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miércoles, 1 de octubre de 2014

Soldado Isla en octubre en el paredondehelarte de la E.O.I.,1 de Zaragoza. Besicos a todos

 

Captura de pantalla 2014-07-04 a las 09.06.34 (1)

Texto de presentación de Ricardo Duerto

Soldado Isla

Soldado experto en tareas de camuflaje y tirador de élite, que dispara con arma a grandes distancias y desde un lugar oculto, a objetivos seleccionados. Hasta aquí la definición de francotirador.

Si dijéramos que el francotirador Antonio ejerce de isla recreativa en mitad de un lugar del Cinca Medio cuyo nombre no consigo olvidar, podría parecer un fácil guiño a su apellido. Mar adentro, es cierto que hay algo de resistente farero en ese artista al frente de un estudio de diseño gráfico en un lugar llamado Monzón, hasta el punto de que alguna vez deja escapar un “¡Monzón Power!” con un atisbo de orgullosa, periférica y merecida disidencia.

Desde dos décadas antes de su cartel para las Fiestas del Pilar 2014, ya eran reconocibles sus fogonazos gráficos, pegados en las lunas de los escaparates, o en los muros derribados de la Azucarera. Cuando me daba por preguntar por su autoría a los lugareños, los carteles más seductores me conducían a él. Hasta hoy, en que emergen sus pintadas en las paredes de la residencia que construyeron enfrente de la vieja fábrica de azúcar. Algo tenían esas imágenes -algo tienen- que se disfrutan a la primera, y a la segunda te enganchan para ya no soltarte. Sin conocernos, yo tenía la extraña certeza de reconocernos, de que habíamos visitado las mismas películas y hasta bailado idénticas canciones, incluso tal vez a la misma hora o en el mismo garito.

Trabajar a diario como dibujante incluye necesarios momentos de aislamiento o ensimismamiento, pero recreando el imaginario colectivo uno puede tender multitud de lazos, bucles y puentes, para saber que tampoco en la ficción vagamos tan solos, y que somos muchos a repartir la herencia. En las obras de Antonio Isla se divisan infinitos campos: literatura, cómic, cine, pintura, música, teatro, fotografía…, como pasillos comunicantes de una misma mansión, enorme y habitada. Y hay en ella pasarelas y escaleras de caracol que ascienden hacia otras épocas y lugares, porque el arte otorga ese don. Como el de colaborar a que el recuerdo o la evocación personales agranden la memoria colectiva en una potente fuente de común conocimiento artístico.

Piraguismo2000En ese compartido archipiélago emocional, miro sus obras y adivino escudos maoríes en las piraguas del Ésera, me inundan tsunamis japoneses a lomos de una feria del libro, veo chimeneas convertidas en bolillos de encaje, distingo a Escarlata O’Hara vestida de jotera e imagino a Obélix por la calle Joaquín Costa en un día de fiesta. Sobre esa balsa de Medusa navegan sin rumbo por el río Sosa la mona Chita y Tintín, la familia Ulises, el Capitán Trueno, Alí Babá y Peter Pan; como en una alegre danza donde celebrar la vida. Donde nos lleva la imaginación, poco o nada cuesta ser uno más.

Confundido entre esa plebe, es como consigo hacer más llevadera mi relación con una sociedad cada vez más ceremoniosa, donde, entre gente ya de por sí enferma de importancia y de solemnidad, habitan artistas con un ego del tamaño de una catedral MercadoMedieval2003 barroca. No es su caso. El arte pop nos vino bien para oxigenar las enciclopedias, para desacralizar las mayúsculas de las Bellas Artes sin por ello renegar de ellas. En el arte de Isla confluyen alcaldes negros y obispos raperos, sin renunciar a la pegada disparatada de El Bosco ni a la elegancia de un lienzo de Vermeer.

Aunque su hermano Miguel ya nos había presentado, no fue hasta junio de 2014 cuando Isla dejó de ser para mí como el avatar sin rostro, de camisa blanca y sombrero negro, de su página web. Tras un correo para felicitarlo por el cartel e invitarlo a exponer en el Paredondelarte, la negociación fue cordial y directa. Y nos dejamos caer en su red. La social no, la otra. La personal de los amigos comunes, de carne y hueso, con los que compartes una merienda o una subida al Turbón. Y esa pegajosa tela de araña sí que atrapa, porque tras ese avatar y su mapa de imágenes artísticas o logotipos corporativos, hay un tipo que se hace querer, lo cual no es poco, y una geografía humana plagada de afectos, besazos, besetes y besicos. ¡Azúcar!

