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domingo, 15 de septiembre de 2013

La infancia de Jesús, la nueva novela de Coetzee sobre las nuevas vidas que se escapan.

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La infancia de Jesús, Coetzee, J. M., Mondadori, 2013, trad., Miguel Temprano García.
“Lo sorprendente de la visita a Inés, cuando se para a pensarlo después, es lo extraño e impredecible que ha sido ese episodio de su vida. ¡Quién habría pensado, el primer día que vio a aquella joven tan serena y lozana, que llegaría un día en que tendría que limpiarse su mierda del cuerpo! ¿Qué dirían en el Instituto? ¿Inventaría la mujer de cabello gris una palabra para describirlo: la caquidad de la caca?” (pvenna

Un niño, acompañado por quien se ha convertido en su protector, llega a Novilla en busca de una nueva vida. Novilla es un lugar en el que todo parece funcionar medianamente bien, donde han desaparecido las pasiones y la ironía en las personas, una especie de utopía en la que una administración hipertrofiada se ocupa de mantener en un relativo bienestar a los miembros de la comunidad. Sin embargo, el protector del niño parece complacerse en recordar su anterior condición imperfecta, porque la nueva asepsia,  que no resulta problemática para los demás, sí lo es para él. Es alguien apegado a la imagen de sí mismo que  le acompaña como  su sombra. Se parece, en ese sentido, al funcionario testarudo de Esperando a los bárbaros, al viejo enamorado de El hombre lento, al profesor sensualista de Desgracia o al protagonista de Diario de un mal año. La condición antigua resurge entre los pliegues de la anodina vida integrada de la que gozan los que sí han dejado definitivamente atrás el pasado. Este cinquentón,  rebautizado en el nuevo mundo como Simón, por contra,  se aburre por la falta de pasión, de conflicto, siente un apremiante deseo sexual, pretende ir en consonancia con el progreso que impone la mecanización en el trabajo, aunque eso altere el plácido estatus de los trabajadores del muelle de descarga en el que se gana la vida. Hasta ahí, nada nuevo en Coetzee por lo que respecta a la anécdota y al personaje central, nada del todo nuevo en el escenario tampoco si pensamos, por ejemplo,  en Elisabeth Costello, obra en la que el personaje homónimo se ve enfrentado a un tribunal de pesadilla que siempre  rechaza su pretensión de acceder a otro lugar, o en los funcionarios de El maestro de Petersburgo, por no hablar de Vida y época de Michael K. Pero Simón, a través del cual, como decía, se cuelan cuestiones pendientes que entran por la venta cuando han sido expulsadas por la puerta, en un momento dado deja de ser el núcleo de la narración, que pierde la componente mínimamente melodramática que parecía dibujarse a través de la relación del personaje con una mujer, esta sí, nueva, que vive el sexo como un mero paréntesis de momentánea descongelación. La novela, a partir de entonces, gira para centrase progresivamente en David, el niño extraordinario, catalizador infantil de los conflictos, que parece evocar, más que el personaje de los evangelios canónicos, el niño caprichoso y travieso de los evangelios apócrifos que usa sus poderes de forma un tanto arbitraria.  David no hace milagros en sentido estricto, pero el tema de lo excepcional, lo mágico, lo extraordinario, la verdad que está más allá de la apariencia material, está presente tanto en la peripecia como a través del Quijote, libro de cabecera de la criatura y con el que aprende a leer.
Al final, el conflicto entre el individuo y las estructuras sociales, como suele ocurrir en Coetzee, se agudiza, sin que unos ni otras cedan. A los protagonistas  no les queda otra solución que huir a la búsqueda de otra vida, lejos de la tierra de promisión a que habían acudido, también huyendo, en busca de una tierra de promisión.

sábado, 10 de agosto de 2013

¿Dime como tratas a los elefantes y te diré quién eres?

111540971-c3fc4eae-5965-4f2c-8a60-9bf6250ffea5Fuente de las fotos

“Mi primera observación fue que aquel era el primer país en el que  los seres humanos y los animales parecían haber negociado un modus vivendi decente…No vi ninguna señal de crueldad en el trato ni tampoco ninguna señal de impaciencia con los animales, pese a que las vacas deambulan por entre el tráfico abundante y obligan a la gente a pararse. Lo de que las vacas son veneradas en la India es un lugar común. Sien embargo, veneración no me parece el término preciso. las relaciones entre la gente y los animales parecen ser mucho más mundanas: una simple tolerancia y aceptación de la forma de ser del animal, aunque obstaculice la del hombre”. (Aquí y ahora, Cartas 2008-2011, J.M. Coetzee y P. Auster, Anagrama y Mondadori, 2012, p.225-226)

Veo  fotos en las que unos paisanos adornan con flores el cadáver de un elefante que ha sido atropellado por un tren en un pueblo situado a unos 140 quilómetros de Gawahuti, en India.

