración divina en el caso de estos últimos." (G. de Biedma, Diarios 1956-1985, Edición Andreu Jaume, Lumen, 2015, p. 355). 
Confieso que si yo me acercara a la Escrituras, lo haría en términos de Sto leggendo y no de sto rileggendo, pero mi fe en Biedma es grande y entre 1959 y 2016 ha pasado demasiado poco tiempo como para que las cosas hayan cambiado en cuestión de gustos. Lo cierto es que Calvino, que todo lo sabía, también había previsto que la llama pudiera no prender en la lectura de un clásico: "Se la scintilla non scocca, niente da fare: non si leggono i classici per dovere o per rispetto, ma solo per amore. Tranne che a scuola: la scuola deve farti conoscere bene o male un certo numero di classici tra i quali (o in riferimento ai quali) tu potrai in seguito riconoscere i «tuoi» classici. La scuola è tenuta a darti degli strumenti per esercitare una scelta; ma le scelte che contano sono quelle che avvengono fuori e dopo ogni scuola". Aunque también pudiera ser que Biedma quisiera epatar o simplemente dar una opinión radical., en la línea de lo que expresaba Benet:  
“Yo creo bastante en la eficacia de la impertinencia, sobre todo en la de determinadas opiniones impertinentes… En cierto modo esas opiniones son, por impertinentes, las más útiles, las más atractivas. Si las opiniones se matizan, pues se vulgarizan, y entonces caen en el lugar común. En cierto modo, la opinión radical puede hacer daño, pero no deja de ser un extremo del campo de la opinión, lo linda… Una opinión tajante es más atractiva que una opinión mesurada. Me gusta ir por el mundo con ideas radicales. Ya que uno no puede radicalizarse en la vida pública, sí al menos en la vida privada.”  (Benet, Juan, Ensayos de incertidumbre, edición de Ignacio Echevarría,  Barcelona, Debolsillo, p. 477).

viernes, 1 de julio de 2016

Houellebecq llora a su perro. Literatura cínica


El san Roque de G. B. Tiepolo que puede verse en el Caixaforum de Zaragoza


Dice Houellebecq en una entrevista que para escribir literatura hay que encontrarse en un estado de semicomprensión de las cosas, que no entender del todo, estar un poco sorprendido por lo que se entiende parcialmente, es un état d'esprit poétique que permite cobrarse la distancia justa sobre lo real Y él, que ha perdido a su adorado can hace no mucho, dice que esa distancia ideal es la misma que mantiene el perro en relación a la agitación que caracteriza a los humanos, un extraño entre nosotros. Valéry ya lo señalaba: "hay algo de humano en su mirada". Y esa humanidad incompleta, que le mantiene ajeno pero semejante (más ajeno que semejante, no lo olvidemos) es la misma que nos caracteriza a nosotros respecto a ellos. También los humanos tenemos mucho de perro, aunque la diferencia sea, en el mejor de los casos, más que notable. por eso, en el juego parcial de espejos que se produce entre el dueño y su animal, hay tantos escorzos reveladores, tantas siluetas que iluminan nuestro interior. Mi perro refleja tanto lo que soy como lo que no soy. La literatura quizá se mueve en ese margen: lo que falta, lo que me sobra, lo que soy.


San Roque sin perro en la Leyenda Dorada:




miércoles, 22 de junio de 2016

"Toque" y "Me gusta" de Facebook (Refrito veraniego)

Los me gusta de Facebook son lo más parecido a una mordisquito de Ferrero Rocher o a uno de esos caramelos de menta, muy pequeños, pero de gusto potente, que se usan para evitar el mal aliento. Son pequeñas caricias que el alma maltrecha agradece al llegar a casa, cuando de vuelta a casa, en el tranvía tiramos de móvil en busca de las carantoñas electrónicas que nos pueden haber mandado mientras trabajábamos. Importa el emisor, no es lo mismo un me gusta de un imbécil que el de alguien que te hace gracia, pero, en el fondo, el ordenador nos convierte el hombres o mujeres fáciles, que acaban derritiéndose ante cualquiera que les ofrezca una golosina.
Facebook también ofrece la posibilidad de dar un toque, que es algo mucho más primitivo, como un oye tú, una mirada provocativa, un empujón cariñoso. Yo, a los doce o trece años, le gustaba a una vecina del portal de al lado de mi casa. Un vez, estaba parado a pocos metros de allí, cuando de repente ella vino corriendo y me dio un manotazo en el brazo según pasaba. Eso quizá sería el equivalente carnal del toque virtual.
Entre toques y me gusta uno va pasando los días, hasta que de repente tiene síntomas de anemia, señales de tristeza en el horizonte, nudos de ira o soledad en la garganta,  l'oeil chargé d'un pleur involontaire, aunque no sea del todo consciente de ello. Entonces, cambia de móvil, crea nuevos grupos de whattsup, lanza más me gusta, para ver si se los devuelven, empieza a comportarse como un ratón de laboratorio que da vueltas en una rueda giratoria sin otro fin que agotarse, llegar a la noche con sueño suficiente como para caer rendido.

Así es nuestra existencia. La electrónica no creo que haya cambiado mucho las cosas, salvo la apariencia, el paisaje urbano de las paradas de autobús, del interior del tranvía, de los dormitorios, los domingos al sol en el parque, los viajes en tren, las esperas a la puerta del cine, las pausas del trabajo, las cenas de navidad, los desayunos en el bar… No sé bien como se hacía antes, se iba a los billares, se entablaban más conversaciones en la barra del bar, había más grupos de boy scouts, estaban los grupúsculos de extrema izquierda, no sé, no me acuerdo bien de cómo me las apañaba yo. El fondo, la soledad, no creo que fuera muy distinto.

