Viaje a Francia en 2016

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz la piedra dura, porque esa sí que siente: “No leas poemas, no entones canciones”. Fragmento de un poema zen y otro sin zen

No leas poemas

No entones canciones

Es mejor cerrar los ojos, sentarte en tu estudio

Bajar las cortinas, barrer el suelo

Quemar incienso

Es hermoso oír el viento

oír la lluvia

dar un paseo cuando te sientas con ánimo

y si estás cansado, irte a dormir. (Fuente)

Yo, hipócrita lector, no estoy convencido,  busco ingrávidas burbujas de lectura, breves islas arrancadas  donde oigo hablar del viento. Solo recuerdo un par de paseos, no más, uno a la orilla de un río, buscando un banco donde leer. No quemo incienso, soy impío, barro lo mínimo necesario. Como mi perro, soy muy vago cuando no quiero, insoportable si algo me apetece. No es ánimo lo mío, sino voracidad adolescente. Lo único que me queda de una vida sin templanza. El resto es malhumor. Y por la noche oigo el tráfico, miro los semáforos a través de la ventana y pienso que en tus ojos nunca he visto la realidad

lunes, 22 de diciembre de 2014

La actuación de navidad del coro de la E.O.I.1 (22-12-2014)

 

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Fototrucaje reeditado. Iñaki Urdanga y Cristinica de Borbón. Espectáculo vintage en el coso de Mallorca.

 

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El espectáculo somete a los hombres vivos en la medida que la economía les ha sometido totalmente. No es más que la economía desarrollándose por sí misma. Es el reflejo fiel de la producción de las cosas y la objetivación infiel de los productores.

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A medida que la necesidad es soñada socialmente el sueño se hace necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de dormir.
El espectáculo es el guardián de este sueño. (La sociedad del espectáculo, Guy Debord, 1967). Enlace a la exposición de la Bibliotèque  nationale de France dedicada a Debord

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Publicado por Javier Brox en 6:17

domingo, 21 de diciembre de 2014

La marca España disimulada: el título del último libro de Pérez Reverte (Perros e hijos de perra), el anuncio de Mahou con roqueros de Viva la gente y la campaña del Banco Sabadell (el hondo precipicio por el que cayó Carlín tras la muerte del santo Mandela).

Portada de Perros e hijos de perraLeo el título del último libro de Pérez Reverte, Perros e hijos de perra, y me confirmo en la decisión de no leer sus libros, ni siquiera para asegurarme de que mi escepticismo sobre su calidad literaria puede estar equivocado. Miro la página de Alfaguara en la que aparece una ficha de la obra y me aparecen al margen otros libros suyos cuyos títulos me confirman que no me gusta, que titula con ventaja, que se pasa dos pueblos para atraer al lector: Con ánimo de ofender, Cuando éramos honrados mercenarios. Ni siquiera cuando se pone fino con los nombres (Los barcos se pierden en tierra, El francotirador paciente) se alza de verdad en vuelo.
Tampoco me gustan sus declaraciones, no por su escasa facilidad de palabra, algo que, como aclaró Proust en la Recherche, poco tiene que ver con la calidad de la escritura. No me gustan sus declaraciones, como aquella sobre el ministro llorón, o esas otras según las que parece querer convertir el Quijote en el libro de cabecera que aporte verdaderos valores a los adolescentes no adocenados, por lo que tienen de complacencia consigo mismo o por la chulería a lo Cela que destilan, por un tetintín entre machista y carpetovetónico que aborrezco. En otro plano, me hacen pensar en la publicidad del Banco Sabadell a través de sabios diálogos entre triunfadores o en los domesticados roqueros de Mahou, que ya quisiera Coca Cola haber dado con tanto almíbar. Engaño, impostura, impostación fraudulenta, es lo que veo en ellos.
He tenido que desmontar la biblioteca de mi madre, entre la que se encontraban algunas novelas del académico Reverte. Como se decía antes, no me gusta cómo se produce. El exceso verbal, que en un principio podría tomarse como un deseo de tomar posición de forma neta, me hace pensar que juega con ventaja. Excluye, claro, a un público no afín, pero al que lo es, se dirige poco menos que buscando una complicidad previa, sin la humildad que admiro en otros. Desmontada la biblioteca, allí ha quedado las novelas de Reverte.