Noticias así son un ingrediente  más de ese extraño cóctel  que nos ofrecen los telediarios y los periódicos, sobre todo digitales. Vivimos en un mundo de cachos de información que nos llegan a casa como caricias, como piedras o como insípida miga de pan ácimo, imágenes, textos, voces  que se empeñan en dulcificar lo amargo o sobreactúan banalmente hasta hacerse insoportables. Con esa manera de hablar o de escribir, tantos periodistas, en la línea del anciano J. Hermida, parecen vendedores a domicilio de emociones, más exagerados que los de la verdadera televenta , que, quizá más seguros de lo que venden,  por lo menos se empeñan en detallar con calma las características del producto, una manguera que se estira, un aparato que alarga el pene, un arnés  que gracias a un imán limpia las dos caras del cristal al mismo tiempo -se nos cayó al patio en el primer y único uso. Consultas tu facebook o ves el telediario y te enfrentas a un parto real,  la gota fría en Asia,  Lady Gaga en pelotas practicando el método Abramovic, un viejo perro artrítico que se baña con su dueño (76.4554 visitas en Youtube). Sin religión o ideología, no hay nada que ligue los fragmentos ni ayude a interpretarlos, faltan indicios para saber cuánto te engañan, todo convertido en entropía de la sociedad del espectáculo. Pero es difícil sustraerse a los efectos. El verano no ayuda al ensimismamiento. Se te saltan las lágrimas por el accidente de Santiago, pero dos minutos después estás llamando hijo puta al ladrón de turno o viendo el boletín meteorológico, la méteo,  que quizá te asegure un mañana soleado o la bajada de un par de grados de la temperatura. Acaba por fin la tranquilizadora letanía y no recuerdas casi nada de lo oído, pero ha sido uno de los mejores momentos del día.

Después, por vías desconocidas, se conectan los fragmentos de hoy y los del pasado reciente, el elefante indio, y  aquella foto de nuestro jefe de estado delante de un elefante muerto por disparos suyos, estampado contra un árbol como si se tratara de un dibujo animado, y piensas que estás más de acuerdo con la muerte fortuita por atropello y la posterior decoración floral que con la derivad de un disparo real. Aunque en realidad, lo que te revuelve las tripas es que a la hora de disparar, el monarca no se lo pensara dos veces y bajara la escopeta, que no le invadiera una sensación de malestar, de duda, que acabara por vencer su afán depredador. Quizá hasta su acompañante se lo hubiera agradecido. Pero, entonces, te acuerdas de repente de otro viejo fragmento informativo que tienes clavado en el cerebro y con el que además coincides bastante,  según el cual la religión, que seguramente está detrás de las flores, es opio, y añoras aquellos tiempo en que sabías leer las noticias de la mano de Marta Harnecker y todo te parecía claro.

Apago el ordenador, quito la tele e intento entender en silencio el motivo por el que aquella foto del rey para mí tiende a asumir el valor del gesto que provoca una antipatía definitiva, tan solo mitigada porque   se le veía mayor, pidió excusas y quizás quería ofrecer un trofeo real a una bella dama yo diría que finísimamente botulizada.

India, treno travolge l'elefante: fiori sulla carcassa

domingo, 24 de marzo de 2013

Quizá Desgracia es la peor de las novelas de Coetzee, pero aquella cuyo argumento se recuerda mejor con el paso de los años.


"- Ah! misérable chien, si je vous avais offert un paquet d'excréments, vous l'auriez flairé avec délices et peut-être dévoré. Ainsi, vous-même, indigne compagnon de ma triste vie, vous ressemblez au public, à qui il ne faut jamais présenter des parfums délicats qui l'exaspèrent, mais des ordures soigneusement choisies." (Baudelaire, Le chien et le flacon, Le Spleen de Paris).