Fla2010

El cartel de las fiestas del Pilar fue respaldado y elegido por primera vez por una votación popular y, cómo no, supongo que por lo mismo, no ha estado exento de cierta polémica, como si la Monna Lisa fuera intocable o como si el Equipo Crónica jamás hubiera existido. España, aparta de mí este cáliz. En la recopilación de sus trabajos, el mismo Isla etiqueta sus otros carteles (no ganadores) no como carteles presentados a concurso, sino como “carteles perdedores”. Por eso, la mejor lección de ética y estética no han sido las desaforadas críticas sobre si ese beso ya había sido dado, sino la reacción de Antonio Isla, con esa media sonrisa que se te pone con más de treinta años en el mismo oficio. Diciendo como entre dientes algo así como que vendrán otras guerras como aquellas y perderán los mismos.

Trobada2002

Artista experto en tareas profesionales de todo tipo (para políticos, constructores, hosteleros, viticultores, cantantes, feriantes y demás clientela), además de hábil diseñador, dispara con lápiz y tinta a más de cien kilómetros de esta Escuela, oculto bajo una fina ironía, a objetivos populares que libremente recrea y selecciona. Hasta aquí Antonio Isla, francotirador. Por sus obras lo conoceréis.

Y que me perdonen los académicos de la lengua, Cervantes, las panteras negras, Amenábar, Antonio Vega, Sisa, César Vallejo, El último de la fila, Celia Cruz, Jorge Drexler, Antonio Isla, el propio Doisneau, el mismo Jesucristo y hasta el barón de Eroles por haberlos citado en este escrito sin nombrarlos hasta ahora ni entrecomillarlos. Bueno, quizá ellos no. A ellos, las gracias. Que me perdonen todos los demás.

RDR

Carteles 

Un besico de amor yo se lo doy a cualquiera

Los besos que me vienen a la cabeza, el de Chagall, el de Klimt, el de Hayez (1), son paréntesis de amor, aíslan a la pareja en una cápsula, crisálida de intimidad que les aleja del devenir colectivo, como si el antes y el después fueran una amenaza al instante supremo del encuentro. Esos besos todavía no están teñidos del mal d’être deux  (Mallarmé), evocan un instante de fusión ahistórica. Tanto es así que en las tres telas el contorno de los cuerpos  tiende a encerrarlos en una especie de yin yang, forma mágica circular, furtiva en Hayez, festiva en Chagall, quintaesenciada en Klimt. Por el contrario,  en El besico de Isla, como en la famosa foto de Doisneau que le sirvió de partida, la fuerza centrípeta que amarra a los mañicos se combina aparentemente de forma feliz con la expansión colectiva de júbilo. Como si de repente, los protagonistas se hubieran dado cuenta de que se disuelven en la fiesta  y se hubiesen agarrado para recuperar la conciencia de sus cuerpos. Representa, dicho en pocas palabras, un idilio entre lo personal y lo colectivo que se resuelve en besico, algo torpe, por cierto, como los de los actores del Hollywood clásico, que no se sabe si se besan en los morros, en la barbilla o debajo de la nariz.

El beso más famoso del mundo, tomado en 1950Le baiser de l'hôtel de ville, Robert Doisneau, 1950

El beso de Doisneau, popeizado por Isla con notable gracia, celebraba, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la vuelta a la vida, el incipiente desarrollo económico.  “En momentos así, la historia personal parece correr con el mismo ritmo –aliento sostenido, zancadas largas, sudor y récord–  que la historia universal. Entonces todos somos héroes” (Rodrigo Fresán, Vidas de santos). Hoy no corren tiempos para sentirnos demasiado unidos a los que gobiernan nuestras vidas, menos aun, en mi caso, si se trata de reverdecer mitos tradicionales a través ritos religioso festivos. Casi casi, esos días me iría a los galachos a pasear con mi amada y perro,  vestido yo de duende. La fiesta es la fiesta, desde luego, y no se deben desaprovechar las ocasiones, pero me pregunto si, de verdad, hay algo que celebrar con los de arriba. Por eso, procuro descubrir en el trabajo de Isla algo que está presente en casi todas sus producciones, una veta de ironía o desencanto, en el ligero reencuadre de la foto, en el punto de vista, en los detalles y quizá la descubro en que, como en Doisneau, el ojo del observador no participa del beso, lo pilla fríamente, lo observa desde una terraza de Paris, desde un balcón de su casa en Monzón (léase la entrevista que aparece más abajo).

Un libro sobre uno de los príncipes del arte pop se llamaba Tristísimo Warhol (Estrella de Diego, Siruela 1999). También en la imagen de Isla hay algo de cansancio, de duda entre un beso apasionado y otro de aliño, de buenas noches, porque ustedes dirían que los maños van camino de la  fiesta o están volviendo a casa ya un poco agotadicos los dos, espumas y cierto pelo.

Javier Brox

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(1)

Marc Chagall, Il compleanno, 1915, olio su cartone, The Museum of Modern Art, New York. Acquired through the Lillie P. Bliss Bequest, 1949 © 2014. Digital image, The Museum of Modern Art, New York/Scala, Firenze
© Chagall ®, by SIAE 2014 (Fuente)

F. Hayez, Il bacio, 1859, olio su tela,  Pinacoteca di Brera, Milano(Fuente)

Gustav Klimt 016.jpgEl beso (Der Kuss), Gustav Klimt, 1907-8, Óleo sobre tela , Österreichische Galerie Belvedere (Fuente)

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Entrevista a Antonio isla aparecida en el Diario del AltoAragón  el día 12 de julio de 2014.

