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jueves, 4 de noviembre de 2010

Aldabas de Praga (II)

Aldabas de Praga (I)

Praga no suelta. No nos suelta a nosotros dos. Esta mamaíta tiene garras. Hay que adaptarse o… Deberíamos prenderle fuego en dos puntos, el Vyšehrad y el Hradschin, y así sería posible liberarnos. Piénsatelo un poco hasta el carnaval (F. Kafka en carta a Oskar Pollak, 1902 –citado por Ripellino Angelo Maria, Praga mágica, Julio Ollero edito, 1991, p., 19).

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domingo, 24 de octubre de 2010

Aldabas de Praga (I)

Aldabas de Praga (II)

Hablábamos sin cesar, dijo, J., G. y yo, de Europa Oriental, llevaba toda la velada oyéndonoslo hacer, pero ¿no podíamos entender que incluso al utilizar esa denominación estábamos, aun sin darnos cuenta, actuando en connivencia con los soviéticos y aceptando el statu quo? ¿Europa oriental?, dijo fulminándonos con la mirada uno a uno, ¿dónde estaba eso? ¿Dónde comienza Europa oriental? ¿En Moscú? ¿En Budapest? ¿En Praga? ¿En Viena?
Banville, John, Imágenes de Praga, Madrid, Herce, 2008, p., 58.

Quizá la gran victoria de las marcas, punta de lanza del capitalismo globalizado, ha sido que hasta los muertos de hambre luzcan cinturones falsamente barriobajeros de Dolce e Gabbana o gafas elegantemente gansteriles de Prada, sean numeradas o copiadas. Que los niños africanos lleven camisetas de la selección española puede que sea motivo de orgullo para algunos, pero desde luego también engorda los bolsillos de las fabricantes de ropa deportiva. Es curioso que no hay emoción colectiva que sea celebrada por los medios de comunicación que no tenga un sponsor multinacional más o menos escondido detrás. Hasta los hospitales psiquiátricos han sido fagocitados por Coca-cola. En nuestro mundo urbano el rey de este teatro de representaciones es el accesorio y el escenario ideal el fin de semana, las reuniones con los medio amigos o conocidos, que es con los que mejor se puede fingir ser lo que querríamos ser, aparentar, incluso ante nosotros mismos, que tenemos buen gusto, somos burgueses como el que más, hasta darnos el pego por completo hasta el siguiente sábado. Ese guiño al otro, la búsqueda cómplice de distinción, está menos ligada a las prendas principales que a los accesorios. Y es que, en el fondo, metidos a aparentar, es mucho más fácil hacerlo con un bolso o unos zapatos, o una estancia en un spa, que con un traje a medida que con un coche de 40.000 euros o una buena casa, difícil de encontrar en rebajas. En el extremo de la expresividad representativa, como un gesto histérico, están esas chaquetas o abrigos que llevan la marca en una etiqueta como de cuello pero cosida con cuatro puntadas en la manga, una suerte de aviso luminoso con la frase “no te vayas a creer”. Se ven mucho en las bodas de medio pelo. En el estilo casual y con la crisis de por medio, Zara, Mango y demás, son bien aceptados, eso sí, en compañía de buenas gafas o bolsos de de Loewe, de los que tanto abundan en los autobuses a las horas punta. En la idea tradicional de la elegancia, el accesorio, como su nombre indica, era algo secundario, el pañuelo blanco en el bolsillo de la americana no era más que la guinda de un buen pastel. Es proporcionalidad en relación al conjunto suelen respetarlas las aldabas, quizá como síntoma de una sociedad férreamente estructurada, no se si más clasista, pero desde luego más unívoca en su simbolización. Praga no es una excepción y casi podríamos decir que los portales de palacios de un rango inferior a 7 sobre diez han preferido prescindir del accesorio, no fueran a ser tachados de pretenciosos. He aquí una selección de llamadores:
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jueves, 21 de octubre de 2010

Chamarileros de Praga y Zaragoza. Frotándome las manos ante el próximo rastrillo de la Fundación Ozanam: Pieles de zapa de segunda mano.

Para el paseante urbano, a menudo remiso a las escapadas de fin de semana, a los cruceros y a los viajes exóticos, el lugar de las maravillas puede ser la tienda de un chamarilero. Los locales de estos anticuarios de segunda o tercera clase o mano reúnen en sus locales la más amplia variedad de polvorientos objetos que se pueda imaginar. En realidad, pocas de las cosas que acumulan son de gran valor, ninguna piel de zapa (1), sino más bien lo mismo que se suele tener en casa, pero traducido a la casa del abuelo o, en el mejor de los casos, del bisabuelo. Copas, botes, algún mueble, objetos de tocador y escritorio, pequeños electrodomésticos, pueblan sus estantes y el suelo. En Zaragoza no hay muchas de estas tiendas, en realidad ninguna comparable a lo que he visto en Praga, pero algo se parecen a ellas los almacenes de algunas fundaciones benéficas o comunidades de ayuda, como, por ejemplo, Remar, cuya tienda se autodenomina hiperrastro. También el mercadillo del Foto2141

Parque del agua ha reservado una amplia zona a los chamarileros y, dentro de poco, a partir del próximo día 29, en la Sala Multiusos del Auditorio, se celebrará el Rastrillo de la Fundación Ozanam, verdadero paraíso para los aficionados y para los necesitados de las cosas viejas.

(Obra del pintor abstracto aragonés Vera adquirida en el rastrillo de Ozanam hace unos años por unos 60 euros)

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Lámpara de Murano adquirida en el rastrillo de Ozanam por unos 50 euros. Las piezas rotas fueron sustituídas por otras de una lámpara mallorquina (Gordiola).

