sábado, 27 de junio de 2015

Morir en primavera –queda casi un año. Fotos de una excursión

e si rideva di noi
che imbroglio era
maledetta primavera.

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Fragmento de un hipotético email guardado en borrador:

(…)

Renuncio a todo tipo de aclaraciones y desmentidos. Señalo, sin embargo, que, por lo que a mí se refiere, entre lo poco exacto que figura en el mensaje de *** se encuentra el  verbo "insistía", si es que lo emplea(s) en su tercera acepción: 3. intr. Repetir o hacer hincapié en algo, propio o ajeno. El texto que aparece a partir algo es mío, lo otro pertenece al sabio raedactor. No digo más, que por la boca muere el pez de embalse.

Mando una cuantas de mis fotos, pero las mando a la brava, porque no sé hacer esas bonitas nubes que tanto (n)os gustan. Se me escapa el motivo, pero tengo la impresión de que confirmo así mi conversión en salsa agridulce. No es del todo mi textura natural, pero la prefiero a la postura del que se echa largo, como dicen aquí. Me pido algo más, tengo en  el mal de la insatisfacción, de la inquietud, un prurito que me hacer escoger el comentario al margen antes que  el texto principal, lo que ilumina, aunque tenga espinas, frente a lo que confirma. Pero no os vayáis a pensar que caso Esparta con Atenas, hace tiempo que yo me echo largas siestas. En cualquier caso, no me importa perderme en  las cosas de pensar, sufro el síndrome del topo, ciego trabajador que rasca y rasca. Se distrae cada poco, pero lleva la obsesión del túnel dentro. Topillo, entonces, quizá, mejor que pedazo de topo. Levanto el dedo: La corrosión de mi carácter no se debe al esfuerzo, sino a la sequedad del terruño. Excusas de topillo.

Lo que describo debe ser fruto de carencias afectivas, claro, acabáramos, una manera perversa de hacerme (no) querer, una sobreactuación, ultracorrección, complejo que tiende a doblar la apuesta, pero la autoayuda nunca me supo levantar: otros son de Marujita, yo, en temas psicológicos, soy de Ferlosio, que dice que la inteligencia emocional es  hija del secular y acrisolado anti-intelectualismo americano

Hice una reseña de la correspondencia intercambiada entre J. Benet y C. Martín Gaite, reflejo de una amistad que me parecía ideal, porque anteponía la verdad al intercambio de caramelos, rehuía las vanas adulaciones almibaradas, planteaba la misma exigencia hacia uno que hacia el otro, una sinceridad al límite de lo cruel, sin el imperativo categórico al fondo no hay nada que hacer. Resultó que la viuda de Benet hizo uno de los pocos comentarios que han recibido las entradas de este blog. Me informaba de que entre su marido y la Gaite no había habido amistad, que el escritor no podía ver a la escritora, si es que es posible meter a los dos en el mismo saco epistemológico de la escritura. No me importa, otras amistades de insatisfechos habrá habido en la historia del universo, quizá la de Hölderlin y Hegel, y si no las ha habido, ya las habrá:  In crítica veritas amicitiae.

Ya sé que mi morbo no me deja ser ecuánime, me aleja de la claridad. Soy topo. Además, si no fuera así, el almíbar podría llegar al río sagrado, no tanto del de las fotos, en el que, ay de mí, no dejo de bañarme yo también hasta las entrañas. No es que yo no las encuentre bonitas, es que el término bonito hace que tiemble en suelo bajo mis pies y me lleva a huir a una nube de dudas sobre su significado, validez. Ya, todo es más sencillo, take it easy, guy. Pero es que nací topo, no guy.

Saludos escabechados.

