jueves, 23 de abril de 2015

Fantasmagorías inversas. Nada nuevo bajo el sol: buenos partidos, protectores, insinuadores, besadores, mirones…

(Fuente de las fotos, a través de)

Shut the light, shut the shade
You don't have to be afraid
I'll be your baby tonight (Bob Dylan, I'll Be Your Baby Tonight)







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Well I'm not the world's most physical guy
But when she squeezed me tight she nearly broke my spine
Oh my Lola la-la-la-la Lola (Lola, Kinks)








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You've got a way to keep me on your side.
You give me cause for love that I can't hide.
For you I know I'd even try to turn the tide.
Because you're mine, I walk the line. (Johnny Cash – I Walk The Line)














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Every game you play
Every night you stay
I'll be watching you (Sting, Every Breath You Take)








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If you want a boxer,
I will step into the ring for you
And if you want a doctor,
I'll examine every inch of you
If you want a driver, climb inside
Or if you want to take me for a ride,
You know you can
I'm your man (I’m yor man, L. Cohen)







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But it's not that way
I wasn't born to lose you
I want you, I want you
I want you so bad
Honey, I want you. (I Want You, Dylan)











miércoles, 22 de abril de 2015

Buenos días, la sección moderadamente carnal de Jot Down

Le Streghe (1967) AAVV episodio Clint Eastwood y Silvana Mangano en Una sera come le altre, dirigido por V. De Sica,   episodio de la película Le Streghe, 1967 (Fuente)

Buenos días es una sección casi fija del perfil facebook de Jot down. Se publican en ella ilustraciones de distintos tipos, muy a menudo fotogramas de películas, imágenes de rodaje o fotos de autor, en blanco y negro casi siempre. Repetidas veces, cuando la retratada es una actriz mona, fina, estilizada (Mélanie Laurent, Marianne Faithful, Janet Leigh, Romy Schneider, Christy Turlington, Audrey Hepburn, etc.) se ha adueñado de mí la fantasmagoría de que la sección era una especie de versión refinada de la Page Three de algunos tabloides, en especial The Sun, en la que aparecen mujeres semidesnudas, generalmente lo que en italiano se denomina maggiorate, una palabra que inventó V. De Sica y que define a hembras que quizá hoy en día llamaríamos curvy, dotadas de gran pecho y caderas poderosas, en alguna medida lo que en España se llamó mujeres bandera. El buenos días de Jot down, como la foto que ilustra esta entrada, es una fábrica de sueños refinados, selectos, en los que la carnalidad está filtrada por la cultura, un remake cocido de las crudezas de los tabloides, una invitación a la tibieza del pensamiento encandilado más que a llevarse el periódico al baño, como ocurre en el otro caso. ¿Me pregunto si la revista en si misma tiende a eso, a ser una versión del nuevo conformismo, con puntas de crítica acerada, pero con una deriva clara, la de refinar lo basto para que el consumo sea más grato a los paladares mejor educados de esta sociedad posindustrial que tanto aprecia el desayuno culturaloide?

lunes, 20 de abril de 2015

El mal fario: no se pueden poner puertas a la desgracia

(Fuente)

Jacques Offenbach y el París de su tiempoCuidadín con todo, en particular con los espejos, ésa engañosa superficie rígida que sin embargo refleja cuerpos maleables, lugar de transito entre el más acá y el más allá, entre nuestra apariencia y nuestro interior. Lo recuerda S. Kracauer en su estupendo Jacques Offenbach y el París de su tiempo, reeditado por Capitán Swing: “En una ocasión, Offenbach se había visto de repente por la calle en un espejo, contaba una revista satírica, y se había encontrado con su propia torva mirada, como consecuencia de lo cual a las tres semanas se había casado”.

Por ello, cuidadín con todo:

- Con el nombre de la mermelada que comes, no vaya a propiciar una diarrea definitiva;

- antes de abrir los ojos, guiña el izquierdo, para que lo primero que veas sea una imagen propiciatoria de la dicha. Ya lo hacían los caballeros medievales, que en prueba de amor por sus damas estaban dispuestos a cerrar un párpado durante meses. Creo que lo cuenta N. Cohn en En pos del milenio. Ahora que acabamos de empezar el segundo milenio (EC) estaría bien volver a adoptar actitudes menos desenfadas o irresponsables con los hados. Yo creo que los caballeros tenían guiñado por miedo a olvidar del todo la faz amada. Guiñar nos asegura cierto grado de ensimismamiento, de mirada interior u orientada hacia el pasado, algo necesario para evitar la desgracia que nos viene de dentro, para conservar la felicidad de la que hemos gozado. Un ojo abierto para conjurar las amenazas externas y otro cerrado para vigilar las asechanzas del interior;

- si por ventura, tienes capacidad de volver al pasado, no aceptes encargos ministeriales de Aznar ni seas amigo de Rajoy, porque corres peligro de acabar en los juzgados, aunque mantengas su sufrido apoyo telefónico. Bórrate de las fotos de grupo en las que aparezcas con ellos. Ya se hacía antes, y ahora, con los programas de tratamiento de imágenes, está chupado;

- si te levantas poniendo primero un pie sobre el suelo y no a rastras, vigila que apoyas antes que nada el dedo gordo del pie derecho, no te levantes como un plantígrado dichoso dispuesto a saludar el sol tras haber leído un manual de inteligencia emocional;

- en la ducha, lávate antes el sobaco derecho que el izquierdo o si te notas distraído ese día y piensas que puedes equivocarte, no te duches, que por los agujeritos de la alcachofa se cuelan los malos espíritus;

- atención a por dónde empiezas a leer el periódico, hazlo por las esquelas, que traen buena suerte, porque la muerte ajena produce el magro consuelo de estar vivo;

A lo largo del día, serán muchas las ocasiones en las que el mal augurio podrá colarse por cualquier rendija, pero son los primeros momentos de la mañana los más delicados. Es cuando todavía pertenecemos al reino de la noche, cuando los fantasmas callejeros de la somnolencia no han recogido los enseres del cajero automático de nuestros sueños, cuando más nos tropezamos con nosotros mismos.

miércoles, 15 de abril de 2015

León come gamba y después se va a la puta calle. Sargento, sin embargo, no come cagarro ni “delibera eso”. Master chef, entre Kubrick y C. Eastwood


El plato 'León come gamba' de Masterchef(Fuente de la imagen)

Me encanta Masterchef, hasta el punto de que según escribo el nombre del programa resuena placenteramente en mi interior la frase que repiten los concursantes cuando acatan el parecer de sus superiores, Sí chef, como un eco del cuartel sentimentaloide en que se convierte el plató donde se rueda el juego a cocinitas profesionales en que consiste el concurso.
En un momento dado del desarrollo de la humanidad, la belleza dejó de ser una cuestión de equilibrio y proporción entre las partes cumplidas de un todo, para pasar a depender de la presencia de condimentos como lo terrible, situándose a un paso de la tragedia, la depresión, la desintegración, el vacío. Como decía  Rilke, lo bello es el comienzo de lo terrible que aun podemos soportar. Los románticos, atraídos por los bordes del abismo, desde Friedrich hasta Turner, retrataron las desgracias, los naufragios, por ejemplo, como cronistas de una actualidad que coincidía con sus inquietudes más profundas .
La televisión es una heredera degradada de esos cánones estéticos, pasados por el turmix de la peor cultura popular. El episodio de ayer de Masterchef en buen ejemplo de ellos.
Un jurado que pasa del tono paternaloide al del sargento de Chaqueta metálica, pero con frases trufadas de cursiladas (“¡Deliberar! ¿Voy a deliberar eso?”; “has enfocado mal tu creatividad”) ante un tardo adolescente al que le faltaba por lo menos un hervor y que, para compensar la pusilanimidad que se le atribuía, había querido sacar pecho con un plato llamado “León come gamba”, constituye uno de los momentos cumbre en mi vida de espectador de la pequeña pantalla. Ni quiero ni pensar que quizá había un pacto previo, un guión que preveía la posibilidad de un final así. No, prefiero creer que por fin hemos asistido a un momento rosselliniano, a un milagro, al desvelamiento fugaz de la verdad.
Reproduzco a continuación un menú de frases que pienso estar comiendo noche y día durante la próxima semana. Hasta cuando me levante por la noche a hacer pis, pienso dar un mordisco a estos exquisitos manjares para quedarme dormido con una sonrisa de beatitud en la cara.

