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martes, 29 de mayo de 2012

Pies fuera. Olvidarse (de) los zapatos o el patuco cuando llega el buen tiempo.

Llega el calor estable y aparecen los pies, desesperados de tanto estar Foto0643ocultos por el frío y la timidez del invierno. Los más comedidos optan por un primer paso antes de atreverse a desnudarlos, empiezan por abandonar el calcetín, pero todavía lo mantienen cubierto con calzado de tela o calado, como si hubieran cambiado el edredón por una colcha de entretiempo, mi-saison. Ayer, en la parada del bus, había una señora con sandalias y medias de cristal, con las uñas pintadas de rosa metálico, todo un espectáculo de indecisión, de timidez pedestre, unas uñas como esas a través de una pantalla de seda son como una mano que se estrecha con guantes.

Antes, al llegar el calor, me fijaba en los escotes, eran el solsticio de verano de mi sensualidad, pero de un tiempo a esta parte, quizá porque, como las Foto1949carnes, también se me ha caído al suelo la mirada,  no veo más que pies en sandalias étnicas, de tirilla, de pulsera, de esparto o de piel, compradas en selectas zapaterías o en los chinos. Los pies que llevan puestos esas sandalias suelen estar muy cuidados y sin durezas, con las uñas pintadas, sean como sean, rebeldes o sumisas, indignadas, socialistas o peperas. Quizá, esos talones lijados, sin atisbo de aquellas dolorosas grietas de hace veinte o Foto2598treinta años, la escasez de juanetes, hoy casi una especie protegida, sean uno de los síntomas más claros del progreso del bienestar en España, porque nada retrata mejor a un pobre que sus manos y sus  pies, convertidos en un escudo coriáceo contra el suelo, más que en un sensible punto de contacto placentero con la tierra. El futuro es incierto, puede ser que vuelvan a florecer los zapateros remendones con sus philips y olor a cola, puede que volvamos a comprender cuánto se puede querer a los zapatitos viejos. Quizá, un salto atrás como ese, sería, en el fondo, un buen síntoma, lo que llaman crecimiento sostenible, moderación en el consumo, el final de los carros repletos de colesterol del Hipercor por navidad o repletos de productos ortodietistas, que también los hay.

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Pero, me alejo de los pies, esos benditos que nos ponen en contacto con el suelo y que nunca nos dejamos olvidados en casa ajena. Gafas, paraguas, carteras, jerséis, hasta bolsos, sobre todo de hombre, abrigos, teléfonos móviles, todo puede quedarse en el cine, el bar, en casa de la suegra, pero no conozco a nadie al que se le haya olvidado un zapato que llevara puesto y se le hubiese caído o se hubiese quitado para dar recreo a los pies. Por eso, bienaventurados sean los niños y los locos, los únicos que son capaces de volver a casa descalzos, dispuestos a prescindir hasta de las sandalias, los únicos dispuestos a vivir en contacto permanente con el suelo, consigo mismos.

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martes, 31 de enero de 2012

Reedición de entradas. Rincón de los escaparates. Fruterías de lujo

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En Cádiz, cuando llegaban los géneros de ultramar, los comerciantes se subían felices a las torres de sus casas a ver a los barcos acercarse por la bahía. Supongo que sus mujeres e hijos también se alegraban por las sorpresas que podían tocarles. La dicha que produce el objeto inesperado, insólito, capaz de colmar un deseo indefinido, pero que late a la espera de ser satisfecho, es enorme. Piedras preciosas, juguetes mágicos, mascotas parlanchinas, canicas que llevan dentro una tormenta tropical. Será que ya no soy niño ni tengo padre, pero me parece que hoy en día no queda casi nada de aquel sentimiento, a penas alguna rareza en forma de artesanía, o alguna pieza de diseño que se suele ir de precio. La globalización ha matado lo exótico. Quedan, eso sí, las rebajas, cuando el chollo aún es posible y  con suerte puedes irte a casa con el calorcillo de bienestar que producen los objetos con halo, esos que gusta llevar puestos encima durante unos días. Quizá sea el móvil el último mohicano de la especie. Recientemente, me he pillado con la mano en el bolsillo agarrando uno que había cambiado poco antes, como si llevara guardada una estampa de san Cristobalón y fuera a atravesar la mareante Pasarela del voluntariado. De pequeño, recuerdo que vivía cada nueva adquisición doméstica con emoción. Cuando llegó la primera lavadora automática,  me senté delante de ella y me vi el programa completo. Lo que más me gustó y me cortó el aliento fue el centrifugado, que debe de ser el equivalente de las escenas de cama en una película, un momento en el que el espectador deja de pensar y es todo ojos,  pero poco raciocinio. Una cosa alienante, pan y circo, vamos.

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Las únicas tiendas que siguen deslumbrándome como las antiguas tiendas de trenes eléctricos son las fruterías de lujo. Cerezas a 24 euros y del tamaño de un huevo de más de un pajarraco, bananas descomunales que se pueden guardar para la siguiente comida, unos melocotones que yo no me atrevería ni a pelar, y melones que si te caen en un pie te lo averían, amén de frutas tropicales, ajos del color violáceo del pelo de algunas ancianas y patatas con cutis de sueca, mandarinas que te provocan pesadillas al pensar en cómo deben ser las naranjas. Tanto me impresionan estos sitios que, aunque un cuarto de quilo me lo podría permitir, nunca he comprado nada, porque, además de lo tacaño que soy, me da reparo entrar y pedir una manzana. Y es que llevarme un quilo  me horroriza, porque en el fondo siento que hay algo imposible de creer en una compra al peso de lo excepcional. Esta frutería de la foto carece de puerta, como si el frío o el calor no le afectara, como si su género fuera tan especial que no estuviera sujeto a las inclemencias de esta ciudad, ciudad inclemente donde las haya.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Se vende o alquila. La crisis del ladrillo crea nuevas oportunidades en el sector cartón.

