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miércoles, 29 de febrero de 2012

Medioreedición de entradas. Otra de baile. Totò (le Moko) hurga donde la risa se empieza a helar.

Si el tango, como decía Discépolo, es un pensamiento triste que se baila, el tango apache es uno de esos pensamientos que te dejan laminado, que arrasan con cuerpo y mente, sobre todo los de la parienta. Difícilmente se podría aceptar hoy como cómica la escena del baile de Totò, en la que se ritualiza paródicamente lo que ha dado en llamarse violencia de género. Quizá solo pensando en que el protagonista hace el papel de un delincuente malvado y seductor pueda uno reírse un poco, aunque he visto quien se parte de risa sin más preocupaciones.
Totò hizo innumerables versiones de otras películas. En el 48 se atrevió con el clásico de Duvivier Pépé le Moko (1937), en palabras de Morandini, una romántica tragedia moderna con secuencias memorables. En la versión cómica, Totò resulta ser pariente del bandido legendario y por tanto llamado a encabezar su  banda. Gracias a una poción mágica que  le proporciona tanto vigor como pelo Totò se hace con las riendas de la situación y con el amor de la turista aventurera de turno. En la escena del baile se exhibe ante ella en un número circense con el que quiere impresionarla. Y yo diría que lo consigue, aunque después de haber visto el tercer video da la impresión que el tango apache bailado en serio no desmerece al cómico:

La escena original de la estupenda película de Duvivier:

Dos bailarines profesionales muestran sus dotes:

Por cierto, he aquí lo que C. Augias dice sobre el término apache en un capítulo dedicado a Casque d’or de su libro I segreti di Parigi (Milano, Oscar Mondadori, 1998, p.122). Hablando de las bandas de delincuentes urbanos a las que pertenecían los amantes de Casque d’or señala cómo “la stampa perbene scrive che questi uomini si muovono nella città come gli indiani nelle praterie americane. Un giornalista d’ingegno lancia per definirli un nome che segnerà un’epoca,e così quelli che ai tempi di Balzac si chiamavano “les sauvages” diventano gli “apaches”.

jueves, 23 de febrero de 2012

¡Cómo envidio a los que saben bailar, pero no quieren!

Ahora que ya llega la primavera renace en mí el deseo de saber bailar, aunque sea pegado, como los delfines de aquella horrible canción, saber bailar por la mañana, antes de desayunar, después de comer e incluso después de acostarme. Pero no, la humanidad se divide en muchas parejas de opuestos, los que a media mañana se toman una caña con tapa y los que se comen una manzana sujeta con una servilleta de papel,  los que reciben y disfrutan de los powerpoints y los que no podemos soportarlos, pero ninguna tan cruel como la que separa a los que saben bailar, pero no quieren, de los que no sabemos y querríamos… querríamos hacerlo, por ejemplo, como Rocky Roberts.

Entre los que bailan y aquellos que miran a los que bailan o miran al suelo hay  un valle lleno de espinas que pocas veces he podido cruzar. Por lo menos, no estoy aquejado de muchos otros de los síntomas frecuentes en los bailarines frustrados, como la tendencia al estrabismo, la onicofagia,  la forma oblonga del torso. Un ilustre miembro del club de los que nunca sabrán bailar es Nanni Moretti.

La siguente secuencia da prueba de ello:

Me gusta mucho esa sensación de espejismo urbano que produce la isla de bailarines entregados al merengue. Un estudioso francés, el historiador Legoff, dedicó páginas memorables a la oposición yermo/selva y esta visión a mitad de camino entre el sueño realizado y el espejismo que sufre Moretti tiene algo en común con las alucinaciones/tentaciones que sufrían los caballeros del ciclo artúrico durante su quête. Al final de su periplo Moretti motorizado encuentra a su dama de forma inesperada la heroína de Flash dance, la película que dice recordar con placer. Pero la dama es de armas tomar, sans merci. En fin, una frustración tras otra, que seguramente es lo que acaba por traer la primavera. Seguro que si de repente Moretti aprendiera a bailar, se rompería la pierna a las primeras de cambio. Sería un consuelo, desde luego, pero aún así, año tras año, cuando llegan los primeros rayos de sol, pienso en cuánto me gustaría saber mover el esqueleto como Rocky Roberts. Los intentos de definición de la caracterología de Moretti que hace Jennifer Beals son memorables.

Y es que no solo me gustaría saber bailar, sino también ser o estar a little bit off, speciale, quasi scemo, not really crazy but…, particolare, off centered, not really troubled but…, verso pazzo ma non ancora, may be whimsical.

lunes, 18 de octubre de 2010

Las mejores 25 películas de amor

Guardian y Observer publican la lista de las mejores 25 películas de amor, según sus críticos. Las listas de lo mejor de tienen siempre una punta de vulgaridad, como la calle más  estrecha del mundo, la mejor playa, la moto más rápida, etc. Es la puñetera visión Guinness del mundo. Dicho esto, me rindo a la lista.

