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domingo, 21 de julio de 2013

Lápida con amor y espinas. Lecturas de verano de 2013 (II)

 

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Alguien me contó una bronca marital. La mujer había hecho unos huevos fritos con chorizo al marido. Pero él se negó a comérselos porque decía que estaban hechos sin amor. No sé si es que tenían galladura, si el chorizo no estaba cortado como cuando eran novios o chorreaban aceite. O tal vez eran perfectos, mejor hechos incluso que nunca antes, unos huevos fritos con chorizo de ensueño… pero sin amor. Y así, ay, no soy nada.

viernes, 14 de junio de 2013

Un retrato de F. Kahlo entre las páginas de un libro: Pequeña anécdota feliz de un post-it.

 

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Tengo un amigo que estaba convencido de haber encontrado un pequeño dibujo de Matisse en un libro de una biblioteca de Venecia. Si estaba en lo cierto, debía ser uno de esos ejercicios de trazo que  tanto le gustaban al artista, en busca de automatizar figuras femeninas, cifra de sus fluidas obsesiones. Algo parecido al dibujo de la foto, pero menos elaborado, como su huella básica.

Yo, hasta ayer, lo máximo que me había encontrado eran viejos billetes del metro, algún bonobús, alguna foto o dinero. En los libros aparecen cosas menudas, dejadas a veces con una intención poco clara, a medias entre el olvido y el propósito, muy de novela tipo Stefan Zweig

Ayer, sin embargo, saqué de la bibblioteca el ensayo de Le Clézio sobre Frida Kahlo y D. Rivera y hojeándolo me apareció un estupendo retrato que reproduce el busto de la artista tal y como aparece en la portada.  En el dibujo, ella no tiene el aire reservado y desafiante del original, el halo de quien embiste de frente, pero cuando le da la gana. El escorzo es menos pronunciado que en la foto, como si el dibujante no hubiera podido evitar representarla más de frente y menos desde abajo y, en lugar de potenciar la mirada, hubiera agrandado involuntariamente los ojos. En fin, que como copia no es excelente, pero en sí mismo, el dibujo tiene fuerza y técnica. No sé bien por qué, pero me recuerda al retrato que hizo Baudeiaire de Jeanne Duval y que bien hubiese podido dejar el poeta entre las página de un libro. Seguramente las dos mujeres se parecen en que es fácil proyectar en ellas la idea de que no eran precisamente esfinges sin secreto, como la del cuentecillo de O. Wilde. Encantado estoy del hallazgo.

(Fuente)

lunes, 23 de abril de 2012

Nicanor Parra, autorretrato del premio Cervantes

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Nicanor Parra, Antipoemas, Seix barral, 1972, p., 78-79, 150 pesetas.
Recuerdo que este libro me lo prestó Joaquín Puch. Nunca se lo devolví, nunca le volví a ver. Sólo sé de él porque he cotilleado su perfil de Facebook. Recuerdos desde la distancia, cualquier ocasión es buena para lamentar que cualquier tiempo pasado no volverá.Joaquín era un boy scout, como yo.
Teníamos, gracias a Kiki, uno de los primeros grupos mixtos y rojos de Madrid. Un terreno abonado para los besos con lengua. También los recuerdo, cualquier beso pasado no volverá ni tiene perfil de FB para cotillear.
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domingo, 22 de abril de 2012

¡Sarri, sarri!, combates de sumo entre dos luchadores de peso, una niña chica y un cuarentón al volver del clase.

El primer vajido del castellano, así llamó D. Alonso a las glosas emilianenses. Y el primer vajido,  el berrido del neonato que inaugura la función de la vida, Tokyo, bambini in lacrime tra i lottatori di sumodebe ser contundente, rotundo, prolongado, para que el bebé respire y los padres se puedan sentir orgullosos de su temible salud. ¡La que se les viene encima! Un pan bajo el brazo, pero el mismo todos los días, llueva o truene.
En Japón, una antigua tradición se renueva cada año a través del rito de los Tokyo, bambini in lacrime tra i lottatori di sumoniños que lloran asustados por luchadores de sumo. Se celebra en el templo de Sensoji, en

