adiós

domingo, 15 de abril de 2012

Las canciones en las novelas de Philip Roth, narración lírica: I’be seeing you y Caravan, de Duke Ellington.

Je me souviens que Caravan, de Duke Ellington, était une rarité discographique et que pendant des années j’en connus l’existance sans l’avoir jamais entendu”, G. Perec, Je me souviens.

Las novelas de Roth están llenas de voces terribles o que enamoran, fluidas o balbucientes, están llenas de conversaciones, llamadas telefónicas, programas de radio y tantas, tantas canciones. En su afán de recreación histórica, el novelista americano, cuanto más de lejos cita al tema, al personaje, a la trama, cuanto más pormenorizadamente analiza y trata los hechos, como en Me casé con un comunista o Pastoral americana (463 y 511 páginas, respectivamente, en sus ediciones de bolsillo españolas) más tiende a multiplicar en sus obras la referencia a piezas de música popular, la misma que, según Proust, debe ser detestada por su nula importancia en la historia del Arte, pero no despreciada, dado su valor, “immense dans l’histoire sentimental des sociétés”. Seguramente, una de las claves interpretativas que justifican el frecuente recurso de Roth a canciones que no se oyen, de cuya letra a veces no aparece ni siquiera un fragmento, esté en el regusto evocativo que posee la música. La vida cotidiana en los años dorados de la radio y en los principios de la televisión, momentos históricos tan presentes en la narrativa del excelso novelista, es indisociable de la música popular. Y una de las constantes de su obra, junto con la densa documentación histórica que maneja, el trabajo de archivo o de campo, es lo que podríamos llamar el factor Roth, una interpretación magistralmente escenificada del ser humano, en el que lo individual y lo colectivo, la historia y designios de más longue durée, cobran vida a través de emociones ligadas a detalles insignificantes en apariencia, pero que a menudo, a  la postre, resultan ser isótopos radioactivos que permiten una radiografía certera de los individuos y de sus contextos. Los ecos musicales en Roth, a veces meros apuntes que esconden mucho más de lo que aclaran, concretan la anécdota, al tiempo que la poetizan, la sumergen en la Historia, pero también sirven para llenarla de vida, universalizarla artísticamente, en el sentido aristotélico del Arte.

Pero, la música popular ocupa un lugar relevante no solo en la narrativa de Roth  de larguísimo aliento; en la serie intermedia (Sale el espectro, Indignación, Némesis, etc.) también ocurre. En Némesis, por ejemplo, una canción, I'll be seeing you, hace de contrapunto sentimental, de banda lírica, a los hechos, una técnica tan potente como antigua, ya presente, por ejemplo, en La Châtelaine de Vergy (S.XIII). Algo parecido ocurría con las canciones en los Puentes del condado de Madison (Clean Eastwood), donde la música ralentiza los sucesos, convirtiéndose en una especie de dimensión sincrónica, vertical, frente a la dimensión diacrónica, horizontal, vinculada a la matière narrada, la anécdota, los sucesos, que, por decirlo de algún modo, se resisten a avanzar hacia un final trágico inevitable.

En el caso de Caravan, la pieza musical de Ellington, presente en Pastoral americana, el papel que juega en la obra es insignificante, pero, como tantas otras veces, mezclada a otros detalles, sirve para apuntalar el retrato de la vida cotidiana, que encuentra en las notas del pentagrama una fácil e intensa encarnación.

He aquí el párrafo en el que aparece:

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American Pastoral

Roth,Philip, Pastoral americana, Debolsillo, 2006. Traducción de Jordi Fibla, p., 69. La edición original en inglés es de 1997( Houghton Mifflin).

 

 

Otras versiones: 1, 2.

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