adiós

sábado, 8 de diciembre de 2012

Los muertos. Cuando es más fácil ser visitado por ellos que ir a verlos.

 

Fuente de la foto:showNextPhoto()(ansa)

Los muertos nos empujan hacia delante y nos agarran de los tobillos a la vez. Solo se quedan callados a ratos, menos a veces que cuando estaban vivos, gritan sus imágenes, suspiran sus silencios. Por momentos, nos llevan la contraria, más incluso que cuando estaban vivos. No comen, pero se nos sientan a la mesa, no se duchan, pero nos piden que acabemos pronto en el baño, no van al cine, pero al salir les hablamos a ellos.  Los muertos nos empujan a seguir a trompicones, porque dejan un dolor con regusto de vida amarga, temblorosa, frágil, nos enganchan a una vida convalenciente.

Los muertos no nos matan, porque morirse es un verbo intransitivo, solo nos empujan en direcciones opuestas, nos emborrachan de ayer. Y nosotros, cuando nos cansamos de ellos, queremos seguir, dejar de andar poniendo la punta por delante, dar hasta saltos sin mirar abajo. Y si por un instante nos los quitamos de encima, porque hasta las bufandas de cachemir a veces agobian, nos sentimos ligeros, con la mirada solo al frente, pero olvidamos que son el contrapeso perpendicular al alambre de la vida sobre el que caminamos.

 

Fuente de las fotos de una tumba que obstaculiza la construcción de una gran urbanización en China (Taiyuan, de Shanxi). los actuales propietarios del terreno en donde se encuentra la tumba no han aceptado la oferta de la constructora:

Cina, il complesso residenziale sorge attorno a una tomba(ansa)

Cina, il complesso residenziale sorge attorno a una tomba(reuters)

 

Cina, il complesso residenziale sorge attorno a una tomba (ansa)

2 comentarios:

  1. Me ha encantado el texto. Respecto a las fotos, eso sí que es pegar un buen pelotazo urbanístico con la recalificación de suelo rústico. Se supone que los familiares podrán visitar a su ser querido en un trastero habilitado al efecto.
    En Zaragoza hay un caso similar (pero en el mundo de los vivos): Hotel Rey Alfonso, en Coso nº 15, 8ª planta. El inquilino se negó a irse y no pudieron ni modificar la fachada en ese piso en concreto, que aún mantiene (creo) el ladrillo caravista como muestra de resistencia. Como curiosidad, en este mismo edificio, pero en la 6ª planta, se ubicó durante lustros el antiguo Conservatorio Profesional de Música.

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  2. Sinceras gracias por lo del texto.
    De aquí a poco, el día de difuntos será el día de los trasteros y garajes.
    He intentado ver lo del Coso,15 en google,pero en la imagen todavía están las obras de la esquina con Alfonso y al mirar la fachada no se ve bien. Cuando pase estaré atento. El caso bien merecería un reportaje en periódico y hasta una visita de Evole. Yo conocí uno parecido al principio de Sagasta, donde había una escuela de yoga. Al final la dueña creo que acabó vendiendo a muy buen precio.
    Saludos.

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