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miércoles, 25 de abril de 2012

Las consecuencias de una canción, Portugal, 25 de abril de 1974: Rebrote del Deseo de ser punk (B. Gopegui).

Me llega un enlace con un video que contiene una versión colectiva de la canción que dio inicio a la Revolución de los claveles en Portugal. He aquí el video y el texto que lo explica :

El sábado de la semana pasada tuvimos la fortuna de conocer a Joao Afonso, el sobrino de José Alfonso. Fue en la biblioteca de Saramago en Tías -Lanzarote-. Allí coincidió el grupo de artistas que visitaba la isla con motivo del concierto de Luis Pastor y su nuevo disco Duos. Fue una reunión íntima que terminó acariciada por poemas y canciones. Y no pude evitar coger la cámara y ponerme a grabar para socializar el pasaje.
Más información en
http://www.radiocable.com

Aprovecho la ocasión para reeditar una vueja entrada que conmemoraba la fecha del 25 de abril del 74:

Aprovecho la fecha de hoy, 25 de abril, para recordar la que fue llamada Revolución de los claveles, a través de un capítulo de Deseo de ser punk, la novela de B. Gopegui, recientemente reeditada por Anagrama (6’40 euros) en la colección de bolsillo “Compactos”. Hay siempre en Gopegui una voluntad de llegar a la verdad de las cosas, de los sentimientos, de las acciones, una  búsqueda permanente y denodada por narrar las razones que llevan a cada uno de sus personajes a vivir de un modo, a tener tales o cuales gustos y reacciones. Y su manera de hacerlo es encontrando determinaciones sociales, políticas, económicas, en último término. Y no sigo, porque bien sabido es de qué pie cojea. Pero lo que da vida a sus mejores creaciones no es su capacidad para establecer una relación dialéctica más o menos profunda y matizada entre lo individual y lo colectivo, sin caer en un absurdo mecanicismo  ni tampoco olvidar el poder de la infraestructura, término marxista por excelencia. Lo que insufla vida a sus personajes, a Martina, la protagonista de esta novela, que se presenta como un cuaderno, un poco diario un poco epístola, es el amor por sus personajes, esa especie de ganas por llegar hasta el fondo de ellos, pero respetando su alteridad. Martina da sus primeros pasos rebeldes al son de la música con la que se identifica, una música que expresa insatisfacción, sufrimiento, esas cosas que, remedando el título de una obra de Fischer explican la necesidad del arte.

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En este capítulo, el padre de Martina, un antiguo progre semiintegrado con el paso de los años, habla con su hija sobre el trabajo del que ha sido despedido. El padre, quien, pese a haber renunciado a muchos de sus ideales contestatarios, es de repente víctima de la política empresarial, y la hija, en la que bulle el descontento por las condiciones de vida de los adolescentes, son al cabo carne del mismo cañón, víctimas del sistema. A él le ha quedado solo una “moral de emergencia”, para los casos más flagrantes de injusticia, a su hija, sin embargo, le urge protestar mediante un acto público. La novela cuenta la génesis sentimental y social de su gesto.
DESEO DE SER PUNK, Gopegui, Belén
COLECCIÓN Compactos (CM 550)
ISBN978-84-339-7652-9 NUM. PÁG.192

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imageimage p., 149

“Creo que las canciones son una especie de bombas que explotan ordenadamente. Bombas a pequeña escala, como romper cosas, pero no por frustración; no romper cualquier cosa y de cualquier manera, sino romper puertas que deberían estar abiertas, recuerdos que no merecen existir, días sin actitud”. (ibid., p., 154)

“Vale, poner una canción intempestiva y a todo volumen en la radio no era lo mismo que disparar esos dardos con los que se anestesia a los elefantes, a todas las personas que la oyesen. pero ¿y si lo trasformaba? Estaba segura de que oír la canción tendría consecuencias. Para algunas personas. (ibid., p., 155)

Grândola, Vila Morena, Xosé Alfonso


Grândola, vila morena
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade
Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada esquina um amigo
Em cada rosto igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada rosto igualdade
O povo é quem mais ordena
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola a tua vontade
Grândola a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade

Traducción:
Grândola villa morena
Tierra de fraternidad
El pueblo es el que más ordena
En ti, oh ciudad En ti, oh ciudad
El pueblo es el que más ordena
Tierra de fraternidad
Grândola villa morena
En cada esquina, un amigo
En cada rostro, igualdad
Grândola villa morena
Tierra de fraternidad
Tierra de fraternidad
Grândola villa morena
En cada rostro, igualdad
El pueblo es el que más ordena
A la sombra de una encina
de la que no sabía su edad
Juré tener por compañera
Grândola, tu voluntad
Grândola, tu voluntad
Juré tener por compañera
A la sombra de una encina
de la que no sabía su edad


Y no me resisto a terminar esta entrada con otra cita sobre lo que la música suponía para otro autor militante, Tólstoi:

“¿Qué le reprocha Tólstoi a Beethoven? Su fuerza. Lo mismo le ocurrió a Goethe, quien, al escuchar la Sinfonía en do menor, se sintió completamente desbordado por ella y reaccionó con rabia contra el amo imperioso que lo somete a su voluntad:
La música –dice Tólstoi- me transporta de inmediato al estado de ánimo en el que se encontraba aquel que la compuso. En China, la música es un asunto de Estado. Y así debe ser. ¿Acaso se puede permitir que cualquiera que así lo desee hipnotice a una o a muchas personas? estas cosas (el primer Presto de la Sonata a Kreutzer) solo pueden ser interpretadas en ciertas circunstancias importantes, significativas…

…¿Qué hay de perverso en todo esto? Que la mente es esclava y que la fuerza desconocida de los sonidos puede hacer con ella lo que quiera, destruirla, si le place.
Todo esto es cierto, pero Tólstoi olvida una cosa: la mediocridad, o la ausencia de vida, de la mayoría de los que escuchan o hacen música. La música no puede ser peligrosa para aquellos que no sienten…”
Portada Vida de Tolstói
Romain Rollland, Vida de Tólstoi (p., 144-145).
Colección:
El Acantilado, 216
Temática
Biografías, Memorias y Diarios
Traducción: Selma Ancira y David Stacey
Páginas: 240 Precio: 19.50 €





Añado a la entrada unas fotos que me pasa A. Guerrero, tras su viaje de este verano a un Portugal consumido por la crisis:


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lunes, 25 de abril de 2011

Portugal, 25 de abril de 1974, ¡jo, qué día!; Deseo de ser punk (B. Gopegui), !jo, qué capítulo!

Aprovecho la fecha de hoy, 25 de abril, para recordar la que fue llamada Revolución de los claveles a través de un capítulo de Deseo de ser punk, la novela de B. Gopegui, recientemente reeditada por Anagrama (6’40 euros) en la colección de bolsillo “Compactos”. Hay siempre en Gopegui una voluntad de llegar a la verdad de las cosas, de los sentimientos, de las acciones, una  búsqueda permanente y denodada por narrar las razones que llevan a cada uno de sus personajes a vivir de un modo, a tener tales o cuales gustos y reacciones. Y su manera de hacerlo es encontrando determinaciones sociales, políticas, económicas, en último término. Y no sigo, porque bien sabido es de qué pie cojea. Pero lo que da vida a sus mejores creaciones no es su capacidad para establecer una relación dialéctica más o menos profunda y matizada entre lo individual y lo colectivo sin caer en , por un lado, en un absurdo mecanicismo, y, por otro, sin olvidar el poder de la infraestructura, término marxista por excelencia. Lo que insufla vida a sus personajes, a Martina, la protagonista de esta novela, que se presenta como un cuaderno, un poco diario un poco epístola,  que ella quiere completar para darlo a un compañero del que se ha enamorado, es el amor por sus personajes, esa especie de ganas por llegar hasta el fondo de ellos, pero respetando su alteridad. Martina da sus primeros pasos rebeldes al son de la música con la que se identifica, una música que expresa insatisfacción, sufrimiento, esas cosas que, remedando el título de una obra de Fischer explican la necesidad del arte.