“La hija nos pareció excelente: mucho más delgada y atractiva que el personaje de la novela, desde luego, pero es una película, y qué quieres, cuando lo principal en el cine son las mujeres bonitas…El público sentado en el cine con nosotros estaba absorto y, dado lo malas que son hoy en día las películas, daba gusto ver algo inteligente y bien estructurado” (P. Auster y J.M. Coetzee, Aquí y ahora, cartas, 2008-2011,, Anagrama y Mondadori, 2012, p. 98).

 JM Coetzee
JM Coetzee Photograph: TIZIANA FABI/AFP/Getty Images (Via)


Guardian anuncia la publicación para el próximo verano de la biografía póstuma de JC Kannemeyer sobre Coetzee. Kannemeyer murió hace dos años y Coetzee sigue vivo y escribiendo. Su última novela,  Infancia de Jesús, debe aparecer entre nosotros cuando esté traducida y lista para ser publicada.
ARTS Booker/CoetzeeEntre la información que entresaca Guardian de la biografía se encuentra el detalle de que Coetzee escribió hasta catorce versiones distintas de Desgracia, la novela que seguramente más fama ha dado a su autor y que hace no mucho fue llevada a la gran pantalla:

"From the manuscripts that I perused in his office in the second week of my stay, I also got the impression of an incredibly hard worker who had spared no effort to develop and deploy his talent. The various versions, up to fourteen, that had been produced of Disgrace provide some measure of the demands Coetzee makes of himself as a writer."


Cuando pasan los años desde que uno ha leído intensivamente la obra de un gran autor se difuminan los argumentos, las anécdotas, los personajes. Como si el tiempo limara las particularidades, pero, a la vez, las concentrara en una mezcla intensa que amortiza lo singular, va quedando una  melodía en el recuerdo, el estilo, la forma de ser, quizá eso que a Proust le permitía imitar a  otros escritores,
Algo así me pasa a mi con el escritor de origen sudafricano. Desde la distancia, vuelvo la vista atrás y me resulta que Desgracia es la más melodramática de sus novelas, las más sentimentalmente anecdótica, aquella, quizá, con unos personajes menos literaturizados, por más que el sensualista que la protagoniza sea un profesor de literatura. En ese sentido, se puede decir que la narración se articula más en torno a la matière contada y menos a partir de la digresión o de la metaficción y que la obra se inscribe en una tradición de novela  más popular que, pongamos por caso, El maestro de Pertersburgo, Foe, Esperando a los bárbaros, o Elisabeth Costello. No es sorprendente tampoco que, pasados los años después de su lectura, Desgracia sea tal vez la novela que aparece con más detalles en el recuerdo, o, por lo menos, con un argumento más fácilmente resumible. Si pensamos en otra obra de Coetzee con cierta querencia por el melodrama, como es Diario de un mal año, hay que señalar que el artificio narrativo, la división de la página en Diario… en tres puntos de vista, frena la tendencia  pues el recurso hace las veces de un enfriamiento brechtiano. No ocurre así, por ejemplo, con su prima rothtiana, Sale el espectro, que si no se enfanga en el melodrama es gracias a la ironía. Es esa falta de ironía la que deteriora, por ejemplo, El animal moribundo, quizá en la distancia, la peor novela de Roth.
Me pregunto si el alto número de versiones de Desgracia, que hacen pensar en un ímprobo trabajo por parte de su autor -además de, dicho sea en términos de Coetzee, hacerle justicia a un tema- obedece a la necesidad de hacerse justicia a si mismo, príncipe de la inteligencia, con un material tan sensible(ro) como el de esta novela.

viernes, 25 de enero de 2013

Identidades. Las tarjetas de visita y la ecuación de Coetzee: “JB ≠ yo”

 

Cuando pensamos en nosotros mismos a través de nuestro nombre nos ponemos en la fila de los miles de millones de personas que han existido en el mundo y que han cumplido desigualmente con su obligación como miembros de la especie humana, con su trabajo y con sus compromisos personales. En ese escenario solemos estar medianamente bien vestidos y en algún lugar se encuentran las sombras de las decenas de cosas a las que estamos atados, familia, comunidad de vecinos, banco, seguridad social, empresa. Cuando prescindimos de nuestro nombre y dejamos de llamarnos a nosotros mismos con una voz igual a la que usan los otros para que atendamos en clase, aparece a veces nuestro yo desnudo, ese que entronca con la fuerza primaria de la vida,  anterior al bautismo, a la biografía social, a nuestros roles, joven, padre, jubilado, indignado, hombre o mujer.

