miércoles, 5 de mayo de 2010

La mala sombra del gigante Cierzo en el Parque del tío Jorge. Zaragoza, 4-5-2010.

Una tremenda escaramuza.

Cierzo tenía un hacha muy pesada y con ella fue contra el primer árbol, decidido a hacer de él dos pedazos, o tres a lo sumo. El árbol, gracias a su agilidad, esquivó el golpe y quiso herir al caballo del jayán Cierzo, pero solo lo alcanzó con la punta de una rama e hirió a su dueño en una pierna. Cierzo, por la saña que tenía, no lo sintió y volviéndose al árbol le clavó el hacha en el tronco y lo derribó a tierra. El árbol le dio con otra rama en el brazo al tiempo que decía “que te pego, coño” y le cortó el chándal y le hirió las carnes. Cierzo pugnó por arrancar el hacha del tronco, pues se había quedado hincada en el leño y él, por tanto, desarmado. El árbol también procuraba arrancar de su ser objeto tan molesto. Fue entonces, a resultas del esfuerzo, cuando perdió pie y dio con sus ramas en el suelo. En ese momento el hacha quedó en manos de Cierzo, pero pesaba demasiado y como estaba herido en una pierna tuvo que hincar un rodilla en tierra. El árbol levantó otra de sus ramas y quiso ir contra Cierzo. Le dio un golpe tan fuerte en la cabeza que le hizo saltar el yelmo. Al verle tan cerca, creyó que podría cortarle la cabeza. Y le cortó los pelos a cercén, pero la rama no llegó a la carne. El jayán entonces se apartó y la rama dio en tierra en unas piedras y se quebró por la mitad. Los otros arbolillos y las plantas famélicas que estaban de rodillas por allí cerca creyeron que la rama había hendido la cabeza a Cierzo y se agitaban y daban grandes crujidos de contento. Mas Cierzo se arrancó los restos maltrechos de yelmo y se tentó la cabeza por ver si estaba herido. Al no sentir nada de nada fue en un último esfuerzo con el hacha levantada contra el árbol, que comenzó a temblar en el suelo, y le dio un golpe tremendo en el tronco. El árbol se agitó con la angustia de la muerte.

A esa sazón, el padre del árbol se había inclinado sobre su hijo y con sus hojas trataba de detener la sangre de sus heridas. Cuando lo vio muerto, empezó a blasfemar.

Cierzo le dijo:

- Desesperado de Dios y de tu bendita madre, ahora pagarás tú tus grandes ofensas.

Y haciéndole quitar las hojas de las heridas de su hijo dijo también:

- En guardia, coño.

El árbol no hacía más que maldecir a Dios y a los santos. Cierzo arrancó el venablo que había quedado clavado en su caballo y se lo metió por la espesura y después se acercó a los otros árboles. A todos les dio tunda tremenda. Por fin,  se apartó un rato a descansar y hacer pis en el lago, que llenó por completo (vid. foto).

Los alguaciles pusieron los cuerpos de los árboles en sus carretas y eran tan grandes que las ramas iban colgando fuera de ellos. Las planticas famélicas que habían sobrevivido lloraban y así entraron en la ciudad de Zaragoza, donde todos quedaron maravillados de las hazañas del gigante.

Y de noche, Cierzo se dirigió al castillo. Allí le esperaban otro par de ventoleras. Con su ayuda saltó el muro y se encontró en los brazos de Oriana.

(Pseudo Cierzo de Gaula)

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2 comentarios:

  1. Pero que contrariedad, el gigante cierzo solamente rompió árboles... Los dioses están dormidos, o tan vez vayan con los malos.

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  2. Incluyo en la entrada descripción detallada de parte del combate para que quien tenga que poner su barba a remojar lo vaya haciendo.

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