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jueves, 7 de junio de 2012

Inventario (bestiario y objetario) de monerías de colores…y llegó la Sopa de Pantera de Rossario de la Varga

Charo de la Varga, autora de la exposición de febrero de este año en Elparedonhelarte, expone una obra suya en La Pantera Rossa.
Inventario (bestiario y objetario) de monerías de colores…y llegó la Sopa de Pantera de Rossario de la Varga.
Un burro todo de algodón; la gran ballena blanca, reinventada para el cine por Bradbury, muerto ayer; la castaña dorada de Lady Di, desdeñada por el zafio príncipe; el pequeño caballo azul; un perro verde verde, como yo; el tigre de papel de Mao, un animal más pesado que el ave fenix; la rama dorada,  libro que, a pesar del hermoso título, nunca he leído; tu nariz, llena de Nivea, manchada de helado o roja por el sol (son muchos años juntos); el Pequeño tío a topos de Pipi Calzaslargas, una niña que era demasiado para mí, tan bueno, según mi madre; mi perro tricolor, con tres o cuatro uñas negras y tres o cuatro blancas; el enfermizo periquito ceniciento, que de tan solitario como era murió solo en la jaula; aquel horrible mono albino de Barcelona, con el que, sin duda, obligaban a los niños a entusiasmarse;  la lluvia amarilla, no la de los blogs eróticos, sino la del recuerdo envejecido, como en el Tiempo amarillo, de Fernán Gómez o el Cuaderno amarillo de Pániker; tu camisón butano, largo y opaco, de cuáquera más que de budista; los zapatillas de gamuza azul que tan sabrosas le resultaron a Roco; el empalagoso Submarino amarillo que vi en el Cine Azul una tarde gris; purple rain, purple rain, del millonario enano atómico que buscó mujer por internet; tus ojos, casi siempre del mismo color; la topolino amaranto, che è un incanto y la giarrettiera rossa, solo questione di un momento; bueno, y, ya puestos, el león de Azzurro.
Por último, el vestido negro de Rossario de la Varga, que parece tan mono, con su volante de flores o pétalos. Se ve en esa foto misteriosa que la autora de Sopa de Pantera (feminismos, política, arte, poesía, novela, filosofía…con ayunos felinos y recetas caníbales) publicó en Facebook: ella y otros dos comparsas, con sandalias sobre el suelo mojado; él, con los pies bien pertrechados, pero como si tuviera que irse; ella, bien asentada, y él, más liviano; él, de medio lado y ella, medio de frente.
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lunes, 12 de marzo de 2012

Calaveritis aguda. Síntomas: Hechizo de calavera y abusos de confianza al final de la exposición de Charo de la Varga.

Doisneau e il cuore di ParigiJean Settour dans sa cave, Les Halles, 1979 © Atelier Robert Doisneau

Desaparecieron las calaveras de la escuela, porque terminó la exposición de Charo de la Varga. La última noticia que he oído sobre sobre esta prometedora artista le atribuía la nacionalidad mejicana. Non è vero ma è ben trovato, desde luego. Antes, me habían llegado ecos de que era una réproba salida de un convento, donde, a cambio de cursillos sobre el uso de facebook impartidos a las hermanas, habría aprendido y mejorado la técnica del ganchillo, también llamada crochet por los afrancesados aragoneses.

Entre el público que ha visitado la expo había varias corrientes. El contingente más ingenuo -cuyos comentarios, tipo los niños Gallifantes, son los que prefiero- se fijaba en el primor del ganchillo. Seguramente, gracias a la referencia a la depurada técnica, a la que muchos no eran ajenos por tradición familiar, estos maños evitaban enfrentarse a la irónica  crudeza de las imágenes expuestas, vinculadas en su mayor parte a la muerte. Y es que quien se consideraba mejor en el uso de la aguja (“Tendrías que ver lo que soy capaz de hacer yo a ganchillo”, comentó una mujer de avanzada edad, con cierto parecido al Capitán garfio), a veces se sentía molesto ante tanta calavera, y no faltaron los que llegaron a decir que para eso –sin precisar más qué era eso- ya tenían el cementerio de su pueblo a escasos diez minutos de su casa.

