jueves, 4 de abril de 2013

En la orilla, de Rafael Chirbes

“Hablas de ética y parece que suenan los violines cuando –hoy y siempre- la palabra lleva una ofensiva carga de desazón y violencia” (R. Chirbes, en Gracia, J. y Ródenas, D., Historia de la literatura española, 7. Derrota y restitución de la modernidad, 1939-2010, Crítica, 2011, p. 918)

Para leer la última novela de R. Crirbes, En la orilla (Anagrama, 20013), y apreciar sus virtudes casi sería mejor conocer de antemano  el escaso argumento de la obra, a cuya resolución ni siquiera asistimos. Quizá, así, podría entenderse mejor esta  especie de torbellino digresivo que va cerrándose sobre sí mismo según aumenta su intensidad, como ese pasado que para Esteban, el protagonista, se ha “convertido en un alien que se hincha, aglomeración de caras y voces que me llena y presiona dentro hasta convertirse en algo insoportable”.

El final está esbozado casi al principio, cuando un joven marroquí  descubre despavorido unos cuerpos calcinados a la orilla del marjal. Allí Esteban fue feliz en la infancia y es donde acude  a terminar sus días, llevándose por delante a su decrépito padre y al perro de caza con el que había compartido sus últimos años. El suicidio no narrado parece querer quitar la adrenalina de la acción a la historia, que se centra en la visión íntima del protagonista, en una especie de rendición final de cuentas. Hay algún diálogo, alguna pequeña anécdota, pero todo está filtrado por su conciencia dolorida . El desencadenante del drama es la quiebra de su empresa  a causa de arriesgadas inversiones realizadas durante los mejores años de la reciente burbuja del sector de la construcción.  En la novela, por pasar, no pasa casi nada, pero se cuenta una vida entera a través de la evocación y el sentido análisis del personaje mismo. La esquizofrenia entre el mundo exterior y la vida de Esteban se acentúa en las partidas de cartas en las que  habla consigo mismo al tiempo que mantiene vivo el hilo de la comunicación con sus amigos. Entre lo que ellos parecen ser para sí mismos y lo que son para Esteban media un abismo. En esa grieta, presente en su vida toda, está el drama del personaje. Solo el marjal y el recuerdo de Leonor le reconcilian consigo mismo. Pero ella le abandonó y el marjal es tan hermoso como siniestro, un territorio en que vida y muerte se enredan sin solución de continuidad.

A la hora de llevar a cabo su arduo empeño Chirbes vuelve a apoyarse, seguramente con más intensidad que en Crematorio, en los monólogos interiores. Ya lo había hecho en la trilogía formada por La larga marcha (1996), La caída de Madrid (2000) y Los viejos amigos (2003), dispares, por lo demás, en lo que se refiere a la elaboración de la prosa. También en Los disparos del cazador (1994) había dado voz a un viejo que al final de su vida hace cuentas con su insatisfactorio pasado. En ese sentido, para lo bueno y imagepara lo malo, cuando uno lleva leídas trescientas casi siempre intensas páginas de  En la orilla, llega un momento de cierto hastío en el que piensa que está ante más de lo mismo, el mismo Chirbes empeñado en iluminar con su prosa crítica los recovecos de la realidad personal y social.  “Interesante y profundo, sí, pero algo cansino”, está uno tentado de concluir al colocar el marca páginas al libro antes coger aliento para enfrentarse al último tramo. Sin embargo, es sin duda esa última parte la más sabrosa, aquella en la que el escritor echa el resto y aquella en la que, sin perder el ritmo ni el referente último de la realidad, crea su mundo propio. Ahí está lo mejor de él , su perspicacia, su capacidad de atender a los múltiples matices, su intensa y cuidada prosa, su fogonazos líricos, tan melancólicos y crudos. (Una dedicatoria autógrafa de  Chirbes)

A este estudio narrativo sobre los devastadores efectos de la crisis y la vejez, con la muerte como tema de fondo, solo se me ocurre ponerle algún pero. Uno, la historia de amor fallido entre el protagonista y Leonor, la hija de  pescadores que acabará siendo una cocinera parvenue con dos estrellas Michelin. El filón está bien excavado, pero, en mi opinión,  le faltan raíces narrativas suficientes como para adquirir el relieve que tiene en la conciencia del protagonista. El otro pero consiste en que la alta tensión discursiva, bien mantenida, en algún momento cala hasta caer en el tópico, quizá en particular en lo que se refiere a la asistenta de Esteban.

