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jueves, 18 de julio de 2013

Otras grandes fes. Lecturas del verano de 2013 (I)

 

“Quienes habíamos comprado  (bastante barata, ciertamente) la felicidad del siglo XX, nos dimos cuenta bastante tarde de que cualquier felicidad que pueda mercantilizarse como liberación colectiva es, necesariamente, falsa.

La felicidad es una abstracción bancaria que se vende como una promesa de bienestar permanente. En el mejor de los casos, como una promesa de futuro al modo bolchevique, católico o nacionalista. Y es una mercancía para masas ansiosas de comprar cualquier medicina que les persuada de que están en este mundo para algo.” (Azúa, Felix de, Autobiografía de papel, Mondadori, 2013, p.105)

 

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jueves, 10 de mayo de 2012

¿Dónde estará ahora el golem maño? Escenas de Praga en Zaragoza.

“Zaragoza no suelta. No nos suelta a nosotros dos. Esta mamaíta tiene garras. Hay que adaptarse o… deberíamos prenderle fuego en dos puntos, El Pilar y la Torre del agua, y así sería posible liberarnos. Piénsatelo un poco hasta el carnaval” (Pseudo F. Kafka en carta a Oskar Pollak, 1902 –citado por Ripellino Angelo Maria, Praga mágica, Julio Ollero editor, 1991, p., 19).

El  golem de Zaragoza se ha ido quizá para no volver:

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El golem  (Jorge Luis Borges)

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
Habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
Guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
En el Jardín. La herrumbre del pecado
(Dicen los cabalistas) lo ha borrado
Y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
No tienen fin. Sabemos que hubo un día
En que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
En las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
Sombra insinúan en la vaga historia,
Aún está verde y viva la memoria
De Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
Y al fin pronunció el Nombre que es la Clave.

La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
Sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
De las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
Párpados y vio formas y colores
Que no entendió, perdidos en rumores
Y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
Aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
A la vasta criatura apodó Golem;
Estas verdades las refiere Scholem
En un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
"Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga."
Y logró, al cabo de años, que el perverso
Barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
O en la articulación del Sacro Nombre;
A pesar de tan alta hechicería,
No aprendió a hablar el aprendiz de hombre,

Sus ojos, menos de hombre que de perro
Y harto menos de perro que de cosa,
Seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
Ya que a su paso el gato del rabino
Se escondía. (Ese gato no está en Scholem
Pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
Las devociones de su Dios copiaba
O, estúpido y sonriente, se ahuecaba
En cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
Y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
Pude engendrar este penoso hijo
Y la inacción dejé, que es la cordura?

¿Por qué di en agregar a la infinita
Serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
Madeja que en lo eterno se devana,
Di otra causa, otro efecto y otra cuita?

En la hora de angustia y de luz vaga,
En su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

El aniversario del final de la Segunda guerra mundial. Fotos de cementerios de guerra.

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Se acaba de celebrar el aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, el VE Day (Victory in Europe). La noche del 8 al 9 de mayo de 1945 el general Wilhelm Keite firmó la capitulación del ejercito nazi en Berlín. Lo que pasó en aquellos años en Alemania, antes y durante la guerra, sigue siendo objeto de interés no sólo por parte de los historiadores académicos. Grandes escritores, testigos más o menos directos como Hans Magnus Enzensberger (Hammerstein o el tesón, Anagrama, 2011), siguen manteniendo vivo el interés por desentrañar el fenómeno nazi. Hay siempre en quien intenta entender cómo fue posible que entre otras cosas cerca de seis millones de judíos murieran en el Holocausto una especie de estupor, de perplejidad ante lo que no cabe sino aceptar como un hecho más del horror, tan presente en la historia de los hombres. No toda la élite del poder en Alemania se sumó a él. El libro de Enzensberger es la crónica de una resistencia a secundar los ideales nazis por parte de uno de los jefes supremos del ejercito alemán. Si la historia avanza a fuerza de colectivos, es el individuo, su dignidad entendida como un compromiso individual insobornable, un poco en los términos de los héroes de Coetzee, la que lava los trapos sucios de la barbarie.

El final de la guerra supuso el inicio de un periodo de prosperidad en Europa occidental, caracterizado por los avances en los derechos civiles y la igualdad entre las personas. El estado del bienestar, hoy tan amenazado, nació de aquellos campos de batalla en los que miles de soldados dejaron su vida. Cristianos, comunistas, socialistas, liberales, anarquistas, demócratas, soldados sin más, obligados a luchar, pero en un bando que  intentaba derrocar la barbarie nazi, llenaron los cementerios de guerra. España, otra vez, fue una anomalía. Aquí seguía habiendo muertos por causas políticas, pero eran fruto de la represión franquista. Que a aquello pueda llamársele holocausto es dudoso, pero que la represión no escatimó esfuerzos en borrar el pasado republicano, socialista, comunista, anarquista y hasta liberal, es indudable.

He aquí una galería de fotos de los cementerios de guerra italianos. Pertenecen a una exposición, 'Ci resta il nome', que puede visitarse hasta el 25 de mayo en Sesto San Giovanni, en las cercanías de Milán:

(fuente de las imágenes)

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Y dos fotos del monumento que en el cementerio zaragozano de Torrero recuerda a las víctimas del franquismo hasta los años 50:

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miércoles, 2 de junio de 2010

Cementerios, listas de cosas.

Repubblica publica las fotos de un cementerio en cuyas tumbas figuran cosas que la marea negra que asola el Golfo de Méjico ha arruinado, actividades que ya no se podrán realizar, sueños rotos (http://www.repubblica.it/ambiente/2010/06/02/foto/marea_nera_il_cimitero_delle_cose_perdute-4514683/1/).