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En este capítulo, el padre de Martina, un antiguo progre semiintegrado con el paso de los años, habla con sus hija sobre el trabajo del que ha sido despedido. El padre que, pese a haber renunciado a muchos de sus ideales, es víctima de la política empresarial, y la hija, en la que bulle el descontento por las condiciones de vida de los adolescentes, son al cabo carne del mismo cañón. A él le queda solo una “moral de emergencia”, a su hija le urge protestar mediante un acto público. La novela cuenta la génesis sentimental y social de su gesto.

DESEO DE SER PUNK, Gopegui, Belén

COLECCIÓN Compactos (CM 550)

ISBN978-84-339-7652-9 NUM. PÁG.192

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image p., 148

“Creo que las canciones son una especie de bombas que explotan ordenadamente. Bombas a pequeña escala, como romper cosas, pero no por frustración; no romper cualquier cosa y de cualquier manera, sino romper puertas que deberían estar abiertas, recuerdos que no merecen existir, días sin actitud”. (ibid., p., 154)

“Vale, poner una canción intespestiva y a todo volumen en la radio no era lo mismo que disparar esos dardos con los que se anestesia a los elefantes, a todas las personas que la oyesen. pero ¿y si lo trasformaba? Estaba segura de que oír la canción tendría consecuencias. Para algunas personas. (ibid., p., 155)

Grândola, Vila Morena, Xosé Alfonso

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Grândola, vila morena
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade
Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada esquina um amigo
Em cada rosto igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada rosto igualdade
O povo é quem mais ordena
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola a tua vontade
Grândola a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade

 

Traducción

Grândola villa morena
Tierra de fraternidad
El pueblo es el que más ordena
En ti, oh ciudad En ti, oh ciudad
El pueblo es el que más ordena
Tierra de fraternidad
Grândola villa morena
En cada esquina, un amigo
En cada rostro, igualdad
Grândola villa morena
Tierra de fraternidad
Tierra de fraternidad
Grândola villa morena
En cada rostro, igualdad
El pueblo es el que más ordena
A la sombra de una encina
de la que no sabía su edad
Juré tener por compañera
Grândola, tu voluntad
Grândola, tu voluntad
Juré tener por compañera
A la sombra de una encina
de la que no sabía su edad

E depois do adeus (Paulo de Carvalho):

Y no me resisto a terminar esta entrada con otra cita sobre lo que la música suponía para otro autor militante, Tólstoi:

“¿Qué le reprocha Tólstoi a Beethoven? Su fuerza. Lo mismo le ocurrió a Goethe, quien, al escuchar la Sinfonía en do menor, se sintió completamente desbordado por ella y reaccionó con rabia contra el amo imperioso que lo somete a su voluntad:

La música –dice Tólstoi- me transporta de inmediato al estado de ánimo en el que se encontraba aquel que la compuso. En China, la música es un asunto de Estado. Y así debe ser. ¿Acaso se puede permitir que cualquiera que así lo desee hipnotice a una o a muchas personas? estas cosas (el primer Presto de la Sonata a Kreutzer) solo pueden ser interpretadas en ciertas circunstancias importantes, significativas…

…¿Qué hay de perverso en todo esto? Que la mente es esclava y que la fuerza desconocida de los sonidos puede hacer con ella lo que quiera. destruirla, si le place.

Todo esto es cierto, pero Tólstoi olvida una cosa: la mediocridad, o la ausencia de vida, de la mayoría de los que escuchan o hacen música. La música no puede ser peligrosa para aquellos que no sienten…

Portada Vida de Tolstói

Romain Rollland, Vida de Tólstoi (p., 144-145).

Colección:
El Acantilado, 216

Temática
Biografías, Memorias y Diarios

Traducción: Selma Ancira y David Stacey

Páginas: 240 Precio: 19.50 €

domingo, 28 de noviembre de 2010

“Unos profundos suspiros”. La larga crisis matrimonial de Tolstói y Sofía Bers contada por Tatiana Tolstói (1864-1950), ejemplo de cómo encarar lo que nos afecta hondamente.

