viernes, 6 de mayo de 2016

El comentario de las dalias a Freud: «Si amas, sufres, si no amas, enfermas.» (S. Freud)








José Luis Pardo (fuente):

"Naturalmente, Freud se anticipa a las objeciones que un crítico no avisado podría dirigirle, acusándolo de «delirar» en lugar de «razonar»: él reconoce que sus hipótesis... son «fantásticas». Pero el hecho de que sean fantásticas, como lo son los sueños, así como el de que los supuestos «datos» en los que se basan carezcan del estatuto que se exige en otras disciplinas científicas para considerarlos tales, no elimina lo que alguien llamaría su «eficacia simbólica». Es decir, no elimina el hecho de que sin la ayuda de semejantes «fantasías» resultaría imposible atribuir sentido a un gran número de las «dolencias del alma» tenidas por patológicas, y aun a muchos comportamientos ordinarios de los seres humanos que serían sencillamente incomprensibles e intratables, del mismo modo que el humor o la inclinación a la comicidad no podrían entenderse, según Freud, de no verse en ellos la aspiración «a alcanzar por estos caminos el talante de nuestra infancia, en la que no teníamos noticia de lo cómico, no éramos capaces de hacer chistes y no nos hacía falta el humor para sentirnos felices en la vida» (El chiste y su relación con lo inconsciente)".

jueves, 5 de mayo de 2016

Me acuerdo. Dahlia: My Love ~ Cactus



Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris.
Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Odio y amo. Quizás te preguntes por qué hago esto.
No lo sé, pero siento que así ocurre y me torturo.

Catulo

Me acuerdo de G. Calvo dando un taconazo sobre la tarima cuando un alumno no sabía leer con el ritmo justo el dístico de Catulo. Me acuerdo del miedo que tenía a que me preguntara. Qué distancia tan enorme entre lo que somos para nosotros y lo que somos para los demás

martes, 3 de mayo de 2016

Todo sigue creciendo, como una selva va cubriendo los cráteres.


“Así es, anotaba Max Frisch en la primavera de 1946, la hierba que crece en las casas, el diente de león en las iglesias, y de repente uno se puede imaginar cómo todo sigue creciendo, cómo una selva va cubriendo nuestras ciudades, lenta, inexorablemente, un avance desprovisto de seres humanos, un silencio de cardos y musgo, una Tierra sin historia, y entre medias el gorjeo de los pájaros, la primavera, el verano y el otoño, el aliento de los años que ya nadie lleva en cuenta…” (Enzensberger, H. M., Europa en ruinas. Relatos de testigos oculares de los años 1944 a 1948, Madrid, Capitán Swing, trad. Begoña Llovet Barquero, p., 15)

                                                              (Fuente de la imagen)

Al final de la guerra la Segunda Guerra Mundial,una gran parte de Europa  estaba en ruinas. El centro histórico de algunas hermosas ciudades –Roma, Venecia, Praga, París, Oxford-, se había salvado de convertirse en añicos por acuerdos más o menos tácitos o por suerte (Judt, Tony, Postguerra, Taurus, 2006, p., 39). Pero el resto había quedado reducido a escombros, ventanas sin cristales, edificios en los huesos, marcos maltrechos de puertas inexistentes, tuberías estalladas, cuando no montañas de añicos, amasijos malolientes a cadáver sepultado, entre los que, sin embargo, o precisamente por ello,  empezó pronto a crecer la hierba.

