lunes, 21 de marzo de 2016

Me enSancho, me enSancho: Exposiciones sobre Cervantes. Concurso y exposición sobre Shakespeare para alumnos de inglés

Cartel (4'00x1'30 m.). Detalle. Reyes Casasnova y sus alumnos de Español para extranjeros

"Así que debe haber un momento en toda catástrofe en que ya no existe juicio moral, o es inapropiado, o accesorio, o inútil para juzgar lo nuevo de la forma en que se enjuiciaba lo viejo, y en ese momento breve o extenso -poco importa, repito-, los "buenos" textos literarios deben ser iguales que los "malos" textos literarios ante los ojos de quienes los observan, y La Ilíada debe valer lo que el programa de una representación teatral mediocre o la Comedia de Dante lo que el manual de instrucciones de un tren eléctrico para niños. En ese momento, pienso, ya no se debe saber cuál es la normalidad y quiénes son los monstruos, y qué hace posible la grandeza de una obra y qué la impide" (Patricio Pron, No derrames tus lágrimas para nadie que viva en estas calles, Random House, 2016, p. 60)


En un viejo artículo, T. de Mauro proponía entender la cultura como cualquier forma de vida no prevista como obligatoria por el patrimonio genético de la especie, aunque, evidentemente, no lo contradiga (1). En la base de esas formas de vida, por lo que se refiere en particular a la especie humana, estarían tres capacidades básicas, la de imitar, la de utilizar segmentos de experiencia que hemos memorizado y sabemos imitar, y la de de inventar. Es esta última aquella de la que, a diferencia de otras especies animales, la humana está más dotada. De Mauro pone el ejemplo del famoso huevo de Colón, que el genovés habría roto para mantener en pie. Dudo de si es el mejor ejemplo de esta capacidad, aunque el brete quedara resuelto. En cualquier caso, lo cierto es que, como Alejandro ante el nudo gordiano, Colón demostró que  ante un problema irresoluble en los términos en los que se plantea, el problema se puede superar alterando los términos del planteamiento. Cosa peligrosa en cuestiones jurídicas, pero que da prueba de la capacidad humana de ir más allá ante una situación aparentemente peliaguda. 

En este sentido, "podemos llamar cultura a todas las formas de adaptación de las cosas a nosotros y de nosotros a las cosas, formas a las que recurrimos o (I) por imitación, es decir, conservación y memoria, o (II) por combinación de elementos previos, o bien (III) a través de la creatividad, manipulando y forzando los elementos datos, inventando elementos nuevos y nuevas reglas para agrupar combinatoriamente los elementos (2). 

Ahora bien, si tantas cosas son cultura, qué diferencia lo más simple de lo más complejo, qué aquello elevado de lo ramplón, qué distingue la gran obra de la mediocre, por qué El Quijote es uno de los grandes logros de la historia toda de la literatura. Seguramente, lo es porque además de grandes dosis de (I) y (II), pocas obras poseen tanto (III). De acuerdo Mainer, en su reciente Historia mínima literatura española (3), Cervantes combinó en El Quijote elementos, tramas, estructuras de la novela pastoril (hacer entrar y salir personajes); de las novelas de caballerías (el molde de la "escritura desatada"); de la épica cómica (el tono y una justificación poética para su invención); del diálogo humanista (el arte de la conversación en libertad); de las formas teatrales cómicas (motivos y encadenamientos humorísticos); de los libros de pícaros (la invención del narrador interpuesto); de los tratados humanistas sobre los caracteres humanos (la acentuación de la novela en la locura entreverada de lucidez); "de aquí y de allá de sus lecturas del siglo XVI" (la idea de la naturaleza entendida como norma y pauta de vida). 

