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jueves, 30 de mayo de 2013

Contra Baudelaire, prevaricador ocasional.

 

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Si Baudelaire tuviera, como los dioses de las religiones politeístas, un atributo que sintetizara su característica más notable, sería quizá una farola. No la lámpara de Diógenes, buscador de esencias, sino un flexo en su habitación y una turbia farola parisina por la calle. Baudelaire como Diógenes padece de desazón profunda, pero no busca un centro de gravedad permanente, al que casi ha renunciado (Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Bouddha doré, une idole mexicaine sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu). Más bien, se entretiene desesperadamente iluminando verdades parciales, emociones intensamente pasajeras. Es un especialista del retrogusto al que poco interesa la explosión de sabores en el paladar. Todo debe ser filtrado antes de saber si vale la pena, todo debe ser traducido a palabras mediante esa fantasque esgrima (Le soleil) en la que se ejercita. Si algo es refractario a esa luz, es mejor callar, que diría el otro.

La mirada de Baudelaire en los autorretratos expresa esa mezcla de avidez y ensimismamiento, curiosidad infinita y rigor máximo en lo que se escoge. Creo es W. Benjamin quien subraya que el París del poeta empieza a ser la ciudad del alumbrado público. Ya no hace falta llevarse a cuestas la lámpara, como Diógenes, para acumular un desengaño tras otro y muy de vez en cuando en cuando descubrir un destello, un bendito detalle de lo real que se convertirá en poema. Lo cierto es que el flâneur auténtico sabe que el paseo reserva desengaños, pero no por ello abandona la caminata, porque sabe también que si se para, se cae, y que además, como el psicoanalista freudiano con su atención dispersa, tarde o temprano acabará por sentir el reclamo de lo significativo. Los ojos de Baudealire serán entonces foco supremo, tendrán, en palabras de Calasso (La Folie Baudelaire, Adelphi, 2008; Anagrama, 2011) la capacità folgorante di percepire ciò che è.

Pero en esa pulsión iluminadora, Baudelaire corre el riesgo de abusar de lo real, de servirse de ello para colocar sus obsesiones, y como un prevaricador proyectar su infinita inquietud. Ese es quizá el sentido del curioso reproche que le hace Jules Renard en su Diario. Si el equilibrio entre lo visto y aquello que, por nuestro carácter, estamos condenados a ver, entre la variedad de lo real y nuestras fijaciones, se decanta demasiado del lado estas últimas, entonces nos enfrentamos a esa frase lourde, comme chargée de fluides électriques, de Baudelaire (J. Renard, Journal 1887-1910, Actes Sud, 1995, p. 52). Ver lo real, iluminar lo real, no forzarlo  para decir lo que queremos, no someterlo a nuestra neurosis, poética o no:

Baudelaire: “l’âme du vin chantait dans les bouteilles”. C’est bien cette fausse poèsie qui s’occupe de substituer à ce qui existe ce qui n’existe pas. Pour l’artiste, du vin dans une bouteille, c’est  quelque chose de plus vrai et de plus intéressant que l’âme du vin et l’âme d’une bouteille, car il n’y a pas de raison de donner un âme à un objet qui s’en passe fort bien (J. Renard, opus cit., p, 52)

La frase que espanta a Renard es, tal vez,  un ejemplo banal de la tendencia a la verbosidad, entendida más en lo que se refiere a la intensidad de las palabras que a su número, una selecta verborrea intelectual. Pero, pienso que Renard tiene razón, que un exceso de luz ciega y que la salvación, y al tiempo la condena del dandi radica en que acaba por convertir su indumentaria en un uniforme y, de vez en cuando, necesita hacerle un traje a su medida a aquello que tiene más a mano. Todo, con tal de tener razón poética:

La femme est le contraire du Dandy. Donc elle doit faire horreur.
La femme a faim, et elle veut manger ; soif, et elle veut boire.
Elle est en rut, et elle veut être f...
Le beau mérite!
La femme est naturelle, c'est-à-dire abominable.
Aussi est-elle toujours vulgaire, c'est-à-dire le contraire du Dandy.
Ch. Baudelaire, Mon coeur mis à nu : journal intime, (1887)

Traducción (p. 8 del enlace):

La mujer es lo contrario del dandi. Debe causar horror.
La mujer tiene hambre, y quiere comer; sed, y quiere beber.
Está en celo y quiere ser f...
¡Qué gran mérito!
La mujer es natural, es decir, abominable.
Además, es siempre vulgar; es decir, lo contrario del dandi.

domingo, 21 de abril de 2013

Otro (auto)retrato de Baudelaire. En la mirada está el principio de la condenación y de la salvación individual.

