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lunes, 15 de marzo de 2010

Paredondehelarte. Visita de Angel Duerto Oteo. Tres breves anécdotas somardas.

El fotógrafo Angel Duerto Oteo quiso visitarnos para agradecernos nuestro interés por su obra, o para interesarse por nuestro agradecimiento hacia su obra, que viene a ser lo mismo. En esta foto aparece, a su izquierda, con uno de sus hijos y su mujer. Al otro lado, tres miembros del personal de la Escuela, encabezados por la directora. Tras la cámara fotográfica estaba otro miembro del equipo D, Ricardo Duerto, profesor de español para extranjeros. Detrás, las hermosas fotos de la expo (http://holdontightmarie.blogspot.com/2010/01/la-exposicion-que-manana-estara-colgada.html)

aduerto


Tres sketches sobre Angel Duerto:
1. Su hijo Ricardo nos hace la foto de grupo que figura un poco más arriba. Bromeo con él sobre si hemos salido bien o no y oigo que su padre le dice, “pero cuántas has tirado”. Noto en la frase una especie de reproche -quizá Ricardo se ha dejado llevar por el vicio de hacer varias fotos de lo mismo- y veo la impronta de un tiempo en que apretar el botón en la mente del fotógrafo estaba asociado a un proceso complejo y costoso. Había que pensarse cada foto, no malgastar el material. En la era pre digital, además, hacer una o varias fotos era señal de puntería con el objetivo, como en el  far west pegarle a medio dólar de plata lanzado al aire con una o más  balas. El número de disparos retrataba la calidad del pistolero. Y es que las condiciones de producción determinan los vicios y virtudes del artífice de una actividad y a veces nos confundimos de contexto espaciotemporal. 
Si el orden del tiempo se pudiera revertir y hacer que la era digital precediera a la pre digital, el hijo de Angel Duerto podría haber dicho a su padre, “a que solo has tirado una foto, mira que te tengo dicho que hagas varias”.

2. Escribí un texto para la exposición en el que, a la luz de las fotos, hablaba de la relación lírica con la naturaleza que mantenía A. Duerto (Vid el enlace de arriba). Es un texto largo, algo farragoso y un pelín impostado, pero con el diente hincado, creo, en el sitio justo, aunque después la digestión de la pieza no hubiese sido óptima. Ricardo, cuando lo leyó, me dijo que le iba a gustar a su padre. Así es que, durante su visita a la escuela, después de los primeros intercambios de frases banales, me atreví a preguntar al fotógrafo si había algo de verdad en mis palabras. Agradezco su respuesta y estoy de acuerdo con ella: –me dijo-, pero es un poco exagerado

La verdad es que, además, he notado que quien se expresa a través de imágenes desconfía a menudo de las palabras, como si  dijera, pero tú te crees que yo hubiera querido decirlo con palabras hubiera hecho las fotos. Y pienso que de la misma manera que un buen retrato roba el alma y refleja cosas que el modelo desconoce en sí mismo (Proust), la crítica debe tender a descubrir lo que el artista no sabe conscientemente,  pero que está presente en su obra. Cuántas veces esto no habrá sido origen de enemistades...

3. Me cuenta su hijo Ricardo que hace años cogió un día el teléfono y alguien preguntó por su padre de parte del conocido pintor y director de cine Julian Schnabel (http://es.wikipedia.org/wiki/Julian_Schnabel). Como su padre no estaba en casa en ese momento dejaron un número de teléfono al que debían llamar cuanto antes porque, según dijeron,  Schnabel estaba interesados en las fotos que había visto. Cuando volvió su padre, Ricardo le insistía para que llamara, que era de parte de Julian Schnabel, papá, ya sabes. Y su padre, quién sabe por qué, le dijo, bueno, pues si quiere algo que vuelva a llamar, que tengo mucho que hacer.

domingo, 7 de febrero de 2010

La expo de Ángel Duerto Oteo. Evocación de su hijo.

Ricardo Duerto Riva, profesor de español para extranjeros en nuestro centro, nos remite este texto sobre la  expo en curso y sobre la figura de su padre.

