Infinitos
John Banville
Traducción de Benito Gómez Ibáñez. Barcelona, Anagrama, 2010
296 páginas. 19,50 euros.

Me doy una vuelta por la página Pero, ¿por qué me compraste eso?, dedicada a catalogar mediante foto y relativo comentario regalos considerados horribles por quienes los han recibido, y me encuentro con cosas en las que lo horrendo, a mis ojos, pasa a segundo término. La mayor parte de ellas no son regalos que yo haría ni seguramente regalos que a mí me haría quien me conoce, pero sí que son objetos que si viera en tiendas me llamarían la atención, porque dejando a un lado sus cualidades estéticas no me parecen anodinos, sino más bien cargados de intención, llenos de voluntad de distinción con respecto a la masa de cacharros que inundan nuestras vidas cotidianas. Quizá precisamente por eso pueden resultar horrendos a quienes los reciben, por no complacer la parte caprichosa que todos llevamos dentro. Algunos son casi totalmente inútiles, pero la mayor parte combinan utilidad y distinción, entendiendo por esta todo lo que se añade al grado cero, que sería lo más cercano a la mera funcionalidad. Eso que algunos llaman minimalismo sería una exaltación del mero uso, mientras que lo que en el lenguaje común suele definirse como recargado, hortera, barroco (“si no es barroco es barraca”, dice el amanerado mayordomo de La bella y la bestia en la versión Disney) o , incluso, rococó, implicaría una serie de añadidos (vanamente) estetizantes.
Todas las fotos y comentarios provienen de: www.whydidyoubuymethat.com
From Alexandra: I received this as a Christmas Present from my grandfather. Not only is it hideous, but it lights up. I’m in highschool. What am I supposed to do with this. It’s definitely the thought that counts with this one…

From Alison: Are you ready for the most random gift of all time? My coworker just gave me a FRAMED PHOTO OF DAVID HASSELHOFF. With puppies. WTF?!?!?! I’ve never mentioned him once. I had to google how to spell his last name. Who would want this, other than his mother?
I can’t even reuse the frame, because that’s ugly too!
Worst gift I have ever gotten!!!

From Ashley: My mother bought this as a Christmas present for my 5 year old son. He has never seen the movie A Christmas Story so I don’t know why she thought this would make a great night-light for his bathroom. She takes it out of the drawer and plugs it back in every time she comes over. We know that she only buys gifts that are on clearance but this is just ridiculous!

From Bella: ok this gift takes the cake… bent, crushed looking cigarette earrings from my stepmother for my 25th birthday. i admittedly smoke cigarettes but that does not mean i want them dangling from my ears. who in their right mind would wear these things????

From Lynn:
For sale: Fish vase; original price: 14.99
I’m a 30-year-old female. I don’t fish, but even if I did, I wouldn’t want a fish vase. I received this from my husband’s aunt. Ugliest. Christmas. Gift. Ever. She was at our house this fall and asked us where the vase was. Umm…
From Lori: Worst gift I ever got was this creepy frog bag. It actually unzips along the back and I guess you’re actually supposed to use it as a purse. I don’t know if it is a real frog that’s been hollowed out or what the hell it is, but it’s disgusting! Why would I want to unzip a frog’s asshole to get my cell phone out? I hate this thing!

From Brianne: This is what I received from my Oma for Christmas last year. A fly swatter with a home-made cover that says ‘don’t bug me’. On top of that, she spelt my name wrong on the gift tag.

From Mona: I saw the doll someone submitted to this website a few days ago, and knew I had to share the awful doll I received as a “present” last month for my birthday. It is half baby, half wooly mammoth! And why does it have a soul patch on its chin? And why is it playing a makeshift guitar? And why does it have pig ears? Sadly, I have more questions than answers. All I know is I DO NOT WANT THIS THING IN MY HOUSE!!!

