
Correspondencia. Carmen Martín Gaite-Juan Benet . Edición de José Teruel
Editorial: GALAXIA GUTENBERG
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788481099294
Año edición: 2011
Plaza de edición: BARCELONA
240 págs
20€
Leo con retraso las cartas cruzadas entre Benet y Martín Gaite y renuevo mi admiración ante lo que ya sabía, que Benet es capaz de encontrar una aguja en un pajar y convertirla en el oro de un impecable e ingenioso discurso abstracto, en un análisis hondo y al tiempo entretenido de aquello de lo que trata. Su compromiso era consigo mismo, o, para decirlo en términos más cercanos a sus planteamientos, con ese yo interior al que se dirige su discurso, tan exigente como ajeno a complacencias externas. El compromiso de la escritura de M. Gaite también era, como no podía ser menos, consigo misma en tanto que receptora de su propio discurso, pero ese yo que validaba sus obras tendía a ponerse en el lugar de un lector ideal colectivo, al que quería proporcionar discursos claros. Una poética clásica la de ella, podríamos decir, frente a otra más aventurera, la de él, quizá más antojadiza, aunque en ningún caso menos exigente y rigurosa. Seguramente, la doble actividad de Benet, una vinculada al negocio, como ingeniero, y la otra cercana al ocio, como escritor, puedan dar una explicación materialista de lo dicho.
En un momento dado, a M. Gaite le cuesta ponerse a redactar la que acabará siendo su obra sobre Macanaz. Pide entonces consejo a su amigo, quien le contesta con una de las cartas más interesantes de esta correspondencia. En ella, viene a decir a la escritora que en la elaboración del libro se está cruzando su alma de novelista con el proyecto historiográfico en el que se ha embarcado:
Me parece que hay algo ahí que rechina. Se diría que del Archivo Histórico tratas de sacar el material para dar cuenta cabal de un individuo (…) Al intento de penetrar en cierta intimidad suya el difunto opone una resistencia tenaz…El difunto se aparece como una ciudad amurallada al sitiador: a unos pasos de ella y rodeándola por todas partes apenas la conoce sino por unas torrecillas, uno tejados, unos reflejos de la luz en sus cristales. Me imagino que ha de ser una tortura para el novelista avasallador, acostumbrado a entrar a saco en cualquier intimidad y a no encontrar sino una débil resistencia dentro del carácter más duro, enfrentarse con una situación ante la cual no puede avanzar un aso más…
O sea, ese recelo a dar con la forma final y representación histórica del difunto es un recelo del escritor de ficción; ese miedo a etiquetarle y a escribirle la esquela no es miedo del historiador, que siempre, o casi siempre, trata de cosas muertas…Ese respeto, mezclado de perplejidad, que infunde la figura del difunto…está fundado en un sentimiento de amistad que sirve no poco para disimular mucha vacilación a la hora de retratarle (p., 115)
Valga este botón como muestra de lo que más resplandece en las cartas, el afán de avanzar por la senda de la verdad, el anhelo de descubrir matices ocultos, nuevos aspectos inadvertidos. Poco importa lo que haya que decirle al otro, y a veces son cosas que podrían provocar serios enganchones (véase, por ej. la carta 57). La suya es una amistad basada en criterios que van más allá de lo personal, en el convencimiento de que, por encima de los dos, se halla una realidad a la que hay que rendir pleitesía y de la que la razón puede intentar hacerse cargo cabalmente a través del análisis. Ser contradicho por el otro es seguramente la mejor manera para seguir esa senda que lleva a plantearse cada vez con mayor hondura cualquier aspecto. Solo al final se nota desfallecer a la pareja, más a Benet, que da la impresión de desatender el formidable diálogo.
Postal de Calila a Juan. Nótese la posición del sello.
Por lo que a sus obras de creación se refiere, de los pactos tácitos sobre los se apoya su amable relación, parece derivarse la disponibilidad a aceptar cualquier crítica, con el convencimiento de que es sincera, pero no entendida esa sinceridad como un prurito narcisista de decir la verdad por decirla. ¡Claro que, paso previo a esa aceptación cálida de la crítica, se halla la consideración de que la propia obra es mejorable, de que hay en ella ingredientes, tonos, personajes, que pueden integrarla más armónicamente!Con tal de que así sea, todo reparo puesto por el otro, cuya perspicacia es aceptada sin chistar, será bienvenido y convenientemente analizado, no vaya a ser también haya que ponerle peros.
Amistad ejemplar, pues, esta, entre quienes, lejos de enrocarse en el carácter sacrosanto de la opinión propia están dispuestos al esfuerzo y la renuncia con tal de afinar sus criterios. Que la opinión se asocie hoy en día tan a menudo al presunto respeto que se merece quizá sea indicio de que a menudo sería mejor no respetarla, por lo menos en los términos en los que tantos reclaman ese respeto, por el simple hecho de que se trata de su opinión, expresada sin siquiera argumentos que la sustenten.
Atentamente y hasta pronto,
J
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada