jueves, 24 de marzo de 2016
lunes, 21 de marzo de 2016
Me enSancho, me enSancho: Exposiciones sobre Cervantes. Concurso y exposición sobre Shakespeare para alumnos de inglés
"Así que debe haber un momento en toda catástrofe en que ya no existe juicio moral, o es inapropiado, o accesorio, o inútil para juzgar lo nuevo de la forma en que se enjuiciaba lo viejo, y en ese momento breve o extenso -poco importa, repito-, los "buenos" textos literarios deben ser iguales que los "malos" textos literarios ante los ojos de quienes los observan, y La Ilíada debe valer lo que el programa de una representación teatral mediocre o la Comedia de Dante lo que el manual de instrucciones de un tren eléctrico para niños. En ese momento, pienso, ya no se debe saber cuál es la normalidad y quiénes son los monstruos, y qué hace posible la grandeza de una obra y qué la impide" (Patricio Pron, No derrames tus lágrimas para nadie que viva en estas calles, Random House, 2016, p. 60)
En un viejo artículo, T. de Mauro proponía entender la cultura como cualquier forma de vida no prevista como obligatoria por el patrimonio genético de la especie, aunque, evidentemente, no lo contradiga (1). En la base de esas formas de vida, por lo que se refiere en particular a la especie humana, estarían tres capacidades básicas, la de imitar, la de utilizar segmentos de experiencia que hemos memorizado y sabemos imitar, y la de de inventar. Es esta última aquella de la que, a diferencia de otras especies animales, la humana está más dotada. De Mauro pone el ejemplo del famoso huevo de Colón, que el genovés habría roto para mantener en pie. Dudo de si es el mejor ejemplo de esta capacidad, aunque el brete quedara resuelto. En cualquier caso, lo cierto es que, como Alejandro ante el nudo gordiano, Colón demostró que ante un problema irresoluble en los términos en los que se plantea, el problema se puede superar alterando los términos del planteamiento. Cosa peligrosa en cuestiones jurídicas, pero que da prueba de la capacidad humana de ir más allá ante una situación aparentemente peliaguda.
En este sentido, "podemos llamar cultura a todas las formas de adaptación de las cosas a nosotros y de nosotros a las cosas, formas a las que recurrimos o (I) por imitación, es decir, conservación y memoria, o (II) por combinación de elementos previos, o bien (III) a través de la creatividad, manipulando y forzando los elementos datos, inventando elementos nuevos y nuevas reglas para agrupar combinatoriamente los elementos (2).
Ahora bien, si tantas cosas son cultura, qué diferencia lo más simple de lo más complejo, qué aquello elevado de lo ramplón, qué distingue la gran obra de la mediocre, por qué El Quijote es uno de los grandes logros de la historia toda de la literatura. Seguramente, lo es porque además de grandes dosis de (I) y (II), pocas obras poseen tanto (III). De acuerdo Mainer, en su reciente Historia mínima literatura española (3), Cervantes combinó en El Quijote elementos, tramas, estructuras de la novela pastoril (hacer entrar y salir personajes); de las novelas de caballerías (el molde de la "escritura desatada"); de la épica cómica (el tono y una justificación poética para su invención); del diálogo humanista (el arte de la conversación en libertad); de las formas teatrales cómicas (motivos y encadenamientos humorísticos); de los libros de pícaros (la invención del narrador interpuesto); de los tratados humanistas sobre los caracteres humanos (la acentuación de la novela en la locura entreverada de lucidez); "de aquí y de allá de sus lecturas del siglo XVI" (la idea de la naturaleza entendida como norma y pauta de vida).
Con esos mimbres, entre otros, urdió su obra. Además, cuando Cervantes la escribió era viejo, había vivido y sobre todo aprendido, se había alejado de sus planteamientos más ortodoxos de juventud, se había acercado en definitiva al hombre moderno. Una de las maneras más productivas que tiene éste de enfrentarse con la realidad a través de la cultura es la ironía. Alienado sin remedio, o más bien, con una identidad sin amarres sólidos, bajo cuyos pies la tierra firme de la religión, de la moral basada en ella, y más tarde del progreso, de la revolución, no cesan de agrietarse, una buena solución es tomárselo bastante a guasa, pero elegantemente, sin desdeñar la acción, como el gran personaje cervantino. En ese sentido, El Quijote se muestra irreductible como profeta de una verdad que se construye ante cada circunstancia. No una verdad esencial, sino gris, matizada por los años, por el desengaño, la verdad de quien intuía que somos un cuerpo como es un cuerpo cualquier otro animal, pero, a diferencia de ellos, al tiempo tenemos un cuerpo y que entre el cuerpo que es y el que se tiene media la conciencia, la voluntad, todo aquello que nos hace seres excéntricos, desdoblados, observadores de sí mismos, reflexivos, descreídos, irónicos(4).
La condición humana es fronteriza, en desequilibrio reequilibrado permanentemente, en el mejor de los casos, y no constituye tanto una categoría en sí misma como una negociación entre
Felice chi è diverso
essendo egli diverso.
Ma guai a chi è diverso
essendo egli comune.
(Sandro Penna, Tutte le poesie, Milano, Garzanti, 1970, 1972, p. 191)
--------------------(1) De Mauro, Tullio, La nozione di "cultura", en L'Italia delle Italie, Editori Riuniti, 1987, p. 4-17.
(2) Opus cit., p. 10.
(3) Mainer, José Carlos, Historia mínima literatura española, Taurus, 2014, p. 90
(4) Critchley, Simon, Sobre el humor, quálea editorial, 2010, p., 93-95. Trad. Antonio Lastra.
Con motivo del IV centenario de las muertes de Cervantes y Shakespeare, la E.O.I., 1, de Zaragoza, ha organizado dos pequeñas exposiciones. La dedicada a Cervantes presenta un gran cartel pintado por Reyes Casasnovas con la colaboración caligráfica de sus alumnos de español para extranjeros. Por otro lado, Ricardo Duerto, también junto con sus alumnos de Español para extranjeros, a medio camino entre la escritura y el dibujo, ha transcrito el principio y el final de El Quijote. A partir de esta próxima semana, por último, añadiremos a lo expuesto los dibujos de unos niños sobre el personaje cervantino. Llenos de errores, sus faltas, como le gustaba decir a Lorca, son manchas que limpian.
Ensanchamiento (Ricardo, Reyes y Mapi)
Por otro lado, el Depto. de Inglés, con Esther Lozano y M. José Auria a la cabeza, ha organizado otra pequeña exposición sobre Shakespeare. Además, está abierto un concurso cuyos premios son libros sobre el dramaturgo y su época. De todo ello aparece cumplida información en el blog de la Biblioteca de nuestro centro (clica aquí para acceder a la entrada explicativa).
El concurso al que nos referíamos se ha montado a partir de citas de Shakespeare. He aquí en qué consiste y a quién está dirigido:
domingo, 20 de marzo de 2016
Llega la primavera: allá, el hielo se derrite, acá, un maniquí se descalza
Veo las fotos del hielo de Marte, que empieza derretirse con
la llegada de la primavera, y pienso que lo llaman hielo por llamarlo de alguna
manera y que hablan de primavera por decir algo. Después, veo que hablan de
hielo seco (anhídrido carbónico) y me quedo algo más tranquilo, porque lo que tiene de incomprensible para mí el nombre científico y el oxímoron me hacen definitivamente inasequibles los términos. Pero, al poco, vuelven a utilizar otros que
entiendo algo mejor, como colinas, rocas, arenas, e insisten por esa vía,
apropiándose de una primavera que no es nuestra. Dicen que el año marciano
dura 687 días y por tanto, pienso, allí todavía no habrán abierto las piscinas
cuando aquí estemos en otoño. Esto último me complace un poco, pero desconozco el motivo. Tiene la primavera sus locuras. Basta una de sus horas para
enamorarse. Doscientos veintidós días marcianos dan para mucho, pero los noventa terrestres también.
