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martes, 11 de junio de 2013

Miguel Ángel en la cueva de sus sueños: los graffiti ocultos bajo la Sacristía Nueva de S. Lorenzo


Firenze, i disegni segreti di Michelangelo
No se pueden ni se podrán visitar. Solo los estudiosos y supongo que las visitas ilustres pueden acceder a las habitaciones en las que Miguel Ángel estuvo escondido durante tres tórridos meses de 1530. Temía por su vida si Florencia caía en manos de las tropas de Carlos V. La rendición se firmó en agosto y la familia Medici, aliada del emperador, retomó el poder. Miguel Ángel acaba huyendo y, declarado prófugo, salva el pellejo solo gracias a un intercambio de favores con el Papa Clemente VII, otro miembro de los Medici. A cambio de su vida, deberá retomar los trabajos de la Sacristía Nueva, una de sus obras cumbre, en honor, por cierto, de Clemente y de su familia.
Durante su estancia bajo tierra, Miguel Ángel pinta en las paredes al carboncillo unos graffiti en los que se replantea algunas de sus obras, proyecta otras, revive imágenes vistas en los años pasados y quizá se autorretrata. Piensa sobre todo en su David, el joven y algo y todavía desmañado adolescente que con el arma del ingenio ha conseguido derrotar a la fuerza bruta del gigante.
No es que se vaya a poder entrar en esta cueva de los sueños, que fueron descubiertos en 1975 durante unos trabajos de reforma, pero al menos se podrá hacer una visita virtual que completa el amplio recorrido por la obra del artista que permite la visita a Florencia.
Lo esencial del garbeo florentino por las obras de Miguel Ángel hasta ahora era ir a la Galleria dell’Accademia -creo que entre los cinco o seis museos más visitados en Italia, con  lo que eso significa- pasear por la Galleria de los Uffizi, y bajar a la Sacristía Nueva después de haber recorrido las escaleras de la Biblioteca laurenziana.  Volver a casa sabiendo que a pocos pasos había unos grafitti más íntimos, hechos en batín por el genio, como si a Beethoven le hubieran grabado silbando en su casa, tenía su punto. Lo contrario, ir a Florencia unicamente para pasar un rato en la celda de Miguel Ángel, también lo hubiera tenido. Ni se podrá ni se podrá hacer tal cosa. Bien está. Todo sea por la integridad de las obras. Contentémonos con la  visita virtual in situ, que, por cierto, no pienso hacer, y con las magníficas fotos que publica Repubblica, que no me canso de mirar.

(Fuente de las imágenes) (Foto Cge Fotogiornalismo)

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