image Tolstói, Tatiana, Sobre mi padre, Barcelona, Nortesur Primera persona, 2010.Traducción del francés de Julia Escobar.
Formato 14 x 22 cm
Páginas 128
ISBN 978-84-937841-3-3
PVP: 13,00 €
Quizá, como señalaba hace unos meses I. Echevarría, el problema del matrimonio Tolstói consistió en que ninguno de los dos cónyuges supo proporcionar al otro una versión aceptable de sí mismo, una imagen a la que el otro pudiera aferrarse sin acabar naufragando. De las memorias de Tatiana Tolstói se deduce que así fue en parte por la versión narrada de sus vidas que se haya en sus diarios, a los que tan dados eran. La imagen que se proporcionaron recíprocamente en el trato directo se completaba con la que proyectaban de sí mismos en esos diarios, como una especie de correlato en carne viva de sus sentimientos. El planteamiento subyacente sería que si uno no se engaña a si mismo y los diarios son una trasunto lírico narrativo de su corazón la mejor manera de conocer al otro es leerlos y la mejor manera de ser sincero es compartirlos. Un planteamiento semejante encaja bien en esa permanente búsqueda radical de la verdad que según su hija Tatiana guió siempre la vida del escritor (Amo la verdad…mucho…Amo la verdad, fueron sus últimas palabras –ibid., p., 123). Pero el espíritu es débil y tiende a engancharse en su propia inseguridad. Quizá, esa sobrecarga de sinceridad no sea en el fondo otra cosa que un síntoma de incomprensión de lo mucho de trágicamente teatral que tienen las relaciones humanas y de lo importante que es ser consciente de ello para que lleguen a buen puerto. Las notas en las que Sofia Bers, la mujer del escritor, habla de los celos que sintió en relación a los años de vida de su marido en los que aún no se conocían hacen pensar en los celos que atormentaban al narrador de la À la recherche en relación con Albertine. A efectos literarios no, pero a efectos vitales hubiera sido mucho mejor limitarse a vivir el presente. Por otro lado, el mundo creativo de Tolstói, cuanto en él proyectaba, o través de él enmascaraba o aclaraba, estuvo muy presente en Sofía Bers, pues pasó a limpio durante muchos años toda la producción de su marido. Su vida matrimonial duró unos cincuenta años y no empezó a complicarse seriamente hasta la llamada conversión de Tolstói. Con el tiempo, a raíz de las suspicacias de Sofía, se vio condenado a llevar un diario secreto, que ocultaba en una bota o bajo la camisa. La idea recurrente –más de 15 años- de marcharse de la casa familiar para abandonar un tipo de vida que le repugnaba por intranscendente y lujoso chocaba con las consecuencias que se hubieran derivado de ello, con lo mucho construido en el terreno familiar, que actuaba como un muro infranqueable. Su hija Tatiana señala cómo “Un día hizo la siguiente reflexión: ¿Qué ocurriría si dejo a mi familia? Otro hará lo mismo y luego un tercero. Y el resultado será que acabaré ayudando a otra familia cuyo jefe ayudará a la mía, y así sucesivamente?” (ibid., p., 87) o también observa las razones más morales que sentimentales que el escritor se daba para no desaparecer: “Si no tomo ese partido es porque de hacerlo, sería ante todo por mi bien personal, para escapar de una vida envenenada por todas partes. Y pienso que para mí es necesario soportar esa vida” (ibid., p., 85). A partir de un momento dado, después de la muerte de un hijo, Sofía empezó a manifestar anomalías psíquicas, que su hija describe diciendo que “refería todo a sí misma”: ella que antes “siempre estaba dispuesta a entregarse por entero sin pensar jamás en sí misma fue presa de una preocupación enfermiza…” (ibid., p., 93). Al final, como es sabido, Tolstói acabó por marcharse para morir pocos días después en unas condiciones que se parecían más a la austera vida a la que había aspirado durante tanto tiempo. En el lecho de muerte apareció su mujer: “Entramos. Mi padre estaba inconsciente. Los médicos nos dijeron que era el final. Mi madre se acercó, se sentó a su cabecera e, inclinada sobre él , murmuró palabras tiernas diciéndole adiós y pidiéndole que la perdonara por todo aquello de lo que fuera culpable. La única respuesta que obtuvo fueron unos profundos suspiros” (ibid., p., 123-24).
Más allá de la buena selección de fuentes que manejó la hija de Tolstói (diarios, cartas, escritos varios) sobresale la voluntad de imparcialidad y profundidad en la descripción de los hechos. En un tono de explicación psicológica basada en su experiencia filial y en una aguda interpretación existencial de la trayectoria de los protagonistas, la autora consigue, desde el sentido común, en términos que podríamos llamar pre psicoanalíticos, dibujar un cuadro convincente y, por contradictorio que parezca, apasionadamente objetivo, de la peripecia matrimonial de sus padres, dos seres en lucha entre su herencia material, emocional, y sus aspiraciones sobrevenidas, entre su educación y lo que de la vida fueron o no capaces de aprender. Tan solo al final, cuando la postura de su madre se encona hasta hacer que la situación resulte insufrible, se decanta tibiamente por las razones del padre. Algo que, por lo demás, no es óbice para que sus palabras sobre su madre no sigan transmitiendo un profundo respeto, aunque algo menos de cercanía.
Sobre la edición original (http://www.casarusia.com/archives/288-Sobre-mi-padre,-de-Tatiana-Tolstoi.html): «Sur la mort de mon père et les causes lointaines de son évasion» se publicó en julio de 1928 en la revista Europe, habiendo sido redactado directamente en francés por Tatiana Tolstói. En 1960, André Mazon escribió un prólogo para la edición que realizó El Instituto de Estudios Eslavos de la Universidad de París. En 1975 se publicó con otros textos de Tatiana Tolstói dedicados a su padre, Avec Léon Tolstoï (Albin Michel). En 2003, por último, se reeditó en Francia con el título de Sur mon père (Allia, 2003).

