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domingo, 9 de octubre de 2011

Tony Judt, vida, praxis y teoría socialdemócrata

Poco antes del verano se publicó la edición de bolsillo de Algo va mal,  el breviario en el que Tony Judt, muerto en agosto de 2010, al poco  de terminar la redacción original del libro, propugnaba una refundación retroprogresiva de la socialdemocracia.

Algo va mal, Tony Judt, Traducción de Belén Urrutia, Taurus, Madrid, 2010. 256 páginas, 19 €. La edición de bolsillo cuesta 9.95 € y tiene 220 páginas.

Judt, también poco antes de morir, concluyó su autobiografía, cuyos capítulos había ido publicando en la New York Review of Books,  con la que colaboraba asiduamente. La edición española se titula El refugio de la Memoria, y la original en inglés, The Memory Chalet (Tony Judt, The Memory Chalet,  Londres, William Heinemann, 2010,  226 páginas). El título español gana en pertinencia si la palabra refugio se entiende en sentido propio, porque se trata de un hotel suizo, un chalet de montaña en el que pasó las vacaciones con sus padres y donde empieza y termina la peripecia de su vida consciente, la que es objeto de sus recuerdos y análisis.

El refugio de la Memoria, Tony Judt, Traducción de Juan Ramón Azaola,  Madrid, Taurus, 2011, 250 páginas, 19 €

Entre los dos libros parece establecerse un íntimo diálogo, como si Algo va mal, más allá de sus múltiples referencias históricas al mundo contemporáneo, fuera una especie de autobiografía sin vida,  parafraseando el título de uno de los admiradores del historiador angloneoyorquino, un repaso de los últimos sesenta años de la historia europea, en el que sin evocar anécdotas personales se sintiera el pálpito de una vida en la que hay una corriente constante de ida y vuelta entre lo individual y lo colectivo, entre los gustos y afinidades personales y el anhelo de que prime bien común sobre los intereses de parte. Quizá mi razonamiento esté viciado por la lectura de El Refugio de la memoria a escasa distancia de Algo va mal, pero lo cierto es que los grandes temas de este último encuentran su correlato vivencial en el primero, hasta el punto de que el lector establece una tupida urdimbre de relaciones entre la experiencia recordada y los planteamientos teórico prácticos del escritor. Ambos planos se iluminan entre sí hasta adquirir mayor profundidad de campo y uno, por ejemplo, no puede dejar de pensar que es una buena solución al amor del solitario Tony por los medios de transporte público la sentida crítica a la privatización de los ferrocarriles ingleses o las líneas verdes de los autobuses de Londres. En ese sentido, la referencia a tres de sus más denostados políticos, la Thatcher y Reagan, por un lado, y Blair,

  La borsetta della Thatcher all'incanto per sole 25 mila sterlineLa borsetta della Thatcher all'incanto per sole 25 mila sterline

El bolso 'Asprey' de la dama de hierro, subastado hace pocos meses por Christie's, en Londres, en una subasta a favor de las Fuerzas Armadas inglesas. Parece ser que el bolso era uno de los adminículos fundamentales en la escenografía de la autoridad de la Thatcher durante los consejos de ministros y las entrevistas al más alto nivel.

por otro, debe ser entendida como vilipendio de quienes promovieron o continuaron la destrucción de los pilares del bienestar social, los frutos de un proyecto colectivo basado en un comportamiento virtuoso del individuo en tanto que miembro de una comunidad a la que Judt se enorgullecía en pertenecer.

Londra, svelata la statua di Ronald ReaganLa escultura de Reagan recientemente instalada frente a la embajada de Estados Unidos en Londres. (Fuente)

Pero, quizá, donde más brilla la inteligencia de este historiador dotado para la escritura es en aquellos aspectos en los que la experiencia le llevó a una puesta en cuestión de sus planteamientos y su forma de vida previos. Por un lado, a raíz de sus estancias en kibutzs,  su desconfianza hacia la ciudad ideal en la que las  normas garantizan la ausencia de disenso, le vacuna contra las formas absolutistas de ejercicio del poder, sean de izquierda o derecha. Por otro lado, su reelaboración intelectual -desde una perspectiva histórica de izquierda radicalmente moderada- de los movimientos izquierdistas nacidos del 68, que conoció de primera mano en París, le lleva a considerarlos como un hito en el desarrollo del tipo de individualismo que ha acabado por dotar de tanto prestigio a las facultades de ciencias empresariales,fraguas de insolidaridad. Frente a la izquierda tradicional, colectivista y solidaria, el izquierdismo acabó imponiendo un vano canto a la diversidad, una lucha encarnizada contra la injusticia lejana  al tiempo que el desconocimiento o desinterés por la cercana, preludio de sonrojantes trayectorias personales hacia la ortodoxia neoliberal.

