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martes, 9 de julio de 2024

Mínima literaria hispánica. La pequeña gran historia de la literatura española, de J.C. Mainer (entrada publicada originalmente el 24/06/2014)

Historia mínima de la literatura española

José-Carlos Mainer, Historia mínima de la literatura española, 2014, Turner, 276
p. PVP: 14,90 euros

M. Rodríguez Rivero le reprochó  que, en la parte dedicada a reseñar las otras Historias de la literatura que ha habido, no hiciera referencia a la Historia social…de Blanco Aguinaga, I. Zabala y Rodriíguez Puértolas; hace unos días, Fernando Valls señalaba ciertas injustas ausencias, “Manuel Chaves Nogales, Ángel Crespo, José Jiménez Lozano o Alberto Méndez; o un comentario, por breve que sea, sobre el reconocimiento que algunos narradores actuales, sobre todo Javier Marías, Rafael Chirbes y Enrique Vila-Matas, están cosechando en otros países, sin ser los únicos”. E via dicendo, más pequeños peros en otras reseñas que ahora no recuerdo y, sobre todo, con las que no doy, a pesar del buscador de turno. Cada uno podría señalar una pequeña mancha. Yo, por ejemplo, creo que se le da demasiada cuerda a M. de Pisón, pero nos movemos en este caso, como en otros, en una zona que por su cercanía temporal invita a la discrecionalidad. Por lo demás, otras de las ausencias señaladas, Dueñas, Reverte, Sierra y compañía son ausencias que limpian.

Lo cierto es que Mainer parece haber encontrado un traje a la medida de sus muchos años de trabajo, un traje de miles de lentejuelas colocadas cada una en su lugar, de manera que refulgen o proyectan sombras, se juntan o dejan pasar la luz, como si  a pesar de estar hecho el conjunto de pequeñas teselas, el crítico no hubiera perdido nunca de vista el equilibrado resultado final. Luce en el detalle y deslumbra en el conjunto. Si se tratara de una imagen digital, diríamos que está tan cargada de píxeles que permite notables ampliaciones sin perder nitidez. Da la sensación, además, de que todo o casi todo deja rastros que permitirían seguir los últimos desarrollos, las recientes y más sólidas visiones de la crítica (para)académica. Y digo que da la sensación, porque un no especialista, como yo, en estos temas no puede afirmarlo con rotundidad. En ese sentido, otra de las virtudes de las que da ejemplo Mainer consiste en la ligereza, entendida esa en este caso como capacidad de pasar del caso a la categoría y viceversa, del ejemplo a la tendencia, del autor a la corriente, siempre con el largo aliento de quien conoce las tramas culturales, las corrientes generales y los riachuelos y desviaciones que se producen a partir del torrente.

Leyendo otros ensayos más detallados de Mainer, sus opiniones, por ejemplo sobre Ferlosio contenidas en Tramas, libros, nombres (Anagrama, 2005) o algunas de sus reseñas en prensa –en Babelia, en particular- a veces he tenido la sensación de que más allá de la facilidad de escritura,  faltaba densidad en el contenido, el texto quedaba corto al dar cuenta de lo que explicaban. No ocurre así en esta Historia mínima, plena de máximo rigor, economía y potencia.

Leí el libro hace un par de meses y ahora lo tengo prestado a la hija de un amigo. La niña tiene 16 años y pasó buena parte del curso escolar en Alemania, gracias a un programa de intercambio. Al volver, los profesores de su instituto se mostraron reticentes a la hora de convalidar las notas obtenidas en aquel país. El de lengua y literatura le pidió un trabajo de conjunto. Hablando con el padre sobre el libro de Mainer, se nos ocurrió que podría serle útil a tal efecto a la criatura. Si lo que ha escrito gracias a la Historia mínima… vale la pena, será prueba de que la obra goza de otra de las virtudes italocalvinistas, la versatilidad, que unida a la ligereza y equilibrio, harían de ella una obra modélica.

Coda: Dicho sea todo esto último, por un lado, como excusa ante la ligera vaguedad de la reseña, y, por otro. para cumplir con el lado íntimo y caprichoso que caracteriza a los blogs.

viernes, 12 de septiembre de 2014

¿PVA? ¡Poesía visual en Aragón!

¿Poesía Visual en Aragón?Virgueros del cutter, especialistas del Araldit, magos de los lápices Ikea, eruditos del contenedor de las reformas, traperos de la idea, tricoteuses expresionistas, rebuscadores de cajones, irónicos o perversos cirujanos de imágenes, csis de los trasteros del alma y de la abuela, bebedores de sangre surrealista, detectives a tiempo parcial y hasta algún buen dibujante o alfarero. Todo eso y más hay en este grupo salvajemente poético, unido quizá, si uno lo mira más atentamente, con leve hilo de coser por lo que se refiere a los planteamientos subyacentes en las obras de esta exposición que ayer abrió sus puertas en el Centro de historias de Zaragoza.

Entre el juego icónico filológico del collage iconoclasta y la aspiración a lo máximamente conceptual y mínimamente material, quizá a los 19 o 20 participantes les hermana la urgencia o el capricho de desempolvar de rutina lo cotidiano, de desvelar verdades ajenas al espíritu emprendedor, de rascar las capas del discurso dominante. Ayer, día de la inauguración, no era el mejor momento para ver en detalle lo mucho y bien seleccionado por los coordinadores, Miguel Ángel Gil y Pedro Perún, pero sí la ocasión de irse de allí con impresiones generales y una de ellas es que estos tíos se lo pasan de miedo haciendo sus poemas.

Si tuviera que decir entre qué extremos se encuentran las obras, cuál es el campo único en el que se mueven y que da sentido orgánico a la exposición, diría que en un extremo el territorio linda con lo que cuando yo iba al cole se llamaban trabajos manuales, quintaesenciados, claro, en esta exposición, sabiamente preñados de significado, en algunos casos, y menos, en otros. La segunda frontera es  más difícil de digerir, seguramente, y se encuentra en el mundo del diseño profesional. Hace muchos años, en un estupendo texto, Baudelaire recordaba que, por lo que se refiere a las obras de arte, los image(Foto: R. Duerto fotografía la sombra de una de las participantes) términos acabado, rematado (fini),  y conseguido, hecho (fait), no deben mezclarse. Muchas obras de factura irreprochable carecen de interés y muchas cosas incompletas, que no apuran su terminación, son tesoros. Es algo que se debe tener en cuenta a la hora de hablar de poesía. El prurito por la presentación, por el barniz, por la apariencia de objeto listo para su venta, realizado en un estudio profesional, añade poco o nada a la obra plena de espíritu. Es más, si la obra no está a la altura revela su insuficiencia.IMAG0538La sombra vista desde otro ángulo

Otro de los alicientes de la exposición es el catálogo. La caja, el catálogo en sí mismo, y, sobre todo, para quien ayer se decidiera a comprarlo por 50 euros, las obras seriadas, a menudo con intervención directa de los artistas que se incluyen en el paquete. Un pequeño tesoro con el que me fui a casa más contento que una pascuas.

