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lunes, 27 de febrero de 2012

Carne hecha cuerpos/ideas hechas carne: Entre L. Freud y P. della Francesca.

Hay grandes pintores, como Leonardo o Piero della Francesca, que cuando pintan un cuerpo, en realidad lo que están pintando es una idea hecha carne; otros, también grandes, como a veces L. Freud, lo que pintan es la carne perecedera hecha cuerpo. En  medio está el equilibrio de Velázquez, en el que la nobleza de espíritu tiene el peso preciso de los huesos en los que se ha materializado. Una nota de P. Valéry sobre la Gioconda podría leerse en esos términos: “La sonrisa de la Gioconda no piensa en nada. A través de ella dice: “No pienso en nada- es Leonardo el que piensa por mí” (Cuadernos, 1894-1945, Galaxia Gutemberg, p. 342). Y es que Leonardo pinta lo que hay más allá, de ahí que uno tenga siempre la sensación de que sus cuadros son indicios, signos que esconden una verdad posterior.

Pero a menudo, entre la idea y la carne con fecha próxima de caducidad, se producen enigmáticas confluencias cuyo resultado resulta difícilmente equilibrado. En los extremos del cruce de caminos lo ideal y lo material está, por un lado, la cursilería, cuando la idea pesa demasiado y el cuerpo casi no cuenta, es una mera excusa; y, por otro lado,  la pornografía, cuando es el cuerpo el que no para de dar la lata y la idea se ha ido de paseo para que su acompañante habitual disfrute a ciegas del momento. A lo cursi le sobra voluntad trágica, por eso, a menudo, resulta pretencioso, y a lo pornográfico le falta, por eso se puede resumir en una onomatopeya   (chof, chof). Lo cursi pornográfico, mezcla de los dos polos, aunque no sabría decir bien por qué, creo que está presente en las escenas  Historia de la Veracruz, Sueño de Constantino, Arezzo Piero de la Francesca.

eróticas de ejecutivos en frías oficinas con muebles de diseño que mezclan madera y aluminio. Máxima pretensión estética, mínima densidad significativa se encarnan en rascacielos o en chalets automatizados, escenario de las proezas del dios Porno, que han sustituido a los ambientes orientalizantes del pasado prostibulario.

Los retratos de L. Freud, al que, con motivo de su fallecimiento, dedicamos una de las entradas más visitadas de este blog, alternan otras veces con inigualable equilibrio los dos mundos a los que nos hemos referido. Lucian Freud at NPG: Lucian Freud at National Portrait Gallery - Girl with a White DogGirl with a White Dog, 1950-1. Retrato de la exposición que se está celebrando en Londres, en la National Portrait Gallery

El tono costumbrista de la escena, un cuerpo de diario en un escenario muy levemente teatral, expresado a través de notas levemente expresionistas, contiene, como contrapunto, un pecho desnudo que abre la pintura hacia una dimensión ahistórica, como si se tratara de uno de esos rasgos que esconden las hadas melusinianas para que no se descubra su pertenencia a otros mundos. La modelo está posando para el pintor, pero enseña su pecho como Atenea nos dejaría mirar de cerca su casco o la dama de Elche examinar su peinado, con una mezcla de gravedad y cercanía que solo se explican a través del amplio margen de indiferencia que los dioses muestran hacia los humanos. Indiferencia y al tiempo interés, desde luego, pero sin renunciar a su alteridad. ¿Qué hay y qué no hay entre la modelo y el pintor, qué podría haber entre esta mujer y el espectador? Difícil de saber. Solo ella y su perro parecen dominar el interior que se encuentra más allá del muro  seductor pero infranqueable de sus miradas. Sus ojos calman tanto como iluminan, pero quienes estamos de este lado no hallamos manera de que se crucen con los nuestros. Una idea hecha cuerpo carnal, pero lleno de misterio, un ser amable, pero intratable en igualdad de condiciones.