Tokio, y el llanto se considera un buen augurio. Supongo que lo ideal es que los bebés, cogidos en brazos por los gigantescos luchadores, bordeen lo que se denomina encanarse (Pasmarse o quedarse envarado por la fuerza del llanto o de la risa, rae), pero sin llegar al paroxismo. Si el llanto se pone difícil, porque el niño se pone a hacer sonrisas al luchador, pueden echar una mano otros personajes ataviados con máscaras demoniacas. (Fuente de las fotos)
Tokyo, bambini in lacrime tra i lottatori di sumo
De rodillas encima de la cama, frente a frente, con los puños de las manos apoyados en la colcha, al grito de tres, nos lanzábamos uno sobre el otro, ladeando la cabeza para no chocar. En vilo unos instantes, con las orejas pegadas, ella hacia la fuerza que podía y yo la suficiente para crear la ficción de que había combate. Después, nos dejábamos caer y obligábamos al otro a apoyar la espalda en el colchón. Ahí acababa el asalto. Antes de empezar uno nuevo decíamos, ¡sarri, sarri!, e imitábamos al árbitro del sumo que echa sal sobre la pista, quien sabe si para purificar el círculo, para que las moles de los luchadores no resbalen o para que se hagan daño, si es sal gorda. Una vez tras otra, la dicha de manejar un cuerpecillo que disfruta cuando lo lanzas por los aires o lo zarandeas; y para ella, quizá, el placer de que quien posee la fuerza la ejerza para jugar, con cuidado de no hacerte mucho daño, pero empleándose en la ficción, sudando con el ejercicio, entre gritos y brincos. Yo, ojalá ella también, me sentía como con un perro en el que confías, del que no esperas que te vuelva el morro, que te juegue una mala pasada, un pellizco inoportuno. Así, una vez tras otra, hasta acabar discutiendo, sin atender a las voces que decían, dejadlo ya, que os vais a hacer daño, hasta que un día se terminó. No sé cómo, sé que terminó, que al final yo no aguantaba mucho rato, que estaba algo depre, que recuerdo con gusto aquel rito, aquellos vajidos que decían ¡sarri, sarri!
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imageRincón de las fotos. Clica sobre la imagen
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             Pen drive mamá y Canadá 2010 183
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lunes, 13 de febrero de 2012

Reedición de entradas. Prohibido por los pelos. La muerte digna en la mirada: los retraros de El Fayún

Hace unos meses me llamaron la atención los escaparates de una tienda situada en la parte vieja de Zaragoza. Se acumulaban en ellos, debidamente ordenadas, cabezas de maniquíes sin cara, cubiertos por melenas lisas, rizadas, onduladas, rubias, castañas, morenas, cortas, largas y de medio pelo. Era un buen negocio de pelucas, entre cuyos clientes seguramente se contaban, además de presumidos y caprichosos varios, bastantes enfermos de terapias que producen calvicie. Hasta tal punto llegaba la abundancia de pelo natural sobre cabezas inertes que el espectáculo daba una mezcla de miedo, curiosidad y asco. No se veía a nadie en el interior. Seguramente, el trato con los clientes no se producen a la vista de los transeúntes, sino en algún tipo de trastienda. Además, la gran cantidad de mercancía expuesta en uno de los dos escaparates casi no permitía observar el local. Fue ahí, desde donde se me ocurrió hacer una foto con el móvil, creyendo que no era observado, seguramente porque de alguna manera intuía que la instantánea podía traer cola. Creo que tras disparar dos veces me acerqué de nuevo a la puerta y, al seguir sin ver a nadie, quise hacer una foto al escaparate más grande y vistoso. En ese instante, surgió de la tienda un empleado de corte relamido, zapato mocasín con trabilla metálica y pie desnudo que quiso arrebatarme el teléfono. Mi perro ni se enteró de las malas maneras del individuo, cuyo cabello también parecía ajeno a los bruscos movimientos que se estaban produciendo. Al no conseguir arrebatarme el teléfono me dijo que tenía que borrar la foto, como si de una intrusión en una planta nuclear secreta se tratara. Después de discutir un rato, sin que en ningún momento pareciera sentirse herido ante mis indirectas a lo hortera que me resultaba su indumentaria, la grima que me daba su pelo y la importancia excesiva que estaba dando a un acto intranscendente, quedamos en que llamara a la policía para que dirimieran ellos la contienda. Habló con alguien, y me dijo que en breve llegarían los municipales, ante lo cual di muestras de aprobación. Mi perro, mientras tanto, seguía ajeno a cuanto ocurría, aunque yo empezaba a sentirme molesto por tener que hacerle esperar tanto. Durante la llamada, me entraron dudas de que hubiera hablado con la policía, en particular, porque me daba la sensación de que, a pesar de que había salido a la puerta de la tienda con el inalámbrico, evitaba que le oyera claramente y, por otro lado, en seguida pareció menos envalentonado que antes. Estuvimos analizando los pormenores legales de la situación, pero creo que ninguno de los dos éramos duchos en la materia y además él no tenía ni idea ni quería tenerla de lo que son los derechos fundamentales del flâneur, entre los cuales se encuentra, sostenía yo firmemente, el de fotografiar horrendos escaparates desde el exterior del local. Ya tendrá usted ocasión de denunciarme si hago un uso indebido de la foto, insistía yo. Y él, erre que erre, que no podía hacer fotos de sus pelucas. Al final, como, pasado un cuarto de hora, no llegaba la policía, aburrido ya y con la excusa de que se le estaba haciendo tarde al can para volver a casa, me marché con mis fotos en la memoria del teléfono y cierto malestar, no tanto porque al individuo le desagradasen mis intenciones como por su manera agresiva de proceder.