Basado en hechos reales

Mantengo una eterna discusión con todos aquellos que conceden un valor añadido a aquellas obras de arte que contienen la frase basado en hechos reales, como si esa coletilla les atribuyera un toque de distinción más auténtico o más estético, o como si todo lo demás se fundamentara en hechos irreales. A mí, personalmente, me ha traído siempre sin cuidado, pero esta vez vengo dispuesto a hacer una concesión.

Es cierto que Ángel Duerto Oteo nació en Zaragoza en 1932, que obtuvo en 1959 su primer premio fotográfico, que en 1984 fue distinguido como Artista de la Fédération International de l’Art Photographique de la Unesco y que la Confederación Española de Fotografía le otorgó el Premio Nacional en 1996.

No le recuerdo al artista grandes declaraciones teóricas sobre la fotografía pero doy fe de que en su casa había un cuarto oscuro, que el pasillo olía a fijador y que los trofeos terminaron, por falta de espacio, repartidos entre los familiares. Es cierto que sólo alguno de sus cuadros colgaba de las paredes, pero no así una sola de sus fotos, porque entraban y salían de los armarios sin tiempo para quedarse. Que llegaba un paquete de Guadalajara y, acto seguido, viajaba a Moscú, Tarrasa o Puerto Real.

Es cierto que conservamos fotos de mi abuelo surgiendo entre el vapor de una negra locomotora en la estación del Norte; de mi madre en el Macanaz con la torre nordeste del Pilar inacabada, al fondo; y de mis hermanas comulgando o en la playa. Y que pasé tardes enteras posando en el estudio de la Sociedad Fotográfica de Zaragoza, con una guadaña, una pipa o una máscara antigás en las manos.

No es menos cierto el incendio del Corona, Arrúa en la Romareda y Ángel Nieto en sus 50 caballos derrapando en el Primo de Rivera. Entonces se llamaba así. Un montón de buenos pretextos para la nostalgia, ampliados a 30 por 40, convenientemente esmaltados y aplanados aprovechando el contacto con el suelo, que siempre estaba frío.

Son hechos reales. Como la llegada del color, o como que hubo una época en la que no existían ni la láser ni el photoshop, un tiempo en que el icono pincel era un pincel de verdad con tacto de madera, en el que la herramienta borrar era un algodón empapado de ferrocianuro potásico y la opción máscara se conseguía recortando a mano una película negra o manchando las partes blancas con un pigmento rojo llamado opaco, de un olor ciertamente adictivo.

Estas fotografías están basadas en hechos reales: el hierbajo, las florecillas, el matorral, el tronco, el bosque, y hasta el ojo, existen o existieron alguna vez de verdad. Pero nada de todo eso, ni siquiera la suma de todo eso, es capaz de explicar el viejo misterio del arte. Porque siempre hay algo más, superpuesto o subyacente, que huye de este mundo y se nos escapa.

Puedo atestiguar lo anterior porque soy su hijo; así que me ha resultado extraño escribir así, en primera y tercera persona. Podría preguntarte directamente si aún crees más en las mentiras de la verdad que en la verdad de las mentiras, pero te lo pondré más fácil: ¿te han gustado?

Ricardo Duerto

http://holdontightmarie.blogspot.com/2010/01/la-exposicion-que-manana-estara-colgada.html

domingo, 31 de enero de 2010

Ángel Duerto Oteo en la E.O.I.1 de Zaragoza. Paredondehelarte en febrero. La exposición que mañana estará colgada.

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El huerto lírico.

