Exposición conjunta con la escuela de Arte de Huesca

lunes, 8 de febrero de 2016

Literatura, vida y realidad, a tope ayer en el periódico

Se llenó ayer El País de disquisiciones sobre literatura y vida, aunque era domingo y no sábado, que es el día de Babelia. Mi conclusión es que casi siempre la vida (zona privada de la realidad toda) es un asquito, lenta desilusión que se convierte en topetazos al cabo de unos cuantos años -y vuelta a empezar. Pero qué sería de la literatura si no existiera esa realidad.
En cuestión de encuentros, quizá el mejor de mi adolescencia tardía fue Clelia, aunque no olvido detalles de la princesa Micomicoma, tan clara de piel que se le veía el vino pasar  por el pomo di adamo (nuez, para los prosaicos), de forma que siempre quise besarla. Antes, había estado enamorado de la novia de A. Adamov, pero a esa casi no la recuerdo. Me queda solo su foto cubierta de tiras de celo en una carpeta. Hace no muchos también tuve un affair (amorazzo) con Natasha, aunque también me atraía la princesa María. Pienso en la dificultad de elegir, en la grandeza moral que supone y pienso en especial en Machín, que decía querer a dos mujeres a la vez.
Pienso en todo eso y me digo que si no hubiera sido porque de camino al trabajo, después de comer, en el váter, un rato al levantarme, en fin, metido en la grietas de la realidad, podía leer aquellas páginas, no habría conocido lo mejor de la vida, la literatura que habla de la vida. No hay una cosa sin la otra y viceversa.

Recojo unas cuantas citas del País de ayer:

"¿Qué le preocupa de la realidad, de lo que es verdaderamente real? Juan Marsé me ha dicho más de una vez que me acerco “cautelosamente a la realidad”. Y yo todos los días me acerco cautelosamente a su frase. La estudio, la pienso, trato de averiguar qué ha querido decir. Sólo sé por el momento que la realidad es dolorosa, no descubro nada. Pero encontramos también a la realidad en el descubrimiento de que la literatura es lo mejor de la vida. Pero lo es a condición de que la vida sea lo mejor de la literatura". (Vila-Matas)


"Diré que no poseemos más conciencia que la literatura; que su función como conciencia es la de informarnos de nuestra incapacidad de aprehender el horrendo peligro de la fuerza nuclear. La literatura ha sido la salvación de los condenados; la literatura, la literatura ha inspirado y guiado a los amantes, vencido a la desesperación, y tal vez en este caso pueda salvar al mundo". (Fresán cita a

"En el taller de escritura hablamos mucho de la conversación como materia narrativa, así que envié a toda la clase a escuchar conversaciones. Tenía gente en el tanatorio, en el metro, en el autobús, en diferentes bares y cafeterías, en el mercado, en la consulta del pediatra, en el especialista de la piel… Yo mismo formé parte de una patrulla que recogió conversaciones de museo. No dejamos sector por cubrir en la idea de disponer al menos de un diálogo por situación novelesca. Estuvimos dos semanas transcribiendo las conversaciones grabadas y analizándolas sin hallar nada de interés en ninguna. Resultó que en los tanatorios se hablaba como en los tanatorios, en los autobuses como en los autobuses, en los bares y cafeterías como en los bares y cafeterías, etcétera". (J.J. Millás)


"Pero veo de un tirón los 10 capítulos de la primera temporada de la danesaBorgen y flipo. Con su argumento, su credibilidad, su ritmo, sus actores. Es muy buena. Y me habla modélicamente de una realidad fatigosa que vive nuestro enfangado país. Después de las elecciones no hay forma de que los partidos lleguen a un acuerdo para gobernar el país. Y comienza el yo te doy si tú me das, el transfuguismo, las alianzas que parecían imposibles, los chantajes entre colegas. Da igual su ideología. Se trata de pillar poder. ¿Les suena esta turbia movida?" (Boyero)

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