Con esos mimbres, entre otros, urdió su obra. Además, cuando Cervantes la escribió era viejo, había vivido y sobre todo aprendido, se había alejado de sus planteamientos más ortodoxos de juventud, se había acercado en definitiva al hombre moderno. Una de las maneras más productivas que tiene éste de enfrentarse con la realidad a través de la cultura es la ironía. Alienado sin remedio, o más bien, con una identidad sin amarres sólidos, bajo cuyos pies la tierra firme de la religión, de la moral basada en ella, y más tarde del progreso, de la revolución, no cesan de agrietarse, una buena solución es tomárselo bastante a guasa, pero elegantemente, sin desdeñar la acción, como el gran personaje cervantino. En ese sentido, El Quijote se muestra irreductible como profeta de una verdad que se construye ante cada circunstancia. No una verdad esencial, sino gris, matizada por los años, por el desengaño, la verdad de quien intuía que somos un cuerpo como es un cuerpo cualquier otro animal, pero, a diferencia de ellos, al tiempo tenemos un cuerpo y que entre el cuerpo que es y el que se tiene media la conciencia, la voluntad, todo aquello que nos hace seres excéntricos, desdoblados, observadores de sí mismos, reflexivos, descreídos, irónicos(4). 

La condición humana es fronteriza, en desequilibrio reequilibrado permanentemente, en el mejor de los casos, y no constituye tanto una categoría en sí misma como una negociación entre categorías. Si no existes más que en tu inmediatez, si sólo vives y experimentas, tu cuerpo es en demasía y corres el riesgo, por ejemplo, de comportarte como un pequeño salvaje; si te distancias de tu experiencia inmediata, si tu cuerpo es demasiado tenido por ti a distancia tiendes, dicho vulgarmente, a mear colonia. Hay que bailar una danza imposible entre ser primario y/o secundario a cada instante. En saberlo y actuar en consecuencia consiste la ironía, pero la apariencia de Don Quijote es la de un loco, un talibán, extremista que no deja pasar una ocasión con tal de mostrar que él es el más caballero, un poco como esos payasos que se esfuerzan en pasa por los más tontos, pero que a través de su tontuna nos descubren la nuestra. Cuánta guasa en tamaña seriedad. Además, Sancho lo ensancha, lo educa, desbrava su afán de quête medieval, su querencia por embestir en cuanto puede, hace de él un gentleman, como si fuera un espejo sabio que le mostrara a la justa distancia socrática cómo debe ir siendo para mejorar en su sabiduría, en su descreimiento con fe. De ese baño cultural surge una especie de iluminado que vaga llevado por los hilos de su burattinaio para transmitir al mundo la buena nueva de la ironía sin acidia. Vano empeño, desde luego. Pero, qué inmensa pena da acabar este libro. Ese es mi mejor recuerdo de él, la melancolía que da llegar al final, notar que se muere el caballero, saber que quiere volver a empezar... Y te vas pastor y nos dejas, pastor del optimismo de la voluntad, del pesimismo de la razón, pero con guasa.


Felice chi è diverso
essendo egli diverso.
Ma guai a chi è diverso
essendo egli comune.
(Sandro Penna, Tutte le poesie, Milano, Garzanti, 1970, 1972, p. 191)
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(1)  De Mauro, Tullio, La nozione di "cultura", en L'Italia delle Italie, Editori Riuniti, 1987, p. 4-17.
(2)  Opus cit., p. 10.
(3)  Mainer, José Carlos,  Historia mínima literatura española, Taurus,  2014, p. 90
(4)  Critchley, Simon, Sobre el humor, quálea editorial, 2010, p., 93-95. Trad. Antonio Lastra.


Con motivo del IV centenario de las muertes de Cervantes y Shakespeare, la E.O.I., 1, de Zaragoza, ha organizado dos pequeñas exposiciones. La dedicada a Cervantes presenta un gran cartel pintado por Reyes Casasnovas con la colaboración caligráfica de sus alumnos de español para extranjeros. Por otro lado, Ricardo Duerto, también junto con sus alumnos de Español para extranjeros, a medio camino entre la escritura y el dibujo, ha transcrito el principio y el final de El Quijote. A partir de esta próxima semana, por último, añadiremos a lo expuesto los dibujos de unos niños sobre el personaje cervantino. Llenos de errores, sus faltas, como le gustaba decir a Lorca, son manchas que limpian.