 

Baudelaire: 

…une œuvre d’âme — où tout est bien vu, bien observé, bien compris, bien imaginé — est toujours très-bien exécutée, quand elle l’est suffisamment —Ensuite — qu’il y a une grande différence entre un morceau fait et un morceau fini — qu’en général ce qui est fait n’est pas fini, et qu’une chose très-finie peut n’être pas faite du tout — que la valeur d’une touche spirituelle, importante et bien placée est énorme…, (Baudelaire, Curiosités esthétiques, fuente)

imageAnónimo e inesperado poema visual sobre la movilidad social en Aragón. Situado junto al ascensor de la sala de exposiciones.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Las cosas de Nicanor Parra, que ayer cumplió cien años, no más, y la muerte y la doncella, el poeta y la muerte. Cuando la librería americana de París (Shakespeare and company) cierra sus puertas. Reedición de entradas.



La doncella:
¡Lárgate, ah, lárgate!
¡Vete, cruel esqueleto!
¡Soy aún joven, sé amable y vete!
¡Y no me toques!
La muerte:
¡Dame tu mano, dulce y bella criatura!
¡Soy tu amigo y no vengo a castigarte!
¡Confía en mí! ¡No soy cruel!
¡Déjate caer en mis brazos y dormirás plácidamente!
Matthias Claudius 1740-1815

La verdad es que no sé mucho corto que aparece a continuación. Leo que la historia es simple, parecida a una anécdota entre vecinos de rellano, como cuando en Nochebuena te vas a casa deldenfrente porque te has quedado sin limones, te los da, pero a cambio se acuerda de pedirte un poco de perejil. Tan simple como eso, aunque a otro nivel: Spike Jonze, el realizador, conoció a la diseñadora Olympia Le-Tan (los libros del vídeo son, en realidad, los bolsos que diseña ella), y le pidió una tapas bordadas de  El guardián entre el centeno para colgarlas en su casa. La diseñadora aceptó, pero a cambio le pidió una película, que acabó siendo este cortoMourir Auprès de Toi. La primera que lo vi fue en un facebook amigo, deprisa y corriendo, y me pareció enclenque el tratamiento del tema de la visita de la muerte a la doncella, que tiene la lejana referencia del rapto de Perséfone, con la quecomparto el gusto por los granos de granada. El tema, por cierto,  ha dado para un compendio de las artes, música, cine, teatro. También me resultó todo demasiado mono, con demasiados libros mezclados de por medio, un cocktail sin  cuerpo,  a mayor gloria de la diseñadora de bolsos. Pero no deja de tener gracia esa muerte medio boba, que mata sin querer y que sin mérito alguno se liga a la pelirroja.



Algo parecido a la experiencia del corto me pasó con la librería que aparece al principio del corto, La Shakespeare and company, de París. Legendaria donde las haya, aunque no sea la que fundó S. Beach, hay algo en ella de demasiado previsible en su desorden, en la saturación de sus estanterías, en los personajes que la pueblan, como si el efecto turifel, ese que hace imposible que lo excesivamente reproducido en foto pueda ser verdaderamente visto en directo,  afectara incluso a quien no ha visto nunca fotografiado el objeto antes de plantarte frente a él. Basta con haberlo imaginado o soñado. Miro las pocas fotos que hice allí, intentando redescubrir la fuerza de la llamada que me llevó a acercarme, muerto de hambre, agotado de andar por la ciudad, y tan solo en las tulipas verdes sin bombilla de la lámpara encuentro un poco de la magia que me esperaba.





Caigo, sin embargo,  por casualidad de bruces en el estupendo poema de Parra, quizá porque leo que el dueño de la librería hablaba español con acento sudamericano:

EL POETA Y LA MUERTE

A la casa del poeta 
llega la muerte borracha 
ábreme viejo que ando 
buscando una oveja guacha

Estoy enfermo - después 
perdóname vieja lacha

Ábreme viejo cabrón
¿o vai a mohtrar I'hilacha? 
por muy enfermo quehtí 
teníh quiafilame I'hacha

Déjame morir tranquilo 
te digo vieja vizcacha

Mira viejo dehgraciao 
bigoteh e cucaracha 
anteh de morir teníh 
quechame tu güena cacha

La puerta se abrió de golpe: 
Ya - pasa vieja cufufa 
ella que se le empelota 
y el viejo que se lo enchufa

               
de Hojas de parra (Santiago, Ganímedes, 1985)

El poema recitado por N. Parra:


Y a pesar de que me pierdo parte del sabor a causa de mi desconocimiento del español de Chile, me quedo encantado con el trato entre estos dos viejitos. Nada de doncellas seductoras de la muerte, sino la historia canónica, la de la llegada de la guadaña a casa de quien sea y, previo buen rato pasado juntos, despedida definitiva de estos pagos. Será la edad...Hasta el video zarrapastroso que encuentro me gusta.

miércoles, 30 de julio de 2014

Lila, Atenea o Melusina de arrabal, y su amiga Lenú. Los tres primeros volúmenes de la tetralogía de Elena Ferrante.

R. Estudié Lenguas Clásicas y de joven traduje mucho, por placer, tanto del griego como del latín. Quería aprender a escribir y se me antojaba un ejercicio perfecto. Luego no tenía tiempo suficiente y lo dejé. Dice que se nota esa formación en los libros y la creo gustosamente, pero siempre he pensado que mis mujeres, más que atrapadas en el destino, estaban encerradas en compartimentos histórico-culturales (Entrevista digital a E. Ferrante)


Que Lila tiene los superpoderes de una diosa queda claro enseguida. Ya de niña es capaz de salir volando por la ventana. Cierto es que lo hace propulsada por la fuerza de su padre. Hasta ahí, pase, no por ello se desmentirían sus genes divinos, los dioses niños no dejan de ser niños. El padre es zapatero remendón, es cierto, pero en el Olimpo también abundaban las profesiones manuales. Si no recuerdo mal, Vulcano era herrero y Neptuno una especie de fontanero de los que meten sablazos. Lo verdaderamente sospechoso del vuelo de Lila es el aterrizaje en un patio de un barrio de poco después del Napoles ‘44, y sobre todo el daño que se hace en un brazo. Eso sí que son cosas folletinescas de arrabal. Los hechos memorables del personaje, indicios prematuros de estar tocada  por los dioses –también tocada de la cabeza, en la lectura folletinesca– marcan toda su vida, a medio camino entre la sórdida realidad y la trama mitológica, hasta el final del tercer y, por ahora, último volumen de este ciclo de L’amica geniale con el que he pasado algo más de una semana estupenda.

En español:

 un mal nombre-elena ferrante-9788426421739 las deudas del cuerpo-elena ferrante-9788426401489

- La amiga estupenda, Elena Ferrante, trad. Celia Filipetto, Barcelona,  Lumen, 2012, 392 págs., 24.90 €
- Un mal nombreElena Ferrante , trad. Celia Filipetto, Barcelona Lumen, 2013, 560 págs,, 24.90 €
- Las deudas del cuerpo, Elena Ferrante, trad. Celia Filipetto, Barcelona Lumen, 2014, 480 págs,, 23.65 €

En italiano:


- L’amica geniale (Infanzia, adolescenza), Elena Ferrante, Roma, Edizioni e/o, 2011, p. 327, 18’00 €.
- Storia del nuovo cognome (L’amica geniale, Vol. 2º, Giovinezza), Elena Ferrante, Roma, Edizioni e/o, 2012, p. 470, 19’50 €.
Storia di chi fugge e di chi resta (L’amica geniale, Vol. 3º, Tempo di mezzo), Elena Ferrante, Roma, Edizioni e/o, 2013, p. 382, 19’50 €.