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miércoles, 24 de junio de 2015

El socialismo real reivindicaba la fiesta nacional

(Fuente del texto y de la imagen)

2000Khrushchev and Castro have lunch at a kolkhoz in Georgia, 1963.
Over 38 days, Cuba’s Fidel Castro travelled all over the USSR – the only state leader to do so. It was widely publicised in the Soviet press, and this image of the two enjoying lunch was taken by Vasily Egorov

Photograph: Vasily Egorov/Lumiere Brothers Center for Photography

martes, 23 de junio de 2015

Ocean blanco. Raskólnikov, W. White, de Braking bad, en calzoncillos, de calzoncillos

10955127_1008705075820883_1818500310309307621_nPablo Picasso y Kabul fotografiados por David Douglas Duncan, 1959 (Fuente de la imagen)

Con el tiempo, las cosas que un día abandonamos porque se habían quedado pequeñas, en sentido propio o figurado se vuelve a traición las mejores de la vida. Por eso, en los cambios de edad, de situación, de vivienda, de estado, no conviene regalar nada, dar nada, porque tendemos a deshacernos de aquello que acabará cargándose de mayor valor simbólico. Damos nuestra colección de muñecos, de piedras o de coches para romper amarras cuando entramos en la adolescencia, el grabado que nos regaló, porque así nos afirmamos en el nuevo gusto adquirido. Han pasado los años, muchos, cuarenta quizás, dos veces nada, y esos objetos, personajes, vecinos, viejos cines, mujeres soñadas, reaparecen como fantasmagorías de un pasado que pinta espejismos. Entre semana a veces me reconozco en él, pero como en un caleidoscopio perezoso, involucrado, pero distante, emocionado por momentos, pero que puedo dejar en cualquier momento si me llaman a la cocina para echar una mano. Dedico, sin embargo, los fines de semana a añorar el Scalextric que dejé en casa de un vecino, los coches ingleses de metal. Por suerte, los recuerdos, buenos o malos, no se pueden dar, son cavernas salvajes a  las que me retiro después de sacar la perro y desayunar, seguro de que no hay porque salir ya más en todo el día, que si no he comprado el pan, quedará un chusco duro de ayer. Me siento, curioseo y espero a que la mañana se abra en túneles con cuartillas blancas en las paredes, entradas por escribir, algún beso, si es día de fortuna, aunque yo, por esa senda ya voy poco, viejo hortelano con la espalda injuriada por el peso de trienios, sexenios y ccps .

Los calzoncillos Ocean me salen al encuentro en facebook, en Braking bad, cubriendo a Picasso, al compay Heisenberg  de Braking bad,y vuelvo a aquel nido de algodón que dejé por corazas estampadas, gomas ajustadas, holguras más manejables. Por qué, me pregunto, por qué los calzoncillos Ocean pasaron a ser uno de los símbolos de una niñez que había que enterrar a toda prisa, emblema de mi inconstancia, signo de distinción del protagonista de Braking bad, un pariente lejano de Raskólnikov (ruso: Родиóн Ромáнович Раскóльников), que se creía superior a muchos y acabó con un insufrible dolor culpable de muelas. Y es que el egoísmo se esconde allá donde es más difícil encontrarlo, en el intento de asegurar, a través de la fabricación de metaanfetamina,  un futuro acomodado a su familia, en el caso de Walter White. Sin embargo, a pesar de los pesares, de la enfermedad, de los fiambres que va dejando atrás, se mantiene fiel a su ropa interior. Me consuela pensar que quizá, en su caso, la infidelidad fue inversa. Tal vez empezó usando bóxeres antes de llegar a Ocean.

Publico ya, que se me hace tarde, tengo que ducharme y en la mesita de noche no hay Ocean, para mi desgracia.

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1376595269323Walter White, el protagonista de Braking bad, en Ocean, de Ocean, como Baroja en zapatillas o de zapatillas.

domingo, 21 de junio de 2015

Vencejos en el patio

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Estos primeros días de verano en Zaragoza invitan a la tristeza. El calor de la salida de la ciudad hacia Huesca, disuelto en miles de aguijones, las hojas  del atardecer girando sobre los parterres, junto al puente de la Almozara, empujadas como ratones por la flauta del viento hacia las feas calles interiores del Actur, los supermercados a 20º grados y un ruido mortecino que anestesia, ese sol que se va demasiado tarde sobre las pastosas algas del río. La tristeza de principio de verano me mata como un aguacero de punzadas sin ritmo.

