adiós

miércoles, 13 de febrero de 2013

Muere Gabriele Basilico. La fotografía en blanco y negro, año cero.

 

La fotos de las ciudades destruidas de Gabriele Basilico tienen algo de la infinita desolación de las imágenes de Germania, anno zero. Pero otras de sus instantáneas hacen venir a la cabeza un hibrido de los cuadro de De Chirico y las secuencias de la cuidad vacía del Ferragosto de Il sorpasso. Hay en Basilico un rigor geométrico de líneas y de luces, que tan pronto se refleja en las ruinas, como en el bienestar de los edificios donde se desarrolla la rutinaria vida burguesa, o en el contraste entre la monumentalidad y las sombras que produce.

Repubblica incluye una amplia galería de sus fotos, entre las que se cuentan las siguientes:

 

addio_gabriele_basilico_un_genio_in_bianco_e_nero-52551259Beirut (1991)

 

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Addio Gabriele Basilico, un genio in bianco e neroLosana

 

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Addio Gabriele Basilico, un genio in bianco e neroTurín

 

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San Valentin, según Wes Anderson: las irregulares, parciales, a menudo frustrantes, imprevisibles, maniáticas y benditas relaciones amorosas.


Flavorwire publica una serie de tarjetas de felicitación (¿es ese el término correcto?), en ocasión del próximo día de S.  Valentín. Vistas en conjunto dan idea de lo irregulares, parciales, frustrantes, a menudo, imprevisibles y maniáticas que son las benditas relaciones amorosas.  Se trata de una serie de frases extraídas por Wes Anderson de distintas películas:

Zissou

Margot

max

richie

suzy

Sam

Peter

My Brother's Book, el libro póstumo de M. Sendak, sale a la venta.

 

Guardian anuncia  la publicación póstuma de My Brother's Book, el último libro de Maurice Sendak, el gran ilustrador americano muerto el año pasado.

Una de las virtudes de Sendak es que consigue recrear con cierta gracia las imginería de algunos grandes pintores, Blake, en particular, en el caso que nos ocupa. La lectura en clave entre pop e infantil, a veces alcanza resultados notables.

Ilustraciones: HarperCollins Children's Books, a través de Guardian.

maurice-sendak-my-brothers-book-galleryIllustración: HarperCollins Children's Books

 

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My Brother's Book: My Brother's Book by Maurice Sendak

He aquí otro ejemplo de lo dicho:

 


Una ilustración de Sendak y El sueño de Constantino (P. della Francesca)

Maridito por horas.

 

- ¿Así que ahora me estás dando las gracias por acostarme con tu mujer?

- ¿Por qué no? Gracias a ti, hay una posibilidad de que Fanny empiece a creer en sí misma de nuevo.

-Llame al doctor Arreglatodo, ¿eh? Repara matrimonios rotos, cura almas heridas, salva parejas en peligro. No es necesario pedir hora, visitas a domicilio las  veinticuatro horas al día. Marque nuestro número gratuito. Así es el doctor Arreglatodo. Le entrega su corazón y no pide nada a cambio”. Paul Auster, Leviatán, Compactos Anagrama, 2010, p., 114.

Así de intrépida es el alma del emprendedor cultivado. Leyó la novela de Auster, detectó un nicho de mercado y se le ocurrió sacar provecho: 

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lunes, 11 de febrero de 2013

Un rayo de luz en el Vaticano

 

…Déjame bajar al río,

volver a ser pescador,

que es lo mío.

R. Alberti (Basílica de San Pedro)

Repubblica  publica la foto de la Basílica de San Pedro hecha hoy mismo por Alessandro Di Meo, fotógrafo del agencia Ansa. Coincide con el anuncio de que el Papa ha anunciado su próxima renuncia al cargo:

Dimissioni Papa, fulmini su San Pietro: la foto simbolo

¿Dejalá el empeladol de los Estados Unidos de Amélica que sus pelos no le dejen dolmil?

 


“Querido Paul: Dos pasos adelante y uno atrás, esa es la expresión con que describes el progreso social de tu país, un país que, en la medida en que es una potencia hegemónica mundial, también es, en enorme medida, mi país, y el de todos los habitantes del planeta, aunque con la condición de que el resto no tomemos parte en sus procesos políticos” (Carta de J. M. Coetzee a P. Auster, Aquí y ahora, Cartas 2008-2011, Anagrama y Mondadori, 2012, p, 212.