Está prevista la publicación del cuarto y último volumen para el próximo otoño.

La obra gusta a grandes y medianos, a adolescentes y abuelos como yo, a mujeres y hombres de corazón,  y es que entre semidioses y macarras está cubierta buena parte del espectro humano, de sus virtudes y defectos, de su rebeldía y mansedumbre. Además, tiene como fondo mucho de la historia de la primera república italiana, usos y costumbres populares, la navidad en Nápoles, las vacaciones de verano en el mar, la vida escolar, la violencia doméstica, los años de universidad. Y algunas de esas cosas están narradas con un tinte dramático muy logrado por momentos, como los amores (de verano), simples caprichos que adquieren el dramatismo que conviene a una narración que oscila entre el folletín y la épica mitificadora, allí donde nació la novela, en el paso de lo heroico a lo pequeñoburgués, como conviene a las dos protagonistas. Una de ellas es Lila, doppelgänger de Lenú, la otra protagonista, hija de ujier, con aspiraciones sociales a través del arduo camino del estudio (Normale di Pisa), la cultura (dos libros publicados, por ahora), y los finos saraos de la gente bien. Su ventana al norte no es la de la sabiduría intuitiva, la del irrenunciable compromiso con implícitas leyes sagradas, como ocurre en el caso de Lila, tan capaz de creer como de descreer. Lenú se deja seducir más por los discursos explícitos, en un difícil equilibrio, de nuevo folletinesco, entre la mejora de las condiciones de vida, sus aspiraciones sentimentales y sociales, y el parte metereológico de su corazón, condicionado por la borrasca de un prematuro matrimonio al que ha llegado corta de experiencia. Su marido la desatiende pero, anónimo héroe civil en años de demagogias pseudoizquierdistas, es un filólogo  que sabe limitar las juergas (báquicas) a los libros. Ella, sin embargo, en la conclusión del tercer volumen, está a punto de volar a Francia, encelada con  Nino, semidiós casquivano este, especialista en sottotesti y sottovesti.
Quizá, como en algún momento se señala, Lenú es solar, pero el sol también tiene manchas. En cualquier caso, si así fuera, habría que pensar que Lila es lunar, en una modalidad de oposición complementaria yinyangesca que no me resulta del todo productiva . Lo cierto es que Lenú dice de Lila que es imprevisible. A mí no me lo parece, sino que más bien, en el juego de intercambio de papeles, es ella la que querría serlo. Ya veremos qué pasa  en la cuarta entrega de la obra.
Lila, mi preferida, quizá, es tan griega como medieval, por lo menos en ese rione napolitano de  viejas comadres y bandas de adolescentes en flor  para quienes Nápoles, la ciudad que tienen al cabo de unas paradas de autobús urbano,  se convierte por momentos en scimmia di luce e di follia (Conte, Genova per noi). En medio de ese paisaje abigarrado de camorristas, artesanos, acomodaticios poetas pomicioni, prósperos tenderos, enriquecidos prestamistas, brilla Lila Melusina, griega en la olimpiada matemática del colegio  y  griega también  en el ascenso a la casa de  Ἥφαιστος, encarnado en el usurero Achille, por quien le será reconocido su valor e importancia mediante la correspondiente indemnización (¡Como si un dios camorrista resarciera de los daños sufridos por su culpa a cualquiera!); pero es melusiniana cuando oculta al marido que es un ser superior, no haciéndole partícipe de su singularidad, la smarginatura, un extraño síndrome sagrado. Y también es melusiniana en la concepción del hijo, un vaina de aúpa, fruto corrupto de un cruce de universos. No sé si queda del todo claro por ahora quién es el padre. Desde luego a mí no me lo ha quedado. Pero, poco importa, el designio de la  Melusina medieval es tener un hijo humano y basta.
Dejando a un lado la mayor o menor sintonía con el estilo de la Ferrante, que sin duda lo tiene y bien marcado, cabe señalar que la constante información que se nos proporciona sobre el uso del italiano y del dialetto en situaciones y estados de ánimo que lo propician podría haberse traducido en un verdadero empleo. Sin embargo, el dialetto, término que, contrariamente a lo que ocurre en la tradición filológica española, en italiano sirve para referirse a verdades lenguas, más que a variantes locales del italiano, está muy poco presente en la obra. La narradora, Lenú, es algo relamida en esas cuestiones, pero un poco de rigor filológico no  habría estado de más.
Después de casi 1200 páginas, me queda la sensación de que la narración va perdiendo algo de intensidad a partir del segundo volumen, aunque melodramáticamente cada vez vuele más alto. No sé, quizá porque la infancia es el verdadero infierno, en el descenso al Hades a la búsqueda de las muñecas (las muñecas, uno de los grandes topoi de la Ferrante) o en la escalera hacia la casa de Don Achille, he sentido que se me hacía un agujero en el estómago, un principio de mi propia smarginatura, un resto de  las emociones que busco en la buena literatura. En los episodios de la adolescencia tardía, los amores con Nino, la boda, todavía queda algo de  pureza stendhaliana mezclada a los enredos mitológicos, esos enredos que me ha hecho recordar por momentos otra novela de trasfondo heroicocotidiano, Los infinitos, de Banville,  aunque aquí los dioses estén menos escondidos. Tengo la impresión de que según avanza la obra magna de la Ferrante la confluencia de esferas, del mundo real y el irreal, la invitación a una lectura fantástica con amarre tardo neorrealista -no lo contario- se decanta más por los enredos y tropezones de la vida adulta, la historia menuda, la anécdota novelesca, y eso ya me interesa menos. Queda la smarginatura, sin embargo, como puerta de entrada a la otra esfera, la de la creación que busca un marco mitológico para lo narrado. Amiga real y amiga prodigiosa, como se ha traducido en francés el término geniale, porque al realismo "es bueno darle un compañero que lo estimule, lo active y desempeñe el papel de su demonio" (Goethe, Fausto), según figura en la cita que abre todo el ciclo.

domingo, 6 de julio de 2014

Sobre La aventura comunista de J. Semprún, de Felipe Nieto


Nieto, Felipe, La aventura comunista de Jorge Semprún. Exilio, clandestinidad y ruptura, Barcelona, Tusquets editores, 2014, 632 pág.