W. G. Sebald en su breve Sobre la historia natural de la destrucción (Anagrama, 2003) señalaba  la escasez de materiales gráficos sobre lo ocurrido en Alemania. Sebald se refería a los terribles bombardeos de saturación aliados sobre las ciudades alemanas –Dresde, Hamburgo, Berlín, Pforzheim, Colonia, Düsseldorf-, a las pocas obras literarias que han recreado los hechos. El motivo, según el escritor fallecido prematuramente,  podría ser un mal asumido sentimiento de culpa, que llevaría a avergonzarse de contar lo ocurrido, pues quienes habían apoyado, consentido o callado la barbarie nazi no se sentirían legitimados para protestar. Como escribe S. Luzzatto sobre la Guerra Civil en Italia, pero aplicado a la Guerra Mundial, “resultaría tranquilizador pensar que en una guerra (más aún en una guerra civil) el enemigo se encuentra siempre y en cualquier caso fuera de nosotros…Vista desde cerca, la guerra civil italiana  –en relación a la cual a nadie le debería costar por lo  menos restrospectivamente escoger su propio campo, habiendo sido uno de los dos campos el de la humanidad y el del derecho y el otro en de la falta de humanidad y el del abuso– cuenta una historia distinta. Junto con la historia de un bien, el de la impagable lucha contra el nazifascismo, cuenta la historia de un mal insondable, el mal del que ningún hombre… puede sentirse libre. Entre el blanco y el negro aparecen las numerosas tonalidades del gris. A veces, la historia de los partisanos tiene el encanto simple de los contrastes. Más a menudo, tiene la compleja verdad de los matices” (Luzzatto, Sergio, Partigia, Bestsellers Mondadori, 2014, p. 19). El ángel de Paul Klee que alegorizó Benjamin diciendo que todo acto de civilización arrastra otro de barbarie tiene este capítulo de la historia reciente entre sus preferidos.
Si los animales del zoo bombardeado de Berlín vagaban extrañados como niños perdidos (53.000 en Berlín al final de 1945. Judt, ibid., p., 45), atraídos por los fétidos olores que salían de las ruinas, hoy solo quedan vagos recuerdos  de aquello y los hijos de las familias del país que dicta los destinos del continente juegan en paisajes diferentes al de Edmund, el joven suicida, protagonista de Germania anno zero (Rossellini, 1947).


Desde 2008,  el fotógrafo Henning Rogge se ha dedicado a retratar cráteres de bombas de la Segunda Guerra Mundial en medio del campo, entre bosques. El paisaje los ha absorbido metabolizándolos, hasta el punto de que sin ser advertidos no habríamos caído en la cuenta de que esos agujeros llenos de agua son un testigo de lo que pasó, sometido a una impecable trabajo de reciclaje por parte de madre naturaleza. La foto, como si se tratara de un sabueso condenado a seguir el rastro del pasado, revela el drama de lo ocurrido y al tiempo la capacidad de regeneración. Fijarse solo en una de las dos cosas supone equivocarse. El recuerdo machacón nos aleja de la vida, la falta de memoria nos convierte en bolsas al viento sin nada dentro.






lunes, 2 de mayo de 2016

¡Viva la luna, en la que nunca he dejado de estar! Y es que Los sacerdotes egipcios no comían cebolla, porque es el único vegetal que germina con la luna menguante y se retrae con la luna creciente.


El 2 de mayo de 1902 empezó a rodarse el Viaje a la luna, de Méliès, aquí en una versión restaurada.


Me lo dijo Brox, que está en la luna /Y vive encantado de todas las cosas que
ve por allí. /Me lo dijo Brox, que está en la luna/Que allí la alegría, /de noche y de día /nunca tiene fin (Pseudo Tres Sudamericanos)

Los sacerdotes egipcios no comían cebolla, porque es el único vegetal que germina con la luna menguante y se retrae con la luna creciente. Fruto cabezón, cebollo, que desmiente los ritmos naturales y desobedece a la simpatía universal dictada por la batuta suprema de Selene, es de las pocas cosas en la tierra que no se deja seducir por sus efluvios. La luna es Venus celeste que todo humedece y hace fructificar, Ártemis protectora de los partos y
según Tulio Cicerón emite el sonido más grave de la música de las esferas.
Durante los días de primavera, con el cielo descubierto, sorprende a los paseantes, que intuyen en ella una invitada inesperada, portadora de una misteriosa alegría que recuerda al fresco vino blanco justo antes de que entontezca la cabeza. Entonces, la luna, mezclando lo mejor de los invisibles ríos que la recorren y los restos de la tibieza vespertina, envía a los seres vivos de la tierra un rocío dorado. El calorcillo interno que nos hace sentir, si hemos cogido antes de salir de casa una rebeca ligera, es enemigo de la sequedad que produce el sol. Lo que este nos quita, aquella nos lo da al anochecer. Uno concentra y la otra distiende. El hermano es pesado, insistente, lleva a crímenes absurdos, porque hacía calor, es terco; la hermana desata, relaja, ablanda, disuelve. Entre los dos, seguramente consiguen un perfecto equilibrio, pero yo la prefiero a ella, aunque cuando se va encogiendo se empequeñezca la pupila de los gatos, descansen las hormigas y me sienta más calvo. Los niños de pecho abandonados al plenilunio están condenados. Su cuerpo acumula demasiados humores, se deforma y no vuelve nunca más a su ser. Quizá fue eso  lo que me pasó, quizá por eso, cuando aparece en el firmamento, a veces la desdeño, me voy a casa a leer, y otras veces, me quedo inmóvil y temeroso ante su fulgor, pieza perdida de un mundo imaginado, último vestigio de un rompecabezas extinguido.
(Algunos de los contenidos del texto provienen de Citati, P, Leopardi, Mondadori, 2011)

