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jueves, 5 de septiembre de 2013

Fotos de animales: lo que proyectamos en ellas, lo que compartimos y lo que nos separa.


Las fotos de animales nos gustan porque son un buen ejemplo de algunas de las  características que tienen las cosas que nos gustan. Los dos rasgos sobresalientes que se encuentran en la base en este caso son, uno,  lo que reconocemos en los bichos de común con nosotros y, dos,  lo que nos sorprende, que suele ser su morfología o, a veces, su comportamiento. Por supuesto, la pericia del fotógrafo se da por descontada. Cuanto más nos recuerdan a nosotros humanos, más difícil es que la foto no tenga una punta de cursilería debida a que se suele proyectar en el animal una especie de antropocentrismo que, a menudo, suele estar lejos de la verdad en términos de etología. Un ejemplo de ello son esas fotos de abrazos entre chimpancés. Por otro lado, la foto se enfría cuando se trata de animales muy lejanos a nuestra especie, como los pájaros, a menos que proyectemos en ellos cosas parecidas a las que contenía aquel mediocre libro que se llamaba Juan Salvador Gaviota, ideales de libertad, ingravidez y cosas semejantes. Aun así esas fotos no suelen alcanzar la calidez que transmiten las de animales más parecidos a nosotros. Otra variante frecuente en este tipo de fotografía consiste en la visión de un acto cruel, por lo menos desde la perspectiva humana, cometido por animales que asociamos a la bondad o la dulzura, a veces por culpa directa de W. Disney, contra quien, como es sabido, S. Ferlosio lanzó un anatema deseándole congelación eterna por pervertir el gusto de los niños.
He aquí algunos ejemplos de fotos irreprochables en términos técnicos que acaban de aparecer en un volumen (The Masters of Nature Photography) publicado por el Natural History Museum, de Londres, y de las que el diario Guardian publica una selección comentada.
NHM Book: The Masters of Nature Photography : VINCENT MUNIER DANCING CRANES Vincent Munier(Tsuiri, Hokkaido, Japan, 2011)

NHM Book: The Masters of Nature Photography : JIM BRANDENBURG HORSE SPIRITJim Brandenburg (Oostvaardersplassen Preserve, the Netherlands, 2010)

NHM Book: The Masters of Nature Photography : PAL HERMANSEN POLAR PANORAMAPal Hermansen (Svalbard, Norway, 2005)

NHM Book: The Masters of Nature Photography : ANUP SHAH MALUI AND THE BUTTERFLIESAnup Shah (Bai Hokou, Dzanga-Sangha dense forest special reserve, Central African Republic, 2011)

NHM Book: The Masters of Nature Photography : THOMAS D MANGELSEN CATCH OF THE DAYThomas D Mangelsen (Brooks Falls, Katmai national park, Alaska, USA, 1988)

NHM Book: The Masters of Nature Photography : Frans Lanting Twilight Of The GiantsFrans Lanting (African elephants at twilight, Okavango Delta, Chobe national park, Botswana, 1988)

miércoles, 22 de mayo de 2013

La pequeña Pépée, chimpancé chez Ferré



- Il-y-a un abîme entre Pépée et les animaux, comme il-y-a un abîme antre nous et les animaux, quoi, l’abîme du raisonnement, quoi.
- Vous placez Pépée donc pratiquement comme un être qui raisonne, pense.
- Oui, mais c'est pas moi qui la place, c'est qu'elle raisonne, elle pense. On dit malin, n'est-ce pas?
- On dit malin, oui. 
- Moi, je dis que d'abitude on dit malin comme un singe, moi je dis qu'elle est malin, maline comme un homme...  (Léo Ferré)
                                         (Fuente de la imagen)