 

Encuentro por casualidad, en Guardian, una serie de imágenes de los perros de unos cuantos presidentes norteamericanos y me pregunto cómo será el trato que mantienen los emperadores con ellos, qué espacios compartirán, cuanto tiempo pasarán juntos. El mío duerme en mi cuarto. “Respira como un hombre”, dice mi mujer a veces, cuando da un profundo jadeo, como si estuviera asumiendo una realidad difícil de digerir. También cuando sueña y mueve las pezuñas como si estuviese corriendo, mientras lloriquea, tengo la sensación de que como poco somos primos. Es peludo y suave, como aquel burro, pero no es la ternura infantil lo que me más me une a él. Tampoco lo la admiración que despierta en mí su astucia, quizá, porque es proporcional a mi tolerancia o falta de firmeza. Poco a poco ha ido adquiriendo derechos consuetudinarios que ni se me pasa la por la cabeza discutir. Comparte dormitorio con nosotros, compartimos coche con él, de todo prueba y casi todo le gusta. Hoy, por cierto, le he ofrecido un trocito de pulpo y su rechazo me ha confirmado en la fealdad del cefalópodo.

La raíz de la mezcla de sorpresa, afecto, curiosidad, deseo de protegerle que despierta en mí tiene su raíz en ese estatuto fronterizo del perro que Valéry resumió resumió muy bien: “El animal, enigma verdadero, opuesto a nosotros por la similitud”, precedido por Lacan: “En un animal doméstico hay hombre” (Grenier, Roger, La dificultad de ser perro, Alba editorial, 2001, p, 12). Ese saber que se está hablando de uno, pero no entender lo que se dice, es dramático. Aunque, quizá, lo más conmovedor es la parte que entienden, esa capacidad para resumir el parloteo en alegría porque se sale, tristeza por la soledad.

Me pregunto hasta dónde llega el cuerpo a cuerpo entre los presidentes americanos y sus perros, si duermen con ellos, si les bajan de noche cuando tienen diarrea, si sufren sus tirones, si se levantan del sofá a darles agua corriente del bidé, si les piden pan del día o les llevan un paño de la cocina al Despacho Oval para que jueguen con ellos, si les despiertan por la noche, porque es difícil imaginar una buena relación con un perro, del que tanto hay que ocuparse, sin ocuparse de verdad. Ocurre como con los niños, que son hijos de quien los quiere bien. No sé, me da por pensar en los ataques de celos del empelador cuando se dé cuenta de que su perro tira más hacia sus cuidadores que hacia él. A menos que el empelador deje que sus pelos no le dejen dormil.

He aquí a Bo, Barney, Buddy, Rex, Liberty, King Timahoe, Pasha, Vicky, con sus presidentes de turno. Bueno, Fala, la perra de Franklin D. Roosevelt, solo le está oyendo por la radio.

Fuente de las imágenes y otras tantas:

First Dogs: First Dogs

 

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barney-white-house-dog-dies-gallery

 

barney-white-house-dog-dies-gallery

 

First Dogs: First Dogs

 

First Dogs: First Dogs

 

First Dogs: First Dogs

domingo, 10 de febrero de 2013

El cineclub de los sueños. El documental de W. Herzog sobre la cueva de Chauvet.

“Cuando vi los caballos, sentí que me moría, y pensé en hacerlo dentro de la senda metálica para no estropear el arte [risas]. Solo puedes agradecer a la providencia este regalo” (Fragmento de una entrevista a W. Herzog).

(Fuente de la imagen)

Esta vez no quise buscar en internet. Pasé por delante del colegio mayor Pedro Cerbuna, vi que ayer y hoy iban a poner en su cineclub La cueva de los sueños olvidados (W. Herzog, 2010) y sentí una llamada que llevaba mucho tiempo sin sentir. la vertiente documentakista del directos alemán la conocía porque a Grizzly Man, su anterior trabajo, ya le dediqué una entrada.