Volviendo a la cosa científica, creo que las versiones vulgares de la ciencia más que aclarar las cosas
las ensombrecen. Decimos los legos como yo hielo seco, anhídrido carbónico, y creemos que por saber decirlo entendemos algo. Menos mal que no hace falta entender, que esta maravilla que hoy empieza no necesita explicaciones, que todo lo que se diga resta, hasta incluso el susurro Luis de León:
¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
Si allá en Marte el hielo se derrite, en un escaparate un maniquí se descalza:
jueves, 17 de marzo de 2016
No me acordaba de que Caran d'Ache quiere decir lápiz
Je me souviens que "Caran d'Ache" est une transcription francisée du mot russe qui veut dire "crayon" (G. Perec)
miércoles, 16 de marzo de 2016
martes, 15 de marzo de 2016
La vita, sai/C'est la vie. Galicismos que petan el italiano
C’est la vie
Come ogni
mattina, al dolce suono del carillon,
Henriette si sveglia e accende l'abat-jour,
apre la finestra che dà sul parterre,
si infila il bustier, le culotte, i collant e si lega i capelli in uno chignon, con un foulard.
Per non restare in deshabillé, sopra la lingerie
indossa un tailleur beige, e in
una nuvola di eau-de-toilette sceglie
tra i bijoux una parure con collier, che
le mette in risalto il décolleté.
Dopo aver dato il gourmet al suo bichon frisé, Henriette tira fuori dal garage la coupé cabriolet, per recarsi alla boutique di una griffe à la page, quando en passant, uno strano déjà-vu,
le fa imboccare un cul-de-sac.
Arrivata alla boutique, Henriette compra un tutù di tulle con paillette
e inserti in lamé, e fa colazione con
dei bignè, un croissant e una crêpe,
prima di recarsi a uno spettacolo di ballo burlesque
e cabaret. Si prepara all'ouverture indossando il tutù, e di fronte al pubblico si
esibisce in una révérance, un plié e un arabesque, ma, mon Dieu, Henriette
non ha il physique du rôle per essere un'étoile, e la sua première diventa un exploit di
gaffe.
Per riprendersi
dalla bruciante défaillance come
soubrette, Henriette si concede un
pranzo in un bistrot, dove mangia una
baguette, delle omelette al tartin con champignon flambé e per dessert, un profiterol e della crème brûlée, accompagnata da una flûte di champagne,
offerta da un sommelier col papillon.
Sfoggiando charme
e nonchalance, Henriette si allontana
senza pagare il conto con lo spirito da vera bohémienne. Si reca
quindi allo chalet, dove con il
suo savoir-faire esercita
la professione di cocotte, e il concierge la accompagna in una suite, per un rendez-vous con un noto viveur
con il toupet, amante di bondage, che le propone un ménage à trois con un clochard. Ma il povero clochard non può permettersi il cachet di Henriette, e si deve
accontentare di toglierle una guêpière,
prima di fare ritorno alla roulotte
senza aver soddisfatto le proprie fantasie di voyeur.
Dopo il tour de force con il viveur, Henriette porta i soldi nel caveau, e fa tappa in palestra per cyclette e tapis rouland. Indossa una camicia di chiffon coi volants, una longuette bordeaux a pois col plissé, e sceglie una pochette
in pendant con la longuette, per prapararsi a un tête-à-tête con un gigolo, con cui ha un affaire.
Ma lui, astuto tombeur de femmes, che lavora come croupier
alla bouvette del casinò, d'emblée, le da forfait. Per superare l'ennesima débâcle, Henriette, visita il vernissage di un atelier,
dove ammira i quadri in trompe-l'oeil,
dipinti en-plein-air, si concede una manicure, e indossato un gilet di lapin, si reca a una degustazione di nouvelle cuisine, dove riesce a entrare grazie a un passe-partout che si era procurata con
un escamotage degno di una femme fatale da film noir. Scegliendo
dal menu à la carte, ordina del camembert,
del pâté de foie gras e la
specialità dello chef, un trionfo di escargot su un letto di cordon bleu ricoperto da crème chantilly.
Henriette si abbuffa soddisfatta, senza preoccuparsi della silhouette, e giunta a casa trascorre la
serata davanti alla tv gustandosi un frappé
in una comoda salopette. Guarda una réclame, un drammatico reportage, un vecchio classico d'essai e, sdraiata sulla moquette, si dedica al découpage, al bricolage e fa anche un collage,
ritagliando brochure e dépliant.