Leo en Libération una suerte de reseña de las memorias que Anne Butor, la hijastra de Léo Ferré, acaba de publicar con prólogo de Benoîte Groult. Recuerda en ellas  los años vividos con el cantautor francés.
Hacia 1960, Ferré vivía en el castillo de Pechrigal (Lot, Midi-Pyrénées) con Madeleine, su mujer de entonces, Baba, Charlotte, Titine (vacas), Arthur (toro), amén de unos cuantos san bernardos, numerosos corderos, ovejas, cabras, un pony, un búho y algunos chimpancés. Además, invitados a cenar, acudían todas las noches los perros de los alrededores, en busca de comida de mejor calidad que la que les ofrecían sus dueños. En fin, que como en la canción, no faltaba ninguno, pero nada excepcional si tenemos en cuenta el terreno disponible y el gusto laico franciscano de la pareja por los animales. En el vídeo al que pertenece la cita que figura al principio de la entrada, y que enlazo aquí, se pueden ver algunos de estos animales y a sus dueños junto a ellos.
Pero en esas, llegó un cachorro hembra de chimpancé, Pépée, y pronto mandó a parar. Férré la había conocido en 1961, cuando se la compro a un señor cuya advertencia resultó profética: "si ce n'est pas vous le patron , c'est elle".
Léo hablaba abiertamente de ella como de su hija, y Madelaine, en sus diálogos con la mona, se refería a él como papá. Nada excepcional, de nuevo. Comportamientos semejantes son relativamente frecuentes entre los propietarios de animales domésticos. La mona compartía mantel y mesa con la familia, con bastantes buenos modales, por cierto. También compartía con sus amos el vicio del tabaco y hasta daba fuego, como se aprecia en el vídeo citado, a los huéspedes. Además, le gustaba echar la siesta, y de noche, después de la tisana de rigor, se ponía el pijama para dormir en su cuarto. Ah, y no hacía ascos a  la tele, aunque prefería la inmediatez de la relación directa con las personas. Nada excepcional, quizá, de nuevo.
Una vez muerta, Ferré le dedicó una canción que da idea de la fuerza del vinculó que debió de crearse entre él y el animal. Al comparar las orejas de soplillo de Pépée con las del cantante Gainsbourg, Ferré alaba la falta de vergüenza de Pépée, que no necesitaba de scotch (ni celofán ni güisqui) para mantenerlas a raya de noche (T'avais les oreilles de Gainsbourg/Mais toi t'avais pas besoin de scotch/pour les replier la nuit). Es quizá una manera de evocar la ingenuidad del chimpancé, frente a la malicia del humano. Con el añadido, además, de que Pépée, como otros muchos mamíferos, poseía ese estatuto fronterizo entre el bicho, el niño y el humano adulto que hace posible que su dueño proyecte en ellos las virtudes del buen salvaje, el candor y espontaneidad, la fogosidad e la inconsciencia, la delicadeza de quien no está dotado para ella. No es difícil, por ejemplo, ver en un perro el brillo de una inteligencia que, sin embargo, al cabo, se deja eclipsar, en mayor o menos medida, por el instinto. Contemplar ese combate es un espectáculo del que algunas personas quedan prendadas, hasta el punto de que en los actos de desobediencia del animal ven aquello que no fueron capaces de hacer a causa de su cobardía o de una pacata valoración de riesgos. El animal se deja ir, presta oído a esa llamada de la selva que nosotros intentamos ignorar a menudo.
Pépée, entre tanto mimo, como había profetizado su anterior dueño, se había convertido en el amo de la casa. Fastidiaba a quien no le permitiera hacer lo que quería, mordía con saña al servicio y a la hija de Madelaine no le dejaba hacer los deberes. A veces, como un ángel terrible de los de las películas de Pasolini descubría la falsedad de la vida burguesa, poniendo al desnudo su vacuidad. Un día, durante la vista de un prefecto y señora, hace acto de presencia y tras servirse un buen pedazo de carne, quita las pulseras a la invitada, la pajarita y el reloj al marido y, a continuación, las pieles y el sostén a la misma a la que ya había dejado sin joyas. No se olvida, por cierto, del collar de madame, antes de ponerse a salvo de su ira. Una ira, que quizá le hubiese costado la enemistad de los Ferré, porque cualquiera que osase oponerse a su permisividad con el animal se arriesgaba a caer en desgracia. Pequeñita (1'20 cm de altura aprox), pero fuerte (como cinco o seis hombres), Pépée definitivamente ha creado una monarquía en casa anarquista. Ella es la princesa y el bufón. Sus enormes caninos, además, aumentan su poder de convicción. Gare au gorille!

