adiós

sábado, 31 de octubre de 2015

Deditos de santa: Juntos, todos los días son jalogüín. A 2’5 euros los 100 gr, por lo menos en la panadería del pasaje que hay debajo de mi casa)

Excelente ejemplo de sincretismo cultural, el maridaje perfecto entre el tradicional día de difuntos y el importado jalogüín, exasperante enredo comercial que casi me hace añorar aquellos días de hace cuarenta años en que, parafraseando a Montalbán, contra todos los santos vivíamos mejor.

(Fuente de la imagen)giphy

viernes, 30 de octubre de 2015

¿Por qué siempre decir jalogüín? Porque es más fácil decir jalogüín que decir “día de los muertos”. Entradas periódicas

 

¿Por qué decimos jau?/¿Por qué decimos  jau?/ Porque es más fácil decir jau, que decir cómo has estao… (Peter Pan, W. Disney)

Versión original: Why does he ask you, "How?"
Why does he ask you, "How?"… (Peter Pan, W. Disney)

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato(Fuente de la foto)

Pues eso, que Halloween tiene la maldita gracia de lo que no se sabe bien qué es, como Japón, tan de moda entre los que nunca hemos estado allí,  o España para algunos románticos que no habían pisado el suelo patrio y veían bandidos y manolas por doquier. Además, con cuatro ideas básicas, de esas que se aprenden en las clases de idiomas, uno ya sabe lo bastante de Jalogüín o de lo que haga falta. Yo tampoco sé mucho al respecto, pero tengo entendido que un grupo de niños desarrapados se acerca a tu puerta y, en actitud mafiosamente infantil, te someten a una especie de simulacro de chantaje… En fin, que las cosas serias me despiertan el espíritu cascarrabias y pienso que todo se hace para  tratar a los muertos de perfil, no vaya a ser que digan, déjate de paridas, a la mierda las calabazas, que yo quiero los crisantemos de siempre y un paseo bordeado de cipreses

Me cuesta recordarlos  también a mí  y, sobre todo, si pienso en Ella, negra morte, todo se me oscurece, me da pavor calcular las veces que me ha pasado cerca en estos años solapada en la enfermedad, años, una caída un poco tonta.

Muertos más cómodos de recordar son los muñecos que un día tuvimos. Tal vez no sea casualidad que me encuentre estos días que huelen a ceniza con una galería de fotos llamada "Much Loved", del fotógrafo irlandés Mark Nixon. Se trata de viejos peluches que merecerían un orfanato, como dice Tom

Quei vecchi peluche tanto amati, la raccolta del fotografo Nixon

Waits de las bicicletas en desuso. Los miro buscando encontrar en sus ojos  algún parecido con el muñeco que un buen día enterré en un armario y del que no me volví a acordar, al que tanto quise y después me apresuré en abandonar para dejar atrás la infancia. No lo encuentro por ningún sitio. No sé mirar a estos muñecos con ojos chicos, pero hay algo que me ablanda en esos tejidos que han soportado mal  el trajín de la lavadora, costuras que han acabado cediendo ante tanto tirón, brazos que acabaron en casa del vecino.

Otros días mis muertos me aparecen en los pequeños actos en los que estaban presentes y hoy no están. Arden las ausencias entonces por un instante, breve, pero intenso, como un bofetón con la mano fría. Hoy, jalogüín, sin embargo, no me queda nada de ellos, parientes, amigos, héroes de tebeo, presentadores, cantantes. Los muertos que llevo dentro se han hecho caprichosos, y el niño que también llevo dentro, como un peluche abandonado con mirada de vidrio, está mas muerto que vivo él mismo, salvo cuando asoma la cabeza al trasluz de algún recuerdo agridulce.

Quei vecchi peluche tanto amati, la raccolta del fotografo Nixon

Quei vecchi peluche tanto amati, la raccolta del fotografo Nixon

Pero, ya que estamos en vena de disfraces y ocurrencias, de yoes añadidos, postizos o anhelados, he aquí unas fotos de las posibilidades que da jalogüín, muchas más, seguramente que el día de los muertos. se me ocurre, por ejemplo que a un niño se le puede bautizar Jalogüín. Seguro que a más de uno le parecía un nombre como cualquier otro, cosa imposible si el al bebé le quisiéramos llamar Díadelosmuertos.

