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viernes, 13 de septiembre de 2013

Muere Carlos Blanco Aguinaga

La última andanada que he leído contra la Historia social de la literatura española (Blanco Aguinaga, C., Rodríguez Puértolas, J., Zavala, Iris M., Castalia, Madrid, 1978) proviene de F. de Azúa, quien en su reciente Autobiografía de papel (Mondadori, 2013) se pasaba de pólvora y pecaba, cosa rara en él, de falta de perspicacia, al referirse a la obra como “ tan rabiosamente estalinista que concedía mucha mayor importancia a César Arconada, redactor el  Mundo obrero, que a R. Sender (p. 57). No es que en algún caso a B. Aguinaga no pueda acusársele de cierto voluntarismo crítico, pero quien haya tenido el placer de leer sus artículos y ensayos difícilmente podrá evitar reconocer su rigor documental y, en muchos casos, su agudeza crítica.
Mi recuerdo de él se concentra en una visita a casa. Iba vestido de manera informal, pero muy cuidada, con una chaqueta larga de cuero y unos pantalones semi vaqueros. Alto, apuesto, con el pelo largo ya canoso, resultaba sumamente atractivo en el panorama de finales de los 60, portador de una mezcla de usos foráneos, pero con un innegable gusto e interés  por lo de aquí, por la literatura, claro, pero también por lo que estaba pasando en esos últimos años de la dictadura.
Después oí a mi hermano hablar del famoso seminario que Blanco dirigía y en el que participaban jóvenes cultos e inquietos, provenientes de distintos sectores de la oposición marxista (Chirbes, Bértolo, R. Rivero, A. Puértolas). Claro que me hubiese gustado estar allí, incluso como mascota, pero eran, definitivamente, cosas de mayores más leídos que yo, miembros de la generación anterior. A la mía, la de los que ahora tenemos unos 50 y tantos años, la de los miembros del seminario, que andan por los sesenta y tantos, casi solo le dejó las migas de la política y de la crítica de oposición. Por suerte, diría yo, visto lo visto y dónde hemos llegado. Alguno de ellos sigue en la brecha, pero en su jardín (edición, novela, crítica cultural), porque los sueños de renovación colectiva están muy caros de soñar. Otros muchos de aquella oposición hicieron carrera, carrerón unos cuantos, y han contribuido a que ahora haya casi solo un bando.
Los hermanos pequeños tendimos más a la ensoñación, quizá porque nuestros años mejores de infancia fueron de menos privaciones, aunque también de mucha tristeza y cutrerío. Ellos, los nacidos en torno a 1950, creyeron de verdad en la revolución, pero nosotros, pasado el entusiasmo del final de la dictadura, no nos enfadamos tanto con quienes  daban señales de estar mudando la piel gracias no solo a la buena ropa que compraban en tiendas de marca. El PSOE renunciaba a casi todo lo que estaba en su nombre de pila, a  casi todo menos a la P, y nosotros, los nacidos en torno a 1960, nos refugiamos en otros poetas que no nos eran tan antipáticos como al director del seminario. Además, teníamos el visto bueno de V. Montalbán. Por eso, quizá me quede el recuerdo de haber señalado inocentemente a mi hermano, antes de una de las sesiones,  que G. de Biedma en unos versos de un poema  que iban a analizar y en los que hablaba  de un cenicero lleno de colillas sobre la mesita de noche de una pensión, eran en realidad un homenaje a T. S. Eliot, que, como es sabido, era para B. Aguinaga uno de los peores poetas de la historia. Caprichos marxistas de un gran estudioso de la literatura. Las filias franquistas de uno, que apoyó al bando fascista en la guerra- son las fobias del otro. Pero seguro que, además, había razones de orden estético. Ya no las podrá explicar.