Por lo demás, también el tono de manifiesto político de Algo va mal, ensayo con vida,  hace que el libro vaya más allá del análisis, lo mismo que la perspectiva social de lo narrado en El Refugio…, autobiografía con análisis político social,  hace que se trate de una especie de memorias colectivas, en la mejor tradición de los escritores que a través de su actos y su obra han reivindicado cambios sociales de progreso, en la mejor tradición del intelectual comprometido, con la socialdemocracia, en este caso.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Ecos buenos y malos del conflicto de los profesores de Madrid

Me llegan noticias del conflicto en el que está enfrentado el gobierno de la Comunidad de Madrid con un buen número de los profesores de enseñanzas medias que rechazan las instrucciones de principio de curso mandadas a los centros por la Consejería de Educación, encabezada por Lucía Figar. La razón fundamental son las medidas en la que se han traducido los recortes en el presupuesto destinado a educación. En el fondo de la cuestión también aparece el rechazo de muchos profesores a la declarada orientación neoliberal de E. Aguirre, que tan mal casa con la potenciación de los servicios públicos y tan bien encaja con su descrédito. Ante los apuros en los que se encuentran las arcas públicas resuenan los ecos de la, en palabras de Toni Judt, inmortal frase de Margaret Thatcher (1), uno de los modelos políticos de la presidenta madrileña, “no hay alternativa”. Algo parecido a la constante evocación del mercado para presentar las propias decisiones como indiscutibles. Pero los profesores sí creen que la hay alternativa y están organizándose para que las cosas se hagan de otra manera que no perjudique a la buena calidad de la enseñanza, tan anhelada por todos -de boquilla, a menudo- y perseguida por tan pocos.

Por lo que he visto, la voz de los profesores de E.O.I no ha estado muy presente en los debates. En un amplísimo resumen de una de las multitudinarias asambleas celebradas estos últimos días solo una interina tomó la palabra para expresar su miedo a quedarse sin trabajo este año y quejarse de que se habían cerrado grupos y eliminado idiomas (intervención n. 38 del resumen).

Por lo demás, en los grandes medios de comunicación el debate se ha centrado en la ampliación del horario lectivo de 18 a 20 horas impuesta por E. Aguirre. Los comentarios de los lectores que he leído en algunos medios digitales al respecto me han dado vergüenza ajena, por imagen tan simple, injusta e ignorante de la realidad laboral de los profesores que reflejan. La mayoría de los comentaristas habla de nosotros como privilegiados que trabajamos muy poco y encima no somos solidarios con los esfuerzos que, en condiciones penosas, están haciendo ellos para sobrellevar la crisis. Comparan nuestros horarios de trabajo con los suyos y concluyen que somos vagos redomados. No merece la pena contradecir opiniones tan infundadas o faltas de matiz, pero sí decir algo al respecto sobre cómo quienes se quejan de horarios infernales, de pésimas condiciones de trabajo (horas extra sin remuneración, constante obligación de atender encargos en su tiempo libre, tremendas bajada de sueldo) desean lo mismo para nuestro colectivo sin pararse a pensar en que él podría reivindicar mejoras en sus condiciones de trabajo. Valgan este par de botones copiados de El Mundo como muestra de la tónica de las intervenciones:

#12 el bajo nivel academico y la actitud de los profesores es uno de los grandes problemas de este pais, si se estan quejando para no trabajar que valores inculcan en los alumnos? pura vagancia, desazon, apatia, etc... el que no quiera trabajar A LA CALLE!!! que hay muchos interinos esperando plaza fija y deseando trabajar de verdad. Es facil echar la culpa a los alumnos de sus mala actitud en clase, etc pero yo creo que la culpa nunca es 100% de uno solo, y la vagancia de los profesores cuenta en la educacion y ejemplo a los alumnos.
#14 Los "profesoros" y profesoras son funcionarios de la enseñanza, luego es normal que cualquier esfuerzo laboral les espante. Si tan crudo lo ven, si tan esclavos se sienten, lo tienen fácil: que dejen sus puestos de trabajo a los profesores de la educación privada. Estos están acostumbrados a trabajar mucho más que ellos y por menos sueldo. Que cierren al salir.

No he leído comentarios que hablen de la conveniencia de organizarse para luchar en defensa de los derechos laborales, del trabajo realizado en buenas condiciones, salvo las respuestas de los que provienen del gremio. Parece que la crisis, en lugar de despertar la solidaridad reivindicativa, está despertando la sumisión, provocando una especie de nuevo ¡vivan las caenas!, un florecimiento de la carne de cañón que solo puede concebir a los demás trabajadores de igual manera.