Una de las claves del proyecto narrativo de Chirbes quizá haya que buscarla en Francisco, el amigo de Esteban, un escritor de lo obvio, vulgar, príncipe de la redundancia, advenedizo, pagado de si mismo, banal, mal amante de los buenos caldos, rentista de los años de la burbuja, heredero de los desmanes del franquismo. Si Esteban se siente retratado y consumido en lo que no ha sido, ni artista ni hombre de familia, porque le definen sus carencias, Chirbes sigue firme en su propósito de ser la contrafigura de Francisco.

miércoles, 3 de abril de 2013

Aldabas corroídas de San Juan de Luz

…mas si de navegar estás resuelta,/ya te prevengo llantos a tu vuelta (F. de Quevedo)

 

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martes, 2 de abril de 2013

Socorro, socorro, un león se ha escapado. Murió Enzo Jannacci.

No sé si era por algún tipo de excitación que no controlaba –¡vaya excitación sería si hubiera podido controlarla!-, pero Mexico e nuvole me hacía partirme de risa. La cantaba E. Jannacci, un tipo serio, de la misma catadura que B. Keaton, cara de palo. Además, en los años setenta llevaba unas gafas oscuras, como las del cantante de Los tres sudamericanos, aquel trío de alta densidad erótica, tu boca, guayaba madura. Los cristales tintados, gordos como lupas, le hacían parecer más inexpresivo aun. Y es que el cómico risueño juega con ventaja, pero al de verdad, el que sabe que uno solo se puede reírse de los demás si se ríe de sí mismo, prefiere jugar con una mano en el bolsillo, sin buscar fáciles complicidades de monologuista de turno.
No hay nada tan serio como la sonrisa profunda, la que nace del descreimiento, esa que no consigue convertirse del todo en risa, la que rebuscando en la miseria te reconcilia con el puerco género humano, porque te refresca la cara . Y al salir del cabaret o al acabar la canción en la tele te sientes uno más, aunque un poco mejor que antes, como si la ironía fuera el agua que te hace tragar, digerir sin que se enquiste la mala leche. El humor es compasión hacia uno mismo y solo se puede ser bueno sabiendo a conciencia lo que es ser malo y que los malos de verdad  son los que no se ríen.
Torrebruno hizo una versión de una de las canciones que Jannacci compuso con G. Gaber y D. Fo, el premio Nobel de literatura quizá más divertido de cuantos ha habido. Era una versión infantil de la canción (Vengo anch’io?) más adultamente infantil de cuantas conozco. Torrebruno era italiano. Que yo sepa ese es uno de los pocos ecos que Jannacci tuvo en España. Lástima que, por ejemplo, A. Pla no lo haya versionado.
La versión de Jannacci
La versión en español de Torrebruno

Fíate de la virgen y no navegues. Distintos faros en San Juan de Luz

 

 

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lunes, 1 de abril de 2013

El ala negra. A propósito de una foto de Bert Hardy

15 novembre
Il y a un temps où la mort est un événement, une ad-venture et à ce titre, mobilise, intéresse, tend, active, tétanise. Et puis un jour, ce n’est plus un événement, c’est une autre durée, tassée, insignifiante, non narrée, morne, sans recours: vrai deuil insusceptible d’aucune dialectique narrative (R. Barthes, Journal de deuil, Points, 2009, p.60)
C'era una volta Londra, la guerra ha gli occhi di Bert HardyPhotograph: Bert Hardy/Getty Images (Fuente)