Otro de los retratos expuestos:

Lucian Freud at NPG: Lucian Freud at National Portrait Gallery - Eli and DavidEli and David, 2005-06. In his last years, Freud regularly painted his assistant David Dawson with the whippets Eli and Pluto

martes, 14 de febrero de 2012

Miles de peregrinos acuden al Corte Inglés a celebrar la fiesta de San Valentín. Pensando en quienes he intuido que podrían haber sido parejas de largo recorrido y en el quiz de Cernuda: “una pregunta cuya respuesta no existe”…el deseo.

Las tiendas de marca del Corte Inglés son capillas dedicadas a los santones de la moda y el edificio de Sagasta la catedral de los que creen solo en el mercado. Miles de sucedáneos de las reliquias antiguas atraen a sus fieles, que hoy darán a sus parejas objetos ungidos a medias por el dinero y por el sentimiento. Como decía Proust de la mala música, detestemos la fiesta de San Valentín, pero no la despreciemos, porque este día, mucho más que otros de mayor dignidad y menos afán comercial, está lleno de sueños y de lágrimas. Parafraseando al escritor francés, podríamos decir que el lugar de  la celebración de San Valentín, insignificante para la gran Historia, es grande en la historia sentimental de muchos.
Popurrí de documentos del amor:
I
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Emporte-moi dans l'image ou la mélodie et conjure, par elles, le duel de nos solitudes devant l'universel (photo: Marina Abramovic & Ulay, Rest Energy, 1980)
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François Xavier Courrèges, image tirée de Another Paradise, 2005, vidéo couleur, sonore, 5 min 30 s, en boucle
Los periquitos de la exposición me hacen pensar en parejas ancianas bien avenidas. Aunque, quién sabe, quizá se están empujando con disimulo. ¿Desmentiría eso que son pareja o lo confirmaría?
Dos cosillas para quien no las conozca y disponga de veinte minutos libres. La primera es un texto que pensaba sacar con la foto de alguien disfrazado de gorila, sentado en el suelo, abatido, con la cabeza apoyada en la mano, delante de una tienda de Zara. Pero perdí la foto y solo quedó el texto de Valéry:
II
Querer querer
Eros y mística -
No se ama de verdad a una persona a causa de sus cualidades en sí, a causa de aspectos universales y enumerables que encontramos en ella – y que atraen, sino, por el contrario, a causa de su inexplicabilidad.Amar al máximo es amar inexplicablemente, a pesar de esto y aquello –es crear uno mismo los motivos que creemos que debemos tener para amar a ese ser. La alegría de esa creación, su fragilidad aparente que, sin embargo, triunfa sobre la evidencia. Amar es someterse a un acto positivo que cumplimos, y cuanto más enérgico es el acto, más resistencia encuentra en el hecho, más lo hacemos a disgusto y con entusiasmo, más amamos. Y en eso el amor puede compararse a una mística, con todos los caracteres de una mística; hasta en los reproches que se hace el enamorado por amar menos en tales momentos (1922. T, VIII, 795.)
val
Cuadernos (1894-1945)
Paul Valéry
Selección e introducción de Andrés Sánchez Robayna
Traducción de Maryse Privat, Fátima Sainz y Andrés Sánchez Robayna
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2007, p., 263-264





Querer ser querido (tres versiones):

Wild is the wind (Dimitri Tiomkin and Ned Washington)
Love me, love me, love me, love me, say you do/Let me fly away with you/
For my love is like the wind,/ and wild is the wind/ Wild is the wind
Give me more than one caress,/satisfy this hungriness/ Let the wind blow through your heart/For wild is the wind, wild is the wind/ You touch me, hear  the sound of mandolins