Quizá el mundo que, entre veras y bromas, evoca este rap, un mundo férreamente compartimentado y clasista no es esté por venir, sino que ya está aquí. Quizá “pagar la crisis” no significa solo un paréntesis de precariedad, sueldos más bajos, mayor paro y peores condiciones de trabajo, sino que además significa desandar a palos legales el camino hecho, hasta la (re)instauración de un sistema, destinado a perdurar, en el que las cesiones coyunturales se hagan definitivas, a menos que nos opongamos a designios e intereses que no son los de la mayoría:

(1) Judt, Tony, El refugio de la memoria, Madrid, Taurus, 2011, p. 193.

domingo, 17 de julio de 2011

Savater, 15 M, mastuerzos, ¿qué hacer?, refundar la socialdemocracia, i segreti della casta di Montecitorio

Unos de los leitmotiv de los indignados consistía o consiste en proclamar que nuestros políticos no nos representan. Savater, con sarcasmo, ha venido a decir, según entiendo yo, que el problema es que sí que nos representan y que soslayar este hecho  es fruto del desconocimiento de  nuestro sistema democrático y puede abocar a quienes apoyan esa idea, calificados por él como “mastuerzos”, a desmanes que acaben por alimentar las deficiencias del sistema que se intentaba criticar: "no seas majadero, el problema es que sí te representan y por eso debemos buscar a quien mejor nos represente".

La polémica me trae a la cabeza a esos muchachos que desilusionados por un padre mandón, pegón, maltratador o simplemente intransigente o criticón, dicen que “ese no es mi padre”, como los indignados dicen que los políticos no les representan.

Que el padre sí lo era se podría haber demostrado simplemente con el libro de familia, pero, además, se encarga generalmente de demostrarlo el tiempo, a través de rasgos físicos o actitudes que, queramos o no, van acentuándose. Pero en la negación del padre suele, sin embargo, haber un ideario implícito que pone en tela de juicio los valores que guiaban el comportamiento paterno. Hasta tal punto que el hijo llega a hacer de su vida un drama dedicado a negar los hechos y dichos de su progenitor.

Algo parecido ocurre con nuestros políticos. Que nos representan es algo cuyas consecuencias podemos observar a diario. También asistimos al espectáculo de esa representación a través los medios de comunicación. Y quien piense que es todo un montaje y las imágenes del parlamento están trucadas puede incluso solicitar una invitación a la tribuna de invitados.

Desde luego, otra cosa es decir que un padre no se comporta como debería de comportarse o que los políticos no nos representan como deberían de hacerlo, todo ello de acuerdo a una escala de valores de esos con los que la llamada educación para la ciudadanía tendría mucho que ver. Porque quien siente a su padre biológico como si ni siquiera lo fuera y quien desprecia al pelotón de los políticos como un homogéneo rebaño infectado, por lo menos en el caso de los indignados, suele hacerlo por despecho. Quizá, aquel “no nos falles” dirigido a un Zapatero recién elegido hace casi ocho años fuera un síntoma de lo que acabaría ocurriendo. Pero eso es otra cuestión. Lo que quiero poner de relieve es que una parte de tanta desilusión es la otra cara de la moneda de la ingenua ilusión de los años de bonanza, cuando tantos podían permitirse muchas cosas y decían me lo quedo alegremente. No puede ser que el sistema sea tan bueno cuando nos favorece y tan malo cuando cambian las tornas, porque entonces equivaldría a una partida de póquer.

Y si hay algo insoportable en una timba es que el que pierde se queje y el que gana se muestre demasiado contento.

Quizá Savater se mostraba tan indignado con los indignados, porque sabe que hay formaciones políticas que persiguen objetivos semejantes a algunos de los del 15 M y obtienen escaso porcentaje de votos, que él mismo lleva dando la cara muchos años por planteamientos que defienden la honestidad, la transparencia, la obligación de rendir cuentas y un recién indignado no tiene legitimidad para enmendarle la plana.

Sin embargo, es cierto que en los eslóganes, en buena parte de las propuestas, en muchos de los modos de actuación del 15 M, había verdad, salud, deseos de una sociedad más justa y libre. No creo que eso  pueda negarse y de ahí, seguramente, proviene la espontánea simpatía que el movimiento provocó en mucha gente. Lo que pasa es que una actitud ingenua, utópica, es fácil que pueda caer en la demagogia o en la simplificación excesiva. Un reciente blog y página de facebook de enorme éxito en Italia quizá sea un buen ejemplo de  ello. Un trabajador con contrato temporal despedido recientemente del parlamento está denunciando  los muchos privilegios de los diputados italianos, desde las cuantiosas partidas dedicadas a la salud bucal de sus señorías y familia hasta los descuentos en tarifas de móvil o en la compra de coches, algo que recuerda a lo que ocurrió en Inglaterra cuando se descubrió que los parlamentarios cargaban todo tipo de gastos personales a partidas públicas.