domingo, 1 de mayo de 2016

Comerse las uñas es un arte que nunca se acaba de aprender.


Comerse las uñas es un arte que nunca se acaba de aprender. De la niñez a la senectud se mejora la técnica, se depuran los propósitos, se pierde afán, se valora más la calidad que la cantidad, pero sustancialmente la cosa significa lo mismo, un cierto descontento con la manera en que tienes que ceder ante el empuje de la realidad para incrustarte en ella, buscarte un cubículo acogedor. Las uñas comidas son la protesta que nos pasa el cuerpo ante tanta constricción a la somos sometidos. En otras lenguas el verbo que se usa para referirse a la actividad tiene que ver con lo que hacen los roedores (se ronger les ongles, risicchiarsi le unghie), de manera que se evoca mejor ese carácter de empeño y habilidad que requiere la empresa. Muestro morderse las uñas, con su referencia puntual al acto, como si se tratara de un bocado y basta, da idea de en qué medida la lengua se ha quedado corta a la hora de conceptualizar algo en lo que la mesura, el tiento, el saber pararse antes del panadizo es fundamental. Pero no sólo eso, saber por dónde empezar, si con excusa o a las bravas, con qué objetivo, si el puro mordisqueo o el recorte artesano, si estamos dispuesto a llegar a la carne, son cosas que resulta difícil saber antes de entrar en faena, pero de las que conviene ser consciente. La sensibilidad que se desarrolla con los años para saber hasta que punto se puede tirar, cuán largo se ha de dejar un pellejo para después poder clavártelo ligeramente en el labio o encima de la boca, allí donde evoca el dolor pero no lo produce, salvo que seas un privilegiado, requiere haber pasado muchos malos tragos, pomadas antibióticas, agua caliente con sal. Ya de muy mayor, con suerte, puedes decir que sabes comerte las uñas y te das cuenta de que así es, pero como en casi todos los campos de la vida, entonces echas de menos los atracones, el aquí te pillo y aquí te como... o quizá no, quizá echas de menos las ganas, ese deseo de ascensor, aquel impulso que se apoderaba de ti cuando te mirabas el dorso de la mano y querías ponerte a escu(l)pir uñas.

https://www.youtube.com/watch?v=8b4wLTmrMK4

viernes, 29 de abril de 2016

Mientras dormimos (entradas resoñadas)