 

L’observateur est un prince qui jouit partout de son incognito (Le peintre de la vie moderne, Ch. B.)

Adieu vive clarté de nos étés trop courts! (Chant d’automne, Ch. B.)

 

Se presenta un autorretrato de Baudelaire en la exposición dedicada al escultor romántico Geoffroy-Dechaume (1816-1892).

Me pasa con Baudelaire lo mismo que con otros grandes poetas, que la lectura continuada me satura y solo soy capaz de admirarlos hasta la incredulidad en pequeñas dosis. Hace unos días, buscando en un libro de Semprún  (Adiós, luz de veranos…)  recuerdos suyos sobre la proclamación de la Segunda república española,  me topé con la segunda estrofa de Le beau navire (Cuando vas barriendo el aire con tu gran falda/pareces una hermosa nave que se adentra en el mar/cargada de tela y se balancea/ con un suave ritmo, perezoso y lento). Entonces me olvido de Semprún e intento acercarme a la fuente primera de calor, la misma que me quemó cuando la tuve directamente entre las manos.

Encuentro, además, la noticia de que ha aparecido otro autorretrato de Baudelaire:

151159362-06544d63-db8d-4a8a-b952-ec49babb72abFuente

Y me acuerdo de lo que dice Calasso en La folie Baudelaire, que hay una luz Baudelaire que ilumina aquello que mira , como si fuera el verdadero rey Midas de la mirada, aquel que no se deja deslumbrar por el brillo y acierta en lo que ve, más que en busca de la felicidad, a la caza de su promesa, una hermosa sombra nada más. Los autorretratos que hizo,  es eso lo que tienen en común, unos ojos que escrutan, acumulan, parecen dominados por una mezcla de feliz inconsciencia y absoluta determinación, certeramente poseídos.  Mirada ávida y al tiempo extremadamente selectiva, aunque, a menudo, la selección vaya a pasar por filtros inconscientes que la cargan de significados implícitos antes de terminar, si por suerte así fuere, en obra escrita. También en las fotos de él que  han llegado hasta nosotros son los ojos lo que atrae nuestra mirada, como si quisiera recordarnos que antes de la  fantasque escrime con las palabras a la que se entregaba a la búsqueda de rimas, estaba la mirada. Por cierto, la ruptura con Jeanne también fue vivida por él como un velo oscuro delante de los ojos (Calasso, ibid, p. 60 de la edición de bolsillo italiana).

Fuentes de los retratos:  2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15. En otros casos, la fuente aparece a pie de foto.

 

(Auto)retratos:

Autorretrato

2

Autorretrato3. Este autorretrato todavía puede verse en la exposición Luces de bohemia, a cuya presencia en el Grand Palais, de Paris, se dedicó una entrada en este blog.

Autorretrato4

 

Autorretrato5

 

Autorretrato6

 

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baudelaire_literatura_06Fuente

 

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Fotos:

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Charles Baudelaire.jpg11

 

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 Etienne Carjat - Charles Baudelaire (1821-67) with Engravings, c.1863 (b/w photo) Fuente

El retrato de Courbet, Baudelaire, trébuchant sur les mots comme sur les pavés:

15 (Courbet)

Otro retrato:

 Emile Deroy - Portrait of Charles Baudelaire (1821-67)16 (retrato de Emile Deroy)