En la literatura, en el cine, quizá también en las artes plásticas las grandes obras sobre el amor envejecen mejor que otras. Es difícil no sentir cómo en las canciones de amigo vibra la emoción, no quedarse arrobado con el Tristán de G. von Strassburg, casi imposible aceptar que Clelia no podría enamorar a cualquiera, que el huérfano M. Brando no suscita pasión. Envejecen las películas porque los teléfonos móviles que aparecen en ellas pesan medio quilo, los efectos especiales están requetepasados, las armas que un día aterrorizaban dan risa, pero sobre todo envejecen las malas películas, de amor o no.

Prueba a hacer tu propia clasificación con las que hayas visto de estas diez y después comprueba el lugar que les han asignado los críticos. Si clicas sobre el título en inglés podrás leer una reseña de cada una de ellas. Además, si clicas aquí podrás saber cuáles son las otras quince. Por último, entre paréntesis, aparecen los títulos con los que se han estrenado las películas en español y si clicas sobre estas líneas podrás acceder a una página en la que puedes buscar por el título una ficha técnica, una sinopsis y críticas en español. Por ultimo, una galería de fotos de las pelis.

A Room With a View: No    (Una habitación con vistas)

Before Sunrise/Before Sunset: No     (Antes del amanecer)/(Antes del atardecer)

Breathless (A Bout de Souffle): No    (Al final de la escapada)

Hannah and Her Sisters: No    (Hannah y sus hermanas)

Brief Encounter: No    (Breve encuentro)

The Apartment: No    (El apartamento)

Jules and Jim: No    (Jules y Jim)

Eternal Sunshine of the Spotless Mind: No    (¡Olvídate de mí!)

In the Mood for Love: No    (Deseando amar)

Casablanca: No     (Casablanca)

 

sábado, 23 de enero de 2010

Rincón del baile (13). Un baile escrito esta vez, pero de E. Olmi

La única obra literaria del gran director de cine italiano E. Olmi es Ragazzo della Bovisa, traducido en español como Chico de Barrio:
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Título: Chico de barrio | Autor: Ermanno Olmi | Traducción: Carlos Manzano | Editorial: Libros del Asteriode Precio: 14.95 € | Páginas: 184

Olmi tenía el proyecto de hacer una película sobre sus recuerdos infantiles de la Segunda Guerra Mundial. Una enfermedad se lo impidió y el guión se transformó en esta novela durante la convalecencia. Se podría esperar, pues, cierta impericia en el tratamiento literario de la materia por parte de quien, como narrador, solo se había dedicado al cine. Pero Olmi sabe moverse estupendamente en el terreno de la escritura, en el que se muestra ducho en la descripción de ambientes vistos con los ojos de sus personajes. La naturalidad, esa especie de silenciosa elegancia, con la que presenta las situaciones a través de las que un niño va creciendo hasta asumir activamente sus emociones y su sexualidad, se recrea como en sus películas, sin salidas de tono ni sensiblería, pero sin perder de vista la transcendencia que en la vida de cada uno tienen esas experiencias tan comunes como insustituibles e intransferibles: la amistad, el amor infantil, la importancia de las figuras paterna y materna, las relaciones con el hermano. Todo ello sucede  en el contexto de lo que, en el prólogo a la edición italiana, Goffredo Fofi define como una Italia popular, desaparecida en los años cincuenta con el desarrollo económico, la Italia previa a la homologación, anterior a la llegada de la tele. Y es que, cronológicamente, la novela empieza poco antes de la entrada en guerra de Italia en el año 1940 y acaba con el principio, en 1945, de la Italia republicana. Espacialmente, se desarrolla en el extrarradio de Milán, en el pueblecito de  Treviglio y en un campamento para jóvenes en el Lago Mayor, donde el protagonista es enviado para protegerlo de los bombardeos aliados sobre Milán.
En la novela se reproducen detalles que aparecen en las pelis de Olmi. Estoy pensando por ejemplo, en Il posto y la importancia de la bici como objeto que resume un ritmo de vida, una esforzada forma de relacionarse con el mundo o en ese plato con el que la madre cubre la comida para evitar que se enfríe, en el periódico a través del que el padre se relaciona con el mundo… Otra de las virtudes del cine de Olmi, que también está presente en esta obra, es el fluido engarce de la historia individual con la vida social y el de esta, a su vez, con los acontecimientos históricos de relieve.
Pero el motivo por el que traigo a este Rincón del baile la novela de Olmi es por la repetida presencia del baile en la obra como una especie de espacio en el que se cruza lo privado con lo público, en el que lo íntimo se socializa, se da a conocer, pues solo al ser socializado cobra verdadera carta de naturaleza para el individuo. En el baile es donde se consuman y escenifican los deseos, las dudas, los adulterios, la dicha. El libro termina con un baile que para el protagonista y para el país entero es un rito de paso en el que el abandonan una forma vivir y entra en un nuevo periodo de sus vidas. Estas son las dos últimas páginas, 169-171, que recuerdan la escena del cotillón de Il Posto, pero en el contexto de la alegría de la Liberación:
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Traducción:

Todas las ventanas estaban abiertas de par en par y hasta por la calle habían puesto bombillas provisionales que iluminaban un tramo de acera, justo cerca del chalecito vacio de Gabriella.
Una radio transmitía música de baile a todo volumen y muchas parejas bailaban ya en medio de la calle.
Al día siguiente por la tarde pusieron farolillos de papel y las banderas de los vencedores. Hasta ataron a los palos de los faroles dos grandes altavoces de trompeta.
Empezaron a volver algunos de mis viejos compañeros de la calle Cantoni y nos pusimos juntos a empezar a bailar. Una tarde vino incluso una pequeña orquesta y la calle se puso a rebosar de gente. Bailábamos por todos los sitios, hasta en los rincones con menos luz. Y, entonces, yo también, en medio del lío, sentí ganas de intentarlo. Mis amigos eran más valientes y ya estaban bailando. Vi a una chica grande y gorda, que se mantenía apartada, quizá porque nadie la sacaba a bailar. Fue ella la que me dijo: “¿Quieres bailar?”
6. Bailamos durante todo el verano. Había aprendido muy bien y era ya uno de los mejores, tanto como para que las chicas estuvieran encantadas de que las sacara a bailar, de manera que podía escoger a las que más me gustaban. Y en cuanto me acercaba a la bailarina comprendía lo que podía significar ese abrazo, o sea, si era un simple lance del baile o algo más. Bastaba un paso contenido o un leve roce de los cuerpos para captar las señales cuyo significado había aprendido. Ya sentía entonces que al cabo de poco tiempo, una de aquellas tardes, también yo tendría la ocasión propicia para sentir la emoción más esperada de la vida.

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Título: Ragazzo della Bovisa| Autor: Ermanno Olmi | Editorial: Mondadori, piccola biblioteca Oscar|Precio: 9.00 € | Páginas: 171

martes, 12 de enero de 2010

Rincón del último baile (13). “Conviene esconder la profundidad ¿Dónde? Pues en la superficie” (Hofmannsthal). Muere Rohmer

Qué hermoso sería si los programas del corazón optaran por la vía Rohmer hacia el conocimiento. A través lo cotidiano, de eso que en términos braudelianos sería la brevísima duración, Rohmer hace un retrato en acto de sus personajes. Casi todo es pequeña anécdota, Jaramas de clase media parisiense, a veces diálogos con poca sustancia, algo así como un travelling inmenso por las relaciones no peligrosas, un retrato de lo que resume la sabiduría popular en los refranes, pero hecho con extrema elegancia y con un toque de tolerante ironía. Otras veces, hay observación minuciosa, profundidad a partir del detalle. Rohmer deja que sus personajes actúen y  nos los muestra (su objetivo, decía, era mostrar) con una pasmosa naturalidad y frescura a través de lo esencial en él, la comunicación verbal. Todo parece sencillo, a veces intrascendente, poco llamativo en cualquier caso,  y, sin embargo, las películas suyas, poco a poco, resultan ser un scanner psicológico de cuerpo completo (en sentido figurado, porque los desnudos en sus pelis son escasísimos) de los dramas íntimos y los dilemas a los que se enfrentan nuestros corazones.  Supongo que eso es lo que te mantiene atado a la butaca, la sensación de que en las imágenes palpita la misma vida que hay por ejemplo en una conversación entre dos estudiantes que van en el autobús sobre us líos con los de la clase, ese tipo de conversación que a veces me ha hecho pasarme de parada. Rohmer podría ser un emblema de una de las características que I. Calvino deseaba para las obras del siglo XX, la ligereza. Acierta muy a menudo en la elección de las situaciones, en el ritmo con el que avanza la historia, sin estridencias, con ese lado vagamente cómico, a veces esa especie de apariencia de frivolidad que, como algunos vinos, tiene retrogusto.

Y, además, dos de las más refinadas adaptaciones de textos literarios, con dos recreaciones soberbias, por gracia, gusto, detalle, ingenio, del mundo medieval, Perceval el galo, y el neoclásico, La Marquesa de O. La adaptación de L´Astrée no la he visto.