Y es que quien protesta, tarde o temprano debe plantearse a dónde conduce lo que plantea, y debajo de la indignación asoma la cabeza la gran cuestión del qué hacer, si considerar que el sistema no es válido y organizarse para erosionarlo o refundar la socialdemocracia siguiendo, por ejemplo, los planteamientos de uno de los autores que hacen parte de la biblioteca del  indignado ilustrado, Tony Judt, el autor de Algo va mal, recientemente reeditado en la colección de bolsillo de Taurus. En el primero de los dos casos, cuestionando las bases del sistema democrático capitalista, corremos el riesgo de volver a cagarla, como la cagaron estrepitosamente los regímenes socialistas de la Europa del Este. Habrá quien prefiera aquello a esto. Esto, sin duda, va mal para muchos y muy mal para demasiados, pero es que aquello no daba para más. En el segundo de los casos, el riesgo, casi la certidumbre, consiste en saber que seguramente las cosas mejorarán, pero también que, a causa del carácter cíclico de la economía capitalista y por ende de los epifenómenos ligados a ella, todo volverá a repetirse y que los jóvenes del 15 M serán padres de hijos de otro día y de otro mes moviditos del futuro. Entre tanto, bien está que andemos con ojo en las próximas elecciones, no vaya a ser que todavía empeore más la situación, aunque algunos pensarán que debe ser precisamente eso lo que pase antes del día de la lucha final. 

[Foto2697[4].jpg]

Nota: las fotografías que aparecen en segundo, tercer y cuarto lugar pertenecen al blog del Dep. de español para extranjeros de la E.O.I. de Zaragoza.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Los libros del año en inglés. La crema de la intelectualidad inglesa recomienda lecturas en Guardian.

Hay algo de profundamente absurdo en escoger los mejores libros del año, pero quizá también lo hay en cumplir años, en las periodizaciones que hacen que descansemos de trabajar cada semana o asumamos que lo ideal es sacar una entrada al día en un blog. Quizá por eso las campañas de fin de año tienden cada vez más a adelantarse, porque basta que se tenga prisa o apremie el interés comercial para que los plazos se hagan flexibles. Este año, la crisis ha retrasado el encendido de la luminaria , pero, a cambio, hace ya días que empiezan a aparecer listas con los mejores libros del año. Guardian ha pedido su opinión a la armada invencible de sus escritores, que se han prestado a recomendar lo que recomendarían si tuvieran que recomendar. Banville, Barnes. Boyd, Coe, Theroux, entre otros muchos, hasta Hobsbawn,  participan en la iniciativa: http://www.guardian.co.uk/books/2010/nov/27/christmas-books-year-roundup

Sin haber hecho un análisis en profundidad, se tiene la impresión de que también en el mercado de lengua inglesa la producción (auto)biográfica está en boga. Entre  recomendado destaca Philip Larkin,  Letters to Monica (Faber), uno de los libros más recomendados; Under the Sun: The Letters of Bruce Chatwin (Jonathan Cape); Sjeng Scheijen, Diaghilev: A Life (Profile Books); Bill Clegg, Portrait of an Addict as a Young Man  (Jonathan Cape); Rowan Williams, Dostoevsky (Continuum); Tony Judt Ill Fares the Land (Allen Lane), Saul Bellow, Letters (Penguin Classics), entre otros.

No falta tampoco la temática navideña: Jilly Cooper:

I  also loved Comfort and Joy by India Knight (Fig Tree), a hilarious, bawdy yet touching portrait of Christmas over three years. In a desperate attempt to achieve harmony for the sake of the children, Clara, the enchanting heroine, invites a vast extended family of parents, steps-in-laws, embattled ex-husbands, warring couples and lame-duck friends to stay.

Ni los autores en español, anglófilos, eso sí: The Perpetual Race of Achilles and the Tortoise, Jorge Luis Borges (Penguin Classics)

Hobsbawn, por su parte de muestra fiel a sus intereses e investigaciones, y recomienda a Charles Van Onselen, Masked Raiders: Irish Banditry in Southern Africa (ZebraPress, Cape Town)

Algunos de estos libros verán seguramente la luz en nuestro mercado en los próximos meses, otros, como el de Tzvetan Todorov, The Fear of Barbarians: Beyond the Clash of Civilizations (University of Chicago Press), ya lo han hecho hace tiempo.