- ¿Tú crees que el carácter lo vas a demostrar con una patata cruda? (Frase dicha imitando el deje del exministro Bono).
- Los ojos con dos pimientas (sic) y un bigote de azafrán…crudo.
- ¿Tú te comerías una patata cruda con un supuesto gazpacho de fresa y tomate?
- ¡Tú no has entendido nada!

Menos mal que de postre una de las excelsas comensales tuvo algo de gracejo al comentar ante una parrilla que empezaba a estar demasiado caliente:

- ¡Esto va  a ser un cagarro, chicos!

martes, 14 de abril de 2015

Reedición anual de entradas: 14 de abril de 1931, ¡jo, qué día! Horas de júbilo. Florilegio de testimonios.

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María de los Ángeles Zuloaga, alumna del Instituto Escuela (Institución Libre de Enseñanza), mi querida suegra, cuando tenía once años:
“Yo no sé si se hablaba de política, yo me imagino que no o que era que dábamos por hecho que lo que más te podía ayudar en la vida era el ser progresista, porque cuando dijeron, la república, la república, bajamos todas a cortar periódicos y a pintarlos de rojo, amarillo y morao, y coserlos y tal, y los subimos a la terraza. Teníamos una terraza espléndida y pusimos toda la terraza tapizada de la bandera republicana. Bueno, nos quedó precioso. Pues todo eso yo supongo que sí, que nos ha quedado para siempre”.  (Min. 28’45’'):





Josep Pla:
La bandera que sube por el mástil es la bandera republicana. La noticia corre como una exhalación y una riada de gente sale de los cafés y los establecimientos colindantes a ver la bandera…En el cruce hay mucha gente. El volumen aumenta a cada instante. Nadie sabe qué hacer. ¿Dónde estamos? Hasta las cuatro de la tarde, la gente permanece perpleja y flotando. En ésas, como un reguero de pólvora en el hormiguero humano, circula la noticia de que la bandera de Correos representa lo que pretende simbolizar; a saber,que el poder ha caído en manos del Gobierno provisional. De la perplejidad inicial se pasa rápidamente al entusiasmo. Ha bastado un segundo. Una vez constatado el hecho,veo que el enorme gentío tiene tendencia a subir por la calle de Alcalá, hacia la Puerta del Sol. La cosa está consumada…El entusiasmo, pese a la relativa discreción producida por la sorpresa del acontecimiento, no cesa de crecer, sube por momentos. Se empiezan a oír las primeras notas de La Marsellesa. Después, constato que un grupo de ciudadanos comienza a entonar el Himno de Riego. El pueblo ignora ambas canciones. Desafinan. El conocimiento de la letra es escaso. Cantan mal. Da igual. Ya lo harán mejor más adelante. Entre los obreros de la construcción el himno más conocido es la Internacional, aprendida en la Casa del Pueblo…Todo coge un aire de verbena triunfante, un aire de alborozo franco y desenfrenado sólo que es una verbena política. La gente se abraza, grita, suda, canta. Un ciudadano cualquiera, pacífico y retirado, su señora o su hija, pueden echarse a los brazos de otra persona completamente desconocida y extraña.Como en todos los espectáculos de masas, las posaderas del sexo femenino pueden ser más o menos tactilizadas por personas que nada tienen de republicanas. Pasan sobre la multitud ráfagas de entusiasmo cívico que determinan movimientos de enternecimiento humano.«¡Un día es un día! Después, Dios dirá...», oigo decir a algunas mamás. En ésas, personas desconocidas y de vaga procedencia asaltan los taxis y camiones que han tenido la desgracia de hallarse en el centro de Madrid en estas horas de amontonamiento humano, y emprenden un carrusel endiablado por las calles que durará hasta mañana ala misma hora. El ruido producido por los motores de explosión de esta procesión altera un poco la sangre de los caballos de las parejas de la Guardia Civil situadas en las bocacalles. Los caballos se impacientan y se agitan. Se produce un momento de expectación. Un momento, tan solo. Los guardias dominan a sus caballos y siguen indiferentes en las esquinas,mano sobre mano. (enlace al texto)

Luis Buñuel:
Llegué a Madrid en abril de 1931, dos días antes de la marcha del rey y de la alborozada proclamación de la República española…La proclamación de la República española, en la que no se derramó ni una gota de sangre, fue acogida con gran entusiasmo. El rey se marchó sin más. Pero, la alegría, que en un principio parecía general… (Mi último suspiro,
Buñuel, Luis. Zaragoza. Heraldo de Aragón, 2010. p. 149-151).

