Viaje a Francia en 2016

domingo, 2 de abril de 2017

Muere Pániker, el teórico del retromasallá

Mi Pániker es el de las memorias, una mezcla de burgués liberal teñido de toques de jipi acomodado (¡Qué magnífica Menorca la que describe en sus memorias!) con afanes de comprender la complejidad del hombre e ínfulas mistico sensuales. Un tipo bien interesante que hizo un gran negocio, un golpe, esa idea genial, hacerse rico de una vez para siempre, como en tantas películas. Pániker, o Panikkar, como se hacía llamar su hermano, quién pudiera llamarse así, una mezcla de inglés utilitarista,  indio catalán y libido latina (¿Por qué no se me olvida en encuentro con la escritora pelirroja, amiga de escritores?).
Pero mi Pániker es también el anciano de los cuadernos amarillos, al que no se le apaga el deseo, pero lo quiere trascender, quizá como vínculo con un retromasallá que sentía latir cada vez con más fuerza. Es ahí, donde yo, ateo irredento, me interesé por esas puertas entreabiertas que describe hacia la trascendencia, cómoda, eso sí, desde su chalet barcelonés. Un hombre, en fin, de otra época, de otra clase, de otra cultura, de otra pasta, pero en cierto sentido, un semejante que decía aquello de retroponme la mano ahí, JX.

He aquí unas cosas suyas sobre la religión a la carta, la automedicación espiritual:





Dicho de otro modo: la divinidad tiene poco que ver con Dios. Hoy comprendemos que en términos histórico-culturales el fundamentalismo monoteísta –con todos sus anexos: Verdad, Belleza, Bien, los grandes términos en mayúsculas…los monstruos de la razón construidos para atajar la provisionalidad y la incertidumbre- el fundamentalismo monoteísta, digo, es responsable de toda la intolerancia fanática que ha emponzoñado el mundo. (Paniker, ibid, pág 57).
Pues bien, uno sigue sintiendo en lo más hondo esta exigencia de fe, esta necesidad de confiar en algo. No es que uno crea que la vida tenga sentido, pero uno siente la necesidad de poder abandonarse. (Paniker, ibid, pág. 152).
 Pániker, Salvador, Cuaderno amarillo, Barcelona, Plaza y Janés, 2000, págs. 153-54.



(Siempre, que bien poca cosa es, salvo para mí, recordaré al mismísimo A. García Calvo entrar en clase de latín, al poco de volver de su exilio parisino, y ponerse a recitar a F. Luis de León, Te vas pastor y nos dejas…. Debía ser el día de la ascensión o asunción, no sé, que esas cosas me interesan poco, aunque, la verdad, en términos castizos, la diferencia entre una y otra equivale a ir en taxi o ser taxista de uno mismo, que no es poco. También recuerdo la enorme penitencia de mi primera y última confesión, diez credos y diez ave marías. Quizá el sentimiento de culpa me hizo magnificar el dictamen del cura. Salí del confesionario dudando si había dicho seis, diez o dieciséis. Opté por el término medio. Como para pedir aclaraciones. Era un niño. Mundos inhabitables). J. Brox


Zaragoza, tienda de moda cerca de la calle Alfonso.


Your own personal Jesus
someone to hear your prayerssomeone who cares
your own personal Jesus


someone to hear your prayers
someone who´s there

Gran Vía toxic (Amid.cero9). Foto de la exposición Laboratorio Gran Vía.

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