sábado, 10 de julio de 2010

Sonambulismos varios: Sleep-walking, sleep-eating, sleep-copulating and sleep-murdering

Por segundo día consecutivo me topo en la prensa con referencias al sexomnio, “un trastorno del sueño que conduce a practicar sexo, en compañía o en solitario, mientras la persona está dormida” (El País, EP3, Sexo consultorio, 9 de julio de 2010). En el caso del sexo en compañía debe entenderse que debe estar dormido antes de acto por lo menos uno de los participantes, y que no vale quedarse frito ni durante ni después. La segunda referencia a este trastorno se encuentra en la reseña que publica el iht de un libro dedicado a distintas cuestiones ligadas al sueño, una (in)actividad cuya función está aún poco clara.

WIDE AWAKE. A Memoir of Insomnia, Patricia Morrisroe. 276 pp. Spiegel & Grau. $25

Hace poco leí que la poetisa Concha  Méndez supo que vagabundeaba sonámbula  casi tanto como despierta por el rastro de cera de las velas que utilizaba para iluminarse. Cernuda, que quizá la vio por allí, porque pasó en la misma casa el último periodo de su vida, a pesar de lo reservado que era podría haberle hecho notar en un aparte no sé si la inutilidad (quizá lo hacía para disimular), pero sí desde luego el peligro que suponía abusar de las velas durante sus garbeos nocturnos. Recuerdo que, por lo menos como deseo, también existe el sleep-learning de idiomas. Todavía este año he tenido un alumno que lo practicaba con excelentes resultados, según él. Se ponía unos auriculares a través de los que oía una cadena de mantras, noticias, cotilleos, anuncios de compraventa, discursos de gran orador que es Berlusconi, etc,  durante toda la noche. Se despertaba algo cansado, en las clases le veía bostezar distraído, pero él pensaba que valía la pena, porque, se te quedan las palabras, la pronunciación y hasta las estructuras sin esfuerzo,  comentaba ojeroso. Yo prefiero dormir, aunque tenga que levantarme temprano para estudiar, decían sus compañeros.

Salvo el sleep-murdering de mosquitos, lo ideal sería  que se pudieran practicar todos los otros trastornos del sueño bien combinados, hasta llegar al sleep-working, que es algo que, por otro lado, algunos hacen ya muy bien, sobre todo en grado de tentativa. Que un trastorno haya acabado por convertirse en un hábito positivo no debe ser algo raro en el progreso humano. Quizá cocinar los alimentos empezó siendo un caprichito de unos pocos melindrosos y acabó por convertirse en lo que hizo al hombre. No se me ocurren mejores ejemplos, pero intuyo que convertir  la necesidad en arte está en la base de la evolución humana. Cuando, por fin, hagamos casi todo dormidos y hayamos invertido el tiempo medio de sueño y vigilia, habremos conseguido dar verdadero sentido a las cosas que hagamos despiertos, que serán de las que seremos verdaderamente responsables. De las 24 horas que dura el día habrá que escoger unas 8 para estar despiertos, aunque a algunos les basten 6 o incluso menos para llevar un ritmo de vida normal.  A F. Savater, por ejemplo, con cuatro, más diez minutos después de comer, le será suficiente para desplegar toda su actividad pensante. Parafraseando un libro de microcuentos que no recuerdo bien -lo leí con la técnica del sleep-reading- si, llegados a la hora del juicio final, Madoff, por citar uno de tantos, adujera el calor como motivo de su parte de error en los millones de errores que han provocado la crisis financiera mundial, el improbable jurado que se ocupara de su caso podría decirle, pero para establecer su grado de responsabilidad lo que nos interesa a nosotros es saber si usted estaba dormido o despierto cuando lo hizo. A lo que él podría  contestar, en un ataquín de sinceridad, no sé si estaba dormido o despierto, pero les puedo asegurar que estaba soñando.

viernes, 9 de julio de 2010

jueves, 8 de julio de 2010

San Serenín del monte, san Serenín cortés, yo esta visita haré.

Descubre Toulouse (Francia) recorriendo Zaragoza (España). 

