Visto en el Centro Cultural Reina Sofía (Cádiz)
lunes, 23 de mayo de 2016
domingo, 22 de mayo de 2016
De pronto, que pase el tren / y un bando de gorriones / échese a volar: entonces, justamente / allí será (A.G. Calvo, Del tren)
El ideal del viajero tradicional no consiste en hacer
del viaje un trámite, como ocurre con lo que podríamos denominar filosofía AVE, sino en convertir el
trayecto en una consistente experiencia, más importante, a veces, que el motivo último por el que se viaja.
El AVE ha cambiado la manera de viajar. Los paletos como yo,
en lugar de mirar el paisaje miramos a qué velocidad perdemos el tiempo; ni espacio les
queda a los niños para aquella recurrente pregunta: ¿Cuánto queda? Una
cosa así ya solo se oye en los autobuses, llenos de menesterosos y de algún
refractario al AVE. La onomatopeya del tren, por otro lado, el chu chu de mi infancia, debe a haber
pasado a un pssss, con menos eses incluso. Además, para los que valoramos
el cine, se ha perdido la posibilidad de remedar la escena en la que quien
viene a despedirnos nos acompaña al andén y nos da la mano a través de la
ventanilla bajada. Ahora, tienes que despedirte de los acompañantes como en los
hospitales o en los aeropuertos, antes de pasar a la zona restringida, con esa
extraña sensación de que te enfrentas a una experiencia que se te escapa de las
manos. Por no hablar del dulce chacachá del tren, sin
el que nada sería de algún salaz héroe de Apollinaire.
No, el tiempo no es oro para quienes no somos emprendedores
ni buscamos nichos de mercado. Solo la alquimia fruto de la experiencia feliz
es capaz de convertirlo en metal noble y en el AVE no da tiempo ni a que
alcance un mínimo de quilates.
Quizá por eso, el espectáculo de las antiguas estaciones de
tren, cuando son hermosas, como la Estación del Norte de Valencia resulta tan
reconfortante. he aquí como la describe Manuel de Lope en Iberia, la puerta iluminada (Debate, p. 2003, p.
290-91):
“…Valencia recibe al viajero con una estación de ferrocarril
muy bella y especialmente acogedora. El vestíbulo está cubierto de mosaicos
dorados. Por las cornisas corren guirnaldas de naranjas de cerámica. La
Estación del Norte es un edificio de los años veinte, tachonada con estrellas
de cinco puntas que le dan aspecto de haber sido decorada para recibir al
Ejercito Ruso, pero que deben ser el emblema de la compañía de ferrocarriles
que la construyó.”
Si tuviéramos que referirnos a Zaragoza, el texto podría ser
el siguiente:
“…Zaragoza recibe al viajante con una estación del AVE inhóspita
y descomunal. En lugar de un inexistente vestíbulo han sido habilitados diversos
prefabricados que desmienten por completo el carácter de fría vanguardia del
proyecto original, fruto de un oscuro culto al cierzo. Mirando, en efecto, el
volumen de aire que cabe dentro y se envalentona a lo largo de sus vías, se
diría que estamos, más que en una estación ferroviaria, en un inútil hangar con
pretensiones de falansterio racionalista, un imposible cruce de diseño y despropósito que te
invita a salir de allí cuanto antes, si es que tienes la suerte de que el tren no te deje muy lejos de una de las
escaleras móviles que se encuentran en cada extremo. Los amigos y deudos que te
despiden, si quieren enterarse de que has accedido a tu asiento, deben recorrer
enormes distancias, desde las que, con suerte, podrán pensar que el perfil que
ven en la distancia, a través de la ventanilla, allí abajo, en el foso de los
monos, es aquel que se va”.
En ese vestíbulo del que habla M. de Lope se desea buen
viaje a los viajeros en varios idiomas y uno siente que hay cierta coherencia
entre el deseo y lo que parece prometer el edificio. En las estaciones del AVE,
como mucho, podría haber carteles diciendo algo así como ni se va a
enterar de que viaja.
viernes, 20 de mayo de 2016
Alexievich. Los sueños de excelencia acaban por convertirse en pesadillas.