You kiss me /With your kiss my life begins
You're spring to me, all things to me
Don't you know, you're life itself!
Like the leaf clings to the tree,
Oh, my darling, cling to me
For we're like creatures of the wind, wild is the wind /Wild is the wind You touch me, I hear the sound of mandolins
You kiss me /With your kiss my life begins
You're spring to me, all things to me
Don't you know, you're life itself!/ Like the leaf clings to the tree,
Oh, my darling, cling to me/ For we're like creatures in the wind, and wild is the wind
Wild is the wind
Y un contrapunto dantesco:
Infierno, canto V. Trad. de Ángel Crespo:
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Dante Alighieri, Comedia, Infierno, Edición y traducción en verso de A. Crespo, Barcelona, Seix Barral, 1973, p., 50.
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lunes, 17 de enero de 2011

Historias perrunas

Las intensas relaciones entre los perros y sus dueños dan para mucho. Están presentes en la hagiografía cristiana, en la mitología popular, en las historias de fantasmas, hasta en los trabalenguas. No es raro que en las familias haya un mítico perro que una vez hizo tal o cual maravilla, hazaña, gracia o excentricidad. En los pueblos no es raro oír contar historias de heroicas intervenciones suyas, de anticipaciones a desgracias imprevistas. Si la disociación esquizoide de los hombres se decanta por la civilización en la mayor parte de los casos, haciendo pesar más la reflexión que el instinto bruto, en el caso de los perros, esos seres ni incluidos ni excluidos (Rilke), prima el instinto. Por fortuna, ese instinto, a diferencia del de muchas personas, suele ser bueno, limitado a la satisfacción incruenta de sus necesidades.

La relación que se establece con estos animales es muy difícil de imaginar antes de que se produzca, pertenece a esas gratas sorpresas que a veces nos depara la vida, en mi caso la vida adulta. Sí, son pesados, pedigüeños, a menudo acaban haciendo su santa voluntad, pero, a cambio, fingen hacernos creer que necesitan salir a la calle hasta cuatro veces al día y también fingen estar interesados en las pelotas, palos y hasta piedras que nos afanamos en tirarles. Lo fingen y normalmente consiguen convencernos. Y qué se puede decir de lo bien que nos hacen creer que se alegran de nuestra llegada a casa. A veces pienso, sin embargo, que esta última, es una de las cosas en las que -por lo menos mi perro- representan peor el papel dinamizador de la visa doméstica que han asumido. Cómo es posible , si no es por un exceso de celo, una especie de inconsciente sobreactuación, que basten unos quince minutos de ausencia para que se comporten como ni siquiera me comporto yo con mis deudos después de vivir un mes de vacaciones separados. Esos saltos, golpes de cola, simplemente porque te has ido a pedir sal al vecino y te has enrollado un ratito son algo que con un par de milenios más de convivencia aprenderán a moderar hasta hacerlos creíbles. Creo es las breves ausencias son una de las pocas circunstancias en que se les va la bola y sobreactúan. He de decir, no obstante, que el mío es bastante sincero y no suele fingir que le gusta lo que no le gusta, desdeña los palos que le tiro y si tiene un día debajón, quizá por un exceso de buenos olores, enseguida quiere volver a casa y no es capaz ni de aparentar que le interesan las perras, una de sus actuaciones preferidas, verdaderamente convincente, una de esas actuaciones que yo reprimo, quizá por un exceso de civilización, cuando estoy ante alguien me gusta

Digo todo esto a raíz de unas fotos que descubro en la prensa de un perro que lleva varios día velando la tumba de su dueño muerto en Brasil en los recientes corrimientos de tierra (clica sobre el pie de foto para obtener más información):

Brasile Leao, il cane che veglia la padrona morta

Brasile. Leao, il cane che veglia la padrona morta.

Brasile Leao, il cane che veglia la padrona morta

Y me vienen a la cabeza las palabras de Valéry: “Les animaux, qui ne font rien de inutile, ne méditent pas sur la mort” (Trad.: Los animales, que no hacen nada inútil, no meditan sobre la muerte)(citado por Grenier, Roger, Les larmes d´Ulysse, Gallimard, 1998, p. 11) y también:

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Valéry, Paul, Cuadernos (1894-1945), Galaxia Gutemberg, 2007, p. 521. trad. de M. Privat, F. Sáinz y A. Sánchez Robayna.