miércoles, 6 de octubre de 2010

Tres tristes tópicos de Tolstoi. Cruce de citas y una anécdota.

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Tolstoi, León, Guerra y paz, Alianza Editorial, 2008, p. 925.

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Critchley, Simon, Sobre el humor, quálea editorial, 2010, p., 93-95. Trad. Antonio Lastra.

El sábado discutí con un medio amigo porque se puso a decir que si los moros eran tal y que si eran cual. Todo porque unos argelinos le habían hecho una jugarreta con el pago de un alquiler. Le dije que no podía generalizar a partir de un solo caso. Pero entonces la situación empeoró, porque otros de los presentes empezaron a traer a colación (a cena, en realidad) más y más ejemplos. A mí todo lo que contaban me sonaba a cosas ya oídas de maños, madrileños, asturianos y gentes de otras regiones. El ambiente se calentó tanto que al final le dije que lo que pasaba es que a mí no me interesan ese tipo de generalizaciones, esa manera de enfrentarse a la realidad, y que me parecía que sus afirmaciones decían más de él mismo que de que de las personas que pretendía retratar. Además, añadí que en ciertos ambientes sería considerado, por sus conocimientos y por su forma de producirse, como un auténtico patán. Hasta quizá esos mismos moros podrían considerarle un zafio. Ah, y también le dije que seguramente a la misma hora en que nosotros estábamos reunidos, en la misma ciudad, podía haber un grupo de personas de las que él malhablaba contando fechorías, pongamos por caso, de patrones españolísimos. En fin, que no sé cómo acabamos la velada siendo todavía medio amigos.

¿Serán los chistes sobre extranjeros lo que produce corrientes de pensamiento que a mí me resultan tan falsas y pobretonas de contenido; será la realidad, vista parcialmente, la que produce los chistes; o será que para relativizar tendencias suavemente racistas que están a menudo muy enraizadas en nuestro pensamiento debemos estar bien despiertos ante lo que nuestras propias cabezas tienden a pensar?

Yo creo que solo siendo conscientes de la falsedad de los tópicos, de cuánto son racistas algunos chistes étnicos, podemos disfrutarlos, eso sí, como un juego lingüístico, como metachistes que al hacernos reír deben hacer también que nos riamos de nosotros mismos, que se nos hiele un poco la sonrisa ante ciertas cosas que se nos ocurren. Si el chiste sublima sentimientos reprimidos que en él hallan vía de escape, un análisis crítico (crítico-humorístico, a poder ser) puede devolvernos una imagen de nosotros mismos que nos ayude a mejorar, siempre que estemos dispuestos a aceptar nuestras debilidades, a reconocer como tópicos nuestros propios tópicos.