Hace una semanas, F. de Azúa, con esa capacidad suya para concentrar milenios en pocas frases, resumía las teorías sobre la historia en la versión hegeliana ("cuanto sucede no tenía más remedio que suceder. Hay víctimas colaterales, cierto, pero no cuentan para la historia...para el avance progresista de la historia real") y la versión benjaminiana: "en ese otro modelo, empujadas por el huracán del progreso, montañas de cadáveres se van acumulando a los pies del Ángel del Progreso, el cual avanza, pero de espaldas, horrorizado por la carnicería que va lloviendo torrencialmente ante él (Tesis 9). Para esta otra historia, el sufrimiento de los condenados [en Siberia] es el único contenido de nuestra enigmática residencia en la tierra". En cuestión de sufrimiento, quizá habría que recordar que la cosmovisión judeo cristiana contempla nuestro paso por el mundo como tránsito por un valle de lágrimas.
Los dos libros de Svetlana Alexievich que he leído (Voces de Chernóbil. Crónica del futuro, DeBolsillo, 2015. Trad. R. San Vicente y La guerra no tiene rostro de mujer , Debate, 2015. Trad. Yulia Dobrovolskaia y Zahara García González), podrían leerse como fruto del interés de la autora por hacerse eco de lo que desde la perspectiva hegeliana podríamos llamar ruido, entropía histórica, y lo que, desde la otra perspectiva, la benjaminiana, es testimonio de la liga que nos une y que nos tiñe con el "genuino fundamento del respeto al individuo, que no consiste en su singularidad cualitativa, en aquello que lo hace único en su especie, como se dice de una pieza codiciada por los coleccionistas, sino en lo que es realmente alcanzado por el sufrimiento: el individuo que no está en ninguna determinación diferencial, sino, por el contrario, justamente en la unidad indiferenciada con que se forma la pluralidad homogénea tantas veces designada con el singular genérico de carne de cañón" (1).Los libros de Alexievich son un ejemplo de esa unidad indiferenciada con que se forma la pluralidad homogénea de sus personajes a menudo voluntariamente entregados a los designios históricos. En Voces de... y en La guerra no tiene... es a través de constructos ideológicos como la patria, la madre patria, el comunismo, como el individuo se incorpora al curso histórico del que sale doblemente dañado, descreído y herido, víctima en todos los aspectos.
Pero a veces hay actos de rebelión que quedan reflejados en micronarraciones. átomos de sabiduría en los que la carne de cañón se vuelve polvo enamorado, conciencia de pertenecer a la legión de los desheredados, pero con una pizca de buen sentido común y valentía. Nada como morir en brazos de aquel a quien se quiere para recordarnos que somos "una unidad indiferenciada y absoluta de necesidad y satisfacción, de hambre y saciedad, de placer o de dolor, de enfermedad y de muerte; eso es el individuo, o sea, no lo más diferente, sino lo más común"(2):
"... Un martes, aquello ocurrió un martes... En un banco frente a nuestro edificio estaban sentados un chico y una chica, y se besaban... en el otro extremo de nuestra calle... apareció una patrulla alemana. también lo vieron todo, tenían un campo de visión perfecto... No me dio tiempo de comprender nada... Un grito. Un gran estruendo. Unos disparos... solo vi que el chico y la chica se levantaron y al instante estaban cayendo. Los dos a la vez.
...No podía dejar de pensar en ellos... Querían morir así. Sabían que de todos modos morirían en el gueto y prefirieron morir de otra manera... ¿Qué otra cosa podía ser? ¿Qué podía ser? Solo amor..."
Liubóv Eduárdovna Krésova, miembro de una organización clandestina.
(Alexiévich, Svletana, La guerra no tiene rostro de mujer, Ed. Debate, 2015, p. 244-45 Trad. Yulio Dobrovolskaia y Zahara García González)
____________________
(1) R.S. Ferlosio, "Principium Individuationes", en Ensayos I, Altos estudios eclesiásticos, Ed. I. Echevarría, Debate, 2005, p., XXII.