De su vuelo suicida, de su manera de engañar a la vista, convirtiéndose uno en otro, robándose secretos al oído, como una troupe de ballet en fiesta, nace una melancolía que todo pone en cuestión, ablanda o endurece la costra dolida de desasosiego. En las interminables tardes olímpicas, amenazadoras pechonalidades de piscina, me tumbo y soy una radio llena de interferencias. Leo libros que no recordaré. 

Al volver a casa, por fin, los vencejos del patio mientras tiendo la ropa.

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14072012206_thumb[1]Fotos de fotos de la exposición La fotografía como intervención, de Carlos Garaicoa

16072012363_thumb[2]Foto de una obra de Nacho Criado (Exposición Agentes colaboradores)

jueves, 18 de junio de 2015

Toda buena foto es una pillada (del alma). Las fotos de André Kertész

Tenían razón los apaches del lejano oeste cuando se negaban a que los protoperiodistas les hicieran fotos. Toda buena foto es una pillada, te roba el alma. Recuerdo que en Á la recherche du temps perdu, el pintor, Elstir, es tan bueno porque sus retratos descubren aspectos que el retratado desconocía de sí mismo antes de ser pintado. Entre el arte que pretende crear realidad y el que la imita, pero desvelando aspectos ocultos, subrayando lo celado a través de lo evidente, me quedo claramente con el segundo. El primero es raro que no sea vanamente retórico. El otro es el que despereza las fantasmagorías benjaminianas y habla al corazón pensante. Es verdad que el término pillada implica que lo retratado es ilícito, inconveniente, inoportuno, molesto, algo que no se querría enseñar y no siempre la buena foto muestra eso. Lo que pasa es que una mirada, un gesto de la mano, una postura, un tono, un principio de frase, son las cosas de las que quizá más nos avergonzamos, porque los calzoncillos o bragas al aire, los ombligos o las rajas del culo y sobacos desnudos, que hasta no hace mucho eran ocultados, han pasado a ser de dominio público.

Estas delicadas fotos de André Kertész (1894-1985) son verdaderas deliciosas pilladas desde una ventana indiscreta:

(Fuente de las imágenes)

New York, 1960. - (André Kertész)

New York, il 13 luglio 1963. - (André Kertész)

New York, il 26 luglio 1960. - (André Kertész)

New York, il 25 giugno 1965. - (André Kertész)

New York, il 10 novembre 1960. - (André Kertész)

New York, 1943. - (André Kertész)

Saint-Gervais-les-Bains, Francia, 1929. - (André Kertész)

New York, il 6 giugno 1965. - (André Kertész)

Parigi, 1928. - (André Kertész)

New York, il 9 luglio 1978. - (André Kertész)

lunes, 15 de junio de 2015

A la luz del caso Zapata y sus tuits. Chistes racistas. Tres tristes tópicos nada menos que de Tolstoi. Cruce de citas y una anécdota.

Quizá lo mejor que podría hacer Zapata es aceptar con buen humor que la mejor solución es que dimita. La defensa rabiosa que encuentro en algunos de sus compañeros de partido, que han creado una imagen a imitación del Je suis Charlie en la que Charlie ha sido sustituido por Zapata (Je suis Zapata) adolece de uno de los vicios de Podemos, la defensa a ultranza uno de los nuestros, en la línea del goodfellas, que tanto daño ha hecho a la izquierda. Para que lo que se pregona sea creíble, aceptable, verdadero, la dosis de autoexigencia debe superar a la de la exigencia al otro. Podemos debería preocuparse tanto o más que por la viga en el ojo ajeno, algo cuya existencia parece clara, por la paja en el propio.
Zapata ha pedido disculpas y bien está; ha aducido el huidizo contexto y seguramente es un factor importante en la cuestión. Lástima que pierda contexto en cuando se lanza un mensaje. La vida juega pasadas de este tipo. A la hora de producirse en las llamadas redes, debería haber sido más prudente. Estoy convencido de que este señor no es ni antisemita. Personalmente, con comillas o no, creo que el pulso me hubiera fallado al escribir cosas semejantes en un sitio como Twitter. Pero cada uno sabe de sí mismo.
Al final, todo se reduce a una cuestión práctica, porque, si se esencializa el debate, hay poderosos argumentos de parte de los detractores, tantos como otros igualmente poderosos de parte de los defensores. Me gusta pensar que si Zapata quería sondear los límites de lo que se puede en clave de  humor negro, quizá debería, como hacen los grandes cómicos, haber empezado por reírse de sí mismo, de su marco cultural, de sus colegas. Tal vez, en lugar de la animalada sobre los judíos, podría habérsele ocurrido una sobre los niños palestinos, pongamos por caso. Los suyos, ¿lo habrían entendido como un chiste o para eso hacen falta verdaderas dotes cómicas?
En cualquier caso, Intentando de nuevo desencializar la cuestión, no querer ver que en la política institucional del Ayuntamiento, es decir, en el proyecto colectivo de la candidatura elegida, su permanencia va a ser fuente de problemas, es tener la vista corta.