Javier Brox

Reedito a continuación la reseña que se publicó en este blog dedicada al segundo de los volúmenes de la autobiografía de B. A.
Las memorias de C. Blanco Aguinaga. Ni incluido ni excluido, la vida de un exiliado del 39.
Blanco Aguinaga, Carlos, De mal asiento, Caballo de Troya, Madrid 2010. 329 páginas. 17´95 Euros.
...Pasa sin detenerse/la luz/avanzando siempre/la Tierra/por el espacio de los astros/mientras que aquí/-pobres de nosotros-/no vamos a quedar/ni siquiera vascos/ni gallegos cosmopolitas/como Alfaya/ni señoritos de Madrid o de Barcelona/como fueran Gil de Biedma/y Hortelano. (Antonio Ferres, Cruzar Madrid aún)
El prestigioso hispanista Carlos Blanco Aguinaga publica el segundo volumen de sus memorias, De mal asiento, Caballo de Troya, Madrid, 2010. El primer volumen había sido editado en 2007 (Por el mundo. Infancia, guerra y un principio afortunado, Alberdania, Irún, 2007). En el caso que nos ocupa, el autor trata de la parte de su vida que empieza con su asentamiento en el terreno sentimental y laboral, como profesor, y termina en 1985, año que pone punto final a su trayectoria como catedrático contratado de la Universidad del País Vasco. Su figura, en el ámbito del hispanismo, está ligada sobre todo (a pesar de la gran fortuna de algunos de sus artículos sobre el soneto de Quevedo Cerrar podrá mis ojos, sobre Cervantes y la picaresca, Rulfo u O. Paz) a sus estudios dedicados la generación del
[ag[3].jpg]98, en particular a Unamuno, a la generación del 27, con especial atención a Emilio Prados, del que fue amigo y editor, y a Galdós (De mal..., p., 74). Y, cómo no, a aquella Historia social de la Literatura española, que tantas ampollas levantó por su orientación marxista cuando fue publicada en el año 1979 por la editorial Castalia. Lo ha recordado, en ocasión de la publicación de estas memorias, M. Rodríguez Rivero , quien participó en un seminario sobre teoría literaria dirigido por B. A. (De mal...,p., 289).
Foto de C. B. Aguinaga en la contraportada de Juventud del 98, Siglo XXI, Madrid, 1970.
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Los tres volúmenes de Historia social de la literatura española, Blanco Aguinaga, C., Rodríguez Puértolas, J., Zavala, Iris M., Castalia, Madrid, 1978.
Del marxismo entendido como método de análisis de la literatura se podría decir, intentando cargar las tintas lo menos posible, algo parecido a lo que comenta Savater en su Diccionario filosófico (1999) sobre las teorías de Freud en torno a la psique humana; a saber, que se trata de un intento de comprensión racional, basado en principios de raigambre humanista, del fenómeno creativo en términos histórico-sociales. En el fondo, este ejercicio epistemológico no busca sino iluminar un fenómeno que se suele presentar como insondable, fruto de oscuras instancias ajenas, en mayor o menor medida, a determinaciones constatables.
juv1Por lo demás, el marxismo de B.A. no es solo teórico, y de ello queda constancia a través de las diversas luchas reivindicativas en las que tomó parte. Entre ellas, los movimientos de la nueva izquierda que surgieron en los Estados Unidos de América en contra de la guerra de Vietnam o a favor de la incorporación a la universidad, a finales de los años sesenta, de minorías como los chicanos. Algunas de las páginas más interesantes de estas memorias están ligadas a los conflictos en los que participó junto a personajes como  A. Davis o H. Marcuse, por citar a dos de los más conocidos.
Otra de las líneas fructíferas de lectura de estas memorias tiene que ver con la amistad de B. A. con algunos grandes escritores como Prados, Cortázar, C. Fuentes, D. Viñas o Blas de Otero. A ellos se dedican páginas llenas de calor y color.
A algunos otros el autor les dedica, sin embargo, críticas a mi juicio desmedidas, entre ellos a O. Paz, con el que tuvo algo de relación, y a T. S. Eliot (“el tonto pretencioso que creía ser poeta teológico, uno de los peores poetas modernos”, p.17). Este blog se llama holdontightmarie y no Marie, Marie, hold on tight (La tierra baldía), por razones que no vienen al caso, pero evidencian mi desacuerdo sobre la calidad del poeta en cuestión.
No de menor interés es la crónica sobre el hispanismo de la que a través de sus peripecias como profesor universitario en España y EEUU va dejando rastro. Quienes aparecen en ese contexto son, en la mayor parte de los casos, personas que, como él mismo, están ligadas al exilio que provocó el final aciago de la guerra civil y con posterioridad la dictadura franquista. Por el libro desfilan los grandes personajes del Colegio de Méjico, A. Reyes y Raimundo Lida, el discípulo de A. Alonso, y tantos otros, entre los cuales parte de lo más granado de la especialidad, Claudio Guillén, Alatorre, A. del Río, Casalduero, Montesisnos, amén de sus colegas norteamericanos, Gilman, Zahareas o G. Jackson.
Un aspecto nada desdeñable de las memorias son las referencias a capítulos abiertos ligados a la actividad creativa y a la historia. Me refiero, por ejemplo, a esos “virulentos sonetos” de Guillén dedicados a JRJ, de los que C.B. dice haber oído uno, y de los que no ha quedado constancia pública (p., 59-60 y 325); y también estoy pensando en la correspondencia entre Unamuno y Prieto, que según este mismo, si se publicara dejaría a D. Miguel muy mal ante la Historia (p. 45).
Dos apuntes más. El primero sobre la vocación creativa de B.A., presente desde el principio de su trayectoria intelectual -véanse las páginas dedicadas a la señera revista mejicana Presencia(Cap. 1)-, pero más intensa en su madurez y vejez, a través de su labor como novelista, a la que se refiere no pocas veces en este libro. Y el segundo, sobre su condición de exiliado, hijo de exiliados, expulsados de su patria, huidos de sus casas para salvar la piel. Los sentimientos ligados a esa circunstancia vital son una corriente continua que fluye alda través de todo el libro, a veces remansada, otras presente como un sentimiento hondo de carencia, a veces, casi resuelta, gracias a ajustes de cuentas cumplidos con sus coetáneos que crecieron en España. Quizá la visión panamericanista del continente que le acogió y también su hondo internacionalismo puedan leerse como una sublimación de su herida, como el sueño de una patria no excluyente.
La de Bringas, de Galdós, coeditada por  C.B.A. y su hija Alda (Cátedra)

