Exposición conjunta con la escuela de Arte de Huesca

miércoles, 15 de abril de 2015

León come gamba y después se va a la puta calle. Sargento, sin embargo, no come cagarro ni “delibera eso”. Master chef, entre Kubrick y C. Eastwood


El plato 'León come gamba' de Masterchef(Fuente de la imagen)

Me encanta Masterchef, hasta el punto de que según escribo el nombre del programa resuena placenteramente en mi interior la frase que repiten los concursantes cuando acatan el parecer de sus superiores, Sí chef, como un eco del cuartel sentimentaloide en que se convierte el plató donde se rueda el juego a cocinitas profesionales en que consiste el concurso.
En un momento dado del desarrollo de la humanidad, la belleza dejó de ser una cuestión de equilibrio y proporción entre las partes cumplidas de un todo, para pasar a depender de la presencia de condimentos como lo terrible, situándose a un paso de la tragedia, la depresión, la desintegración, el vacío. Como decía  Rilke, lo bello es el comienzo de lo terrible que aun podemos soportar. Los románticos, atraídos por los bordes del abismo, desde Friedrich hasta Turner, retrataron las desgracias, los naufragios, por ejemplo, como cronistas de una actualidad que coincidía con sus inquietudes más profundas .
La televisión es una heredera degradada de esos cánones estéticos, pasados por el turmix de la peor cultura popular. El episodio de ayer de Masterchef en buen ejemplo de ellos.
Un jurado que pasa del tono paternaloide al del sargento de Chaqueta metálica, pero con frases trufadas de cursiladas (“¡Deliberar! ¿Voy a deliberar eso?”; “has enfocado mal tu creatividad”) ante un tardo adolescente al que le faltaba por lo menos un hervor y que, para compensar la pusilanimidad que se le atribuía, había querido sacar pecho con un plato llamado “León come gamba”, constituye uno de los momentos cumbre en mi vida de espectador de la pequeña pantalla. Ni quiero ni pensar que quizá había un pacto previo, un guión que preveía la posibilidad de un final así. No, prefiero creer que por fin hemos asistido a un momento rosselliniano, a un milagro, al desvelamiento fugaz de la verdad.
Reproduzco a continuación un menú de frases que pienso estar comiendo noche y día durante la próxima semana. Hasta cuando me levante por la noche a hacer pis, pienso dar un mordisco a estos exquisitos manjares para quedarme dormido con una sonrisa de beatitud en la cara.

- ¿Tú crees que el carácter lo vas a demostrar con una patata cruda? (Frase dicha imitando el deje del exministro Bono).
- Los ojos con dos pimientas (sic) y un bigote de azafrán…crudo.
- ¿Tú te comerías una patata cruda con un supuesto gazpacho de fresa y tomate?
- ¡Tú no has entendido nada!

Menos mal que de postre una de las excelsas comensales tuvo algo de gracejo al comentar ante una parrilla que empezaba a estar demasiado caliente:

- ¡Esto va  a ser un cagarro, chicos!

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