Tanto cráneo pelado, desde luego, ha producido efectos extraordinarios un poco en todos. Al colgar la siguiente exposición, de tono y contenidos muy distintos, hubo algún profesor que respiró aliviado ante la perspectiva de no tener que enfrentarse todos los días a la inquietante no mirada de las cuencas vacías de tantos ojos que un día cerró la postrera sombra.02032012486

Quien esto escribe también ha sufrido trastornos del alma debidos a la cercanía con las obras, aunque casi hasta los últimos días de la exposición no se hicieron del todo manifiestos a través de un notable cambio de comportamiento. Ocurrió que, afectada la artista por melodramáticos alifafes de oscuro origen, hube de desmontar yo las obras. Podría decir que la tarea me hacía incluso ilusión, dado que me iba a permitir una intimidad con los objetos de la que no había gozado hasta entonces,  porque fueron otros los que montaron la exposición y cuando yo llegué a la Escuela aquel día me la encontré ya magníficamente instalada. Impelido por cierto inusitado afán de protagonismo -quizá un primer síntoma del mal de calavera que después ha ido cobrando mayor fuerza en mí- intenté entonces meter de rondón un porta velas y unos crisolines con la excusa de que podían hacer la función de punto de fuga para la pieza llamada Tête era (todavía hoy me sonrío al 02032012487escribir su título, señal de que aún no estoy curado del todo del virus). La artista segó sobre el feo terrazo del suelo de la escuela toda  iniciativa mía con una va(r)ga apelación a la necesidad de sobriedad, consciente seguramente, sin embargo,  de que lo que yo quería era hacerme notar, como luego no he podido evitar volver a intentar con motivo de un poema visual sobre el que debo callar. Lo único que conseguí , gracias a los comentarios trufados de queja de J. Burguete, fue cobrar conciencia de hasta qué punto el Rincón del gato podía resultar encantadoramente inadecuado para las exposiciones. ¡Ah, y en el último momento, inspirado por la desesperación de no haber aportado nada al montaje, se me ocurrió poner el atril sobre el que lucía la Tête era en escorzo! Un poco por las prisas, la artista aceptó la modificación y yo me quedé, como quien se rasca un habón reciente,  un pelín menos frustrado.

Volviendo al orden cronológico de la reconstrucción del avance de la enfermedad calavérica (calaverica, en dialecto local) , tengo que decir que, como todo proceso maligno, al tiempo que daña, también es fuente de conocimiento. Así, al desmontarlas, feliz con la idea de que el desmontaje en solitario iba a compensar mi ausencia durante el colgado de las obras,  fue como aprendí que cada pieza está primorosamente hecha, lijada, barnizada, tratada con todo tipo de afeites embellecedores y antiedad, o lo contrario, cuando el caso lo requiere; comprobé que el imagecrochet está tratado con filtros mágicos que pueden llegar a mantenerlo tieso como mojama durante cien años y un día; que ningún elemento sobra ni baila, salvo el delicado anzuelo nupcial de Ajuar, tan peligroso como apetitoso de morder, porque está hecho de una sustancia dulce y maleable por fuera y dura como mallacán por dentro (betún de Judea, tratado con almíbar de piña emulsionada en frío, y resinas de alcornoque manchego, más otras sustancias no reveladas). Pero, poco a poco, según iba descolgando y tocando las piezas, noté que una ebriedad apenas disimulable se iba apoderando de mi. Cuando un colega me preguntó si iba a colgar aquel mismo día la siguiente expo, un 02032012484repentino hipo y una brevísima carcajada me hicieron comprender que ya no había nada que hacer, que estaba enfermo hasta los huesos y que en aquel estado acabaría cometiendo alguna tontería. Apenas pude acabar de descolgar el resto de las piezas antes de subir corriendo a encerrarme en mi despacho. Me senté, respiré tan hondo como pude y decidí que tenía que cometer un pequeño sacrilegio para aliviar mi estado y drenar mis densos humores. Solo a través de la lisis veía 02032012514una posible mejoría. Era consciente de que así no me curaría, pero al menos podría coger el coche sin excesivo riesgo de accidente y llegar a casa. Después, llamaría a algún curandero para que con una buena ración de performance médico mágica comenzara a tratar mi mal.