Programa de actividades 

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VISITAS GUIADAS GRATUITAS
Ven y descubre lo que estas dos ciudades tienen en común durante
una visita guiada a dos voces…
Toulouse se exhibe en Zaragoza
Fecha: días 8 – 9 – 10 y 11 de julio a las 10:30 h
Punto de salida: Museo del Foro de Caesaragusta
Duración: 2 horas
Itinerario: Museo del Foro de Caesaraugusta, Puente de Piedra, Basílica del
Pilar, Palacio de Argillo – Museo Pablo Gargallo, Mercado Central.
Recogida de tickets:
- Oficina de Turismo (Plaza del Pilar) desde el 3 al 10 de julio de 9 a 21 h.
- Village de Toulouse en Zaragoza (Plaza Aragón) desde el 8 al 10 de julio de
10 a 14 h. y de 19 a 22 h.
Más Información:
Tfo: 976 72 12 83 de 9 a 21 h
www.zaragozaturismo.es
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Sobre ti edificaré mi escándalo. El Playboy de Saramago.

Parece ser que la edición portuguesa de Playboy ha dado en la diana si lo que quería era provocar un pequeño escándalo que aumentara sus ventas. Resulta que en la portada de su edición de julio aparece una figura que bien podría ser la de Jesucristo con una mujer ligera de indumentos apoyada en su regazo. Los dos están sobre una cama en una posición que recuerda la iconología de la Piedad. El colchón de la cama se encuentra cubierto por una de esas fundas azules adamascadas que quién sabe por qué son tan frecuentes. En la cabecera del lecho aparece la siguiente inscripción, que coincide con el título de la novela de Saramago que tantas suspicacias de la Iglesia provocó: O Evanghelo segundo Jesus Cristo. En el interior de la revista se publica una entrevista de 1995 con el escritor y una serie de fotos más o menos atrevidas que reproduce el diario italiano Repubblica. La estética de las fotos hace pensar en otro tipo de escritor como, por ejemplo, el Fresán de Vidas de Santos, pero poco importa eso. El uso de imágenes o eslóganes religiosos que invitan a un pequeño escándalo como motor de venta tiene una larga tradición.  Recuerdo una campaña de Benetton en la que aparecía una imagen de una monja besando a un cura:

(Toscani, 1992) Clica para ver más fotos de Toscani.
O esta otra que juega con el parecido entre Bio y Dio (Dios):

Pero quizá la que más gracia tiene, digo gracia porque esta estrategia comercial es hija de los chistes sacrílegos y productos culturales semejantes, es aquella que sirvió como reclamo a unos pantalones vaqueros hace ya muchos años:

(También de Toscani)
O esta otra, también de Toscani, que apareció en una campaña contra la violencia de género:

Me pregunto si imágenes como estas siguen provocando algún tipo de escándalo. A mí algunas me hacen gracia, porque me gustan los jugueteos retóricos y la descontextualización con respecto al origen del que provienen. Quizá, para un creyente, el posible escándalo radica en el carácter más o menos noble del fin para el que se utilizan. El uso de la imagen de la crucifixión en la última foto, por ejemplo, se podría considerar menos perverso que en los casos anteriores, porque la lucha contra la violencia de género goza de una valoración social positiva. Hasta se podría considerar como un acierto, porque remueve las conciencias. Sin embargo, el uso del acervo común religioso para llamar simplemente la atención con el objetivo de vender corre el riesgo de resultar excesivo, en la medida en que implica una inadecuación  entre los medios y los fines y denota una clara falta de escrúpulos. Sin embargo, se podría decir que cuanto más escandalosa es una de estas imágenes más lograda está, en la medida en que si toca una parte sensible de la conciencia de aquel al que le provoca indignación es seguramente porque su reutilización era plausible y se ha hecho aprovechando algún resquicio de significado, una fuga quizá mínima pero real de sentido con respecto al planteamiento original. No en otra cosa se basa el sarcasmo y la ironía, sino en el aprovechamiento de lo que desborda, del exceso de asertividad de los mensajes. Cuando la reutilización  carece por completo de coherencia, aunque sea una demoledora coherencia por antífrasis, y no evoca siquiera el mensaje de partida, nos deja indiferentes. Y es que, como es sabido, no ofende quien quiere, sino quien puede.  Lo que indigna es un mensaje potencial que se ha conseguido revelar. Antes de no indignarse, como antes de indignarse, habría que pensárselo dos veces, porque nuestra indignación es el espejo de la medida de nuestras inseguridades.

martes, 6 de julio de 2010

Pasatiempo: caza al bendito detalle en una escena de Jules et Jim (Truffaut, 1962).