Llegado a casa busqué en los foros de internet experiencias semejantes y no eran pocos los que las habían vivido. lo que no me quedó claro es hasta qué punto alguien puede impedir que fotografíes su escaparate desde la calle.

Todo lo anterior viene a cuento de la exposición fotográfica “Vietato! - I limiti che cambiano la fotografia” (55 foto di grandi autori), que se celebró en Lucca (Italia). Sus comisarios, Giovanna Calvenzi, Renata Ferri e Gabriele Caproni se plantean hasta qué punto el exceso de celo de algunos a la hora de impedir que se tomen fotos puede traer como resultado la carencia de documentos sobre nuestro modo de vida para las generaciones futuras. Y es cierto que, junto a la falta de pudor de muchos en exhibir sus cosas en público, se está produciendo el fenómeno contrario, el aumento del miedo a ser fotografiado. Si en algún instante el hecho de que un simple paseante se interesara por un tienda como para querer inmortalizarla con una instantánea, podía ser motivo de orgullo y vanagloria para su propietario, hoy en día es fácil que ocurra lo contrario. Todo son sospechas, temores y suspicacias. La franja que oculta el rostro de los fotografiados en la exposición intenta poner de relieve esos excesos. He aquí tres de las imágenes exhibidas, tomadas de la amplia galería que publica L’Espresso.

Vietato! Oltre i limiti della fotografia

Tony Thorimebert

Vietato! Oltre i limiti della fotografia

Mario Peliti

Vietato! Oltre i limiti della fotografia

Alex Maioli

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Y, como contraste, recuerdo los ojos de los retratos de El Fayún, recientemente expuestos en Madrid, su mirada virtuosa, en el justo límite entre la sorpresa, la curiosidad y el descaro, una mirada que refleja al tiempo conciencia y olvido de si mismo, observación y confianza, fortaleza y resignación,esas parejas de cualidades tan difíciles de encontrar, capacidad de atraer sin llamar a gritos la atención, todo un ideal de vida transmitido en una instantánea pictórica, en unos ojos que no se ocultan.

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sábado, 13 de agosto de 2011

Vernissage. De cómo el Rincón del gato se quedó sin un artista y el artista se quedó sin rincón del gato, pero muy profesionalmente ufano.

Durante muchísimos años, las obras de arte se producían en los talleres y en los estudios, pero en la era moderna y debido a la penosa tarea de esclarecimiento a que se ha entregado la artisticidad, solo podemos afirmar que una obra de arte es una obra de arte si se produce en una galería. Incluso, en ocasiones, podemos sufrir una confusión y tomar, por ejemplo, los útiles de limpieza de una galería por una obra de arte. No sería la primera vez que tal cosa sucede. (Azúa, Félix de, Diccionario de las Artes, Anagrama, 2002, p., 169)

Algo parecido a lo que Azúa dice de la obra de arte, que una obra de arte solo es considerada como tal si se produce en una galería, y el día del vernissage, digo yo, a ser posible, que es cuando los ojos de los críticos (mediáticos, a poder ser) pueden contemplarla para consagrarla después ante los demás a través de sus palabras, incluso ante quienes, presentes en el mismo vernissage, no habían caído en la cuenta de la epifanía…algo parecido, decía, a lo que ocurre con la obra, ocurre con el artista mismo, que solo es tal si logra producirse en los circuitos adecuados a sus pretensiones.