El ala de la muerte siempre está dispuesta a acariciarte, a cualquier hora. A veces,  te llega solo la corriente del aire que mueve en la distancia. La sentí de pequeño a través de los gritos de la vecina del piso de abajo. Al despertar, se encontró a su marido tibio junto a ella y se puso a chillar. Mi padre, con la pereza doméstica de los médicos, fue a ver qué pasaba y volvió al rato para dar fríamente la noticia. La vez siguiente, el ala me entró por los ojos, por el resquicio de una puerta a través de la que vi a mi abuelo muerto, muy viejo, pero con la expresión seria de siempre. Fue sólo un fogonazo, una cabeza en medio de  una raya vertical de luz. Caprichos del recuerdo,  mi memoria se empeña en verlo sobre una mesa, no sobre una cama.
Después, hubo alazos helados, fríos y secos, puñetazos sobre un tablero demasiado frágil para tanta saña. Pero también toquecitos en la espalda, como para hacerse recordar, llamadas perdidas. Alguna compañera, el padre de algún medio amigo.  
Desde hace no mucho, contemplo el revoloteo del ala en las esquelas del periódico. Esta misma mañana, en el bar, alguien me pillo con las del Heraldo…y yo ni cuenta me había dado de que al ojearlo me había quedado parado unos segundos más en esa página que en las otras. También he visto al ala  amenazar sin cumplir la amenaza al instante, difiriendo la acción, con la seguridad bancaria de quien sabe que esa deuda no va a quedar pendiente, pero dejando respirar al interesado. 
Durante la guerra, el ala de la muerte entra en un éxtasis orgiástico, reparte mamporros por doquier,  gira con engranajes imprevisibles. Así es como la imagino, borracha, vomitando lo que come poco después de haberlo ingerido, metiéndose en callejones, indiferente, menos selectiva que en tiempo de paz, caprichosa, sin importarle perder plumas en las paredes de los callejones por los que se mete. A todo está dispuesta con tal de entrar en ambientes domésticos y poderse sentar a desayunar con las familias, con tal de colarse entre los visitantes de los hospitales, de acercarse a los colegios.
Pero, los niños, ay, los niños de la calle son capaces de jugar a pídola y volar sobre el precipicio, por encima de las lápidas. Yo fui niño sin guerra y seguramente menos desgraciado que la mayoría de los que aparecen en las fotos de Hardy, pero enseguida supe que el ala no respeta edades.

Bert Hardy exhibiton : Bert Hardy exhibiton Photograph: Bert Hardy/Getty Images, Life of an East End Parson, 1940

La foto de Bert Hardy proviene de una galería de imágenes del fotógrafo inglés, al que la Photographers’ Gallery dedica una exposición a partir del próximo día cuatro, cuando se cumplen cien años de su nacimiento y dieciocho de su muerte.

He aquí algunas otras fotos suyas con niños ( Fuente, Fuente):

C'era una volta Londra, la guerra ha gli occhi di Bert Hardy

l_umanit_sotto_le_bombe_gli_occhi_della_guerra_di_bert_hardy-55577464Bert Hardy, Life of an East End Parson, November 23rd, 1940

The_Gorbals_Boys__Glasgow__1948_514743d14ce7cBert Hardy, The Gorbals Boys, 1948

Tiger_Bay__Cardiff__1950_5154739c7a3a1Bert Hardy, Tiger Bay, Cardiff, 1950

C'era una volta Londra, la guerra ha gli occhi di Bert Hardy


Bert Hardy, Cockney Life at The Elephant and Castle, 1949Bert Hardy, Cockney Life at The Elephant and Castle, 1949

C'era una volta Londra, la guerra ha gli occhi di Bert HardyBert Hardy, Millions Like Her, Betty Burden, A Shopgirl, Birmingham, 1951



C'era una volta Londra, la guerra ha gli occhi di Bert HardyBert Hardy, The Combined Fleets Ashore, Gilbratar, 1954


jueves, 28 de marzo de 2013

Philip Roth cumple ochenta años

 

El tiempo al revés:

“A veces me sorprendía a mi mismo mirando a los presentes como si aún estuviéramos en 1950, como si “1995” no fuese más que un tema futurista de un baile de gala de último curso al que todos hubiéramos acudido con cómicas máscaras de cartón piedra de nosotros mismos que representaran la fisonomía que podríamos tener a fines del siglo XX. Aquella tarde el tiempo había sido inventado para perplejidad de nadie más que nosotros mismos”.