Rafael Alberti:
Era un mediodía, rutilante de sol. Sobre la página del mar, una fecha de primavera: 14 de abril. Sorprendidos y emocionados, nos arrojamos a la calle, viendo con asombro que ya en la torrecilla del ayuntamiento de Rota una vieja bandera de la República del 73 ondeaba sus tres colores contra el cielo andaluz. Grupos de campesinos y otras gentes pacíficas la comentaban desde las esquinas, atronados por una rayada «Marsellesa» que algún republicano impaciente hacía sonar en su gramófono. Mientras sabíamos que Madrid se desbordaba callejeante y verbenero, satirizando en figuras y coplas la dinastía que se alejaba en automóvil hacia Cartagena, un pobre guardia civil roteño, apoyado contra la tapia de sol y moscas de su cuartelillo, repetía, abatido, meneando la cabeza:
—¡Nada, nada! ¡Que no me acostumbro! ¡Que no me acostumbro!
—¿A qué no te acostumbras, hombre? —quiso saber el otro que le acompañaba y formaba con él pareja.
—¿A qué va a ser? ¡A estar sin rey! Parece que me falta algo. (enlace al texto). Alberti, Rafael, La Arboleda Perdida. Memorias, Barcelona, Seix Barral, 1975, 336p, p.311.

C. de la Mora recuerda cómo se enteró de que la República empezaba a ser proclamada:
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De la Mora, Constancia, Doble esplendor, Madrid, Gadir, 2004. Prólogo de J. Semprún, p., 169



Gila era un niño cuando llegó la Segunda República:
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Gila, Miguel, Y entonces nací yo. Memorias para desmemoriados,Madrid, Ediciones Temas de Hoy, 1995, p. 130.





La impresión de Morla Lynch, después de su visita al Ministerio de Estado para reconocer, como representante consular chileno, al Gobierno Republicano:
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Morla Lynch, Carlos, En España con Federico García Lorca, Renacimiento, 2008, p., 90.


 




El eco de un recuerdo ausente, Carlos Blanco Aguinaga:
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Blanco Aguinaga, Carlos, Por el mundo. Infancia, guerra y principio de un exilio afortunado, Alga, Alberdania, S.L., 2007 (1ª edición), p. 20.







El testimonio autobiográfico sobre la política menuda republicana de la mano de Moreno Villa, poeta, pintor e importante personaje de la Residencia de Estudiantes:
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Moreno Villa, José, Vida en claro, autobiografía, Madrid, FCE, 1976, p., 187. La primera edición es de 1944.








Dos resumenes:

Antes, entonces y después: Juan Gil-Albert:
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Gil Albert, Juan, Obra completa en prosa, 4, Crónica General, Primera parte, Diputación Provincial de Valencia, 1983, p. 179-180.







Un extremo resumen de Blanco Aguinaga:
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Ibid, p. 19

Por último, Rodrigo Fresán, sobre el idilio entre la experiencia personal y la historia con mayúsculas:
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Fresán, Rodrigo, Vidas de santos, Barcelona, Debolsillo, 2007, p. 99.


  





Adenda: Lapsus 


No era la primera vez que ocurría.
Otro.
Y más.

sábado, 11 de abril de 2015

La exposición de abril en la E.O.I.1 Cuidades y paisajes de Alemania. Una exposición del Goethe Institut con la colaboración del Depto. de Alemán y del Depto. de Actividades

Texto procedente de la página web del Instituto Goethe:

En la exposición se presentan 13 ciudades y paisajes de Alemania, mostrando aspectos tan variados como la naturaleza, el ocio, el turismo, la historia o la cultura alemana. En 7 de los carteles se muestran, mediante fotografías y breves textos informativos, las ciudades de Berlín, Dresden, Frankfurt, Hamburgo, Heidelberg, Múnich y Potsdam. En los 6 restantes, los estudiantes obtendrán información sobre los Alpes, el Rin, la Cuenca del Ruhr, la Selva Negra, así como del Mar del Norte y el Mar Báltico.