Durante la noche, mientras dormimos, recibimos visitas de las que a la mañana siguiente no queda rastro.  A veces, al despertar, pervive un regusto amargo en la boca o una sonrisa que no acaba de desdibujarse. Son las únicas señales que quedan de los ratos pasados con quienes hemos cometido asaltos a fruterías exóticas, corrido por playas lunares, volado en mesas camilla, ido al cine desnudos o toda esa serie de extravagancias que abundan en los sueños.
Quizá, los niños son aquellos cuyas agendas nocturnas están más llenas de citas. Tanto que acaban la noche agotados y, a menudo,  se resisten a cruzar la frontera del día, rechazan los ritos que hemos establecido para diferenciar el sueño de la vigilia, el desayuno, la ducha, las primeras noticias. Los niños se dejan las legañas puestas para seguir luchando con los monstruos nocturnos en un último asalto del combate interrumpido. Los adultos, con paso de nazareno, acudimos al trabajo, donde vemos a otros nazarenos que se ponen a trabajar con el carácter corroído. Menos mal que está facebook. Me gusta, me gusta, dice la pantalla, como dulces flechas que compensan el drama, flechas contra la piedra que baja la cuesta. Por otro lado, los que trabajamos de tarde, si nos quedamos en casa, dedicamos la mañana a recibir a cobradores, revisores de calderas, propagandistas, mendigos, o buscamos compañía en la radio, alargamos el desayuno. La niña de arriba, del 8º C de mi edificio, con la que comparto un vaso comunicante de sensaciones y a la que presto siempre oído  pertenece a esa tribu que me conmueve, dispuesta a todo con tal de no ir al cole. Su inútiles berridos de jata la dejan exhausta antes de empezar la faena, algo que ya debe saber, aunque se niega a asumir. No ahorra esfuerzos con tal de volver bajo las sábanas para seguir la fiesta o escapar de la pesadilla, según les haya ido por los territorios de la noche. No entiende bien que a los misterios de la oscuridad,  fraguados durante el día,  hay que ponerles coto al amanecer y dejarlos encerrados en la reserva de los sueños, no comprende que de día sólo duermen los monstruos nocturnos. 

(Fuente de la fotos, a traves de ebay)






martes, 26 de abril de 2016

Detalles de la urdimbre del Guernica, de Picasso, a 78 años de distancia del bombardeo de la localidad vasca que lo inspiró. John Richardson, el gran biógrafo de Picasso, pone puntos sobre las íes al respecto

Fecha: 1937 (1 de mayo-4 de junio, París) Técnica: Óleo sobre lienzo Dimensiones: 349,3 x 776,6 cm
Guernica (fuente de la imagen)

En el artículo en el que se hace eco de la traducción estadounidense de Gernika, 1937: The Market Day, la obra sobre el bombardeo de la localidad vasca de Xavier Irujo, profesor de estudios vascos en la Universidad de Nevada (Reno),  John Richardson, el gran biógrafo de Picasso, insiste en algunos detalles que vienen a subrayar el encuentro más o menos feliz entre las vicisitudes de la vida íntima, desconocida para la mayoría, de quienes fueron protagonistas de la historia del S.XX en distintas facetas y lo que luego ha trascendido de sus actos, pasando a ser patrimonio común. Esos detalles a menudo son verdaderas iluminaciones que hacen renacer los acontecimientos, porque en los detalles está el duende de las cosas, lo que nos hace recordarlas con reviviscencia, conocerlas con emoción.

Los primero que señala Richardson, a través de Irujo, es que el bombardeo de Guernica, amén de banco de pruebas sobre técnicas y materiales de destrucción masiva, iba a celebrarse en la infausta fecha del 20 de abril del años 1937. La fecha suponía la guinda del pastel preparado por H. Göring, pues coincidía con el cumpleaños de Hitler. El cumpleaños, por desgracia, se consumó, pero el bombardeo, por problemas de logística, tuvo que ser pospuesto al día 26 del mismo mes, abril, the cruellest month, como había escrito Eliot, valedor de la causa franquista.

Otro aspecto interesante que señala Richardson está ligado a una promesa que Picasso hizo a los catorce años, cuando vivía en La Coruña. Es algo  sobre lo que el biógrafo ya había escrito en la misma The New York Review of Books (artículo entero sólo para subscriptores). El joven hizo voto de no volver a pintar si Conchita, una de sus dos hermanas, enferma de difteria, se curaba. La joven murió alrededor de un año después, en enero de 1895. La vocación del pintor se confirmó, pues, a partir de una suerte de acto impío, del incumplimiento de un compromiso supersticioso. El futuro de este Titán del arte moderno, lleno de avenidas y vericuetos,  tiene sus raíces, como el de algunas grandes ciudades, en la transgresión de un mandato. Además de en obras anteriores (El Minotauro ciego y Minotauromaquia), la figuración de Conchita estaría presente en Guernica a través de ese brazo que pide lumbre a lo que Richardson llama un sol mitraico. Dicho sol, además, tiene como insertada en medio una bombilla de filamento cuya presencia evocaría la luz artificial de la que disponía Picasso en su estudio parisino de la calle de los  Grands-Augustins. Una vez más, parece que el artista rebajó la apariencia de sacralidad de las imágenes a través de un guiño irónico afectivo. Supersticioso y descreído, Picasso alternaba posiciones. Diluía sus miedos y mitologizaba sus costumbres a partes iguales.