Creo que eso es a lo que se refiere Coetzee en una de las cartas a P. Auster que hacen parte de Aquí y ahora. Cartas, 2008-2013 (Trad. Benito Gómez y Javier Calvo, Anagrama y Mondadori, 2012). Cuenta el premio nobel que cuando piensa en cómo ha llegado a estar donde está (en una pequeña ciudad australiana), y en los distintos accidentes de su vida, “incluyendo el accidente de mi nacimiento”,  le resulta muy fácil imaginar un mundo “en el que ese tal John Maxwell Coetzee, nacido el 9 de febrero de 1944, no estuviera presente ni lo hubiera estado nunca, o bien hubiera tenido una vida completamente distinta, tal vez incluso una vida no humana” (p. 221). Acto seguido, le ocurre, sin embargo, a ese mismo premio nobel justo lo contrario: “…sin embargo, un momento más tarde se me ocurrió que era imposible contemplar un mundo en el que yo no estuviera presente y no lo hubiera estado nunca” (p. 221). La conclusión es que aquel que responde por nuestro nombre no es precisamente el mismo que el que aparece cuando decimos yo: “Volví a intentar el truco, planteándome primero una cosa (el mundo sin JMC) y luego la otra (el mundo sin ) y volvió a pasar lo mismo. Lo primero era fácil de imaginar y lo segundo imposible…Da la impresión de que la conclusión lógica y simple sería que la ecuación “yo = JMC” es falsa. Y, ciertamente, la intuición apoya apoya esta conclusión. Me imagino que a ti también te resulta falsa la ecuación “yo = PA” (p. 221).

Yo creo que la ecuación resulta especialmente falsa según uno va descubriendo las imposturas de la vida y va entendiendo hasta qué punto debe cuidar su propio jardín, aunque lo comparta generosamente. Quizá, en el caso de los políticos, qua parecen empeñados en que podamos generalizar sobre su mal comportamiento, la ecuación sea cierta o por lo menos eso es lo que a veces pienso que tratan de aparentar. El distanciamiento con el común de la gente proviene un poco de ahí. Los demás aceptamos un grado de falsedad, de incertidumbre, de apariencia, mayor, sabemos que tenemos el armario lleno de máscaras, pero que debajo está ese yo, único, pero extrañamente parecido al de los demás (nosotros); ellos, los políticos, al menos como ficción de si mismos que intentan transmitir,  juegan a hacernos pensar que nunca se quitan el traje y que, como decía Álvarez Cascos hace poco en el juicio por el Prestige , son ministros las veinticuatro horas del día, aunque, valga el ripio, se vayan de cacería. Así es que quizá, por seguir en el ámbito del gobierno “G = yo” o “JMS = yo”, aunque no creo que “FB = yo”, faltaría más.

Una de las manifestaciones clásicas de esa entidad que responde al nombre, que acepta (¿traga?) lo que haga falta con tal de construirse una biografía, una familia, un chalet o lo que pueda, es la tarjeta de visita. En ella, de hecho, aparecemos con nombre y apellidos. Figura, a menudo, nuestro teléfono, cargo, dirección, etc…todo menos yo. Cuantas más tarjetas usa uno en la vida más  probable es que esté alejado de sí mismo y que pueda imaginar el mundo sin cualquier otra persona dotada también de nombre y apellidos, porque, puestos a elegir, es más fácil imaginar el mundo sin los otros antes que sin uno mismo. Yo creo que hasta el nobel JMC cedería el paso para que desaparecieran otros primero.

Pillo por casualidad una recopilación de fotos de tarjetas de visita de personajes conocidos, importantes algunos en distintos ámbitos, y me queda la sensación de que me hubiera gustado hablar con ellos con la botella medio vacía, los ceniceros sucios, desnudos, en sentido figurado, de cintura para abajo (JGdeB), mucho más que saber quiénes son para la historia Einstein, Lincoln, Asimov, Houdini, Freud, W. Carlos W., A Warhol, E. Rusha, N. A. Armstrong, F. Castro, Steve Martin, Lady Gaga o, incluso, Obama. Claro que a otros les pasará lo mismo con W. Disney, Schwarzenerger, , Chuck Norris, M Zuckerber, Steven Jobs, W. H. Gates.

