Exposición conjunta con la escuela de Arte de Huesca

domingo, 1 de mayo de 2016

Comerse las uñas es un arte que nunca se acaba de aprender.


Comerse las uñas es un arte que nunca se acaba de aprender. De la niñez a la senectud se mejora la técnica, se depuran los propósitos, se pierde afán, se valora más la calidad que la cantidad, pero sustancialmente la cosa significa lo mismo, un cierto descontento con la manera en que tienes que ceder ante el empuje de la realidad para incrustarte en ella, buscarte un cubículo acogedor. Las uñas comidas son la protesta que nos pasa el cuerpo ante tanta constricción a la somos sometidos. En otras lenguas el verbo que se usa para referirse a la actividad tiene que ver con lo que hacen los roedores (se ronger les ongles, risicchiarsi le unghie), de manera que se evoca mejor ese carácter de empeño y habilidad que requiere la empresa. Muestro morderse las uñas, con su referencia puntual al acto, como si se tratara de un bocado y basta, da idea de en qué medida la lengua se ha quedado corta a la hora de conceptualizar algo en lo que la mesura, el tiento, el saber pararse antes del panadizo es fundamental. Pero no sólo eso, saber por dónde empezar, si con excusa o a las bravas, con qué objetivo, si el puro mordisqueo o el recorte artesano, si estamos dispuesto a llegar a la carne, son cosas que resulta difícil saber antes de entrar en faena, pero de las que conviene ser consciente. La sensibilidad que se desarrolla con los años para saber hasta que punto se puede tirar, cuán largo se ha de dejar un pellejo para después poder clavártelo ligeramente en el labio o encima de la boca, allí donde evoca el dolor pero no lo produce, salvo que seas un privilegiado, requiere haber pasado muchos malos tragos, pomadas antibióticas, agua caliente con sal. Ya de muy mayor, con suerte, puedes decir que sabes comerte las uñas y te das cuenta de que así es, pero como en casi todos los campos de la vida, entonces echas de menos los atracones, el aquí te pillo y aquí te como... o quizá no, quizá echas de menos las ganas, ese deseo de ascensor, aquel impulso que se apoderaba de ti cuando te mirabas el dorso de la mano y querías ponerte a escu(l)pir uñas.

https://www.youtube.com/watch?v=8b4wLTmrMK4

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