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sábado, 29 de octubre de 2011

Reportaje-pastiche publicitario: El catering de botellón, un sector en auge. “Disfrute y lávese las manos en el lago”, es el lema de esta nueva empresa

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La noble práctica del botellón guarda seguramente lazos de parentesco con actividades de honda raigambre histórica, como la de hacer/irse de pellas(Seco, 1999, p. 3456), denominada hacer pirola en el dialecto local. En los años 70 se iba a los parques a fumar, con el sabor añadido de la clase a la que se estaba faltando mientras se daban las caladas. Pero se hacía a horas distintas de las del botellón. Los parques, junto con los cines de barrio, eran, por lo demás, el escenario predilecto de los enamorados para besarse, algo que hoy en día es menos frecuente.

Pero las actividades que cito solo son parientes lejanos del botellón, una actividad que ya es hora de que vaya ayudando a crear puestos de trabajo en el sector neo hostelero. Hasta ahora, los únicos beneficiarios del consumo buc(oalc)ólico de los jóvenes han sido las nuevas tiendas de ultramarinos -regentadas a menudo por orientales que no son precisamente los de Tiépolo-, las tiendas tipo drugstore, como el Opencor, y, en menor medida, las grandes superficies. Los viernes, por ejemplo, hacia las nueve de la noche, bandas de jóvenes en fleur deambulan bromeando por los pasillos de Hipercor con las alforjas llenas de botellas de licor. La escena hace pensar en una extraña vuelta a los años del prohibicionismo americano, si no fuera porque ahora la compra es libre y el consumo se hace al aire libre, mientras que entonces tenía lugar en las llamadas speak-easies. Ambas formas de consumo comparten el hecho de que pocas veces la policía hace acto de presencia para importunar a los bebedores.

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Pero, como decía, con casi 5.000.000 de parados ha llegado la hora de crear una pequeña industria subsidiaria del botellón, más allá de los vasos y platos de plástico. Por ello, nuestra impresa ha ideado un concepto nuevo de catering, bautizado como “Disfruta del botellón y lávate las manos en el lago”. Nuestra campaña publicitaria ha elegido como imagen de lanzamiento nuestro último servicio, realizado en el zaragozano Parque del Tío Jorge, un emplazamiento ideal, un marco incomparable, para disfrutar de un botellón personalizado y único, en el que el cliente puede gozar de distintos grados de equipamiento.

En el caso que nos ocupa, la prestación elegida incluyó una enorme tarta de cumpleaños, con vela en forma de número (cortesía de la casa válida hasta enero del 2012) y sofá desenfundable de tres plazas, que puede ser utilizado hasta por una decena de jóvenes si se emplean los apoyabrazos y el borde del respaldo . Nuestro cliente también optó por unos cojines monouso autodestructibles, en oferta este mes. El lugar del emplazamiento, junto al llamado Lago de Bebo, en homenaje al Lago de Como, cita obligada del turismo internacional de alto standing, fue escogido por nuestros asesores de imagen. El cliente prefirió ocuparse él mismo de adquirir las bebidas, pero nuestra empresa dispone de un amplio catálogo de marcas locales, nacionales, internacionales e incluso de productos artesanos de categoría gourmet, así como de una amplia gama de menaje. Por lo que se refiere a la recogida de los enseres una vez acabada la fiesta, hemos preferido externalizar el servicio, dejándolo en las manos profesionales de la empresa subsidiaria del Ayuntamiento.

Si lo que usted desea es gozar de un inolvidable botellón, pero quiere disfrutarlo cómodamente sentado, en un marco incomparable, si lo que quiere es disfrutar con sus amigos o familiares cercanos de una velada que quedará impresa en su memoria, si lo que prefiere, además, es poder hacerlo lavándose las manos en el lago, no dude en contactarnos. Primor, eficiencia y rapidez al servicio del botellón son nuestra obsesión.

Probotellón a su servicio. Servicios bajo cita previa.

Catálogo:

Uno de nuestros servicios, poco antes de la llegada de la brigada de limpieza. Se trató de una velada monográfica sobre la birra:

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Si no quiere renunciar a una marco incomparable situado a pocos pasos de la Plaza del Pilar, pero en plena naturaleza, si opta por las proximidad de una lago, en un entorno romántico, pero no quiere que una bandada de pájaros de mal agüero le arruinen la celebración, no dude en llamarnos. Evitará situaciones como esta:

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Pero si lo que quiere es que en su próximo botellón todo resulte perfecto, si desea estar seguro de que sus acompañantes se llevarán un recuerdo imperecedero, llame hoy mismo, ahora mismo, y podrá contratar dos botellones al precio de uno. Además, en premio a su impetuosidad, le haremos regalo de un largo paseo en sofá por el lago con las torres del Pilar al fondo. 30102011053

Para que usted se distienda, se alivie, eche una cabezada, admire las ranas o simplemente se deje llevar indolentemente por la corriente. Disfrute de él en cualquier momento de la velada, sin coste alguno. Simplemente deberá 30102011051invitar a sus amigos a que se sienten en la hierba, y zarpar, como si fuera un patrón de yate. Hace pocos años Zaragoza se reencontró con el agua, con su río y, desde entonces no ha dejado de darle la lata, dando muestras de inusitada obcecación en su dragado. Ahora es el momento de que usted disfrute también de nuestros recursos hídricos a coste cero.

jueves, 10 de junio de 2010

El cine siempre fue para los novios.