La exposición está pensada para todos los niveles de alemán y ofrece muchas posibilidades para ser utilizada en el aula. A la exposición la acompaña material didáctico pensado para el profesorado de los niveles A1 y A2.
Material didáctico

Para los estudiantes, hay ejercicios para realizar online, accesibles a través del código QR.
Ejercicios para estudiantes

15 carteles (lona plastificada con colgador)
1 portada, 1 Introducción carteles, 6 paisajes, 7 ciudades
Dimensiones: 60 x 84 cm
Idioma: Alemán

© dpa - Report

Posterausstellung/Galería de imágenes

Deutsche Städte und Landschaften

Hightech und Natur, Sport und Kultur: Deutschland ist vielfältig. In unserer Ausstellung Deutsche Städte und Landschaften zeigen wir einen kleinen Ausschnitt dieser Vielfalt.
Teste hier online dein Wissen zu bekannten Orten in Deutschland. Auch in der Community „Deutsch für dich“ erwarten dich neue Mitmachübungen zum Thema.
goethe.de/deutschlandwissen

viernes, 10 de abril de 2015

Las nubes son promesas de amor. Paráfrasis de De André

- ¡Guau! ¿Qué es eso?
- ¡Son las nubes!
- ¿Y qué son las nubes?
- Pues...
- ¡Qué bonitas son! ¡Qué bonitas son! ¡Qué bonitas son! (da Le nuvole, P.P. Pasolini)


Son las nubes promesas de amor.  Se ponen ahí en medio, entre nosotros y el sol, como carne de burro, para dejarnos con las ganas de que llueva, de que llueva hasta calarnos los huesos. Entre mil que tienen truco, con suerte solo hay una verdadera.

Son las nubes promesas de amor.  A veces, antes de ser formuladas, llegan amables con la brisa, con gesto seductor. Pero tiemblas como si el temporal se acercara.

Son las nubes promesas de amor. A veces, tienen forma de casa, de hogar, son como el mar de verano, como el algodón; otras, pintan mal, anuncian guerra.

Son las nubes promesas de amor. Se te meten en la cabeza y durante días y noches no te dejan ver y hasta tu almohada te parece extraña.

Pseudo De André (Le nuvole)

miércoles, 8 de abril de 2015

El impostor, de J. Cercas, una impostada novela sin ficción

«Non vedo cosa ci guadagnerei a raccontarglielo.»
«Diresti la verità.»
«Non è sempre bene confessare la verità» obiettai. «Intendo dire che l'essenziale è non mentire, ma a volte è meglio non dire la verità senza bisogno di mentire.» Sorrisi.
«Insomma, temo di essermi incasinato.»
Claudia rise. (J. Cercas, La donna del ritratto, El vientre de la ballena, trad. Pino Cacucci)

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El impostor. Javier Cercas. Literatura Random House. Barcelona, 2014, 425 páginas. 22,90 euros (digital: 12,99)

Veo que El impostor, de J. Cercas, vuelve a colear en los medios digitales y reordeno mi recuerdo de su lectura.

Los meses que han pasado desde que leí El impostor no han aminorado la decepción que me produjo. La compré atraído en extremo por el personaje protagonista y porque conocía bastante de la obra del autor, en particular, su penúltima creación, Las leyes de la frontera, con la que disfruté, sobre todo por Tere, la protagonista femenina. Por cierto, dicho sea entre paréntesis, en el paratexto de El impostor sobre la trayectoria de Cercas, allí donde se citan sus obras, se omite Las leyes…

Sobre su antepenúltima obra, Anatomía de un instante mi juicio es menos firmemente positivo. Creo que le sobran más de cien páginas y que carece de homogeneidad, en el sentido de que se apoderan de la escritura elementos de la tradición novelesca que chirrían en una obra con otra voluntad de estilo, alejada de los trucos de la ficción. En su Anatomía, Cercas da demasiados pasitos palante y patrás, en el límite entre el ensayo histórico cultural, la novela de no ficción y la ficción novelesca, narrador omnisciente incluido.