Más interesante, quizá, resulta el hecho de que la escasez de color del gran mural, su tono mate, que evoca una especie de impresión mecánica en grises, puede deberse al efecto que sobre el malagueño tuvo el trabajo de su entonces compañera, Dora Maar, quien documentó el proceso completo de su creación a través de una serie fotográfica. Picasso pidió con éxito a la casa de pinturas Ripolin un óleo ultra mate, que fue utilizado por primera vez en el cuadro. En ese sentido, Guernica se acerca más a la pintura ligada al dibujo que a aquella que se basa sobre todo en el color. Las figuras del gran cuadro son de una novedad estremecedora, pero está dibujadas con trazos clásicos, casi de grabado, poco tizianescos, podríamos decir.

Dora Maar parece, por otro lado, que, ante la acumulación de trabajo del pintor, que debía atender cada vez más a la prensa, hizo trabajo de taller, rematando la obra. En concreto, se ocupó de "the short vertical brushstrokes that differentiate the horse's body and legs". Ella misma confesó a Richardson que, además, sirvió de inspiración para la mujer en llamas que abre el cuadro desde la derecha, la cual, junto con la madre en cuyos brazos se ve a un bebé, sirve de contrapunto en la orientación de las otras figuras de la composición, de derecha a izquierda. Ambas figuras femeninas actúan como dos terribles columnas laterales de contención que enmarcan la escena, aunque también participan de ella. La otra figura femenina, aquella cuya pierna izquierda se alarga sobremanera, de la que D. Maar también se declaró inspiradora, cobra vida a través de una sabrosa anécdota contada por el escultor H. Moore y que recoge Richardson. Tras una comida en la que estaban presentes R. Penrose, Giacometti Max Ernst, Bréton y Éluard, Picasso mostró la obra a sus invitados:

Guernica was still a long way from being finished. It was like a cartoon just laid in black and grey, and he could have coloured it as he coloured the sketches. Anyway, you know the woman who comes running out of the little cabin on the right with one hand held in front of her? Well, Picasso told us that there was something missing there, and he went and fetched a roll of [toilet] paper and stuck it in the woman’s hand, as much to say that she’d been caught in the bathroom when the bombs came.

A continuación, el pintor comentó cómo uno de los efectos más comunes de miedo consiste, por decirlo finamente, en la pérdida de control del esfínter anal. El cubículo del que sale, pues, la mujer, con el culo al aire, por cierto, no sería otro que un váter. El intenso carácter escatológico de buena parte de la obra picassiana, tan evidente en, por ejemplo, los retratos del pintor con sus modelos, estaría presente aquí de forma velada. Aún recuerdo una gran exposición sobre el Picasso anciano en el Beaubourg de la que uno salía mareado ante la descarada exposición de tanta parte pudenda.


Richardson evoca al final de su artículo la serie de reacciones adversas que provocó la obra, incluso entre quien había apoyado su gestación. En septiembre de 1938, Guernica llegó a Lóndres y de nuevo en un emocionante cruce entre lo colectivo y lo individual, fue vista por un joven de catorce años, los mismos que tenía Picasso cuando hizo su voto de no pintar si sanaba su hermana Conchita, un joven que se sintió abrumado ante el cuadro. Era Richardson, que quizá hizo voto de huir de ella. Un voto suficientemente incumplido, si es que existió, felizmente incumplido. Como debe ser.