Pastoral americana, Debolsillo, 2006,p. 67, trad. Jordi Fibla

Philip Roth con sus compañero de promoción Weequahic High School en 1950 . El escritor es el quinto por la derecha. (Fuente)

miércoles, 27 de marzo de 2013

No me chilles, que llevo chanclas. Isol gana el premio Astrid Lindgren 2013


Veo a una niña en el parque que abronca a su muñeca. La tiene sentada en un banco, muy cerca de ella. No tendrá más de seis o siete años, pero con las rodillas juntas y el tronco recto, mantiene un aire de señorita muy pimpante. Su voz es firme, aunque por momentos se tiñe de cierto tono afectuoso, como si se diera cuenta de que se está pasando con la muñeca y, más por narcisismo que por compasión, quisiera dulcificar su actitud. Quizá se ha recordado a su jefe en el bufete, a su marido cuando se pone furo,  porque la niña, ahora, en realidad es su madre, su madre y su padre juntos y ellos a su vez, sus proprios padres, en una cadena retrospectiva con puntos suspensivos.
En mi campo visual solo estamos tres, la niña, la muñeca y yo. Quizá, la niña ha adquirido ese aire tan adulto, porque la madre está a una decena de metros hablando con una de sus secuaces, otra madre y ella se ha impuesto sustituirla durante la ausencia. Pero es que quizá la niña ya ha interiorizado que debe cambiar, ha dejado ya de ser pequeña y se ha echado a la espalda la carga de perpetuar el orden.  Crecer es como el psicoanálisis, si no lo haces te vas dando de bruces con cada trabajo, con cada amante, pero si lo haces y te normalizas, te mueres de asco el resto de la vida. Menos mal que es eterno y hasta en el lecho de muerte te puede visitar tu terapeuta para ayudarte a ver la postrera luz.
Que si no tienes que hacer eso, que ya lo sabes, que te lo he dicho mil veces, y papá también te lo ha dicho, ¡desobediente, malcriada, te voy a castigar, a tu cuarto! La muñeca no entiende nada, mira impasible a su mamá gritona, que le está enseñando, como si fuera un guardia de tráfico de la vida, el recto camino hacia la rutina, dónde y cómo debe dejar esas ocurrencias, esos impulsos, esos juegos,  la inocencia, para empezar a vestirse con la ropa adulta de salir, entre semana y los domingos. Ahora llega el momento del amedrentamiento físico. La coge de un hombro o de la oreja, porque la muñeca es rara,  parece un marciano, y la sacude, envalentonada porque no llora ni hace pucheros. A punto estoy de ir a defenderla. Es entonces cuando la madre se acerca y le dice a su hijita con voz de abuela, pero no la trates así, que de mayor no te va a querer.

Fuente de las imagen

Astrid Lindgren 2013: El Globo illustrationIlustración de Isol, apocorístico de Marisol Misenta, ganadora del premio Astrid Lindgren 2013.

Isol también canta

martes, 26 de marzo de 2013

Balada del que nunca fue a Japón, donde florecen un año más, los cerezos del río.