Y recuerdo unas recientes páginas de J. Banville (Los infinitos, Anagrama, 2010, p. 193-95) en las que se basa una parte del texto que introducía este post:

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Los tres libros citados:

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viernes, 18 de junio de 2010

Una extraña foto y su historia: Photographer Brian Griffin's best shot. The Good Shepherd?

Es poema lo que no se puede resumir. No se resume una melodía (Paul Valéry, Cuadernos, 1894-1945, Barcelona, G. Gutemberg, 2007, p., 406)

La curiosa historia de la foto, aparecida en Guardian, se puede resumir, pero hay algo en ella que, como agua que empapa un tejido, hace que, al filtrarse, el resultado adquiera otro sabor, otra dimensión. En su gestación existe una historia entre cursi y sublime, que, como las malas noticias del boletín de las 8, dan ganas de olvidar en un día de intenso trabajo, pero que delata una curiosa sensibilidad por parte de la mujer del fotógrafo, remilgada, seguramente, para algunos, pero enternecedoramente profunda para otros. Si el efecto mariposa se cumple, el arranque de generosidad, caro, por cierto, no dejará de tener efectos endemoniadamente salvíficos.image

"There's something spiritual about this picture" . . . Brian Griffin's shot of a farmer and lamb in Iceland

martes, 11 de mayo de 2010

Quiz imposible: “…una pregunta cuya respuesta no existe” (Cernuda), el deseo.

Llega al Mac/Val, el museo de arte moderno del extraradio parisino, una exposición procedente de Canadá, sobre las emociones que suscita el amor. Abierta hasta el 19 de septiembre, la lista de artistas participantes apabulla. Quédense con la idea del apabullamiento y sáltense los nombres si les aburre la nomina completa:

Marina Abramovic & Ulay, Bas Jan Ader, David Altmejd, Fiona Banner, Diane Borsato, Rebecca Bournigault, Anne Brégeaut, k r buxey, Sophie Calle, Lygia Clark, Claude Closky, François-Xavier Courrèges, Michel de Broin & Ève K. Tremblay, Tracey Emin, Christelle Familiari, Hans-Peter Feldmann, Felix Gonzalez-Torres, Douglas Gordon, Kevin Francis Gray, Carsten Höller, Jesper Just, Janice Kerbel, Thierry Kuntzel, Ange Leccia, Melanie Manchot, Ryan McGinley, Monique Moumblow, Hayley Newman, Christodoulos Panayiotou, Cécile Paris, Pierre et Gilles, Prinz Gholam, Smith/Stewart, Jana Sterbak, Sam Taylor-Wood, Jean-Luc Vilmouth, Jorinde Voigt, Andy Warhol, Cerith Wyn Evans.

Dos de las obras expuestas:

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Emporte-moi dans l'image ou la mélodie et conjure, par elles, le duel de nos solitudes devant l'universel (photo: Marina Abramovic & Ulay, Rest Energy, 1980)

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François Xavier Courrèges, image tirée de Another Paradise, 2005, vidéo couleur, sonore, 5 min 30 s, en boucle

Le Monde se hace eco de la exposición en uno de sus blogs y proporciona enlaces a las páginas web de algunos de los artistas participantes:

Los periquitos de la exposición me hacen pensar en parejas ancianas bien avenidas. Aunque, quién sabe, quizá se están empujando con disimulo. ¿Desmentiría eso que son pareja o lo confirmaría?