Textos procedentes del catálogo de la exposición Campo Cerrado. Arte y poder en la posguerra española. 1939 - 1953, Museo reina Sofía, Madrid. Si se clica sobre la imagen, se lee mejor el contenido.

lunes, 25 de abril de 2016

Día del libro que se queda solo


Como un perrillo que al volver a casa estalla de alegría, aunque la ausencia del amo haya sido breve, estos libros esperan, dispuestos a mover el rabo, a que, tras una breve visita al baño o una aclaración a uno de los pocos visitantes que se aventuran por las salas poco concurridas de los museos de provincia, los ojos de sus dueños vuelvan a posarse sobre ellos.



domingo, 24 de abril de 2016

Escatológica en los retratos de El Fayún expuestos en el CaixaForum de Zaragoza

Per tutti la morte ha uno sguardo (C. Pavese)

"Ni quienes encargaban los retratos ni quienes los pintaban pudieron jamás imaginar que los vería la posteridad. Eran imágenes destinadas a permanecer bajo tierra.
Ello significaba una relación especial entre el pintor y la persona que posaba. Esta no era todavía un modelo, y el pintor no era todavía un medio para alcanzar la gloria futura. Al contrario, los dos, ambos vivos en aquel momento, trabajaban juntos en la preparación para la muerte, una preparación que aseguraba la supervivencia. Pintar era dar nombre, y tener un nombre era una garantía de continuidad.
En otras palabras, al pintor de El Faiyum no se le llamaba para que hiciera un retrato, tal como lo entendemos hoy, sino para que plasmara a su cliente, hombre o mujer, mientras le miraba. Era quien se sometía a la mirada, más que el "modelo". No debemos considerar estas obras como retratos, sino como cuadros que representan la experiencia de que nos miren Flaviano, Isarous, Claudina..." (J. Berger)


Morir es quizá el verbo más intransitivo de cuantos se puedan imaginar. Se intenta ayudar a hacerlo, establecer normas que regulen nuestra propia despedida cuando todavía la intransitividad no lo ha invadido todo y podemos imaginar una acogedora zona de tránsito con sospechosa música de fondo. A menudo, también, imaginamos a la muerte como alguien que viene a buscarnos y que, quizá al final de ese largo pasillo de plataformas móviles que hemos atravesado en compañía de deudos, recuerdos, tirando de nuestro trineo rosebud, nos da el ultimo empujón. Nos mata la muerte, pero no morimos, ese es el sueño de algún suicida. Pero es mentira, morir es de una intransitividad desoladora, el mejor ejemplo de la crueldad de esos verbos que otras lenguas tienden a conjugarse en los tiempos compuestos con el auxiliar être, essere. Es cierto que a algunos los mata la historia, son ajusticiados o atropellados por un tanque, como el pobre desgraciado de La Piel (Malaparte), pero hasta ellos mueren, hasta en ellos los complementos del verbo desaparecen en algún instante. En el instante de la intransitividad somos, más que en ningún momento anterior, parte de la naturaleza, juguetes, bolsas de plástico llevadas por el cierzo. Nos ha estado engañando unos años -cuantos más mejor- hasta que manda a parar y nos recuerda el deber, recupera el testigo que nos había cedido para que nos creyéramos actores protagonistas. Jugamos a matarnos, a matar, a suicidarnos, a poner una pizca de vaselina transitiva al verbo, pero del último trago no somos nunca dueños. La bolsa de plástico cumple con la especie, aunque también se da cuenta de la fuerza del viento.

Llegan a Zaragoza tres de los retratos de El Fayún, tribu dispersa por los museos de todo el mundo que mira de frente a la muerte, aunque sepan que está dentro de ellos. Son retratos pues que más humanos no pueden ser, conciencia de uno mismo, de la propia vida y de que se acaba. Vendrá la muerte y tendrá mis ojos, parecen parafrasear a Pavese. Las galas que uno quiera llevar puestas son lo de menos, aunque aquí casi todos están bien vestidos, quizá porque eran miembros de una burguesía a la que le resultaba imposible desdeñar las apariencias.

Otros retratos de El Fayún que estuvieron expuestos hace años en Madrid:






La mirada franca de los fayunes,  en el justo límite entre la sorpresa, la curiosidad y el descaro, es una mirada que refleja al tiempo conciencia y olvido de si mismo, observación y confianza, fortaleza y resignación,  ideales de vida transmitidos en una íntima instantánea pictórica, en unos ojos que no se ocultan. La mirada franca de los fayunes es expresión no alienada de una conciencia viva, que no reflexiona sobre el propio fin, sino que lo asume, que no se hace neurótica frente al espejo. Estas tablas son una especie de antirretratos de Dorian Grey. Nos enseñan, frente a la ocultación de los ojos del protagonista, tan frecuente, por un motivo u otro, en la prensa actual, que lo que se apaga con nosotros es nuestra mirada, que el recuerdo de alguien es el recuerdo de su mirada.