Durante el último puente de octubre me dejé llevar a Praga y entré en una de estas tiendas con la debida cautela, pues resulta fácil tirar al suelo involuntariamente o adrede los cacharros. Una de las personas que venía conmigo preguntó al encargado cómo hacía para limpiar todo, porque, en efecto, el polvo, complemento ideal del sitio, brillaba por su ausencia. El tipo contestó con coquetería de anticuario que ni se le pasaba por la cabeza limpiar. Pero, al caer en la cuenta de que efectivamente si hacías resbalar impertinentemente el dedo por encima del marco de un horrible cuadro la suciedad no se acumulaba más allá de lo que ocurre a menudo en casa, debió acordarse de que había vaciado el local para unas reparaciones un mes antes. “Al sacar las cosas debieron perder algo de su polvo”, dijo con retintín. Noté que se adueñaba de mí un impulso locuaz y con espontaneidad poco frecuente le dije que la imagen que yo tenía del paraíso se parecía mucho a su tienda. Volvió a sonreír y con aire satisfecho dijo que las cosas las había puesto él. De ahí a la conclusión que extrajo faltaba poco, pero si yo me hubiera encontrado en su lugar, me la hubiese callado. “Entonces soy como dios”, dijo satisfecho. Sonreí, pero el tono que estaba adquiriendo la conversación, que además se estaba produciendo en inglés, empezaba a no interesarme, porque se aprovechaba de mi comparación con el paraíso. Para poner las cosas de nuevo en orden le pregunté el precio de unos calendarios de escritorio de los años treinta, uno checo alemán y el otro solo checo. Al hacerlos girar cambiaba el día del mes. Eran caros y teníamos prisa, así es que tuve que marcharme del Edén, porque mi Eva y sus secuaces habían decidido que Praga ofrecía otras tentaciones más suculentas. Antes de irme, el individuo, con tono cómplice, como quien ha notado algo común en el otro sin que haya habido declaración de gustos e intenciones, me dio su tarjeta de presentación, que no es otra que esta, por su lado A:

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Y por su lado B, que no es otro que un envoltorio de chocolates Lind, 70 % de cacao:

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En sitios como este, salvo hallazgos poco probables, no hay cosas de gran valor, ni siquiera de gran valor mágico. Su gracia está en que los objetos pasados por el filtro de los años vuelven a adquirir la magia que la rutina les robó y si son muchos, todos juntos y dispuestos abigarradamente, a algunos nos ofrecen una decadente imagen del paraíso, aunque también nos recuerden que un día no estaremos aquí. No hacen, en definitiva, saborear el tiempo.

(1) La inscripción que el protagonista de La piel de zapa, de Balzac (Balzac, La Peau de chagrin, Gallimard,1974, p. 61), encuentra durante su visita a los almacenes de anticuario:

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sábado, 16 de octubre de 2010

La Virgen del Pilar en Praga dice…, pero ¿qué dice?

Si como señalaba Manuel de Lope en Iberia. La imagen múltiple (Debate, 2005) la basílica de El Pilar de Zaragoza tiene algo de central nuclear religiosa, la capilla de la virgen sería el núcleo del reactor y los curas y personal a cargo del templo los técnicos que se ocupan de su mantenimiento.

pilaricosUnos infanticos junto a una fuente de la Plaza del Pilar.

pilarDetalle de la fuente en un extremo de la plaza.

La zona de enfriamiento de las aguas podría ser la fuente que en forma de cascada se encuentra en un extremo de la plaza, demasiado grande como para no sospechar que se trata de algo más que una mera plaza de ciudad. La conocida ofrenda que se celebra estos días, según la diseñó no mucho ha Bigas Luna, que tiene acciones en un local (El Plata, cabaret ibérico) no muy distante de allí, supone la colocación a la vista de todos de una réplica de la imagen de la Virgen. A cualquiera que pase por allí sin conocer de qué se trata le sorprenderá el tamaño de la virgen en relación al alboroto y profusión floral que la rodea, como ocurre con la grandiosidad del templo mismo en relación a su advocación. De ahí que la comparación con un reactor nuclear tenga sentido.

Según la conocida jota, La Virgen del Pilar dice que quiere ser capitana de la tropa aragonesa y un orgullo singular tienen los aragoneses porque tienen por patrona a la Virgen del Pilar, pero las vírgenes del Pilar no son solo aragonesas. En el folclore, por otro lado, la aparición de seres sobrenaturales femeninos cerca de los cursos  de agua es frecuente. Así ocurre, por ejemplo, en las leyendas melusinianas.

Hace muy poco, he pasado unos días en Praga, en parte huyendo del follón de las fiestas zaragozanas. Cuál no sería mi sorpresa al ver un cartel que me resultaba indescifrable con la imagen de la Pilarica. Y es que el 12 de octubre es un día dotado de energía nuclear, cuya potencia es enorme y goza tanto de admiradores como de detractores.

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Uno de los personajes sobrenaturales más conocidos de Praga es el Golem. En las tiendas de souvenirs hay tantas figuritas de arcilla como imágenes de la Virgen de El Pilar en las tiendas que rodean la plaza homónima. Al bajar del Castillo de Praga, me paré frente a una residencia presidencial, miré hacia arriba y en la ventana del piso superior estaba él, estandarte de otras advocaciones, otras tradiciones, quizá otras ilusiones, en el múltiple sentido de la palabra.

Foto2105Foto de la fachada de la residencia presidencial.

imageDetalle de la foto anterior en el que se puede apreciar la imagen del Golem en el alfeizar de la ventana.