Al glosar la biografía de P. Levi escrita por Myriam Anissimov (1), Tony Judt, en un artículo publicado originalmente en 1999 en The New York Review of Books y recogido después en  Sobre el olvidado S. XX, se quejaba de que la biógrafa había hecho un esfuerzo “contraproducente por reordenar y parafrasear los escritos del proprio Levi”. Salvo su periodo partisano y su posterior envío a Auschwitz-Birkenau (uno de los Vernichtungslager, campos de exterminio), la  vida de Levi fue ordenada, nada aventurera; al contrario que la de Semprún, que fue una vida extremadamente agitada, muy a menudo pendiente de un hilo, por lo menos desde que en 1942 pidió el ingreso en el P.C.E y después se integró en la resistencia francesa hasta 1965, cuando, expulsado ya del Partido, inicia una nueva etapa “guiada únicamente por la terca aspiración hacia la lucidez”  (F. Nieto, p. 489). Sin embargo,  ambos personajes comparten experiencias esenciales, la temporada que pasaron en el infierno de los campos de concentración, aunque fueran de distinto tipo, su difícil supervivencia como víctimas y la necesidad común, distinta en cuanto a urgencias y modos, de narrar lo vivido.
Curiosamente, Levi y Semprún también comparten, en mi opinión, una característica que atañe a los libros que narran sus vidas. Así,  F. Nieto cuenta lo que ya ha contado Semprún en sus escritos, algo parecido a lo que que Judt reprochaba a Anissimov. Y es que, a poco que uno lo haya leído Adiós luz de veranos, Viviré con su nombre, morirá con el mío, La escritura o la vida, Aquel domingo, o las obras más noveladas, como La algarabía o La montaña blanca, siente que se está llevando a la boca un plato sin sabor, sin emoción. Valgan como ejemplo para los aficionados a Semprún el episodio del registro como estucador a su llegada al campo  (p. 38) o el del soldado nazi que se toma su último descanso en el camino cantando La paloma (p. 31).
Cabe reconocer, no obstante, que el equilibrio entre la cita textual y la paráfrasis es difícil de alcanzar. Es curioso que los textos originales del biografiado nos acerquen más a la verdad, “esa clase de verdad en la que pensaba Aristóteles cuando decía que la poesía es más verdadera que la historia, más verdadera debido a su poder para condensar lo múltiple en lo típico” (2) que los textos parafraseados. En este sentido, el detalle preciso contado en primera persona, algo de lo que Levi sabía mucho, adquiere una fuerza nuclear que ilumina lo narrado. Entre el detalle emocionado y el dato crucial, que sería el equivalente en términos históricos, media la gracia literaria.
Otro de los reproches que se pueden hacer al texto de F. Benito es su descuidada redacción o presentación. Entre otros aspectos de carácter discrecional, como el uso de las comas, señalo lo siguiente:
Numerosas concordancias ad sensum: “Una parte de los intelectuales asimismo buscaron…” (p. 27), “De aquí,  la multitud de los resistentes detenidos de esta zona son transportados… (p. 33), “Más de un millar circulaban en manifestación…(p. 268);
formulaciones confusas: “El nombre del órgano de esta internacional comunista oficiosa propuesto por Stalin es bien expresivo: “Por una paz duradera, por una democracia popular.” (p. 125), a veces debidas a locuciones utilizadas impropiamente:“La elección de los participantes en el congreso fue decidida también desde la dirección. Se pretendía que la elección fuera democrática. De hecho la dirección nombra a los que tienen que estar presentes desde las distintas procedencia y sectores” (p. 217), o  a las que un cuyo les hubiera ido de perlas: “No debe confundirse con el pabellón de caza conocido como  Carinhalle, levantado por el gerifalte nazi  Hermann Göring en la misma zona…junto al Großdöllner See, del que apenas subsisten actualmente restos reconocibles de su megalómano esplendor” (p. 299);
erróneas divisiones silábicas, si consideramos que el nombre del premio Nobel suele pronunciarse a la italiana: “Al grito de ¡Pi-ran-de-llo!, ¡Pi-ran-de-llo! (p. 246);
erratas: “Espala franquista” (p. 141), “En Zaragoza, Miguel Labordeta, y en León, Lamoneda y de Pablos (p. 203),  “Celebran reuniones en el domicilio de Antoni Garrigues Díaz-Cañabate, franqueado por su hijo Juan Sebastián (p. 266), “sintieran” por sintieron (p. 276);
irregular uso de las mayúsculas: “…calumnias a dirigentes del partido y que, a partir de ahora, se sumen con entusiasmo a las próximas luchas de masas del Partido” (p. 337);
repeticiones poco justificables: “…al calor de quien fuera símbolo mayor del comunismo español con el que personalmente Semprún no tuvo confrontación personal (p. 494).
Dejando a un lado esas cuestiones, a mí el libro me ha resultado interesante en  otras cuestiones de mayor calado, como son el seguimiento del temprano gusto de Semprún por la escritura y el análisis de sus textos primeros, poemas, obras de teatro. También me parece  que la reconstrucción de la figura de Semprún como un comunista de tomo y lomo, incluso cuando su fidelidad al Partido podía resultar lesiva para otros militantes -caso Yourcenar (p. 72-76) o las purgas de finales de los años 40 (p.117-25)-, está bien hecha. Páginas interesantes son además las dedicadas a la visita de los dirigentes españoles a Stalin o a las huelgas de Vizcaya (1947) y y Barcelona (1951).
Queda, sin embargo, por dilucidar uno de los grandes enigmas del siglo pasado, el que aparece ligado al hecho de que grandes personajes, cultos, inteligentes, generosos hasta donde nos es dado conocer, fueran capaces de mantenerse al calor de partidos que cometían tropelías. Preferir un presunto horizonte de justicia a la rectitud moral inmediata, esgrimir las tinieblas exteriores para justificar la lealtad a una organización que da síntomas de putrefacción, son comportamientos que quizá solo sean comprensibles a la luz del enamoramiento entendido en los términos de matriz Stendhaliana que planteaba F. Alberoni en su lejano ensayo Enamoramiento y amor (1979). El enamoramiento comparte las bases en las que se sustentan  las conversiones religiosas o políticas. Cae en pedazos todo un sistema referencial que es sustituido por otro, construido alrededor de la persona amada. En el rápido proceso de desestructuración y reestructuración se produce el denominado stato nascente, en el que el individuo se funde con el objeto amado para crear una colectividad solidaria formada solo por dos seres, el partido y uno mismo.  Habría que añadir que el posterior paso de la pasión al llano del amor es muy complicado. Entre el largo noviazgo de Semprún con el comunismo, una aventura nada más,  y su frustrado matrimonio para toda la vida medió el rechazo de la amada y la progresiva entrada de luz por unas rendijas que de repente se hicieron grietas, esa vocación de lucidez de la que, si no me equivoco habla el escritor mismo en algún lugar. Siguió colgado por un tiempo tras su expulsión del Partido, siguió pensando que en el  materialismo dialéctico que le había servido para analizar el descosido de Nada (C. Laforet) y el roto de Ortega se hallaba una clave de comprensión universal, pero al cabo todo se fue metabolizando en aras de una lucidez democrática sobre la que, visto lo visto en estos ultimísimos años, sería interesante oírle hablar con su seductora voz.
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(1) Myriam Anissimov, Primo Levi o la tragedia de un optimista, Madrid, Editorial Complutense, 2001
(2) Coetzee, J. M., Mecanismos internos, 2007. DeBolsillo, 2010, Trad. de Eduardo Hojman, p. 249.

martes, 1 de julio de 2014

Yo receptor (de Pessoa). Pessoa y España en la Biblioteca Nacional

 

PinturaPessoaDeCastane_3201(Fuente de la imagen)

Fernando Pessoa en España se llama la exposición que se puede visitar estos días en la Biblioteca Nacional. Además de algunos textos autógrafos

17_TP_357del poeta y alguna que otra imagen de Lisboa y de escritores españoles relacionados con él , el núcleo de lo expuesto está lo forman  los libros del poeta portugués publicados en España y las monografías de autores españoles dedicadas a él. En mi memoria lectora, Pessoa está presente sobre todo en torno a 1979, cuando mi novia me regaló la Antología de Alvaro Campos (J.A. Llardent, 1978, E.N., Editora nacional, sí, sí, nacional), uno de los volúmenes expuestos. Está comprado en El Brocense, aquella gran librería de Fernández de los Ríos que dejó de ser, quizá porque imponía demasiado entrar en ella, o allí, para no ser cursis. Después, entre otras tantas cosas, Poesía, la señera revista dirigida por Gonzalo Armero, le dedicó un número doble (7-8) en 1980. Es una pequeña joya, parecida a lo que después se ha llamado álbum. Formulo la frase con el sustantivo en singular, porque huyo de su requetefeo plural. Seguramente, los album… publicados recientemente, por ejemplo, el de la Residencia de Estudiantes dedicado a Cernuda, están inspirados en los de la Pleaide, que tan buen mercado de segunda mano tienen en Francia. Lo cierto, es que o se me pasó en mi rápida visita o el número doble no está incluido en la exposición.