From Daniel: Today is my birthday and my office mate actually just gave me a stapler. But not just any stapler… a stapler shaped like an EAGLE’S BEAK. What in the name of holy hell is a grown ass man supposed to do with this? I’m going to throw it off the roof and see if it flie
Submitted by Jason, from Kendall: Worst gift ever?

From Jenny: When I opened this christmas present…thought it was a joke. Nope…no such luck!
(It’s supposed to hold and display a bottle of wine.)

From Cara: I was just given the ugliest, freakiest present of all time!!! A totally frightening baby doll face with faux pearl button eyes. I think it is a Christmas tree ornament, but this thing isn’t going to be part of any holiday I’m celebrating. Kill it with fire!!!!!!

From Dan: My brother gave me a pepperoni pizza clock for my birthday. This belongs hanging in a cheap mom and pop shop, not my kitchen! All I could think was “why did you buy me that?” I googled those words and ended up here!

From Luis: My friend Cristina bought me this owl made out of shells from Vigo (Spain). My girlfriend says she does not want to see it at home because it scares her
“One of our guests walked into our home with this… thing… and presented it to us as a gift at our last holiday party. It is a decorative reindeer with a phallic nose, and antlers that are supposed to hold tealight candles. We put it out on the curb the next day and wrote “free” and someone picked it up (probably to use as firewood). I know it’s the thought that counts but this thing was truly ugly. And I have a 3 year old. I don’t want to start answering questions about that nose!” -Diann
El paderondondehelarte acogerá en enero la exposición de M. J. Fernández. A continuación, reproducimos una entrevista en la que habla sobre su obra.
¿Cuándo y cómo empezaste a pintar? ¿En qué porcentaje eres autodidacta?
Los primeros cuadros que pinté al óleo fue hace más de treinta años. Después, he pintado un cuadro de vez en cuando, pero todo este tiempo me he mantenido haciendo dibujos y pequeños diseños que necesitaba en mi trabajo.
También mientras era estudiante tuve asignaturas de dibujo.
¿Si ha cambiado, cómo ha cambiado tu manera de pintar con el tiempo?
Creo que mi manera de pintar apenas ha cambiado. Aunque ahora procuro que mis cuadros sean composiciones sencillas, con el trazo suelto y los colores vivos.
¿Cuáles son tus influencias, qué pintores y por qué te gustan en particular?
Siempre una recibe influencias de los pintores que se admiran en los grandes museos; aunque no quisiera nombrar a ninguno, si debo decir que, al mirar sus obras, presto mucha atención a aquellos detalles del cuadro que mejor me puedan servir para aprender. Me gusta la pintura del Renacimiento Italiano.
¿Pintas sobre todo flores en floreros, por qué ese gusto por las flores y por qué en floreros?
Si pinto solamente unas flores cortadas veo que a esas flores les falta algo y entonces les pongo el florero. Por otra parte, un cuadro que representa un jarrón con flores es un adorno clásico en la decoración de una casa.
¿Además de las flores que pintas he tenido la impresión de que la posición en que las colocas está llena de intención? ¿Es así? ¿Qué papel juega la disposición de las flores en la tela?
No hay ninguna intención en la posición de las flores. Simplemente ocurre que las cambio de pose para hacer algo diferente.
¿También he notado que a veces los floreros no son cualquier cosa, me ha parecido que buscas la armonía entre la flor y el florero, desde los más austeros hasta los más decadentes, como esa pieza tipo lalique de uno de los lienzos?
Los floreros, por supuesto que no son cualquier cosa; porque están todos por mi casa. Sólo no están por la casa aquellos que me he inventado yo como son el rojo y el negro que tienen una flor cada uno y que las flores también son inventadas.
¿Qué salida das a tus obras, las conservas, las regalas, las vendes? ¿Qué te gustaría hacer con ellas?
Mis obras, mientras tenga donde guardarlas las puedo conservar, pues duele desprenderse de ellas. También querría que las siguiera viendo más gente.