 
¡Vamos, búho,/cambia tu expresión/lluvia de primavera! (Haiku de Kobayashi Issa)

Mi cabeza cana, los años perdidos. No, nunca fui a Japón. Y, sin embargo, no me hace falta para que cada vez que veo su nombre, sus fotos, vuele hacia donde nunca he estado, descubra las  imágenes que anhelo soñar,  que me gustaría haber soñado. ¡No, nunca entré en Japón, ni lo haré, qué excentricidad! Además, Japón, mi Japón no es más que una idea, no como cualquier otra, más bonita, algo relamida a veces, pero al fin y al cabo una idea más. Que vayan allí si quieren los que creen que los viajes son reales, que se puede dormir hoy en Zaragoza y mañana a miles de quilómetros; yo no, prefiero leer en invierno, no salir las tardes de verano y de noche, y de noche, poder soñar con los cerezos que ahora florecen en Japón…Hoy, temprano, los he visto junto a al nuevo tranvía, cerca de mi casa, con la certeza de que si los viera en Japón mismo dejarían de ser un hermoso sueño.

Florecen los cerezos en Japón, mi perro en Zaragoza levanta una ceja y sonríe levemente.

(Fuente de las imágenes)
   Fiori di ciliegio come fiocchi di neve: spettacolo sakura di notte


Fiori di ciliegio come fiocchi di neve: spettacolo sakura di notte



Fiori di ciliegio come fiocchi di neve: spettacolo sakura di notte


Fiori di ciliegio come fiocchi di neve: spettacolo sakura di notte

lunes, 25 de marzo de 2013

Ecos fotográficos y literarios de la Guerra de Irak: Las instantáneas de R. Adams y Libertad, de J. Franzen

Hace cinco días se cumplió el aniversario del inicio de la Guerra de Irak. Dos de las obras que se han ocupado de ella y que más me han llamado la atención son una pequeña serie fotográfica y la gran novela de J. Franzen, Libertad (Salamandra, 2011).

La serie fotográfica se puede ver en la exposición que el Centro Reina Sofía dedica a Robert Adams, un  maestro del pequeño formato fotográfico -tan poco habitual en la actualidad-, atento al detalle,  y, a través de él, al fondo de las cosas. He aquí un par de fotos de las fotos originales y el texto de presentación:

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En el libro de Franzen, la Guerra de Irak que aparece es la de los fructíferos y sucios negocios que pudieron hacer algunos a costa del erario público americano. Más allá de la anécdota, aparece el trasfondo moral de una guerra basada en “una sarta de falsedades, falsedades inventadas”, según dice Jonathan, uno de los personajes menores. La guerra ofrece una ocasión excepcional a un jovencísimo emprendedor para pegar un buen pelotazo, al amparo de sus ideales republicanos. Se trata de Joey, el hijo del matrimonio protagonista, que a la espera de consumar la operación trabaja en una empresa que gestiona contratas guerreras. Su padre, moralista empedernido, intenta hacerle ver la suciedad escondida tras el brillo de la burbuja bélica (p.484):

- ¿Qué no entiendo? –replicó su padre-. esta es una guerra por una cuestión de política y beneficios. ¡Y punto!

- Que no te gusten las ideas políticas de determinadas personas –dijo Joey- no significa que todo lo que hagan sea incorrecto. para ti, es como si todo lo que hacer fuera malo, esperas que fracasen en todo, porque detestas sus ideas políticas. ni siquiera quieres oír el lado bueno de lo que está pasando.

- No hay lado bueno en lo que está pasando.

- Ya, vale, es un mundo en blanco y negro. Nosotros somos todos malos y vosotros sois todos buenos.

- ¿Crees que es así como funciona el mundo? ¿Que para que vosotros os forréis hay que volarle la cabeza y las piernas a chicos de tu edad en Oriente Medio? ¿Ése es el mundo perfecto en el que vives?

- Claro que no, papá. ¿Podrías dejar de decir estupideces por un segundo? Allí la gente muere porque su economía está jodida. Nosotros intentamos arreglar es economía, ¿vale?

- No deberías estar ganando ocho mil dólares al mes –dijo su padre-. Sé que te crees muy listo, pero hay algo que va mal en un mundo donde un chico de diecinueve años sin formación consigue eso. Tu situación apesta a corrupción. eso tuyo me huele muy mal.

