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viernes, 23 de marzo de 2012

Muerte no accidental de un guionista, Tonino Guerra.

Addio a Tonino GuerraEl miércoles pasado, día 21, murió uno de los grandes guionistas italianos, Tonino Guerra, que había colaborado durante casi cincuenta años en la elaboración de bastantes de las grandes películas del cine europeo de autor. Como es lógico, la mayor parte de su labor fue realizada con directores italianos (Antonioni, Fellini, De Sica, Rosi, De Santis, Monicelli, los Taviani…), pero también trabajó con otros grandes maestros continentales (Angelopoulus, Tarkovskij).

Siempre me ha chocado lo mucho que tardan en pasar los títulos de crédito por la pantalla. Más de lo que mi paciencia suele aguantar y menos de los que permitiría leerlos con atención. Hay quien ha hecho de ellos casi lo mejor de su película, como Spielberg en Tintin, o quien los ha integrado en la resolución de la historia, como Polanski en God of Carnage, pero lo más frecuente es que acompañen silenciosamente la salida en penumbra de los espectadores de la sala. Los pocos que se quedan a mirarlos siempre despiertan mi curiosidad y las ganas de preguntarles el motivo. La pregunta podría dar principio a una buena amistad, pero temo que también podría suponer una desilusión equivalente a la ilusión puesta en las posibles afinidades compartidas. Además, tengo la sensación de que a menudo hay algo de pose en buscar al encargado de la iluminación, al asistente al maquillaje u otras figuras de menor relieve entre la marea de nombres que van apareciendo.

Lo cierto es que no deja de ser chocante que en los títulos de crédito tenga que figurar hasta el apuntador, y no porque quien tiene poco peso en el producto final no merezca  ser citado, sino por economía de espacio y tiempo. Chuparse los títulos al principio de la proyección ya puede empezar a ponerte nervioso. Si, además, antes, has tenido que tragarte el tráiler de las  bazofias que están a punto de estrenarse y soportar el helicóptero ese que usan para demostrarte la calidad del sistema de sonido, es probable que entres con mal pie en la peli. Y es que la aparición del nombre de todos los técnicos en la pantalla no tiene parangón en ninguna otra actividad, artística o

no. Es como si cuando uno va al circo le dieran un dossier con los nombres de los payasos, sus maquilladores, los responsables de sus vestidos, los nombres de los fabricantes de las jaulas de los leones, los nombres de los animalitos, etc. Ya sé que no es un buen ejemplo, porque en el circo casi todo queda en familia, pero espero haberme hecho entender.

Otra cosa son los carteles de cine, en los que lo que cuenta son los nombres de los actores protagonistas y, con suerte, el del director. Algunos, además, incluyen en la parte inferior a los colaboradores. He buscado a T. Guerra en los carteles de algunas de las películas en las que colaboró y el resultado ha sido muy desigual. Sin emgargo, el día 21, su nombre apareció con justicia en la primera plana de algunos de los mejores periódicos del mundo.

La musica che ha fatto grande il cinema

He aquí una lista parcial de las películas en cuyo guión colaboró Guerra, según la página que le dedica la wikipedia italiana:

lunes, 24 de mayo de 2010

Evocación del Panteón, la fiesta de Pentecostés allí mismo y la foto del paredondelenguas

En la audacia y la meticulosidad de su ingeniería, en la gran armonía de sus proporciones y en el elocuente peso de la historia del que está dotado, el Panteón es sin duda la más grande todas las construcciones de la antigua Roma que sobreviven (Hughes, Robert, Roma, una historia cultural, Ed Crítica, 2011,  p. 131).

Parece ser que Monseñor Antonio Tedesco sacó en 1995 del baúl de los ritos olvidados esta celebración de origen medieval de la fiesta de Pentecostés, el 23 de mayo. El escenario es el Panteón romano (la iglesia de Santa María ad Mártires), y la ceremonia consiste en dejar caer miles de pétalos de rosa desde el agujero de la cúpula (la más grande del mundo de hormigón no reforzado), de 9 metros de diámetro. Los pétalos caen desde una altura de 43 metros y recuerdan la bajada del Espíritu Santo sobre los apóstoles en forma de llamas. Lo cuenta el diario italiano Repubblica, que publica además un amplio reportaje fotográfico del que están tomadas las siguientes tres instantáneas:

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Hace pocos días, el periodista Enric González recordaba que uno de los espectáculos más hermosos de Roma consiste en ver caer la nieve por a través de ese mismo ojo por el que unos bomberos lanzan los pétalos rojos, como si quisieran unirse a la celebración religiosa haciendo un sortilegio del fuego:
El Panteón es el tercer Panteón. El primero, construido por Marco Agripa en el año 25 antes de Cristo, quedó destruido por el gran incendio del año 80. El segundo, hecho por Domiciano, duró poco: en 110 le cayó un rayo y ardió también. La obra de Adriano, en cambio, duró para siempre. Para que se hagan una idea, sólo en 1958 los técnicos modernos consiguieron levantar una cúpula de hormigón más grande que la del Panteón. Hasta entonces no había sido posible reproducir tal maravilla.
Aunque el edificio es de Adriano, éste prefirió dedicarlo a Agripa, creador del primer templo: "M. Agrippa L. F. cos tertium fecit" (Marco Agripa, hijo de Lucio, lo hizo en su tercer Consulado). El nombre sugiere que el templo se utilizaba para adorar a todos los dioses. Tal cosa resulta, sin embargo, poco verosímil: los romanos antiguos no tenían costumbre de someter a sus dioses a la promiscuidad de convivir amontonados, y cada uno disponía de sus templos. Fuera para lo que fuera, siglos más tarde se convirtió en iglesia cristiana, fue utilizado para enterrar al pintor Rafael y a varios miembros de la casa real de los Saboya, y en él se celebran misas…Casi no me atrevo a decirlo, porque ocurre rarísimas veces. Lo de que nieve en Roma, digo. ¿Nieva y están en Roma? Corran hacia el Panteón y hagan lo que hace cualquier romano informado: entren y miren al techo, al agujero de la cúpula. Los copos entran en el templo y quedan suspendidos girando en el aire. Sólo eso. Tal vez tengan ocasión de contemplar un espectáculo más sublime, pero dudo que sea en esta vida.
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Foto: Tropas de asalto turísticas esperan el mejor momento para introducirse en su objetivo.

Junto al Panteón tiene lugar una de las escenas más conmovedoras de una de las películas más conmovedores de uno de los directores más conmovedores del cine italiano, Vittorio de Sica. Se trata de un jubilado que a causa de su exigua pensión se ve casi obligado a ejercer la mendicidad. La película está ambientada en otro momento histórico, en otra de las crisis cíclicas del capitalismo, pero es que ayer vi a un hombre joven comer los restos de un restaurante en Don Jaime y no se me va de la cabeza el rollo ese de poner la barbas a remojar cuando se ve al vecino pedir.

Todo lo anterior viene a cuento porque uno de los montajes de los que partió toda la actividad de este blog, exposiciones del paredondehelarte incluidas, está dedicado a la venida del Espíritu Santo como don de lenguas que inspira a los personajes famosos de la foto  a hablar, con mejor o peor fortuna, en otros idiomas.

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