viernes, 19 de febrero de 2016
Acuarelasymas. La exposición de Patricia Calarco en el Rincón del gato. Del 19 de febrero al 18 de marzo de 2016
"En esta exposición presento un pequeño recorrido por
mis pinturas en acuarela y en pastel, en las que pretendo comunicar algo que os
produzca una buena sensación y que os ofrezca un poco de ilusión, espero con
entusiasmo vuestras opiniones".
miércoles, 17 de febrero de 2016
Tocaculos al pasar. Vulgar ferlosiana a orillas del Ebro
Mal está, muy mal, tocar el culo a las transeúntes cuando se pasa junto a ellas en bicicleta, es una forma de agresión intolerable, como tantas otras, que se aprovecha de la fuerza bruta, del descuido de la víctima, de la mayor velocidad de paso del ciclista... pero tiene algo de chusco, de estúpido.
Da la impresión que en el caso del individuo que perpetra la fechoría hay una especie de inversión del proceso habitual que nos lleva a desear tocar un culo, proceso en el que se produce una especie de fructífero diálogo entre el culo concreto y el deseo, como si aquél actuara a modo instrumento del que parte una melodía que captan nuestros oídos, bien dispuestos a atender a la vibración. El el caso del ciclista que nos ocupa, sin embargo, ocurre como si el proyecto y la determinación de tocar culo antecedieran a la propia aparición del culo mismo por la ribera del Ebro, difícil de atisbar, por otro lado, en los días de niebla. Quizá por ello, hay algo de contradictorio en la sensación de apagamiento que quizá disfrute el malhechor tras cada fugaz contacto con el objeto de su deseo, pues tratándose antes que nada del culo entendido como un lugar vacío que se trata de llenar a toda costa con un culo cualquiera, más parece probable que, igual que si de una figura mitológica clásica se tratara, estuviera condenado a repetir su acción cuantas veces se encuentre montado en su bicicleta a una distancia precisa de un trasero. Aquí trasero, aquí salto, podría ser su lema, adaptado del de los caballeros templarios. "Por lo demás, semejante actitud intransitiva, como inversión formal de los contextos, se halla tan difundida en las acciones de los hombres que es con frecuencia la que adoptan para casarse. ¿Qué otra cosa sucede cuando se busca esposa. El proyecto y la determinación del matrimonio anteceden entonces a la propia aparición de la persona (...), la cual, por esta misma circunstancia originaria, difícilmente llegará, en los largos años de vida conyugal, a aparecer del todo como persona en sí a los ojos del esposo -en tanto que otras, presuntamente más afortunadas, que no fueron buscadas en principio (y observa la incongruencia de este predicado: si no se me conoce no se me busca a mí..." (Ferlosio, R.S, Altos estudios eclesiásticos, Debate, p. 52). Pero, basta, que la hipotaxis me va dejando cianótico. Para mayor claridad , mejor sería decirlo con un antipático refrán, cosa harto difícil de definir:
"Quien nísperos come, espárragos chupa, bebe
cerveza, besa a una vieja, toca culo desde la bici, ni come, ni chupa, ni bebe, ni besa, ni toca".
domingo, 14 de febrero de 2016
Melibeos (o Calistas) somos y en el nicho de amor de mercado nos encontraremos
Viva pues San Valentín, pues en el camino del nicho de mercado nos encontraremos.
Emporte-moi dans l'image ou la mélodie et conjure, par
elles, le duel de nos solitudes devant l'universel (photo: Marina Abramovic
& Ulay, Rest Energy, 1980)
jueves, 11 de febrero de 2016
Hipótesis titiriteras. De mal en peor. Si Charlie levantara la cabeza
—Deténgase vuesa merced, señor don Quijote, y advierta que
estos que derriba, destroza y mata no son verdaderos moros, sino unas
figurillas de pasta. Mire, ¡pecador de mí!, que me destruye y echa a perder
toda mi hacienda.
Mas no por esto dejaba de menudear don Quijote cuchilladas,
mandobles, tajos y reveses como llovidos. Finalmente, en menos de dos credos, dio con todo el retablo
en el suelo, hechas pedazos y desmenuzadas todas sus jarcias y figuras.
Mal: El fiscal no vio la obra. El juez tampoco. Tragarse una de titiriteros entre semana es duro.
Peor: El fiscal vio la obra, pero no la entendió. El juez no vio la obra. No desconfió... si hay que ir, se va, si no, a qué.
Peor todavía: Los dos vieron la obra, pero ninguno la entendió. Demasiado subtexto y cierto tufillo antisistema bastaron. Y luego hablan de la posición de los escolares españoles en los informes PISA. Había, además, niños en juego, carne del cielo, como la llamaba V. Verdú en un ensayo. "Sería preciso escribirlo en las paredes, por obvio que ello sea, no hay una mente infantil ni una mente femenina, no hay más que una sola mente humana; la infantilidad es un invento de la misma ralea que el de la fenimidad y estrechamente coordinado a éste: los niños y las mujeres son, por antonomasia, "los que se quedan en casa" (R. S. Ferlosio, Personas y animales en una fiesta de bautizo). Si los infantes, de la mano de sus padres, cuando salen de casa se encuentran lo que se representaba en el escenario, es que los adultos no hemos sabido defender su infantilidad. Nada de sinceras explicaciones: "Las afrentas pueden ser reales, pero no debemos
olvidarnos de que lo que vulneran no es nuestra esencia, sino una ficción
fundacional que suscribimos con mayor o menor entusiasmo"(Coetzee). Pero el momento de hacer comedia había llegado. Era hora de expiar culpas.
Pésima: El asunto consistió en que es más cómodo sostenella que enmendalla, aunque enmendalla hubiera sido sin duda mancha que limpia. Sostenella cinco días ha acabado con mi fe.