miércoles, 16 de mayo de 2012

Muere Carlos Fuentes, todo en uno

“A más del evidente talento, Carlos Fuentes tenía una notable capacidad de trabajo. En aquella nuestra segunda vuelta a México vivíamos de nuevo en un apartamento de la calle Tíber, casi enfrente de su casona, y a altas horas de la noche veíamos la lucecita de la que nos había dicho que era su habitación, o su estudio. ¿Cómo se las arreglaba para estar allí escribiendo cuando –pensábamos Iris y yo- durante el día iba para arriba y para abajo, cuidando sus relaciones, haciendo amigos nuevos, aprovechando ocasiones para promover la Revista Mexicana de Literatura y su propia imagen, y cuando, en la misma noche había estado en fiestas, o dando fiestas en las que las invitadas eran las coristas que bailaban el mambo de Pérez Prado…” (Blanco Aguinaga, Carlos, De mal asiento, Caballo de Troya, 2010, p. 78-79)
La cita de Blanco Aguinaga ofrece una imagen seguramente certera de Carlos Fuentes, hombre comprometido con una obra literaria comprometida, ilustrado de amplios intereses, personaje notable de la aristocracia de izquierdas, conferenciante por el mundo, articulista de grandes periódicos, profesor de grandes universidades, promotor de iniciativas varias, cosmopolita plurilingüe, seductor de actrices, hombre mundano, fino, elegante y, según muchos, muy generoso. Para todito eso le dio su vida, que ayer terminó a los 83 años.