miércoles, 4 de abril de 2012

Pan sin sal, gioconda ma scipita, la Gioconda del Prado

Quizá calcadas del mismo cartón, las dos Giocondas, la del Prado y la del Louvre se parecen mucho, pero en el fondo no se parecen nada. No se podría decir, sin embargo, que se parecen como un huevo a una castaña, sino más bien como el jamón serrano del montón, o quizá ibérico de cebo  a un buen Jabugo.  En términos artísticos, una, la del Prado, casi solo posee interés documental, y la otra encierra el misterio de la vida congelada, la que queda cuando un gran pintor da por acabada una obra. Una, la del Louvre, es tutta sale e pepe, toda sal y pimienta, y la otra es sosa, como las personas que solo tienen apariencia. Si hubiera que ponerle al cuadro del Prado un título, le iría que ni pintado uno de un cuento de O. Wilde, La esfinge sin secreto, que narra cómo alguien se enamora  del rostro de una mujer que a la postre se descubre sin interés alguno. Es un tema muy del gusto del Baudelaire que estudió Benjamin, el del paseante de la gran ciudad que se va quedando colgado de miradas instantáneas de las mujeres con las que se cruza (À une passante), promesas efímeras de felicidad. Sin embargo, la Gioconda de Leonardo más que prometer cela un secreto, un misterio que solo estaba en la cabeza del autor, pero de cuya estela no es difícil que el espectador se haga eco. Basta con mirarla para entenderlo, a pesar de los devastadores efectos ligados al síndrome turifel . Otra cosa es intentar formular esa enigmática mezcla de dulzura, seriedad y tímida picardía, reproducirla con palabras.
La Gioconda o Mona Lisa

viernes, 11 de noviembre de 2011

Horrores domésticos. A nadie le huelen mal sus propias colonias ni le parecen feos sus souvenirs

Penso l'arredo - che malinconia! – /penso l'arredo squallido e severo,/antico e nuovo: la pirografia/sui divani corinzi dell'Impero,/la cartolina della Bella Otero/alle specchiere... Che malinconia!/Antica suppellettile forbita!               G. Gozzano, La signorina Felicita ovvero la Felicità

Oggetti più brutti in casa dei genitori: il blog

Echando la vista atrás, a los años en los que la clase media todavía , no aspiraba a poseer objetos de diseño en sus casas -o, por lo menos no se identificaba plenamente con él-  el jardín de los horrores solía estar en el cuarto de estar, en los amplios huecos que dejaban las librerías poco provistas de volúmenes o encima de la televisión, donde las bailaoras de flamenco pasaban más calor que en el tablao. Allí era donde se solían colocar los bibelots de medio pelo,  el más caro y feo de todos los pelos en relación a su extensión. Ardillas termómetro de Sierra Morena, algún

cenicero con la Venus de Botticelli, camellos portadores de palillos impertérritos y mudos papagayos de madera de balsa. Las clases más acomodadas se tiraban a la fina artesanía popular o a la más refinada, caballitos de Gordiola, algún souvenir exótico de Méjico o ceniceros de Murano.

Pero toda aquella evocadora tribu de nuñecos, junto con sus enseres, solía concentrarse en  una sola habitación, quizá porque, a diferencia de los humanos, no necesitaban comer, dormir o ir al baño. Las cocinas, baños y dormitorios solían ser más austeros, quizá más

proclives a acoger los productos de la artesanía doméstica, como cojines, cubre rollos de papel higiénico o sujeta bandejas de pared.

Pero llegó el diseño, ese que hasta hace poco muchos no solo se podían permitir, sino que se lo merecían, y arrasó con todo. Plásticos por doquier, colores compactos e intensos, refugio de renegados almodovarianos del ganchillo. Los pequeños relojes sujetos por un largo cable tipo flexo o las estaciones meteorológicas de plástico gris sustituyeron a los recuerdos de Mallorca y La Oca, Musgo o Vips empezaron a  abastecer las compras de Navidad y los regalos de cumpleaños.

esbauDespués,  llegó Ikea, Casa, Zarahome y, en el mejor de los casos, Habitat, tiendas que dieron un nuevo estirón a las pijaditas de diseño, demasiado caras para un amplio público. Y nuestra tribu de flamencas, camellos, ardillas y delfines voladores tuvo que refugiarse en las tiendas de todo a…,  paraíso  del curiosos,  templo de esos ídolos mestizos de saldo que hacían pensar a Baudelaire que quizá eran ellos el verdadero dios (1).

Curioseando por Internet, me topo con un entero blog dedicado a los horrores de las casas paternas, supongo que ideado por hijos de conservadores de pequeños museos de la baratija. El nombre del blog, crapatmyparentshouse,  (crap significa porquería, caca) me hace pensar en esos jóvenes que

Oggetti più brutti in casa dei genitori: il blogrepudian los rasgos físicos heredados, que un algún momento de su vida rechazar parecerse a sus progenitores, sin darse cuenta de que al volver la esquina se los van a encontrar otra vez, porque esos pelos de las manos, esa nariz demasiado pronunciada o la nariz huesuda son clavaditos a los de papá y mamá. Con el gusto ocurre algo semejante, que se nos cuela la herencia por donde menos esperábamos y, aunque a nadie le huelen mal sus propias colonias ni le

I stand corrected, there are creepier things than clowns.<br />Now if you&#8217;ll excuse me, I need to get back to screeming into my pillow.

parecen feos sus souvenirs, es mejor ser conscientes de que no hemos nacido ayer y somos hijos de la tradición, sea cual fuere. Así es que mejor hacer las paces con los horrores domésticos de la familia que pelearse con ellos, porque quien sabe si nuestras adoradas pijaditas domésticas no acabarán en un blog semejante a este o incluso peor.

