Exposición conjunta con la escuela de Arte de Huesca

lunes, 27 de abril de 2015

Miguel Ángel a la luz de Gayford, iluminado él a su vez por otros estudiosos de la vida de aquel Hércules del arte redivivo (IV).

11174797_376561022533015_1322700070277127558_n(Fuente de la imagen) David, Galleria dell'Accademia, Firenze

- Miguel Ángel a la luz de Gayford, iluminado él a su vez por otros estudiosos de la vida de aquel Hércules del arte redivivo (I).
- Miguel Ángel a la luz de Gayford, iluminado él a su vez por otros estudiosos de la vida de aquel Hércules del arte redivivo (II).
- Miguel Ángel a la luz de Gayford, iluminado él a su vez por otros estudiosos de la vida de aquel Hércules del arte redivivo (III).

Otra entrada con comentarios míos –en negrita– y citas de la biografía de Miguel Ángel:

Miguel Ángel. Una vida épica. Martin Gayford. Traducción de Federico Corriente. Taurus. Madrid, 2014. 704 páginas.

Líderes de ayer y de hoy. Quizá solo los grandes dictadores son capaces de desplegar una energía comparable a la de Lorenzo de Medici. Hoy, todo lo más, a nuestros políticos les da para corromperse y leer discursos impresos, mascados por otros, que no consiguen ni recitar sin atril, quizá porque no creen en lo que dicen y así es difícil improvisar sobre una base, hasta recordar cuesta.

“No existe el menor enigma en torno al modo en que Lorenzo hizo encajar sus entusiasmos y responsabilidades en una sola existencia: banquero, dictador, poeta, padrino de algo semejante a una familia mafiosa, músico, diplomático, adúltero en serie, ávido coleccionista de libros, filósofo, casamentero, mecenas de la arquitectura, malversador, árbitro del gusto artístico para muchas cortes italianas y mediador político. A Lorenzo debió de costarle mucho encontrar en cada día horas suficientes. Su correspondencia reunida ya abarca dieciséis volúmenes y aún no ha sido completada” (p. 95)

El Magnífico, no es pues sino un relativamente común apodo feliz, que le iba como anillo al dedo, como casi todos los motes que han perdurado. Por otro lado, encaja bien con uno de los emblemas del renacimiento el hecho de que careciera de nobleza de sangre, haciendo gala del ideal recogido por cervantes: el hombre es hijo de sus obras. Lástima que de ahí provengan también la casta actual, hombres hijos de sus nefastas obras.

“Como su padre –Piero– y su abuelo –Cosme– antes que él, Lorenzo no poseía ningún título formal de duque o de príncipe. Se le conocía por un título honorífico otorgado a muchos individuos importantes, pero que para él, Lorenzo, era especialmente apropiad, sin duda porque le iba como anillo al dedo: el Magnífico”. (p. 96)

Pero no es oro todo lo que reluce, la  denominada casta ya tendía a perpetuarse, no por descendencia sino a través de manejos. Quizá, la diferencia con lo que se dice a continuación es que las órdenes hoy en día parecen recibirlas, no darlas,  los políticos:

“Sin embargo, de un modo bastante semejante al que descubrió el Gran Gatsby en la novela de F, Scott Titzgerald para amañar las competiciones de béisbol, los Médici habían ideado estratagemas para amañar la constitución de florentina. Entre ellas, seleccionaban a los funcionarios (accoppiatori) que elegían los nombres que iban a parar a aquellos sacos. En consecuencia, los resortes del poder solían estar en manos de hombres que, en privado, recibían ordenes de los Médici” p. 97)

Florencia, la nueva Atenas. Costumbres sexuales, entendiendo por costumbre tres de las cuatro acepciones que aparecen en el diccionario Rae:

(Del lat. *cosuetumen, por consuetūdo, -ĭnis).

1. f. Hábito, modo habitual de obrar o proceder establecido por tradición o por la repetición de los mismos actos y que puede llegar a adquirir fuerza de precepto.

2. f. Aquello que por carácter o propensión se hace más comúnmente.

3. f. p. us. Menstruo o regla de las mujeres.

4. f. pl. Conjunto de cualidades o inclinaciones y usos que forman el carácter distintivo de una nación o persona.

“En Florencia la sodomía era algo asombrosamente común. El historiador Michael Rocke, que ha investigado exhaustivamente la cuestión, determinó que  a finales del S. XV, para cuando hubiesen cumplido los treinta años de edad, al menos uno de cada dos jóvenes de la ciudad de Florencia había sido implicado formalmente en la práctica de la sodomía solo ante este tribunal; a la edad de cuarenta, habían sido incriminados al menos dos de cada tres hombres”

(…) Los predicadores denunciaban regularmente la sodomía y se creía que podía provocar la ira de dios contra la ciudad. La ansiedad cívica al respecto culminó en la fundación , en 1432, de una singular institución: el Oficio de la Noche, un equipo de magistrados dedicados a extirpar la sodomía. Los sodomitas florentinos del S. XV eran denunciados a los Oficiales de la Noche, o se denunciaban ellos mismos para evitar penas severas” (p.133)

19522_379362762252841_1140138959759700225_n(Fuente de la imagen) Studio per uno degli ignudi della Volta della Cappella Sistina

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