Ensanchamiento (Ricardo, Reyes y Mapi)










Por otro lado, el Depto. de Inglés, con Esther Lozano y M. José Auria a la cabeza, ha organizado otra pequeña exposición sobre Shakespeare. Además, está abierto un concurso cuyos premios son libros sobre  el dramaturgo y su época. De todo ello aparece cumplida información en el blog de la Biblioteca de nuestro centro (clica aquí para acceder a la entrada explicativa).

El concurso al que nos referíamos se ha montado a partir de citas de Shakespeare. He aquí en qué consiste y a quién está dirigido:







domingo, 20 de marzo de 2016

Llega la primavera: allá, el hielo se derrite, acá, un maniquí se descalza



Veo las fotos del hielo de Marte, que empieza derretirse con la llegada de la primavera, y pienso que lo llaman hielo por llamarlo de alguna manera y que hablan de primavera por decir algo. Después, veo que hablan de hielo seco (anhídrido carbónico) y me quedo algo más tranquilo, porque lo que tiene de incomprensible para mí el nombre científico y el oxímoron me hacen definitivamente inasequibles los términos. Pero, al poco, vuelven a utilizar otros que entiendo algo mejor, como colinas, rocas, arenas, e insisten por esa vía, apropiándose de una primavera que no es nuestra. Dicen que el año marciano dura 687 días y por tanto, pienso, allí todavía no habrán abierto las piscinas cuando aquí estemos en otoño. Esto último me complace un poco, pero desconozco el motivo. Tiene  la primavera sus locuras. Basta una de sus horas para enamorarse. Doscientos veintidós días marcianos dan para mucho, pero los noventa terrestres también.

Volviendo a la cosa científica, creo que las versiones vulgares de la ciencia más que aclarar las cosas las ensombrecen. Decimos los legos como yo hielo seco, anhídrido carbónico,  y creemos que por saber decirlo entendemos algo.  Menos mal que no hace falta entender, que esta maravilla que hoy empieza no necesita explicaciones, que todo lo que se diga resta, hasta incluso el susurro Luis de León:

¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido! 

Si allá en Marte el hielo se derrite, en un escaparate un maniquí se descalza:


jueves, 17 de marzo de 2016

No me acordaba de que Caran d'Ache quiere decir lápiz

Je me souviens que "Caran d'Ache" est une transcription francisée du mot russe qui veut dire "crayon" (G. Perec)





martes, 15 de marzo de 2016

La vita, sai/C'est la vie. Galicismos que petan el italiano

En la transcripción del audio que incluyo a continuación aparecen en cursiva los galicismos,  con raíces más o menos largas y uso más o menos extendido en italiano. En cualquier caso, un buen diccionario italiano recoge más del noventa por ciento de ellos. En cuanto a los plurales, he seguido un criterio variable, acogiéndome en la transcripción a las indicaciones del diccionario Sabatini Colletti, que a menudo propone el plural afrancesado y también la consideración del término en cuestión como invariable. Seguramente, la pronunciación de muchos nativos italianos correnpondería a una ligera adaptación de la fonética francesa a la italiana, allí donde se parecen menos los fonemas de las dos lenguas. La pronunciación afrancesada del locutor, que apiñona la boquita, resultaría en algún caso afectada. En otros, no tanto.