Terminato il film
d'essai, indossa un négligé e con
la sua mise molto chic e un po' osé, spegne l'abat-jour,
senza perdere il bon-ton. C'est la vie Henriette, cadere nei cliché per sfuggire alla routine.
lunes, 14 de marzo de 2016
Reedición de Azúas (¡Ave Félix!). Al hilo de la actualidad académica: 1. Aunque si de mí dependiera. Fomento de la confusión lectora; 2. Cruce de citas: El mudéjar aragonés y Gaudí, pasando de lejos por Brunelleschi y resumido por Azúa; 3. Azúa, Felix de, Autobiografía sin vida, Mondadori,2010; 4. F. de Azúa, dux del ingenio productivo.
When I hold you in my arms (oh yes)
When I feel my finger on your trigger (oh yes)
I know nobody can do me no harm (J. Lennon)
When I feel my finger on your trigger (oh yes)
I know nobody can do me no harm (J. Lennon)
“Aunque si de mí dependiera me limitaría a citar este verso:
“Bajo el palio sonrosado
de la luz crepuscular”, como uno de los mejores de Jaime Gil de Biedma,
aunque es de César de Haro y lo cantaba Jorge Sepúlveda. Y este otro: “Reloj, detén tu camino/porque
mi vida se apaga”, ¿no podría ser de Antonio Machado en lugar de de Los
Panchos?
(Azúa, Félix de, Autobiografía de papel, Barcelona,
Mondadori, 2013, p. 66)
2. Cruce
de citas: El mudéjar aragonés y Gaudí, pasando de lejos por Brunelleschi y
resumido por Azúa.
(Gaudí) “ …se veía a sí mismo como un
artesano, no como un teórico. Decía, y sin duda tenía razón, que había
aprendido las complejas curvaturas y estructuras de las membradas observando a
su padre golpear el hierro y las láminas de cobre…Eso explica casi todo lo que
es preciso saber para entender que Gaudí no fuera un arquitecto moderno, en
el sentido de modernidad de Mies-Gropius-Le Corbusier. A diferencia
de estos, incluso a diferencia de sus contemporáneos catalanes…pensaba en
términos de espacio manual, no conceptual. Otros se dejaban guiar por la
cuadrícula; a Gaudí no le servía para nada. Su obra madura no podía ni
empezarse a imaginar a partir de un simple dibujo…A Gaudí no le gustaba
dibujar, el dibujo no conservaba suficiente información sobre los complejos
volúmenes y espacios huecos que tenia en la cabeza. Prefería hacer maquetas, de
madera, de papel, de arcilla o con nabos recortados”. (Hughes, Robert, Barcelona
la gran hechicera, Latitudes, National Geographic, 2005, p. 120-121. Trad.
Esther Roig)
“Conviene
recordar que las incomprendidas torres de ladrillo de Aragón se erigieron a
raíz de un levantamiento de la albañilería contra la arquitectura, y el gusto
de mirarlas se acrecienta – aunque, a decir verdad, a costa de hacerse algo
bastardo- imaginando la rabia y el horror que le producirían al pétreo y
aplastante Buonarroti” (Sánchez Ferlosio, Rafael, Vendrán más años malos y nos
harán más ciegos, Ed. Destino, 2001, p. 17)
“Brunelleschi es el primero en pensar la
arquitectura como espacio, o sea como la manifestación -la única posible-
de una ley constructiva del universo que solo puede revelársele al hombre, ya
que el hombre está dotado de razón, y dicha ley, que no es otra que la ley
divina de la creación (la “divina proporción”), es racional por excelencia”
(Argan, Giulio Carlo, Brunelleschi, Xarait ediciones, 1981, p. 97. Trad. carlos
Martí Arís
“Las artes eran oficios practicados por
artesanos como los escultores en piedra, los pintores…, pero también los
pescadores, o los carpinteros, sastres, zapateros. Si lo que llamamos “artes”
se llamaba en Greciatécne y en Roma ars, ello es debido a que la
separación entre técnicas y artes obedece tan solo a una exploración
desarrollada a lo largo de los dos últimos siglos, pero ni antes se
diferenciaron ni parece que vayan a seguir diferenciándose mucho tiempo más.
