adiós

viernes, 3 de diciembre de 2010

Los libros del año en inglés. La crema de la intelectualidad inglesa recomienda lecturas en Guardian.

Hay algo de profundamente absurdo en escoger los mejores libros del año, pero quizá también lo hay en cumplir años, en las periodizaciones que hacen que descansemos de trabajar cada semana o asumamos que lo ideal es sacar una entrada al día en un blog. Quizá por eso las campañas de fin de año tienden cada vez más a adelantarse, porque basta que se tenga prisa o apremie el interés comercial para que los plazos se hagan flexibles. Este año, la crisis ha retrasado el encendido de la luminaria , pero, a cambio, hace ya días que empiezan a aparecer listas con los mejores libros del año. Guardian ha pedido su opinión a la armada invencible de sus escritores, que se han prestado a recomendar lo que recomendarían si tuvieran que recomendar. Banville, Barnes. Boyd, Coe, Theroux, entre otros muchos, hasta Hobsbawn,  participan en la iniciativa: http://www.guardian.co.uk/books/2010/nov/27/christmas-books-year-roundup

Sin haber hecho un análisis en profundidad, se tiene la impresión de que también en el mercado de lengua inglesa la producción (auto)biográfica está en boga. Entre  recomendado destaca Philip Larkin,  Letters to Monica (Faber), uno de los libros más recomendados; Under the Sun: The Letters of Bruce Chatwin (Jonathan Cape); Sjeng Scheijen, Diaghilev: A Life (Profile Books); Bill Clegg, Portrait of an Addict as a Young Man  (Jonathan Cape); Rowan Williams, Dostoevsky (Continuum); Tony Judt Ill Fares the Land (Allen Lane), Saul Bellow, Letters (Penguin Classics), entre otros.

No falta tampoco la temática navideña: Jilly Cooper:

I  also loved Comfort and Joy by India Knight (Fig Tree), a hilarious, bawdy yet touching portrait of Christmas over three years. In a desperate attempt to achieve harmony for the sake of the children, Clara, the enchanting heroine, invites a vast extended family of parents, steps-in-laws, embattled ex-husbands, warring couples and lame-duck friends to stay.

Ni los autores en español, anglófilos, eso sí: The Perpetual Race of Achilles and the Tortoise, Jorge Luis Borges (Penguin Classics)

Hobsbawn, por su parte de muestra fiel a sus intereses e investigaciones, y recomienda a Charles Van Onselen, Masked Raiders: Irish Banditry in Southern Africa (ZebraPress, Cape Town)

Algunos de estos libros verán seguramente la luz en nuestro mercado en los próximos meses, otros, como el de Tzvetan Todorov, The Fear of Barbarians: Beyond the Clash of Civilizations (University of Chicago Press), ya lo han hecho hace tiempo.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Aldabas del casco histórico de Cáceres (1)

Aldabas del casco histórico de Cáceres (I)

Verdades a medias

Los cascos históricos homogéneos, cuanto mayores y más conjuntados más producen sensación de irrealidad, como si fueran esas ciudades ideales que gustaron a los renacentistas y también a los regímenes autoritarios. El turista que visita ciudades como Cáceres, por momentos tiene la sensación de que todo fue hecho de golpe, saltándose la acumulación desordenadamente ordenada que implica el desarrollo urbano. Quizá, el cúmulo de sensaciones que producen estos centros históricos solo sea una variedad del síndrome Stendhal, ligada a la aparición de los parques temáticos, las Vegas incluida en este concepto. Antes me disgustaban profundamente esas imitaciones de la realidad, que en pequeña medida, reproducen los bares temáticos, esos que, en pocos días, convierten los locales tradicionales en cantinas mejicanas, garitos brasileños, africanos o tabernas del oeste, con toda una parafernalia ad hoc de objetos, muebles, rinocerontes, cocodrilos, máquinas de coser y decenas de fotos de época fotocopiadas. Antes, cosas semejantes me parecían una suerte de engaño a la vida, al tiempo que exige cada cosa, los viajes, el conocimiento. Hoy, aprecio más los atajos y no desprecio a quien piensa que se ha ahorrado un viaje a Venecia porque ha visitado una réplica, aunque sea en miniatura, de la Plaza San Marcos, y hasta a lo mejor ha entrado virtualmente en los calabozos del palacio. Ocurre que ese turismo banalizado, poco a poco, lo que va convirtiendo en irreal, innecesario, superfluo, es a la realidad que imita. O, por lo menos, va tiñendo a la experiencia real de la visita a un casco histórico como el de Cáceres de sensaciones parecidas, cuando no peores a las que produce la visita a un buen parque temático.