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En cualquier caso, tengo a esos años, los que van del 78 al ochenta y tantos como los años dorados de la recepción de Pessoa en España entre un público restringido, claro, pero abundante. A Pessoa se le veía en el metro de Madrid de la mano de los estudiantes de filología y se le veía en las playas de Cádiz de la mano de mujeres jóvenes a las que empezaba a pesarles el tedio de la vida, porque el reflujo de los entusiasmos de los primeros setenta hacía del poeta un buen caladero de sentimientos crepusculares. Después, poco a poco, fue perdiendo visibilidad, aunque, por ejemplo, la reedición del Libro del desasosiego en los Clásicos Contemporáneos Internacionales de Planeta, con traducción de Ángel Crespo, es del 98. Si Acantilado, con los altos precios que se gasta, lo retomó en su catálogo, será porque aun colea comercialmente. Su edición del Libro del desasosiego (trad. de Perfecto E. Cuadrado), corregida y aumentada, eso sí, se cotiza a 27.00 €. La de A. Crespo se puede comprar en las librerías de viejo por unos 3. Los otros 24 dan para mucho. Por cierto, seguirán siendo tan baratos los bonitos volúmenes de las Obras completas en portugués (y en inglés los Poemas ingleses) que publicaba Edições Atica.

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Una parte de la Exposición está dedicada a documentar las relaciones de Pessoa con escritores afines.

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Otra parte de la exposición versa sobre los poemas dedicados a Iberia y otras rarezas:

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viernes, 13 de junio de 2014

Reedición de entradas: Chistes racistas. Tres tristes tópicos nada menos que de Tolstoi. Cruce de citas y una anécdota.

 

imageTolstoi, León, Guerra y paz, Alianza Editorial, 2008, p. 925.

 

imageimageimageCritchley, Simon, Sobre el humor, quálea editorial, 2010, p., 93-95. Trad. Antonio Lastra.

El sábado discutí con un medio amigo porque se puso a decir que si los moros eran tal y que si eran cual. Todo porque unos argelinos le habían hecho una jugarreta con el pago de un alquiler. Le dije que no podía generalizar a partir de un caso, por más que le tocara los bolsillos. Pero entonces la situación empeoró, porque otros de los presentes empezaron a traer a colación -a cena, en realidad- más y más ejemplos. A mí todo lo que contaban me sonaba a cosas ya oídas de maños, madrileños, asturianos y gentes de otras regiones. El ambiente se calentó tanto que al final le dije que lo que pasaba es que a mí no me interesan ese tipo de generalizaciones, esa manera de enfrentarse a la realidad, y que me parecía que sus afirmaciones decían más de él mismo que de que de las personas que pretendía retratar. Además, añadí que en ciertos ambientes sería considerado, por sus conocimientos y por su forma de producirse, como un auténtico patán. Hasta quizá esos mismos moros podrían considerarle un zafio. Ah, y también le dije que seguramente a la misma hora en que nosotros estábamos reunidos, en la misma ciudad, podía haber un grupo de personas de las que él malhablaba contando fechorías, pongamos por caso, de patrones españolísimos. En fin, que no sé cómo acabamos la velada siendo todavía medio amigos.

¿Serán los chistes sobre extranjeros lo que produce corrientes de pensamiento que a mí me resultan tan falsas y pobretonas de contenido; será la realidad, vista parcialmente, la que produce los chistes; o será que para relativizar tendencias suavemente racistas que están a menudo muy enraizadas en nuestro pensamiento debemos estar bien despiertos ante lo que nuestras propias cabezas tienden a pensar?

Yo creo que solo siendo conscientes de la falsedad de los tópicos, de cuánto son racistas algunos chistes étnicos, podemos disfrutarlos, eso sí, como un juego lingüístico, como metachistes que al hacernos reír deben hacer también que nos riamos de nosotros mismos, que se nos hiele un poco la sonrisa ante ciertas cosas que se nos ocurren. Si el chiste sublima sentimientos reprimidos que en él hallan vía de escape, un análisis crítico (crítico-humorístico, a poder ser) puede devolvernos una imagen de nosotros mismos que nos ayude a mejorar, siempre que estemos dispuestos a aceptar nuestras debilidades, a reconocer como tópicos nuestros propios tópicos.

martes, 17 de diciembre de 2013

Canadá, de R. Ford, una novela antipicaresca.



Coincide esta breve reseña con la llegada de la segunda edición de Canadá (Ford, Richard, Anagrama, 2013) a las librerías y las primeras apariciones de la lista de mejores libros del año, entre los cuales, a pesar de las críticas unánimemente favorables recibidas, no he visto la obra de Ford.
Acabé de leer la novela con sentimientos encontrados, pero en los que predomina con mucho la admiración sobre el disgusto. Por un lado me dejó pasmado  la capacidad de Ford para crear minuciosamente un gran personaje adolescente enfrentado a circunstancias adversas. Por otro, la morosidad con la que a ratos se deleita el autor en hacer avanzar la peripecia puede llegar a exasperar a los poco pacientes.
Canadá cuenta en primera persona la vida de una familia de clase media en una ciudad de provincia americana durante los años 60. A partir del sorprendente atraco de un banco por parte de sus padres, Dell Parsons, el joven  protagonista, debe hacer frente a su existencia con la ayuda de algún personaje secundario, pero básicamente con el arma de su buena voluntad, su carácter reflexivo y  su curiosidad por saber cosas sobre mundo que le rodea. La segunda parte de la obra trascurre en Canadá, donde el muchacho es acogido por Arthur Remlinger, el hermano de una amiga de su madre, muerta suicida en la cárcel no mucho después de haber cometido el atraco al que me refería antes. En Canadá, Dell será testigo de un un asesinato. Saldrá indemne del hecho, pero no podrá dejar de verse involucrado de forma colateral. El delincuente será Arthur Remlinger, su nuevo padre putativo, que, si en un primer momento mantiene las distancias, acaba por acercarse al chico, aunque lo hace más para recibir una imagen narcisista de sí mismo que para educarlo.  La tardía reaparición de la hermana gemela, que había huido poco después del encarcelamiento de los padres, preludia el final de la historia. Si el joven, ya adulto y felizmente casado y colocado, ha conseguido rehacer su vida gracias a su carácter, curiosamente una mezcla de lo mejor de sus padres, la hermana, alcoholizada y con un cáncer terminal, representa el envés de la moneda.
Más allá de la peripecia, una fábula sobre la capacidad del individuo de metabolizar el mal, da homogeneidad a la novela la voz narrativa de Dell, quizá lo más conseguido de la obra. Ford construye un raro y a la vez convincente personaje que, envuelto fortuitamente en grandes tormentas, sabe no perder el rumbo gracias a la brújula de una especie de autoestima roussoniana. En ese sentido, la obra se inscribe en la larga tradición de las novelas de formación, la llamada Bildungsroman, aunque aquí, más que de la forja de un carácter, que parece predeterminado casi desde el principio, se trate de un ensayo narrativo en el que se ejemplifica cómo una personalidad semejante es capaz de enfrentarse a circunstancias adversas. Leyendo la novela no se tiene apenas la sensación  que el personaje crezca, sino que más bien el interés se centra en la manera en que el adolescente es capaz de narrarse a sí mismo frente a diversos avatares. De alguna marera, la novela podría ser el inicio de una serie de grandes aventuras de Dell, el adolescente indestructible y, al tiempo, sensiblemente delicado y receptivo. Se trata de una figura heroica que recuerda en sentido inverso a la del pícaro de la mejor tradición literaria española. Coincide con ella la novela en la narración en primera persona  y también en la aparición de amos para los que el protagonista debe  trabajar, aquí metamorfoseados en el padre natural y después en A. Remlinger, el padre adoptivo. Pero si la mejor  picaresca da cuenta cínicamente del proceso de adaptación e integración del pícaro a una sociedad corrompida, basada en el engaño, Ford parece haber decidido narrar la difícil supervivencia de un joven de buena voluntad, un self made (young) man, en una especie de versión dura y al tiempo esperanzada de la realidad, un largo ejemplo de  la gran resistencia del bien frente a las hostilidades del mal. El proceso de degradación del pícaro  se ha convertido ahora en un proceso de dignificación personal.