Anne Butor, en un momento dado, deja el hogar para volver con su padre. Y hasta el mismísimo Léo, de  veleidades jainitas en su pasión animalista, no puede más. Abandona entonces el castillo de Lot para volver a París, poco después de que Pépée hubiera sufrido un accidente. No acabo de saber si se trata de una separación que presumía terapéutica, de un huida en toda de regla para comprar tabaco o de que tenía que atender a sus negocios. En cualquier caso, no volverá a verla viva y, además, terminará por separarse de Madelaine. Su último adiós será una hermosa y sentida canción de amor que recuerda las manazas de Pépée, su gran corazón, sus ojazos y su corta vida, que llegó hasta el día 7 de abril de 1968, el más cruel de los abriles. Mayo no cambio el mundo, tal vez era solo un brote agudo de conflicto generacional, pero hizo entrever unos ideales de vida que sin duda Pépée hubiera podido compartir. Eso sí, si antes hubiera pasado por la escuela de reeducación de un buen encantador de chimpancés.
En una entrevista en la que Ferré hablaba de las cosas de Pépée en el tono maravillado que solemos usar los dueños de animales para contar sus portentosas anécdotas, la entrevistadora le pregunta a bocajarro si ha querido a algún ser humano tanto como a Pépée. Él, emocionado, contesta: Me deja sorprendido...No lo sé:


Nada extraordinario, tal vez, aunque a K. Lorenz le hubiera parecido un auténtico despropósito.


Enlace a la canción de Ferré en la versión italiana.

domingo, 5 de mayo de 2013

Le destin, c'est le caractère (Novalis)

 

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DESTINÉE

(14 juin 1889) Avons nous une destinée? Sommes nous libres? Quel ennui de ne pas savoir! Quels ennuis si on le savait! (Journal, 1887-1910, Renard, Jules, Actes sud, 1995, p. 105)

viernes, 3 de mayo de 2013

¡Un perro en el coche, qué dolor, qué dolor! Las fotos de Martin Usborne: The silence of dogs in cars

 A veces me lo encuentro en el sitio del copiloto, sobre todo cuando tiene las pata sucias de barro; otras, se tumba en el hueco que hay entre los asientos de atrás y de delante, como queriendo decir que con él (¿él?) no va la cosa; en un par de ocasiones, lo he pillado sobre la bandeja de atrás, como si lo hubiera comprado en un mercado vintage para dar ambiente hogareño al coche. Solo le falta mover la cabeza de un lado a otro, aunque con su tamaño chocaría con el cristal. Lo cierto, es que hace tiempo dejó de viajar en el gran maletero para asentar sus lindas posaderas donde, dentro de unos lábiles límites, le ha dado la gana. En el gran maletero viajan ahora unos barrotes que compré para aislarlo. Sí, claro, se me olvidaba decirlo, lo ato, y con su arnés rojo de los viajes largos es digno de ser visto.
La relación del perro con el coche es cosa que fluctúa entre el amor y el odio. Odio, porque es el vehículo que le lleva a la guardería canina, al veterinario, quién sabe dónde…; amor, porque no se queda solo en casa, porque viene conmigo, con la estrafalaria manada humana a la que pertenece. En verano, dejarle dentro para ir a hacer algo requiere toda una serie de precauciones ligadas al sol. Lo primero es saber si el coche está aparcado a la sombra, en el momento de dejarlo y durante el rato que va a estar solo. Después, hay que dejar las ventanas entreabiertas, lo suficiente para que pueda respirar, pero no tanto como para que alguien pueda hacer un chandrío.
Todo lo anterior ha sido escrito para demorar el recuerdo de la oscura sensación que se vive en el momento de dejar al animal encerrado. El fotógrafo Martin Usborne ha dedicado una larga serie de retratos a canes dejados solos en los coches. El origen, según leo en la documentación de la expo, se encuentra en un recuerdo de infancia de Usborne, quien vivió una mala experiencia con sus padres. Mientras ellos compraban en el supermercado, se sintió abandonado sin remisión. De ahí quizá, el tono dramático que por momentos tienen sus retratos, teatralizados a través de la iluminación y el efecto que produce la nieve o la lluvia en el exterior, por ejemplo.
Es quizá eso lo que menos me gusta de algunas de sus fotos, la sensación de que ha cargado las tintas, como si no bastara un tono neutro para transmitir la desazón del animal  encerrado en un sitio que intuye que no está hecho para ese fin. Si es verdad que el fotógrafo se sintió abandonado para siempre por sus padres, es posible que la herida le haya hecho magnificar la situación de momentánea soledad, quizá no tan dramática en la mayoría de los casos. Pero es posible también que la sensación de abandono sea parte de un reproche más amplio, de deudas afectivas más profundas que encuentran vía de escape en esa situación. Quién sabe, quizá Usborne ha proyectado en los perros un desamparo desmedido. Entonces, ante la inseguridad que produce un sentimiento no suficientemente aclarado,  proyectamos en otros lo que nos pasa a nosotros. También me ocurre a mí, pero al revés, en este caso. Con tal de alejar el sentimiento de culpa por el abandono del perro en el coche, a veces de más de una hora para ver exposiciones de fotos, minimizo el hecho de que en la mirada de un perro a través de los cristales cerrados hay una llamada infinita de compañía. Quizá haya que aceptar que la vida está hecha de paréntesis, incluida la de los perros, divinidades emergentes de la vida cotidiana.
(La serie completa en la página web del fotógrafo) (Enlace a la galería en la que han estado expuestas las fotos hasta el día 27 de abril)
(Fuente de las fotos) ''Dogs in car'', la solitudine dei cani parcheggiati in autoImages © Martin Usborne