En cuanto a venderlas, primero hace falta que haya quien desee comprarlas.
¿Qué tipo de satisfacción te proporciona pintar? ¿Cuáles son los inconvenientes?
El pintar está muy bien, hoy hay muchos como yo que pintan. Tiene el inconveniente de que el caballete, las pinturas y los pinceles ocupan mucho espacio.
Por último, ¿qué estudias en la escuela, cuáles son tus intereses a parte de la pintar?
Este curso en la escuela estudio Alemán, primero de Básico, pero otros años he sido también alumna de la Escuela y he obtenido el Certificado de Aptitud del Ciclo Superior en otros idiomas.
Me gusta mucho estudiar idiomas y ahora mismo lo que también me interesa es visitar las exposiciones de pintura que suele haber por toda la ciudad, para así ver lo que hacen los demás.
También me gusta asistir a conferencias sobre temas relativos al cine, la pintura y la literatura. Hay también unas cuantas actividades que me gustaría realizar en breve.
Para mí supone una gran satisfacción el que mis cuadros sean expuestos por primera vez en esta Escuela. Gracias.
he aquí algunas de sus obras:
(Otra entrada sobre Coetzee:Y el séptimo día el gran Coetzee sonrió)
Parece ser que la nueva temporada editorial va a estar marcada por el gran número de autobiografías que se van a publicar. Los últimos meses se han caracterizado también por la publicación de un buen número de obras autobiográficas, de desigual calidad, unas tendentes a la confesión, otras al análisis generacional o al ensayo y alguna otra todavía ahondando en las formas de hacer confluir novela y autobiografía.
Hace tiempo que no veo programas del corazón en la tele, aunque alguna vez pongo tertulias políticas nocturnas (Telemadrid, Veo, Intereconomía, Telecinco, etc.), que se parecen cada vez más en el tono y el formato a las rabiosas entrevistas rosa. Hace unos años, sin embargo, veía de vez en cuando entrevistas a corazón abierto y familia destripada. Las veía como quien se fuma un puro de vez en cuando, con sumo interés, placer y concentración, tanta como el desagrado de quien recibe el humo. Entre el cotilleo sobre sí mismos que ofrecían las celebrities entrevistadas, de repente creía oír jirones de verdad, atisbos de auténtica confesión que desentonaban con el escenario de fingido drama en el que se producían, con el público aplaudiendo a las órdenes del regidor.
Zambrano, María, La Confesión: Género literario, Madrid, Ediciones Siruela, 2004.
Se cumplía en mí entonces uno de los rasgos de la auténtica confesión, según la definió María Zambrano en un hermoso ensayo publicado originalmente en 1943: “…cuando leemos una Confesión auténtica sentimos repetirse aquello en nosotros mismos, y si no lo repetimos no logramos la meta de su secreto” (Ibid, p., 30). Pero, en los programas del corazón falta el rasgo esencial de la confesión, entendida como transformación profunda de uno mismo, porque la confesión es “la máxima acción que nos es dado ejecutar con la palabra” (Ibid, p. 31). El formato entrevista íntima intenta crear el marco ideal para una aparente confesión, pero no es más que una engañifa si damos por bueno que, como señala la filósofa, para que sea verdadera la confesión debe partir de una situación de enemistad con uno mismo y sería algo así como la elaboración del propio duelo, el monólogo contemporáneo a un proceso de pérdida de lo accesorio y de asunción de lo esencial, el difícil testimonio de lo que fue profundo malestar. La confesión pura, en ese sentido, equivaldría al relato en tiempo real de ese trance o, en su defecto, el acta aun caliente y con vocación de grito de esa metamorfosis encaminada, a menudo, a un reencuentro con lo verdadero, a una reconciliación con uno mismo. S. o la esperanza de vida, el libro de A. Diego Gary, hijo Romain Gary y J. Seberg, suicida él y seguramente también ella (1), se plantea como un reencuentro con la palabra salvífica, la búsqueda de un discurso perdido en la infancia que permita, una vez reencontrado, entablar con el mundo un diálogo de futuro constructivo. Esta