domingo, 8 de abril de 2012

Cioran sobre la escritura a dos euros (I)

Desde que Savater dejó de hablar a menudo de él, casi no había vuelto a verlo citado. En mira por dónde. Autobiografía razonada (Savater, F, Punto de lectura, 2004) Savater lo retrata como alguien sensato y pragmático como pocos, adalid de la prudencia en su vida cotidiana, un rasgo, el de la prudencia, que, según el filósofo vasco, es frecuente entre los grandes pesimistas. Eso en el trato íntimo, porque en sus escritos Cioran (en rumano, se pronuncia de forma parecida a como si en castellano se escribiera Choran) pertenece a la línea de los enfermos de bilis negra, en cuyo olimpo reina Quevedo. Savater lo asocia a los grandes iracundos del S.XX, Céline, Thomas Bernhard, Fernando Vallejo (ibid., p. 280-290).

Anteayer estaba yo pasando un par de días en Bayona, donde llovía a mares. Fuimos a un centro comercial y durante un rato me quedé solo. Se me ocurrió ir a ver libros a la pochothèque. De repente, encontré una breve antología de aforismos de Cioran a dos euros (Ébauches de vertige, Folio, 2011. Seleccion). Pertenecen a L’ Écartèlement, Gallimard, 1979).

He aquí alguno de ellos, unidos por el tema común de la escritura. Doy la versión original en francés y una traducción al español:

1. “Si l’on pouvait enseigner la géographie au pigeon voyageur, du coup son vol inconscient, qui va droit au but, serait chose imposible” (Carl Gustav Carus). L’écrivain chi change de langue se trouve dans la situation de ce pigeon savant et désemparé.

Si se pudiera enseñar geografía a la paloma mensajera, de repente su vuelo inconsciente, que va derecho a su objetivo, sería algo imposible” (Carl Gustav Carus). El escritor que cambia de lengua se encuentra en la misma situación que esa paloma sabia y desamparada.

2. Peut-être ne faudrait-il publier que le premier jet, avant donc de savoir soi-même où l’on veut en venir.

Quizá no habría que publicar más que el primer chorro, antes de saber uno mismo a dónde se quiere llegar.

3. Un livre doit remuer des plaies, en provoquer même. Un livre doit être un danger.

Un libro debe remover las heridas, provocarlas, incluso. Un libro debe ser un peligro.

4. On n’écrit pas parce qu’on a chelque chose à dire, mais parce qu’on a envie de dire quelque chose.

No se escribe porque se tenga algo que decir, sino por ganas de decir algo.

jueves, 5 de abril de 2012

Depósitos de agua, torres más altas han caído, pero eran menos elegantes

Los grandes depósitos de agua pertenecen al sueño ilustrado de la arquitectura. Son hermosos, suelen estar diseñados con alguna limitada variación, algún rasgo de estilo del quien los proyectó, pero dentro de un estricto orden. Todo obedece al fin último de su uso, al contexto en el  que se sitúan, a un afán por aunar ligereza, impulso hacia el cielo y peso, el del agua, como si su ideal fuera el del ciprés de Silos, enhiesto surtidor de sombra, pero con un inmenso barreño colocado encima de él. Sus raíces son tan sólidas como poderosa la voluntad de ascender que los recorre. Podrían ser cabezones, pero los más hermosos son armónicos, puro equilibrio, como móviles gigantescos paralizados, mínimas variaciones sobre una estructura común que recuerda juegos como el viejo Mecano o esos robots que puedes poner en distintas posturas, estirando y encogiendo sus piernas o brazos, pero que al cabo no dejan  de ser el mismo ser con distintos trajes. Si hasta la Torre de Saruman de El Señor de los anillos, una película excelente para echar una cabezadita de vez en cuando, podría ser un inmenso depósito de agua. 

El siguiente video corresponde a la voladura controlada de un depósito de 1951.