Una de sus novelas,  Diana o la cazadora solitaria, contiene una reflexión sobre los aragoneses, que me ha traído a la cabeza su recientísima muerte:

(…) Buñuel compartía la tierra natal con Goya. Aragón, de fama solar de testarudos. La verdad es que nadie sueña más que sus hijos. Son sueños extremos, de aquelarre de brujas y de comunicación entre hombres, animales e insectos. Bien se sabe que las hormigas son los seres vivos que mejor se comunican entre sí, telepáticamente, a grandes distancia, yo creo que Luis Buñuel era un apasionado de la entomología porque los aragoneses, como las hormigas, se comunican de lejos en el espacio, pero también en el tiempo. Están en contacto mediante las pesadillas, las brujas, los tambores.

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Fuentes, Carlos, Diana o la cazadora solitaria, Madrid, Alfaguara, 1994, p., 167.

La novela, roman à clef transparente, trata de los amores entre Fuentes y J. Seberg, que en la novela aparece con el pseudónimo Diana Soren.  En un momento dado, el protagonista va a ciudad de Méjico y visita a Buñuel. Así se explica la cita.

 

Fuente del gif: http://casabet64.tumblr.com/

Carlos Fuentes nació de padres mexicanos en Panamá, el 11 de noviembre de 1928 y falleció el 15 de mayo de 2012. Su padre era diplomático, y pasó su infancia en diversas capitales de América: Montevideo, Río de Janeiro, Washington D.C, Santiago de Chile, Quito y Buenos Aires, ciudad a la que su padre llega en 1934 como consejero de la embajada de México. <br /> 

sábado, 14 de abril de 2012

14 de abril de 1931, ¡jo, qué día! Horas de júbilo


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María de los Ángeles Zuloaga, alumna del Instituto Escuela (Institución Libre de Enseñanza), mi querida suegra, cuando tenía once años:
“Yo no sé si se hablaba de política, yo me imagino que no o que era que dábamos por hecho que lo que más te podía ayudar en la vida era el ser progresista, porque cuando dijeron, la república, la república, bajamos todas a cortar periódicos y a pintarlos de rojo, amarillo y morao, y coserlos y tal, y los subimos a la terraza. Teníamos una terraza espléndida y pusimos toda la terraza tapizada de la bandera republicana. Bueno, nos quedó precioso. Pues todo eso yo supongo que sí, que nos ha quedado para siempre”.  (Min. 28’45’'):


Josep Pla:
La bandera que sube por el mástil es la bandera republicana. La noticia corre como una exhalación y una riada de gente sale de los cafés y los establecimientos colindantes a ver la bandera…En el cruce hay mucha gente. El volumen aumenta a cada instante. Nadie sabe qué hacer. ¿Dónde estamos? Hasta las cuatro de la tarde, la gente permanece perpleja y flotando. En ésas, como un reguero de pólvora en el hormiguero humano, circula la noticia de que la bandera de Correos representa lo que pretende simbolizar; a saber,que el poder ha caído en manos del Gobierno provisional. De la perplejidad inicial se pasa rápidamente al entusiasmo. Ha bastado un segundo. Una vez constatado el hecho,veo que el enorme gentío tiene tendencia a subir por la calle de Alcalá, hacia la Puerta del Sol. La cosa está consumada…El entusiasmo, pese a la relativa discreción producida por la sorpresa del acontecimiento, no cesa de crecer, sube por momentos. Se empiezan a oír las primeras notas de La Marsellesa. Después, constato que un grupo de ciudadanos comienza a entonar el Himno de Riego. El pueblo ignora ambas canciones. Desafinan. El conocimiento de la letra es escaso. Cantan mal. Da igual. Ya lo harán mejor más adelante. Entre los obreros de la construcción el himno más conocido es la Internacional, aprendida en la Casa del Pueblo…Todo coge un aire de verbena triunfante, un aire de alborozo franco y desenfrenado sólo que es una verbena política. La gente se abraza, grita, suda, canta. Un ciudadano cualquiera, pacífico y retirado, su señora o su hija, pueden echarse a los brazos de otra persona completamente desconocida y extraña.Como en todos los espectáculos de masas, las posaderas del sexo femenino pueden ser más o menos tactilizadas por personas que nada tienen de republicanas. Pasan sobre la multitud ráfagas de entusiasmo cívico que determinan movimientos de enternecimiento humano.«¡Un día es un día! Después, Dios dirá...», oigo decir a algunas mamás. En ésas, personas desconocidas y de vaga procedencia asaltan los taxis y camiones que han tenido la desgracia de hallarse en el centro de Madrid en estas horas de amontonamiento humano, y emprenden un carrusel endiablado por las calles que durará hasta mañana ala misma hora. El ruido producido por los motores de explosión de esta procesión altera un poco la sangre de los caballos de las parejas de la Guardia Civil situadas en las bocacalles. Los caballos se impacientan y se agitan. Se produce un momento de expectación. Un momento, tan solo. Los guardias dominan a sus caballos y siguen indiferentes en las esquinas,mano sobre mano. (enlace al texto)

