adiós

miércoles, 30 de julio de 2014

Lila, Atenea o Melusina de arrabal, y su amiga Lenú. Los tres primeros volúmenes de la tetralogía de Elena Ferrante.

R. Estudié Lenguas Clásicas y de joven traduje mucho, por placer, tanto del griego como del latín. Quería aprender a escribir y se me antojaba un ejercicio perfecto. Luego no tenía tiempo suficiente y lo dejé. Dice que se nota esa formación en los libros y la creo gustosamente, pero siempre he pensado que mis mujeres, más que atrapadas en el destino, estaban encerradas en compartimentos histórico-culturales (Entrevista digital a E. Ferrante)


Que Lila tiene los superpoderes de una diosa queda claro enseguida. Ya de niña es capaz de salir volando por la ventana. Cierto es que lo hace propulsada por la fuerza de su padre. Hasta ahí, pase, no por ello se desmentirían sus genes divinos, los dioses niños no dejan de ser niños. El padre es zapatero remendón, es cierto, pero en el Olimpo también abundaban las profesiones manuales. Si no recuerdo mal, Vulcano era herrero y Neptuno una especie de fontanero de los que meten sablazos. Lo verdaderamente sospechoso del vuelo de Lila es el aterrizaje en un patio de un barrio de poco después del Napoles ‘44, y sobre todo el daño que se hace en un brazo. Eso sí que son cosas folletinescas de arrabal. Los hechos memorables del personaje, indicios prematuros de estar tocada  por los dioses –también tocada de la cabeza, en la lectura folletinesca– marcan toda su vida, a medio camino entre la sórdida realidad y la trama mitológica, hasta el final del tercer y, por ahora, último volumen de este ciclo de L’amica geniale con el que he pasado algo más de una semana estupenda.

En español:

 un mal nombre-elena ferrante-9788426421739 las deudas del cuerpo-elena ferrante-9788426401489

- La amiga estupenda, Elena Ferrante, trad. Celia Filipetto, Barcelona,  Lumen, 2012, 392 págs., 24.90 €
- Un mal nombreElena Ferrante , trad. Celia Filipetto, Barcelona Lumen, 2013, 560 págs,, 24.90 €
- Las deudas del cuerpo, Elena Ferrante, trad. Celia Filipetto, Barcelona Lumen, 2014, 480 págs,, 23.65 €

En italiano:


- L’amica geniale (Infanzia, adolescenza), Elena Ferrante, Roma, Edizioni e/o, 2011, p. 327, 18’00 €.
- Storia del nuovo cognome (L’amica geniale, Vol. 2º, Giovinezza), Elena Ferrante, Roma, Edizioni e/o, 2012, p. 470, 19’50 €.
Storia di chi fugge e di chi resta (L’amica geniale, Vol. 3º, Tempo di mezzo), Elena Ferrante, Roma, Edizioni e/o, 2013, p. 382, 19’50 €.

Está prevista la publicación del cuarto y último volumen para el próximo otoño.