No hubiera sido capaz de un acto sacrílego de grandes dimensiones como aquel de Proust con una foto familiar o de dejar las obras a la intemperie en la terraza que hay junto a mi despacho. Tampoco me veía con fuerzas de emplear el diente -ya jodido en anteriores episodios del género, porque he de confesar que no es la primera vez que me ocurre algo así-  contra la madera ni el ganchillo. Mucho menos, me sentía capaz de pinchar una de las calaveritas en el anzuelo y morderlo  02032012489como si fuera el postrer bombón de mi blanca existencia. Pasé las de Caín durante unos minutos, hasta que se me ocurrió hacerme unas fotografías cometiendo un acto de claro abuso de confianza, expresión infantil del respeto excesivo, para publicarlas en este blog. Así lo hice, en parte con la ayuda inconsciente de Andrés Guerrero, que me retrató pensando que, en lugar de jugándome la vida, estaba de broma.

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Valgan estas flores de plomo/balas de flor como aviso para que, quien haya de vérselas con influyentes obras artísticas, sepa que su influjo puede

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llevarles al ridículo, un ridículo que no me importa mostrar con tal de que sirva para evitar el de otros.

Libri origami, l'hobby di Isaac è diventato arte Isaac G. Salazar, di Artesia, New Mexico (lapresse)

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viernes, 10 de febrero de 2012

El Heraldo de Aragón afina el paladar

Heraldo de Aragón, 10-02-2012

Otras entradas sobre la exposición:

Charo de la Varga, sin patrón. (texto de presentación de la exposición, fotos y antología poética)
Cómo me la calaverizaría yo (la calavera en el arte y la poesía)
Consumar el acto poético (crónica pormenorizada del acto de presentación de la exposición)

jueves, 9 de febrero de 2012

Consumar el acto poético

Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!  (Pandémica y celeste, J. G. de Biedma)
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Lo mejor para consumar un buen acto poético es no prepararlo demasiado. Pero tampoco conviene dejarlo todo a la improvisación, porque pueden fallar las luces o la calefacción y, aunque los fallos pueden añadir encanto, a menudo, sobre todo cuando se trata de consumar el acto en grupo, acaban por  resultar demasiado molestos. Quedarse poéticamente desnudo ante 30 personas exige que la sensación térmica – la expresión mostrenca de moda ahora que ha remitido la prima de riesgo- no contraiga la piel del poema y sobre todo que las letras no se pongan a tiritar. El otro día, en el acto de inauguración de la expo de Charo de la Varga, celebrado el pasado dos de febrero en nuestra Escuela, no hubiera hecho falta recurrir a hogueras, sensuales albornoces, porque hacía calorcito en el hall, o por lo menos yo, después de la introducción, tenía 03la sensación térmica de arder en caloretas. No hubiera hecho tampoco falta recurrir a ungüentos ni juguetes poéticos de los que anuncian a altas horas de la noche en la tele, pero una poetisa de aire delicado y sustancioso blog, que parece la princesa Silene en el cuadro de P.  Uccello, por si acaso, se llevó bien guardada su obra en un móvil modelo iAladino. Lo frotó tres veces y al cabo de interminables segundos de espera pudo leer la segunda parte de su poema, con gran maravilla del público, que en su mayor parte creía que los versos eran totalmente ajenos a la princesa o, si acaso, de alguna prima o sobrina lejana.  10