Luis Buñuel:
Llegué a Madrid en abril de 1931, dos días antes de la marcha del rey y de la alborozada proclamación de la República española…La proclamación de la República española, en la que no se derramó ni una gota de sangre, fue acogida con gran entusiasmo. El rey se marchó sin más. Pero, la alegría, que en un principio parecía general… (Mi último suspiro
Buñuel, Luis. Zaragoza. Heraldo de Aragón, 2010. p. 149-151).

Rafael Alberti:
Era un mediodía, rutilante de sol. Sobre la página del mar, una fecha de primavera: 14 de abril. Sorprendidos y emocionados, nos arrojamos a la calle, viendo con asombro que ya en la torrecilla del ayuntamiento de Rota una vieja bandera de la República del 73 ondeaba sus tres colores contra el cielo andaluz. Grupos de campesinos y otras gentes pacíficas la comentaban desde las esquinas, atronados por una rayada «Marsellesa» que algún republicano impaciente hacía sonar en su gramófono. Mientras sabíamos que Madrid se desbordaba callejeante y verbenero, satirizando en figuras y coplas la dinastía que se alejaba en automóvil hacia Cartagena, un pobre guardia civil roteño, apoyado contra la tapia de sol y moscas de su cuartelillo, repetía, abatido, meneando la cabeza:
—¡Nada, nada! ¡Que no me acostumbro! ¡Que no me acostumbro!
—¿A qué no te acostumbras, hombre? —quiso saber el otro que le acompañaba y formaba con él pareja.
—¿A qué va a ser? ¡A estar sin rey! Parece que me falta algo. (enlace al texto). Alberti, Rafael, La Arboleda Perdida. Memorias, Barcelona, Seix Barral, 1975, 336p, p.311.
C. de la Mora recuerda cómo se enteró de que la República empezaba a ser proclamada:
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De la Mora, Constancia, Doble esplendor, Madrid, Gadir, 2004. Prólogo de J. Semprún, p., 169
 
 
 
Gila era un niño cuando llegó la Segunda República:
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Gila, Miguel, Y entonces nací yo. Memorias para desmemoriados, Madrid, Ediciones Temas de Hoy, 1995, p. 130.


La impresión de Morla Lynch, después de su visita al Ministerio de Estado para reconocer, como representante consular chileno, al Gobierno Republicano:
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Morla Lynch, Carlos, En España con Federico García Lorca, Renacimiento, 2008, p., 90.
 
 
 
El eco de un recuerdo ausente, Carlos Blanco Aguinaga:
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Blanco Aguinaga, Carlos, Por el mundo. Infancia, guerra y principio de un exilio afortunado, Alga, Alberdania, S.L., 2007 (1ª edición), p. 20.



El testimonio autobiográfico sobre la política menuda republicana de la mano de Moreno Villa, poeta, pintor e importante personaje de la Residencia de Estudiantes:
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Moreno Villa, José, Vida en claro, autobiografía, Madrid, FCE, 1976, p., 187. La primera edición es de 1944.



Dos resumenes:
Antes, entonces y después: Juan Gil-Albert:
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Gil Albert, Juan, Obra completa en prosa, 4, Crónica General, Primera parte, Diputación Provincial de Valencia, 1983, p. 179-180.



