Mostrando entradas con la etiqueta Fotografía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fotografía. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de octubre de 2014

¿Mejor electrónicamente acompañado que solo? Toques y me gusta de facebook. Las fotos de Babycakes Romero

Fuente de todas las imágenes:

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Los me gusta de Facebook son lo más parecido a una mordisquito de Ferrero Rocher o a uno de esos caramelos de menta, pequeños, pero de gusto potente, que se usan para evitar el mal aliento. Son pequeñas caricias que el alma maltrecha agradece al llegar a casa, cuando, en vez de ver la televisión, muchos acudimos al ordenador en busca de las carantoñas electrónicas que nos mandan. Claro que importa el emisor, no es lo mismo un me gusta de un imbécil que el de alguien que te hace gracia, pero, en el fondo, el ordenador nos convierte el hombres o mujeres fáciles, que acaban derritiéndose ante cualquiera que les ofrezca una golosina. O, quizá no, quizá es algo que me ha acabado por pasar a mí con los años.
Facebook también ofrece la posibilidad de da un toque, que es algo mucho más primitivo, como un oye tú. Yo a los doce o trece años le gustaba a una vecina del portal de al lado de mi casa. Un vez, estaba parado a pocos metros de allí, cuando de repente ella vino corriendo y me dio un manotazo en el brazo según pasaba. Eso quizá sería el equivalente carnal del toque virtual.
Entre toques y me gusta uno va pasando los días, hasta que de repente tiene síntomas de anemia, señales de tristeza en el horizonte, nudos de ira o soledad en la garganta,  l'oeil chargé d'un pleur involontaire, aunque no sea del todo consciente de ello. Entonces, cambia de móvil, crea nuevos grupos de whattsup, intensifica sus intervenciones, lanza más me gusta, para ver si se los devuelven, empieza a comportarse como un ratón de laboratorio que da vueltas en una rueda giratoria sin otro fin que agotarse, llegar a la noche con sueño suficiente como para caer rendido.
Así es nuestra existencia y la electrónica no creo que haya cambiado mucho las cosas, salvo la apariencia, el paisaje urbano de las paradas de autobús, del interior del tranvía, de los dormitorios, los domingos al sol en el parque, los viajes en tren, las esperas a la puerta del cine, las pausas del trabajo, las cenas de navidad, los desayunos en el bar… No sé bien como se hacía antes, se iba a los billares, se entablaban más conversaciones en la barra del bar, había mas grupos de boy scouts, estaba la política de oposición, no sé, no me acuerdo bien de cómo me las apañaba yo. El fondo, la soledad, no creo que fuera muy distinto.
Yo, pecador, también me muero por algún me gusta. Pero el placer de los toques apenas lo que vivido y no tengo whattsup, quizá por no gastar, aunque también porque he llegado a la conclusión de que la soledad es mejor beberla sin hielo, sin soda, porque pasa antes, se tarda menos en tragar.
Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto


Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto

Fine delle conversazioni: l'alienazione tecnologica in un fotoprogetto
Página web de Babycakes Romero.

viernes, 17 de octubre de 2014

La marca celtiberia: La mejor siestecita es la menos esperada


Seaford in 1972, by Roy King. Photograph: Co-Optic Archive (Fuente)

El diptongo -ie- de la palabra francesa sieste (repos -accompagné ou non de sommeil- pris après le repas de midi –Petit Robert) y de la palabra italiana siesta (sonnellino pomeridiano  sin. pisolino, riposino, pennicchella –Disc) denota la presencia de la marca España en uno de los pocos ámbitos, el lingüístico, en los que me complazco moderadamente de nuestra capacidad exportadora. Cierto es, sin embargo,  que las asociaciones involuntarias son desagradables y quien, como yo, tuvo la desgracia de ver a C. J. (de) Cela por televisión contando sus siestas de pijama y orinal, no puede  evitar pensar en que a los ogros peludos de inmensas orejas les encanta el sueñecito vespertino. ¡Y mejor no pensar en C. J. (de) Cela y su amor l’après midi con Castaño!