''Dogs in car'', la solitudine dei cani parcheggiati in autoImages © Martin Usborne

''Dogs in car'', la solitudine dei cani parcheggiati in autoImages © Martin Usborne

''Dogs in car'', la solitudine dei cani parcheggiati in autoImages © Martin Usborne

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''Dogs in car'', la solitudine dei cani parcheggiati in autoImages © Martin Usborne

                 ''Dogs in car'', la solitudine dei cani parcheggiati in auto
Images © Martin Usborne

lunes, 13 de agosto de 2012

Mancha que limpia. Una perra dálmata adopta a un cordero blanquinegro


Frecuentemente a continuación se hacía el "Homenaje a Echegaray". Lo anunciaba Federico diciendo ¡Homenaje a Echegaray! y todos enrollábamos las servilletas y las situábamos a la altura de la frente y Federico decía "no llores hija que esta mancha es mancha que limpia" y al punto todos soltábamos el extremo que sosteníamos y las servilletas caían como un telón y quedábamos un momento con las caras tapadas y todo lo hacíamos con la mayor seriedad y sin más comentarios nos poníamos a comer. Las gentes que estaban en el comedor se quedaban perplejos ante tan curiosa representación. Recuerdo del Teatro Universitario LA BARRACA, Jacinto Higueras Cátedra
Ya sé que no debo antropomorfizar a mi perro, que solo es una persona no humana y nada más, como me recuerda a menudo mi hija, dispuesta a no darle de beber agua del bidé ni pechuga de pavo ni queso entre horas ni unticos de salsa en la mesa, como si por ser él otra cosa distinta de nosotros la severidad estuviera más justificada. También sé que extraer lecciones morales del comportamiento de un animal es cosa errónea, porque según  mi formación tomista, el bicho carece de libertad y, por tanto, de mérito. Si no hay mala tentación no puede haber merecimiento. Pero es que hay noticias de las que circulan por internet y a menudo aparecen en los telediarios, que cada vez  parecen más una mezcla de revista de variedades y reportajes de fenómenos de feria, que resultan ser fábulas morales, cuentecillos bábrico esópicos sobre las nuevas familias. En el cine, quien mejor ha sabido tratar el tema de las tensiones entre la afinidades electivas y las de la sangre, quizá haya sido C. Eastwood. No hay película suya en la que no haya un canto a la superioridad de lo electivo sobre lo sanguíneo, aunque, en realidad, el director americano da el do de pecho cuando presenta conflictos entre esos dos polos de atracción, a menudo divergentes. No puedo evitar leer historias como la que se presenta en estos dos videos en esa clave. Se trata de una hembra de perro dálmata que parece haber adoptado a un cordero lleno de manchas que había sido rechazado por mamá cordero, procreadora de un rebaño inmaculado. Claro que, quizá la lectura correcta de la anécdota es la contraria, o sea, que la dálmata se ha hecho cargo del bebé porque se parece a los cachorros de su estirpe, más que por otro tipo de convergencias.
En fin, la historia viene al pelo para recordar el título de una obra de teatro de Echegaray que Lorca utilizaba como expresión, seguramente para referirse a acciones que podrían ser consideradas criticables según la moral tradicional, pero que vistas con ojos más libres, están llenas de virtud.