Vd. se lo merece y se lo puede permitir. Lista para entrar.

La caída en la compraventa de pisos ha llevado a algunas agencias inmobiliarias a orientar su oferta hacia el cartón. Si hasta hace solo algunos meses nada que no oliera a ladrillo podía interesar a los compradores de vivienda nueva o usada, hoy en día todo ha cambiado. Prueba de ello es el anuncio de esta magnífica residencia urbana, situada en el prestigioso barrio de Salamanca (Madrid):

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miércoles, 9 de junio de 2010

Texto iluminado. Las bombas del Pilar.

El escritor Manuel de Lope publicó en 2004 el primer volumen de Iberia (Iberia. La puerta iluminada, Barcelona, Debate, 2004), un libro de viajes por la península. El año siguiente apareció el segundo volumen, en el que figuran las páginas dedicadas a Aragón:

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Lope, Manuel de IBERIA. LA IMAGEN MÚLTIPLE Barcelona, Debate, 2005, p., 132-133.

Como ocurre con muchos de los grandes libros de viajes de autor, el interés no está tanto en la realidad descrita, por relevante que sea, como en la descripción misma, que abre camino a la imaginación –los horarios de tren de Proust- o nos ayuda a un reencuentro con lo conocido. Vivimos en una sociedad en la que las fotos sustituyen a la realidad , que, todo lo más, ha pasado a ser una prueba de verdad judicial.  La representación, mero simulacro sin referente en el mundo exterior, reflejo especular de una realidad penaradero desconocido . Las observaciones, las descripciones de M. de Lope tienen valor en sí mismas, crean una realidad autónoma, pero debajo están los personajes y los paisajes reales, como si el escritor fuera esclavo de dos tendencias opuestas. Una , la de mirar hacia fuera sin perder la cara a la historia, macro y micro; y otra, la de proyectar su interioridad sobre las cosas. En el equilibrio entre esas dos fuerzas se producen la mejores páginas del libro. Ana Rodríguez Fischer dedicó a los dos volúmenes una reseña en la que mostró su buen gusto y gracia, la del escritor y la de ella misma:
De este modo, las páginas de Iberia se abren a las mil facetas de la realidad cotidiana, verse ésta sobre la cría del cerdo ibérico, la evolución del arte y sistema de las campanas de las iglesias, la ganadería estabulada de La Segarra, las ferias de Ordizia o las fiestas de Ciudadela. En lo que se refiere a impresiones callejeras –imprevisibles y fugaces–, Manuel de Lope se muestra deliciosamente barojiano en la atención que presta a los carteles públicos. De entre ellos, me quedo con la estampa de una heladería de Zaragoza, de nombre «Los siete pecados capitales», que anunciaba sus productos utilizando el marketing de la tentación. Por ejemplo: «Pereza: espesa salsa de chocolate; Soberbia: elegante helado de champán y fruta envuelto en puro chocolate blanco adornado con perlas plateadas». (http://www.revistadelibros.com/articulo_completo.php?art=1968)
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En el recorrido por Aragón, M. de Lope llega a la Plaza del Pilar, que describe así:

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Ibid, p., 131.
A continuación, describe detalladamente la basílica comparándola a una central nuclear de la espiritualidad cristiana, y después se refiere al episodio de las bombas:

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ibid, p., 132-133.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Llega el tío Pepelui con los recortes. Escaparates que son oráculos del arte cisoria.

Zapatero tenía guardada una amplia gama de objetos para cortar, recortar, reducir, congelar, pelar, limar, talar, esquilar, desmochar, deshuesar, obturar, tapar,  lo que pasa que no quería utilizarla. Pero ha llegado el momento. He aquí lo que nos espera a algunos:

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Tijeras para cutícula, nariz, manicura zurdos, uñas inox., uñas bebé, bigote, tijeras de dependiente, tijeras curvas para calzado…

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Limpiapeines, peines de bolsillo, cortacabellos, gubias, bisturís inoxidables de hojas desechables, escofinas cerámicas, cuchillas cortacallos, raspadores de callos…

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Vaciadores dobles, rizadores de mantequilla, abretarros, pelatomates, escanciadores, cuchillos para pomelo… y otras muchas palabras compuestas de difícil plural.

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Y para rematar la faena por ahora:
Avisadores de cocción de huevos, pinchahuevos, sacapuntas de verduras, pinzas para espinas, pinzas para marisco, deshuesadores para cerezas…

Pero si la cosa se pone todavía más fea quizá haya que extirpar:

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Fragmentos de un diccionario:
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Y en Grecia, bajo la atenta mirada de Kanellos –¡cómo me gustaría conocerlo!- (http://tv.repubblica.it/home_page.php?playmode=player&cont_id=46827&ref=search, http://tv.repubblica.it/home_page.php?playmode=player&cont_id=46828&ref=search):


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Haro Tecglen, Diccionario político, 
Barcelona, Planeta, 1995, 
p., 36, 128, 366.



domingo, 21 de febrero de 2010

Rincón de los escaparates (9). Le vrai dieu

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Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Boudha doré, une idole mexicaine sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu (Charles Baudelaire)