Ondas gravitacionales: Juez y fiscal siguen pensado lo mismo. Churras y merinas maridan requetebien. La ley les ampara.
martes, 9 de febrero de 2016
Un gorila expiatorio: Inconveniencias en tres idiomas o de cómo cuecen habas por doquier
Podría ser el himno de una concentración anti sistema, de
una reunión de personas con el carácter corroído, hartas de soportar a la
familia, a los transportes urbanos, al ayuntamiento, a la judicatura, a las
librerías que sólo tienen novedades, a la champions. Eso es lo que simboliza el
gorila que se escapa de la jaula y la monta, la fuerza del que ve la ocasión de
huir y, en vez de irse a los mares del sur, desata su instinto vengador, como
una ola. Hay en la anécdota del gorila una suerte de desquite, de acto
salvajemente compensatorio. Este gorila es del lumpemproletariado, ese que
tanto despreciaba Marx, porque lo consideraba incapaz de organizarse, ajeno a
la conciencia de clase, individualista, pero apto para la violencia y el
pillaje insolidario. En su individualismo justiciero, no se parece desde luego a Espartaco, germen de una lucha colectiva.
La salida de tono, como común denominador de tantas
composiciones, tiene innumerables precedentes, en particular en la poesía
tardomedieval. Los tiempo de crisis exasperan el humor como pocas otras cosas. A veces, la sátira vetea obras que parecían otra cosa, como en el caso del
final del Corbacho. Entresaco una cita de Las Coplas del Provincial,
compuestas entre 1465 y 1474, consideradas a menudo como un poema difamatorio
sobre la monarquía, ejemplo, en cualquier caso, de cómo se las gastaban a
veces:
y es pública voz y fama/ que jodes personas tres:/a tu amo y
a tu ama/y a la hija del marqués/jodes al rey y a la reina,/jodes las tres
Badajoces/y todo el mundo se espanta que no jodes la infanta.
Ahí va el gorila en orden cronológico inverso:
Carbonell, Krahe y Sabina:
Ojo Al Gorila (G. Brassens)
A través de las anchas rejas
contemplaba un grupo de viejas,
un gorila muy juguetón.
Sin ningún pudor las comadres/señalaban cierto lugar,
que como es natural mi madre,/me ha prohibido aquí citar.
¡OJO AL GORII III III III LAA! /De repente se abrió la
puerta
de la jaula del animal. /¿Cómo es posible que esté abierta?
alguien debió cerrarla mal. /El mono, al verse sin
grilletes,
en vez de "VIVA LA LIBERTAD", /dijo tocándose el
paquete:
"HOY PIERDO LA VIRGINIDAD". /¡OJO AL GORII III III
III LAA!
El guardián con gesto afligido /pensó para sí: "¡SANTO
DIOS!
es un gorila reprimido/ y la culpa la tengo yo"
Y todas las viejas curiosas, /de que al principio les hablé,
pusieron pies en polvorosa /a pesar suyo, ¡yo lo sé!. /¡OJO
AL GORII III III III LAA!/ Incluso aquellas que miraban
al gorila como a un Don Juan /fingieron estar asustadas
por aquello del qué dirán. /El fornicio les daba miedo,
pero Uds. y un servidor, /sabemos que el "quiero y no
puedo"
es un suplicio mucho peor /¡OJO AL GORII III III III LAA!
Todo el mundo alocadamente /huye lejos del animal.
Salvo una vieja indiferente /y un joven juez sin moral.
El mono al ver el fracaso /y que todos huyen de él,
empezó a acelerar el paso /hacia la vieja y hacia el juez
¡OJO AL GORII III III III LAA!/¡BAH!, decía la solterona:
/"Como el mono me va a querer /si al menos fuese yo una mona
pero soy toda una mujer" /Y el juez pensaba
insobornable:
"que el elegido sea yo, /es completamente
improbable",
ya veremos luego que no. /¡OJO AL GORII III III III LAA!
Supongamos por un instante, /que igual que el mono, debe Ud.
elegir como dulce amante, /bien a una vieja, bien a un juez.
Pienso que si esta alternativa /la debiera decidir yo,
la vieja aún sin ser atractiva, /seria objeto de mi
elección.
¡OJO AL GORII III III III LAA!/Pero aunque el bueno del
gorila
sea Tarzán haciendo el amor /por el contrario, cuando
cavila,
da más gatillazos que yo. /Con que en vez de optar por la
vieja
como haríamos Ud. o yo /agarrando al juez de una oreja,
bajo un árbol se lo llevó. /¡OJO AL GORII III III III LAA!
Lo que viene después es algo /que hubiera querido contar,
pero me estimo en lo que valgo /y no quiero degenerar.
Basta decir que el juez gemía/y que luego empezó a gritar
como el hombre al que aquel mismo día, /él había mandado
ahorcar.
¡OJO AL GORII III III III LAA!
Fabrizio de André:
Sulla piazza d'una città
la gente guardava con ammirazione
un gorilla portato là
dagli zingari di un baraccone
con poco senso del pudore
le comari di quel rione
contemplavano lo scimmione
non dico dove non dico come
attenti al gorilla!/d'improvviso la grossa gabbia/dove
viveva l'animale/s'aprì di schianto non so perché/forse l'avevano chiusa
male/la bestia uscendo fuori di là/disse: "quest'oggi me la levo"
parlava della verginità/di cui ancora viveva schiavo/attenti
al gorilla!/il padrone si mise a urlare/"il mio gorilla, fate
attenzione"
non ha veduto mai una scimmia/potrebbe fare confusione/tutti
i presenti a questo punto/fuggirono in ogni direzione/anche le donne
dimostrando/la differenza fra idea e azione/attenti al gorilla!/tutta/la gente
corre di fretta/di qui e di là con grande foga
si attardano solo una vecchietta/e un giovane giudice con la
toga
visto che gli altri avevan squagliato/il quadrumane
accelerò/e sulla vecchia e sul magistrato/con quattro salti si portò/attenti al
gorilla!