Otras entradas sobre el tema:
- Amores dispares: Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará.
- Il cagnolino rampante. Paternidades putativas. Clint Eastwood y una gallina.
- Hay afinidades electivas que o te matan o te hacen feliz.

martes, 31 de julio de 2012

Lecturas de verano 2012 (X). Perroposiciones entre las flores, según la RAE


- Lecturas de verano (2010)
- Lecturas de verano 2012 (I). Amor con hache.
- Lecturas de verano 2012 (II). La edad de oro de las subvenciones.
- Lecturas de verano 2012 (III). Dieta de adelgazamiento del estado.
- Lecturas de verano 2012 (IV). Noli me tangere: neodespotismo ilustrado.
- Lecturas de verano 2012 (V). Exposiciones (I).
- Lecturas de verano 2012 (VI). Exposiciones (II). Nacho Criado, el peso de la imagen.
- Lecturas de verano 2012 (VII). Exposiciones (III). ¡…y no estabas tú!
- Lecturas de verano 2012 (VIII). Feisbuquización de muro de cemento
- Lecturas de verano 2012 (IX). Exposiciones (IV). Malos días para la tristeza

La lista oficial de las perroposiciones según la  RAE y ASALE para el español actual es: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, so, sobre, tras, versus y vía.
Locuciones preposicionales : acerca de, al lado de, alrededor de, antes de, a pesar de,cerca de, con arreglo a, con objeto de, con tal de que, con tal que, debajo de, delante de, dentro de, después de, detrás de, encima de, en cuanto a, enfrente de, en orden a, en pos de, en virtud de, frente a, fuera de, gracias a, a merced de, junto a, lejos de, por culpa de, respecto a, etc.

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viernes, 4 de mayo de 2012

Inventario de voces, que por mayo era, por mayo. Formato Perec.


Obra de Pedro Portellano en la exposición Inéditos, 2011, La Casa Encendida (Madrid).

1. Cuando preguntas, contenida, a través de la puerta, si estoy ahí;
2. La de los arrieros que al atardecer oyó Gil-Albert; 
3. Aquella vez que dijo algo, no sé qué, invisible ella en medio de un grupo, supe que había venido, dejé de leer el periódico y fui feliz; 
4. Cuando, yo con anginas, tú me tarareabas “A la luz del cigarro voy al molino”;  
5. Mi hija, ronca, de vuelta a casa tras una larga noche de fiesta, que dice, ¡hola papá!
6. Rapunzel, encerrada en su torre sin puerta ni ventana, enamorada de un príncipe que oye cantar a lo lejos; 
7. Desde la cama, a oscuras, la confusa discusión de mis padres, un portazo al final; 
8. Nina Simone, dulcemente áspera,  Love me, love me, say you do!;  
9. Bette Midler, dibujando mi deseo adolescente, en Do you wanna dance?; 
10. El descubrimiento, ¡oh, sorpresa!, a los 30, de mi odioso retintín, de cura reprochón, gracias a una película que grabamos de Alicia, sin saber que había audio; 
11. Marcia, la protagonista de Némesis, la novela de Ph. Roth, al teléfono, cantando una nana a su novio, enfermo de polio, todavía latente. Una voz, por tanto, inexistente; 
12. Mis nombres, latiguillos, latigazos, ¡Javier, papá, hijo, señor, profesor, oiga, no escuchas, no chilles, no hables de una habitación a  otra, si quieres decirme algo ven aquí!
13. Roco, el perro que una vez cantó una canción de Enya, allá por el 2001, imitándote; 
14. Alicia, en plena noche, con un pijama manta amarillo, junto a nuestra cama, de viaje desde su cuna, ¡(A)quí (es)toy!
15. Yo, que grito, ¡mía!, porque quiero dar un buena volea y quedarme a gusto, bien a gusto;
16. La voz imaginada de Clelia, en La cartuja de Parma; 
17. La envidia de la voz de Miguel, ligeramente nasal; 
18. Dos actores doblados por el mismo doblador, uno, una gran estrella y el otro, un buen secundario. Darme cuenta de que son el mismo; 
19. Ricardo Vázquez Prada, pocos meses antes de morir, en una canción dedicada a su nieta, con la voz más joven que nunca le había oído; 
20. Dinio y su acento cubano, ¡Mi amoor!; 
21. Melanie, hombre y mujer, en Beautiful people.