Detalles de la obra Water towers , de Bernd Becher e Hilla Becher, 1972 (Museo de Arte Reina Sofía, Madrid):

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Otros depósitos:

Moisei Reisher, 1929

Antiguo deposito de agua de Delft.

Canal de Isabel II en Madrid

miércoles, 4 de abril de 2012

Pan sin sal, gioconda ma scipita, la Gioconda del Prado

Quizá calcadas del mismo cartón, las dos Giocondas, la del Prado y la del Louvre se parecen mucho, pero en el fondo no se parecen nada. No se podría decir, sin embargo, que se parecen como un huevo a una castaña, sino más bien como el jamón serrano del montón, o quizá ibérico de cebo  a un buen Jabugo.  En términos artísticos, una, la del Prado, casi solo posee interés documental, y la otra encierra el misterio de la vida congelada, la que queda cuando un gran pintor da por acabada una obra. Una, la del Louvre, es tutta sale e pepe, toda sal y pimienta, y la otra es sosa, como las personas que solo tienen apariencia. Si hubiera que ponerle al cuadro del Prado un título, le iría que ni pintado uno de un cuento de O. Wilde, La esfinge sin secreto, que narra cómo alguien se enamora  del rostro de una mujer que a la postre se descubre sin interés alguno. Es un tema muy del gusto del Baudelaire que estudió Benjamin, el del paseante de la gran ciudad que se va quedando colgado de miradas instantáneas de las mujeres con las que se cruza (À une passante), promesas efímeras de felicidad. Sin embargo, la Gioconda de Leonardo más que prometer cela un secreto, un misterio que solo estaba en la cabeza del autor, pero de cuya estela no es difícil que el espectador se haga eco. Basta con mirarla para entenderlo, a pesar de los devastadores efectos ligados al síndrome turifel . Otra cosa es intentar formular esa enigmática mezcla de dulzura, seriedad y tímida picardía, reproducirla con palabras.
La Gioconda o Mona Lisa

lunes, 2 de abril de 2012

Tender la ropa, tenderse sin ropa

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Bruno Stefani, Calle veneziana, s.d. (1949), mm 393x293
(stampa fotografica in bianco e nero, gelatina bromuro d’argento su carta baritata)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se tiende la ropa como se sacan las miserias a pasear, de verdad o para coquetear, para mitigar el mal olor que nos atufa. La necesidad de aire es universal, hay algo en nuestros trapos sucios que nos hermana con los demás, aunque no quieran compartirlos.

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Hasta en el rechazo hay reconocimiento. A veces, un hombro que se aparta con tino es mejor que otro que se encuentra demasiado a gusto bajo nuestra frente. Entre las dos reacciones, la que nos acoge y la que no quiere saber nada de nuestros espejos rotos, puede haber la misma distancia que hay entre entre el aire viciado y la brisa de la sierra. El sufrimiento, como la suciedad,  reclama ventilación, aunque sea en la barra miserable de un bar de los que todavía usan serrín, basta compartir el mismo aire.

Yo hace tiempo que tengo secadora en casa, algo parecido a disponer de un psicólogo de confianza siempre que se quiera. Está bien, pero, por más técnicas que usen para ponerte en trance, es distinto a encontrarte con quien quieres o con quien odias. La secadora me crea sensación de extrañamiento en relación a los habitantes de cuyos balcones veo con embeleso colgar prendas, sobre todo al llegar el fin de semana, cuando el traje de faena se

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puede lavar sin prisas. El otro día, la aristocrática Toya, una de las madres protagonistas del programa ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, se quejaba de un barrio en el que vivía una de las pretendientes de su hijo, porque las calles estaban llenas de ropa tendida. No le parecía bien, los pijamas al viento airean lo íntimo, que en la cultura de la contención debe quedar en la intimidad. Enseñar no es elegante y da armas al enemigo, que puede estudiar nuestros puntos flacos, pero en las casa pequeñas no hay espacio para tanta colada y se impone aprovechar los balcones, a veces convertidos en trasteros. Cada acto doméstico encierra un significado profundo que va más allá de su neutra apariencia. Intalación de Hans Haacke