Él mismo en pleno baile:

Les nuits de la pleine lune es la cuarta peli del ciclo “Comedias y proverbios” (Quien tiene dos mujeres pierde el alma, quien tiene dos casas pierde el juicio) y seguramente no es de lo mejor del director francés. En la escena, cosas muy habituales, el que baila, el que no, el que se quiere ir de la fiesta para arrastrar al que no se quiere ir de la fiesta, porque está divinamente en la fiesta, mientras que el que se quiere ir quiere que no esté en la fiesta para que no baile y quizá para que esté a solas con él o simplemente porque no soporta que se divierta el otro. Uno llora, el otro camina con paso militar. El fuerte llora el débil hace gestos de fortaleza.

martes, 22 de diciembre de 2009

Rincón del baile (11). Vas carnalis, turris de ébano

Es un espectáculo que me produce vergüenza ajena. Una mujer negra baila acrobáticamente para los clientes de un pub con show nocturno (tabarin, es el término de origen francés, que usan en el original italiano). Su asistente, también negro y de cuerpo escultural va recogiendo las prendas de las que se desprende ella lentamente.  Los contempla una pareja en crisis, él , ensimismado con la bailarina, hasta donde puede ensimismarse quien se tiene a sí mismo por óptimo objeto de estudio, y ella, a punto de formular lo que ya siente, que ha dejado de quererle. El baile tiene algo de impúdico en sí mismo, con esas contorsiones que prometen delicias, esa confusión entre la pelvis y el omnipresente vaso, receptáculo femenino. Pero es que, además, la elegante y sofisticada impudicia queda reforzada por el atuendo formal de los espectadores, sentados cómodamente a una mesa mientras toman un drink,  y sobre todo porque una pareja mira mientras la otra, a la que tiendo espontáneamente a atribuir un lazo amoroso, trabaja. Los blancos miran y los negros les entretienen, aunque da la impresión de que se divierten más los primeros que los segundos.

En el fondo la cosa no tiene nada de particular, bailes muchos más brutales y salaces se ofrecen por doquier en la ciudades. Por lo demás, se pueden esgrimir todo tipo de razonamientos, desde que lo hacen por dinero hasta que se trata simplemente de una actuación. Debe ser mi modosidad el origen de la desazón, aunque quizá el punto de inquietud lo produzca el uso de la cámara, que tan hábilmente crea el crescendo de erotismo a través del baile, pero en paralelo subraya el diminuendo de tensión amorosa en la pareja de espectadores. El receptáculo femenino para el prota ha dejado de ser su mujer y él ya no la mira, o mejor, no la ve, como pone en evidencia la escena del baño, en otro momento de la película.

Antonioni, como los grandes directores no hace nada sin intención, lo haga  bien o fracase. Este baile no es un mero paréntesis en el desarrollo de la historia, es un resumen de la película, un trasunto de la relación que tienen los protagonistas entre sí. La notte, por otro lado, no es solo una radiografía del desamor, lo es también del amor, que siempre convive con el desamor. Hasta el dry martini lleva unas gotas o por lo menos un rayo de luz de martini. Hay quien sin ser una persona basta no soporta a Antonioni. Yo al ver de nuevo esta película he vuelto a reconocer en él a un artista fino e inteligente, quizá un poco por debajo de sus enormes pretensiones, pero solo un poco.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Rincón del baile (10). El baile del niño que vive dentro de la madera.

Totò a colori (1952) es la primera película italiana en color. Por lo que se refiere al argumento, es de escasa solidez, como ocurre en bastantes de las películas del cómico italiano, que a menudo son poco más que una excusa para que exhiba sus habilidades, no pocas, por cierto. Es muy frecuente que algo semejante ocurra con los cómicos, lo cual, superada la novedad, hace que al cabo de un ratillo, salvo contadísimas excepciones, acaben por cansarnos. Martes y trece, por poner un ejemplo, eran muy divertidos, pero superada la media hora y año tras año en Nochevieja se hacían patéticos y hasta ellos, que empezaban a auto parodiarse, debieron de caer en la cuenta. Solo los genios se pueden permitir sobrepasar la media hora de sobreactuación. Y ello en base a dos líneas de fuga. La primera consiste en construir una historia sólida, como ocurre con el Chaplin que ya no se ocupa de hacer solo sketches; la segunda, en la diversificación de los números: mimo, baile, canción, calambours, equívocos, una sucesión trepidante de sorpresas que solo acaba con The end. Es el caso, por ejemplo, de algunas pelis de los hermanos Marx. Totó, por su parte, dio lo mejor de sí mismo como actor y hasta como cómico, me atrevería a decir, cuando algún director le ató algo más corto, sin permitir que se enseñoreara de la escena por completo a través de sus innumerables recursos. Es el caso de Pasolini en Uccellacci e uccellini, o en el episodio La terra vista dalla luna (Le streghe). También se comportó como es debido y, al tiempo, con enorme gracia, en Guardie e ladri, de Steno y Monicelli, o como personaje secundario en I soliti ignoti, también con Monicelli. Totò a colori, de la que están sacadas las dos escenas de esta entrada, es una antología de números estelares. Por eso, casi quizá es mejor ver la película fragmentada, porque el argumento más parece una excusa para enhebrar los gags que otra cosa. En la primera de las dos escenas que recojo, Totò hace de Pinocho en una especie de danza en la imita a esta marioneta humana, o mejor sería decir que da vida a esta inolvidable criatura literaria.