              
Obra de Pedro Portellano en la exposición Inéditos, 2011, La Casa Encendida (Madrid).

lunes, 30 de abril de 2012

¡Quíén fuera alpaca!

Con el calor veraniego ya en el horizonte, les llega a las alpacas el turno de ir a la peluquería. A mí también me llega, porque, aunque escaso y poco calorífero, no deja de crecer este jodido pelo, un tiempo fuente de dicha y orgullo y hoy doméstico no del sol, como el gallo de Góngora, sino de los años que pasan.

Voy pidiendo a las mujeres con las que tengo algo de confianza –no la tengo con ningún hombre- que me eviten el mal trago de ir a la peluquería, pero no se apiadan de mí, que si va a quedar mal –mejor mal que relamido, como va a quedar en la peluquería-, que si se va a llenar todo de pelos –me comprometo a usar la escoba, el aspirador ciclónico y hasta el desinfectante-, que si las tijeras no cortan –no se me ocurre nada que decir.

(Fuente de la fotos)

Austria, facce da alpaca per la tosatura di primavera

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Austria, facce da alpaca per la tosatura di primavera

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Austria, facce da alpaca per la tosatura di primavera

sábado, 31 de marzo de 2012

¿De raza le viene al oso?

Hay familias en las que la hermosura no está en absoluto repartida. Por ejemplo, en el caso de Rocco y sus hermanos, la película de Visconti, casi todo lo bueno y bello se lo quedó Alain Delon; en el caso de los Karamazov, había exceso de humores, pero cada una de las virtudes o de las  taras, casi en estado puro, se la llevó un solo hermano; entre el Sueco y su hermano pequeño, de la Pastoral americana (Ph. Roth), la donosura estaba también muy mal repartida; entre Natasha y Sonia, de Guerra y Paz, ídem de ídem, pero es que  la injusticia poética en este caso era casi obligada, porque las dos jóvenes, en realidad, no son hermanas. La menos atractiva, Sonia, es la adoptada.

En la realidad, supongo que hay variantes de todo tipo. Desde esencias de perfume o miasmas concentradas en un solo miembro, hasta aguas de toilette que se tienen que repartir tres o cuatro.  A mi por ejemplo, me tocaron una manos que nunca fueron de mi agrado, pero las de mis hermanos me evocan los conciertos de piano románticos. En otros capítulos, gracias a mamá naturaleza, no me considero desafortunado. Ya veremos cómo se comporta el fondo de armario genético cuando, pronto ya, el aspecto deje casi de contar y pasen a primer término las insidias de la edad.

Todo lo anterior viene a penas a cuento para presentar a la hermosa Anori, hermana del  bello Knut, la anterior estrella del zoo berlinés de Wuppertal. Si el recientemente fallecido Knut era simpático además de guapo, Anori no le va a la zaga. Ya sé que a nadie le huelen sus pedos, ni siquiera en el ascensor, ni le parecen sus hijos feos, pero es que, en este caso, no habrá humano que no esté  de acuerdo en que mamá osa puede gritar a los cuatro vientos lo orgullosa y feliz que se siente de su hija. A menos que la vea un poco rarita, pues si no fuera por el porte de las patas y el hocico, más parecería un corderico de Semana santa que un cachorro de temible ursus maritimus.

(Fuente de las fotos)

Anori, la sorella dell'orsetto Knut nuova star dello zoo tedesco

Anori, la sorella dell'orsetto Knut nuova star dello zoo tedesco

Anori, la sorella dell'orsetto Knut nuova star dello zoo tedesco

Anori, la sorella dell'orsetto Knut nuova star dello zoo tedesco

lunes, 5 de marzo de 2012

La dura vida de un lobo

“Los peores son los que lo olfatean y tratan de lamerle la mano. Nunca le han gustado esos lametones, y su primer impulso es el de alejarse. ¿Por qué fingir que es un camarada, cuando en realidad es un asesino? Sin embargo, se ablanda. Un animal sobre el cual pende la sombra de la muerte, ¿por qué iba a sentir que se aparta como si su tacto fuese una aberración? Por eso les deja lamer su mano si quieren, tal como Bev Shaw los acaricia y los besa cuando se lo permiten.