(1) Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Boudha doré, une idole mexicaine sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu (Charles Baudelaire, en Benjamin, Walter, Dirección única, Alfaguara, Madrid, 2002. Traducción de J. J. del Solar y Mercedes Allenezalazar)

He aquí una antología extrema (Fuente):

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               Oggetti più brutti in casa dei genitori: il blog

Bacon milkshake?       Oggetti più brutti in casa dei genitori: il blog

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              Nothing says &#8220;cool parents&#8221; like novelty fart detectors. 

viernes, 10 de junio de 2011

Olores perrunos

Foto2553Una obra de Feldmann

Baudelaire, en uno de sus Petits poèmes en prose, compara el gusto del gran público con el de los perros, aficionados a lo que para nosotros son los malos olores:

"- Mon beau chien, mon bon chien, mon cher toutou, approchez et venez respirer un excellent parfum acheté chez le meilleur parfumeur de la ville." Et le chien, en frétillant de la queue, ce qui est, je crois, chez ces pauvres êtres, le signe correspondant du rire et du sourire, s'approche et pose curieusement son nez humide sur le flacon débouché; puis, reculant soudainement avec effroi, il aboie contre moi, en manière de reproche.
"- Ah! misérable chien, si je vous avais offert un paquet d'excréments, vous l'auriez flairé avec délices et peut-être dévoré. Ainsi, vous-même, indigne compagnon de ma triste vie, vous ressemblez au public, à qui il ne faut jamais présenter des parfums délicats qui l'exaspèrent, mais des ordures soigneusement choisies."

(Clica aquí para leer una traducción)

Quizá sea, sin embargo V. Woolf, en Flush, quien haya conseguido dar la imagen literaria más poderosa de lo que significan los aromas para un perro en relación a la importancia que tienen otros sentidos. Durante su estancia en Italia, el país que por excelencia reclama del turista una atención visual, la escritora señala lo que para el perro significaba ese país, principalmente, una sucesión de olores. Hay que suponer que el amor fue perdiendo gradualmente su fuerza en él. Pero el olor no la perdía…:

Flush vagaba por las calles de Florencia para extasiarse con los olores. Por calles y callejuelas, por plazas y alamedas, correteaba Flush guiado por su olfato. Iba de olor en olor; los recorría todos: el áspero, el suave, el oscuro, el dorado... Entraba y salía, subía y bajaba, donde batían el cobre, donde amasaban pan, donde hallaba mujeres peinándose, donde había jaulas con pájaros – formando una pila en plena calle –, donde se derramaba el vino manchando de rojo oscuro el pavimento, donde huele a cuero, a guarniciones y a ajo, donde tiemblan las hojas de parra, donde hay hombres que beben, escupen y juegan a los dados... Lo correteaba todo, con la nariz a ras del suelo, sorbiendo esencias, o con la nariz en el aire vibrante de aromas. Dormía en esta mancha tostada por el sol –¡qué vaho despedía la piedra recalentada! –, buscaba aquel túnel de sombra – ¡qué ácida olía la piedra a la sombra! –. Devoraba racimos enteros de uva madura a causa del color púrpura que despedían; mascaba y luego escupía las piltrafas endurecidas, de cabra, o los restos de macarrones que cualquier ama de casa había tirado por el balcón (el olor a cabra y a macarrones es un olor ronco y carmesí). Seguía la desfallecedora dulzura del incienso en la violácea oscuridad de las catedrales, y al husmear el oro de las losas sepulcrales, se ponía a lamerlo.