Reproduzco a continuación una vieja entrada sobre los chistes racistas y en general sobre el humor:

Chistes racistas. Tres tristes tópicos nada menos que de Tolstoi. Cruce de citas y una anécdota.

imageTolstoi, León, Guerra y paz, Alianza Editorial, 2008, p. 925.

imageimageimageCritchley, Simon, Sobre el humor, quálea editorial, 2010, p., 93-95. Trad. Antonio Lastra.

El sábado discutí con un medio amigo porque se puso a decir que si los moros eran tal y que si eran cual. Todo porque unos argelinos le habían hecho una jugarreta con el pago de un alquiler. Le dije que no podía generalizar a partir de un caso, por más que le tocara los bolsillos. Pero entonces la situación empeoró, porque otros de los presentes empezaron a traer a colación -a cena, en realidad- más y más ejemplos. A mí todo lo que contaban me sonaba a cosas ya oídas de maños, madrileños, asturianos y gentes de otras regiones. El ambiente se calentó tanto que al final le dije que lo que pasaba es que a mí no me interesan ese tipo de generalizaciones, esa manera de enfrentarse a la realidad, y que me parecía que sus afirmaciones decían más de él mismo que de las personas que pretendía retratar. Además, añadí que en ciertos ambientes sería considerado, por sus conocimientos y por su forma de producirse, como un auténtico patán. Hasta quizá esos mismos moros podrían considerarle un zafio. Ah, y también le dije que seguramente a la misma hora en que nosotros estábamos reunidos, en la misma ciudad, podía haber un grupo de personas de las que él malhablaba contando fechorías, pongamos por caso, de patrones españolísimos. En fin, que no sé cómo acabamos la velada siendo todavía medio amigos.

¿Serán los chistes sobre extranjeros lo que produce corrientes de pensamiento que a mí me resultan tan falsas y pobretonas de contenido; será la realidad, vista parcialmente, la que produce los chistes; o será que para relativizar tendencias suavemente racistas que están a menudo muy enraizadas en nuestro pensamiento debemos estar bien despiertos ante lo que nuestras propias cabezas tienden a pensar?

Yo creo que solo siendo conscientes de la falsedad de los tópicos, de cuánto son racistas algunos chistes étnicos, podemos disfrutarlos, eso sí, como un juego lingüístico, como metachistes que al hacernos reír deben hacer también que nos riamos de nosotros mismos, que se nos hiele un poco la sonrisa ante ciertas cosas que se nos ocurren. Si el chiste sublima sentimientos reprimidos que en él hallan vía de escape, un análisis crítico (crítico-humorístico, a poder ser) puede devolvernos una imagen de nosotros mismos que nos ayude a mejorar, siempre que estemos dispuestos a aceptar nuestras debilidades, a reconocer como tópicos nuestros propios tópicos.

domingo, 14 de junio de 2015

Decadentemente misógina y floral. Fragmentos de À rebours (Huysmans) y fotos de Henri Lartigue

(Fuente de los textos)

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(Fuente de las fotos)

Un dimanche sur l'avenue du Bois de Boulogne - Photo Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911

Photos Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911

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Photos Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911

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Photo Jacques Henri Lartigue 1911