Coincidiendo con el 90 cumpleaños del  fotógrafo  de la nouvelle vague Raymond Cauchetier se va a celebrar una exposición de fotos suyas en la James Hayman Gallery de Londres. Se hace eco el Daily Telegraph, que reproduce algunas de las obras expuestas.

La foto que aparece a continuación pertenece a Jules et Jim, película de la que Cauchetier fue still photographer, responsable de las fotos fijas, por lo que no aparece en los títulos de crédito :

Jules et Jim (Charenton-le-Pont) by Raymond Cauchetier

Oskar Wener (Jules), Henri Serre (Jim) and Jeanne Moreau (Catherine) run in drag across a Parisian footbridge in Jules et Jim. The film was directed by François Truffaut from a semi-autobiographical novel by Henri Pierre Roché. This image: Jules et Jim (Charenton-le-Pont) taken by Raymond Cauchetier, 1961

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Il Morandini, Dizionario dei film, di Laura, Luisa e Morando Morandini, Zanichelli, 2002.

Como explica la reseña, Jeanne Moreau, la prota, canta “Le tourbillon”, una canción que obtuvo cierto éxito y que después ha sido interpretada por Vanessa Paradis.

A. de Baecque y S. Toubiana en su biografía de F. Truffaut cuentan un detalle de la interpretación de J. Moreu:

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image Baecque, Antoine de, Toubiana, Serge, François Truffaut, Folio, 2001, p., 352.

 

 

 

 

 

Busque el detalle y habrá comprendido por qué algunos directores de la nouvelle vague, en la línea de Rossellini, eran reacios a someterse al dictado férreo de un guión:

Elle avait des bagues à chaque doigt,
Des tas de bracelets autour des poignets,
Et puis elle chantait avec une voix
Qui, sitôt, m'enjôla.
Elle avait des yeux, des yeux d'opale,
Qui me fascinaient, qui me fascinaient.
Y avait l'ovale de son visage pâle
De femme fatale qui m'fut fatale {2x}.
On s'est connus, on s'est reconnus,
On s'est perdus de vue, on s'est r'perdus d'vue
On s'est retrouvés, on s'est réchauffés,
Puis on s'est séparés.
Chacun pour soi est reparti.
Dans l'tourbillon de la vie
Je l'ai revue un soir, hàie, hàie, hàie
Ça fait déjà un fameux bail {2x}.
Au son des banjos je l'ai reconnue.
Ce curieux sourire qui m'avait tant plu.
Sa voix si fatale, son beau visage pâle
M'émurent plus que jamais.
Je me suis soûlé en l'écoutant.
L'alcool fait oublier le temps.
Je me suis réveillé en sentant
Des baisers sur mon front brûlant {2x}.
On s'est connus, on s'est reconnus.
On s'est perdus de vue, on s'est r'perdus de vue
On s'est retrouvés, on s'est séparés.
Dans le tourbillon de la vie.
On a continué à toumer
Tous les deux enlacés
Tous les deux enlacés.
Puis on s'est réchauffés.
Chacun pour soi est reparti.
Dans l'tourbillon de la vie.
Je l'ai revue un soir ah là là
Elle est retombée dans mes bras.
Quand on s'est connus,
Quand on s'est reconnus,
Pourquoi se perdre de vue,
Se reperdre de vue ?
Quand on s'est retrouvés,
Quand on s'est réchauffés,
Pourquoi se séparer ?
Alors tous deux on est repartis
Dans le tourbillon de la vie
On a continué à tourner
Tous les deux enlacés
Tous les deux enlacés.