domingo, 15 de septiembre de 2013

La infancia de Jesús, la nueva novela de Coetzee sobre las nuevas vidas que se escapan.

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La infancia de Jesús, Coetzee, J. M., Mondadori, 2013, trad., Miguel Temprano García.
“Lo sorprendente de la visita a Inés, cuando se para a pensarlo después, es lo extraño e impredecible que ha sido ese episodio de su vida. ¡Quién habría pensado, el primer día que vio a aquella joven tan serena y lozana, que llegaría un día en que tendría que limpiarse su mierda del cuerpo! ¿Qué dirían en el Instituto? ¿Inventaría la mujer de cabello gris una palabra para describirlo: la caquidad de la caca?” (pvenna

Un niño, acompañado por quien se ha convertido en su protector, llega a Novilla en busca de una nueva vida. Novilla es un lugar en el que todo parece funcionar medianamente bien, donde han desaparecido las pasiones y la ironía en las personas, una especie de utopía en la que una administración hipertrofiada se ocupa de mantener en un relativo bienestar a los miembros de la comunidad. Sin embargo, el protector del niño parece complacerse en recordar su anterior condición imperfecta, porque la nueva asepsia,  que no resulta problemática para los demás, sí lo es para él. Es alguien apegado a la imagen de sí mismo que  le acompaña como  su sombra. Se parece, en ese sentido, al funcionario testarudo de Esperando a los bárbaros, al viejo enamorado de El hombre lento, al profesor sensualista de Desgracia o al protagonista de Diario de un mal año. La condición antigua resurge entre los pliegues de la anodina vida integrada de la que gozan los que sí han dejado definitivamente atrás el pasado. Este cinquentón,  rebautizado en el nuevo mundo como Simón, por contra,  se aburre por la falta de pasión, de conflicto, siente un apremiante deseo sexual, pretende ir en consonancia con el progreso que impone la mecanización en el trabajo, aunque eso altere el plácido estatus de los trabajadores del muelle de descarga en el que se gana la vida. Hasta ahí, nada nuevo en Coetzee por lo que respecta a la anécdota y al personaje central, nada del todo nuevo en el escenario tampoco si pensamos, por ejemplo,  en Elisabeth Costello, obra en la que el personaje homónimo se ve enfrentado a un tribunal de pesadilla que siempre  rechaza su pretensión de acceder a otro lugar, o en los funcionarios de El maestro de Petersburgo, por no hablar de Vida y época de Michael K. Pero Simón, a través del cual, como decía, se cuelan cuestiones pendientes que entran por la venta cuando han sido expulsadas por la puerta, en un momento dado deja de ser el núcleo de la narración, que pierde la componente mínimamente melodramática que parecía dibujarse a través de la relación del personaje con una mujer, esta sí, nueva, que vive el sexo como un mero paréntesis de momentánea descongelación. La novela, a partir de entonces, gira para centrase progresivamente en David, el niño extraordinario, catalizador infantil de los conflictos, que parece evocar, más que el personaje de los evangelios canónicos, el niño caprichoso y travieso de los evangelios apócrifos que usa sus poderes de forma un tanto arbitraria.  David no hace milagros en sentido estricto, pero el tema de lo excepcional, lo mágico, lo extraordinario, la verdad que está más allá de la apariencia material, está presente tanto en la peripecia como a través del Quijote, libro de cabecera de la criatura y con el que aprende a leer.
Al final, el conflicto entre el individuo y las estructuras sociales, como suele ocurrir en Coetzee, se agudiza, sin que unos ni otras cedan. A los protagonistas  no les queda otra solución que huir a la búsqueda de otra vida, lejos de la tierra de promisión a que habían acudido, también huyendo, en busca de una tierra de promisión.

jueves, 27 de junio de 2013

Cincuenta años son dos veces nada: Rayuela en mi noche de los tiempos como lector. Sus traducciones a otros idiomas.

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¡Cortázar en inglés! (¡Hay que ver en una de esas camas señoriales lo que parece el finado Cortázar puesto en inglés!) (Muchacha Punk, Cuentos completos, Fogwill, Alfaguara, 2009, p. 147)

Se cumplen cincuenta años de la publicación de Rayuela y noto que la leí hace demasiado tiempo como para que me quede en la memoria algo más que el lejanísimo recuerdo de que con la Maga fui infiel  a la anterior heroína de la que me había enamorado, quizá la mujer de la que A. Adamov habla en el segundo volumen de sus memorias (II. Yo... ellos, Cuadernos para el diálogo, 1972, or. 1968). A la mujer de Adamov le puse cara y todo y la llevaba pegada en una carpeta. De la Maga, tal vez porque excedía mi imaginación de lector tardoadolescente (tiene algo de niña vieja), no llegué a pintármela con rasgos tan definidos. También recuerdo que seguí el orden básico, aunque probé a seguir el otro que creo que Cortázar aconseja.

Firma autógrafa de Cortázar en un ejemplar de Le déplepeur, S. Beckett. (Fuente)

A veces me pregunto si la lectura temprana de algunos libros equivale a no  haber gozado verdaderamente de la experiencia. No es mi caso con Rayuela, que disfruté enormemente. Las lecturas de (de)formación tienen un carácter distinto del que poseen las lecturas a las que nos acercamos por pura curiosidad intelectual. Lamento recordar tan poco de Rayuela, pero, sin embargo, no olvidó de dónde la saqué bajo el sobaco, y sobre todo, cómo me deslumbraba por momentos. Oigo el capítulo siete leído por J. L. Gómez y me viene un regusto de aquello.