(2) Ibid, p., XXIII
miércoles, 18 de mayo de 2016
Dormirse por las esquinas de la primavera
martes, 17 de mayo de 2016
Los caminos de la greguería son insondables: la nariz es el adjetivo de la cara
Una vez en clase estaba haciendo un ejercicio en el que había que subrayar los adjetivos que aparecían en una lista de palabras que contenía palabras pertenecientes a otras categorías gramaticales. Me los iban diciendo: guapo, castaño, azules, largo y…nariz. Eran todas ellas palabras útiles para describir a una persona. Y entonces he dicho “nariz no es un adjetivo, aunque tampoco está mal la idea”. Y es que a la greguería se llega donde menos te lo esperas: la nariz es el adjetivo de la cara.
lunes, 16 de mayo de 2016
domingo, 15 de mayo de 2016
Pies, dedos del pie, dedo pequeño del pie, ha llegado el momento de decidir qué hacer
Como quien tiene una casa en su pueblo o un chalet en el campo e invita a sus amigos a comer al aire libre por primera vez en el año, así la primavera anima a desperezarse a los pies, a que nos deshagamos de los calcetines y expongamos los dedos entumecidos al sol, a que cuelgue el tacón de los zapatos sin talón cuando en una terraza cruzamos las piernas, a asumir incluso el riesgo de ser pisados o mirados insistentemente en el tranvía. Pero, después, amenaza lluvia y quien te había invitado para el sábado siguiente se retrae y no sabe qué hacer, si arriesgarse a la lluvia, a un último y precioso catarro o posponer el ágape para más adelante. Y pregunta entonces a los partícipes, que se ven abrumados por la cuestión y medio refunfuñando piensan para sus adentros, que decida ella, que para eso lo ha organizado todo, no voy a ser yo el que diga si vamos a su casa. Así, pero de forma meliflua, se lo hacen saber a la anfitriona por feisbuq o a través del grupo de guasap.
Quien no sabe qué hacer con sus pies, temiendo adelantarse y que sean los únicos de la oficina o de la clase que van en pelotas, también consulta a su cónyuge, a sus amistades, sobre todo a su conciencia, si debe arriesgarse o no, si es mejor mantener los dedos enfundados o darles recreo para que se acomoden a su gusto y se sientan relativamente libres sobre el calzado, como nosotros mismos en casa.
Así, un dedo cualquiera entre dos aguas, dos estaciones, incapaz de tomar una decisión intrascendente, arrepintiéndome de no haber previsto que iba a llegar el momento, me siento yo, un dedo pequeño que no sabe qué día va a hacer mañana, aunque Brasero lo tenga claro.
sábado, 14 de mayo de 2016
Sin hacer ruido
...
otra vez más sans faire du bruit tus músicas
suenan en la memoria, como una despedida:
parece que fue ayer y algo ha cambiado.
Hoy no esperamos la revolución.
otra vez más sans faire du bruit tus músicas
suenan en la memoria, como una despedida:
parece que fue ayer y algo ha cambiado.
Hoy no esperamos la revolución.
(Elegía y recuerdo de la canción francesa, J.G. de Biedma)
miércoles, 11 de mayo de 2016
Citas, islotes cotidianos a la deriva: "No hay literartura sin una moral de la forma" (R. Barthes)
"En mi trabajo las citas son salteadores de caminos
que irrumpen armados para arrebatar la convicción que alberga el ocioso paseante".