"bah, sospirò pensando la vecchia,/ch'io fossi ancora
desiderata
sarebbe cosa alquanto strana/e più che altro non
sperata"/"che mi si prenda per una scimmia/pensava il giudice col
fiato corto,/non è possibile, questo è sicuro"/il seguito prova che aveva
torto/attenti al gorilla!/se qualcuno di voi dovesse/costretto con le spalle al
muro,
violare un giudice od una vecchia/della sua scelta sarei
sicuro/ma si dà il caso che il gorilla/considerato un grandioso fusto/da chi
l'ha provato però non brilla/né per lo spirito né per il gusto/attenti al
gorilla!/infatti lui, sdegnata la vecchia/si dirige sul magistrato
lo acchiappa forte per un'orecchia/e lo trascina in mezzo ad
un prato
quello che avvenne fra l'erba alta/non posso dirlo per intero/ma
lo spettacolo fu avvincente/e la "suspence" ci fu davvero/attenti al
gorilla!/dirò soltanto che sul più bello/dello spiacevole e cupo
dramma/piangeva il giudice come un vitello/negli intervalli gridava
mamma/gridava mamma come quel tale/cui il giorno prima come ad un pollo/con una
sentenza un po' originale/aveva fatto tagliare il collo./attenti al gorilla!
Y el autor, G. Brassens, ya muy mayor:
C'est à travers de larges grilles,
Que les femelles du canton,
Contemplaient un puissant gorille,
Sans souci du qu'en-dira-t-on.
Avec impudeur, ces commères
Lorgnaient même un endroit précis
Que, rigoureusement ma mère
M'a défendu de nommer ici.../Gare au gorille !.../Un jour la
porte de la prison bien close/Où vivait le bel animal
S'ouvre, on n'sait pourquoi. Je suppose/Qu'on avait du la
fermer mal.
Le singe, en sortant de sa cage/Dit "C'est aujourd'hui
que j'le /perds !"/Il parlait de son pucelage,/Vous aviez deviné, j'espère
!
Gare au gorille !.../L'patron de la ménagerie/Criait, éperdu
: "Nom de nom !/C'est assommant car le gorille/N'a jamais connu de guenon
!"/Dès que la féminine engeance/Sut que le singe était puceau,/Au lieu de
profiter de la chance,/Elle fit feu des deux fuseaux !/Gare au gorille
!.../Celles là même qui, naguère,
Le couvaient d'un œil décidé,/Fuirent, prouvant qu'elles
n'avaient guère/De la suite dans les idées ;/D'autant plus vaine était leur
crainte,/Que le gorille est un luron/Supérieur à l'homme dans l'étreinte,/Bien
des femmes vous le diront !/Gare au gorille !.../Tout le monde se
précipite/Hors d'atteinte du singe en rut,/Sauf une vielle décrépite/Et un
jeune juge en bois brut;
Voyant que toutes se dérobent,/Le quadrumane accéléra
Son dandinement vers les robes/De la vieille et du magistrat
!
Gare au gorille !.../"Bah ! soupirait la
centenaire,/Qu'on puisse encore me désirer,/Ce serait extraordinaire,/Et, pour
tout dire, inespéré !" ;/Le juge pensait, impassible,/"Qu'on me
prenne pour une guenon,/C'est complètement impossible..."/La suite lui
prouva /que non !/Gare au gorille !.../Supposez que l'un de vous puisse
être,/Comme le singe, obligé de/Violer un juge ou une ancêtre,/Lequel
choisirait-il des deux ?/Qu'une alternative pareille,/Un de ces quatres jours,
m'échoie,/C'est, j'en suis convaincu, la vieille/Qui sera l'objet de mon choix
!
Gare au gorille !.../Mais, par malheur, si le gorille/Aux
jeux de l'amour vaut son prix,/On sait qu'en revanche il ne brille/Ni par le
goût, ni par l'esprit./Lors, au lieu d'opter pour la vieille,/Comme l'aurait
fait n'importe qui,/Il saisit le juge à l'oreille/Et l'entraîna dans un maquis
!/Gare au gorille !.../La suite serait délectable,
Malheureusement, je ne peux/Pas la dire, et c'est
regrettable,
Ça nous aurait fait rire un peu ;/Car le juge, au moment
suprême,
Criait : "Maman !", pleurait beaucoup,/Comme
l'homme auquel, le jour même,/Il avait fait trancher le cou.
Gare au gorille!
lunes, 8 de febrero de 2016
¡Gorrión cito, qué melancolía!