La obra gusta a grandes y medianos, a adolescentes y abuelos como yo, a mujeres y hombres de corazón,  y es que entre semidioses y macarras está cubierta buena parte del espectro humano, de sus virtudes y defectos, de su rebeldía y mansedumbre. Además, tiene como fondo mucho de la historia de la primera república italiana, usos y costumbres populares, la navidad en Nápoles, las vacaciones de verano en el mar, la vida escolar, la violencia doméstica, los años de universidad. Y algunas de esas cosas están narradas con un tinte dramático muy logrado por momentos, como los amores (de verano), simples caprichos que adquieren el dramatismo que conviene a una narración que oscila entre el folletín y la épica mitificadora, allí donde nació la novela, en el paso de lo heroico a lo pequeñoburgués, como conviene a las dos protagonistas. Una de ellas es Lila, doppelgänger de Lenú, la otra protagonista, hija de ujier, con aspiraciones sociales a través del arduo camino del estudio (Normale di Pisa), la cultura (dos libros publicados, por ahora), y los finos saraos de la gente bien. Su ventana al norte no es la de la sabiduría intuitiva, la del irrenunciable compromiso con implícitas leyes sagradas, como ocurre en el caso de Lila, tan capaz de creer como de descreer. Lenú se deja seducir más por los discursos explícitos, en un difícil equilibrio, de nuevo folletinesco, entre la mejora de las condiciones de vida, sus aspiraciones sentimentales y sociales, y el parte metereológico de su corazón, condicionado por la borrasca de un prematuro matrimonio al que ha llegado corta de experiencia. Su marido la desatiende pero, anónimo héroe civil en años de demagogias pseudoizquierdistas, es un filólogo  que sabe limitar las juergas (báquicas) a los libros. Ella, sin embargo, en la conclusión del tercer volumen, está a punto de volar a Francia, encelada con  Nino, semidiós casquivano este, especialista en sottotesti y sottovesti.
Quizá, como en algún momento se señala, Lenú es solar, pero el sol también tiene manchas. En cualquier caso, si así fuera, habría que pensar que Lila es lunar, en una modalidad de oposición complementaria yinyangesca que no me resulta del todo productiva . Lo cierto es que Lenú dice de Lila que es imprevisible. A mí no me lo parece, sino que más bien, en el juego de intercambio de papeles, es ella la que querría serlo. Ya veremos qué pasa  en la cuarta entrega de la obra.
Lila, mi preferida, quizá, es tan griega como medieval, por lo menos en ese rione napolitano de  viejas comadres y bandas de adolescentes en flor  para quienes Nápoles, la ciudad que tienen al cabo de unas paradas de autobús urbano,  se convierte por momentos en scimmia di luce e di follia (Conte, Genova per noi). En medio de ese paisaje abigarrado de camorristas, artesanos, acomodaticios poetas pomicioni, prósperos tenderos, enriquecidos prestamistas, brilla Lila Melusina, griega en la olimpiada matemática del colegio  y  griega también  en el ascenso a la casa de  Ἥφαιστος, encarnado en el usurero Achille, por quien le será reconocido su valor e importancia mediante la correspondiente indemnización (¡Como si un dios camorrista resarciera de los daños sufridos por su culpa a cualquiera!); pero es melusiniana cuando oculta al marido que es un ser superior, no haciéndole partícipe de su singularidad, la smarginatura, un extraño síndrome sagrado. Y también es melusiniana en la concepción del hijo, un vaina de aúpa, fruto corrupto de un cruce de universos. No sé si queda del todo claro por ahora quién es el padre. Desde luego a mí no me lo ha quedado. Pero, poco importa, el designio de la  Melusina medieval es tener un hijo humano y basta.
Dejando a un lado la mayor o menor sintonía con el estilo de la Ferrante, que sin duda lo tiene y bien marcado, cabe señalar que la constante información que se nos proporciona sobre el uso del italiano y del dialetto en situaciones y estados de ánimo que lo propician podría haberse traducido en un verdadero empleo. Sin embargo, el dialetto, término que, contrariamente a lo que ocurre en la tradición filológica española, en italiano sirve para referirse a verdades lenguas, más que a variantes locales del italiano, está muy poco presente en la obra. La narradora, Lenú, es algo relamida en esas cuestiones, pero un poco de rigor filológico no  habría estado de más.
Después de casi 1200 páginas, me queda la sensación de que la narración va perdiendo algo de intensidad a partir del segundo volumen, aunque melodramáticamente cada vez vuele más alto. No sé, quizá porque la infancia es el verdadero infierno, en el descenso al Hades a la búsqueda de las muñecas (las muñecas, uno de los grandes topoi de la Ferrante) o en la escalera hacia la casa de Don Achille, he sentido que se me hacía un agujero en el estómago, un principio de mi propia smarginatura, un resto de  las emociones que busco en la buena literatura. En los episodios de la adolescencia tardía, los amores con Nino, la boda, todavía queda algo de  pureza stendhaliana mezclada a los enredos mitológicos, esos enredos que me ha hecho recordar por momentos otra novela de trasfondo heroicocotidiano, Los infinitos, de Banville,  aunque aquí los dioses estén menos escondidos. Tengo la impresión de que según avanza la obra magna de la Ferrante la confluencia de esferas, del mundo real y el irreal, la invitación a una lectura fantástica con amarre tardo neorrealista -no lo contario- se decanta más por los enredos y tropezones de la vida adulta, la historia menuda, la anécdota novelesca, y eso ya me interesa menos. Queda la smarginatura, sin embargo, como puerta de entrada a la otra esfera, la de la creación que busca un marco mitológico para lo narrado. Amiga real y amiga prodigiosa, como se ha traducido en francés el término geniale, porque al realismo "es bueno darle un compañero que lo estimule, lo active y desempeñe el papel de su demonio" (Goethe, Fausto), según figura en la cita que abre todo el ciclo.

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