En su ensayo sobre la novela del S.XIX, El mal absoluto, Galaxia Gutemberg, 2006, Piero Citati dedica a Pinocho una esplendidas páginas (384-397). Entresaco las siguientes líneas:

citati1citati2citati3

En el siguiente enlace está la escena completa sin el bis, aunque las imágenes son de peor calidad: http://www.youtube.com/watch?v=wF7ozFWF6kM&feature=related

Antes, en su viaje en pos del editor Tiscardi pasa por Capri, donde entra en contacto con la jet set, con veleidades artístico filosóficas, del momento. Casi me quedo con la jet marbellí de Gil y Gil. Allí monta este número (musical).

sábado, 12 de diciembre de 2009

Rincón del baile (9). Don Sancho Panza (Gassman) y el Caballero de la triste figura (Trintignant). Easy life, La escapada, Il sorpasso, Le fanfaron.

Leo en algún sitio que I. Calvino criticó la peli por excesiva complacencia con los vicios italianos. No encuentro su crítica por ningún lado.  La última vez que estuve en Italia me compré tres volúmenes de sus obras completas en los Meriadiani, pero en la versión de quiosco, cinco veces más barata que la de las librerías. No pillé sus Saggi . Mejor así quizá, su lógica impecable se hubiera apoderado de mí y me habría arruinado esta entrada.

El título de la película en inglés y en francés da idea de quién es uno de los protas, un jeta, una aprovechao, un julái, un viva la virgen de la estirpe del nobilísimo ducado de Gürtel, pero de la rama italiana.  Gassman encarna a ese personaje y, además, es muy apuesto, charlatán, excesivo, aunque no lleva bigotes tipo avida dollars. Trintignant, el apocado, podría ser un futuro juez al que su antiguo amigo corrompería diez años después. Algo así pasó en Marbella no mucho ha.

La peli es del 62 y también está ambientada en esos años de bonanza económica, el equivalente de aquella España posterior - siempre retrasada, hasta en lo malo- en la que según un ministro, oficiante de aquella fiesta del dinero fácil, quien no se hacía rico era porque no quería o era tonto, que viene a ser lo mismo. Ya decía Totò que los ministros pasan, los hombres quedan. Risi,  su director y coguionista con Scola y Maccari, nos cuenta la banal Odisea de los dos personajes por Roma y después en viaje hacia la playa el día de la virgen de Agosto (Ferragosto, de ferieae augusti). Qué lejos queda ya el hambre de aquella otra jornada de Ladri di bicliclette. Allí también había charlatanes, pero personajes como el de Trintignant, del que se oye más su voz interior que el verdadero timbre, hubieran sido inconcebibles.

Quizá Calvino, al reprochar a Risi su complacencia con los vicios del país, consideró que a fin de cuentas  Gassman promete más de lo que mete. Se intuye su falta de honestidad, pero casi da pena por inofensivo, por ligón de opereta, por gorrón de poca monta, por fanfarrón a lo bilbaíno de chiste. Vamos, que si no fuera por la criminal inconsciencia que le cuesta la vida al cortao de su colega, nos caería incluso bien.

En esta escena Gassman baila con una mal casada, cuyo marido, commendatore, fanfarronea sobre sus negocios en una mesa no muy distante. Se trata de lo que vulgarmente se conoce como un calentón extramarital, es decir, una excitación entre voluntaria y no que no se resuelve de forma natural, a veces ni siquiera al llegar al dulce hogar. Y él, pues lo que le dejen. La gracia está en que los protagonistas van comentando la cosa, como si estuvieran retransmitiendo un partido que se juega en el campo de al lado. No se ve el cuarto de máquinas, pero la manera de presentar la situación me hace pensar en esas escenas con la pantalla partida por la mitad, con dos momentos o dos perspectivas de lo que está ocurriendo. Nosotros vemos los síntomas, las sacudidas superficiales, las réplicas que llegan desde sus (epi)centros. Hablan,  sabiendo que el resultado del encuentro está cantado y,  parafraseando al poeta, nos revelan su corazón, “un corazón infiel,/ desnudo de cintura para abajo/ hipócrita lector –mon semblable, –mon frére! (J. G. de Biedma).