Blackpool in 1971, by Martin Parr. Photograph: Co-Optic Archive (Fuente)

Dicho esto, gracias a una colonoscopia, he podido confirmar una vez más que los acontecimientos inesperados, alejados de la rutina, incluso si son inducidos, son los más placenteros. En efecto, he vuelto a gozar plenamente de una siestecita dulce, profunda, enternecedora, con un despertar muelle y progresivo, sin sobresalto alguno, mientras estaba tumbado en la camilla de un box de reanimación, vestido con una bata de tejido desechable que me dejaba el culo al aire, sin otra ropa más que una camisa y unos calcetines bajo unas botas de media caña, ridículo como una pajarillo bajo la lluvia, pero dichoso como pocas veces en mi vida. Ruidos propios y extraños, estomacales la mayor parte, turbaban ocasionalmente mi dulce despertar, pues de los felices enfermos que había a mis dos lados me separaba solo un gran estor de Ikea, como el que uso yo de pantalla cinematográfica. Pero esos horrísonos crujidos me resultaban  gratos como cantos de jilguero y no impedían un suave vaivén entre el sopor y la vigilia, distinto de mi habitual  despertar de finde, en el sofá,  tras quizá  tres cuartos de hora de profundo sueño, como si hubiese estado en otro país. La experiencia postcolonoscópica fue todo lo contrario, más un acto de reconciliación con alguna profunda instancia feliz que la confirmación de una personalidad esquizofrénicamente alienada, que es lo que me reserva habitualmente la siesta doméstica.
Un solo pero tengo que hacerle a la siesta inducida por la sedación. Durante el sueño, horrible recuerdo, la marca España o celtiberia, en algún momento se convirtió en un paseo por calles del lejano oeste empapeladas con carteles de personajes públicos en los que, bajo el reclamo Se busca, aparecía la foto del bandido y a continuación sus cargos, cargos tales como: Director de caja de ahorros, consejero de empresa, tres veces ministro y una primer ministro, representante sindical, director del banco mundial, presidente de fundación benéfica, dirigente empresarial… Un pequeño momento pesadilla que no ensombrece el resto de la siete, del pisolino.

domingo, 12 de octubre de 2014

Visiones apocalípticas el día del Pilar. Mañicos arrastrados por la corriente. Baudelaire en los escaparates de los alrededores.

“Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Boudha doré, une idole mexicaine, sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu.”  (Charles Baudelaire) 

image

Sondeo a mi quiosquero, un hombre simpático e ingenioso, para ver si comparte mis sueños apocalípticos sobre la Plaza del Pilar, y me confiesa que al acercarse las fiestas se produce una enorme crecida del Ebro en una de sus pesadillas recurrentes:  Baturros arrastrados por la corriente de un tardío deshielo tienen dificultades para mantenerse a flote a causa de sus pesados trajes típicos. No digamos las mujeres que llevan zarcillos,  que a la altura del Puente de piedra se quedan enganchadas a la maleza de la orilla, hasta dejarse las orejas por el camino. De repente, sin embargo, las aguas comienzan a amansarse, los remolinos pierden velocidad, algunos maños/as incluso consiguen agarrarse a los pilares del Puente de hierro, hasta que como la corriente se para y las aguas se dividen en dos, dejando, además de varios carriles bici expeditos, unos claros semisecos llenos de cuervos. Hay quien ya se empieza también a aclarar la voz para entonar una jota, una seguidilla y hasta una asturianada, otros intentan recomponerse el traje, aligerándose del barro que les cubre. Y al poco, quien más quien menos, empieza a bailar, aquí sevillanas, ahí pericotes. Pero todo tiene una aire como de danza endiablada, como si no pudieran parar de bailar o estuviesen haciendo kun-fu, imitando a Berna, campeón mundial. Se oye olé, oles, hala, y hasta algún Aláh en los múltiples acentos de las tierras de España, gritos de viva el Pilar, o y hasta el grupo japoaragonés se anima tímidamente  con un viva el Pilal. Justo entonces los remolinos empiecen de nuevo a formarse y el espacio libre dejado por las aguas a estrecharse. La bandada de cuervos deja un rastro oscuro en el cielo. El quiosquero  les dice  adiós con lágrimas en los ojos, hasta que nos volvamos a ver, mientras nota que los únicos que se han librado de los rápidos del río cada vez más poderosos son un grupo de bailarines de sardana que se había puesto a salvo sobre una elevación.

“Pero, lo más sorprendente -me confiesa mi amigo- es que veo  la imagen de la Virgen sin manto  arrastrada por el agua y al día siguiente, cuando vengo al quiosco a ordenar los periódicos, leo que ha sido encontrada, mojada, pero intacta, en un huerto murciano. Lo del trasvase me traumátizó, pero no creía que tanto. Al final del sueño, en vez de aparecer las palabras The end, como me suele pasar, leo sobre la pantalla de mi frente Némesis, el libro que me pediste”.

Yo por mi parte, me veo paseando al amanecer sobre una plaza del Pilar que se ha convertido en grandes cascotes, porque debajo algo muy importante que no llego a saber qué es. Voy con mi perro, y no paro de decirle que tenga cuidado, que se va a hacer daño, y que deje de olisquear, que no está entrenado para esos olores.