Al final, el chico cambia de actitud y dedica la plusvalía de la operación a paliar los daños producidos. Un poco como su padre, que, empleado en defender el fracking, porque a cambio queda garantizada la protección ambiental de una gran área de terreno, terminará por darse cuenta de que no hay gran mal que por bien se pueda hacer.

domingo, 24 de marzo de 2013

Quizá Desgracia es la peor de las novelas de Coetzee, pero aquella cuyo argumento se recuerda mejor con el paso de los años.


"- Ah! misérable chien, si je vous avais offert un paquet d'excréments, vous l'auriez flairé avec délices et peut-être dévoré. Ainsi, vous-même, indigne compagnon de ma triste vie, vous ressemblez au public, à qui il ne faut jamais présenter des parfums délicats qui l'exaspèrent, mais des ordures soigneusement choisies." (Baudelaire, Le chien et le flacon, Le Spleen de Paris).

“La hija nos pareció excelente: mucho más delgada y atractiva que el personaje de la novela, desde luego, pero es una película, y qué quieres, cuando lo principal en el cine son las mujeres bonitas…El público sentado en el cine con nosotros estaba absorto y, dado lo malas que son hoy en día las películas, daba gusto ver algo inteligente y bien estructurado” (P. Auster y J.M. Coetzee, Aquí y ahora, cartas, 2008-2011,, Anagrama y Mondadori, 2012, p. 98).

 JM Coetzee
JM Coetzee Photograph: TIZIANA FABI/AFP/Getty Images (Via)


Guardian anuncia la publicación para el próximo verano de la biografía póstuma de JC Kannemeyer sobre Coetzee. Kannemeyer murió hace dos años y Coetzee sigue vivo y escribiendo. Su última novela,  Infancia de Jesús, debe aparecer entre nosotros cuando esté traducida y lista para ser publicada.
ARTS Booker/CoetzeeEntre la información que entresaca Guardian de la biografía se encuentra el detalle de que Coetzee escribió hasta catorce versiones distintas de Desgracia, la novela que seguramente más fama ha dado a su autor y que hace no mucho fue llevada a la gran pantalla:

"From the manuscripts that I perused in his office in the second week of my stay, I also got the impression of an incredibly hard worker who had spared no effort to develop and deploy his talent. The various versions, up to fourteen, that had been produced of Disgrace provide some measure of the demands Coetzee makes of himself as a writer."


Cuando pasan los años desde que uno ha leído intensivamente la obra de un gran autor se difuminan los argumentos, las anécdotas, los personajes. Como si el tiempo limara las particularidades, pero, a la vez, las concentrara en una mezcla intensa que amortiza lo singular, va quedando una  melodía en el recuerdo, el estilo, la forma de ser, quizá eso que a Proust le permitía imitar a  otros escritores,
Algo así me pasa a mi con el escritor de origen sudafricano. Desde la distancia, vuelvo la vista atrás y me resulta que Desgracia es la más melodramática de sus novelas, las más sentimentalmente anecdótica, aquella, quizá, con unos personajes menos literaturizados, por más que el sensualista que la protagoniza sea un profesor de literatura. En ese sentido, se puede decir que la narración se articula más en torno a la matière contada y menos a partir de la digresión o de la metaficción y que la obra se inscribe en una tradición de novela  más popular que, pongamos por caso, El maestro de Pertersburgo, Foe, Esperando a los bárbaros, o Elisabeth Costello. No es sorprendente tampoco que, pasados los años después de su lectura, Desgracia sea tal vez la novela que aparece con más detalles en el recuerdo, o, por lo menos, con un argumento más fácilmente resumible. Si pensamos en otra obra de Coetzee con cierta querencia por el melodrama, como es Diario de un mal año, hay que señalar que el artificio narrativo, la división de la página en Diario… en tres puntos de vista, frena la tendencia  pues el recurso hace las veces de un enfriamiento brechtiano. No ocurre así, por ejemplo, con su prima rothtiana, Sale el espectro, que si no se enfanga en el melodrama es gracias a la ironía. Es esa falta de ironía la que deteriora, por ejemplo, El animal moribundo, quizá en la distancia, la peor novela de Roth.
Me pregunto si el alto número de versiones de Desgracia, que hacen pensar en un ímprobo trabajo por parte de su autor -además de, dicho sea en términos de Coetzee, hacerle justicia a un tema- obedece a la necesidad de hacerse justicia a si mismo, príncipe de la inteligencia, con un material tan sensible(ro) como el de esta novela.