Por cierto, resulta conmovedor el intento de algunos (Warhol, Martin, Armstrong) de desmentir la ecuación de Coetzee intentando poner una pizca de yo en juego. La firma quizá sea eso, un difícil compromiso entre dos instancias que estamos destinados a hacer convivir.

JB y un poco de yo

Fuente de las imágenes, via

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Da Einstein a Walt Disney: i biglietti da visita dei famosi

 

Da Einstein a Walt Disney: i biglietti da visita dei famosi

 

Da Einstein a Walt Disney: i biglietti da visita dei famosi

 

Da Einstein a Walt Disney: i biglietti da visita dei famosi

 

Da Einstein a Walt Disney: i biglietti da visita dei famosi

 

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Da Einstein a Walt Disney: i biglietti da visita dei famosi

 

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Da Einstein a Walt Disney: i biglietti da visita dei famosi

 

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Da Einstein a Walt Disney: i biglietti da visita dei famosi

 

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lunes, 5 de marzo de 2012

La verdad poética. Ficciones sobre la historia: Las películas imposibles de Sean Hartter y las novelas de Ph. Roth.

Los carteles de cine de  Sean Hartter me traen a la cabeza una novela de Ph. Roth, La Conjura contra América (The Plot against America, 2004. Primera edición en DeBolsillo, 2007. Trad. de Jordi Fibla). El libro reconstruye detalladamente la historia de los Estados Unidos entre 1940 y 1942 a través de la vida de un niño judío, pero partiendo de una premisa falsa, consistente en imaginar que las elecciones  que ganó por tercera vez F. Roosevelt las hubiese ganado el aviador Charles Lindbergh y se hubiera plegado, por chantaje y por afinidad, a los

dictados del Berlín nazi. Como no podía ser menos, Coetzee sintetiza bien en Mecanismos internos (Inner workings, 2007. DeBolsillo, 2010, Trad. de Eduardo Hojman) el alcance de la novela: “…La Conjura contra América es un manual de historia, pero de tipo fantástico, con su propia verdad, esa clase de verdad en la que pensaba Aristóteles cuando decía que la poesía es más verdadera que la historia; más verdadera debido a su poder para condensar lo múltiple en lo típico.”  (p.249). La conjura, en ese sentido, no sería sino “una concreción, una puesta en escena con fines poéticos de un determinado potencial en la vida política estadounidense” (p. 251). En cuanto a su calidad, seguramente no estamos ante el mejor Roth, sea el de largo aliento -El teatro de Sabbath- o el de obras más cortas -Patrimonio,  Némesis. En cualquier caso, lo que sorprende de la novela es el tratamiento realista de la ficción histórica. Sin embargo, quizá radique ahí también su debilidad, en el hecho de que los acontecimientos que se desarrollan a raíz de la falsa premisa sobre la presidencia de Linbergh, por más que aparezcan contados con  detalle y rigor contrahistórico , resultan poco creíbles, hasta producirse un efecto acumulativo que no conduce al descarrilamiento de la trama por la pericia del autor y seguramente también por su acertado uso del humor. En algún sentido, el carácter menor de la obra la emparenta con Me casé con un comunista, aunque en esta el lastre se produzca no por el trasfondo histórico, sino por la lucha denodada por salvar narrativamente a unos personajes que se agotan por momentos. Seguramente S. Bellow tenía parte de razón cuando escribió a Roth para transmitirle su decepción ante I married a Communist (Uno dei tuoi temi persistenti è la purificazione che si può ottenere solo attraverso la rabbia. Le forze aggressive sono liberatrici, etc. E questo mi sembra un punto di vista legittimo. OK, se i tuoi personaggi sono titani. Ma Eve è semplicemente una donna pietosa, e Sylphid una ragazzina viziata, debole e grassa, con una gobba da bisonte. Questi non sono titani).

Los carteles de cine de Hartter también apuestan por la justicia poética a través de la reconstrucción de la realidad histórica, pero es una justicia de fogonazos, fragmentaria, que más que explorar potencialidades de lo real a través de la ficción para entender cómo hemos llegado a ser lo que somos, expresa añoranzas y transmite  melancolía. Tristísimo Hartter, se podría decir parafraseando el título del libro de E. de Diego sobre Warhol, portador de una tristeza debida al hecho de que nada es como quisiéramos, y todo, por el hecho mismo de convertirse en real, está condenado a disgustarnos en parte, a despertar en nosotros el deseo de lo distinto más que el gozo del descubrimiento. Un melancólico juego. Otro director, otros actores, otras escenas, otro pasado, otro futuro…, pero gracias y a pesar de lo vivido.
Todas las imágenes proceden del blog del artista.
                        