Esta foto contiene el cartel censurado de la película que se utilizó en España. La publicó El Mundo hace unos meses. El censor, que lloraba lagrimones de Eros, supo apuntar allí donde más pecado había, como en el romance:

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Otra pequeña escena de no baile. El estupendo no bailarín es incapaz de participar en el rito colectivo. Querría esfumarse, pero el magnetismo de su amigo y el vapor que sale por la válvula de su represión le mantienen allí. Entonces, busca refugio en un teléfono. No hay ying sin yang y estos dos personajes, como el día y la noche, tomados así, de uno en uno, serían como polvo, no serían nada.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Rincón del baile (8). Van, vienen…hay más de mil falsas por cada una que es de verdad, y se quedan ahí en medio, entre nosotros y el sol, para dejarnos con las ganas…de lluvia (F. de André).

Ermanno Olmi es uno de los más delicados de entre los grandes dinosaurios del cine italiano. Pocos como él son capaces de retratar  atmósferas, dar vida o presentar con poca vida a un personaje, ligar la anécdota personal al  contexto histórico. A veces, las películas de este director, en su conjunto, no son redondas, pero siempre están repletas de hallazgos, de momentos interesantes, de gestos que replican la vida. Nada carece de intención.  Otras veces, consigue lo máximo, que todo funcione. Entonces, te hace sentir que estás ante algo finísimo, un artilugio inconfundible, en el que todo redunda en perfectas variaciones que lo hacen progresar. Son obras que acaban adueñándose de nosotros, imponiéndose a nuestras reticencias, dudas o atisbos de aburrimiento, como ocurre en El árbol de los zuecos, una de las películas más hermosas que haya visto. Il posto (1961) no es lo mejor de él, pero aún así es una peli estupenda sobre la entrada en la vida laboral de un joven milanés de extracción humilde. La primera parte, en la que se cuenta su idilio con otra aspirante a trabajadora, rebosa frescura. Quizá, porque la actriz es la mujer con la que luego se casó Olmi. La segunda parte es más triste. A ella pertenece esta escena de baile durante una Noche Vieja. Si no recuerdo mal, es un cotillón organizado por la empresa. Como se puede comprobar por el ambiente reinante, en Italia los ritos del cortejo también requerían enormes esfuerzos de paciencia y perseverancia. La nube que sirve para que durante un instante los bailarines se aprovechen el uno del otro tiene, dejando aparte su lado lúdico, algo de pesadilla orwelliana, un poco como esas risas de la televisión que nos indican cuando toca partirse. La nube que produce la penumbra momentánea, es el símbolo del padre, de la religión, de las instituciones, del Estado, en palabras de G. Calvo, que pretende controlar al individuo, modular su deseo, dominar sus esfínteres. El poder nos ilumina y nos indica también cuándo tocar descansar, disfrutar. Me pongo tremendo, pero no soporto que me den pistas sobre cuándo toca la carcajada, la excitación, la lágrima o la metedura de mano. ¿Tú qué tal lo llevas?

Nota: el video completo que correspondía al texto dejó de estar disponible



jueves, 10 de diciembre de 2009

Rincón del baile (7). Un inocente Don Juan y una Doña Inés viuda y con un hijo pequeño.

La solución de la adivinanza es Único testigo (1885), del australiano Peter Weir, casi siempre en precario equilibrio entre un cine comercial de calidad y un cine desleído de autor. Recuerdo que vi Picnic at Hanging rock en la sala de arte y ensayo Peñalver, Gallipoli en la filmoteca y El año que vivimos peligrosamente en mi casa y con algo de paciencia. En Único testigo H. Ford, policía americano herido por sus compañeros corruptos, se refugia entre los  Amish, una comunidad cristiana de origen alemán que vive de la agricultura y repudia el progreso tecnológico. Un niño amish es el único testigo de un crimen y por ello objetivo de los criminales. En ese paradisiaco infierno, en el que hasta tostar el pan es pecado, vive la madre del niño, una hermosa viuda de aspecto nórdico, como, por otra parte, casi todos los miembros del grupo, entre los que se cuentan A. Godunov, el actor bailarín y un jovencísimo Viggo Mortensen. Ella tiene la gracia del tipo de mujer que empieza a ser una guapa vielle fille, viuda, madre y con un padre obsesionado por el qué dirán. Todo invita a la tristeza. Por eso, este baile tiene tanta gracia, porque juega con los tópicos más manidos: la luz de los focos que ilumina a la pareja que juguetea, como si fueran dos adolescentes, al son de la música de Sam Cook, quizá también para adolescentes; el sudor del esfuerzo hecho para reparar el coche, que me hace pensar en El cartero siempre llama dos veces y sobre todo a Ossessione, de Visconti. Y  mezclado con todo ello la alegría de los dos personajes, la misma que pueden sentir dos niños o dos viejos, esa explosión irracional de bienestar que a veces nos embarga mientras hacemos algo. Esta especie de Doña Inés campesina, que ya ha estado donde la luna brilla y se respira mejor, y este Don Juan a su pesar, en lugar de liarla,  prefieren seguir bailando, seguir divirtiéndose, no caer en el tópico en el momento en el que parece saltar la chispa del deseo. Aunque en el fondo se trate también de un topos, creo que en esa abstención o abstinencia radica la fuerza de la escena. Pero, ni siquiera una cosa así puede permitirse a una amish, ni bailar a la luz de los focos de un viejo coche en un granero en medio de la inmensidad de los Estados Unidos.