Dos cosillas para quien no las conozca y disponga de veinte minutos libres. La primera es un texto que pensaba sacar con la foto de alguien disfrazado de gorila, sentado en el suelo, abatido, con la cabeza apoyada en la mano, delante de una tienda de Zara. Pero perdí la foto y solo quedó el texto de Valéry:

Querer querer

Eros y mística -

No se ama de verdad a una persona a causa de sus cualidades en sí, a causa de aspectos universales y enumerables que encontramos en ella – y que atraen, sino, por el contrario, a causa de su inexplicabilidad. Amar al máximo es amar inexplicablemente, a pesar de esto y aquello –es crear uno mismo los motivos que creemos que debemos tener para amar a ese ser. La alegría de esa creación, su fragilidad aparente que, sin embargo, triunfa sobre la evidencia. Amar es someterse a un acto positivo que cumplimos, y cuanto más enérgico es el acto, más resistencia encuentra en el hecho, más lo hacemos a disgusto y con entusiasmo, más amamos. Y en eso el amor puede compararse a una mística, con todos los caracteres de una mística; hasta en los reproches que se hace el enamorado por amar menos en tales momentos (1922. T, VIII, 795.)

val

Cuadernos (1894-1945)
Paul Valéry
Selección e introducción de Andrés Sánchez Robayna
Traducción de Maryse Privat, Fátima Sainz y Andrés Sánchez Robayna
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2007, p., 263-264






Querer ser querido (tres versiones):

Wild is the wind (Dimitri Tiomkin and Ned Washington)


Love me, love me, love me, love me, say you do
Let me fly away with you
For my love is like the wind, and wild is the wind
Wild is the wind
Give me more than one caress, satisfy this hungriness
Let the wind blow through your heart
For wild is the wind, wild is the wind


You touch me, I hear the sound of mandolins
You kiss me
With your kiss my life begins
You're spring to me, all things to me
Don't you know, you're life itself!
Like the leaf clings to the tree,
Oh, my darling, cling to me


For we're like creatures of the wind, wild is the wind
Wild is the wind
You touch me, I hear the sound of mandolins
You kiss me
With your kiss my life begins
You're spring to me, all things to me
Don't you know, you're life itself!
Like the leaf clings to the tree,
Oh, my darling, cling to me
For we're like creatures in the wind, and wild is the wind
Wild is the wind (4)

Y un contrapunto dantesco:

Infierno, canto V. Trad. de Ángel Crespo:

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Trad:div1

div2 Dante Alighieri, Comedia, Infierno, Edición y traducción en verso de A. Crespo, Barcelona, Seix Barral, 1973, p., 50.

jueves, 25 de febrero de 2010

Il cagnolino rampante (2). Hay afinidades electivas que o te matan o te hacen feliz.

Cómo se puede querer a un oso grizzly y a una mujer a la vez y no estar loco… O quizá precisamente porque se está loco, de esa bendita locura que nos hace descubrir en donde menos cabría pensar un motivo de dicha. Ya lo decía Valéry: “El animal, enigma verdadero, opuesto a nosotros por la similitud”. Aunque parezca una frase de El hormiguero (La mujer, esa gran desconocida…) esconde mucha verdad:

Valéry también decía que los “animales, que nada inútil hacen, no meditan sobre la muerte”. Y ya se sabe que, cuando el hambre aprieta, se pasa de la meditación a la acción y ni la carne del amo se respeta. Recuerden al respecto el caso de aquel otro naturalista, Thimothy Treadwell, a quien Herzog dedicó un estupendo documental, tan trágico que, por momentos, parece hecho en broma. Treadwell, medio hippy medio naturalista, se grabó siendo zampado por un oso como el se que ve en el enlace de arriba dando besos a su dueño, si es que así debe ser llamado.

miércoles, 6 de enero de 2010

Rincón del gato. Paredondehelarte. Nueva exposición. Sin par combate de Orna contra Turifel. La gracia da un corte al olvido.