                              
           
                       
            
                    
                    
               
                               
                          
                       

sábado, 4 de febrero de 2012

Reedición de entradas. Añorando el otoño. Las hojas muertas, anhelos sin cumplir en un sieso día de cierzo.

El cuerpo humano produce humores que inequívocamente se asocian con ciertos estados. Las lágrimas son la materialización líquida de la tristeza, el sudor es trasunto del esfuerzo. También el hambre o la excitación producen fluidos. Creo que lo decía Santo Tomás y lo repite Coetzee, no somos dueños de nuestras erecciones.

Somos un cuerpo como es un cuerpo cualquier otro animal, pero, a diferencia de ellos, al tiempo tenemos un cuerpo (1). Entre el cuerpo que es y el que se tiene media la conciencia, la voluntad, todo aquello que nos hace seres excéntricos, desdoblados, observadores de sí mismos, reflexivos.

La condición humana es fronteriza, en desequilibrio equilibrado permanente, en el mejor de los casos y no constituye tanto una categoría en sí misma como una negociación entre categorías. Si no existes más que en tu inmediatez, si sólo vives y experimentas, tu cuerpo es en demasía y corres el riesgo, por ejemplo, de tirarte pedos donde no debes, como un pequeño salvaje; si te distancias de tu experiencia inmediata, si tu cuerpo es demasiado tenido por ti a distancia tiendes, dicho vulgarmente, a mear colonia. Hay que bailar una danza imposible entre ser primario y/o secundario a cada instante. La naturaleza es y basta, no conoce la piedad, quizá por eso el sufriente R. Darío envidiaba a la piedra dura, “…porque esa ya no siente/pues no hay dolor más grande que el dolor de estar vivo/ ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.

Pero Natura también tiene sus fluidos y las hojas que caen, las hojas de otoño, son la materialización del tiempo que se va sigilosamente, un año más. Ella nos ignora, pero nos sirve para conocernos, para sentirnos. Mi parte pensante no puede dejar de ver en la hoja un anhelo incumplido, un momento feliz que se fue o no llegó a ser, hasta cubrir el suelo de hojarasca cada cierto tiempo. Cuando sopla viento, empiezan los remolinos de la inquietud, el amasijo de la desazón. Soy cierzomaniaco, siesomanío. Pero me recupero un poco y en seguida llamo a mi servicio de limpieza, que he externalizado y diversificado. Lo llevan empresas que funcionan bien pero con las que soy ingrato y mal pagador, amigos, lecturas, terapeutas, que me dan buenos barridos. No dejo que usen lejía, porque quiero quedarme con el regusto de lo que perdí, si no, en qué voy a pensar al ver caer las hojas de otoño, las mismas que me ahogan cuando se acumulan .

(1) Vid. Critchley, Simon, Sobre el humor, quálea editorial, 2010.

Parece que Prévert compuso la primera versión de la canción para la película Les Portes de la nuit (Marcel Carné), donde es interpretada por Yves Montand. Pero también leo que la primera grabación la hizo Cora Vaucaire.

LES FEUILLES MORTES  (paroles: Jacques Prévert, musique: Joseph Kosma):

Oh! je voudrais tant que tu te souviennes
Des jours heureux où nous étions amis
En ce temps-là la vie était plus belle,
Et le soleil plus brûlant qu'aujourd'hui
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle
Yves Montand

Tu vois, je n'ai pas oublié...
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle,
Les souvenirs et les regrets aussi
Et le vent du nord les emporte
Dans la nuit froide de l'oubli.
Tu vois, je n'ai pas oublié
La chanson que tu me chantais.
Cora Vaucaire       

REFRAIN:
C'est une chanson qui nous ressemble
Toi, tu m'aimais et je t'aimais
Nous vivions tous les deux ensemble
Toi qui m'aimais, moi qui t'aimais

Mais la vie sépare ceux qui s'aiment
Tout doucement, sans faire de bruit
Et la mer efface sur le sable
Les pas des amants désunis (bis).