viernes, 22 de marzo de 2013

Primavera. Barullo infantil, jubilosamente, jubilosamente, para darle la bienvenida al año.

 

William Blake Songs of Innocence and Experience, Spring, Tate PublishingWilliam Blake, Songs of Innocence and Experience

William Blake, ‘'Songs of Innocence and of Experience': 'Spring'’ 1794, reprinted 1831 or later

La primavera
¡Que resuene el flautín
que ahora está callado!
Delicia de las aves
de día y de noche;
el ruiseñor
en la quebrada,
la alondra en el cielo,
festivamente,
festivamente, festivamente,
para darle la bienvenida al año. (Verisón de A. Restrepo)

miércoles, 20 de marzo de 2013

La exposición de abril en colaboración con la Escuela de Arte de Huesca: Plurilingüismo, un homenaje a las vanguardias históricas. En la E.O.I.1, de Zaragoza, del 22 de marzo al 29 de abril de 2013.

"En la figura que se llama oximoron, se aplica a una palabra un epíteto que parece contradecirla; así los gnósticos hablaron de una luz oscura; los alquimistas, de un sol negro." (El Zahir, en El Aleph, J. L. Borges, Obras completas, RBA-I. Cervantes, 2005, p. 591)
La Escuela de Arte de Huesca, el nombre del centro del que parten las obras expuestas, una institución presente en muchas otras ciudades, no deja de ser un conmovedor oxímoron, esa figura retórica en la que se combinan en una frase dos ideas contrapuestas, pero de las que a menudo nace un hermoso retoño. Pasa en otros ámbitos también, en muchos matrimonios, porque el amor hecho pareja es un oxímoron del surgen a veces buenos frutos.
Si algo caracteriza al arte actual es el reinado de la idea sobre la técnica, hasta el punto de que no pocos creadores se limitan a concebir la obra en su cabeza para delegar después su realización en hábiles artesanos, y eso porque el colmo, que sería exponer solo ideas, debe ser complicadísimo. El mejor artista hace mucho que dejó de ser, entre otras cosas, el más hábil, para pasar a ser solo el más listo, el más original, el más libre, el más esencial o el más honesto. Y ya se sabe que esas cosas no se pueden enseñar y tienen muy poco que ver con el aprendizaje de un oficio. Quedan pocos restos de lo que ocurría hasta que el romanticismo reforzó la concepción del Arte, con mayúscula, nueva religión sustitutoria que igualaba toda una serie de manifestaciones dispares. Antes de eso, había otros dioses, pero sus vicarios no eran los artistas, artesanos por entonces, meros depositarios de saberes seculares. Con ellos, el aprendiz, además de hacer de criado del maestro, se convertía en el depositario de sus técnicas. Después, llegó el artista hecho a sí mismo, por lo menos en su fase definitiva, cuando se alza por encima de los demás. Lo resume con gracia F. de Azúa: “En consecuencia, aunque un artista moderno permitiera la entrada de aprendices en su estudio, no serviría para maldita la cosa. El aprendiz no podrá aprender nada. Ni un truco. Sólo grandes ideas” (F. de Azúa, Diccionario de las Artes, Anagrama, 2002, p. 60).
Menos mal que quedan sitios como esta Escuela de Arte de Huesca en los que, dejando de lado el nombre, se aprende a hacer las cosas con esmero, dedicación y perspectiva histórica, bajo la tutela, en el caso que nos ocupa, de Luisa Monerri, responsable del apartado teórico, y Macu Vicente, la profesora de Segundo curso de Gráfica Publicitaria, bajo cuya supervisión los alumnos han realizado los carteles expuestos, inspirados en algunas de las muchas vanguardias históricas. Cada uno de los carteles se presenta con un folleto en el que se explica su proceso de producción, a partir de un par de mapas mentales,