Un extremo resumen de Blanco Aguinaga:
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Ibid, p. 19
Por último, Rodrigo Fresán, sobre el idilio entre la experiencia personal y la historia con mayúsculas:
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Fresán, Rodrigo, Vidas de santos, Barcelona, Debolsillo, 2007, p. 99.
 
 
 
Adenda: Lapsus
No era la primera vez que ocurría.
Otro.
Y más.






















miércoles, 8 de junio de 2011

El día de la muerte de Semprún. Lecturas, una cita y un cuadro.

Durante bastante tiempo creí que Semprún había aprendido el francés en su más tierna infancia. No sé exactamente por qué. Supongo que porque me parecía que lo hablaba muy bien y porque asociaba el medio social del que provenía a colegios y a institutrices franceses. Después leí  Adiós, luz de veranos en edición que conservaba mi madre del Círculo de lectores. Descubrí entonces que de pequeño lo que  había aprendido con una institutriz era el alemán, que tan útil le sería más tarde. Pero el francés también estaba presente en su vida. Si no recuerdo mal, durante su infancia, veraneaba en San Juan de Luz y su padre estuvo destinado en La Haya mucho tiempo. Después, S. vivió y estudió en París. Pero su acento no debía ser bueno y una vez le hicieron sentir mal en una panadería por ese motivo. Se juró entonces que aquello no volvería a ocurrir. Y así fue, aunque no sé cómo lo consiguió ni creo que haya escrito sobre el tema de su mejora en la pronunciación.
En cualquier caso, Adiós, luz de veranos, donde aparece la anécdota que marcó su futuro como escritor en lengua no materna , es el libro suyo de memorias que más me ha gustado. Eso sí que lo recuerdo. Quizá sea porque cuenta sus juventud más temprana, la edad de los descubrimientos y esa sensación de  alma virgen adolescente se transmite al lector. Algo parecido me ha pasado hace poco con los dos volúmenes de las memorias de C. Blanco Aguinaga. Lo que cuenta de su niñez en el primer libro de memorias (Por el mundo, Alberdania, 2007) son casi sólo anécdotas sin trascendencia, experiencias personales que, salvando el contexto, más o menos hemos vivido todos. En el segundo (De mal asiento, Caballo de Troya, 2010), aparecen personajes de mayor relieve, grandes acontecimientos históricos, incluso él, como Semprún en otro terreno, ha llegado a ser un personaje de relieve. Pero la frescura, la intensidad, el pulso no son los mismos. Los otros libros de memorias de Semprún (La escritura o la vida -1994-, Aquel domingo -1980-, Viviré con su nombre, morirá con el mío -2001-, Federico Sánchez se despide de ustedes -1993-) he de confesar que los leí más por entretenimiento que por otra cosa. Hay en ellos episodios estremecedores, sin duda, en particular los ligados a su estancia en Buchenwald, y otros que dan cumplida cuenta de su vocación literaria, pero en mí prevalecía el interés por algo que Semprún fue de forma notable, quizá malgré soi , un hombre de acción, un clásico activista comunista en la clandestinidad, con una vida bastante aventurera, no exenta desde luego de tremendas peripecias y de peligros constantes. Hasta Federico Sánchez se despide de ustedes resulta un libro entretenido con sus retratos ora implacables ora benevolentes de la plana mayor socialista, quizá lastrado por una punta de desdén intelectual hacía alguno de los personajes.

Pero volviendo al francés como su lengua de expresión literaria y memorialística, cabe recordar que ya su primera gran novela, El largo viaje (1963) la escribió en esa lengua, de la que fue traducida al castellano por Jacqueline y Rafael Conte, en 1976. Después, como si la anécdota de la panadería tuviera que ver con el sabor de la lengua, con sus propiedades nutritivas, siguió haciéndolo, él que fue tantos personajes, dueño ya de un acento inconfundible -Quel beau dimanche!, Le mort qu'il faut, Adieu, vive clarté, Federico Sánchez vous salue bien, L'écriture ou la vie, son los títulos originales de las obras citadas antes.