(…)Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.(…)
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.(…)
Claudio Rodríguez, "Gorrión"
"Respecto a ella [la función apelativa del lenguaje] hay tres clases de animales: los que no se llegan a dar por aludidos a ninguna señal de voz humana -un niño recién nacido, una tortuga-; los que gregariamente acuden a llamadas específicas -los gatos ("ps-bs-bs"), las gallinas ("pita-pita")-; los que singularmente atienden por su nombre individual -un perro adulto, los bueyes de una yunta. Sólo a esta última clase es pertinente la imposición y empleo de prosopónimos o nombres de persona. En los bueyes del carro o del arado es donde más estrictamente se ejerce la función, pues hay que estar apelando de continuo ora a uno ora a otro buey, si se retrasa o si hay que dar la vuelta, y ellos han de saber a quién habla en cada caso el labrador o el carretero." (Sánchez Ferlosio, R, "Personas y animales en una fiesta de bautizo", en Ensayos I, Altos estudios eclesiásticos, Gramática, narración, diversiones, Ed. I. Echevarría, Debate, 2015, p. 6-7)
"Son los pájaros naturalmente las más dichosas criaturas del mundo. No lo digo porque si los ves o los oyes te alegren el corazón; sino porque resultan así en sí mismos, quiero decir que sienten alegría y dicha más que ningún otro animal. Se ve al resto de los animales normalmente serio y grave; y muchos de ellos parecen hasta melancólicos..." Elogio de los pájaros, Leopardi
"Sin saberlo, los pájaros tienen una función cósmica. La naturaleza que ha sobrevivido en estos tiempos modernos los ama naturalmente; y ellos aman a la naturaleza. Aman a la naturaleza y la hacen feliz. Con los hombres tiene una relación íntima: lo que nos parece gracioso a nosotros, se lo parece también a ellos; prefieren el espacio civilizado o artificial y las plantas cuidadas y ordenadas, los ríos ceñidos por sus márgenes. Es esos parajes su voz es más dulce y amable y su canto más modulado. Rehuyen sin embargo los terrenos cuyo suelo quedó áspero e inculto. Cantando, ríen como los hombres, que en su alma tienen un lado pajaril, aunque casi siempre emperruchado: así es como ellos representan el ideal, la utopía de los hombres... Esas voces resonantes de alegría y solemnes, esos plausos a la vida universal, esos testimonios de felicidad de las cosas que nos llegan a través del canto-risa de los pájaros, son falsos, añade Leopardi en un inciso" (Citati, Piero, Leopardi, Mondadori, 2013, p. 272)
Literatura, vida y realidad, a tope ayer en el periódico
Se llenó ayer El País de disquisiciones sobre literatura y
vida, aunque era domingo y no sábado, que es el día de Babelia. Mi conclusión
es que casi siempre la vida (zona privada de la realidad toda) es un asquito,
lenta desilusión que se convierte en topetazos al cabo de unos cuantos años -y
vuelta a empezar. Pero qué sería de la literatura si no existiera esa realidad.
En cuestión de encuentros, quizá el mejor de mi adolescencia tardía fue Clelia, aunque no olvido detalles de la princesa Micomicoma, tan clara de piel que se le veía el vino pasar por el pomo di adamo (nuez, para los prosaicos), de forma que siempre quise besarla. Antes, había estado enamorado de la novia de A. Adamov, pero a esa casi no la recuerdo. Me queda solo su foto cubierta de tiras de celo en una carpeta. Hace no muchos también tuve un affair (amorazzo) con Natasha, aunque también me atraía la princesa María. Pienso en la dificultad de elegir, en la grandeza moral que supone y pienso en especial en Machín, que decía querer a dos mujeres a la vez.
En cuestión de encuentros, quizá el mejor de mi adolescencia tardía fue Clelia, aunque no olvido detalles de la princesa Micomicoma, tan clara de piel que se le veía el vino pasar por el pomo di adamo (nuez, para los prosaicos), de forma que siempre quise besarla. Antes, había estado enamorado de la novia de A. Adamov, pero a esa casi no la recuerdo. Me queda solo su foto cubierta de tiras de celo en una carpeta. Hace no muchos también tuve un affair (amorazzo) con Natasha, aunque también me atraía la princesa María. Pienso en la dificultad de elegir, en la grandeza moral que supone y pienso en especial en Machín, que decía querer a dos mujeres a la vez.
Pienso en todo eso y me digo que si no hubiera sido porque de camino al trabajo, después de comer, en el váter, un rato al levantarme, en fin, metido en la grietas de la realidad, podía leer aquellas páginas, no habría conocido lo mejor de la vida, la literatura que habla de la vida. No hay una cosa sin la otra y viceversa.
Recojo unas cuantas citas del País de ayer:
"¿Qué le preocupa de la realidad, de lo que es verdaderamente real? Juan Marsé me ha dicho más de una vez que me acerco “cautelosamente a la realidad”. Y yo todos los días me acerco cautelosamente a su frase. La estudio, la pienso, trato de averiguar qué ha querido decir. Sólo sé por el momento que la realidad es dolorosa, no descubro nada. Pero encontramos también a la realidad en el descubrimiento de que la literatura es lo mejor de la vida. Pero lo es a condición de que la vida sea lo mejor de la literatura". (Vila-Matas)
"Diré que no poseemos más conciencia que la literatura; que
su función como conciencia es la de informarnos de nuestra incapacidad de
aprehender el horrendo peligro de la fuerza nuclear. La literatura ha sido la
salvación de los condenados; la literatura, la literatura ha inspirado y guiado
a los amantes, vencido a la desesperación, y tal vez en este caso pueda salvar
al mundo". (Fresán cita a
"En el taller de escritura hablamos mucho de la
conversación como materia narrativa, así
que envié a toda la clase a escuchar conversaciones. Tenía gente en el
tanatorio, en el metro, en el autobús, en diferentes bares y cafeterías, en el
mercado, en la consulta del pediatra, en el especialista de la piel… Yo mismo
formé parte de una patrulla que recogió conversaciones de museo. No dejamos sector
por cubrir en la idea de disponer al menos de un diálogo por situación
novelesca. Estuvimos dos semanas transcribiendo las conversaciones grabadas y
analizándolas sin hallar nada de interés en ninguna. Resultó que en los
tanatorios se hablaba como en los tanatorios, en los autobuses como en los
autobuses, en los bares y cafeterías como en los bares y cafeterías, etcétera". (J.J. Millás)
"Pero veo de un tirón los 10 capítulos de la primera
temporada de la danesaBorgen y flipo. Con su argumento, su credibilidad,
su ritmo, sus actores. Es muy buena. Y me habla modélicamente de una realidad
fatigosa que vive nuestro enfangado país. Después de las elecciones no hay
forma de que los partidos lleguen a un acuerdo para gobernar el país. Y
comienza el yo te doy si tú me das, el transfuguismo, las alianzas que parecían
imposibles, los chantajes entre colegas. Da igual su ideología. Se trata de
pillar poder. ¿Les suena esta turbia movida?" (Boyero)
domingo, 7 de febrero de 2016
Carnaval (II). Reedición enmascarada de entradas: Las fotos de Charles Fréger
Llega el carnaval y da gusto ponerse máscaras, no como el
resto del año, cuando el disfraz diario es tan pesado. Las verdaderas máscaras son
las que llevamos en el trabajo, en el autobús de vuelta a casa, en el ascensor,
hasta en casa, por momentos. Máscara con los
vecinos, máscara de blog, máscara de facebook, máscara indignada, máscara sobre
máscara, capa sobre capa, la máscara que sea con tal de no quedarte en cueros, pues cuero es lo que separa nuestro cuerpo, cadáver ambulante (denominación inventada por Quevedo para un síndrome que llegaría siglos después), del aire y no somos solo, shape without form, shade without colour, como decía otro poeta. Hasta que por fin llegan las tardes de carnaval y puedes
quitarte por fin toda la cosmética para ponerte una
máscara de mentira salir a vacilar.