La disposición, el color, la cantidad de las cruces, hacen pensar en los grandes cementerios de los soldados caídos que pueblan la Normandía del desembarco. Quizá por eso, por la enormidad del horror que supuso la Segunda guerra mundial, la idea me desconcierta, me parece exagerada. Digiero mal la asociación involuntaria que hago entre los muertos en combate con cosas como no poder nadar, pescar truchas o pasear por la playa . Y, sin embargo, esta cabronada que hemos hecho a la naturaleza (http://www.elpais.com/articulo/ultima/Volquemonos/elpepiult/20100114elpepiult_1/Tes), como si no fuéramos parte de ella, se ha tragado de golpe miles de gestos placenteros, de vidas animales, de rutinas necesarias.clip_image001

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sábado, 17 de abril de 2010

La foto de Rimbaud. Reliquia pagana del Huerto de los fugitivos

Ayer, día quince de abril, se presentó en el Grand Palais de París, durante la celebración del Salon du livre encien, la única foto conocida del poeta en edad adulta en la que se le ve con suficiente claridad. Está hecha durante su estancia por negocios en Aden, en Abisinia, y Rimbaud aparece sentado al lado de la señora. La foto ha aparecido recientemente y tiene una curiosa historia.

Hoy, día 16, parece que ya ha sido vendida. Se dice que por unos 100.000 euros:

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La intensidad de la carrera literaria de Rimbaud (Charleville, 1854-Marsella, 1981) es inversamente proporcional a su duración. En apenas cuatro años se hizo una amplia habitación con todo incluido de por vida en el palacio de la literatura moderna. Después, nada.

Petit-Poucet rêveur, j´égrenais dans ma course des rimes, no volvió sobre los versos que había dejado atrás. Hoy existe un museo dedicado a él, pero su juventud de voyou y voyant y su amor con Verlaine le condenarán al infierno cuando resucite Dante, que, sin embargo, no podrá dejar de hacer notar que lo condena por principios, porque que sus versos son tan hondos y transparentes como pueden serlo las aguas profundas. Rimbaud ha pasado a ser patrimonio de cualquier joven que se siente distinto, que aspira a la rebelión, de aquellos en quienes alienta il profondo e ingenuo sforzo di rifare la vita, como dijo Pasolini. Esa disconformodidad que con los años a menudo se transforma en amargura, para algunos cristaliza en J. Dean, para otros otros en K. Cobain, o antes en J. Joplin y aquellos que siguen otros senderos la identifican con Gauguin, Van Gogh, Bacon, Pollock, como otros la intuyeron en Shelley, Hölderlin o Pushkin, con cualquiera que se haya dejado seducir por sus sirenas interiores: Qu´il vienne, qu´il vienne,/le temps dont s´éprenne.

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En 1871, en un retrato hecho por Ernest Delahaye.




Su vida fue un rosario de fugas. Esta foto de grupo recién aparecida tiene algo de gesto postrero, como los calcos de yeso pompeyanos del Huerto de los fugitivos. Es una reliquia que atestigua el apego de Rimbaud al último personaje que se inventó, el de negociante, una prueba de hasta que punto se tomó en serio su última huida, con la que finiquitó su pasado, quizá porque ya no encontraba otra salida. Como si fuera W. Allen en Zelig, resulta tan bien mimetizado que parece uno más. Y es que quizá ya lo era. Sobre la fuga, la que lo alejó de sus años locos y de sus versos cuerdos, decía Armero en la reseña del número monográfico que la revistad Poesía le dedicó en 2002: 'decide que la literatura es una gilipollez y la olvida del todo', 'y ya no vuelve a hacer referencia a ella, la desprecia. Si le preguntan, se encoge de hombros y dice: 'Ya soy mayor para eso'. Así es como lo cuenta uno de sus grandes biógrafos:

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Starkie, Enid, Arthur Rimbaud, Madrid, Ediciones Siruela, 1989, p., 346. Trad. de José Luis López Muñoz.

La edición original es de 1961










Cees Nooteboon en su libro sobre tumbas de poetas y pensadores no lo incluyó. Seguramente Dante redivivo se lo reprochará:

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Nooteboom, Cees, Tumbas de poetas y pensadores. Fotografías de Simone Sassen, Barcelona Debolsillo, 2009. Trad. María Condor.

La primera ed. es de 2007, de tamaño y precio mucho mayores que la de bolsillo. Las fotos son mejores. Se trata de unas 80 semblanzas que incluyen la foto de la tumba de cada uno de los autores.






Pero internet es un magnífico cajón de sastre:

La tumba en el cementerio de Charleville. Está enterrado junto con sus hermanas, madre y abuelo.

No son versos dedicados a él, pero bien podrían haberlo sido:

Calme bloc ici-bas chu d´un désastre obscur,/Que ce granit du moins montre à jamais sa borne/Aux noirs vols du Blasphème épars dans le futur. (quieto bloque aquí caído de un desastre obscuro,/que este granito al menos muestre para siempre su límite/a los negros vuelos del Blasfemo dispersos en el futuro)

Mallarmé (Trad. Xavier de Salas, en Mil años de poesía europea, F. Rico, Barcelona, Planeta, 2009)

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El retrato de Mallarmé de Édouard Manet (1876) en la reciente exposición sobre el Impresionismo organizada por la Fundación Maphre en Madrid.

Más sobre la foto seis meses después: http://holdontightmarie.blogspot.com/2010/09/que-si-que-el-de-la-foto-es-rimbaud.html