(Paroles: G.Bassiak Musique: Georges Delerue)

lunes, 5 de julio de 2010

5 de julio, Santa Firma a favor de la abolición de los toros

Asociaciones antitaurinas se manifiestan en Pamplona ante el inminente inicio de las fiestas. Uno de los eslóganes reza así: ¿Pamplona, sangre, tortura y muerte?

El eslogan me resulta excesivo por el tono. Pero algo de razón les asiste. Yo no tengo las cosas tan claras, ya quedó dicho en una entrada de este blog.

Nadal en el Gotha del tenis. La extraña gorra de su tío algo debe influir. Muchos datos y una broma.

Insisten los periódicos en comparar los ocho títulos que Nadal lleva conseguidos a sus 24 años con lo que otros grandes de ese deporte habían logrado a su edad: El país, Independent,

Guardian:

1Roger Federer Switzerland. Grand slam titles 16

Success at Nadal's age: Federer had won six grand slam titles.

2 Pete Sampras US. Grand slam titles 14

Success at Nadal's age: His US Open triumph in 1995 took him to seven.

3 Roy Emerson Australia. Grand slam titles 12

Success at Nadal's age: No grand slam titles.

=4 Rod Laver Australia. Grand slam titles 11

Success at Nadal's age: Five slam titles.

=4 Björn Borg Sweden. Grand slam titles 11

Success at Nadal's age: All 11 of his grand slam titles.

Y así, con Bill Tilden (10 títulos de G. Slam), Ken Rosewall, Fred Perry, Jimmy Connors, Andre Agassi e Ivan Lendl  (todos ellos con 8 títulos de G. Slam) hasta completar una lista de 12 atpnautas  en pos del vellocino de oro, con cuya piel se fabrica el chándal de la inmortalidad, la mejor prenda para estar por casa cuando llega la hora de la retirada. Porque muchos de estos héroes ya están jubilados y con el pelo canoso. Otros se han reciclado como comentaristas, entrenadores y en profesiones con menos relumbre. Nada de morir jóvenes, que la atp paga una pensión vitalicia de unos tres mil euros a partir de los x años de edad a quienes han sido profesionales durante x años estando entre los x primeros del ranking, si no me equivoco  -y, la verdad sea dicha, con los pocos datos que doy es difícil hacerlo.

Casi todos estos tenistas, como el centauro Quirón con Jasón, han tenido un mentor que les ha ayudado a llegar donde han llegado. En el caso de Nadal la figura del su tío parece ser que ha sido de crucial importancia. Su gran conocimiento de las artes tenísticas junto a una sabiduría vital extraordinaria hicieron de él el complemento ideal para que el brioso y maniático Rafael encauzara por la senda adecuada su tendencia desmedida a dar saltos y a tirarse por el suelo. Además, siempre sufrió con extrema paciencia la parsimonia del jugador a la hora de ejecutar la suerte del saque. Si no fuera porque, además de sus cualidades físicas, Nadal posee una extraordinaria memoria visual, más de una vez, botando la pelota, se habría olvidado del motivo por el que lo hacía. Que Nadal siempre tuvo plena confianza en su tío lo demuestra la conocida anécdota según la cual  le habría pedido a los siete años que suspendiera la lluvia que había provocado con sus poderes mágicos, porque ya tenía el partido que estaba jugando de cara. Además, por las mismas fechas, su tío le había hecho creer que se llamaba Nadalí y que había ganado cinco veces Roland Garros. Mi hipótesis es que efectivamente el tío conoce las artes mágicas y que la prenda blanca que utiliza durante los partidos a modo de gorra de albañil con una extraña palabra escrita  (Iberostar) es algo así como el famoso gorro de los duendes, en concreto el de los Monachicchi. Como se sabe, si se lo consigues quitar están obligados a llevarte al lugar en el que custodian un tesoro, que en este caso no sería otro que un título del gran slam. Son ya ocho las veces que Nadal, superando el reparo natural que le produce la posibilidad de dar un repelón a su mentor y tras un complejo ritual que incluye cuatro sorbos de una botella de agua fría que guarda a la derecha de la bandeja inferior de su nevera personal, le ha quitado la gorra. Todavía no lo ha conseguido en las semanas previas al U.S. open, pero todo se andará.