novela testimonial, superada una primera parte prometedora, rápidamente cae en la banalidad narrativa más absoluta: tras una niñez y una adolescencia teñidas por la muerte de sus padres, putativos y no, y sus amigos, el protagonista, de prostíbulo en prostíbulo, busca la borrachera y la limosna emocional femenina para olvidar su malestar, hasta que por fin reencuentra el discurso salvador. Lástima que la obra sea tan poco interesante desde el punto de vista literario, por más que pueda resultar humanamente reconfortante saber que el personaje acaba siendo feliz en su matrimonio y que su hija le ha devuelto la esperanza de vida. Por lo demás, contiene un retrato poco edificante de R. Gary, tan buen novelista como mal padre. Me pregunto si la falta de hondura de A. Diego Gary se debe a su escasa proyección colectiva, a la incapacidad para universalizar su drama. Su periplo es, en ese sentido, una confesión malgastada o la confesión de alguien que digiere mal su pasado y por tanto difícilmente puede ofrecer una reintegración personal trascendente.
S. o la esperanza de vida, Gary, Alexandre Diego, Galaxia Gutemberg, 2010.
Si la confesión es un relato que urge verbalizar, la autobiografía, en cambio, se parece más a la mirada sobre la propia vida del que se pone la mano sobre las cejas para poder ver mejor el paisaje sin que le moleste el sol, ese sol que mira de frente quien se confiesa. En la autobiografía se cuentan a veces tristes avatares personales, grandes dramas, pero se contemplan como parte de un todo más o menos armónico, como si las tempestades le hubieran ocurrido a un personaje que ya solo somos en parte, a menudo más porque el tiempo ha pasado que por nuestros esfuerzos por ser otros. La autobiografía es una narración en la que hay un yo que no está en crisis, ese mismo yo que en la confesión hierve a borbotones. La confesión no se puede callar, porque implica un reencuentro con nosotros y los demás, la necesidad de una aceptación inequívoca, mientras que contar la propia vida es el resultado, por distintos motivos, de una libre elección. En medio, entre estas dos formas tan distintas y, al menos por lo que se refiere al tono, antagónicas, de mirarse a uno mismo, cabría una amplia gama de recursos retóricos para poner blanco sobre negro la propia vida. Porque la confesión en la medida en que es un relato que se piensa, se reelabora alejándose del tiempo real de la crisis, tiende a convertirse en autobiografía, en la misma medida en la que la peripecia vital que se recuerda puede revivirse como si fuera ayer y adquirir por momentos el sabor de la confesión. Así de inclemente es el paso del tiempo que casi todo lo disuelve, así de cruel es la memoria que no sabe del tiempo.
Azúa, Felix de, Autobiografía sin vida, Mondadori, 2010.
El libro de F. de Azúa es, en ese sentido, un magnífico intento de narrar una vida sin recurrir apenas a la peripecia personal, al anecdotario privado. Las fases de la vida del autor, sus sentimientos predominantes, se nos presentan a través de lo que pasa a convertirse en su trasunto histórico artístico, en un difícil pero conseguido equilibrio entre lo intimo y lo colectivo, entre la influencia recibida en tanto que miembro de una generación y la lectura singular del mundo. Y todo ello, la historia del arte y la vida misma del autor, entendido como una elegía de la inocencia irremisiblemente perdida y apenas reencontrada en fragmentos casuales que se cruzan inesperadamente por el camino. Pero de esas experiencias dice preferir hacer tesoro silencioso el narrador en una especie de invitación al silencio y al goce callado.
Coetzee, J.M., Verano, Mondadori, 2010.
Ahora Imagine Vd. que un investigador se propone escribir un estudio sobre el fallecido J. M. Coetzee que bien podría titularse Coetzee par lui-même (1972-1975).