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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Paredondehelarte: La exposición de diciembre, Un cuento en la pared, Peppo y la noche mágica.

En diciembre, seguramente a partir de esta misma tarde, el/la paredondehelarte acogerá la exposición Un cuento en la pared, Peppo y la noche mágica. Se trata de una breve narración infantil escrita por nuestra directora, caligrafiada por su padre e ilustrada por amigos, antiguos compañeros de juegos y estudios. Todo de casa y en casa, por estas fechas cercanas a la navidad en las que el hogar se convierte en un microcosmos a menudo repleto de sueños, de cuentos y buena voluntad. Que lo que pasa fuera del mundo feliz quede por un instante en un rincón de nosotros. Sigue existiendo la desgracia, el sufrimiento, la injusticia flagrante, pero tiempo habrá de ocuparse otra vez de todo ello con más intensidad. Soñemos un largo rato con Peppo, miremos a las estrellas con sus ojos embelesados y el frío del invierno en la cara y después volvamos a mirar hacia abajo sabiendo para quién y por qué hay que cambiar las cosas.

UN CUENTO EN LA PARED: “PEPPO Y LA NOCHE MÁGICA”

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ILUSTRADORES:

Andrés Pasamón Blázquez y Mónica Pasamón Blázquez

AUTORA DEL RELATO:

Esther Lozano Estopañán

CALÍGRAFO:

Julián Lozano Gómez

Los hermanos Andrés y Mónica Pasamón se forman en la Escuela de Artes de Zaragoza, y se especializan en la compleja técnica de la aerografía.

Como ilustradores profesionales han realizado una extensa obra “pintando con aire” durante la década de los 90.

Además han disfrutado y nos han hecho disfrutar con sus ilustraciones para cuentos infantiles, como el que os mostramos aquí, donde un cuidado collage combinado con la técnica de la acuarela en vivos colores acompaña el relato de Peppo.

La caligrafía ondulante nos ayuda a evocar la modulada voz del protagonista y el trazo continuo conseguido por Julián Lozano nos transmite además la determinación del personaje en su deseo de cumplir su sueño.

“Peppo y la Noche Mágica” es ante todo un viaje de iniciación, un proceso de crecimiento personal que todo niño debe acometer. Y que todo adulto sigue acometiendo día a día.

Esperamos que os gusten.

He aquí el principio de esta narración concebida para ser vista y leída en la pared:

Peppo y la Noche Mágica

Esta es una foto de mi tarta de cumpleaños. Me llamo Peppo , y la semana pasada cumplí 8 años.

Cuando soplé las velas pedí un deseo: Pasar una noche yo solo bajo las estrellas.

Mi mamá y mi yayo Antonio me dijeron: “Bueno, Peppo, como te has portado muy bien tu deseo será cumplido. Iremos a casa de los tíos en la Costa Brava. Allí las noches estrelladas son inolvidables”

Esta noche no pude dormir. Sólo pensaba en el viaje y en que vería a mis primos, y lo bien que me lo iba a pasar, y sobre todo, ¡cumpliría mi deseo!

Al final me dormí agotado, y soñé y soñé…

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martes, 30 de noviembre de 2010

La pequeña exposición sobre Pessoa

Quedó instalada la pequeña exposición sobre Pessoa. Contiene una breve antología de textos poéticos y algunas imágenes del poeta.

Ricardo Duerto, profesor de español, ha hecho unas fotos:

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Esta tarde en la librería Cálamo habrá un velada poética. Estaré allí, no me quedaré aquí “sonriendo en cursiva”, pero por momentos me siento cerca de lo que dice Pessoa a través de Álvaro Campos:

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Monicelli se suicida. Dos hazañas suyas: domar a Totò y hacer la gran comedia agridulce.

Se llenarán los periódicos de páginas dedicadas a él, es justo que así sea, porque es una de las grandes figuras del mejor cine italiano, incluso cuando el cine italiano era excelente.