sábado, 3 de julio de 2010

C. Laforet, la esfinge con secretos. A. Caballé e I. Rolón descifran las formas de una nube.

Certe volte sono bianche e corrono e prendono la forma dell’airone o della pecora o di qualche altra bestia ma questo lo vedono meglio i bambini che giocano a corrergli dietro per tanti metri…Vanno, vengono, per una vera mille sono finte e si mettono lì tra noi e il cielo per lasciarci soltanto una voglia di pioggia. (F. de André)
¿Por qué no se sabe si la madre de Carmen era una depresiva? ¿Y por qué no se pone nombre a la dolencia que la llevó a la muerte, dejando huérfana a la escritora con 13 años? ¿Es posible que Carmen Laforet sufriera anorexia? ¿Qué era esa supuesta enfermedad neurovegetativa que dicen que padecía la novelista desde los años sesenta? ¿La diagnosticó alguien?(Rosa Montero)
(Otra entrada sobre la biografía de A. Caballé sobre F. Umbral, con un comentario de la autora: Caras novedades de la feria de libro frente a vejedades a buen precio. Las biografías de Anna Caballé.)
Leo la biografía que A. Caballé e Israel Rolón han dedicado a C. Laforet e intento hacerme una imagen cabal del personaje. Pienso en Nada, su primera novela, y la siento como una rara flor, un texto quizá equiparable a lo que hoy calificaríamos como cult, en medio de un panorama artístico ensombrecido por los ideales fascistas de quienes volenti o nolenti andan con el espinazo doblado y haciéndoselo doblar a cualquiera que quiera beneficiarse de una parcela de poder.
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Carmen Laforet, una mujer en fuga, Anna Caballé e Israel Rolón