Fuente de las siguientes imágenes:

 Foto: Francesco Cito

 Foto: Letizia Battaglia

Foto: Alex Maioli


Foto: Riccardo Venturi

viernes, 22 de abril de 2016

Abril es el mes de la duda cruel. Antes y después. Reelaboración de entradas




Estados intermedios entre la ilusión y el empalago, dudas, escapadas, vueltas y revueltas, un paso dado y otro que no se atreve. Brazos que piden aire, caras que se sumergen en el charco de la piel, manos que buscan en fase rem el equivalente  de lo que despiertos es la cantilena del no te pongas así, acércate, no aprietes tanto, no me pongas la mano muerta, y por qué te sueltas, aparta el pie, ráscame justo ahí, abrázame, no me sueltes, porque en una relación de largo aliento, quizá también en una larga noche, en un sueño profundo, se resume la existencia toda del amor y hay tiempo para abrumar con preguntas, para matar y crear, para cien indecisiones y cien puntos y contrapuntos de vista, antes del desayuno con tostadas.




lunes, 18 de abril de 2016

El otro día me bajé en Macbeth


O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a king of infinite space, were it not that I have bad dreams.
Podría vivir encerrado en una cáscara de nuez y  considerarme el rey de un espacio sin límites, si no fuera porque tengo malos sueños. (Hamlet, Shakespeare)


El otro día por la tarde me bajé en la estación de metro Macbeth. Poco antes me había encontrado este dibujo entre dos asientos:


Me lo tomé como una premonición. Como me ocurrió al salir de la estación King Lear, pensé que lo mejor sería bajar en la siguiente, que era precisamente la del rey interino de Escocia. Además, acababa de ver Youth, de Sorrentino, en el cineclub del Cerbuna, y el prota dice que la monarquía y el matrimonio se parecen, porque en ellos todo depende de una única persona. Es M . Caine el que lo afirma y le sirve para subrayar la exquisita fragilidad de ambas instituciones. No sé, pienso que la fragilidad es relativa, porque siempre hay recambios, sobre todo si lo que cuenta es que sobreviva la corona.

Estuve unas tres horas dando vueltas por la estación. Pensaba pasar solo un par de horitas, que es la idea que tengo yo del tiempo que suelen durar esos paseos teatrales, pero no, estuve mirando con detalle algunas cosas y se me hizo tarde. Menos mal que entre acto y acto, me levanté a comer unos riquísimos anacardos tostados. Por cierto, que me toman el pelo porque los lavo al chorro del grifo para quitarles la sal, una sal que seguro que han interiorizado hasta un punto de donde es difícil sacarla, como le pasa a Macbeth con su ambición un poco demasiado crédula. Desconfía de las predicciones favorables, amigo mío, aunque empiecen a cumplirse. Tienen los pies de barro, que diría Kipling. 
Durante la visita, me encontré con el mismísimo Macbeth y con su mujer en el castillo. Ella es una verdadera loba en todos los sentidos, ambiciosa y sin miedo, un cóctel que pone los pelos de Gürtel. Él, por su parte, me pareció uno que se deja llevar por la misma ambición, pero que si no hubiese sido por las circunstancias no habría resultado un mal tipo. Le sentí parecido a mí en una cosa y es que una vez metida la pata decide meterla hasta el fondo, incapaz de enmendarse. Así es la vida, en un momento de envanecimiento entras por un sendero equivocado y dejas de ver claro. Con suerte, sólo los fantasmas y los sueños parecen querer decirte que no, que se equivocó la paloma. Son como borborigmos que traen a la memoria nuestra placentera gula. El senderito que había al lado del que parecía una pasarela de modelos, el que no embocamos, era el de la virtud. Pero es tarde para volver atrás... y es que no hay peor puñal que el puñal de la mente.