C’est la vie

Come ogni mattina, al dolce suono del carillon, Henriette si sveglia e accende l'abat-jour, apre la finestra che dà sul parterre, si infila il bustier, le culotte, i collant e si lega i capelli in uno chignon, con un foulard.
Per non restare in deshabillé, sopra la lingerie indossa un tailleur beige, e in una nuvola di eau-de-toilette sceglie tra i bijoux una parure con collier, che le mette in risalto il décolleté.
Dopo aver dato il gourmet al suo bichon frisé, Henriette tira fuori dal garage la coupé cabriolet, per recarsi alla boutique di una griffe à la page, quando en passant, uno strano déjà-vu, le fa imboccare un cul-de-sac.
Arrivata alla boutique, Henriette compra un tutù di tulle con paillette e inserti in lamé, e fa colazione con dei bignè, un croissant e una crêpe, prima di recarsi a uno spettacolo di ballo burlesque e cabaret. Si prepara all'ouverture indossando il tutù, e di fronte al pubblico si esibisce in una révérance, un plié e un arabesque, ma, mon Dieu, Henriette non ha il physique du rôle per essere un'étoile, e la sua première diventa un exploit di gaffe.
Per riprendersi dalla bruciante défaillance come soubrette, Henriette si concede un pranzo in un bistrot, dove mangia una baguette, delle omelette al tartin con champignon flambé e per dessert, un profiterol e della crème brûlée, accompagnata da una flûte di champagne, offerta da un sommelier col papillon.
Sfoggiando charme e nonchalance, Henriette si allontana senza pagare il conto con lo spirito da vera bohémienne. Si reca quindi allo chalet, dove con il suo savoir-faire esercita la professione di cocotte, e il concierge la accompagna in una suite, per un rendez-vous con un noto viveur con il toupet, amante di bondage, che le propone un ménage à trois con un clochard. Ma il povero clochard non può permettersi il cachet di Henriette, e si deve accontentare di toglierle una guêpière, prima di fare ritorno alla roulotte senza aver soddisfatto le proprie fantasie di voyeur.
Dopo il tour de force con il viveur, Henriette porta i soldi nel caveau, e fa tappa in palestra per cyclette e tapis rouland. Indossa una camicia di chiffon coi volants, una longuette bordeaux a pois col plissé, e sceglie una pochette in pendant con la longuette, per prapararsi a un tête-à-tête con un gigolo, con cui ha un affaire.
Ma lui, astuto tombeur de femmes, che lavora come croupier alla bouvette del casinò, d'emblée, le da forfait. Per superare l'ennesima débâcle, Henriette,  visita il vernissage di un atelier, dove ammira i quadri in trompe-l'oeil, dipinti en-plein-air, si concede una manicure, e indossato un gilet di lapin, si reca a una degustazione di nouvelle cuisine, dove riesce a entrare grazie a un passe-partout che si era procurata con un escamotage degno di una femme fatale da film noir. Scegliendo dal menu à la carte, ordina del camembert, del pâté de foie gras e la specialità dello chef, un trionfo di escargot su un letto di cordon bleu ricoperto da crème chantilly.
Henriette si abbuffa soddisfatta, senza preoccuparsi della silhouette, e giunta a casa trascorre la serata davanti alla tv gustandosi un frappé in una comoda salopette. Guarda una réclame, un drammatico reportage, un vecchio classico d'essai e, sdraiata sulla moquette, si dedica al découpage, al bricolage e fa anche un collage, ritagliando brochure e dépliant.

Terminato il film d'essai, indossa un négligé e con la sua mise molto chic e un po' osé, spegne l'abat-jour, senza perdere il bon-ton. C'est la vie Henriette, cadere nei cliché per sfuggire alla routine.

lunes, 14 de marzo de 2016

Reedición de Azúas (¡Ave Félix!). Al hilo de la actualidad académica: 1. Aunque si de mí dependiera. Fomento de la confusión lectora; 2. Cruce de citas: El mudéjar aragonés y Gaudí, pasando de lejos por Brunelleschi y resumido por Azúa; 3. Azúa, Felix de, Autobiografía sin vida, Mondadori,2010; 4. F. de Azúa, dux del ingenio productivo.