Por lo demás, como novelista, me es menos familiar, quizá porque, salvando alguna parte de sus obras, creo que ha dado lo mejor de sí mismo en la acción, en el recuerdo de la acción , en el recuerdo de lo que la acción le impedía hacer como escritor. Tengo la sensación que cuando esos recuerdos están más literariamente elaborados según los usos novelescos -El largo viaje, La montaña blanca- ganan en impostación y pierden en intensidad.

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5392829967 a33563c690 225x300 La Encrucijada del Arte Contemporáneo:Crónica de 5 Exposiciones por Europa

Marx, según Feldmann

“Leí los clásicos marxistas, también a Engels y Ludwig Feuerbach, La ideología alemana y hasta El capital, y de repente creí entender el mundo, haber encontrado una llave que abría las puertas a la comprensión de un mundo confuso. Tenía la sensación de que el materialismo histórico me permitía pisar tierra firme, y por primera vez volví a ser tan feliz como cuando tenía catorce años y el mundo comenzó a abrírseme”.

Maria Therese Hammerstein (Citado por Enzensberger, H. M., Hammerstein o el tesón, Anagrama, 2011, p. 63)

sábado, 22 de enero de 2011

Algunas aldabas de Madrid (I)

¿Qué significa –por ejemplo- el que, de repente, como una pequeña explosión, te veas corriendo hacia la puerta del 40 de Santiago, no hacia la 28, tu casa, que quedaba más allá, y llames desesperadamente con la aldaba para que te abran porque vienen hacia ti dos bueyes enloquecidos?
Blanco Aguinaga, Carlos, Por el mundo, Infancia, guerra y principio de un exilio afortunado, Alberdania, 2007, p. 15
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viernes, 29 de octubre de 2010

¿Cómo es el perro que llevamos dentro?

...recuerdo cómo, juntándonos ocho o diez chavales y chavalas por el camino solíamos ir a la escuela bordeando la llamada bahía de Chingudi (o sea: la ría de Bidasoa) y cómo cuando había marea alta, veíamos flotando cerca de la orilla perros muertos que luego, al volver a casa ya con la marea baja, se habían quedado incrustados en el barro, inflados y apestando el aire. Pero, dos o tres veces lo que vimos no fueron perros muertos, sino cadáveres de hombres. Y es que, cunado coincidiendo con altas horas de la noche, la marea baja reducía la falsa bahía al estrecho canal del que ya he hablado páginas atrás, gentes que se habían quedado sin poder salir a Francia se echaban al agua para intentar cruzar los quince o veinte metros del canal, y en aquella casa nos despertábamos todos cuando oíamos el traquetreo de la ametralladora que les disparaba desde la motora franquista que patrullaba las aguas. La madre de Marichu, sobresaltada, gritaba en euskera: "¡Ay, ay, ay! Pobrecillo, pobrecillo (guisajoa, guisajoa) , que no lo maten, que no lo maten". Y por la mañana si le habían matado intentando pasar a Francia, lo veíamos nosotros flotando en el agua de ida a la escuela y, con la siguiente marea baja, como los perros muertos, incrustado en el barro, casi casi frente al consulado (Carlos Blanco Aguinaga, Por el mundo, Alberdania, 2007, p., 64-65)
Leo la descripción que Kepler hizo de sí mismo a los veintiséis años, medio en serio y en tercera persona (Banville, J., Imágenes de Praga, Herce 2008, p. 165), señalando su semejanza con un perro, una especie de miniretrato del investigador as a young dog:

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Y pienso en cómo sería mi versión perruna. Pospongo la cuestión, ahorro a los visitantes un retrato sarnoso, porque tengo demasiado cerca un hermoso ejemplar de can y la comparación con algunas de las virtudes que me gustaría que me adornaran se decanta claramente a su favor. Sin embargo, me acuerdo de una serie fotográfica muy reciente, incluida en el libro Dogs, de Tim Flach, algunas de cuyas instantáneas publica hoy Repubblica:


Tim Flach, foto d'autore per cani



Tim Flach, foto d'autore per cani



Tim Flach, foto d'autore per cani


Tim Flach, foto d'autore per cani



Tim Flach, foto d'autore per cani


Tim Flach, foto d'autore per cani



Tim Flach, foto d'autore per cani

…Y se me vienen a la cabeza citas sobre estas personas no humanas, muchas contenidas en el hermoso libro de Roger Grenier, La dificultad de ser perro (Alba editorial, 2001), cuyo original se titula Les larmes de Ulysse (Gallimard, 1998), aunque hubiera debido llamarse no las lágrimas, sino la lágrima de Ulises. Como es sabido, el rey guerrero, al volver a casa y encontrar a su perro Argos, el único que le reconoce de inmediato, en un estado lamentable, derrama una sola lágrima, pero una sola, igual que los héroes románticos (1).
Rilke zanja la cuestión, diluyendo una barbaridad la entidad perruna: “Ni incluido ni excluido”. Ni bárbaros ni ciudadanos, en términos griegos. Martin du Gard insiste en “esa lastimosa necesidad de creer que se distingue en la mirada de los perros”, pero yo no diría tanto viendo estas fotos. Tal vez la anécdota que cuenta E. Levinas aclare las razones del agradecimiento a los perros, el afecto que puede llegar a sentirse por ellos, nos semblables, nos frères, con los que compartimos casi toda nuestra condición, como intuyó Goya en su pintura negra titulada El perro (3). Como parte de un grupo de prisioneros de guerra judíos pertenecientes a un destacamento forestal, Levinas “vio que a los ojos de sus guardianes y hasta de los transeúntes ya no pertenecía la especie humana. Luego un perro vagabundo se unió a ellos. “Para él –era innegable- fuimos hombres.” (Citado por Grenier, p. 16). Y es que quizá la endeble condición humana necesita de los ojos de otro para constituirse. Y ese otro, a veces, es mejor que no sea humano.
El epitafio de Tycho, el jefe de Kepler durante tanto tiempo puede leerse como un anhelo de autosuficiencia frente a la mirada del otro:
Ser antes que ser percibido.
El epitafio de Kepler, tiene una coña cínica, palabra que hace mucho leí que etimológicamente tiene que ver con la raíz de perro en griego, kynos:
Medí los cielos, ahora las sombras de la tierra mido/En el cielo mi mente, en la tierra mi cuerpo descansa (2).
(1) Vid. “Una sola lágrima, pero una sola”: Sobre el llanto romántico, Sebold, Russell, en Trayectoria del romanticismo español, Ed.Crítica, 1983.
(2) Los dos epitafios aparecen citados en la obra de Banville a la que se ha hecho referencia, p., 177 y 186
(3) “Es posible que este perro sea un figura mitológica, forme parte de un discurso narrativo…Pero ya ha producido, y produce, su efecto, ya podemos identificarnos con esta imagen, que habla directamente de nuestra situación y corrige el eventual optimismo de la modernidad. No sabemos si el perro se hunde o no, sólo podemos verle en el preciso momento en el la ambigüedad domina la situación y por ninguna parte aparece terreno firme sobre el que apoyarse… El perro es la representación más rigurosa de la soledad y la falta de seguridad, de la autoconciencia de esa situación, de su carácter absoluto. Bozal Valeriano, Goya, Madrid, Alianza cien, 1994, p., 57.
el perro goya
El perro aquél aulló varios veranos/siempre solo en la casa abandonada.//Aún sigue su terror en mis oídos/, dentro de mí aúllan/ (con el miedo de Cristo abandonado/en el viejo olivar)/las fauces de aquel perro, tan sediento/de alguna compañía,/en aquel cielo azul que se apagaba/por entre las palmeras y naranjos/donde mi juventud/se miraba en el mundo.//Yo soy ahora el perro, que aún no ha muerto,/y soy también el miedo de Cristo abandonado/en el viejo olivar,/bajo los astros fríos.//Mis tres fauces:/del animal que soy/de Dios (que me abandona)/y estos restos de espíritu y de carne/que se muerden. (F. Brines)