Toño Isla, diseñador gráfico y autor del cartel del Pilar 2014. Natural de Monzón. Nació el 16 de enero del 1963. Trabaja en su estudio de diseño. Vive en Monzón

“No amar y defender la naturaleza es propio de personas ignorantes o peligrosas”

ECOS

Ya que estamos en días de fútbol: ¿a usted le gustó Naranjito?

Me tiemblan las piernas sólo con recordarlo: no soy yo muy de criticar otros trabajos, pero tenía un sabor rancio y casposo del que se daba cuenta hasta un tipo de Huesca como yo.

¿Y el Cobi de Barcelona-92?

Lo que me gustó fue el descoloque generalizado de la gente que no estábamos preparados para una audacia gráfica así.

El besico”, el cartel de las Fiestas del Pilar, está inspirado en una foto clásica. ¿Pasa algo?

A mí no. Pero en este país, con la densidad de diseñadores por metro cuadrado, hay opiniones para todos los gustos. Un bonito mosaico verbal que deviene sin duda del exceso de tiempo libre.

¿Qué se dice al abrir los ojos por la mañana?

No digo ni pío. Toda mi energía y concentración va a cosas como encestar en el inodoro, poner la pasta en el cepillo y la mermelada en la tostada y no al revés. Y no faltarle al respeto a los primeros seres humanos con los que me cruzo.

¿A qué político le diría “cuatro cosas” a la cara?

¡No! Soy un conservacionista convencido y respeto todas las formas de vida, incluso escorpiones y babosas. Todos son hijos de Dios.

¿Y con quién compartiría a gusto a unas cañas y un tapeo?

Me encantaría charlar con Lope de Vega o el Bosco (ojo, el pintor; no el Padre fundador). Y me hubiera encantado conocer a Bach y Vermeer. Gente que sigue emocionando a través de los siglos.

Milita en el ecologismo. ¿Enfadado con el mundo?

Sí. La naturaleza en directo y el deporte en HD son los últimos espectáculos que nos quedan, y cada vez hay menos. Vivir en una provincia como Huesca y no amar y defender la naturaleza es propio de personas o ignorantes o peligrosas, o las dos cosas.

Se derriten los glaciares y la Antártida. ¿Estamos locos o qué?

¿Nosotros? ¡No! Hay tipos que tiran de hilos y de capital riesgo, de escaños y de organismos internacionales, que se han hecho el cálculo de que para lo que les queda en el convento…

¿Conoce el antídoto de la pereza?

No sabía que alguien lo buscara. Jo, hay gente para todo.

Cite tres ciudades que le gustaría conocer.

A mí, viajar me estresa mucho. Yo voy a Santander y estoy dos días con ´jet lag´. Pero si me pudiera teletransportar me gustaría ver Anchorage en Alaska, o Auckland en Nueva Zelanda.

¿Qué libro le espera en la mesilla de noche?

Dos. La secuela de Trainspotting, de Irvine Welsh, y “La arquitectura y el poder”, un ensayo. Me los han recomendado mis hijos, y por no hacerles un feo… ahí estoy, entre la heroína y el ladrillo.

Lo del cartel de las Fiestas del Pilar, ¿alimenta el ego?

Claro. El ego de los creativos es voraz. Pero los descreídos somos descreídos para todo y esto del Pilar no es para tanto estrapalucio.

A usted le va el humor. ¿Quién le hace reír?

Faemino y Cansado o el Tricicle. Me gustan las bromas de los viejos sobre su salud y el humor negro de cementerio.

Admira a las personas que…

A las personas lúcidas que saben separar el grano de la paja.

¿Qué frivolidad se permite en los ratos de ocio?

Quedarme quieto es mi deporte favorito y está claramente vinculado a mi ocio. Mi balcón es un sitio estupendo para esta práctica.

¿Votó en las elecciones europeas?

No pude; tenía un entierro.

¿Le apetece decir algo sobre el debate monarquía-república?

Pues no tengo yo este debate como prioritario. No.

De “ésta” (crisis) se sale, dicen. ¿Cómo?

Nos tendremos que acostumbrar a otro paradigma de bienestar y progreso. A expectativas más pobres y miserables. Aunque siempre podemos liar la de dios es cristo. Yo me apunto como líder teórico de la revolución. Con decir que me he comprado una gabardina modelo Durruti (en China, por Internet, las compras por cuatro perras).

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En el estudio de Monzón de Antonio Isla (Fotos: Andrés Guerrero)

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jueves, 10 de abril de 2014

La exposición de abril en la E.O.I., 1 de Zaragoza: Monotipos de Feli Benítez

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Feli Benítez, antídoto del pesimismo.