1. Aunque si de mí dependiera. Fomento de la confusión lectora.

When I hold you in my arms (oh yes)
When I feel my finger on your trigger (oh yes)
I know nobody can do me no harm (J. Lennon)

“Aunque si de mí dependiera me limitaría a citar este verso: “Bajo el palio sonrosado de la luz crepuscular”, como uno de los mejores de Jaime Gil de Biedma, aunque es de César de Haro y lo cantaba Jorge Sepúlveda. Y este otro: “Reloj, detén tu camino/porque mi vida se apaga”, ¿no podría ser de Antonio Machado en lugar de de Los Panchos?

(Azúa, Félix de, Autobiografía de papel, Barcelona, Mondadori, 2013, p. 66)

2. Cruce de citas: El mudéjar aragonés y Gaudí, pasando de lejos por Brunelleschi y resumido por Azúa.

(Gaudí) “ …se veía a sí mismo como un artesano, no como un teórico. Decía, y sin duda tenía razón, que había aprendido las complejas curvaturas y estructuras de las membradas observando a su padre golpear el hierro y las láminas de cobre…Eso explica casi todo lo que es preciso saber para entender que Gaudí no fuera un arquitecto moderno, en el sentido de modernidad de Mies-Gropius-Le Corbusier. A diferencia de estos, incluso a diferencia de sus contemporáneos catalanes…pensaba en términos de espacio manual, no conceptual. Otros se dejaban guiar por la cuadrícula; a Gaudí no le servía para nada. Su obra madura no podía ni empezarse a imaginar a partir de un simple dibujo…A Gaudí no le gustaba dibujar, el dibujo no conservaba suficiente información sobre los complejos volúmenes y espacios huecos que tenia en la cabeza. Prefería hacer maquetas, de madera, de papel, de arcilla o con nabos recortados”. (Hughes, Robert, Barcelona la gran hechicera, Latitudes, National Geographic, 2005, p. 120-121. Trad. Esther Roig)

“Conviene recordar que las incomprendidas torres de ladrillo de Aragón se erigieron a raíz de un levantamiento de la albañilería contra la arquitectura, y el gusto de mirarlas se acrecienta – aunque, a decir verdad, a costa de hacerse algo bastardo- imaginando la rabia  y el horror que le producirían al pétreo y aplastante Buonarroti” (Sánchez Ferlosio, Rafael, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, Ed. Destino, 2001, p. 17)

“Brunelleschi es el primero en pensar la arquitectura como espacio, o sea como la manifestación  -la única posible- de una ley constructiva del universo que solo puede revelársele al hombre, ya que el hombre está dotado de razón, y dicha ley, que no es otra que la ley divina de la creación (la “divina proporción”), es racional por excelencia” (Argan, Giulio Carlo, Brunelleschi, Xarait ediciones, 1981, p. 97. Trad. carlos Martí Arís

“Las artes eran oficios practicados por artesanos como los escultores en piedra, los pintores…, pero también los pescadores, o los carpinteros, sastres, zapateros. Si lo que llamamos “artes” se llamaba en Greciatécne y en Roma ars, ello es debido a que la separación entre técnicas y artes obedece tan solo a una exploración desarrollada a lo largo de los dos últimos siglos, pero ni antes se diferenciaron ni parece que vayan a seguir diferenciándose mucho tiempo más. Nada, en su esencia, separa a las artes de las técnicas” (Azúa, F. de, Diccionario de las Artes, Anagrama, 2002, p. 56)


...El libro de F. de Azúa es un magnífico intento de narrar una vida sin recurrir apenas a la peripecia personal, al anecdotario privado. Las fases de la vida del autor, sus sentimientos predominantes, se nos presentan a través de lo que pasa a convertirse en su trasunto histórico artístico, en un difícil pero conseguido equilibrio entre lo intimo y lo colectivo, entre la influencia recibida en tanto que miembro de una generación y la lectura singular del mundo. Y todo ello, la historia del arte y la vida misma del autor, entendido como una elegía de la inocencia irremisiblemente perdida y apenas reencontrada en fragmentos casuales que se cruzan inesperadamente por el camino. Pero de esas experiencias dice preferir hacer tesoro silencioso el narrador en una especie de invitación al silencio y al goce callado.