Saltando de nivel, como en los primitivos juegos de video, también he echado un vistazo a lo que se dice en los inconsistentes, a menudo, pero divertidos foros populares de internet sobre la afición de los perros por olerse el culo. He aquí algunas muestras:

"E' il loro modo per comunicare, per presentarsi se si sono appena incontrati e per capire come stanno fisicamente, sotto la coda ci sono delle ghiandole che danno molte informazioni sullo stato fisico e psicologico del cane, così come noi ci abbracciamo o baciamo per salutarci oppure ci stringiamo la mano per presentarci loro si annusano lì, sul collo e sui gentali; la cosa migliore per far litigare due cani è non permettere che si annusino a vicenda quando si incontrano, se li lasciassimo annusare il 90% delle volte farebbero amicizia senza problemi, ma purtroppo per moltissime persone è una cosa troppo disgustosa e così facendo, tirando indietro il guinzaglio, diamo al cane un'informazione errata, gli diciamo di mettersi in guardia e creiamo ansia tra di loro".

"MIRA HAY UNA LEYENDA QUE CUENTA QUE HACE MUCHOS PERO MUCHOS AÑOS, HABIA UNA FIESTA DE PERROS Y COMO REQUISITO PARA ENTRAR TENIAN QUE DEJAR LA COLA EN LA ENTRADA. DURANTE EL BAILE HUBO UNA TRIFULCA (LIO DE PERROS) VINIERON LOS POLICIAS Y TODOS SALIERON CORRIENDO DE ALLI, POR EL APURO CUALQUIERA AGARRO LA COLA DE CUALQUIERA. ES POR ESO QUE AHORA SE HUELEN ..... PARA SABER SI LA COLA DEL OTRO ES LA SUYA PROPIA. TE GUSTO?"

"Instead of shaking hands or kissing each others cheeks, dogs introduce themselves by licking their new friends parts. "Hey, pal, it's me! Each dog smells differently in a way they can distinguish one another. It also let's them identify a male from female. Still researchers think the smell offers much more information than what we really know".

"Encontré esta respuesta, me parece de lo mejor, aunque también algún día escuché que el dios del viento había dado un mensaje a un perro y se lo enrrolló en la cola, el perrito lo perdió y ahora todos lo buscan oliéndose la colita."

"cuenta la historia que anteriormente los perros convivían como los humanos, y en una ocasión en una gran fiesta ellos se quitaban su trasero para poder entrar, pero sucedió un imprevisto un incendio todos salieron corriendo y tomaron el trasero sin fijarse si era de ellos por la prisa, desde entonces se olfatean el trasero buscando el suyo, saludos fue una historia urbana je je."


Parece que algunos perros de caza cuando pierden el rastro de una pieza que quizá han perseguido durante decenas de quilómetros, son capaces de volver al sitio de donde partieron siguiendo las moléculas de su propio olor. R. Grenier (Les larmes d’Ullysse) señala cómo en francés se dice entonces que el perro “prend son contre-pied” y recuerda que el psicoanalista F. Gantheret se lamentaba por no tener una capacidad semejante para seguir el rastro de sus recuerdos, el hilo que le llevaría a recorrer la génesis de sus sentimientos. Queda por saber si al final del recorrido no habría un apestoso disgusto, un insuperable trauma que ni el aire fresco puede ayudar a superar.