 Para los que solo la conocemos a través de encuentros fugaces e informaciones fragmentarias sobre su incansable actividad, Feli pertenece al linaje de las mujeres alrededor de las cuales se crearon cenáculos artísticos, como María de Francia, Vittoria Colonna o, por acercarnos más a nuestros días y a nuestras tierras, Doña Josefa de Zúniga y Castro, sin olvidar a otra pepa, Doña María Josefa Alonso-Pimentel Téllez-Girón. Más cerca de Feli, sin embargo, están las heroínas radiografiadas por Bolaño en La literatura Nazi en América, aunque en este caso su querencia política sea la opuesta. Me complace, en efecto, imaginar cómo Feli podría llevar tatuado lo que puede quedar de válido en el puño alzado, en lugar de la cruz gamada negra que escondía, tatuada en la nalga izquierda, la Daniela de Montecristo del escritor chileno, dueña también de un fino salón. Desde que Feli vino a verme hace un par de años con una caja de videocasetes italianas, entre las que estaban Accattone (Pasolini, 1961), un par de pelis de Hitchcock y, quizá para que no pensara yo que tenía demasiado buen gusto, La vida es bella (Benigni, qué importa el año), no he dejado de admirar la actividad incansable que desarrolla. Su centro de operaciones está en Graus, aunque su zona de influencia se extiende más allá de los ríos Ésera e Isábena, que cito más que nada porque tienen unos nombre muy hermosos. Mi curiosidad por aquellas tierras ha aumentado desde que supe que Feli huyó de Zaragoza para irse a Graus. Cuando tuve ocasión, no le pregunté por el motivo, quizá porque intuí que había razones poderosas y me bastó oler a intensidad para dar por satisfecha mi curiosidad. Graus es para mí, sin embargo, tierra ignota, pertenece a una amplia lista de lugares en los que, aunque haya estado, no consigo asumir del todo que lo he hecho. Como los verdaderos amigos, difíciles de hacer más allá de la adolescencia, hay sitios que llegan demasiado tarde a nuestras vidas. Así es Aragón entero para mí, aunque haga casi treinta años que vivo aquí. Mi interés tiene las raices cortas, es intangible o se basa en lo imaginario que añado. En ese sentido, pienso en Graus y la Ribagorza, de la que ella es corresponsal para  El pollo urbano, como tierras medias, llenas de calima, destinos vocacionales, pura afinidad electiva, o puntos de huida, patria electiva, porque los sitios, además de realidades concretas, son sobre todo un’idea come un’altra (P. Conte, Genova per noi).  Desde su taller de arte y artesanía, Feli organiza exposiciones de pintura, cerámica, escultura, monta conciertos de vihuela, convoca a presentaciones de libros y vende toda suerte de cosas que fabrica con pequeños incómodos residuos, de esos que uno no sabe si meter en un contenedor o llevárselos a la boca, que es lo que suelo hacer yo. Además, con atuendo buhonero sarraceno, no falta a una feria, mercadillo medieval o certamen de artesanía que se precie. Por último, la veo en fotos de facebook participando en todo tipo de sarao artístico. Así es como ella ha acabado por adquirir en mi cabecita loca, como las tierras medias, más un carácter mitológico que real. Es una encarnación de la voluntad y de la acción, un protón, como llamábamos a mi hija cuando era pequeña y no paraba de la mañana a la noche. Pero basta después oír su risa firme o ese tono serio de voz que pone para explicar el sentido oculto en la serie de monotipos que forman esta exposición para que la voluntad se encarne en su cuerpo, en sus gestos y entonces, en vez escuchar lo que dice, la observo con admiración, porque ella cree y yo dejé de hacerlo hace tiempo, cree en los tipos que se singularizan a través de la acción, que, como en las cosmogonías clásicas, cobran forma desde la un magma sin confín, vencen obstáculos, rompen cadenas, se liberan de tiranías, sintonizan con fuerzas cósmicas. Y yo pienso, por mi parte, que la zona más hermosa es la que queda al albur del caso, la que a golpes de espátula no se sabe cómo será cuando aparezca la imagen definitiva del monotipo. Ahí reside el margen de incertidumbre sobre el que los osados apuestan en la creencia de que de ahí surge algo bueno y hermoso. Otros llevamos mal la vida imprevisible, no querríamos salir del magma, convertirnos  en tipos. Pero para respirar, como el perro hundido de Goya, no podemos evitar sacar la cabeza cada día de esa sopa primordial. Lo decía Cioran mejor y en muchas menos palabras de las que acabo de escribir, être c’est être coincé, ser es estar pillao.
Javier Brox

Para obtener más información sobre la obra de Feli pincha aquí.
                                  
El monotipo o monocopia, dentro del campo de las técnicas gráficas de impresión artística, es la impresión o estampación única que se obtiene al dibujar o pintar una imagen con pinturas de base oleosa o acuosa sobre una placa o matriz de superficie uniforme que permite la transferencia al papel mediante presión. En este caso, la superficie sobre la que se ha trabajado ha sido una plancha de gelatina,  con pinturas  de base acuosa y no tóxicas y presión manual. Al realizar un monotipo, la artista se enfrenta a la plancha de gelatina como ante un lienzo en blanco. Aunque se tenga una idea previa o boceto, el azar determinará en parte el resultado final, que es, al igual que en la pintura, único e irrepetible.     