Nada, en su esencia, separa a las artes de las técnicas” (Azúa, F. de, Diccionario
de las Artes, Anagrama, 2002, p. 56)
...El libro de F. de Azúa es un magnífico
intento de narrar una vida sin recurrir apenas a la peripecia personal, al
anecdotario privado. Las fases de la vida del autor, sus sentimientos
predominantes, se nos presentan a través de lo que pasa a convertirse en su
trasunto histórico artístico, en un difícil pero conseguido equilibrio entre lo
intimo y lo colectivo, entre la influencia recibida en tanto que miembro de una
generación y la lectura singular del mundo. Y todo ello, la historia del arte y
la vida misma del autor, entendido como una elegía de la inocencia
irremisiblemente perdida y apenas reencontrada en fragmentos casuales que se
cruzan inesperadamente por el camino. Pero de esas experiencias dice preferir
hacer tesoro silencioso el narrador en una especie de invitación al silencio y
al goce callado.
4. F.
De Azúa, dux del ingenio productivo.
Félix de Azúa decía hace poco que se iba a jubilar para
poder trabajar sin distracciones. A mí lo que más me gusta de este poeta,
novelista, ensayista, profesor, gestor cultural, articulista, bloguero son
sus gracias. Los libros de humor puro, como los programas televisivos de humor,
me resultan muy difíciles de soportar.
A
menos que su autor sea uno de los pocos genios del género que ha dado la
humanidad o que se trate de obras muy breves, lo que empieza por hacernos reír
acaba mortificándonos. Será quizá, porque el humor, como todo lo intenso, necesita de mucho paréntesis reestablecedor de la calma. Azúa es un maestro en
estas cuestiones.
Dos
de los libros con los que más me he reído son suyos. Uno es el Diccionario de
las Artes (Barcelona, Anagrama, 2002. La edición original, de 1995, pertenecía a la colección Diccionarios de autor, de Planeta) y otro, que es el que aquí nos interesa, Venecia de
Casanova (Venecia
de Casanova, Barcelona, Planeta, 1990). De ninguno de los dos recuerdo apenas nada, salvo las risotadas que
me produjeron. De otras obras suyas que he leído, como Las lecciones suspendidas
o Historia de un idiota contada por él mismo no recuerdo nada de nada.
En Historia
de un idiota contada por él mismo (Barcelona, RBA, 1994. la primera ed. es de
1986) , según M. Sarrión, “hay páginas desternillantes” sobre el
grupo de los novísimos (Martínez Sarrión, Antonio, Jazz y días de lluvia,
Madrid, Alfaguara, 2002, p., 62). Yo no las recuerdo.
Como articulista, Azúa es muy brillante. Buena prueba son las
Tribunas de El País. La
última, al hilo de la exposición que se celebró en el Prado (El arte del poder. La Real Armería y el retrato de corte),
era estupenda:
Alguna de las voces del Diccionario de las Artes es
ejemplo de lo lejos que puede llegar el ingenio culto productivo mezclado a la
ironía a la hora de enseñar cultivando. El libro sobre Venecia tampoco tiene
desperdicio. La tendencia de Azúa a vacilar cuando lo que está tratando le
provoca distanciamiento por falta de fe o desilusión hace que el discurso
adquiera un tono cómico admirable. Seguramente, el fragmento que he escogido no
les haga ninguna gracia, pero les aseguro que los hay mejores, aunque, por otro
lado, a mí me resulta que este no está nada mal.
El volumen hacía parte de una magnífica colección de
monografías dedicadas a momentos históricos de algunas grandes capitales
europeas:
Mancha que limpia: muchos de los ejemplares de esta
colección, Ciudades en la Historia, acabaron siendo saldados en grandes
almacenes.
He aquí el fragmento sobre los cafés venecianos y el
Florian:
Azúa, op. cit., 113-14.
Papa terminar, reproduzco dos estampas que retratan a Azúa
como príncipe del ingenio, de esa chispa inteligente que a J. A. Marina le
cuesta concebir como verdaderamente productiva.
1994- Marzo:
Pániker,
Salvador, Cuaderno amarillo, Barcelona, Plaza y Janés, 2000, p., 210-11.
José María Caballero Bonald habla de su primer viaje a Barcelona
a finales de los años 50. En un momento dado trata sobre sus contactos con los
jefes de Seix Barral. Azúa, nacido en 1944 ya prometía. Quizá no tuvo buen
señor poético.
Caballero
Bonald, José Manuel, La costumbre de vivir, La novela de la memoria II,
Madrid, Alfaguara, 2001, p., 195-196.
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