4.  F. De Azúa, dux del ingenio productivo.

Félix de Azúa decía hace poco que se iba a jubilar para poder trabajar sin distracciones. A mí lo que más me gusta de este poeta, novelista, ensayista, profesor, gestor cultural, articulista, bloguero son sus gracias. Los libros de humor puro, como los programas televisivos de humor, me resultan muy difíciles de soportar.
A menos que su autor sea uno de los pocos genios del género que ha dado la humanidad o que se trate de obras muy breves, lo que empieza por hacernos reír acaba mortificándonos. Será quizá, porque el humor, como todo lo intenso, necesita de mucho paréntesis reestablecedor de la calma. Azúa es un maestro en estas cuestiones.
Dos de los libros con los que más me he reído son suyos. Uno es el Diccionario de las Artes (Barcelona, Anagrama, 2002. La edición original, de 1995, pertenecía a la colección Diccionarios de autor, de Planeta) y otro, que es el que aquí nos interesa, Venecia de Casanova (Venecia de Casanova, Barcelona, Planeta, 1990). De ninguno de los dos recuerdo apenas nada, salvo las risotadas que me produjeron. De otras obras suyas que he leído, como Las lecciones suspendidas o Historia de un idiota contada por él mismo no recuerdo nada de nada.
En Historia de un idiota contada por él mismo (Barcelona, RBA, 1994. la primera ed. es de 1986) , según M. Sarrión, “hay páginas desternillantes” sobre el grupo de los novísimos (Martínez Sarrión, Antonio, Jazz y días de lluvia, Madrid, Alfaguara, 2002, p., 62). Yo no las recuerdo.
Como articulista, Azúa es muy brillante. Buena prueba son las Tribunas de El País. La última, al hilo de la exposición que se celebró en el Prado  (El arte del poder. La Real Armería y el retrato de corte), era estupenda:
Alguna de las voces del Diccionario de las Artes es ejemplo de lo lejos que puede llegar el ingenio culto productivo mezclado a la ironía a la hora de enseñar cultivando. El libro sobre Venecia tampoco tiene desperdicio. La tendencia de Azúa a vacilar cuando lo que está tratando le provoca distanciamiento por falta de fe o desilusión hace que el discurso adquiera un tono cómico admirable. Seguramente, el fragmento que he escogido no les haga ninguna gracia, pero les aseguro que los hay mejores, aunque, por otro lado, a mí me resulta que este no está nada mal.

El volumen hacía parte de una magnífica colección de monografías dedicadas a momentos históricos de algunas grandes capitales europeas:
Mancha que limpia: muchos de los ejemplares de esta colección, Ciudades en la Historia, acabaron siendo saldados en grandes almacenes. 


He aquí el fragmento sobre los cafés venecianos y el Florian:
Azúa, op. cit., 113-14.

Papa terminar, reproduzco dos estampas que retratan a Azúa como príncipe del ingenio, de esa chispa inteligente que a J. A. Marina le cuesta concebir como verdaderamente productiva.

1994- Marzo:
Pániker, Salvador, Cuaderno amarillo, Barcelona, Plaza y Janés, 2000, p., 210-11.


José María Caballero Bonald habla de su primer viaje a Barcelona a finales de los años 50. En un momento dado trata sobre sus contactos con los jefes de Seix Barral. Azúa, nacido en 1944 ya prometía. Quizá no tuvo buen señor poético.

Caballero Bonald, José Manuel, La costumbre de vivir, La novela de la memoria II, Madrid, Alfaguara, 2001, p., 195-196.