Hace pocos días  la prensa de todo el mundo se hizo eco del hallazgo en Nueva Zelanda de 75 películas del periodo del cine mudo, algunas de las cuales se daban por perdidas para la historia del cine. La National Film Preservation Foundation, propiedad de la Biblioteca del Congreso, en colaboración con la Filmoteca nacional neozelandesa, se encargará de su restauración. La prensa se hace amplio eco: Guardian, N.Y. Times, El País, L´espress, Repubblica.

clip_image001Weegee (Arthur H. Fellig). Palace Theatre, c1940. Wilson Centre for Photography  © Weegee / International Center of Photography / Getty Images. Foto proveniente de la exposición http://www.tate.org.uk/modern/exhibitions/exposure/default.shtm

El cine se ha prestado a todo tipo de ceremonias, individuales y colectivas, es propicio para el solitario, que puede abstraerse, relajarse ante la ausencia de la mirada ajena, es óptimo para las parejas, que pueden unir sus manos al tiempo que se ensimisman en el espectáculo, y puede servir hasta para los grupos, que encuentran en la pantalla un motivo de unión y celebran, en silencio o a través de comentarios, una ceremonia que confirma los vínculos de la colectividad.

Una de las pocas mujeres de la generación del 27, Concha Méndez, recuerda su noviazgo con Luis Buñuel y las tardes que pasaban juntos en el cinematógrafo. Fueron novios siete años antes de que Buñuel se fuera a parís en 1925:

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mentapaUlacia Altolaguirre, Paloma, Concha Méndez. Memorias habladas, memorias armadas, Madrid, Mondadori, 1990, p., 39-40.

lunes, 26 de abril de 2010

Tu nombre me sabe a cine de barrio. Manda tu foto a actividades.eoi1z@gmail.com y la publicamos

Tu nombre me sabe a hierba como el nombre de los viejos cines de barrio sabe a merienda y besos. Sus pretenciosas advocaciones (Victoria, Capitol, Universal, Elíseo, Astoria, Apolo) nos dan idea de lo que siempre ha querido hacer el séptimo arte, llevarnos de viaje por una vida embellecida, exagerada. La crítica quedaba para las llamadas “Salas de arte y ensayo” o los cineclubs. Los de estreno pertenecían a otro género de experiencia, como comer a la carta en vez de tirar del plato del día. El diario italiano Repubblica está invitando a sus lectores a que manden a la redacción fotos de cines abandonados (Las fotos publicadas: http://trovacinema.repubblica.it/multimedia/curiosita/cera-una-volta-un-cinema-le-foto-dei-lettori-1/24216881/1/1).

Dos de las fotos publicadas por Repubblica:


Cinque Terre, gita scolastica 2008. Foto: Loretta Biondi Cesena


Sperso in un paesino della Calabria (Castrovillari). Foto: Pier Lorenzo Marasco

Muchos de ellos, como en España, se han transformado en salas de bingo. Algunos de los mejores son tiendas, gimnasios, restaurantes, aparcamientos. Otros no son nada, apenas reconocibles por el aire de su fachada o el agujero de la taquilla. Pero despiertan recuerdos a quien merendó en ellos o dio sus primeros besos al amparo de la penumbra. Sesiones de cuatro horas de las que uno salía transportado a otro universo, con dolor de cabeza a menudo, de la mano de una abuela, la vecina o más solo que la una. Yo vivía en Madrid en una zona sitiada por cines. El San Remo, el Voz, el Becerra, el Universal en no más de 250 metros; y en un radio de dos quilómetros, el Fundadores, el Jorge Juan, el Victoria, el Tívoli y otros dos cuyo nombre no recuerdo. Así es que podía escoger entre romanos, vaqueros, selenitas, chicas del destape, comedias prealmodovarianas y alguna que otra peli francesa o italiana.
Estos son algunos de los nombres de las salas que aparecen en la galería de fotos de Repubblica y que a muchos les sonarán, por más que sean italianos: Excelsior, Astor, America, Harlem, Vittoria, Augusta, Apollo, Metropolitan, Capitol, Holliday, Garden, Centrale, Odeon, Embassy, Olimpia , Giardino, Lux, Ariston, Roma, Verdi, Cineritz y también Nido, de amor, por supuesto, que es en lo que las incómodas butacas se convertían a veces.

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El cine Universal, en la plaza de Manuel Becerra, Madrid. Hoy es un gimnasio.


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Una de las vidrieras del Cine Avenida, Madrid. Hoy, restaurado, es una tienda H/M