martes, 14 de septiembre de 2010

Hacer fotos con el móvil: eyephoneography

El fotógrafo ocasional que hace sus fotos urbanas con el móvil es un heredero del flâneur, tal como le retrató W. Benjamin a partir de la poesía de Baudelaire. El paseante parisino del incipiente desarrollo capitalista, de igual manera que quien vaga hoy en medio del desconcierto producido por la crisis económica –mezclada, eso sí, con destellos de la opulencia de algunos-, camina a menudo errante por la gran ciudad globalizada, abstraído y concentrado al tiempo, capaz de ignorar cuanto le rodea, la miseria, la provocación, los escaparates más deslumbrantes, pero también dispuesto a fijar por un instante la atención en lo que, por razones que a menudo ignora, reclama su mirada. Y después de mirar, a menudo, activa la cámara del móvil. No sale a buscar fotos, como quien lleva la cámara al cuello, encuentra inesperadamente la ocasión de hacerlas. La sorpresa que le produce lo visto le incita a atesorar el instante mediante una instantánea. Es quizá ese carácter de imagen encontradiza uno de los atractivos de este tipo de fotografía. El acto de sacar el teléfono, activar la cámara y por fin disparar cuando a uno ya le solicitan otros reclamos como, pongamos por caso, los tirones del perro que nos acompaña, une passante, o un espléndido escaparate, se convierte en un placer que corre el riesgo de malograrse. La foto, si nos da tiempo a hacerla, lo dilatará. Por ello, si es además es convincente, la apreciamos tanto.
Aceptando, sin embargo, el conocido soneto de Baudelaire À une passante (texto en francés e inglés) como epítome de la experiencia del flâneur, que esta vez parece estar tomando algo en un café, cabría decir que su forma de vivir la experiencia urbana se aleja de la del fotógrafo de móvil. Mientras que, como decíamos, éste inmortaliza –con la punta de melancólico deseo de parar el tiempo que tiene la fotografía- lo visto, de manera que gracias a la imagen puede revivir el instante que eligió congelar, el flâneur se recrea en la perdida del instante de manera contrafactual, una de las formas más nocivas, pero también con más posibilidades poéticas, de plantearse la vida.
À une passante, en la versión de L. Ferré.
Todo lo anterior viene a cuento de la celebración en Madrid, a partir del próximo día 17 de septiembre, de eyephoneography (Versión en español), una ocasión para exponer las fotos de móviles que se reciban durante la inauguración del certamen, además de poder ver in situ las de los cuatro artistas seleccionados para la ocasión, Sion Fullana, Greg Schmigel, MissPixels (Isabelle Gagné) y Marco La Civita. El diario La Repubblica da hoy cuenta de ello, al tiempo que publica algunas fotos de los artistas invitados:






MissPixels, Allmine

Greg Schmigel, I cannot afford to love NYC.



Marco La Civita, Bumpy ride

El encuentro tendrá lugar en Hub, un curioso lugar de cuyo escaparate, curiosamente, hice alguna foto llena de reflejos de la gran ciudad la última vez que estuve en Madrid paseando con mi móvil:
Foto1771Foto1772

jueves, 22 de abril de 2010

Dormir de lejos no es dormir, es como estar durmiendo solos... Dime cómo duermes en pareja y te diré cómo va la cosa. Test del diario La Repubblica elaborado por Brunella Gasperini

Comme de longs échos qui de loin se confondent
Dans une ténébreuse et profonde unité,
Vaste comme la nuit et comme la clarté,
Les parfums, les couleurs et les sons se répondent.

Charles Baudelaire

En el universo todo tiene su trasunto, un juego de espejos difunde al infinito formas primarias que se metamorfosean sin perder su carácter. Y no son muchas, el círculo, el rectángulo, estar arriba o abajo, ir de culo, por el morro o ser legal, llegar pronto o tarde, coger de la mano o del hombro, dar o recibir, bailar o estarse quieto, etc. Por eso, tiras de una hebra y acabas por desentrañar toda la historia universal, el genoma completo de género humano. Es mejor ignorarlo, creer que no hay porqués, confiar en la espontaneidad, en la individualidad, en el ego. Pero no,  un sabio intérprete te puede leer en la palma de la mano, en el fondo del ojo o en los posos del desayuno, quién fuiste, dónde vas y cuánto te queda, si eres de Marujita o desde hace cuantos siglos cojea tu estirpe de un pie. Hasta Sánchez Dragó, singularidad donde las haya,  lo sabe. Por eso, no tiene nada de raro que un test sobre la formar de dormir en pareja sirva para hacer una radiografía sobre el estado de salud de “vuestra vida juntos”, como diría un consejero matrimonial. Este test cuyo enlace doy a continuación es perfecto para saber cuántos días más os soportaréis, si llegaréis a navidad o el muñecolate se derretirá antes. Y para aquellos que llevan años sufriendo el monstruoso ronquido del león a centímetros de sus oídos también sirve. Les dirá  hasta dónde les llegan aún las reservas de aguante.

Yo no ronco, solo “respiro”, pero mi mujer tiene un oído de tísico y un sueño de duende amenazado por los dementores de H. Potter y hasta a mí me ha servido el test para saber qué pasará.  Está en italiano, pero se entiende lo suficientemente bien como para hacerlo sin muchas dificultades. Las solución divide a los humanos en tres categorías. Yo me encuentro entre los más dichosos, aunque con alguna pulsión distorsionadora entrecruzada, que tanto abrazo debe esconder ansia de huida. Para celebrar mi resultado he versionado una canción de Sergio Dalma que a buen seguro  ayudará a conciliar el sueño.

