adiós

jueves, 17 de mayo de 2012

Con los ojos de un cachorro de perro, pero sin su nariz.

El fotógrafo Jeremiah Warren ha colocado una cámara GoPro, de las que se usan a menudo para tomar imágenes en situaciones extremas ligadas a los deportes de aventura, a un cachorro de perro.  Los perritos, como casi todos los mamíferos, se ponen de pie casi nada más nacer, y en pocos meses están sometidos a un aprendizaje  intensivo del mundo. Supongo que, mientras van acumulando información a través de sus juegos, incidentes e investigaciones, también la van ordenando, pero este video solo permite hacerse una vaga idea del desorden acumulativo, de la intensidad y cantidad de cosas a las que el cachorro debe atender. Lástima que la cámara no tenga olfato, porque la sensación de caos que transmite el video se multiplicaría por mil. Del hecho de que para el perro su hocico hace en parte las veces de los ojos humanos dan prueba los momentos en los que su trufa toca los objetos, como queriéndoles pedir explicaciones sobre su sentido y  presencia, sobre todo cuando se trata de cosas inodoras, por lo menos para  nosotros, los humanos.
El escritor belga Maurice Maeterlinck describió los estadios iniciales de adaptación al mundo de su bulldog Pélleas en Le double jardin, como “un agobiante trabajo que abruma cualquier cerebro al inicio de su vida”:
“Il lui fallait, en moins de cinq ou six semaines, faire pénétrer et organiser en elle une représentation et une conception satisfaisante de  l’univers. L’homme, aidé de toute la science de ses aînés et de ses frères, met trente ou quarante ans a esquisser cette conception ou plutôt à entasser autour d’elle, comme autour d’un palais de nuages, la conscience d’une ignorance qui s’élève; mais l’humble chien doit la debrouiller en quelquels jours”
En Les larmes d’Ullisse, Grenier, Roger, Gallimard, 1998, p., 12
Otra cita de Maeterlinck sobre los perros:
“En todas las formas de vida que nos rodean, ni una, salvo el perro, se alía con nosotros. Es el único ser vivo que ha encontrado y reconoce a un dios indudable, tangible, irrecusable y definitivo. Sabe a quién consagrar lo mejor de sí mismo. Sabe entregarse más allá de sí mismo. No tiene que buscar un Poder perfecto, superior e infinito en las tinieblas, las mentiras sucesivas, las hipótesis y los sueños”.

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