Tender la ropa concentra en mi caso un puzzle de viejas obsesiones, todas ellas ligadas al equilibrio, quizá al orden mínimo, pero imageimprescindible para disfrutar de la vida, sucio proceso de ingesta, metabolismo y expulsión, de la comida o de los sentimientos. Tender permite reubicar lo vivido, seguir adelante, volver a usar nuestro pobre aliño indumentario. Si hay una imagen de vecindario que me reconforta es la de aquellas ciudades en las que las fachadas de dos casas, frente a frente, permanecen unidas por la cuerda de tender, cuyo ruido, al girar sobre su goznes tiene el aroma del mejor arte, el que nace de la necesidad.

sábado, 31 de marzo de 2012

¿De raza le viene al oso?

Hay familias en las que la hermosura no está en absoluto repartida. Por ejemplo, en el caso de Rocco y sus hermanos, la película de Visconti, casi todo lo bueno y bello se lo quedó Alain Delon; en el caso de los Karamazov, había exceso de humores, pero cada una de las virtudes o de las  taras, casi en estado puro, se la llevó un solo hermano; entre el Sueco y su hermano pequeño, de la Pastoral americana (Ph. Roth), la donosura estaba también muy mal repartida; entre Natasha y Sonia, de Guerra y Paz, ídem de ídem, pero es que  la injusticia poética en este caso era casi obligada, porque las dos jóvenes, en realidad, no son hermanas. La menos atractiva, Sonia, es la adoptada.

En la realidad, supongo que hay variantes de todo tipo. Desde esencias de perfume o miasmas concentradas en un solo miembro, hasta aguas de toilette que se tienen que repartir tres o cuatro.  A mi por ejemplo, me tocaron una manos que nunca fueron de mi agrado, pero las de mis hermanos me evocan los conciertos de piano románticos. En otros capítulos, gracias a mamá naturaleza, no me considero desafortunado. Ya veremos cómo se comporta el fondo de armario genético cuando, pronto ya, el aspecto deje casi de contar y pasen a primer término las insidias de la edad.

Todo lo anterior viene a penas a cuento para presentar a la hermosa Anori, hermana del  bello Knut, la anterior estrella del zoo berlinés de Wuppertal. Si el recientemente fallecido Knut era simpático además de guapo, Anori no le va a la zaga. Ya sé que a nadie le huelen sus pedos, ni siquiera en el ascensor, ni le parecen sus hijos feos, pero es que, en este caso, no habrá humano que no esté  de acuerdo en que mamá osa puede gritar a los cuatro vientos lo orgullosa y feliz que se siente de su hija. A menos que la vea un poco rarita, pues si no fuera por el porte de las patas y el hocico, más parecería un corderico de Semana santa que un cachorro de temible ursus maritimus.

(Fuente de las fotos)

Anori, la sorella dell'orsetto Knut nuova star dello zoo tedesco

Anori, la sorella dell'orsetto Knut nuova star dello zoo tedesco

Anori, la sorella dell'orsetto Knut nuova star dello zoo tedesco

Anori, la sorella dell'orsetto Knut nuova star dello zoo tedesco

El deseo sale de paseo. Reedición de entradas por vacaciones.