El fotógrafo francés Charles Fréger fotografió a
setenta hombres salvajes (Wilder Mann, fruto del cruce, según algunas
tradiciones legendarias, de oso y mujer) ligados a ritos carnavalescos de
distintos países europeos, entre ellos Austria, Bulgaria, Croacia, Finlandia,
Francia, Alemania, Grecia, Italia, Macedonia, Polonia, Portugal, República
Checa, Rumanía, Escocia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suiza, Hungría,
Inglaterra e Irlanda. Las fotos han sido expuestas y también publicadas en un libro.
He aquí alguno de estos multiformes hombre
salvajes, multicolores, hechos con diversos materiales, casi todos ellos unidos
por la hermandad del palo, porra o estaca, y a menudo dotados de instrumentos que
hacen ruido. Solo quien ha hablado con ellos sabe qué lenguas hermosas hablan,
si es que hablan y no solo gruñen. Yo solo los he visto en foto y en algún sueño, pero seguramente viene a arrancarnos las máscaras.
Wilder, Tefs, Austria
Sonaggiaos, Ortueri, Cerdeña, Italia
Laufr, (el Saltador), Trebic, República Checa
Mascarita, Alsasua, País Vasco, España
Hueso, Zarramacadas de Mecerreyes, España
Trapajón, Silió, España
Schnappviecher, Tramin, Italia
Tschaggatta del Loeschental, Suiza
Luzifer und kleine Teufel e Schab, Tauplitz, Austria
Nevesta, Begnishte, Macedonia
Dziady Smigustne, Dobra, Polonia
Careto, Vila Boa de Ousilhao, Portugal
Juantramposos, España
Certi, República Checa
Strohmann, Alemania
Carnaval (I)
et l'un de vous tous pour l'ingénuité (esforzada traducción de A. y Amelia Gamoneda)
Mallarmé, L'après-midi d'un faune.
sábado, 6 de febrero de 2016
Totó y Kafka (II)
Cuando veo algunas escenas de Totó no puedo evitar pensar en Kafka, en su lado cómico. Lo decía Brod en su libro sobre su amigo, cuando Franz les leía algunas de sus historias se partían de risa.
Totó es lo mismo, pero visto desde la otra perspectiva. Si en Kafka lo evidente es el peso dramático y lo cómico acecha, en Totó lo evidente es lo humorístico, pero a la vuelta de la esquina, cuando menos te lo espera entra en la zona de sombra trascendente. El humor profundo no consiste en otra cosa que en reírse de la condición humana, escatológica, término que como es sabido hace referencia tanto a lo más vulgar como a lo más elevado.
Totó contra Kafka
Totó es lo mismo, pero visto desde la otra perspectiva. Si en Kafka lo evidente es el peso dramático y lo cómico acecha, en Totó lo evidente es lo humorístico, pero a la vuelta de la esquina, cuando menos te lo espera entra en la zona de sombra trascendente. El humor profundo no consiste en otra cosa que en reírse de la condición humana, escatológica, término que como es sabido hace referencia tanto a lo más vulgar como a lo más elevado.
Totó contra Kafka
viernes, 5 de febrero de 2016
Las penas del joven Adam. galeotto fu Yeats. La ley del menor, última novela de McEwan
Leo La ley del menor (McEwan, Ian, Anagrama, 2015, trad. J. Zulaika) de tres sentadas y unas cuantas idas y vueltas en autobús de casa al trabajo. Tengo la sensación de que la traducción es insuficiente, pero una lectura así no me permite afirmarlo con rotundidad, como tampoco me permite profundizar en algunos detalles, los poemas que aparecen, las piezas musicales que se interpretan, el lío que empiezo a hacerme entre el domicilio y el club de juristas al que pertenece Fiona, la protagonista, una juez de menores en crisis conyugal tras muchos años de calma chicha, tantos como para haber llegado al borde de los sesenta sin haber cometido ninguna infidelidad. Tampoco su marido, profesor de latín en la universidad, parece haberse dejado llevar por devaneos. Pero en él la crisis de la edad unida a la calma chicha de su matrimonio, asexuado en los últimos tiempos, ha despertado la urgencia vital típica de quien está ya en primera fila frente a la de la guadaña. Que no les quedan muchos años buenos por delante y deben elegir entre una reconciliación plena y una separación definitiva, es algo que él recordará a su mujer cuando, por un lado, empiece a enquistarse en ella el rencor por lo ocurrido, y, por otro, superado el cabo de hornos de la crisis, la vida en común propicie de nuevo la intimidad. Lo ocurrido es que el marido ha tenido un despertar del apetito amoroso y el pobre ha pretendido saciarlo con una estadística (femenino de estadístico) más joven que él, sin por ello abandonar a su mujer.
Pero toda esa trama, cuya descripción podría haber consumido páginas y páginas, es resuelta enseguida, con mano maestra, dejando preparado el camino a la anécdota central.