Decía Mainer en la crítica que  dedicó a El impostor en Babelia  que “resulta tan protagonista el uno [Enric Marco] como la otra [la novela misma], y como quizá lo sea también el mismo autor que busca manufacturar con probidad su relato”. El uno es, en efecto, Enric Marco, que ha pasado muy buena parte de su vida haciéndose pasar por quien no era, haciendo creer que había hecho cosas que no había hecho, aunque si que había llevado a cabo otras parecidas, hasta el punto de que, según él,  lo realizado le autorizaba a decir que había llevado a cabo esas otras cosas que poco a poco se demostraron falsas. El montaje al final le estalló entre las manos al protagonista poco antes del acto que hubiera supuesto su consagración, la lectura en 2005 de un discurso conmemorativo de la liberación de Mauthausen ante J.L.R. Zapatero y otras importantes dignatarios. Formulada la cosa en otros términos más favorables al punto de vista de Marco mismo, diríamos que exageraba, pero no mentía del todo sobre sus peripecias,  lucha en el frente republicano durante nuestra guerra civil,  internamiento en un campo de concentración alemán, resistencia antifranquista, fundamentalmente, porque algo de casi todo ello, más de unas cosas que de otras, desde luego, hubo en su vida.

Archives nationales, CP/72AJ/1413
© Archives nationales, France. Marco no estuvo internado en un campo de concentración, algo de lo que le gustaba hacer gala, sino que fue a Alemania como trabajador voluntario, donde fue procesado y encarcelado.

Si lo mejor y lo peor de Marco se puede resumir en su afán por construir un personaje alejado de la verdad en distancias variables, pero siempre presentes, la obra de Cercas es en síntesis la crónica del empeño por deconstruir ese mismo personaje, la crónica de cómo se desarrolló la empresa de desmontaje y los resultados mismos del proyecto desarquitectónico. Todo, en aras de la elevación del caso Marco a nivel de símbolo de un momento histórico, de unas circunstancias político culturales, las de la transición española a la democracia, primero, y las de la recuperación de la llamada memoria histórica (una especie de pequeña segunda transición que intentó torpemente saldar cuentas pendientes), bajo el mandato de R. Zapatero como primer ministro, después. Y el signo de esos tiempos, según parece, fue el de la mistificación, el de la adulteración interesada del propio pasado personal de muchos futuros dirigentes de todo tipo, entre ellos el (pseudo)anarquista Marco, que llegó con pies de barro a ser secretario general  de la CNT, entre 1978 y 1979, y años después presidente de la Amical de Mauthausen, asociación que representa “a los deportados de este campo austriaco y de todos los campos del III Reich”, dedicada a mantener vivo el recuerdo del Holocausto nazi. En el caso del zapaterismo, el Zeitgeist de aquel periodo tan lejanamente cercano fue el de la santificación de las víctimas, entendidas como augures retrospectivos de la verdad histórica. Se sustanció aquello en el conjunto de iniciativas legales, asociaciones, publicaciones, documentales,subvenciones, reportajes que han sido conocidos como Recuperación de la memoria histórica de la guerra civil y la represión postbélica franquista, “la gran moda de la memoria histórica” (p. 86). La actitud de Cercas al respecto oscila entre el análisis indignado que le produce todo aquel entramado, convertido en nicho de mercado cultural kitsch -por usar un término que en el libro adquiere gran significado-, de medio pelo, diríamos, y el repudio de Marco, quintaesencia encarnada del fenómeno.