La canción:
Don't know much about history Don't know much biology Don't know much about a science book Don't know much about the french I took But I do know that I love you And I know that if you love me too What a wonderful world this would be Don't know much about geography Don't know much trigonometry Don't know much about algebra Don't know what a slide rule is for But I do know that one and one is two And if this one could be with you What a wonderful world this would be Now I don't claim to be an "A" student But I'm trying to be So maybe by being an "A" student baby I can win your love for me Don't know much about history Don't know much biology Don't know much about a science book Don't know much about the french I took But I do know that I love you And I know that if you love me too What a wonderful world this would be La ta ta ta ta ta ta (History) Ooh ooh ooh ooh ooh ooh (Biology) La ta ta ta ta ta ta (Science book) Ooh ooh ooh ooh ooh ooh (French I took) But I do know that I love you And I know that if you love me too What a wonderful world this would be

jueves, 3 de diciembre de 2009

Rincón del baile (6). Un poco de Godard, lo justo. Banda aparte.

Hace unas semanas, el ABC, en su colección de Grandes Directores (dos películas, una generalmente muy buena y la otra menos, a 1 euro) publicó Banda aparte y Todo va bien.

En palabras de Morandini (Il Morandini. Dizionario dei film), Banda aparte  (1964) es un “burlón y melancólico drama, resuelto en tono de comedia burlesca, un típico ejemplo del desenfadado pasotismo de moda entre los jóvenes franceses de los años 60. Simpáticos caraduras, primos de arrabal del Belmondo de À bout de souffle, los dos amigotes bailan, imitan la muerte de Billy el Niño, atraviesan el Louvre corriendo, torpes cuando delinquen y cuando intentan esconder sus verdaderos sentimientos”

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Rincón del baile (5). Buen momento para la lírica. Feliz puente.

Desde muy antiguo existe en la narrativa una tendencia a la inmovilidad lírica. Las obras que pertenecen a esta corriente se caracterizan por contener una mínima anécdota que tiende a no prosperar. Una vez alcanzado el clímax parecen detenerse en el sentimiento de los protagonistas y la peripecia pasa a segundo término,  queda como un fondo de amenaza, porque, tarde o temprano, algo tiene que pasar para que la obra prospere. Si no, empalagan. Dicho en términos geométricos, la línea vertical de la sincronía tiende al grado máximo y la horizontal de la diacronía a la parálisis. Hace muchos años me interesé por una obra maestra medieval de este tipo, La Chastelaine de Vergy, del S. XIII. Cuando fui a ver Los puentes de Madison County me acordé de la Castellana. Una obra que se ensimisma en el amor de los protagonistas, que lo presenta casi como algo sagrado, una especie de recuperación de la unidad primaria, la superación de la dualidad. Pero, destinada al fracaso, en cuanto entra en juego el eje diacrónico, que actúa como una especie de memento morti, como esas calaveras de los bodegones barrocos, et in arcadia ego.

En la película de Eastwood no vemos casi nada de lo que pasa, nos lo cuentan, en buena parte, los hijos de la protagonista a través de su diario. Lo que vemos es, en buena parte, la ilustración lírica, la plasmación en imagen del sentimiento  en acción, contemplamos cómo se quieren, un ejemplo de amor casi cortés, a una pareja que baila una danza sagrada.

martes, 24 de noviembre de 2009

Rincón del baile (3). Moretti, a little bit off, speciale, quasi scemo, not really crazy but…, particolare, off centered, not really troubled but…, verso pazzo ma non ancora, may be whimsical, según Jennifer Beals. Parodia estructuralista.