(W. Benjamin, Calle de dirección única, Trad. Jorge
Navarro Pérez, Obras, IV, 1, p. 78, Madrid, Abada, 2010)
Recoger citas para entender el mundo, establecer sensatas relaciones sintácticas entre caprichosos recuerdos tiranizados por mis obsesiones, entre los fragmentos de realidad que hallo en feisbuq, entre esquizoides capítulos de vida cotidiana: la mañana tiene poco que ver con la tarde y mucho menos con la noche, por más que me empeñe en colocar entre esos fragmentos sensatos y a continuación, y después, por tanto, de manera que parezca que no hay citas amontonadas por el destino o el instinto, sino una voluntad rectora, frases consecutivas, alguna adversativa, periodos compactos y un suave tránsito entre ocio y negocio. Mis días no son hijos de mi sacrosanta libertad, no son el fruto de mi plan vital, que diría el prepostmoderno psiquiatra cordobés. Soy sólo incapaz de ser libre, y eso lleva mucho esfuerzo consigo, mucha angustia. Renace el volcán de vez en cuando, me puede el ánimo destructivo, el afán por hundir el suelo para ver qué hay debajo. Pero resisto gracias a un régimen de citas dietéticas, navego entre ellas saltando de islote a islote y me quedo en algunas a pasar momentos deliciosos, recordar circunstancias que supongo haber vivido. Así, a base de curruscos, sobrevivo.
Y pensar que Benjamin quería escribir un libro de citas que despertara la conciencia revolucionaria, un libro a través del cual se pudiera descubrir la trama oculta que duerme bajo la superficie, los cimientos de los nichos de mercado, del sistema. No, definitivamente, mis citas se acaban en si mismas y cualquier hilo que las una hay que cortarlo, porque entre ellas crece el alambre de espino y podría resultar que todo tuviera un sentido, que juntándolas se pudiera descubrir el polo, inventar la pólvora.
I need a fix 'cause I'm going down y la/lo encuentro hoy en las palabras de JRJ:
Recoger citas para entender el mundo, establecer sensatas relaciones sintácticas entre caprichosos recuerdos tiranizados por mis obsesiones, entre los fragmentos de realidad que hallo en feisbuq, entre esquizoides capítulos de vida cotidiana: la mañana tiene poco que ver con la tarde y mucho menos con la noche, por más que me empeñe en colocar entre esos fragmentos sensatos y a continuación, y después, por tanto, de manera que parezca que no hay citas amontonadas por el destino o el instinto, sino una voluntad rectora, frases consecutivas, alguna adversativa, periodos compactos y un suave tránsito entre ocio y negocio. Mis días no son hijos de mi sacrosanta libertad, no son el fruto de mi plan vital, que diría el prepostmoderno psiquiatra cordobés. Soy sólo incapaz de ser libre, y eso lleva mucho esfuerzo consigo, mucha angustia. Renace el volcán de vez en cuando, me puede el ánimo destructivo, el afán por hundir el suelo para ver qué hay debajo. Pero resisto gracias a un régimen de citas dietéticas, navego entre ellas saltando de islote a islote y me quedo en algunas a pasar momentos deliciosos, recordar circunstancias que supongo haber vivido. Así, a base de curruscos, sobrevivo.
Y pensar que Benjamin quería escribir un libro de citas que despertara la conciencia revolucionaria, un libro a través del cual se pudiera descubrir la trama oculta que duerme bajo la superficie, los cimientos de los nichos de mercado, del sistema. No, definitivamente, mis citas se acaban en si mismas y cualquier hilo que las una hay que cortarlo, porque entre ellas crece el alambre de espino y podría resultar que todo tuviera un sentido, que juntándolas se pudiera descubrir el polo, inventar la pólvora.
I need a fix 'cause I'm going down y la/lo encuentro hoy en las palabras de JRJ:
Un fino pajarillo canta débilmente en la ventana. Desde el
lecho de los dos, aún encortinado, su voz dice que hace sol afuera.