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José Orna contra el efecto turifel

La obra debe crear la necesidad y satisfacerla. Y, además, hacer sentir que ni esa necesidad ni su satisfacción estaban a nuestro alcance. De ahí el infinito recomenzar del deseo. (P. Valéry, Cuadernos, 1894‑1915)

1. Cuantas veces habrán pasado por delante de nuestros ojos códigos de barras o camisetas con la más conocida de las reproducciones de la cara del Che Guevara sin que hayamos reparado en ellas. La fuerza de la rutina llega a hacer invisibles algunas cosas y, a menudo, hasta a algunas personas. El efecto turifel que describe Sánchez Ferlosio en Vendrán más años malos y nos harán más ciegos está emparentado con fenómenos semejantes. En palabras suyas, “consiste en una especie de descrédito que va minando irremediablemente la autoridad de la presencia física de determinados monumentos mundialmente famosos cuando esa presencia es, por así decirlo, desgastada por el precedente de una indiscretamente inmoderada anticipación de representaciones iconográficas”. Tras haber visto reproducida la Torre Eiffel decenas de veces, cuando uno se planta delante de ella corre el riesgo de identificarla antes que verla, de manera que la percepción y consiguiente interés o desinterés se convierte en mera redundancia, la sorpresa en un “pues es de verdad, pero ya la había visto”. Algunos de los recortes de la exposición son como rocío que vivifica imágenes desgastadas por la repetición. Es un efecto opuesto al turifel, porque, además, adquieren significados insospechados, dormidos en ellas hasta que José manostijeras se decidió a recortarlas. Que la polémica foto Raising the Flag on Iwo Jima aparezca sobre un código de barras retrata casi indeleblemente lo que la guerra tiene de negocio y lo que los Estados Unidos han supuesto como vencedores del comercio mundial. Algo parecido a lo que ocurre con el recorte del Che, tan desconcertante y casi diría sacrílego, la “chispa de la revolución”, para los flacos, para los gordos, los que ríen…los que lucharon contra lo que simbolizaba. Lo cierto, es que de ahora en adelante para mi el Che tendrá una coca cola entre ceja y ceja, hasta que un día pase ante una galería de arte y ni siquiera me de cuenta que Orna expone allí, porque turifel siempre acaba ganando, ley de vida.

2. La idea del Arte clásico encaja mal con las señales del esfuerzo del artista. Valéry dice que “la técnica más profunda debe ser insensible, no hacerse ver más que con la reflexión ‑pues las buenas máquinas no hacen ruido (Cahiers). Valéry coincide extrañamente con el ideal de la gente común, para la que una obra de arte debe estar limpia, nada en ella debe hacer pensar en los sudores del autor ni en los instrumentos que tuvo que utilizar para completarla. Todo lo más, se puede hablar de texturas, de recreación en la materia, pero son de mal gusto los indicios que delatan al artesano que hay detrás, el trabajo manual que el producto final oculta. Por eso, atreverse a crear con un cutter o unas tijeras tiene algo de provocador. No son utensilios nobles, con tradición, como lo puedan ser una pluma, un cincel, un lápiz, una batuta, o las manos, si me apuran. Las tijeras o el cutter pertenecen a los trabajos manuales, a la artesanía, a los sastres, a los cirujanos, no a la tradición artística con pedigrí. Doble mérito, pues, el del Orna, haber conseguido resultados tan hermosos, dejando evidencias del utensilio y de la mano hábil y minuciosa que lo empuñó. Parafraseando otra vez a Ferlosio, podríamos decir que si el mudéjar representa el desquite del albañil frente al arquitecto, estos recortes son la reivindicación artística del bricoleador. “Las artes eran oficios practicados por artesanos como los escultores en piedra, los pintores…, pero también los pescadores, o los carpinteros, sastres, zapateros. Si lo que llamamos “artes” se llamaba en Grecia técne y en Roma ars, ello es debido a que la separación entre técnicas y artes obedece tan solo a una exploración desarrollada a lo largo de los dos últimos siglos, pero ni antes se diferenciaron ni parece que vayan a seguir diferenciándose mucho tiempo más. Nada, en su esencia, separa a las artes de las técnicas” (F. de Azúa, Diccionario de las Artes). Espero que toda esta parrafada transmita el tono reivindicativo que he pretendido darle. Mientras estábamos montando la expo alguien se acercó y dijo de los recortes “son como trabajos manuales” . José se lo tomó con filosofía, pero pareció desanimarle. La categorización inmediata de lo que vemos nos ayuda a metabolizar la realidad, pero nos hace perder toda frescura en la percepción de lo singular, nos impide saborear la belleza. Después de ver estos recortes, de lo que no me queda ninguna duda es de la notable habilidad manual y del gran ingenio (estro, esprit, wit) de su ejecutor, pero, sobre todo, de su capacidad para hacer confluir felizmente los dos ingredientes. Lo mejor de la obra de Orna es puro ar(e)té, excelencia, y la palabra que resulta si al término griego le quitas el acento y paréntesis que le he puesto yo.