El investigador recoge materiales diversos, entre los cuales unas notas inacabadas del autor mismo sobre temas varios escritas durante esos años, unas entrevistas realizadas a personajes importantes en la vida de entonces del escritor (una amante adúltera, una prima de la que estuvo enamorado de niño, una mujer de la que estuvo enamorado sin ser correspondido y que parece haberle inspirado a la protagonista de una de sus novelas, un amigo y colega universitario y otra colega con la que mantuvo una romance). Por último, el investigador también cuenta con unos cuadernos del autor en los que aparecen fragmentos de texto no fechados. Los textos son semejantes a las notas del primer capítulo y tanto en estos como en aquellos, al final, aparecen indicaciones sobre ulteriores desarrollos, como si pudieran ser utilizados para profundizar en algunas cuestiones tanto personales como no.
Con estas piezas Coetzee, cuya capacidad como arquitecto narrativo con vocación experimental parece indudable, consigue montar un excelente autorretrato del artista que dejó ya atrás la adolescencia y cuya vocación, plenamente afirmada en su interior, no ha hallado aún eco receptor entre el público. Si en Infancia y Juventud, el escritor enfriaba los elementos confesionales implícitos a través del uso de la tercera persona, tan coherente con esa visión asentimentalizada y detallista que le caracteriza, aquí lo hace poniendo la matière narrativa en la fresquera, gracias a la inclusión de un caleidoscopio de perspectivas, entre las que la pretendidamente autobiográfica, sustanciada a través de los fragmentos citados, no es sino una entre otras y, al tiempo, la que más se ocupa de temas de interés general, dejando de lado lo íntimo. Quizá porque, en realidad, Coetzee presenta a su personaje homónimo como alguien que tiene poco que confesar. El punto de vista que refleja casi siempre es el de quien ya ha asumido su vocación, su destino, los caminos, a menudo arduos que iba a tener que recorrer en su vocación como creador -uno de los ejes del libro-, y que todo lo más presenta algunas fisuras en cuanto a la intensidad o a la seguridad sobre los temas por los que es solicitado para fabular, llamado, en términos coetzeeanos. Con una obra tan densa a sus espaldas, resulta incluso enternecedor que en un momento dado se lamente de haber dedicado demasiado tiempo a su labor didáctica restándoselo a su faceta artística. Pero lo que más llama la atención es que el brisa de la ironía que ya empezaba a soplar fuerte en Diario de un mal año aquí parece ser una especie de viento constante que modela el enfoque de las anécdotas, hasta dotar al protagonistas de rasgos cómicos indudables, salvo para él, pues su fe en sí mismo parece inquebrantable. Esa mezcla de tonalidades enriquece, desde luego, lo contado, que acaba por convertirse en una suerte de apólogo moral tragicómico con regusto a gran verdad, esa verdad que se produce cuando confluyen en lo narrado el gusto por el detalle, la firme vocación y, al tiempo, el descreimiento.
Barnes, Julian, Nada que temer, Traducción: Jaime Zulaika. Anagrama, 2010.
Por, último Barnes, propone una autobiografía centrada en su miedo a la muerte. Con su habitual ingenio y pericia nos lleva de la mano por entre los meandros , de la historia de su familia y la de de su vida como escritor y también como lector, sinb olvidar un repaso a la historia cultural del tema. Unas gotas de divulgación científica, leídas en clave psicológico literaria, y hondas reflexiones sobre el oficio de fabular completan el menú. La figura del hermano, su alter ego filosófico no neurótico, le sirve para dar profundidad al autorretrato y delinear los rasgos de su propia figura muy a la inglesa, si se me permite recurrir al tópico, hablando en broma de lo serio y tomándose en serio lo banal. Otra manera, elegante pero no carente de sinceridad, de confesarse.
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(1) Sobre la personalidad de J. Seberg véase la novela de C. Fuentes, Diana o la cazadora solitaria, Alfaguara, 1994, en la que el escritor mejicano narra su idilio con ella y retrata una mujer en la que conviven la simpleza y la complejidad de forma dramática. http://holdontightmarie.blogspot.com/2010/09/aragoneses-por-el-mundo-segun-c-fuentes.html