RBA, Barcelona, 2010. 515 páginas. 32 euros
A la resistencia silenciosa hay que buscarla con criterios arqueológicos en la carencia de ampulosidad del estilo de aquellos que habían apoyado a la República. Laforet ha pasado la Guerra civil en Canarias, donde todo ha sido menos intenso, pero donde la guerra sí llegó y, entre otras cosas, hizo que su padre se convirtiera en camarada de los vencedores. Pienso que la niña que entonces tenía quince o dieciséis años pudo vivir la guerra de forma parecida a como había vivido la enfermedad y muerte de su madre (1932-1934). En esta biografía, los dos avatares se plantean como tragedias de inmenso calado cuya importancia se manifestaba a través de síntomas ambiguos, padecimientos no sufridos de lleno, que, sin perder un ápice de trascendencia, se volvieronn incomprensibles, opacos, inasimilables. El ascenso de su madrastra (real y de cuento), antigua peluquera de su madre, al trono familiar vacante da inicio a un periodo negro de su vida, que acaba por acentuar su ensimismamiento, su tendencia a la ensoñación, su necesidad de fuga hacia la madre naturaleza (preludio de su urgencia por encontrar tierras siempre vírgenes) y hace que cristalice su sonrisa, un rictus que debía revelar una ganas de vivir equiparables al desprecio que ocultaba por lo que estaba viviendo. Pero lo que más llama la atención de estos años de adolescencia es el hondo desengaño que debió de producirle el comportamiento sumiso e irresponsable de su padre ante los desprecios y abusos que su madrastra perpetraba con ella. El héroe del deporte y la geometría tuvo que pasar a ser visto como un vulgar y elegante villano. Tanta pudo ser la decepción que Carmen, a los dieciocho años, enamorada, quizá no dudó en chantajearle (p., 92) para huir de allí en pos de R. Lezcano y de un sueño de libertad. Inicia así lo que podríamos llamar su vida adulta. Atrás queda su cementerio indio familiar e insular, un terreno que es mejor no volver a pisar, pero cuyo trasunto lleva muy dentro de sí. Y atrás queda también C. Burrell, una de sus madres putativas, modelos femeninos homogéneos con los que se sentirá identificada a lo largo de toda su vida, y que de una forma u otra, quizá en su vano intento de echar raíces, intentará emular. Caballé y Rolón las describen como mujeres resueltas, fuertes, decididas, como personas de las que moldean el mundo a su alrededor en positivo -en la teoría elaborada por Laforet sobre el gobierno femenino del mundo también hay otras mujeres que corrompen la vida (p., 322-323), algo que ella había sufrido en sus propias carnes. Burrell, mujer resuelta, destruyó muchos años después, por legítima desgracia, su correspondencia con la escritora.
A partir de entonces todo en la vida de Laforet son variaciones sobre el mismo tema. Los acontecimientos de la vida de la escritora se pueden resumir, así se hace en las alrededor de quinientas páginas de esta biografía y podría seguir haciéndolo yo a partir de ellas, pero hay en esos años previos a su marcha a Barcelona una melodía, que como un buen poema, no se puede resumir y esa melodía es la de un ser hondamente herido que anhela en vano una vida plena. También es la melodía de una persona dotada para la escritura, pero que, por un lado, vive una relación tremendamente conflictiva y contradictoria con su vocación, incapaz de perseverar en lo mejor que poseía, la capacidad de contarse a través de sus personajes, y que, por otro lado, se resiste a amoldarse al modelo consagrado de escritor en relación con el mundillo cultural, con otros escritores, con sus lectores, y más en general con la prensa. Los episodios conflictivos que jalonan su trayectoria son numerosos (p., 14, 170-173, 184-187, 204-205, 252-254, 275-278, 285, 291-292, 452). Que ello sea debido a lo que hace años un manual de literatura española denominaba su “solipsismo de corto vuelo intelectual” o a una elección voluntaria condicionada por la visión que quería transmitir de ella misma como alguien a quien asisten buenas facultades como novelista, pero nada más más (p., 252), es algo que no me queda claro. Seguramente una cosa encaja bien con la otra. Desde luego, esta biografía pone de manifiesto que su actitud adusta con todo lo que oliera a regodeo, tertulia, homenaje, confraternización o intrusión en el terreno de su sagrado cementerio de fantasmas vivos y muertos, podía deberse al hecho de que esos actos (entrevistas, programas, conferencias) la obligaban a vestir un traje que le resultaba incómodo, un traje que entre otras cosas estaba hecho a la medida de una visión paternalista, de regusto machista, hacia la mujer. Y de las variantes negativas del comportamiento masculino, a través de su padre,y , en otra medida, de su marido, ella sabía bastante. Además, su tendencia a ponerse en guardia hace pensar en un cauteloso reflejo defensivo ante el miedo a que se removiera la tierra bajo sus pies, quebrando su frágil equilibrio emocional. En cualquier caso, la cuestión es que esa forma tan particular suya de producirse públicamente está en la base de lo que podría denominarse el caso Laforet.
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La calle Benito de Castro, en la que estaba situada la primera casa del matrimonio Laforet Cerezales. Cerca se encuentran los jardines de la Fuente del berro, donde quizá la escritora iba a pasear.
Estas son algunas de las cosas que he leído en las líneas y entre las líneas de esta biografía que según avanza va desdeñando el plano medio de descripción (espléndida, por ejemplo, es la reconstrucción de cómo se gestó el primer premio Nadal concedido a Nada en 1945) para centrarse en las constantes de su vida, en la triste balada de quien quiso ser asistente de un circo errante, pero que, al mismo tiempo, consciente de sus facultades, hizo pensar a muchos que había nacido una novelista de largo aliento. Años después, esa misma persona acabó casi viviendo solo de los adelantos de las liquidaciones semestrales de aquella primera novela, porque no había escrito mucho más y, desde luego, nada comparable. En medio queda una pesadilla:
…en un artículo cristalizaría su rechazo a las entrevistas en forma de pequeña historia: la escritora sueña que es sometida a un interrogatorio “tipo purga staliniana” en el que alguien a la luz de unos potentes focos la obliga tener una opinión sobre deporte, religión, problemas sociales, gustos literarios…sobre todo. “Despierto sudando frío. Temblando de rabia. ¿Qué me pasa? Las preguntas no me las ha hecho nadie. Suspiro de alivio” (p., 171).
El artículo es de 1971, pero Laforet no habría tenido que girar tanto la cabeza para encontrar modelos perversos de interrogatorio policial. La pesadilla, por lo demás, recuerda al último capítulo de Elisabeth Costello, la novela ensayo de Coetzee, en el que se fabula en torno a los compromisos que debe cumplir un escritor para acceder al más allá.
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Elisabeth Costello, J. M. Coetzee, Traducción de J. Calvo, Barcelona, Debolsillo, 2005.
La ed. original, titulada Elisabeth Costello, es de 2003.
Ahí también hay un tribunal interrogador y la protagonista, una escritora profesional al final de una larga carrera, no sabe ser igual al resto de los mortales. Al hablar de sí misma se describe como secretaria de lo invisible, alguien para quien las creencias, algo que sus jueces consideran imprescindible en un ser humano para darle el pase, son solo prejuicios que le impiden escuchar las voces que la llaman a su bureau. Laforet parece haber vivido como difícilmente compatibles su vocación de escritora y su identidad como mujer con familia a cargo. Y no me refiero solo a las dificultades evidentes de orden material para hacer llevaderas las dos opciones. En esa contradicción debieron pesar factores ligados a su temperamento, a su inseguridad, al contexto histórico cultural, y también a la materia autobiográfica de la que se alimentaba su escritura. Quizá esa escritura producía incómodos efectos personales y más en la pacata España en la que vivió sus mejores años. Poco a poco su anhelo de escribir, uno de sus proyecto de vida, se extinguió. Tal vez pagó el pecado de no querer lo suficiente lo que sabía hacer, ser secretaria de su propia voz a través de sus personajes. Quizá sus fantasmas no dieran para más. Es una de las inquietantes cuestiones que no me quedan claras, como la forma de las nubes, siempre incierta.
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La segunda casa de la familia, en O´Donnell, 38, cerca del Retiro.
Por cierto, creo esta biografía hace bien en no dar respuestas tajantes a las pregunta que R. Montero se hacía en su reseña. Escrita a partir de un planteamiento que huye de las etiquetas, la pintura detallada que asoma al inicio va dejando paso a una técnica menos rudimentaria, pero más profunda y expresiva, hasta en sus silencios parciales, debidos seguramente también a las amplias lagunas de documentación (lo perdido parece mucho y lo negado a los investigadores, otro tanto). En ese sentido, es posible que una biografía más de autor, que ahondara más en la conjetura creativa, en la línea , por ejemplo, de la reflexión de Philip Roth que aparece al principio, una biografía, en suma, más reveladora, como lo era la dedicada a Umbral por A. Caballé, del interior de quienes la han escrito, hubiera tenido también sentido.