A mí me vienen a la cabeza un par de hazañas suyas. La primera, que supo amansar al gran Totò, casi me atrevería a decir que le enseñó a ser algo más que un cómico extraordinario, a frenar su ingeniosa verborrea, como si de un impetuoso perro de caza hubiera obtenido un excelente sabueso capaz de dintinguir lo bueno de lo mejor. Lo hizo en Guardie e ladri (1951):

Y lo volvió a hacer en I soliti ignoti (1958):

La segunda hazaña, que consiguió muy a menudo caminar sobre el incómodo filo que separa la gran comedia (esa que no pierde nunca de vista un fondo de ironía ligado al cuestionamiento de la seriedad de la vida misma) de la mera búsqueda de la carcajada fácil, esa que a menudo es síntoma de estupidez. Tantas veces sus gags, engastados en dignos argumentos, hacen sonreír más que reír y en el recuerdo dejan el poso agridulce de lo humano.

Totò en este blog: 

- http://holdontightmarie.blogspot.com/2009/12/rincon-de-las-ocurrencias-toto-1.html

- http://holdontightmarie.blogspot.com/2009/12/rincon-de-las-ocurrencias-toto-2.html

- http://holdontightmarie.blogspot.com/2009/12/rincon-de-las-ocurrencias-toto-tercera.html

lunes, 29 de noviembre de 2010

Lo mejor de la televisión

En pocos ámbitos, salvo quizá en el caso de contadas películas y documentales, la televisión ofrece materiales de primerísima calidad. Antes había menos oferta, pero no eran raras las grandes entrevistas, por ejemplo, o los debates de altura. Hoy en día, todo ha sido copado por las distintas cuadras de tertulianos, desde las que se ocupan de fichar a personajes ramplones o vulgares hasta las que tienen en plantel a los más refinados. En medio, quedan los llamados en italiano tuttologos, que son capaces de improvisar discursos sobre cualquier tema hasta con la boca llena. Lo que proporcionan al espectador son calorías vacías, como las de las chips, opiniones llenas de tópicos que apenas dejan traslucir un conocimiento hondo del tema. Me pregunto de dónde sacan tiempo esos personajes que aparecen en cuatro o cinco tertulias al día para mantener un nivel de lectura, de elaboración de sus planteamientos, de metabolización de la información, que no les produzca cargo de conciencia. Sí, pero hoy en la tele hay auténticos especialistas en lo suyo. Es mejor que no hablen mucho, ni ellos ni sus entrenadores, porque se enredan a la menor, es mejor que hagan lo que hoy van a hacer, una mezcla de baile y pelea de lo más entretenido. Y hasta unas chips se puede permitir uno mientras los ve.

Barcelona Vs. Real Madrid: A Look Back At The Last Five Clasicos

domingo, 28 de noviembre de 2010

“Unos profundos suspiros”. La larga crisis matrimonial de Tolstói y Sofía Bers contada por Tatiana Tolstói (1864-1950), ejemplo de cómo encarar lo que nos afecta hondamente.