Pues, en un vernissage, a mi compi y a se nos ocurrió acercarnos a un artista en plena ebullición. Nos habían hablado de él como de alguien encantador, majísimo, creo que era la palabra más común cuando lo describían. Era un tipo con la obligación a cuestas de ser espontaneo, niño, libre y genial, pude notar al poco de conocerle. “Es que tiene mucho yo”, dijo después, cuando ya había pasado todo, una admiradora suya, y mi compi le contestó, “ya, ya, mucho yo, Yolanda, querrás decir mucho ego, aunque para el caso es lo mismo”.

Antes, nos habíamos acercado a proponerle que expusiera en el Rincón del Gato y dio la casualidad de que en el grupillo había una chica que había visto nuestra última exposición, la de los carteles de teatro griego y también la de María de la Pe, de hace unos meses. No hubo necesidad de explicar nada, porque la chica se hizo cargo de la faena de describir nuestro paredón. Habló del Rincón de Gato como de un sitio nada adecuado para las exposiciones, pero por el que pasaba multitud de gente, y lo definió como una ventana expositiva. Yo me mostré de acuerdo con todo lo que había dicho, entre otras cosas porque estaba sorprendido por la descripción y, sobre todo, por los términos, como de enterada, de quien está en el ajo, y es capaz de hablar al artista en su misma onda, con pocas y comprensibles palabras. Lo único que se me ocurría decir era, “eso, una ventana que es positiva”, y pensaba que el Rincón del Gato casi podía pasar a llamarse el Rincón del feng shui. Pero, como no quería llevar la situación a un calembour sin salida antes de que hubiéramos apalabrado a la figura, callé. Poco antes, a mi compi se le había ocurrido preguntar al artista si tenía obra suficiente para montar una exposición. Torpe pregunta, porque la respuesta fue que él era un profesional y que tenía obra no para una, sino para muchas exposiciones. Cierto hiato entre su festiva actitud anterior a la pregunta y el deje de acritud en la respuesta a mi compi, me hizo pensar que ya se sentía firmemente reconocido entre sus fieles y descendencia, pero que no le importaría recibir alguna otra caricia, porque se sabía merecedor de ella. No me fue del todo antipática, sin embargo, su respuesta, quizá por el candor que dejaba traslucir, a pesar de que el uso del adjetivo profesional delatara un mediocre gusto lingüístico y una curiosa concepción de sí mismo. Como si ser profesional de algo fuera de por sí un merito o una garantía de calidad. Pero como de apalabrarlo se trataba, porque su obra tiene interés, estaba dispuesto a no sacar punta a nada e incluso a quedar como un inocente y bienintencionado profesor de idiomas interesado por su figura, en tanto que representante de la moderna cultura de una ciudad con proyección, incluso, más allá de la región.

Oída la descripción de la amiga, la respuesta del artista fue, “en principio, no” (bis). Por más que el diálogo se hubiera interrumpido varias veces, supuse que lo decía en relación a la propuesta mía y de mi compi, aunque con tantas caladas, tragos y frases ingeniosas de por medio quedaba un poco atrás. Intenté entonces encajar dignamente el pequeño golpe, que no iba destinado tanto a mi como a un proyecto que el individuo no consideraba atrayente, quizá por poco profesional. Intenté, como oigo decir a menudo, no "tomármelo personal". Pensé en el descrédito de los centros públicos, en el desinterés por la gente común, en la vana búsqueda de éxito entre un público selecto, y pensé en que , sin embargo, el público allí presente me resultaba más pretencioso que selecto, y en qué sé yo que otras cosas, ciertas o no. Intenté dejarle la dirección de este blog, por si acaso una vez visto cambiaba de opinión, pero no llevaba boli a mano y casi tuve que mendigarlo, dado que ninguno de los presentes se hacía cargo del contratiempo. Cuando, por fin lo tuve, me faltaba el papel y, entre tanto, me iba convenciendo de que, visto lo visto, que, por ejemplo, no llevaba la pluma que últimamente me acompaña, el desinterés era mutuo. A veces, los detalles delatan que nuestra intención era menos firme de lo que creíamos.

“En principio, no, pero te doy mi teléfono y me llamas”, dijo aún. Hice ademán de abrir mi móvil para meter su número en la agenda, pero me costó saber cómo funciona y renuncié definitivamente al intento.