jueves, 1 de julio de 2010

Caray con Mirabeau, sous son pont coule le désir

La Convention le fait transporter au Panthéon. Mais il sera "dépanthéonisé" après la découverte de ses liens d'argent avec le roi et la reine. Je serais personnellement d'avis qu'il soit "repanthéonisé" pour cause de génie.

(Le monde, 25-06-2010)

"Le Rideau levé ou L'Education de Laure", de Mirabeau (éd. Jean-Claude Gawsewitch, 2004)

Foto de la edición española:

La educación de Laura.
Honoré Gabriel Riqueti de Mirabeau
Traducción de Paula Cifuentes
Barril & Barral Editores (Barcelona, 2009)

El pingüino cumple 72 años

Se celebra el aniversario de los Penguin Books que tanto contribuyeron a convertir los libros en un objeto de bolso, de sobaco, de bolsillo de atrás del pantalón vaquero, de redecilla del asiento de los autobuses interurbanos, fácil de olvidar en los aviones, ideal para la consulta del dentista, para defenderse en broma de los ataques, para que Carballo encienda sus fuegos, para escribir encima sin remordimientos, para doblar la esquina de la página sin tener que usar los malditos marcapáginas, para darse un capricho durante un paseo por el centro, para evitar comprar la edición en pastas duras…

Penguin paperback books

Penguin books from the 1930s. Photograph: Robert Estall/Corbis

martes, 29 de junio de 2010

Y el séptimo día el gran Coetzee sonrió

(Otra entrada sobre Coetzee:Cotilleos sobre uno mismo, confesiones y libros autobiográficos: La confesión, de M. Zambrano; programas del corazón; Verano, de Coetzee; Nada que temer, de Barnes; S. o la esperanza de vida, de A. D. Gary; Autobiografía sin vida, de F. de Azúa)

Si en algo tiene razón J. Carlin en las últimas cosas que ha escrito es al decir que el humor no está presente en la obra de Coetzee: No existe la ligereza en la obra de Coetzee. Uno no tiene oportunidad de sonreír, mucho menos reír, nunca. Su ficción se lee con los dientes apretados.