1+2. El aura del poeta dio sus últimos destellos con Baudelaire (W. Benjamin). En la mentalidad primitiva compartía el carácter sagrado con aquellos que se las tenían que ver con las entrañas del mundo, con las materias sagradas, mineros, herreros, alquimistas (M. Eliade). El poeta entonces podía hablar con los animales, con la naturaleza, revelaba lo arcano. De aquello, ya solo queda el ingenio (La cebra albina, en la mejor tradición del op art), la referencia irónica a la tradición (El hombre de Vitrubio haciendo gimnasia), el pequeño detalle simbólico (La fuga de la jaula de barras), la brillante retórica interna del reciclado (El forzudo que levanta pesas de papel, la manzana pelada, el abrazo yin yang). Me pregunto si esta agudeza que me recuerda a artistas de la talla de Chema Madoz no tiene también algo de mágico. La realidad no deja de engañarnos a diario, las personas, las cosas, emiten signos equívocos, que nos llevan constantemente a la duda, al error. Las mejores, las más profundas de estas obras quitan capas de suciedad a lo real, restituyen la verdad, la relación ideal con el mundo. “Así es cómo hay que mirar el mundo” me digo cuando las veo y cada vez que paso por delante de la pared donde están expuestas me siento un poco feliz. Aunque el malvado turifel aceche por los pasillos de la EOI.

Javier Brox

Casi la totalidad de los recortes de la exposición de la EOIZ1:

cebra albina[1] debajo de la lluvia[1] lazo rojo[1]

araña[1] Abrazo[1] Recortes[1] la cuadratura del circulo[1] Iwo-Jima[1] que bebia el Che..[1] forzudo[1] voyeur[1] violinista[1] escapar[1] mirando a los trapecistas[1] manzana[1]

“Nadie sabe lo que piensa un toro” ‑decía un torero‑. Pero el torero sí tiene que saber pensar. Y no sólo lo que piensa del toro, sino del toreo. Y pensar toreando. “No se piensa más que en aforismos y definiciones” –dijo Unamuno. No se torea más que con recortes y galleos.

Entre el decir y el hacer del toreo, como en cualquier otro lenguaje vivo, del arte que sea, hay mucho o poco trecho, que no es un vacio sin pensamiento. El torero al hacer y decir el toreo, lo está pensando...Y el pensamiento y el estilo en el arte de torear son también una misma cosa.

Describe Pepe Hillo en su Tauromaquia los recortes y los galleos diferenciándolos cuando se hacen con el capote o no. El recorte se puede hacer sólo con el cuerpo; el galleo no. Puede haber recorte sin galleo pero no galleo sin recorte. Y no hay toreo sin los dos y las “suertes” que se hacen con ellos que son todas las del arte de torear (José Bergamin, La música callada del toreo).

Otros recortes que no están en la expo: http://doctorpalomar13.blogspot.com/2009/05/los-recortes-de-jose-orna.html