Sin perder de vista al recientemente fallecido Levi-Strauss, una categoría pertinente para definir la caracterología humana, además de esas parejas funcionales de contrarios que oponen a los que a media mañana se toman una caña con tapa a los que se comen una manzana con pañuelo de papel, los usuarios de mondadientes a los de la seda dental, los que reciben y disfrutan de los powerpoints a los que no podemos soportarlos o los practicantes del lavado de manos tras la micción a los que se limitan a hacerlo en caso de alta suciedad, una categoría muy productiva de significados establece la oposición entre los que bailan y aquellos que miran a los que bailan o miran al suelo, aunque esta última habría que definirla como alomorfa de la precedente, por cuanto sus rasgo distintivo no la opone a la de los que no miran, con quienes comparten el verdadero rasgo distintivo, que, desde luego, es -bailarín. Es verdad que hay una serie de características secundarias, como la tendencia al estrabismo, a la onicofagia,  la forma oblonga del torso, así como sus correlatos morales, que se asocian al carácter - bailarín, de la misma manera que otras, que ahorro al lector, se asocian mejor, como ciertas collocations lingüísticas, al carácter +bailarín. En el caso que nos ocupa, Moretti, autor en buena parte de su filmografía de obras de un declarado onanismo irónico, pertenece, no por configuración física, sino por devoción, a la categoría de los –bailarines subsección +pero me gustaría.

La siguente secuencia es prueba de ellos:

(Enlace con subtítulos, pero peor imagen: http://www.youtube.com/watch?v=MZvNHBsJUcc)

Me gusta mucho esa sensación de espejismo urbano que produce la isla de bailarines entregados al merengue. Otro estudioso francés, el historiador Legoff, dedicó páginas memorables a la oposición yermo/selva y esta visión que sufre Moretti tiene algo en común con las alucinaciones/tentaciones que sufrían los caballeros del ciclo artúrico durante su quête. Al final de su periplo Moretti motorizado encuentra a su dama de forma inesperada, al igual que los caballeros caballerizados, la heroína de Flash dance, la película que dice recordar con placer. Pero no se lo cree ni él. Los intentos de definición de la caracterología de Moretti que hace Jennifer son memorables. Vaya damisela sans presque merci.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El Rincón del baile(2). Totò el apache.


Si el tango, como decía Discépolo, es un pensamiento triste que se baila, el tango apache es uno de esos pensamientos que te dejan laminado, que arrasan con cuerpo y mente, sobre todo los de la parienta.
Totó hizo innumerables versiones de otras películas. En el 48 se atrevió con el clásico de Duvivier Pépé le Moko (1937), en palabras de Morandini, una romántica tragedia moderna con secuencias memorables. En la versión cómica, Totó resulta ser pariente del bandido legendario y por tanto llamado a encabezar su  banda. Gracias a una poción mágica que  le proporciona tanto vigor como pelo Totò se hace con las riendas de la situación y con el amor de la turista aventurera de turno. En la escena del baile se exhibe ante ella en un número circense con el que quiere impresionarla. Y yo diría que lo consigue, aunque después de haber visto el segundo video da la impresión que el tango apache bailado en serio no desmerece al cómico:



Dos bailarines profesionales muestran sus dotes:


Por cierto, he aquí lo que C. Augias dice sobre el término apache en un capítulo dedicado a Casque d’or de su libro I segreti di Parigi (Milano, Oscar Mondadori, 1998, p.122). Hablando de las bandas de delincuentes urbanos a las que pertenecían los amantes de Casque d’or señala cómo “la stampa perbene scrive che questi uomini si muovono nella città come gli indiani nelle praterie americane. Un giornalista d’ingegno lancia per definirli un nome che segnerà un’epoca,e così quelli che ai tempi di Balzac si chiamavano “les sauvages” diventano gli “apaches”.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Rincón del baile (1). Tu vuoi far l´americano. Risa y arroz amargos.

En la posguerra de la Segunda Guerra Mundial las mujeres trabajaban en los arrozales de Vercelli durante 40 días. Ese es el trasfondo neorrealista de Riso Amaro, de G. de Santis. El trasfondo melodramático con querencia hacia la novela negra lo llena Gassman, bello bribón que se sirve de su palmito y de la ingenuidad de una, la Mangano, y de debilidad de otra, Doris Dowling, corrompida por la dura vida, para intentar hacerse con la cosecha. Las tensiones que plantea conjugar las dos líneas dramáticas se resuelven a veces felizmente, otras menos. No es, desde luego, una obra maestra, pero las escenas en las que está presente eso que se llama cultura popular (la secuencia del cortejo en la granja, las escenas que describen la vida de las mujeres en los días de lluvia) están magníficamente resueltas. Otro tanto ocurre con los bailes. El el primero, Gassman hace el americano con un sombrero tipo Cañas y barro para esconderse de los policías que le persiguen y refugiarse en la Mangano, claro. En el segundo, están las jojoyas de la Castafiore por medio. Ah,  los americanos tenían el fulgor de la victoria en la reciente Guerra y el olor del dinero. De ahí tanto prestigio. Sobre la Mangano, mejor no hablar y limitarse a mirar. Parece la sirena del Mississippi de la Mancha.

Primerbaile.                                                                                    Segun
do baile.