He aquí, a modo de homenaje a Cortázar y a sus heroicos traductores, unos ejemplos de cómo se vertió el título de la novela en algunas otras lenguas. Las imágenes están todas ellas copiadas del la estupenda página web Biblioteca Cortázar, de la Fundación March –la biblioteca personal del escritor fue cedida por su viuda, Aurora Bernárdez, a la Fundación en 1993. Clica en el enlace que aparece debajo de cada una de las portadas si quieres conocer el nombre de los traductores.

Italiano:

imageFuente de la imagen

Francés:

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(Fuente de la imagen)

Inglés:

image(Fuente de la imagen)

Alemán:

image(Fuente de la imagen)

miércoles, 5 de junio de 2013

FGL, 115 años de su nacimiento. Y, en agosto, 79 de su muerte. Reedición de entradas.

 

Sombras le avisaron/ que no se fuese/y le aconsejaron/ que se volviese

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Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.

Pero tu vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad (FGL)

Google dedica hoy su doodle a un curioso aniversario, los 115 años de la muerte de F. García Lorca. Aprovecho la peregrina ocasión y me caprichosamente adelanto al próximo septuagésimo nono aniversario  de su muerte a través de los diarios de su amigo Morla Lynch.

Quizá fue la madrugada día 17 de agosto de 1936 cuando asesinaron a  a balazos a García Lorca en una especie de remedo de un fusilamiento militar; quizá fue el 19, como sostienen la mayoría de estudiosos. Lo cierto es que la noticia no llegó a la prensa madrileña hasta pasados unos días.  Las referencias que aparecen en las entradas de los diarios de Morla Lynch  tal vez sean un buen ejemplo de hasta qué punto el asesinato del poeta granadino fue una suerte de patata caliente informativa para el bando rebelde, que temía la reacción internacional de condena.

MORLA LYNCH, CARLOS
EN ESPAÑA CON FEDERICO GARCÍA LORCA   editorial: RENACIMIENTO
lugar de edición: SEVILLA
año de edición: 2008
páginas: 664

Así es como Carlos Morla Lynch, uno de sus grandes amigos en Madrid, recuerda cómo forma se enteró de lo ocurrido:

1º de Septiembre (1936)

…En la plaza mayor, que, como el resto de la ciudad, se halla llena de milicianos me limpio los zapatos para darle de ganar algunas “perras” al último limpiabotas “que todavía arrastra su cajón de un lado al otro”.

Pasan corriendo, dando voces varios chavales vendedores de periódicos:

¡¡¡Federico García Lorca!!! ¡¡¡Federico García Lorca!!! ¡¡¡Fusilado en Granada!!! (p. 542)

MORLA LYNCH, CARLOS

ESPAÑA SUFRE. DIARIOS DE GUERRA EN EL MADRID REPUBLICANO

ISBN: 9788484723929
Editorial: RENACIMIENTO
Encuadernación: TELA
Nº Páginas: 600

En el segundo volumen de los diarios de Morla Lynch también aparece una anotación del 1º de septiembre, pero distinta de la que aparece en el primer volumen. En el segundo volumen, el diplomático chileno escribe que “los periódicos publican la noticia no confirmada de que FGL habría sido fusilado por los rebeldes en Córdoba” (p. 61). Como quiera que sea, en su círculo de amigos, lo ocurrido no estaba claro. El mismo M. Lynch, en una anotación de unos días después (8 de sept. Primer  volumen, p. 534) da cuenta de una llamada de M. Altolaguirre en la que desmiente la muerte del poeta granadino: “Más tarde llama Manolito Altolaguirre, que, a su vez, desmiente, la noticia. Él sabe que Federico se halla en sitio seguro. también lo sabe su hermana Isabelita. Debe ser así”. (p.543). Sin embargo, el 7 de sept. (Segundo volumen, p. 65) cuenta cómo “En Molinero, a las ocho, me hago servir un chocolate y, mientras lo saboreo, leo en los periódicos “la confirmación del fusilamiento de FGL”. A continuación, da un versión parecida a la que aparece en el primer volumen y a la que nos hemos referido antes: “…En casa tuenen todos los periódicos. El origen de la noticia parece vago, pero a mí me ha quitado el apetito. más tarde me llama Manolín Altolaguirre y me desmiente la noticia. Él sabe que Federico se encuentra en sitio seguro. (Segundo volumen, p. 66).

Por fin, el 18 de septiembre, Lynch parece asimilar la noticia:

Me parece escuchar su voz de aquella noche, que era –sin sospecharlo- la última vez que le oía: “Yo soy del partido de los pobres…, pero de los pobres buenos”. Y diríase que esa voz, de pronto, adquiriera un tono más festivo: “¿Te gusta España?”. Una convulsión escalofriante me sacude entero. Me cubro el rostro con las dos manos. (Primer volumen, p. 544)

jueves, 30 de mayo de 2013

Contra Baudelaire, prevaricador ocasional.

 

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Si Baudelaire tuviera, como los dioses de las religiones politeístas, un atributo que sintetizara su característica más notable, sería quizá una farola. No la lámpara de Diógenes, buscador de esencias, sino un flexo en su habitación y una turbia farola parisina por la calle. Baudelaire como Diógenes padece de desazón profunda, pero no busca un centro de gravedad permanente, al que casi ha renunciado (Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Bouddha doré, une idole mexicaine sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu). Más bien, se entretiene desesperadamente iluminando verdades parciales, emociones intensamente pasajeras. Es un especialista del retrogusto al que poco interesa la explosión de sabores en el paladar. Todo debe ser filtrado antes de saber si vale la pena, todo debe ser traducido a palabras mediante esa fantasque esgrima (Le soleil) en la que se ejercita. Si algo es refractario a esa luz, es mejor callar, que diría el otro.

La mirada de Baudelaire en los autorretratos expresa esa mezcla de avidez y ensimismamiento, curiosidad infinita y rigor máximo en lo que se escoge. Creo es W. Benjamin quien subraya que el París del poeta empieza a ser la ciudad del alumbrado público. Ya no hace falta llevarse a cuestas la lámpara, como Diógenes, para acumular un desengaño tras otro y muy de vez en cuando en cuando descubrir un destello, un bendito detalle de lo real que se convertirá en poema. Lo cierto es que el flâneur auténtico sabe que el paseo reserva desengaños, pero no por ello abandona la caminata, porque sabe también que si se para, se cae, y que además, como el psicoanalista freudiano con su atención dispersa, tarde o temprano acabará por sentir el reclamo de lo significativo. Los ojos de Baudealire serán entonces foco supremo, tendrán, en palabras de Calasso (La Folie Baudelaire, Adelphi, 2008; Anagrama, 2011) la capacità folgorante di percepire ciò che è.