Obras expuestas:

"La carcel que me construyo"

"Saltando las olas 1"

"Saltando las olas 2"

DSC06049"Mi coño: un fractal"


DSC06042
"No pido perdón: te maldigo”


DSC06161"Ellas corriendo..."


DSC06164"...ellos quietos"

Sin el dictado del tiempoSin el dictado del tiempo

martes, 4 de marzo de 2014

Había una vez un irónico pirata honrado. Miguel Ángel Gil Andaluz en la E.O.I., 1 de Zaragoza.

La exposición podrá visitarse a partir del día 6 de  los corrientes.

Shape without form, shade without colour,
Paralysed force, gesture without motion (T.S. Eliot, The Hollow Men)

Los objetos cotidianos ocultan significados que solo a veces se hacen patentes durante unos instantes. La primera obra de Miguel Ángel Gil Andaluz que uno se encuentra cuando hojea  su página web es una especie de emblema neobarroco que puede leerse como declaración de intenciones. Una tetera hecha añicos, pero recompuesta en parte, aparece sobre una base vertical de cerámica negra que reza Cerámica contemporánea. La base hace una pequeña ola, como si se tratara de una bandera pirata que ondea sobre el mástil de sus creaciones.

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Tiene algo de fundacional esta pieza, parece proponer una manera de iluminar los objetos domésticos más allá de su valor de uso, allí donde su función básica deja de ser tan importante. Pero, al tiempo, la tetera de loza vincula el trabajo de Miguel Ángel Gil con una tradición ligada a materiales comunes y a ámbitos presentes en la vida corriente. Un afectuoso guiño al artesano, que al tiempo intenta evidenciar la diferencia entre este y el trabajo artístico . El resultado es un fogonazo clarividente. La tetera bifronte mira hacia el pasado con cierta añoranza familiar, pero se proyecta hacia delante con la evidencia de que es imposible limitarse a una identidad que los acontecimientos han acabado por fragmentar. Lo que sentimos como contemporáneo no pertenece al reino de lo cumplido, de lo íntegro, de lo terso, sino más bien lo contrario, es un palimpsesto de catástrofes, un amasijo de cascotes recompuestos, de pecios recuperados, un desdén de la rutina cotidiana. El paraíso dejó de existir, pero, a cambio, a veces, la creación permite acercarse a la verdad. Estamos ante el melancólico poema cerámico de quien reconstruye un viejo juguete para refundar una identidad artística.

Así es como yo  había visto la obra, pero se me había pasado por alto la ironía, tan presente en toda la obra de este artista. En efecto, Miguel Ángel me explica varias veces, hasta que creo entenderlo, que la tetera también encierra  una esquirla de loza lanzada contra ciertas tendencias inmovilistas que ven en la cerámica un ámbito protegido, inmune a las corrientes artísticas contemporáneas, una especie de reserva natural de las tradiciones artesanas. La esquirla llevaría implícita la pregunta de si a los inmovilistas les parece cerámica contemporánea una cosa tan elemental como la tetera industrial recompuesta con Araldit. El título de la pieza  hay pues que leerlo con una antífrasis. En efecto, frente a los extremos conceptuales, que abandonan la materia por la mera idea (como si en el Bulli, el famoso menú de degustación, largo y estrecho, fuera solo una descripción de los platos, si acaso algún olorcillo, pero nada que llevarse a la boca)  el trabajo de este artista no reniega del objeto que requiere habilidad manual y exige esfuerzo. Pero, al tiempo, ese objeto está sometido al concepto, a una idea exigente que intenta mantener el paso del presente.                               

Miguel Ángel Gil Andaluz (Fuente)

No muy lejos de este planteamiento, en el proyecto de campo de coles transgénicas o radioactivas luminiscentes con el que M. A. G. ganó el premio CERCO, la rica verdura tiene el mismo tono verde Simpson de las lucecitas que quedan encendidas en los cuartos de los niños para que no tengan miedo. Dulces sueños de los que ya casi solo las obras de arte nos despierta a veces por un instante. Para algunos,  forman una vía láctea que nos guía en la noche oscura  a través de esa  espesa nube de discursos, costumbres, tradiciones, rutinas, asumidas como naturales, pero que son en muy buena parte el fruto de intereses creados, cuando no directamente engaños de la publicidad del falaz discurso político al uso, de la religión oficial, de un sistema que tiende a perpetuarse ideológicamente tanto como materialmente. Las promesas electorales recuerdan demasiado a la televenta de ciertos alargadores y  lo real ha acabado por estar cubierto con una capa de grasa que se extiende a todos los ámbitos. De ahí, quizá, esa ferviente necesidad de distinguir lo público de lo privado, de protegernos, no se vaya a descubrir que somos tan falsos de puertas adentro como está consensuado que lo seamos de puertas afuera.  La obra de arte, por contra, persigue  con olfato de  perro de caza el rastro de las verdades ocultas. Y cuanto más hondo es el vínculo de comunicación que establece entre la engañosa apariencia del presente y el arquetipo, el mito, la creencia que se esconde detrás y que sale a la luz, mayor es la intensidad de la iluminación ofrecida. No es que el artista sea un mago, es que en él se junta la pericia técnica con la clarividencia del que no duerme más de lo necesario.