Presentamos en esta exposición 18 obras (1) del acreditado fotógrafo zaragozano Angel Duerto Oteo. Se trata de fotos de la era predigital, aunque, permítaseme la broma, los retoques estén hechos con los dedos, la mayoría directamente sobre el negativo. Bastantes de ellos son parecidos a los que se hacen hoy en día con los programas informáticos. También en el cine de los pioneros había muchos efectos -alguno de ellos descubierto por pura casualidad, como el truco de parada cuyo origen explica Méliès en un libro de recuerdos- que después han sido reelaborados con técnicas digitales. La diferencia entre las fotos actuales y las que componen la exposición reside en el hecho de que hoy en día con unas pocas horas de uso de un programa de tratamiento de imágenes se consiguen resultados vistosos, mientras que, entonces, conseguir los resultados que logrados por Duerto implicaba una gran pericia, amén de un finísimo trabajo artesanal. Estos dos ingredientes son, a menudo,  la antesala de muchas grandes obras.
La mayoría de las fotos son paisajes que parecen cifrar escenarios vitales, emociones, sentimientos. En ellos la naturaleza se moldea como si de un ámbito interior se tratara. La mirada de Ángel Duerto Oteo no es la de un naturalista, sino la de quien mantiene un difícil equilibrio entre la realidad observada y la realidad recreada, la realidad vista y la proyectada, entre el movimiento de recibir del exterior y el de reintegrar, reelaborado, lo visto, en una conflictiva dialéctica que evita la cosificación del paisaje gracias a una reinterpretación lírica. Más que humanizar el paisaje, se tiene la sensación de que el artista paisajiza su interior, como si sus fotos fueran el fruto de un esfuerzo por simbolizar su subjetividad a través de la naturaleza. En cierto sentido, podríamos decir que son una particular e inconsciente recreación de su propio mundo, realizada sintéticamente, codificando las emociones a través de las imágenes, si por tal entendemos lo opuesto a una lectura analítica, interpretativa de uno mismo. Un proceso semejante está presente en casi toda creación artística, pero en el caso que nos ocupa, dado que se trata de imágenes eminentemente líricas, me parece particularmente significativo.
Desde el punto de vista formal, la base recurrente sobre la que se apoya Duerto son las notas de color, dadas con tanto tino, y esas agridulces e irregulares geometrías, integradas con frecuencia en una estructura en tres niveles desiguales -que a veces es rígida y otras se desdibuja-, una tendencia al orden imperfecto. Sus fotos están pobladas de una vegetación árida que se resuelve en manchas de tonalidades delicuescentes, a caballo entre la foto y la pintura, la figuración y la abstracción, la intención y la casualidad de los efectos, los retoques.
Sobre lo concreto que celan, la emociones, las imágenes reales o ensoñadas, las peripecias vitales que han llevado al artista a darles esa forma, una vez entendido el mecanismo creativo general, poco cabe decir, pertenecen a un mundo que solo podemos entrever y por el que hasta cierto punto no debemos interesarnos. Qué importa que los matojos parezcan enmarañados sexos femeninos o que ese ojo, por cierto, el único rasgo humano que he conseguido distinguir, signifique algo concreto. Resulta indiferente descender a esas minucias. Lo importante es seguir la onda del proceso creativo, esperar que se produzca una comunicación mágica entre la obra y el espectador, esa que permite entender sin palabras, que hace caer en la ensoñación mediante la caricia del color, o por el contrario, aumenta la desazón que produce lo larvado, lo subterráneo. Si comprendemos que estas obras se asientan sobre un magma de sensaciones, recuerdos, intuiciones, quizá sintamos el melancólico esfuerzo –así lo veo yo, por ejemplo, a la luz tibia de esas lunas o soles nocturnos- que supone realizarlas y tal vez podamos apreciar la exposición como un particular huerto cultivado en el que la voz primaria de alguien se hace oír.
Imágenes precisas e intensas, bajo las que un mundo interior crepita y late con un ritmo insistente e hipnotizado. Si notamos ese difícil equilibrio entre la fuerza y la técnica, habremos conseguido establecer un diálogo enriquecedor con el artista, un diálogo parecido al que él entabló con la naturaleza, consigo mismo. Árboles, flores, plantas, un perro, que están fuera y dentro, que son íntimos y de nadie, reelaborados con mimo, poniendo de manifiesto que lo importante no es llegar lo más rápido posible, sino saber ver las flores que cubren las vías de nuestro tren, y que incluso, alguna rara vez, la realidad y el deseo se funden sin retoques.
Javier Brox
(1) Las fotos expuestas en la EOI1Z son 15, a causa del insuficiente espacio.
Algunos enlaces de interés:                         
http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=4800   http://www.redaragon.com/agenda/fichaEvento.asp?id=46392 http://www.cefoto.org/artistas/premiosnacionales/nominados.htm http://www.unizar.es/artigrama/pdf/17/3varia/11.pdf http://www.diariodelaltoaragon.es/NoticiasDetalle.aspx?Id=600725

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