Al cabo de unas semanas me crucé con el artista a la salida de una cafetería. Iba acompañado de una niña, quizá su hija. Cruzamos la mirada, como hacen quienes, conociéndose, se pueden permitir no dar muestra de que así sea. Era domingo. Dice Baudelaire que el arte es el domingo de la vida. Se alejó y me quedé pensando en que seguramente me quedan unos cuantos fines de semana por vivir.

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Vernissage de la exposición Nel cestino di Cappuccetto Rosso, celebrada en Fábrica de chocolate, Zaragoza.

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Círculo de Bellas Artes, Madrid

Wikipedia: A vernissage (varnishing, from French) is a term used for a preview of an art exhibition, often private, before the formal opening. Guests may be served canapés and wine as they discuss with artists and others the works in the exhibition. If the vernissage is not open to the public, but only for invited guests, it is often called a private view.

At official exhibitions, such as the Royal Academy summer exhibition, artists, in the past, would give a finishing touch to their works by varnishing them (J. M. W. Turner was known for making significant changes to works on varnishing day while his fellow academicians were simply varnishing). The custom of patrons and the élite of visiting the academies during the varnishing day prior to the formal opening of the exhibition gave rise to the tradition of celebrating the completion of an art work or a series of art works with friends and sponsors. Nowadays, for commercial shows it is an opportunity to market the works on sale to buyers and critics.

Blog: Vernissage es una palabra francesa que significa literalmente “barnizado”, pero que se usa también para referirse a inauguraciones de exposiciones, de acontecimientos, etc... Vendría a ser lo que los anglosajones denominan cocktail, y en castizo “sarao”.
Y una gran vernissage es lo que había organizado esta noche en Alicante una de las compañías aéreas más influyentes de este país.

Diccionario del español actual (Seco, M, Andrés, O, Ramos, G. (Aguilar, 1999): Vernissage (pronunciación corriente /bernisáʒ): Inauguración de una exposición de pintura.

Petit Robert (1987): 1. Action de vernir (un tableau, une planche de gravure, etc.), de verniser (une poterie). 2. (1886). Jour d’ouverture d’une exposition de peinture (les artites etaient autorisés à achever d’y vernir leurs tableaux. – Inauguration privée d’une exposition de peinture.

Dizionario Italiano Sabatini Coletti: Vernissage: Inaugurazione ufficiale di manifestazioni varie, spec. di una mostra d’arte, riservata a critici, esperti e rappresentanti della stampa che sono invitati dell’apertura al pubblico.

http://de.wikipedia.org/wiki/Vernissage:

Unter Vernissage (fr. vernis,Firnis“) versteht man derzeit die Eröffnung einer Kunstausstellung.

Ursprünglich firnissten die Künstler (später eher Angestellte der ausstellenden Galerie) die auszustellenden Bilder: Damit wurde die Arbeit ‚endgültig abgeschlossen‘, da ein Weitermalen hinterher faktisch unmöglich war. Der Firnis war zwar primär ein Oberflächenschutz, verändert(e) aber die Farben erheblich. Künstler hatten sich demgemäß auf die Wirkung ihrer Farben nach dem Firnissen einzustellen.

Im Lauf der Zeit entstand allerdings der Brauch, dieses ‚Firnissen‘, das der förmlichen Ausstellungseröffnung voranging, mit einer Feier im Kreis von Freunden und Auftraggebern zu würdigen. Später verschwanden die Unterschiede, und aus der Vernissage wurde ‚Ausstellungseröffnung‘.

Das feierliche Ende am letzten Tag einer Kunstausstellung nennt man Finissage, und bei größeren Kunstausstellungen kann es zur Halbzeit der Ausstellung auch eine mitunter medienwirksame Midissagegeben.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Histeria colectiva. Para morirse de risa, de agotamiento, de miedo, de susto, de admiración, o pasarse el día bailando.

Miles de personas que se tiran al mar para beber un agua que de repente ha dejado de saber salada; estudiantes que provocan a carcajadas una epidemia de risa que dura varias semanas y paraliza la vida académica –además de provocar dolores de estómago a los afectados; miles de personas que acuden para dar de beber a una efigies religiosas sedientas de leche; una industria textil en la que los empleados sufren, como en una novela, un gran cansancio, inexplicable para los médicos; 300 adolescentes que se ven afectados por los mismos síntomas que le provoca la enfermedad a su héroe televisivo; 400 personas que se contagian del ímpetu bailarín de una conciudadana y no pueden dejar de bailar durante días, hasta el punto de que las autoridades les ponen a su servicio a unos músicos, porque temen que una brusca interrupción de la danza pueda causarles daños irreparables.