Quizá las posturas del amor, el baile de los cuerpos entrelazados, los modos de estar unidos, tengan que ver con imperativos (la primera función del lenguaje, apelativa o conativa, en el esquema de Jakobson) sigue, vuelve, gira, quita, quiere, coge, con palabras como debajo, encima, juntos, contra, al lado. Es lo que parecen sugerir los títulos que Claire Streetart da a los estilizados graffiti de su serie Duetto X, gratos espejismos del atardecer para el paseante urbano que al acercarse descubre desilusionado que se trata solo de ficción bidimensional. Hay en las figuras, más allá del pequeño sofoco que supone verlas por la calle de las ciudades francesas en las que las ha pintado, gestos que no se conciben si no es por la fuerza que da el amor para el abandono y la acción.
Leo en alguna página que el graffitero  es una mujer, en otras que es un hombre. A los parientes de Bansky les gusta esconder su identidad. El anonimato hace, quizá, parte, de un arte que se lleva mal con el concepto de autoría comercial. Desde luego, él/ella es un sabio artesano que sabe retratar la esgrima con la que el cuerpo expresa el deseo:
Observa las siguientes fotos y adivina a cuál de los títulos que aparecen a continuación corresponde. Para confirmar tu intuición debes clicar sobre título:
Duetto X
L'amore è sui muri la street art di Claire
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Reedición de entradas. Justicias poéticas

Imagen005Justicia poética, justice poétique, poetic justice, giustizia poetica.

martes, 27 de marzo de 2012

Muere Antonio Tabucchi

‎Tabucchi, muerto anteayer, día 25, a los 68 años de edad, saltó a la fama con un cult bestseller de bastante calidad, Sostiene Pereira (1994), sobre las andanzas de Pereira, su protagonista, convertido en opositor antisalazarista malgré soi, por dignidad y por amor, pero más bien un personaje de la estirpe de los ineptos vitales que tanto juego han dado en la novela italiana desde Svevo. Quizá, Tabucchi abusó del mantra sostiene Pereira, repetido a lo largo del libro hasta la saciedad, pero hay que entender que se trataba de la vertiente menos exquisita del autor de Donna di Porto Pim (1983), una de sus obras más logradas, un artefacto literario que a veces recuerdo como una especie de Moby Dick en miniatura (Vila-Matas). En la línea de intriga policíaco política con trasfondo moral, también escribió la La testa perduta di Damasceno Monteiro (1996), que cosechó, injustamente, a mi modo de ver, menor éxito.
Una de sus grandes pasiones fue el portugués, el país, su lengua, su literatura, que acabó enseñando en la universidad. He aquí unos versos de Pessoa, traducidos por él, que resumen una vida dedicada a la escritura:
”Il poeta è un fingitore / Finge così completamente / che arriva a fingere che è dolore / il dolore che davvero sente” (Fernando Pessoa, traduzione di Antonio Tabucchi, 1943-2012 RIP).
La muerte de Tabucchi en algunos medios internacionales (Fuente)
 La notizia della morte di Tabucchi nei siti stranieri
La notizia della morte di Tabucchi nei siti stranieri
La notizia della morte di Tabucchi nei siti stranieri
La notizia della morte di Tabucchi nei siti stranieri
Enlace a un artículo suyo publicado el 25 de marzo:
Sfogliando il made in Italy

lunes, 26 de marzo de 2012

Con los libros, como en el Corte Inglés, si no queda satisfecho le devolvemos su dinero.

A través de Satisfiction me entero de la siguiente iniciativa. El crítico Gian Paolo Serino hace una video recensión en la que ilustra su entusiasmo por un libro reciente. Los últimos han sido los siguientes:
- "Le nostre vite senza ieri" di Edoardo Nesi (Bompiani)
- "Il tempo è un bastardo" di Jennifer Egan (Minimum Fax)

Si el lector se deja guiar por la recomendación, pero la lectura le deja desilusionado, debe escribir a la redacción de la revista explicando por qué el libro no era “imperdibile e assolutamente da leggere” y Satisfiction le devuelve el dinero pagado.
¿Habrá ya, como me dicen que se hace a veces en el Corte Inglés con los trajes de fiesta, quien compre para leer el fin de semana y el domingo por la noche esté escribiendo su crítica negativa, para empezar la semana con el mismo saldo que el viernes anterior, pero con un libro más en las entrañas?
¿Una falsa crítica negativa hace tantas aguas como una crítica hipócritamente positiva?