Nadie es dueño de sus sueños.

IMAG0147

Baudelaire en el blog:

- Contra Baudelaire, prevaricador ocasional.
- Otro (auto)retrato de Baudelaire. En la mirada está el principio de la condenación y de la salvación individual.

martes, 23 de septiembre de 2014

Las máscaras de Schommer en el Prado


A menudo me pillo con la nariz contraída y el cuello algo levantado ante el ordenador. Habría que hacer un estudio milimétrico sobre alturas y ángulos de visión óptima para forzarse a adoptarlos. Quizá, ni con eso se arreglaría, deben ser querencias del alma que se reflejan en la cara cuando menos te esperas. Como paso bastante tiempo ante la pantalla, esa cara de pasmado escrutador es uno de los gestos en los que me reconozco, una de mis características muecas involuntarias. No me gusta y en cuanto me doy cuenta de que la he adoptado, la corrijo. Me hace pensar que no estoy relajado, que fluyen por mi interior corrientes llenas de demonios o duendes que contradicen lo que estoy haciendo, preparando plácidamente clases o escribiendo una entrada semejante a esta.
Muecas como esa son lo que podríamos considerar el grado cero de la expresión, un gesto involuntario que refleja actitudes básicas de nuestra manera de vivir. Mejor si además, los ojos, demasiado pendientes de las contingencias momentáneas, no participan del careto, de la máscara.

Máscaras, así se llamaba la exposición de fotos de Alberto Schommer que podía verse en el Museo de Prado hasta el 15 de septiembre y de la que recojo aquí algunas imágenes. Desde la firmeza de F. Ayala hasta la tensa bonhomía de Celaya, pasando por el pasmo insatisfecho de Aranguren o la impenetrabilidad de Alberti, se trataba de una serie de retratos en blanco y negro de 18 príncipes de las artes y las letras de nuestro país y una princesa, la galerista Juana Mordó. Claro, que le queda a uno la duda de si lo que ve con los ojos es una proyección de su propio interior más una dosis de prejuicios y otra de lecturas o es algo que emana objetivamente de las cara de los fotografiados. 
En frente, sin venir mucho a cuenta, según mi opinión, habían colocado una galería de 13 retratos pertenecientes a las colecciones del Prado. Una invitación a eso que llaman diálogo imaginario. Debía ser un poco por aquello de que meter la obra de un fotógrafo contemporáneo en el gran museo necesitaba una justificación doméstica.

Rafael Alberti, escritor, 1985. Alberto Schommer, VEGAP. (Fuente)

(Fuente)


Retratos, Museo del Prado
(Fuente)

José Luis L. Aranguren, filósofo. Impresión fotográfica sobre papel baritado, 40 x 30 cm 1985 © Alberto Schommer, VEGAP, Madrid, 2014. Cortesía del Museo del Prado.José Luis L. Aranguren, filósofo. Impresión fotográfica sobre papel baritado, 40 x 30 cm 1985 © Alberto Schommer, VEGAP, Madrid, 2014. Cortesía del Museo del Prado. (Fuente)

Francisco Ayala, escritor. Impresión fotográfica sobre papel baritado, 40 x 30 cm 1985 © Alberto Schommer, VEGAP, Madrid, 2014. Cortesía del Museo del Prado.Francisco Ayala, escritor. Impresión fotográfica sobre papel baritado, 40 x 30 cm 1985 © Alberto Schommer, VEGAP, Madrid, 2014. Cortesía del Museo del Prado. (Fuente)

Juana Mordó, galerista. Impresión fotográfica sobre papel baritado, 40 x 30 cm 1985 © Alberto Schommer, VEGAP, Madrid, 2014 Cortesía del Museo del Prado.Juana Mordó, galerista. Impresión fotográfica sobre papel baritado, 40 x 30 cm 1985 © Alberto Schommer, VEGAP, Madrid, 2014 Cortesía del Museo del Prado. (Fuente)

                 gabriel-celaya
Celaya (Fuente)

C.J.C. Foto: EiTB (Fuente)
Vista general de sala. Exposición: MÁSCARAS. Schommer.© 2014 Museo Nacional del Prado.Vista general de sala. Exposición: MÁSCARAS. Schommer.© 2014 Museo Nacional del Prado. (Fuente)

(Video sobre la exposición)

martes, 16 de septiembre de 2014

Monerías a concurso en los Sony World Photography Awards de 2015. Cómo la fotografía de animales se ha especializado en la ternura.