Me presenté ayer allí a las siete y me impresionó el ritual al que someten los encargados del Cineclub a los espectadores. Una mesa para sacarse el carnet. Otra para pagar la entrada, previa respuesta a preguntas del tipo: “¿de jubilado?”. Después, otro colegial, de pie, te corta el tíquet y te da acceso a un verdadero cine, sin portentosos invisibles helicópteros que te muestren el realismo del equipo sonoro, una sala que sabe a afición y disfrute de las historias contadas en imágenes.

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Me senté en la tercera fila y cuál no sería mi sorpresa cuando al volverme para mirar al público me encontré con que, salvo algún niño chico, allí nadie bajaba de los 40 o 45 años. Jubilados, muchos, en efecto. Pero también parejas mayores que querían echar la tarde, viejos intelectuales que, como el señor que estaba a mi altura, al otro lado del pasillo, leyó ininterrumpidamente antes de la proyección y después leyó hasta el último título de crédito. Pero colegiales, público joven, como el del cineclub del Sanjuán o el Chaminade o el que hace treinta años probablemente acudía a esa sala, no vi.

Después, la maravilla bien contada. Una voz en off que va siguiendo al equipo de grabación enfría lo que podría haber sido una empalagosa orgía poética, aunque en texto hubiese de, por poner un ejemplo J. Berger. De vez en cuando, alguna entrevista, interesante, como interesantes son en sí mismos esos científicos llenos de misterio visual, entre lo cotidiano y lo excepcional.

Y de vez en cuando, los escalofríos que producen los caballos, los clip_image004_thumbleones, el macho oliendo a una hembra que no se deja, los rinocerontes en movimiento entrechocando los cuernos. Y en el instante en que crees que ya no cabe más, que has entendido que la historia del arte se puede contar de principio a fin o de fin a principio sin que haya ninguna progresión, que en esa cueva nació el cine mudo y sonoro, la escultura, el cómic, las instalaciones, en action painting, el arte povera, la utilización extrema de las superficies, los trampantojos, que la mano que allí pintaba es prima inter pares de Durero, de Goya, de Modigliani, de Picasso, que nadie será capaz de hacer un único trazo de dos metros más elegante y refinado que el del león sin melena…en ese instante en que oyes en la distancia el aburrimiento como los indios espiaban la llegada del tren con la oreja en los raíles, cuando ya estás dispuesto a irte a casa más contento y agotado que unas pascuas,

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aparece un cuerpo de mujer con cabeza de minotauro. Está pintado en una de las salas de este palacio de las maravillas, sobre una especie de gran mojón colgante con forma de obús, pero la cámara no puede acercarse a él, ni rodearlo para mostrar la parte de atrás. Ni el equipo

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de filmación, ni ninguna otra persona puede salirse de un plataforma metálica de 60 cm de anchura que permite, como una alfombra del tiempo, recorrer la cueva sin dañarla. Resulta un metáfora, al cabo, de que hay algo inaccesible, por más que las impresionantes imágenes nos hermanen con quien allí estuvo hace unos 30.000 años, en aquellos parajes. Como ese aire proveniente de las obras del metro que en Roma (Fellini) destruye los frescos romanos, salir de plataforma supondría querer más de lo posible, una falta de respeto hacia el misterio, que no es sino una parte en penumbra de lo mucho que nos une a aquellos pintores. Unos días después de haber grabado la cara visible del minotauro, el equipo de grabación, según explica la voz en off, volvió a la cueva con un arnés para acercar la imagen a ese ombligo del mundo, pero quizá Herzog no quiso mostrar o grabar su cara oculta. Todo un detalle de respeto que carga aun más de sentido al documental.
Ya en casa una sensación de melancolía hace hasta dudar de lo que has visto. Solo el gusto, el recuerdo de los escalofríos que recorren la espalda, de las lágrimas que se escapan de vez en cuando hacen pensar que ha pasado algo, una hora y media excepcional perdida en 30.000 años de existencia.
El documental de puede ver íntegro en inglés, en HD, en el siguiente enlace.
Javier Brox

Alguna otra foto de la cueva de Chauvet:

Bradshaw Foundation. The Panel of Large Red Dots, Chauvet Cave

 

Bradshaw Foundation. Fighting Rhino & Four Horses, thought to be the work of a single hand.

 

Bradshaw Foundation. The Panel of the Lions, Chauvet Cave

Enlace a la página de la Bradshaw Foundation

 

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