Espera no pecar de sensiblero. Procura no mostrar sentimientos a los animales que mata, ni mostrar sentimientos a Bev Shaw. Evita decirle: «No sé cómo puedes hacerlo», para no tener que oírle responder: «Alguien tiene que hacerlo». No descarta la posibilidad de que en lo más profundo Bev Shaw tal vez no sea un ángel liberador, sino un demonio, y que tras sus muestras de compasión puede ocultarse un corazón tan correoso como el de un matarife. Trata de mantenerse con la mente bien abierta.

Como es Bev Shaw quien empuja la aguja y la clava, es él quien se ocupa de disponer de los restos. A la mañana siguiente a cada sesión de matanza, viaja con la furgoneta cargada al recinto del Hospital de los Colonos, a la incineradora, y allí entrega a las llamas los cuerpos envueltos en sus negras bolsas”. (Desgracia, Coetzee, DeBolsillo, 2005, p. 180. Trad. Miguel Martínez Lage)

 

Hay cosas en este video que le revuelven a uno el estómago y la conciencia. Y no estoy pensando en la crueldad de algunos con los animales, sino en esa lábil frontera entre las personas y las bestias, en lo difícil que es saber cómo comportarse con ellas, en la imposibilidad de establecer fronteras claras que delimiten hasta dónde deben llegar nuestros desvelos para salvarles la vida, para cuidarlas.

I

El lobo, llamado Navarre, fue encontrado el pasado 9 de enero  casi congelado, con las piernas paralizadas, desnutrido y con 35 perdigones en el cuerpo. Recuperado gracias a un masaje cardiaco y la respiración boca a boca, fue acogido en un centro dedicado a la protección animal, el Centro tutela e ricerca fauna esotica e Selvatica Monte Adone (Bologna), donde fue operado y después atendido durante su rehabilitación.

Navarre, il salvataggio e le cure

Navarre, il salvataggio e le cure

(Fotos)

II

Dos meses después el lobo todavía no puede ser soltado para que viva en libertad, pero ya pasea por su jaula. La debilidad de sus patas traseras es aún evidente.

domingo, 5 de febrero de 2012

Amistades dispares, días impares.

Guardian publica una serie de fotos de amistades dispares, cada una de ellas con una breve reconstrucción de cómo estos amici per la pelle llegaron a encontrarse. Es muy probable que dentro de un rato esta entrada anocillada haya desaparecido. Ni el frío reinante podrá darle una consistencia aceptable. Pero hay días en los que no cabe sino empalagarse hasta el hartazgo para después rebotar, salir de esas nubes que se instalan a la altura de las sienes . No hay peor sensación térmica, como gustan de decir los hombres del tiempo, denominación con la que Eliot dudó antes de encontrar los hombres huecos. 

Por mi parte, un pequeño esfuerzo de sacudirme la pesadumbre consistiría en decir que seguramente uno de los dos amigos se chivará del compañero o que el más grande se zampará al otro a la vuelta de la esquina o cuando se gire el fotógrafo, pero eso también pasa con los vecinos del quinto, los mismos de los que los inquilinos de otros pisos suelen decir que eran personas muy normales, con los que se saludaban siempre al cruzarse y a los que no habían oído nunca levantar la voz…Pero todo eso serían burdas racionalizaciones. Por eso les pido que hagan como si no lo hubiera dicho, que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Las historia y las fotos parecen provenir de un libro en el que se cuentan 50 casos de cariños insólitos:

Unlikely Friendships

By Jennifer Holland

Paperback (other formats)

RRP £9.99

 

 

Cabe preguntarse si son tan insólitos o de lo más comunes. Lo podría confirmar la cita bíblica que, como siempre, ya lo anunciaba:

"Isaiah" 11:6: "The wolf shall dwell with the lamb, and the leopard shall lie down with the young goat, and the calf and the lion and the fattened calf together; and a little child shall lead them" (Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará)

unlikely-animal-friendships-in-picturesThe potbellied pig and the rhodesian ridgeback                     Photograph: Fame/Barcroft

 

Unlikely animals friends: The macaque and the cat

The macaque and the kitten (Photograph: Anne Young)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Unlikely animals friends: The African elephant and the sheep

The African elephant and the sheep (Photograph: Rex USA)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Unlikely animals friends: The greyhound and the owletThe greyhound and the owlet (Photograph: Rex USA)

 

Unlikely animals friends: The pitbull, siamese cat and chicksThe pitbull, siamese cat and chicks (Photograph: Helen J Arnold)

 

imageÉ un incontro di mani quest’amore (Foto: el menda)