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jueves, 26 de junio de 2014

Mímina literaria hispánica. La pequeña gran historia de la literatura española, de J.C. Mainer

Historia mínima de la literatura española

José-Carlos Mainer, Historia mínima de la literatura española, 2014, Turner, 276
p. PVP: 14,90 euros

M. Rodríguez Rivero le reprochó  que, en la parte dedicada a reseñar las otras Historias de la literatura que ha habido, no hiciera referencia a la Historia social…de Blanco Aguinaga, I. Zabala y Rodriíguez Puértolas; hace unos días, Fernando Valls señalaba ciertas injustas ausencias, “Manuel Chaves Nogales, Ángel Crespo, José Jiménez Lozano o Alberto Méndez; o un comentario, por breve que sea, sobre el reconocimiento que algunos narradores actuales, sobre todo Javier Marías, Rafael Chirbes y Enrique Vila-Matas, están cosechando en otros países, sin ser los únicos”. E via dicendo, más pequeños peros en otras reseñas que ahora no recuerdo y, sobre todo, con las que no doy, a pesar del buscador de turno. Cada uno podría señalar una pequeña mancha. Yo, por ejemplo, creo que se le da demasiada cuerda a M. de Pisón, pero nos movemos en este caso, como en otros, en una zona que por su cercanía temporal invita a la discrecionalidad. Por lo demás, otras de las ausencias señaladas, Dueñas, Reverte, Sierra y compañía son ausencias que limpian.

Lo cierto es que Mainer parece haber encontrado un traje a la medida de sus muchos años de trabajo, un traje de miles de lentejuelas colocadas cada una en su lugar, de manera que refulgen o proyectan sombras, se juntan o dejan pasar la luz, como si  a pesar de estar hecho el conjunto de pequeñas teselas, el crítico no hubiera perdido nunca de vista el equilibrado resultado final. Luce en el detalle y deslumbra en el conjunto. Si se tratara de una imagen digital, diríamos que está tan cargada de píxeles que permite notables ampliaciones sin perder nitidez. Da la sensación, además, de que todo o casi todo deja rastros que permitirían seguir los últimos desarrollos, las recientes y más sólidas visiones de la crítica (para)académica. Y digo que da la sensación, porque un no especialista, como yo, en estos temas no puede afirmarlo con rotundidad. En ese sentido, otra de las virtudes de las que da ejemplo Mainer consiste en la ligereza, entendida esa en este caso como capacidad de pasar del caso a la categoría y viceversa, del ejemplo a la tendencia, del autor a la corriente, siempre con el largo aliento de quien conoce las tramas culturales, las corrientes generales y los riachuelos y desviaciones que se producen a partir del torrente.

Leyendo otros ensayos más detallados de Mainer, sus opiniones, por ejemplo sobre Ferlosio contenidas en Tramas, libros, nombres (Anagrama, 2005) o algunas de sus reseñas en prensa –en Babelia, en particular- a veces he tenido la sensación de que más allá de la facilidad de escritura,  faltaba densidad en el contenido, el texto quedaba corto al dar cuenta de lo que explicaban. No ocurre así en esta Historia mínima, plena de máximo rigor, economía y potencia.

Leí el libro hace un par de meses y ahora lo tengo prestado a la hija de un amigo. La niña tiene 16 años y pasó buena parte del curso escolar en Alemania, gracias a un programa de intercambio. Al volver, los profesores de su instituto se mostraron reticentes a la hora de convalidar las notas obtenidas en aquel país. El de lengua y literatura le pidió un trabajo de conjunto. Hablando con el padre sobre el libro de Mainer, se nos ocurrió que podría serle útil a tal efecto a la criatura. Si lo que ha escrito gracias a la Historia mínima… vale la pena, será prueba de que la obra goza de otra de las virtudes italocalvinistas, la versatilidad, que unida a la ligereza y equilibrio, harían de ella una obra modélica.

Coda: Dicho sea todo esto último, por un lado, como excusa ante la ligera vaguedad de la reseña, y, por otro. para cumplir con el lado íntimo y caprichoso que caracteriza a los blogs.

3 comentarios:

  1. Después de leer esta completa reseña sobre el libro de Mainer, no puedo perder ni un minuto en correr a adquirirlo. Tengo fe en el buen criterio de un hombre docto en materia cultural, sobradamente demostrado en todos sus escritos.
    Gracias, Javier.

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  2. Pilar, yo creo que en el profundo fondo la razón básica por la que he leído este libro ha sido intentar recobrar el regusto de los años de la facultad. Quizá alguna de aquellas lecturas vuelva, el placer del L. de buen amor, el extraño guay del Corbacho, la tierna y alambicada, quizá neurótica sensibilidad de Garcilaso, la prosa de D. de San Pedro, la octava maravilla de la Celestina, pero lo que no volverà, ¡requeteguay de mí!, serán aquellos años.
    Saludos cordiales,
    javier

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  3. Al final no le pidieron ningún trabajo sino exhaustivas evaluaciones de recuperación, desde la creación hasta el juicio final. Parece que lo que se lleva en ese instituto tiene que ver con los totalitarismos, y nada de historias mínimas.

    Desde el lado más íntimo, acabo de devolver el libro. En lo sustantivo, gracias por compartirlo, por una reseña tan bien adjetivada como el propio libro y por provocar que Gelovira prodigue su verbo.

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