Antiguos disfraces de jaloguín:

(Fuente de las fotos)

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

miércoles, 28 de octubre de 2015

Gimnasia facial: la monotonía del hipócrita o con la encía por delante

    Monsters(Fuente de la imagen)

Me dice mi experiencia, fuente de la que no hay que fiarse demasiado, pero tampoco desdeñar completamente, que el hipócrita común suele adoptar una postura única en la vida y que muchas veces esa postura consiste en ir con la encía por delante, mostrando una especie de perenne sonrisa de fingida beatitud, como si quisiera fardar de su felicidad. Es una mueca de papel de envolver demasiado tirante y si te fijas con atención, en los momentos de descuido, se les raja el envoltorio , dejando ver lo que hábilmente esconden, el monstruo indiferente que llevan dentro. Porque su actitud es pura ficción, postura, negación de la cambiante realidad,  indiferencia, al cabo, hacia los males ajenos. Pero es que en los casos extremos, también ocultan la realidad a sí mismos, a sus allegados, a los que tiranizan con la cotidiana muestra de la sus dentaduras y encías, sonrisa a la hora de desayunar, que hay que ser felices, coño, sonrisa a la hora de comer, que las lentejas abrasadas están cojonudas, sonrisa para merendar, que el bollicao es delicioso, sonrisa para dormir, que a dormir toca. Ah, y, claro, duermen roncando, ya que lo hacen con la boca abierta, para que se les siga viendo la encía. No vaya a ser que descubramos al monstruo que llevan dentro y le jodamos el negocio, el bufete, la consulta, la canonjía. Son esos monstruos de los que, cuando por razones misteriosas, explotan y la montan, pasando de la sonrisilla al cuchillo, en un cambio vertiginoso de actitud, sus vecinos dicen que eran excelentes personas que les cedían el paso en la puerta, les esperaban para subir en ascensor y siempre decían buenos días, aunque algunas veces les chocara que lo dijeran por la noche; son esos monstruos a los que cuando les pides ayuda, solidaridad, apoyo, te dejan de lado, porque quieren seguir sonriendo a diestra e siniestra, ser amigos de todos, equidistantes en sus negocios, sus bufetes, sus consultas, sus canonjías.

domingo, 25 de octubre de 2015

Qué contraria es la fotografía al fluir de las cosas, qué amiga, sin embargo, de la importancia que damos a algunas de ellas. Entradas reaprovechadas

(Fuente del gif)

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Algunos Gifs (Graphics Interchange Format) provocan una especie de hipnosis, proponen pequeñas secuencias de actos que uno querría pasarse toda la vida haciendo, ajeno a lo que ocurre a su alrededor, ciego incluso ante lo que le está pasando por dentro. Uno de mis Gifs otoñales favoritos consiste en pillar por sorpresa una novela y pasarme tres días leyéndola, con cara de perro absorto que solo atiende a la comida, tres cuartos de hora,  y vuelta a arroparme con las páginas del libro. Fueron días de adolescencia con, pongamos por caso, Chandler o Hammett, días a medio camino entre la cama y el sillón, que no volverán. Como un perro con el hocico pegado al suelo en pos de un rastro, intento revivirlos, pero persigo una ausencia irrecuperable, he hecho de ese instante un ritual que me permite olvidar que lo que busco es una ausencia que no va a revivir.

Los gifs son secuencias, bolitas de existencia, de ricino o de anís, más o menos significativas, más o menos extensas, que vuelven una y otra vez a empezar. Son algo más que fotos, pero pertenecen a la misma familia. Algunas enfermedades o manías son como gifs animados, Nadal que toquitea las botellas de agua, Gus, de Braking bad que se ajusta la corbata, Rajoy que sufre el pinochesco tic del guiño mentiroso. Hasta en la vida social hay gifs intermitentes, como el de la campaña electoral que no se cumple. Pero quizá donde cobran su verdadera dimensión los gif es en los mitos. Sísifo a vueltas con su piedra o el hígado de Prometeo picoteado por el águila, el pobre Ícaro escaldado, cosas del carácter empedernido o del instinto que nos esclaviza. Como dice Pániker que decía Jung, hay que pasarse la primera parte de la vida construyendo un yo fuerte que permita rechazar los asedios de los ejércitos invasores, vecinos, socios del mismo club, militantes del mismo partido, compañeros de trabajo, proyecciones ideales de uno mismo, para en la segunda parte derretir esa personalidad a fuerza de sencillez y comunión con el cosmos y los otros. Para lograrlo, nada de procurarse experiencias fuertes a partir de los cuarenta, nada de buscar revivir primeros amores, primeros viajes, primeras lecturas, fines de semana entre las páginas de un libro, intentos abocados a la insatisfacción. Prepararse para ser buenos abuelos, si es que llega la dicha y mucha buena serie televisiva …pero, por momentos, ¡qué nostalgia de la nostalgia, qué ganas de pegar el hocico al suelo lleno de hojas caídas!