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

lunes, 20 de junio de 2016

La hora del pis




A la hora del pis, me siento un torpe animal prehistórico renacido, pero castigado, mandado a hacer molestos recados en pago a su vuelta a la vida. Durante los días más vulgares siempre tuve momentos señalados, la hora de comer, la de levantarse, pero siempre me vienen a la cabeza son las cinco de la tarde, no las lorquianas, sino las de V. Hugo,  l'heure tranquille où les lions vont boire.

A la vida vuelvo todas las noches tras tres o cuatro horas de sueño y el precio es levantarme a oscuras a hacer pis. A veces, todavía me rebelo contra las ganas, pataleo con cuidado para no despertarte, o hago la estatua, a ver si se pasa esa estúpida servidumbre. A tientas, paso por caja y allí sentado pienso un ratito en lo que queda de noche, en cómo irá, si seguir vivo o volver a morirme. Tanta cabilación  se convierte en estar estúpidamente vivo a deshora. Vuelvo a la cama con las manos por delante, para no chocar, pero choco con tus hermosos muebles heredados, patas reina Ana, cruje el somier y a mí, un dinosaurio suspendido por tirantes de acero en un museo, me bastaría ser sólo de hueso con tal de flotar,  una marioneta dueña de sí misma. Todo con tal de no despertarte.

jueves, 16 de junio de 2016

Richard Ford, premio princesa de Asturias. De nuevo, no se sabe quién da brillo a quién, si el premio al premiado o el premiado al premio

Reedición de la reseña publicada con el título "Canadá, de R. Ford, una novela antipicaresca".


Coincide esta breve reseña con la llegada de la segunda edición de Canadá (Ford, Richard, Anagrama, 2013) a las librerías y las primeras apariciones de la lista de mejores libros del año, entre los cuales, a pesar de las críticas unánimemente favorables recibidas, no he visto la obra de Ford.
Acabé de leer la novela con sentimientos encontrados, pero en los que predomina con mucho la admiración sobre el disgusto. Por un lado me dejó pasmado  la capacidad de Ford para crear minuciosamente un gran personaje adolescente enfrentado a circunstancias adversas. Por otro, la morosidad con la que a ratos se deleita el autor en hacer avanzar la peripecia puede llegar a exasperar a los poco pacientes.
Canadá cuenta en primera persona la vida de una familia de clase media en una ciudad de provincia americana durante los años 60. A partir del sorprendente atraco de un banco por parte de sus padres, Dell Parsons, el joven  protagonista, debe hacer frente a su existencia con la ayuda de algún personaje secundario, pero básicamente con el arma de su buena voluntad, su carácter reflexivo y  su curiosidad por saber cosas sobre mundo que le rodea. La segunda parte de la obra trascurre en Canadá, donde el muchacho es acogido por Arthur Remlinger, el hermano de una amiga de su madre, muerta suicida en la cárcel no mucho después de haber cometido el atraco al que me refería antes. En Canadá, Dell será testigo de un un asesinato. Saldrá indemne del hecho, pero no podrá dejar de verse involucrado de forma colateral. El delincuente será Arthur Remlinger, su nuevo padre putativo, que, si en un primer momento mantiene las distancias, acaba por acercarse al chico, aunque lo hace más para recibir una imagen narcisista de sí mismo que para educarlo.  La tardía reaparición de la hermana gemela, que había huido poco después del encarcelamiento de los padres, preludia el final de la historia. Si el joven, ya adulto y felizmente casado y colocado, ha conseguido rehacer su vida gracias a su carácter, curiosamente una mezcla de lo mejor de sus padres, la hermana, alcoholizada y con un cáncer terminal, representa el envés de la moneda.
Más allá de la peripecia, una fábula sobre la capacidad del individuo de metabolizar el mal, da homogeneidad a la novela la voz narrativa de Dell, quizá lo más conseguido de la obra. Ford construye un raro y a la vez convincente personaje que, envuelto fortuitamente en grandes tormentas, sabe no perder el rumbo gracias a la brújula de una especie de autoestima roussoniana. En ese sentido, la obra se inscribe en la larga tradición de las novelas de formación, la llamada Bildungsroman, aunque aquí, más que de la forja de un carácter, que parece predeterminado casi desde el principio, se trate de un ensayo narrativo en el que se ejemplifica cómo una personalidad semejante es capaz de enfrentarse a circunstancias adversas. Leyendo la novela no se tiene apenas la sensación  que el personaje crezca, sino que más bien el interés se centra en la manera en que el adolescente es capaz de narrarse a sí mismo frente a diversos avatares. De alguna marera, la novela podría ser el inicio de una serie de grandes aventuras de Dell, el adolescente indestructible y, al tiempo, sensiblemente delicado y receptivo. Se trata de una figura heroica que recuerda en sentido inverso a la del pícaro de la mejor tradición literaria española. Coincide con ella la novela en la narración en primera persona  y también en la aparición de amos para los que el protagonista debe  trabajar, aquí metamorfoseados en el padre natural y después en A. Remlinger, el padre adoptivo. Pero si la mejor  picaresca da cuenta cínicamente del proceso de adaptación e integración del pícaro a una sociedad corrompida, basada en el engaño, Ford parece haber decidido narrar la difícil supervivencia de un joven de buena voluntad, un self made (young) man, en una especie de versión dura y al tiempo esperanzada de la realidad, un largo ejemplo de la gran resistencia del bien frente a las hostilidades del mal. El proceso de degradación del pícaro  se ha convertido ahora en un proceso de dignificación personal.