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Y es que en todo momento dio la sensación de que Silene trataba al fruto de su ingenio como si fuera el hijo de una hermana a la que no se acaba de querer o como si aplicara a los versos esas técnicas de moda hace unos años que aconsejaban no atender enseguida ni coger corriendo a los niños chicos en brazos.
Pero, seguramente, el momento cumbre del acto, la petite morte poética, vino de la voz de Elizaveta. Yo diría que nadie entendió una sola palabra de lo que dijo. Ella sostenía haber leído un poema de Maiakovski, pero bien pudo08 (1) tratarse del recitado del callejero Ekaterinburgo o de los resultados de los últimos partidos de balónhielo de Yakutsk. El caso es que su voz, sus gestos comedidos, pero enérgicos, sus elegantes giros de torso, con firme apoyo en un sólo tacón, su barbilla alzada en ademán fronterizo entre el desafío y la ensoñación, produjeron un efecto tal en los presentes que más de uno tuvo que mirar a las calavera durante unos segundos, porque se perdía en el deliquio. Yo hubiese querido dormirme en su voz,07 arrullado dulcemente por sílabas incomprensibles,  píldoras de puro placer. Alguien me dijo que parecía poesía fonética, llena de ruidos. Será, pero eran los ruidos de la música de las esferas.
A partir de ahí, entramos en un largo valle verde o azul, en la fase meseta, dicho en otros términos. Voces varoniles, de marineros del mar del norte que recitaban a Mallarmé sin que fallara una sola ese sonora, y ya podía le poète impuissant maudire  son génie, que l’azur acababa por triunfar.
Tocó por fin el turno a la representación local, que dejó el pabellón enhiesto. Mujer también de la delicada estirpe de Silene, M. José entonó con brío unos versos cuyo autor desconozco. Sé, a través de Ricaro Duerto, autor de cuantas fotos aparecen en el reportaje, que pensaba 07 (5)
haber recitado a Eliot, pero lo poco que entendí de lo que dijo en inglés no me sonaba precisamente a él. Quien escribe quiere desde aquí mostrarle el más sincero agradecimiento por su amable participación en la pudorosa orgía poética.
No quiero olvidarme, por último, de los dos alumnos de Ricardo que también quisieron consumar, y a fe que lo hicieron, como quizá diría el capitán Alatriste, al que por cierto ni he leído ni leeré. Festejaron de lo lindo. Maggie leyó Testamento, de Charo, que tiene tres versos, pero está a medio camino03 (1)entre un dístico de Catulo y una soleá. Lo leyó en inglés, después se atrevió con Neruda y, para rematar la faena,  atacó un poema suyo. ¡Olé por esa juventud tímida, pero firme y decidida! Mujer de mundo, Maggie, que espero vuelva a su país con un buen recuerdo de su consumación. También el estudiante franco palestino, cuyo nombre siento no saber, estuvo a la altura de las mejores prestaciones. Tradujo a Charo al francés y se atrevió con el castellano, esa lengua que hablada por quienes no son de aquí a veces
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cobra un encanto inesperado, el mismo que tiene la propia casa cuando vuelves a ella después de un mes de vacaciones…bueno,  incluso después de dos semanas en la casa del pueblo.
Además de  lectores, también hubo publico que miró y oyó, y, llevado por el dulce meneíllo de las olas, se puso a soñar por las esquinas.11
O le dio a la cámara del móvil para revivir el disfrute una vez en casa:02 (1)
O que con lo que verdaderamente disfrutó fue con la croqueta, tan buena como para desfigurar el rostro de quien la probaba:12
Llegado ya casi al final, cuando ni la mano que escribe ni el cuerpo dan para más y comienza el torpor a adueñarse de los miembros, no puedo olvidar a quien con justicia quizá quiso más la cámara, pues en torno a ella se celebró la consumación todo el rato:
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Otras fotos de las obras y del ágape:
6c Tête era
7 Disparo de amapolas
5c Polvo será
1b Ajuar
6 Tête era
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Fotos: Ricardo Duerto
Texto: El patito viejo

Charo de la Varga, sin patrón. (texto de presentación de la exposición, fotos y antología poética)
Cómo me la calaverizaría yo (la calavera en el arte y la poesía)
El Heraldo de Aragón afina el paladar (artículo sobre la expo en el Heraldo de Aragón)