image Tolstói, Tatiana, Sobre mi padre, Barcelona, Nortesur Primera persona, 2010.Traducción del francés de Julia Escobar.
Formato 14 x 22 cm
Páginas 128
ISBN 978-84-937841-3-3
PVP: 13,00 €
Quizá, como señalaba hace unos meses I. Echevarría, el problema del matrimonio Tolstói consistió en que ninguno de los dos cónyuges supo proporcionar al otro una versión aceptable de sí mismo, una imagen a la que el otro pudiera aferrarse sin acabar naufragando. De las memorias de Tatiana Tolstói se deduce que así fue en parte por la versión narrada de sus vidas que se haya en sus diarios, a los que tan dados eran. La imagen que se proporcionaron recíprocamente en el trato directo se completaba con la que proyectaban de sí mismos en esos diarios, como una especie de correlato en carne viva de sus sentimientos. El planteamiento subyacente sería que si uno no se engaña a si mismo y los diarios son una trasunto lírico narrativo de su corazón la mejor manera de conocer al otro es leerlos y la mejor manera de ser sincero es compartirlos. Un planteamiento semejante encaja bien en esa permanente búsqueda radical de la verdad que según su hija Tatiana guió siempre la vida del escritor (Amo la verdad…mucho…Amo la verdad, fueron sus últimas palabras –ibid., p., 123). Pero el espíritu es débil y tiende a engancharse en su propia inseguridad. Quizá, esa sobrecarga de sinceridad no sea en el fondo otra cosa que un síntoma de incomprensión de lo mucho de trágicamente teatral que tienen las relaciones humanas y de lo importante que es ser consciente de ello para que lleguen a buen puerto. Las notas en las que Sofia Bers, la mujer del escritor, habla de los celos que sintió en relación a los años de vida de su marido en los que aún no se conocían hacen pensar en los celos que atormentaban al narrador de la À la recherche en relación con Albertine. A efectos literarios no, pero a efectos vitales hubiera sido mucho mejor limitarse a vivir el presente. Por otro lado, el mundo creativo de Tolstói, cuanto en él proyectaba, o través de él enmascaraba o aclaraba, estuvo muy presente en Sofía Bers, pues pasó a limpio durante muchos años toda la producción de su marido. Su vida matrimonial duró unos cincuenta años y no empezó a complicarse seriamente hasta la llamada conversión de Tolstói. Con el tiempo, a raíz de las suspicacias de Sofía, se vio condenado a llevar un diario secreto, que ocultaba en una bota o bajo la camisa. La idea recurrente –más de 15 años- de marcharse de la casa familiar para abandonar un tipo de vida que le repugnaba por intranscendente y lujoso chocaba con las consecuencias que se hubieran derivado de ello, con lo mucho construido en el terreno familiar, que actuaba como un muro infranqueable. Su hija Tatiana señala cómo “Un día hizo la siguiente reflexión: ¿Qué ocurriría si dejo a mi familia? Otro hará lo mismo y luego un tercero. Y el resultado será que acabaré ayudando a otra familia cuyo jefe ayudará a la mía, y así sucesivamente?” (ibid., p., 87) o también observa las razones más morales que sentimentales que el escritor se daba para no desaparecer: “Si no tomo ese partido es porque de hacerlo, sería ante todo por mi bien personal, para escapar de una vida envenenada por todas partes. Y pienso que para mí es necesario soportar esa vida” (ibid., p., 85). A partir de un momento dado, después de la muerte de un hijo, Sofía empezó a manifestar anomalías psíquicas, que su hija describe diciendo que “refería todo a sí misma”: ella que antes “siempre estaba dispuesta a entregarse por entero sin pensar jamás en sí misma fue presa de una preocupación enfermiza…” (ibid., p., 93). Al final, como es sabido, Tolstói acabó por marcharse para morir pocos días después en unas condiciones que se parecían más a la austera vida a la que había aspirado durante tanto tiempo. En el lecho de muerte apareció su mujer: “Entramos. Mi padre estaba inconsciente. Los médicos nos dijeron que era el final. Mi madre se acercó, se sentó a su cabecera e, inclinada sobre él , murmuró palabras tiernas diciéndole adiós y pidiéndole que la perdonara por todo aquello de lo que fuera culpable. La única respuesta que obtuvo fueron unos profundos suspiros” (ibid., p., 123-24).
Más allá de la buena selección de fuentes que manejó la hija de Tolstói (diarios, cartas, escritos varios) sobresale la voluntad de imparcialidad y profundidad en la descripción de los hechos. En un tono de explicación psicológica basada en su experiencia filial y en una aguda interpretación existencial de la trayectoria de los protagonistas, la autora consigue, desde el sentido común, en términos que podríamos llamar pre psicoanalíticos, dibujar un cuadro convincente y, por contradictorio que parezca, apasionadamente objetivo, de la peripecia matrimonial de sus padres, dos seres en lucha entre su herencia material, emocional, y sus aspiraciones sobrevenidas, entre su educación y lo que de la vida fueron o no capaces de aprender. Tan solo al final, cuando la postura de su madre se encona hasta hacer que la situación resulte insufrible, se decanta tibiamente por las razones del padre. Algo que, por lo demás, no es óbice para que sus palabras sobre su madre no sigan transmitiendo un profundo respeto, aunque algo menos de cercanía.
Sobre la edición original (http://www.casarusia.com/archives/288-Sobre-mi-padre,-de-Tatiana-Tolstoi.html): «Sur la mort de mon père et les causes lointaines de son évasion» se publicó en julio de 1928 en la revista Europe, habiendo sido redactado directamente en francés por Tatiana Tolstói. En 1960, André Mazon escribió un prólogo para la edición que realizó El Instituto de Estudios Eslavos de la Universidad de París. En 1975 se publicó con otros textos de Tatiana Tolstói dedicados a su padre, Avec Léon Tolstoï (Albin Michel). En 2003, por último, se reeditó en Francia con el título de Sur mon père (Allia, 2003).