Pero en la obra de M. A. Gil también hay  espacio para una corriente ensimismada en la forma, llena de sensualidad, o que se adentra en los vericuetos de la relación entre la la figuración y la realidad a través de irónicas series de tono warholiano en las que cuando el objeto llega a su esplendor plástico parece no poder resistirse a incidir sobre la obra misma.

Tijera

Destornillador

Si la ironía es el reflejo maquillado de una desilusión, de una fe que el irónico tuvo y  mantiene, aunque dolida, se puede decir que en toda la obra que conozco de M. A. Gil está presente en mayor o menor grado esa querencia desengañada, a veces como ejercicio lúdico retórico, otras, como en el caso de la serie a la que pertenecen las dos  piezas que se exponen en el mes de marzo en la E.O.I. 1 (Secciones, presiones, opresiones e impresiones), más incluso quizá en los títulos (Apartamento para dos, El grito de Gil,  Estimado demócrata: Me complace remitirle su pedido de seis votos...) que en las obras mismas.  Con respecto a otras series, la acidez se acentúa por momentos, chorrea la crítica que linda  con el sarcasmo. Sin embargo,  el espectador descubre a continuación los restos de una ilusión en la sombra. A través de las máscaras humanas se  intuye más un reproche que la expresión de la desolación. Los rostros son el espejo de una vida narcotizada, perdida, pero que refleja algo de luz. Escuece el desengaño, pero más que el regodeo de quien da todo por perdido estamos ante el anhelo especular de una ilusión.  Y no lo digo porque no se pueda ser excelso en la desolación, iría contra mis gustos, cosa que me pone de mal cuerpo. Lo digo, porque me parece que en estas obras hay un principio de esperanza que late, negado, zarandeado, burlado, pero brillante.

¿Identidad?

El título de una de las dos obras que se exponen en la E.O.I. era El grito de Gil II. Seguramente, al ser incluida en una exposición que tuvo lugar en Huesca sobre el tema de la locura y la cordura y empezar a formar parte del díptico que presentamos en esta exposición, el artista aceptó alejarla algo del tono original irónicamente lírico, para presentarla como una reflexión sobre manifestaciones extremas del individuo, el chillido desesperado frente al silencio sumiso, la lucha frente a la pasividad, el intento de liberarse frente a la complacencia en la dominación, poniendo de manifiesto hasta qué punto algunos de los rasgos que se suelen atribuir a la cordura en el binomio que la opone a la locura son ambiguos. La máxima cordura produce espanto, porque se ha convertido en una alienación completa.

El grito de Gil, encerrado en una especie de camisa de fuerza parcialmente rasgada, metáfora de la desesperación o de la dificultad de crear (el blanco papel/lienzo que se defiende), resulta  inmensamente más hermoso que el silencio del rostro enjaulado, a punto de ser cubierto por un negro sudario, dotado de cómodos cierres cremallera que permiten ceñirlo al cuerpo en  inverno y entreabrirlo como prenda de media estación. Además, en caso de que se confirme que estamos dormidos por completo,  muertos en vida, aunque pensemos y pensemos hasta altas horas de la madrugada, el rostro puede quedar cubierto instantáneamente para que se cumplan las debidas labores de mantenimiento, el despido por contingencias imprevistas o el reingreso en los hombres huecos, figura sin forma, sombra sin color, fuerza paralizada, gesto sin movimiento.

 P1050554 El grito de Gil II /95x82x17/ Gres blanco, tela y restos de engobe

P1050557 Cordura /95x82x17/ Gres negro, tela y restos de engobe

Coda:

A finales de los años sesenta, los locos cobraron una inusitada actualidad en los medios de comunicación y en el debate intelectual. La sacudida que supusieron los movimientos de emancipación que giraron en torno a Mayo del 68 los convirtió en el emblema de una sociedad enferma, incapaz de asumir que era su propia podredumbre la que provocaba los desvaríos mentales. En los movimientos de izquierda, los locos pasaron por una especie de proceso de santificación. La locura se convirtió en una mancha que limpia, el resultado palpable de las contradicciones de la sociedad patriarcal, de las perversas relaciones de poder inherentes al sistema capitalista. Nació la antipsiquiatría, uno de cuyos mejores productos en el ámbito artístico sigue siendo el documental Locos de desatar (1975), de M. Bellocchio. La cordura y locura sufrieron un proceso de redefinición que desdibujo sus contornos, haciendo más lábiles los límites de uno y otro. Hoy, la enfermedad mental no es un tema vivo de debate, aunque la crisis haya hecho aumentar el número de suicidios y la necesidad de ayuda psiquiátrica. La carga desestabilizadora que conllevaba la enfermedad mental, el reproche social inherente a ella, ha sido desactivado. En las sesiones de terapia es raro que se planteen temas de fondo sobre la estructura de la sociedad, sobre las relaciones de poder, los locos benignos son tratados aliviando fenomenológicamente su mal. Con un poco de pastilla y otro de refuerzo de la autoestima se pasan largas temporadas al sol. Los otros locos, los que sufren dolencias más graves, o están ingresados en instituciones poco visibles o malviven abandonados a su suerte.