Recuerdo un personaje presente en algunas películas de Pasolini, en particular en Teorema. Se trata de una especie de joven misterioso, puro e inocente y al tiempo atrevido, que se inmiscuye en la rutina de una rica familia burguesa, un ambiente en el que para el Pasolini de 1968, año de la película, se solazaban todos los males del alienante desarrollo capitalista. Todos los miembros de la familia se verán afectados por el paso del enigmático joven y gracias a él descubrirán una nueva vida, condenable desde el punto de vista de la moral dominante, pero mancha que limpia, vista desde el otro lado. La madre acabará en la cama con más de un joven, la hija, catatónica, el hijo pintor, y el padre regalando la fábrica de su propiedad a los trabajadores, antes de despojarse de sus vestidos y adentrarse en el desierto. la criada, por último, levita santificada por el joven ángel terrible.
En cuarenta años, la opción radical ha quedado reservada a personajes como el arrepentido pepero Marcos Benavent, neo hippie de diseño, tal vez sincero en su arrepentimiento y nueva vida, pero incapaz de renunciar a las marcas. Casi nadie se cae del caballo y se replantea su existencia, pocos son los que viven experiencias transpersonales decisivas, trascendentes. En consonancia con lo anterior, también el joven ángel terrible de Pasolini, actualizado a fecha de hoy, debía tener otra faz. La que le ha puesto McEwan no deja de ser irónicamente profunda, pues se trata de un joven testigo de Jehová, menor de edad por pocos meses, que se niega a recibir una transfusión de sangre en la que le va la vida. Fiona, que debe autorizar a que el hospital proceda a llevarla a cabo, es profunda, sensata, madre sin hijos, pues ha sacrificado a la carrera esa querencia, elegante, culta, dotada para la música, pero es una mujer que en su vida apenas ha cometido locuras, apenas ha puesto en riesgo su bienestar. Sus únicas experiencias en el lado oscuro, consistieron en meras breves anécdotas juveniles en la penumbra, un fugaz noviazgo con un roquero y los gritos que pegaba al principio cuando hacía el amor con Jack, su futuro marido.
Pero lo cierto es que el caso del joven testigo de Jehová da la oportunidad a la juez de volver a vivir a sentir algo más que la comprometida rutina de su complicada profesión en la que a menudo está en juego la suerte de los momeros. Antes de decidir, Fiona adopta la insólita decisión de visitar al joven hospitalizado. Durante la entrevista, los dos interpretan juntos una pieza musical en la que ella canta y él toca torpemente el violín, como los protagonistas de una antigua novela romántica. Los versos entonados (...In a field by the river my love and I did stand/ And on my leaning shoulder she laid her snow-white hand./ She bid me take life easy, as the grass grows on the weirs./ But I was young and foolish, and now am full of tears. Texto y traducción) se convierten en la columna sonora de su relación. El joven, sensible, inteligente, perseverante, atrevido, hermoso como un personaje cernudiano, no deja de llamar la atención de Fiona, que mantiene con él una relación epistolar unidireccional y un fugaz e inolvidable brevísimo nuevo encuentro en el que se produce un "dulcísimo beso", apenas un roce. Adam le propondrá una especie de paideia heterosexual, le pedirá que sea su guía en el mundo laico de las ideas, querrá vivir a su servicio, en el mismo techo que ella y su marido, para aprender a vivir, acabr de descubrir lo que solo empieza a vislumbrar... Todo acaba de esas maneras: la juez volverá a su vida cotidiana, a su bien ganada y remunerada zona de confort, al lecho conyugal compartido con su esposo, pero por un momento se habrá acercado a la verdad, habrá vuelto a vivir sin tantas protecciones, sin la armadura que le supone llevar una toga, la misma que le permite tutelar a los menores. En cuanto a Adam, mejor es callar.
Pero toda esa trama, cuya descripción podría haber consumido páginas y páginas, es resuelta enseguida, con mano maestra, dejando preparado el camino a la anécdota central.
Recuerdo un personaje presente en algunas películas de Pasolini, en particular en Teorema. Se trata de una especie de joven misterioso, puro e inocente y al tiempo atrevido, que se inmiscuye en la rutina de una rica familia burguesa, un ambiente en el que para el Pasolini de 1968, año de la película, se solazaban todos los males del alienante desarrollo capitalista. Todos los miembros de la familia se verán afectados por el paso del enigmático joven y gracias a él descubrirán una nueva vida, condenable desde el punto de vista de la moral dominante, pero mancha que limpia, vista desde el otro lado. La madre acabará en la cama con más de un joven, la hija, catatónica, el hijo pintor, y el padre regalando la fábrica de su propiedad a los trabajadores, antes de despojarse de sus vestidos y adentrarse en el desierto. la criada, por último, levita santificada por el joven ángel terrible.
En cuarenta años, la opción radical ha quedado reservada a personajes como el arrepentido pepero Marcos Benavent, neo hippie de diseño, tal vez sincero en su arrepentimiento y nueva vida, pero incapaz de renunciar a las marcas. Casi nadie se cae del caballo y se replantea su existencia, pocos son los que viven experiencias transpersonales decisivas, trascendentes. En consonancia con lo anterior, también el joven ángel terrible de Pasolini, actualizado a fecha de hoy, debía tener otra faz. La que le ha puesto McEwan no deja de ser irónicamente profunda, pues se trata de un joven testigo de Jehová, menor de edad por pocos meses, que se niega a recibir una transfusión de sangre en la que le va la vida. Fiona, que debe autorizar a que el hospital proceda a llevarla a cabo, es profunda, sensata, madre sin hijos, pues ha sacrificado a la carrera esa querencia, elegante, culta, dotada para la música, pero es una mujer que en su vida apenas ha cometido locuras, apenas ha puesto en riesgo su bienestar. Sus únicas experiencias en el lado oscuro, consistieron en meras breves anécdotas juveniles en la penumbra, un fugaz noviazgo con un roquero y los gritos que pegaba al principio cuando hacía el amor con Jack, su futuro marido.