Todo esto y más en un artículo de Repubblica, que, a su vez, remite a una página web dedicada a las más curiosas listas que imaginar se pueda, en este caso a los diez mayores casos de histeria colectiva: listverse.com

10 Mumbai Sweet Water

9 Tanganyika laughter epidemic

8 Hindu Milk Miracle

7 June Bug Epidemic

6 Soap Opera Hysteria

5 The Toxic Lady

4 The War of the Worlds

3 The Monkey Man of Delhi

2 Penis Panic

1 The Dancing Plague

martes, 6 de julio de 2010

Pasatiempo: caza al bendito detalle en una escena de Jules et Jim (Truffaut, 1962).

Coincidiendo con el 90 cumpleaños del  fotógrafo  de la nouvelle vague Raymond Cauchetier se va a celebrar una exposición de fotos suyas en la James Hayman Gallery de Londres. Se hace eco el Daily Telegraph, que reproduce algunas de las obras expuestas.

La foto que aparece a continuación pertenece a Jules et Jim, película de la que Cauchetier fue still photographer, responsable de las fotos fijas, por lo que no aparece en los títulos de crédito :

Jules et Jim (Charenton-le-Pont) by Raymond Cauchetier

Oskar Wener (Jules), Henri Serre (Jim) and Jeanne Moreau (Catherine) run in drag across a Parisian footbridge in Jules et Jim. The film was directed by François Truffaut from a semi-autobiographical novel by Henri Pierre Roché. This image: Jules et Jim (Charenton-le-Pont) taken by Raymond Cauchetier, 1961

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Il Morandini, Dizionario dei film, di Laura, Luisa e Morando Morandini, Zanichelli, 2002.

Como explica la reseña, Jeanne Moreau, la prota, canta “Le tourbillon”, una canción que obtuvo cierto éxito y que después ha sido interpretada por Vanessa Paradis.

A. de Baecque y S. Toubiana en su biografía de F. Truffaut cuentan un detalle de la interpretación de J. Moreu:

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image Baecque, Antoine de, Toubiana, Serge, François Truffaut, Folio, 2001, p., 352.

 

 

 

 

 

Busque el detalle y habrá comprendido por qué algunos directores de la nouvelle vague, en la línea de Rossellini, eran reacios a someterse al dictado férreo de un guión:

Elle avait des bagues à chaque doigt,
Des tas de bracelets autour des poignets,
Et puis elle chantait avec une voix
Qui, sitôt, m'enjôla.
Elle avait des yeux, des yeux d'opale,
Qui me fascinaient, qui me fascinaient.
Y avait l'ovale de son visage pâle
De femme fatale qui m'fut fatale {2x}.
On s'est connus, on s'est reconnus,
On s'est perdus de vue, on s'est r'perdus d'vue
On s'est retrouvés, on s'est réchauffés,
Puis on s'est séparés.
Chacun pour soi est reparti.
Dans l'tourbillon de la vie
Je l'ai revue un soir, hàie, hàie, hàie
Ça fait déjà un fameux bail {2x}.
Au son des banjos je l'ai reconnue.
Ce curieux sourire qui m'avait tant plu.
Sa voix si fatale, son beau visage pâle
M'émurent plus que jamais.
Je me suis soûlé en l'écoutant.
L'alcool fait oublier le temps.
Je me suis réveillé en sentant
Des baisers sur mon front brûlant {2x}.
On s'est connus, on s'est reconnus.
On s'est perdus de vue, on s'est r'perdus de vue
On s'est retrouvés, on s'est séparés.
Dans le tourbillon de la vie.
On a continué à toumer
Tous les deux enlacés
Tous les deux enlacés.
Puis on s'est réchauffés.
Chacun pour soi est reparti.
Dans l'tourbillon de la vie.
Je l'ai revue un soir ah là là
Elle est retombée dans mes bras.
Quand on s'est connus,
Quand on s'est reconnus,
Pourquoi se perdre de vue,
Se reperdre de vue ?
Quand on s'est retrouvés,
Quand on s'est réchauffés,
Pourquoi se séparer ?
Alors tous deux on est repartis
Dans le tourbillon de la vie
On a continué à tourner
Tous les deux enlacés
Tous les deux enlacés.

(Paroles: G.Bassiak Musique: Georges Delerue)