imageDetalle de uno de los mapas mentales citados
diagramas, sobre el tema del plurilingüismo que realizaron todos los participantes en común. Además, en el folleto se ilustran los antecedentes históricos del movimiento de vanguardia al que está ligado estilísticamente el cartel, a menudo con notable rigor filológico.
Hace poco se quejaba P. Auster en su correspondencia con Coetzee de que “ya nadie cree que la poesía (o el arte) sea capaz de cambiar el mundo. Nadie tiene que cumplir una misión sagrada. Ahora hay poetas por todas partes, pero solo hablan entre ellos”; Coetzee, por su parte, insistía en el carácter ligero del arte o la poesía de hoy en día y añadía: “Me da la impresión de que a finales de los setenta o principios de los ochenta pasó algo que provocó que las artes perdieran su papel protagonista en nuestra vida interior" (Aquí y ahora, Anagrama y Mondadori, 2012, p. 100 y 106). Dejando a un lado el hecho de que quejas como estas son seguramente un intermitente lugar común, cabe señalar que las vanguardias históricas de la primera parte del siglo pasado, a  las que rinden homenaje los carteles expuestos, fueron quizá el punto culminante de la concepción de la actividad artística entendida como parte de la vida misma, como aquello que debía articularla, darle sentido, orientarla, cambiarla, dinamitarla, mantenerla en vela. Nunca como entonces el arte se mostró tan expansivo, si no totalitario: cocina futurista, trajes suprematistas, muebles constructivistas, naipes surrealistas, y prescripciones, mandamientos, proclamas, reglas, programas, expulsiones, anatemas, suicidios, toda una amplia gama de comportamientos típicos de los creyentes en una fe. Battiato, hace unos años evocaba con ironía los excesos futuristas en una de sus canciones:
D' Annunzio montò a cavallo con fanatismo futurista
Quanta passione per gli aeroplani e per le bande legionarie!
Che scherzi gioca all'uomo la Natura!
Acabó todo, hubo, sí, un rebrote en los años 70, pero ya solo se hablaba de vanguardia, en singular. Tanta lucha pasada y nada ha cambiado radicalmente, salvo quizá para peor. Ni espacio queda  para colectivos de artistas unidos por un afán estético o ideológico común. Hoy en día, las vanguardias históricas son objeto de estudio, proporcionan centenares de revistas, panfletos, manifiestos para las exposiciones, pero de su crispación no queda rastro y dan ganas quizá de añorar lo perdido, aunque  ideológicamente a veces resultara insoportable. En el horizonte  ondea el Arte, hermano mayor de la Cultura, menos subvencionado en tiempos de crisis, pero igualmente portador de un discurso burdamente unificado y a menudo exasperantemente manso.
Javier Brox
Las obras expuestas:
cartel-pluringüismoAndrea Espejo
 
Samanta_plurilingüismoSamanta Sánchez Abadía
 
Adobe Photoshop PDFCristina Moya Aspiroz
  cartel vanguardias3María García
 
Judit-PLURILINGÜISMOJudit Bascaran
 
propuesta 02Eduardo Giménez Moreno
 
Cartel- FinalJonathan Galán
 
imageCarla Gibanel Arroyo
 
cartelplurilinguismo72cambraAlejandro Cambra
 
oscarvazquezwebOscar Vázquez Gómez
 
Plurilisguismo2Cristina Fantova García
  Clara Ramírez, plurilingüismo, 72pppClara Ramírez
 
Jorge Benedicto Plurilingüismo 72ppiJorge Benedicto

imageDavid Escar

imageMaje Cardona Usán
Imágenes de la exposición:
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