Pero lo cierto es que el caso del joven testigo de Jehová da la oportunidad a la juez de volver a vivir a sentir algo más que la comprometida rutina de su complicada profesión en la que a menudo está en juego la suerte de los momeros. Antes de decidir, Fiona adopta la insólita decisión de visitar al joven hospitalizado. Durante la entrevista, los dos interpretan juntos una pieza musical en la que ella canta y él toca torpemente el violín, como los protagonistas de una antigua novela romántica. Los versos entonados (...In a field by the river my love and I did stand/ And on my leaning shoulder she laid her snow-white hand./ She bid me take life easy, as the grass grows on the weirs./ But I was young and foolish, and now am full of tears. Texto y traducción) se convierten en la columna sonora de su relación. El joven, sensible, inteligente, perseverante, atrevido, hermoso como un personaje cernudiano, no deja de llamar la atención de Fiona, que mantiene con él una relación epistolar unidireccional y un fugaz e inolvidable brevísimo nuevo encuentro en el que se produce un "dulcísimo beso", apenas un roce. Adam le propondrá una especie de paideia heterosexual, le pedirá que sea su guía en el mundo laico de las ideas, querrá vivir a su servicio, en el mismo techo que ella y su marido, para aprender a vivir, acabr de descubrir lo que solo empieza a vislumbrar... Todo acaba de esas maneras: la juez volverá a su vida cotidiana, a su bien ganada y remunerada zona de confort, al lecho conyugal compartido con su esposo, pero por un momento se habrá acercado a la verdad, habrá vuelto a vivir sin tantas protecciones, sin la armadura que le supone llevar una toga, la misma que le permite tutelar a los menores. En cuanto a Adam, mejor es callar.
martes, 2 de febrero de 2016
Bajo la lluvia. A los veinte años de la muerte de G. Kelly
"...los usos culturales imperantes imitan el sistema de valores de la publicidad, para la cual un Nombre es siempre un Nombre, como para los anunciantes de champaña catalán Gene Kelly, aunque salga embalsamado en salmuera de polvos de talco a dar dos o tres pasos de baile semiparalítico (...), será siempre incondicionalmente Geneee... ¡¡¡Kelly!!!, del que se sabe que no cobra precisamente cuatro reales por decir "kahrtah nevadahdah". (R. Sánchez Ferlosio)
Chapotear, jugar con el agua casa bien con la alegría, te devuelve a un estado en el que te confundías con lo que te rodeaba, como un niño en una inmensa playa, junto a un pequeño charco en el que concentra toda su atención. En la escena de Cantando bajo la lluvia, el mundo adulto está presente a través del sombrero, el traje, el ambiente urbano, pero lo desmiente la ligereza de los pies del bailarín, su desprecio del paraguas.
Chapotear, jugar con el agua casa bien con la alegría, te devuelve a un estado en el que te confundías con lo que te rodeaba, como un niño en una inmensa playa, junto a un pequeño charco en el que concentra toda su atención. En la escena de Cantando bajo la lluvia, el mundo adulto está presente a través del sombrero, el traje, el ambiente urbano, pero lo desmiente la ligereza de los pies del bailarín, su desprecio del paraguas.
Mas la lluvia casa bien con la tristeza. Las gotas que te
mojan el pelo, que llegan a los labios, son como un inmenso llanto del que te
conviertes en un desheredado interprete. Tuve una amiga que en cuanto empezaba
a jarrear salía a la calle a pecho descubierto a andar, a pasear su desvelo, a
dejar que se emparara su tristeza.
Por mi parte, no soporto los paraguas, los pierdo y ni
siquiera recuerdo haberlos perdido, me molestan colgados del brazo, con esos
mangos tan retóricos, tan rebuscados,
tan pretenciosos. Y, además, son siempre pequeños, ni siquiera las sombrillas
de los entrenadores ingleses de fútbol te cubren del todo, te aíslan de la
humedad. Y si es así, mejor mojarse de verdad, sentir el efecto del agua, cómo
te despeina, cómo pone en evidencia la edad, cómo, a partir de un momento dado,
en lugar de gracioso o majico, pasas a ser patético y sientes que ni derecho tienes a estar triste bajo la lluvia.
domingo, 31 de enero de 2016
Leer a Cervantes, sentir como está escrito.
Leslau
- Nunca he vivido de ilusiones. Soy filólogo (Aub, Max, Campo
Francés)
Según se van acercando las inciertas celebraciones del IV centenario de la muerte de Cervantes, arrecian las declaraciones de todo tipo al respecto. Las diversas instituciones encargadas no parecen ponerse de acuerdo sobre los contenidos y detalles de los futuros acontecimientos. Por otro lado, los especialistas van desgranando opiniones de las que deberían desprenderse las líneas maestras de los fastos. Hace poco menos de una semana, F. Rico subrayaba la doble vertiente de la principal obra cervantina, por un lado, un texto cuya mejor vía de acercamiento es la lectura, y, por otro, un mito, una construcción ideológica que puede servir para un roto como para un descosido:
Según se van acercando las inciertas celebraciones del IV centenario de la muerte de Cervantes, arrecian las declaraciones de todo tipo al respecto. Las diversas instituciones encargadas no parecen ponerse de acuerdo sobre los contenidos y detalles de los futuros acontecimientos. Por otro lado, los especialistas van desgranando opiniones de las que deberían desprenderse las líneas maestras de los fastos. Hace poco menos de una semana, F. Rico subrayaba la doble vertiente de la principal obra cervantina, por un lado, un texto cuya mejor vía de acercamiento es la lectura, y, por otro, un mito, una construcción ideológica que puede servir para un roto como para un descosido:
"Conviene aquí tener presente que el Quijote es un texto y es un mito, independiente del texto, no sujeto a él, y que hoy resulta casi imposible abordarlo sin falsillas previas. Las más pertinaces las fijó el romanticismo alemán: el tema de la obra, definía Schelling, es “la lucha de lo real con lo ideal”. ¿Por qué no? A mí me gusta lucubrar que El Quijote ilustra en grado soberano un aspecto esencial de la condición humana: vivir contándonos a todo propósito historias sobre nosotros mismos que se enfrentan con las limitaciones y condicionamientos de las circunstancias. Refútelo quien quiera. Porque, como fuere, la invitación a ir más allá de la letra, y aun a postergarla, forma parte de la grandeza y la vigencia del Quijote" (F. Rico).