Estas que aparecen a continuación son algunas de las fotos que participan en los premios Sony de 2015. He escogido aquellas en las que aparecen animales, que en este mundo globalizado en el que las ciudades se parecen, en el lujo y en la miseria, los mismos desayunos se pueden hacer en cualquier sitio de la tierra, los hoteles son iguales allá donde vayas, la ropa de Zara se puede comprar hasta en la taiga, etc., etc., son todavía un resto de diversidad, una manifestación de la inmensa variedad que ofrece la naturaleza. Si las fotos a concurso en los premios internacionales buscan cada vez más los islotes de paisaje humano o natural no globalizado, lo poco que de auténtico o característico pueda quedar en algún sitio, la fotografía de animales parece haberse especializado en la ternura. Nos empeñamos, quizá, en humanizar a los bichos, los presentamos como proyección de nuestros deseseos, lagunas o añoranzas, como alguna de las fotos pone de manifiesto –recuérdese el anatema que lanzó S. Ferlosio hace ya muchos años sobre Walt Disney-, pero si uno sabe ver la diferencia a la vez que el parecido, la distancia que nos separa a nosotros, animales humanos, de ellos, tal vez no pueda evitar percibir su belleza.
(Fuentes de las fotos: 1, 2)

Georg May SWPA


(c) Seyms Brugger, South Africa, Open Competition, 2015 Sony World Photography Awards

(c) Georg May, Germany, Open Competition, 2015 Sony World Photography Awards


(c) Ekaterina Grigoryeva, Russia, Open Competition, 2015 Sony World Photography Awards

(c) Leo Bakx, Netherlands, Open Compeition, 2015 Sony World Photography Awards

(c) Phạm Xuân Hiện, Vietnam, Open Competition, 2015 Sony World Photography Awards

(c) Josie Eldred, Australia, Open Competition, 2015 SOny World Photography awards

miércoles, 13 de agosto de 2014

Elogios e historias del perro, según Buffon, y algunas fotos caninas

 

imageDetalle de un cuadro de H. Rousseau

IMGP4170Soldado de la Primera Guerra Mundial con su perro de rescate. Foto de una exposición

image

Fragmento de:

Les quadrupèdes : animaux domestiques et animaux sauvages en France ; précédés du Discours sur la nature des animaux(Fuente)

IMGP4118Perro a la espera de ayuda para conectar el cargador de su tableta

Le petit Buffon des enfans, ou Extrait d'histoire naturelle des quadrupèdes, reptiles, poissons et oiseaux

Le petit Buffon des enfans, ou Extrait d'histoire naturelle des quadrupèdes, reptiles, poissons et oiseauxFuente

IMGP3929Esqueletos de distintos cuadrúpedos

Esqueletos y cráneos de perros y lobo:

IMGP3966

IMGP3967

domingo, 27 de julio de 2014

Cruceros en Venecia

Los he visto en Cádiz, atracados en el puerto, pegados al borde como camiones aparcados junto a la acera. Son inmensos, brutales, a nada que te acerques un poco ocultan el cielo y te invade la sensación de que estás en la calle de una gran ciudad rodeado de edificios.IMGP3760 Eso si no fuera por el olor del mar, que no logran esconder. Tampoco son ágiles cuando navegan, incluso en el mar tienen el aspecto de una inmensa espinilla en medio del azur. Cuanto más lejos mejor, piensas, porque en la distancia podrían con suerte pasar inadvertidos, ser confundidos a vista de satélite con un modesto barco de pesca. Pero, tampoco es cosa de tomarla con el turismo de masa selecto, como señala  Julio Aramberri en su reseña del  reciente libro de Estrella de Diego ( Rincones de postales. Turismo y hospitalidad, Madrid, Cátedra, 2014, 224 pp. 15 €). La primera andanada contra el turista depredador opuesto al viajero receptivo la oí nada menos que en boca de Rubert de Ventós en una conferencia de la Fundación March. Después, la idea se ha convertido en tópico al uso, presente hasta en las unidades de los libros de texto para estudiantes de lengua extrajera. Seguro que rebuscando en los clásicos latinos ya hay precedentes del vituperio del turista. No sé, a pesar de lo que dice F. Wallace (vid. infra), creo que me apuntaría a un crucero si me dejaran llevar al perro.
Por lo demás, no todo es igualación social  ficticia, glamour y trajes de fiesta. Hasta en estos falansterios del ocio que son los cruceros, pequeñas ciudades felices por decreto, hay semisótanos y viviendas con poca luz, las de los que duermen por debajo del nivel del mar. Supongo que como pasa en las ciudades, sus inquilinos serán los que más visiten los bingos y los billares.
Cuando se acercan a puerto, bajan de la nave grupos de extranjeros, más ancianos cuanto más extemporáneo es el periodo del año para viajar, que se desplazan en grupo por la ciudad, a menudo con gorras o pines que les identifican como cruceristas. Se sabe que solo podrán disfrutar de su visita durante un rato y por eso suelen ser pasto de hechos extraordinarios, robos excelentes, ligues fulgurantes o intempestivas visitas de vendedores de los objetos típicos más insospechados. Esta tendencia a acercarse a la tierra firme (Vid. galería de fotos de Repubblica), a mezclarse moderadamente con los animales de tierra que siguen envueltos en sus rutinas diarias, explica la maniobra que tan cara costó al Costa Concordia italiano, hoy de vuelta a Génova en un complicado remolcamiento.
En Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, una especie de versión entre periodística y alucinada de la Divina comedia en clave de Crucero por el Caribe, Foster Wallace despliega su ingenio, por momentos cansino, para retratar el universo variopinto que puebla una de esas naves nave. Concluye que no volvería a apuntarse a otra semejante. 
Foster Wallace, David, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.
Editorial Mondadori
Colección DeBolsillo (2003)
160 páginas
ISBN: 8497592158
He aquí un párrafo de malogrado Wallace.
Me embarqué en un crucero de siete noches por el Caribe a bordo
de un barco que estaba tan limpio y blanco que parecía que lo hubieran
hervido. El color azul de las Antillas occidentales varía entre el azul
de manta infantil y el azul fluorescente: lo mismo que el cielo. Las
temperaturas eran uterinas. El sol parecía regulado de antemano para
nuestra comodidad. La proporción tripulación-pasajeros era de 1,2
tripulantes por cada dos pasajeros. Era un crucero de lujo. Este producto
no es un servicio ni una serie de servicios. Ni siquiera es una semana
de diversión. Es más bien una sensación. Es un producto bona fide: se
supone que esa sensación debe producirse en ustedes: una mezcla de
relajación y estimulación, de indulgencia tranquila y de turismo frenético,
esa mezcla especial de servilismo y condescendencia que se vende bajo las conjugaciones del verbo cuidar. Este verbo salpica los diversos folletos: «Como nunca antes lo han cuidado», «Nuestros jacuzzis y saunas están para cuidarlo», «Deje que lo cuidemos», «Cuídese en los céfiros templados de las Bahamas».
Pero hay algo insoportablemente triste en los cruceros de lujo. A bordo del mío, sobre todo de noche, con toda la diversión organizada, la amabilidad y el ruido del jolgorio, me sentí desesperar. La palabra se ha banalizado ahora por el exceso de uso, pero es una palabra seria y la estoy usando en serio. Para mí, desesperar denota un extraño deseo de muerte combinado con una sensación apabullante de mi propia pequeñez y futilidad que se presenta como miedo a la muerte. Tal vez se parezca a lo que la gente llama terror o angustia. Pero no acaba de ser como esas cosas. Se parece más a querer morirse a fin de evitar la sensación insoportable de darse cuenta de que uno es pequeño, débil, egoísta y, sin ninguna duda posible, se va a morir. Es querer tirarse por la borda. No me parece un accidente que los cruceros de lujo atraigan sobre todo a gente mayor de cincuenta años, para la que su propia mortalidad ya es más que una abstracción”.
 
Estos días se está celebrando en Milán una exposición de fotos de Gianni Berengo Gardin que documentan la presencia de los grandes cruceros en Venecia. Tiemblan los cimientos de la ciudad con las ondas que producen sus motores, sus sirenas hacen ensordecer las campanas , corren despavoridos a refugiarse los perros que quedan en Venecia y se ruborizan las góndolas, pero ahí están los cruceros, protagonistas de un dañino espectáculo que parece una versión decadente de la Odisea del espacio de Kubrick.
Algunas de las imágenes expuestas:

(Fuente de las fotos)

Venezia, aprile 2013 © Gianni Berengo Gardin - Courtesy Fondazione Forma per la Fotografia

Mostri a Venezia © Gianni Berengo Gardin. Courtesy Fondazione Forma per la Fotografia 
Mostri a Venezia © Gianni Berengo Gardin. Courtesy Fondazione Forma per la Fotografia

Mostri a Venezia © Gianni Berengo Gardin. Courtesy Fondazione Forma per la Fotografia

Mostri a Venezia © Gianni Berengo Gardin. Courtesy Fondazione Forma per la Fotografia

Mostri a Venezia © Gianni Berengo Gardin. Courtesy Fondazione Forma per la Fotografia

Mostri a Venezia © Gianni Berengo Gardin. Courtesy Fondazione Forma per la Fotografia
----------------------------------------------------
(Fuente de la foto)