Dormir de lejos no es dormir,
es como estar durmiendo solo.
Tú sobando en tu rincón,
y a dos metros de ti 
durmiendo yo en en polo.
Probemos una sola vez, dormir pegados con Araldit
abrazados al compás, sin separar jamás
tu cuerpo de mi cuerpo.
(estribillo) 
Dormir pegados es dormir,
igual que duerme el mar con calcetines,
corazón con corazón, en un solo colchón dos dormilones,
corazón con corazón, y en un solo colchón
abrazadísimos los dos, asándonos,
sintiéndonos la piel,
nuestra dormida va a empezar,
vamos a probar, probar el arte de sobar. 
Dormir pegados es dormir,
Dormir pegados es dormir
es dormir…
(PseudoDalma)

Enlace al test: http://canali.kataweb.it/salute/2010/04/16/coppie-cosi-le-posizioni-durante-il-sonno-rivelano-se-lintesa-e-davvero-solida/

domingo, 21 de febrero de 2010

Rincón de los escaparates (9). Le vrai dieu

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Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Boudha doré, une idole mexicaine sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu (Charles Baudelaire)

jueves, 21 de enero de 2010

Rincón de los reportajes (4). El observador es un príncipe que disfruta por doquier de su incognito (Baudelaire). De paseo por el Támesis

En el psicoanálisis freudiano el analista puede y quizá debe mantener un tipo de atención que tiene un alto porcentaje de distracción. Creo que lo llaman atención flotante. Ante la maraña de datos que recibe de sus pacientes no le queda otra opción que dejarse ir, permitir que su educada intuición le indique cuándo debe prestar oídos plenos a lo que está escuchando y cuándo puede ahorrar energía. Como si tuviera un detector de inflexiones o de contenidos interesantes debe saber cuáles son los tonos, las dudas, los indicios que pueden llevar a franquear puertas cerradas,  cuáles son los síntomas cardinales. Si no fuera así su procesador se bloquearía por exceso de programas abiertos, tendría que estar atento a todo lo que dicen todos y acabaría loco perdido, saturado, exhausto.  El flâneur, el paseante distraído de la gran ciudad, tal y como nace en el París de principios del S. XIX, comparte durante sus caminatas, ese mismo tipo de atención. La gran urbe, una especie de inmenso Corte Inglés al aire libre, saturaría sus sentidos si no fuera capaz de abstraerse. Su paraíso son los rastrillos temáticos, donde todo es parecido y el tiempo un remanso de paz, hasta que salta la liebre y aparece el objeto, la pieza, que de repente adquiere valor para él, lo tenga o no objetivamente. Pero al flâneur, muy de vez en cuando, también le agrada pasear por ciudades desconocidas, aunque la experiencia sea demasiado exigente y  le lleve a tener que estar escudriñando a su alrededor como un perro de caza –él, que es un afgano indolente cruzado con un schnauzer gruñón. La ciudad extranjera le agota y pocas veces le lleva a descubrir cosas verdaderamente importantes, porque ya se sabe que el que que no busca encuentra. Pero a veces se organizan experiencias de esas que llaman viajes, fines de semana y por la familia se hace cualquier sacrificio.
Pues Iba yo un día andando por la orilla del Támesis (algo, que no se crean, he hecho dos veces en mi vida) cuando, intentando distraerme de tanto reclamo visual, levanté la cabeza al cielo con la intención de preguntar por qué, por qué, aunque no supiera el motivo exacto de mi pregunta. Hete aquí lo que vi:
hori
http://www.nytimes.com/2006/02/07/travel/08weblondon.html?_r=1&scp=1&sq=Woody%20Allen%20colin%20cameron&st=cse
http://www.movie-locations.com/movies/m/matchpoint_02.html
Seguramente, solo los letraheridos no creyentes sabemos hasta qué punto las ciudades están llenas de ermitas, santuarios, capillas y en general, lugares de culto: dónde pasó su última noche W. Benjamin, dónde se pegó el tiro Larra, el bar de Benet, las calles por donde pasea Zúñiga…. Yo me dije al verla , esta es la casa que sale en Match Point, y de ahí no me apea nadie, porque, además, lo mismo que veían los protagonistas de esa magnífica versión irónica de Crimen y castigo cuando se asomaban al ventanal de la casa regalada por papá veía yo, pero desde el otro lado, el de los no protagonistas de la Historia.
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