Pero en esa pulsión iluminadora, Baudelaire corre el riesgo de abusar de lo real, de servirse de ello para colocar sus obsesiones, y como un prevaricador proyectar su infinita inquietud. Ese es quizá el sentido del curioso reproche que le hace Jules Renard en su Diario. Si el equilibrio entre lo visto y aquello que, por nuestro carácter, estamos condenados a ver, entre la variedad de lo real y nuestras fijaciones, se decanta demasiado del lado estas últimas, entonces nos enfrentamos a esa frase lourde, comme chargée de fluides électriques, de Baudelaire (J. Renard, Journal 1887-1910, Actes Sud, 1995, p. 52). Ver lo real, iluminar lo real, no forzarlo  para decir lo que queremos, no someterlo a nuestra neurosis, poética o no:

Baudelaire: “l’âme du vin chantait dans les bouteilles”. C’est bien cette fausse poèsie qui s’occupe de substituer à ce qui existe ce qui n’existe pas. Pour l’artiste, du vin dans une bouteille, c’est  quelque chose de plus vrai et de plus intéressant que l’âme du vin et l’âme d’une bouteille, car il n’y a pas de raison de donner un âme à un objet qui s’en passe fort bien (J. Renard, opus cit., p, 52)

La frase que espanta a Renard es, tal vez,  un ejemplo banal de la tendencia a la verbosidad, entendida más en lo que se refiere a la intensidad de las palabras que a su número, una selecta verborrea intelectual. Pero, pienso que Renard tiene razón, que un exceso de luz ciega y que la salvación, y al tiempo la condena del dandi radica en que acaba por convertir su indumentaria en un uniforme y, de vez en cuando, necesita hacerle un traje a su medida a aquello que tiene más a mano. Todo, con tal de tener razón poética:

La femme est le contraire du Dandy. Donc elle doit faire horreur.
La femme a faim, et elle veut manger ; soif, et elle veut boire.
Elle est en rut, et elle veut être f...
Le beau mérite!
La femme est naturelle, c'est-à-dire abominable.
Aussi est-elle toujours vulgaire, c'est-à-dire le contraire du Dandy.
Ch. Baudelaire, Mon coeur mis à nu : journal intime, (1887)

Traducción (p. 8 del enlace):

La mujer es lo contrario del dandi. Debe causar horror.
La mujer tiene hambre, y quiere comer; sed, y quiere beber.
Está en celo y quiere ser f...
¡Qué gran mérito!
La mujer es natural, es decir, abominable.
Además, es siempre vulgar; es decir, lo contrario del dandi.

sábado, 25 de mayo de 2013

Algo pequeñito. Pet names. Apodos cariñosos contra la distancia. Pardo Bazán y R. Burton. Ejemplos de indiscreción



The Guardian  dedica un artículo a cómo llamaba Richard Burton a E. Taylor en sus cartas de amor durante  sus grandes periodus interruptus de enamoramiento: "Twit Twaddle", "my little Twitch",  "dear Scrupel-shrumpilstilskin", cosas difíciles de entender, pero que evocan la boquita de piñón del rudo Burton in love. Además, el diario añade unas reglas de buen uso para que al llamar cosa pequeñita a la pareja no aparezca un entrometido (periodista, amigo o pariente), de esos que los provenzales llamaban lauzengers, a estropear el momento.
En el  amor de lejos provenzal y en su equivalente actual al amante le basta un aroma involuntario, oír una voz parecida a la de la amada, encontrar un libro que se compartió, cualquier prenda medio mal hallada, todo lo más. Prefiere eso al teléfono, qué horror, a la videollamada, qué vulgaridad. O lejos o cerca, pero nada de (ham)burguesas soluciones intermedias
Sin embargo los amantes que se complacen en las distancias cortas, cuando, por la razón que sea, están distantes, llenan el espacio que les separa con palabritas. Por eso, las misivas están llenas de apodos cariñosos y son menos frecuentes en las conversaciones en carne y hueso, terreno abonado a para el gesto, cuando no las procacidades.
Una de las reglas de oro que establece The Guardian sobre el uso de los apodos cariñosos tiene que ver con la discreción:
Never, under any circumstances, commit a pet name to print. People will find it and think less of you, even years after you're dead.
En realidad, no creo que conocer los apodos pueda llevar a tener peor opinión sobre alguien (to think less of), porque habrá pocos no pecadores que puedan tirar la primera piedra. Si acaso, es de uno mismo de quien se podría tener peor opinión por entrar a cotillear en estos terrenos privados. Pero, en fin, ya que estamos metidos, démonos un buen baño en  la intimidad ajena, en este caso, a través de una foto de R. Burton y E Taylor que pertenece a una exposición sobre la indiscreción fotográfica. En realidad, no es el beso lo que da pudor mirar, sino esos pies emocionados de la actriz y el cuerpo maduro del actor, cuidadoso hasta el límite de la lesión lumbar Es el detalle lo que hace sentir la inconveniencia de la mirada del fotógrafo y la nuestra, aunque supongo que también es el bendito detalle lo que añade el morbo que excita al voyeur.




Marcello Geppetti - Elizabeth Taylor and Richard Burton. Foto actualmente expuesta en Exposed: Voyeurism, Surveillance and the Camera.Tate Modern, London May 28 - October 3,2010

Demos un paso atrás, cuando las fotos eran  rarísimas.

Así es como Doña Emilia Pardo Bazán entre 1889 y 1890 se dirigía a Benito Pérez Galdós, a la luz de un examen no exhaustivo de su correspondencia (37 cartas). Me salto algunas variantes:
querido amigo y maestro, amigo querido, amigo del alma, amigo mío del alma, cariño, caro,  mi amado, mi bien, mi ratón, ratoncito, ratonciño, ratonciño del alma, arrastradiño, diletto, vita ed anima mia, seductor, vita ed anima mia, mono, minino, felicidad mía, miquiño adorado, miquiño del alma, miquiño mío del alma, corazón, maestrillo, fachita, miquito amado, monín, mi dulce bien, nenito, almita, vidiña mona, alma mía, almita amada, miquito, miquiño tonto, Garganelli mío, pánfilo de mi corazón, mi ratonciño amado, fachiña amado, niño, nenito, mi amigo e inquilino eterno del consabido mío principal, querido de mi corazón, mi ratón querido, cariño mío, Malek-Adel, amado roedor mío y caro roedor literario.
gal
Claro que Doña Emilia también es generosa consigo misma en el jugueteo:
tu Porcia, peinetita,  Doña Opas, tu Suriña, ratona, tu rata, su amiga, su amiga verdadera, tu Borriquita.

Pardo Bazán, Emilia, Cartas a Benito Pérez Galdós (1889-1890). Prólogo y edición Carmen Bravo Villasante, Madrid, Ediciones Turner, 1978.


He aquí una de las cartas:
car
p., 123



Bueno, pues ahí va otro de los inútiles consejos de Tin Dowling en Guardian:



Never, under any circumstances, commit a pet name to print. People will find it and think less of you, even years after you're dead.



Qué sería de nosotros si tantos grandes escritores hubieran sido más avisados a la hora de dar rienda suelta a sus efusiones gráficas. Tendríamos que limitarnos a leer sus novelas (alguna que otra, llena de cartas, por cierto) y nos perderíamos la sensación que se tiene cuando por fin te enteras de cómo es alguien.

Pero, para acabar, confieso que no es la revelación de la intimidad buscada lo que a mí me da morboso pudor, sino la contemplación de otros detalles involuntarios, la inocencia de los cuerpos, cierta memoria infantil o arcana guardada en su interior, esos pies de la Taylor a los que me refería, porque los escasos restos de inconveniencia que quedan después de que Sálvame haya alterado las categorías dominantes, se esconden entre los pliegues de la biografía inconsciente del paparazzo que llevamos dentro.