A partir de 1949 se convierte en un éxito en inglés, cantada con una letra mucho menos feliz que la original, y también como standard instrumental de jazz. Hasta que K. Veneno no acabó con tanto echar de menos (Lo mismo te echo de menos que antes te echaba de más) el volcán del almíbar no se secó. Las versiones en inglés se cuentan por lo menos por decenas. He aquí algunas (Clica para leer UNA PEQUEÑA HISTORIA DE LA CANCIÓN, en inglés):

Eva Cassidy
Lyrics by Johnny Mercer and Music by Joseph Kosma

The falling leaves drift by my window
The falling leaves of red and gold
I see your lips, the summer kisses
The sunburned hands I used to hold

Since you went away the days grow long
And soon I'll hear old winter's song 

But I miss you most of all, my darling
When autumn leaves start to fall
Since you went away the days grow long  And soon I'll hear old winter's song                                                     Versión intrumental de J. Coltrane      But I miss you most of all, my darling
When autumn leaves start to fall
I miss you most of all, my darling
When autumn leaves start to fall

Y la de K. Jarret:

Hasta el tigre de Gales se sintió tentado por ella.

Y, hace poco, también Clapton:

Pero puestos a cantar al otoño, quizá sea Colchiques dans le près la canción más hermosa. Lo que pasa es que es difícil encontrar una interpretación a la altura del texto:

Colchiques dans les près
Fleurissent, fleurissent
Colchiques dans les près
C'est la fin de l'été
La feuille d'automne
Emportée par le vent
En rondes monotones
Tombe en tourbillonnant
Châtaignes dans les bois
Se fendent, se fendent
Châtaignes dans les bois
Se fendent sous nos pas.

La feuille d'automne/ Emportée par le vent /En rondes monotones/ Tombe en tourbillonnant

Nuage dans le ciel
S'étire, s'étire
Nuage dans le ciel
S'étire comme une aile
La feuille d'automne
Emportée par le vent
En rondes monotones
Tombe en tourbillonnant

Et ce chant dans mon cœur
Murmure, murmure
Et ce chant dans mon cœur
Appelle le bonheur (bis)

domingo, 25 de septiembre de 2011

Neoliberalismo prostibulario. La filosofía en los boudoirs del palacio Grazioli en tiempos de Berlusconi y en las antípodas de Coetzee.

- David, ¿tú te has sentido siempre así?

- No, no siempre. Alguna vez me he sentido exactamente a la inversa: he sentido que el deseo es una pesada carga sin la cual podría apañármelas estupendamente. (Desgracia, De Bolsillo, 2005, J.M. Coetzee)

Busco inútilmente en Desgracia, de Coetzee, un párrafo en el que el protagonista se plantea cuánto valdrían sus acciones de cuarentón o cincuentón en el mercado libre de la seducción. No lo encuentro, quizá porque pertenece a otra novela, quizá porque no lo busco desde el inicio de la obra. Sin embargo, sí que encuentro fragmentos sobre la vida erótica del protagonista formulados en términos económicos. El protagonista se acuesta con Bev Shaw, la encargada de la inyección letal a los perros de la Clínica de Bienestar de los Animales. Se trata de una mujer de mediana edad, su “cuerpo recio, sin cintura apenas, es como un barreño pequeño”, nada comparable a “las dulces y jóvenes carnes de Melanie Isaacs” (p. 187), la joven con la que ha vivido antes el romance desencadenante de su disgrace, su oprobio, y el consiguiente despido de la universidad. Después de acostarse con Bev por primera vez, se deja querer, sobreactúa pasivamente, se podría decir (“Ante la puerta, Bev se aprieta por última vez contra él, apoya la cabeza sobre su pecho. Él la deja hacer, tal como le ha dejado hacer todo lo que ella ha tenido necesidad de hacer”. Sus pensamientos vuelan hacia Emma Bovary en el momento en el que se planta ante el espejo después de su primera tarde triunfal. ¡Tengo un amante, tengo un amante!, canturrea Emma para sí”, p.188). Entonces, en esa especie de estilo indirecto libre en tercera persona tan característico de Coetzee, se aclara cómo se siente el héroe con su nueva amante:

“Bueno, pues dejemos que la pobrecita Bev Shaw regrese a su casa y cante lo que tenga que cantar. Y ya basta de llamarla pobrecita Bev Shaw. Si ella es pobre, él está en bancarrota” (p. 188).