Restos de una de las manifestaciones más extremas del trato que ha sufrido la figura del Quijote acabo de encontrarlo en Tumulto (Malpaso, Barcelona, 2016. Trad. Richard Gross) la entretenida obra de H. M. Enzensberger, no del todo bien traducida, un autorretrato en el que el polígrafo alemán pone en cuestión tanto como ensalza su propio diletantismo:
"Sólo por Castro no sentiste excesivo entusiasmo.
La comparación con Don Quijote que se oye con cierta frecuencia se la tiene que atribuir (sic) [¿hay que atribuírsela?] a sí mismo. "La Revolución ha mostrado que en Cuba hay más quijotes que sanchos", dijo en 1966. La novela de Cervantes fue una de las primeras publicaciones que mandó imprimir, un total de 150.000 ejemplares. Todos debían leerla. de su identificación con el protagonistas también da fe la estatua que hizo erigir en el jardín de la Unión de Escritores. representa al manchego como luchador antiimperialista". (p. 156)
Ahí queda, refútelo quien quiera, que decía Rico.
Lo cierto es que sería de desear que la conmemoración venidera propiciara la (re)edición de estudios sobre Cervantes. Sobre Shakespeare, por lo pronto, Debolsillo ha aprovechado para traducir la obra de Stephen Greenblatt, El espejo de un hombre, publicada en inglés hace diez años.
Pablo L. Rodríguez, crítico musical del País contaba el sábado pasado una sabrosa anécdota en su reseña del último concierto de M. Pollini en Madrid. Preguntado el pianista Artur Schnabel sobre la tendencia a la que pertenecía, "a los que tocan como está escrito o a los que lo hacen como sienten", contestó: "¿no puedo pertenecer a los que sienten como está escrito?" (My life and music, 1961). Quizá sea esa una buena formulación del deber de la crítica literaria, hasta de la filología de autor, no renunciar al zeigeist en el que uno está inmerso, conocerlo, pero al tiempo no prevaricar retroactivamente, mostrar el debido respeto por los textos, por su contextualización histórica, por las determinaciones en medio de las que nacen. Quizá sea eso lo más difícil, no desaprovechar los conocimientos actuales para descubrir las diferencias y las líneas de continidad entre pasado y presente. Hablando de su formación, de sus maestros Jordi Llovet escribía hace unos años: "El discípulo polaco [Květolslav Chvatík] de Ingarden hizo que yo entendiera que la obra literaria posee una relativa autonomía con respecto a las determinaciones que llamamos históricas -el hecho es que la propia literatura siembra hitos históricos en el panorama de toda civilización, quizá con menos ruido que las batallas o las guerras, pero con una eficacia y un carácter perdurables-; el otro, un discípulo checo de Lukács y de la teoría marxista del arte, me hizo entender que las relaciones entre lo que llamamos Historia y las obras de arte de cualquier tiempo es una relación dialéctica: tesis, esta, que los mismos Marx y Engels terminaron por aceptar a las vista de las magníficas producciones del genio de los hombres en tiempo de miseria o tribulación" (Llovet, Jordi, Adiós a la universidad. El eclipse de las humanidades, Galaxia Gutemberg, 2011, p. 75. Trad. Albert Fuentes, ). Quizá, el reto de la crítica literaria y/o de la filología resida en ahondar en esa aparente contrariedad, la zona de fricción entre las determinaciones históricas de todo tipo y la transcendencia del hecho artístico, la perdurabilidad de obras como el Quijote, hijas de su tiempo, pero a la vez vivas en el nuestro.
Bien podría el IV centenario de la muerte de Cervantes para que las autoridades, en lugar de utilizarlo de mala maneara como producto cultural, esa cosa a medio camino entre el comercio y la política, incentivaran la producción de estudios de todo tipo sobre el autor y su obra, de divulgación, sin duda, pero también de auténtica investigación puntera.
Jordi Llovet, en el mismo libro, en un momento dado, clamaba al cielo por la cantidad actual de tesis "absurdas que descansan en los anaqueles de los decanatos de las facultades de Letras" (p. 167). Se esté de acuerdo con la inutilidad de la larga lista de extravagantes títulos que proporciona Llovet, difícilmente se podrá estar en desacuerdo con la rareza de las tesis sobre los grandes temas presentes en los grandes autores: "Ni una tesis sobre Cervantes, ni una sobre Goethe, ni una sobre Shakespeare" (p. 168). Sí, ya sé que es mucho más difícil escribir sobre ellos que hacerlo sobre tantas otras cosas, pero también es verdad que los libros capitales de las distintas tradiciones filológicas tratan de los grandes pesos de la tradición literaria y que escribirlos no debió ser nada fácil en su momento. El IV centenario debería servir (¿debería haber servido?) para acercar la figura de Cervantes a la actualidad en distintos niveles, debería ayudar (¿haber ayudado?) a renovar la tradición de la filología española, mucho más que a agrandar el mito. No vaya a ocurrir con quienes desde el poder gestionan la cultura como con ese personaje que se ufanaba de no saber leer:
Leer no sé, mas sé otras cosas tales/que llevan al leer ventajas muchas/(...)Sé de memoria/todas cuatro oraciones y las rezo/cada semana cuatro y cinco veces/(...)Con esto y con ser yo cristiano viejo, me atrevo a ser un senador romano.
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