Menos mal que para la loca melancolía que despierta el pajarillo, tengo una pastilla de Montale:
martes, 10 de mayo de 2016
lunes, 9 de mayo de 2016
Sentar cabeza (variantes)
- Find a
girl, settle down
If you want you can marry
Look at me, I am old, but I'm happy
If you want you can marry
Look at me, I am old, but I'm happy
- All the times that I've cried
Keeping all the things I knew inside
It's hard, but it's harder to ignore it
If they were right I'd agree
But it's them they know, not me
Now there's a way
And I know that I have to go away
I know I have to go (Father And Son, YUSUFISLAM, CAT STEVENS)
Keeping all the things I knew inside
It's hard, but it's harder to ignore it
If they were right I'd agree
But it's them they know, not me
Now there's a way
And I know that I have to go away
I know I have to go (Father And Son, YUSUFISLAM, CAT STEVENS)
domingo, 8 de mayo de 2016
Renglones densos e ingrávidos, como paracaidistas de plástico
"La obra debe crear la necesidad y satisfacerla. Y, además,
hacer sentir que ni esa necesidad ni su satisfacción estaban a nuestro alcance.
De ahí el infinito recomenzar del deseo" P. Valéry, Cuadernos, 1894‑1915
Los paracaidistas de plástico duro con un paracaídas de
plástico blando se vendían en tiendas como la Quiteria, de Zaragoza, o la de
frutos secos que había a la vuelta de mi cole. Hoy, seguramente, se pueden
encontrar en las tiendas de los chinos, que han heredado el muestrario del
juguete barato.
Cuando por razones aerodinámicas que desconozco, uno de aquellos soldados bajaba por el aire balanceando suavemente las caderas con los brazos en jarra era la viva encarnación de la ingravidez. Pero la ligereza, madre de la ingravidez, solo tiene mérito cuando se consigue a partir de lo pesado, cuando lanzado el peso al aire, se hace que caiga lentamente, dejándonos el tiempo suficiente para que admiremos los detalles. Una pluma que es llevada por un soplo no encarna la ligereza a la que me refiero.
Lo que yo sentía al ver al
paracaidista tardar en caer es lo mismo que siento cuando leo una novela
lograda, un poema feliz, por más dura que sea la realidad que describe. Para abajo
tira la necesidad de decir, los trabajos y los días, pero el pulso, el control de la voz, contienen la caída. Arriba y abajo se armonizan en un idilio de ritmos contrapuestos, que poco tiene que ver con el contenido. El buen escritor insufla aire en la
materia densa y, dándole forma, descubre transcendencia en lo sencillo, verdad en lo anecdótico, "esa clase de verdad en la que pensaba Aristóteles cuando
decía que la poesía es más verdadera que la historia, más verdadera debido a su
poder para condensar lo múltiple en lo típico"(1).
Ligero y denso es, por ejemplo, el paseo de arrabal que lleva al pelirrojo de
la Pastoral americana en
pos de su única hija, convertida en una una jainita bulímica, porque Roth sabe
transformar el trávelin del triunfador en el desfile de quien desciende a la verdad,
descubriendo el desolador reflejo que oculta la apariencia; grave e ingrávido es Edmund en Alemania, año cero, de Rossellini, en su camino de vuelta en la medida en que sigue siendo un niño que juega con las sombras de la calle, unas sombras que en su interior se van haciendo de piedra hasta llegar a casa por última vez; densa pompa de jabón es el poeta que convierte la osamenta en polvo enamorado.
El placer del lector, contra el que no hay efecto turifel(2) lector que valga, consiste en participar de esa ceremonia -inteligencia, experiencia y pericia- que
consiste en ver cómo avanza un discurso balanceando suavemente los renglones hasta
posarse.
___________________
(1) J.M.Coetzee, Mecanismos internos, 2007. DeBolsillo, 2010, Trad. de Eduardo Hojman, p.249
(2) R. Sánchez Ferlosio describe el efecto turifel en Vendrán
más años malos y nos harán más ciegos, Destino, 1993.
En palabras suyas, “consiste en una especie de descrédito que va minando
irremediablemente la autoridad de la presencia física de determinados monumentos mundialmente
famosos cuando esa presencia es, por así decirlo, desgastada por el precedente
de una indiscretamente inmoderada anticipación de representaciones
iconográficas”. Otro tanto se podría decir de obras escritas.
sábado, 7 de mayo de 2016
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