En toda la novela está presente el tema del amor y la edad, en términos absolutos (“…diseminar su simiente vieja, cansada, simiente que no brota, contra naturam”, p. 237) y en términos históricos, ligado al puritanismo. Aparece analizado como tópico literario y como fuente de vida (el motivo de la hoguera, del fuego enriquecedor) y también de infortunio. Incluso, aparece en relación a la prostitución. Es precisamente gracias a una prostituta joven como David consigue calmarse tras su postrer encontronazo con el novio achulado de Melanie y a través de ella le es revelada de nuevo su falta de fuego interior (p. 242).

Pero, como reza la novela misma, “de eso trata la mitad de la literatura, del modo en que las jóvenes se debaten por escapar del peso de los viejos, y todo en aras de la especie” (p., 237). La literatura y, por lo visto recientemente, también la prensa. En la llamada vida real, por cierto, menos interesante y pedagógica que la ficción literaria, el reciente affair DSK es un enésimo ejemplo de los dramas del deseo.

En el caso de Berlusconi, a toda la desazón que produce un tema como el de"Italia in coma berlusconiano" Ironia e allarme sulla stampa esteraViñeta del diario Sun sobre Berlusconi (Fuente)

la diferencia, a veces muy marcada, de edad entre el cavaliere y sus partenaires, se añade toda una troupe de personajes más o menos siniestros, más o menos patéticos. La variedad de tipos involucrados en las orgías palaciegas del primer ministro italiano y de miembros de su corte de los milagros , aderezadas con comentarios autojustificativos machistas y homófobos por parte del actor principal, es enorme. Desde el bufón filofascista, hasta las diputadas maîtresses, todo evoca un mundo turbio de deseo que no tendría, sin embargo, mayor trascendencia si de por medio no existieran acusaciones de prostitución de menores o no estuviera en juego la resbaladiza cuestión de la moral privada de los políticos.

De la misma manera que Desgracia puede leerse como un intento de entender los vericuetos del erotismo del hombre “sensualista” en puertas de la vejez (también Diario de un mal año y Hombre lento tienen mucho de ello), o incluso como un artefacto ideológico que sigue el rastro que el protagonista va dejando para legitimar ante si mismo su comportamiento como una especie de mancha que limpia, también en el caso Berlusconi se ha producido no poco aparato ideológica, aunque de ínfima calidad. Seguramente, una de las piezas maestras del marco conceptual, por la claridad del planteamiento “sin complejos”, la haya dado Terry de Nicoló, una de las prostitutas berlusconiananas del núcleo de Bari. Se trata de un breviario en el que expone sus teorías neoliberales sobre la prostitución entendida como una actividad empresarial en la que el ingrediente principal no es la tan cacareada iniciativa, sino la belleza, moneda de cambio como cualquier otra:

He aquí, transcrito, un significativo momento de la entrevista (m. 1:07):

- Poi se tu sei una bella donna e ti vuoi vendere tu lo devi poter fare, perché anche la bellezza, anzi soprattutto come dice Sgarbi, la bellezza ha un valore. Se sei racchia e fai schifo te ne devi stare a casa. Perché la bellezza è un valore che non tutti hanno e viene pagato, ah, come la bravura di un medico…è così…chi questo non lo capisce, ah, il ruolo della donna viene minimizzato, ah, allora stai a casa, ma non mi rompere i XX.

- Secondo la procura, queste feste con queste donne servivano a convincere Berlusconi a far entrare questi imprenditori nei grandi appalti, fin meccanica giù a scendere, quindi la donna era vista un po’ come una tangente, se vogliamo.

- Io dico che questa definizione della donna tangente è sbagliata, perché comunqe da che mondo è mondo, voglio dire, Tarantini non ha scoperto l’acqua calda, questo sistema esiste da tantissimi anni, addirittura dalla Prima Repubblica.

- E se questa cosa danneggia l’imprenditore che non usa la donna tangente.

- Beh, scusami, non usa la donna tangente, userà le mazzette. Ma che vuol dire?

- Secondo te, non esiste l’imprenditore onesto?

- Quando sei onesto non fai un grande business, rimani nel piccolo, secondo me, no? Purtroppo è così.

Stampa estera, Berlusconi e la crisi italianaOtra viñeta sobre berlusconi, en este caso de Independent (Fuente)

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