Otros enlaces de interés sobre M. A. Gil:

1. http://boek861.blog.com.es/2010/06/10/miguel-angel-gil-expo-en-libreta-de-los-dibujos-zaragoza-8773144/

2. http://hastaelborde.blogspot.com.es/2009/10/dialectica-del-poder-por-magil-andaluz_4612.html

3. http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-aventura-del-saber/aventura-del-saber-boek-visual-miguel-angel-gil-andaluz/1734056/

4.

5.

viernes, 31 de enero de 2014

Teodoro Félix: Aldabas, retratos y más. La exposición de febrero en el parerondondehelarte

DATOS BIOGRÁFICOS

Teodoro Félix Lasmarías, de Albalate del Arzobispo (Teruel), estudió Humanidades, Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Zaragoza y se licenció en Teología por la Universidad Oenipontana de Innsbruck (Austria).

He ejercido mi ministerio en zonas rurales, actualmente en Juslibol, labor que simultaneaba con clases en el Colegio Alemán de Zaragoza.

Como amante de la fotografía he ganado varios primeros premios y he hecho varias exposiciones, las últimas en el Espacio Cultural Adolfo Dominguez, compartida con otro gran fotógrafo, Miguel Sanz, el mes de mayo de 2013, y en Vinaceite (Teruel), en septiembre de 2013.

Entrevista a Teodoro Félix:

- El otro día me dijiste que tu afición por la fotografía se produjo cuando ya eras mayor. ¿Cómo y cuándo ocurrió?

- Pues sí, en la década de los setenta, cuando yo hacía años que me afeitaba el bigote. Comencé con una cámara Kodak que compré unos días antes de venirme de Innsbruck, donde me licencié en Teología, simplemente para traerme alguna foto de recuerdo. Todavía conservo los clichés y las fotos colocadas en un álbum.

Mi primer destino de párroco fueron tres pueblos pequeños pero entrañables por sus gentes: Vinaceite, Azaila y Almochuel. Allí es donde el gusanillo comenzó a picarme más intensamente, cambié de cámara y la gran gozada fue montar mi laboratorio, el cuarto oscuro, en el que revelaba mis carretes y mis fotos. Esto fue definitivo para encontrarle más gusto a la fotografía. Así fueron mis comienzos en la fotografía. Prácticamente soy autodidacta.

- Tú empezaste a hacer fotos en la era predigital, cuando todavía se usaban los carretes.

- Efectivamente, pasarían unos cuantos años antes de que los carretes fueran sustituidos por los archivos digitales. Tenía su encanto usar los carretes de diferentes ISO o sensibilidad y número de fotos. Entonces había que pensar mucho antes de hacer una foto, porque el carrete se terminaba pronto y era caro su revelado. El revelado era algo delicado y había que ir con mucho cuidado para no pasarte de tiempo o quedarte corto, si fallabas se te iba al garete el trabajo. Era intrigante. Y cuando lo fijabas y lo sacabas a la luz era un momento mágico.

- ¿Dejando a un lado las diferencias técnicas, cómo ha cambiado la manera de hacer fotos?

- A partir del año dos mil me decidí por la fotografía digital. Es algo muy diferente, la foto es instantánea, si sale defectuosa, mal enfocada o desgraciada, se borra y no pasa nada, no hay que comprar carretes que si te descuidabas caducaban. Las cámaras compactas, además, han disminuido de volumen y la calidad es buena, pero donde haya un buen cliché la calidad está garantizada también.

En la fotografía clásica o la digital ahora siempre está presente el arte de jugar con la luz y tener un poco de sensibilidad para fotografiar personas, objetos o situaciones que te digan algo.

- Tengo entendido que eres un buen andador, por el campo y por la ciudad. ¿El fotógrafo que camina es un ser ensimismado que busca su placer personal o alguien que prefiere posponer la comunicación con los demás hasta poder enseñarles las imágenes que ha capturado con su ojo mecánico?

Tras el ojo mecánico tiene que estar previamente el ojo artístico para tratar de dar vida y arte a lo fotografiado. El fotógrafo tiene que ver la foto primero en su cabeza, ya que el apretar el botón y hacer la foto no tiene misterio ni gracia.