martes, 7 de febrero de 2012

Cómo me la calaverizaría yo

Si miras fijamente cualquier objeto verás que esconde una calavera. Tête era no es más que un ejemplo de ello. En Pompeya descubrieron una vajillaimage entera en la que aparecen muertos que cocinan, dan de comer a sus hijos, hacen sus necesidades y hasta  miran al comensal desde el fondo de los cuencos cuando se acaba la sopa, como esos desnudos femeninos que se ven en el culo de un vasito de sake. Pero es que si te fijas bien en un taxi, una olla, una mariposa, el retrete  o hasta el edificio entero de Corte Inglés de Sagasta, verás lo mismo. En cuanto te relajas y dejas de pensar solamente en ti  todo se calaveriza, o, mejor dicho, todo revela su faz auténtica. Esto pasa porque la calavera, lo mismo que el círculo en geometría, es una forma básica del imaginario humano, no digamos ya del imaginario poético o plástico. El cráneo es un símboloimageTête era
supremo, una clave que da sentido a todo lo demás, hasta el punto de que si quitas esa tecla del teclado del mundo, la cagas, el piano no suena, se derrumba el arco,  la poesía se hace ñoña y el güisqui no sabe a nada.
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Un fenómeno parecido al anterior también ocurre a veces si mantienes fija la mirada durante unos treinta segundos sobre la nariz de alguien y después cierras los ojos. De repente, le ves el cráneo a la luz confusa de tu interior. No hace falta que al modelo se le claree el cuero cabelludo, aunque eso ayuda. A mi me ha pasado hasta con Charo y mira que tiene pelo. Mientras estaba firmando pliegos de sus poemas se dio cuenta de que yo llevaba un ratito mirándola y puso cara de sorpresa. Le dije, es que estoy intentado verte la calavera. Lo dije o quizá sólo lo pensé.
Cría ojos       
El caso es que no recuerdo que ella se extrañara, aunque, dada su familiaridad con el tema, tampoco tendría nada de raro su falta de sorpresa.
imagePolvo serás
Si uno no es consciente de la omnipresencia calavérica se vuelve insulso, parece un pollo decapitado, que se sigue moviendo un

rato y hasta corre sin parar de acá para allá. Cuando es una persona la que ha perdido la calavera  puede pasarse así, descabezado, muchos años, yendo de un sitio a otro, entregado apasionadamente a sus quehaceres en la oficina,  en su casa imageo al volante. Da el pego, se tiene la impresión de que sabe lo que hace, pero es mentira, ha dejado de ser una persona y se ha convertido en un pollo. Si no sigues los imperativos de tu cráneo, empiezas a correr sin sentido hasta que te vacías, porque sí, porque la calavera, en el arte y en la vida, es la cifra de todos los significados, la que dota a todo de sentido.
La forma original de la expresión francesa,  Cherchez la femme, que se usa a veces cuando no se llega a entender el motivo de algún comportamiento,  era Cherchez la calavera, así, con la palabra calavera en español. Fue únicamente por  prurito eufemístico, por corrección política, diríamos hoy, porque no se quería aceptar que la muerte es la razón de todo, por lo que acabó apareciendo la femme por los alrededores.
Bueno, pues si alguien quiere Chercher la calavera, que venga antes del día 31 de febrero y vea la exposición.
Otras obras expuestas:
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Popurrì de calaveras ajenas y una cita:
           Pinocho
Barceló
El cráneo de Pinocho debía retratarlo con el apéndice nasal crecido, quizá porque intentó engañar a la muerte, algo que, al fin y al cabo, hasta su severo papá putativo le habría perdonado.
wil
Todorov, Tzvetan, Los aventureros del absoluto, Barcelona, Galaxia Gutenberg Círculo de lectores, 2007, p. 79. Trad. José maría Ridao
                     
Hirst
                       
Luis Fernández
                        
Calavera masónica
                 
Pieter Claesz van Harlem
               
Jonas Wood
                    
Michael Wolgemut, "Dance of Death;" 1493

Phillipe Derome, "Cherry Tart Vanitas"
                                 Jose Gaudelupe Posada,
Jose Gaudelupe Posada, "La Calavera Catrina"
http://thestarvingarthistorian.wordpress.com/page/6/
           
Phillipe de Champaigne, "Vanitas (Still Life with a Skull)"
Louis Vuitton, Zevs
Louis Vuitton, Zevs
          
Roy Lichtenstein

Warhol
                             
Philippe Halsman