En El impostor, Marco sufre un proceso contrario a aquel al que buena parte de la novela contemporánea suele someter a sus personajes, a los que no juzga (Dovstoievski), a los que todo lo más somete a pruebas de genuinidad literaria (Coetzee). Cercas, o el personaje Cercas, sin embargo, se presenta como una suerte de (anti)pigmalión reeducador de quien no comprende la dimensión histórica de su impostura, Marco, uno que se muere por salir siempre en la foto, como se dice expresa y repetidamente en la obra. Entre el egoísmo de Marco, su narcisismo ridículo y dramático, y la transcendencia del imperativo kantiano que Cercas pretende encarnar, entre un comportamiento deleznable, pero que en buena medida resulta meramente anecdótico y relativamente inocuo, si no fuera por el tema (las víctimas del Holocausto), y otro comportamiento legítimamente universalizable, que es el que Cercas no soporta que Marco no acepte, naufraga parcialmente la narración. La obra no cumple lo que el escritor en una entrevista concedida a la cadena Ser dice haber pretendido, la comprensión de Marco, la conversión del episodio en caso por medio de la novelización. Si se ha pretendido alcanzar, por volver a Coetzzee, “esa clase de verdad en la que pensaba Aristóteles cuando decía que la poesía es más verdadera que la historia; más verdadera debido a su poder para condensar lo múltiple en lo típico”, el objetivo, en mi opinión, no ha sido alcanzado. Como decía Mainer, hay notable un intento de manufacturar con probidad un relato, pero el personaje disgustado con su personaje en el que se convierte el narrador carece de matices y acaba resultando tan poco interesante como el objeto mismo de su inquina, despersonalizado por el camino. Los puentes entre la parte ensayística (digresiones sobre la verdad, sobre la memoria histórica, sobre las relaciones entre la ficción y la realidad)  van mucho más allá en sus planteamientos de lo que va la historia en si misma de Marco, del que  no se ha sabido sacar el jugo agridulce de la verdad, la verdad poética. El mismo Marco se quejaba en una entrevista de que poco menos que se le había querido vestir con un traje preconcebido. Pero no es tanto eso, como el hecho de que Marco no pasa de ser poco menos que un esbozo de personaje. Si no es más que un retal, una especie de arlequín hecho de remiendos, resulta que, como Cercas pensó antes de decidirse a escribir el libro, quizá el tema no merecía una novela, sino simplemente una obra historiográfica; si, sin embargo, atribuimos al autor la responsabilidad de la endeblez del resultado, diríamos que a la probidad de la que habla Mainer le ha faltado la inspiración. Intentar negociar con Marco plantándole delante responsabilidades que van más allá de su capacidad para entender los hechos objetivos es algo que acaba por resultar patético. Cercas triunfa en sus pesquisas sobre la impostura de su personaje, algo que, por otro lado, debía haber quedado claro en el informe que el historiador B. Bermejo redactó y que sirvió para que Marco no pudiera leer su discurso de conmemoración de la liberación de los campos de concentración ante Zapatero; Cercas triunfa, sí,  en ese aspecto, pero la novelización, el intento de comprensión compartida con el lector, del personaje fracasa. Ni la intriga de la falsificación de documentos saca a flote un cuerpo con tantas piedras en el bolsillo como se le han ido metiendo. La impostura  no acaba de adquirir suficiente consistencia dramática, quizá, porque en el terreno histórico es dudoso que la tenga y en el de la vivencia personal, el autor no ha sabido  dársela.Tomando como referencia In Cold Blood, de Capote y L’adversaire, de E. Carrèrre, que Cercas cita como obras maestras del género, cabe decir que en las dos nos encontramos ante hechos trágicos en sí mismos, por más que la carnicería de los asesinos de los Clutter se consume también en medio de la banalidad, cuando Perry decide enseñar a Dick a ser malo de verdad, o que el personaje de Carrère no sea ajeno a ese viento caprichosamente kitsch del destino que va enredando las cosas, desde un examen al que no quiso presentarse el protagonista hasta acabar con un asesinato múltiple. Lo que pasa es que Carrère ha sabodo huir del kitsch a través de un

Cercas, mezclado en calidad de presidente del jurado en el asunto del XVIII Premio de Novela Alfaguara (2015).

proceso de enfriamiento trascendente en su actitud hacia el personaje, justo lo contrario de lo que hace Capote, que sobrecalienta el texto en paralelo con las apelaciones a la sentencia de muerte de sus protagonistas. Cercas también intenta alejarse de la nube kitsch que todo lo va envolviendo, a través de la investigación y a través también del espesor de las digresiones,  pero al tiempo el narrador se deja enredar en una nube negra de acusaciones morales a su personaje. Marcos no pronunció el NO de los héroes, sino el SÍ de los mediocres y eso el narrador no se lo perdona. Mala cosa para una novela aunque sea sin ficción.

Javier Brox