Yo he ejercido mi ministerio en zonas rurales y ahora, desde hace muchos años, en Juslibol. Siempre he estado en contacto muy directo con las personas y su entorno. El retrato me ha sido algo sencillo de conseguir ya que el trato con la persona era muy directo natural, nada tenso. Me ha gustado inmortalizar sus fiestas, sus costumbres, su cultura.

La naturaleza me gusta mucho, soy andarín casi más por obligación, por causa de la diabetes, que por devoción, y siempre me ha gustado recorrer caminos, montes y aquí en Juslibol tenemos el Galacho, la orilla del Ebro, los escapes, las cuevas … en cada uno de estos lugares encuentras motivos interesantes para fotografiar.

Me encantan las flores y tengo la oportunidad cada primavera de hacer bonitas fotos macro a las flores silvestres que encuentro en mis caminatas.

Cuando viajo aprovecho y gozo como un enano haciendo no cientos sino a veces miles de fotos, ya que el “carrete” que uso da mucho de sí.

- Una buena parte de tus fotos tiene el afán de retratar a la gente común. Recuerdo un hermoso libro de un novelista italiano, Vidas de hombres no ilustres, en el que G. Pontiggia intentaba narrar la vida de gente común con el tono y la dignidad de las vidas ilustres. ¿Tus retratos buscan algo semejante o más bien revelan una dignidad silenciosa, genérica, no retórica, que se impone al espectador más allá de la peripecia concreta del retratado?

- Es verdad, en cada retrato pretendes reflejar lo que esa persona es por dentro y sus rostros serenos suelen reflejar también lo que son y hacen. En los mayores se reflejan las huellas del paso del tiempo, por ejemplo, en los niños la ternura, la ingenuidad, la vitalidad reflejada en sus ojos, en su mirada.

Podría publicar un libro con rostros de personas no ilustres pero no menos interesantes y queridas, al menos para mi, pues con todas ellas he tenido un trato sencillo, directo y continuado.

- Por último, haces fotos de aldabas, un extraño objeto que todavía es frecuente encontrar en muchos pueblos y ciudades, pero cuya función y valor de uso son cuanto menos dudosos. ¿Qué hay en ellas que te atrae?

- La aldaba en la época en la que no existían los timbres ni existían, sobre todo en zonas rurales, edificaciones demasiado altas, era la manera más sencilla de llamar y como era un objeto necesario se esmeraban en hacerlas de las formas más diversas y algunas eran verdaderas obras de arte. Hace mucho tiempo que allá donde voy si encuentro aldabas me las guardo en mi cámara. Seguramente si no me hubiera interesado por la fotografía no me hubiera fijado en estas pequeñas y llamativas obras de arte tan abundantes en algunas zonas, incluso en el extranjero.

El amor a la fotografía hace que desarrolles y mires con otros ojos la realidad, tanto de personas como de cosas por vulgares y deterioradas que estén. Te vuelves más observador del entorno en el que te mueves. Puedes pasar por un lugar cien veces y hacer cien fotografías a distintas horas del día y siempre serán distintas ya que la luz cambia y tu ojo y sensibilidad también.

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Una buena foto muestra el árbol y a través de él descubre en nosotros el bosque entero al que pertenece. Desde luego, no todos los árboles son igualmente bonitos, y, además, mucho de la gracia de las fotos depende de la hora del día, del tipo de día y de otros factores que tanto tienen en cuenta los aficionados. Por otro lado, está la pericia del fotógrafo. Pero, basta que todas esas cosas se alíen en una proporción suficiente para que un botón sirva de muestra, un retrato evoque el tiempo que pasa, una sonrisa nos haga recordar la felicidad o una mueca de dolor nos duela a nosotros también. Ese milagro que consiste en que una imagen despierte a veces ecos tan poderosos, nos haga volar o nos derrumbe, es algo inherente a los productos artísticos. El arte no adormece, no está destinado solo a complacernos, sino que también, bienvenido sea, nos despierta, nos descubre verdades dolorosas, nos ayuda a tomar conciencia. Una buena foto pertenece a ese género de cosas que nos hacer pasar de lo privado a lo general, nos hace ver y sentir el universo en el detalle, en lo concreto, en el instante, ver el árbol y sentir el bosque.

Javier Brox

Algunas de las fotos expuestas:

000000 Tía Rita febrero 1988

 

001 20X30

 

004

 

PICT0286

 

PICT0302 (1)

 

001B  20X30

mini-023  Albi Pintor ens Claustro de san Salvi

 

mini-305_0575 Picapòrte Albarracín (1)

 

mini-305_0598 Picaporte Colegiata Albarracín

 

mini-046 BB  Saint Bertrand de C

 

mini-039 BB Saint Bertrand de C

 

mini-061 Picaporte

 

mini-026 BB  Albi Picaporte

 

mini-D01 B y N  20X30

 

mini-027 BB  Albi Picaporte

 

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A012

A016

A020

A001

mini-A6

mini-A4