Con lo de los dientes apretados no estoy tan de acuerdo, porque si algo caracteriza a los personajes de Coetzee es la naturalidad que se desprende de quien ha asumido su identidad, aunque sea indigesta para la mayor parte de los demás. Sus grandes personajes, el profesor de Desgracia, el funcionario de Esperando a los bárbaros, la misma Elisabeth Costello, el inválido de El hombre lento, la enferma de La edad de hierro se toman en serio a sí mismos, en eso estoy de acuerdo, pero sabiendo que la dignidad máxima consiste en aceptar a sabiendas que la vida es actuación, algo ajeno a las esencias y totalmente convencional, aunque eso si, it must go on con coherencia pase lo que pase. No hacen reír, desde luego, pero casi se podría decir que resulta trágica su comedia, porque de comedia trágica se trata, de escatología atea, de tomarse en serio a sí mismo, digo de tomarse, no de serlo. Por otro lado, Diario de un mal año, por ejemplo, quizá pueda leerse a contraluz como una fábula irónica. Pero es verdad que C. es menos divertido que otros grandes novelistas de la condición humana, como Philip Roth. Es menos divertido, sí, pero es más hondo.

Bueno, pues, que Coetzee sonría es noticia en la prensa inglesa. Yo voy corriendo a ver qué expresión tiene en el retrato enmarcado que tengo de él y me lo encuentro con una media sonrisa, como si me estuviera esperando, siempre un paso por delante de los demás.

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Pequeño muestrario de esencias patrias: fútbol, toros, lengua y también Alonso

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lunes, 28 de junio de 2010

Dos graffiti de la exposición Principio Potosí

El Reina Sofía de Madrid alberga estos días una exposición, Principio Potosí, en la que se encuentran estos dos graffiti:

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Y esta estampa:

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Si quieres saber de qué va la expo clica sobre Principio potosí al principio de esta entrada.

jueves, 24 de junio de 2010

Ceci n´est pas une churrería. Nuevos graffitis in town. La revolución melancólica.

En la Calle de la Manifestación, a la antigua churrería le ha sido lavada totalmente la cara por unos herederos en armas de Guillermo Brown

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Chaos Kids. Against adult facism. Cartel pegado en la fachada.

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Una jaimitada de antología:

Italianos que no van con su selección. Haberlos húbolos

Apoyar a la selección, en especial a la selección de futbol, se ha convertido en la máxima expresión de afecto por la nación. Pero también existe aquel a quien la música del balón nunca le supo levantar, o quizá sea el tipo de nación que intuye que está detrás de ese apoyo lo que no le motiva. Existe incluso el que apoya al rival, una contraimagen del  que, como la mayoría, va con equipo de su país. ¿Qué juicio merecen esos individuos, de qué delito son reos? ¿Por qué se ganan esa mirada que les echan los espectadores de la siguiente escena de La meglio gioventù, si hoy en día no hay caso nada tan sagrado como la propia opinión? ¿Cómo es posible escribir las cosas que escribe J. Carlin sin entrar por un instante en el fondo de la cuestión? 

La escena en cuestión, subtitulada en inglés, empieza hacia el minuto uno

La fidelidad al propio equipo, que dura toda la vida, hace pensar que el patriotismo deportivo ha emulado a los patriotismos nacionales, fundados en el antagonismo, incorporando el factor de la territorialidad. El patriotismo del deporte representa, por pretendida ficción (Veblen), el antagonismo puro, vacío, sin contenido alguno, o el patriotismo genérico, indeterminado, que, de rechazo, trasluce la propia gratuidad del patriotismo armado. (R. Sánchez Ferlosio)